II Compláceme 6

Temporada II. Por Amy-Stalinalsky

Capítulo 6

Sigo en mi estudio, en medio de la penumbra. Solo una estela de luz se adentra por debajo de la puerta.

Giro sobre la silla cómoda, sujetando una botella de Vodka. Estuve a punto de beber la mitad que quedaba desde hace unas semanas, pero en vez de acabármela, sólo me bebí cerca de un cuarto. Tengo alcohol para rato, pero quiero estar en mis cinco sentidos justo ahora y pensar con claridad, o sino, las emociones crecerán y me ahogaré en medio de la nada sin antes haber tomado una decisión.

Steve dejó dentro del primer cajón toda la documentación que Oliver trajo en la mañana. Ya la he leído y separado por dos tomos, gracias a que a ese sujeto se le ocurrió la brillante idea de colocar separadores y etiquetas entre documentos.

Un trago más, sólo uno más directo de la botella y estará perfecto.

El líquido me raspa y calienta mi garganta por escasos segundos. No debería. Creo que es por el nudo que tengo.

Miro los documentos y pienso que haré con ambos tomos. En el de mi izquierda, que es el más grueso, yace todo lo relacionado con él y otras personas. Son cosas que no me incumben de momento. En el de la derecha, el más ligero, contiene fotografías en su mayoría. No necesito ser un genio para saber que alguien influyó en él para cambiar tanto su aspecto. Ahora es más elegante y refinado. Trajes de telas exóticas con colores que sólo a él, o alguien más, se le ocurriría vestir. Luce bien, pero es extraño. No muestra sus tatuajes. Ni siquiera el de su antebrazo. No usa pinta uñas como cuando estaba conmigo y recuerdo que en cada tienda me pedía uno de un color diferente. Veo también que el maquillaje hace que su mirada sea distinta. No son los mismos ojos castaños e inocentones con los que me miraba. Se ve vacío en cada fotografía, excepto en una. Y no soporto el hecho de que se haya teñido el pelo. También lo lleva corto y perfectamente acomodado hacia atrás. De rubio luce bien

¡Joder! Que es él y luce precioso, pero ahora… Ha cambiado tanto que en serio no lo siento mío.

Supongo que era lo que debía pasar.

Acerco la botella hasta mis labios y le doy un trago profundo. Cuando decido dejar de beber, dejo la botella lejos de mi alcance y vuelvo a por las fotos. No sé si conservarlas o quemarlas. Me hace mal el volver a verlas porque tan solo me siento más culpable y más molesto conmigo mismo por haberle dejado ir.

Lo necesito. Necesito verlo.

En la hoja debajo de todas las fotografías repaso sus próximas actividades. Oliver logró dar con un club swinger

al que pertenece. Habrá una reunión el mismísimo día de su cumpleaños y será en New York.

Recuerdo que Noa pertenece a ese club, pero seguro que no querrá ayudarme a entrar por como terminamos el otro día. Prácticamente dije que no volviera a dirigirme la palabra, o algo así. No recuerdo. El día siguiente bebí exageradamente.

Rendido, suelto la respiración y me levanto. Acomodo en el primer cajón toda la información que va desde lo relacionado con él. A dónde va, a qué hora y qué días. Qué cosas compró recientemente. Qué viste y qué come.

Llevo aquí toda la tarde, tratando de hacer conjeturas. No doy con todas las respuestas.

Alina mencionó que mis padres sabían perfectamente del soborno para que ella se alejara de mí, de mi jodida fortuna y de la aburrida vida que me esperaba al quedar frente del hotel. Así como pretendían lo mismo para Bill.

Cimone estaba en lo cierto, mi padre ya me tenía la vida planeada. Ella también, aunque lo niegue.

Justo después de terminar mi charla con Alina, regresé a casa hecho una furia. Sonará infantil, pero fui a con mi madre a pedir explicaciones y lo hizo. Reconoció el haber hecho mal al quedar con mi padre y guardar el secreto del soborno. Se disculpó por ello, pero en verdad eso no era lo que me dolía —porque Alina no significa nada para mí—, sino que fue la traición. Y ella negó ser cómplice de lo sucedido con Bill.

Recuerdo muy bien que dijo querer verme feliz con quien fuera, pero gracias a lo que dijo Alina, me doy cuenta de que Bill no figuraba en su ideal para mí.

Ya no sé qué pensar respecto a Cimone.

Y es que el recuerdo sobre Bill diciéndome que Alina decidió irse sin decir nada ante el soborno de mi padre y que éste mismo le había ofrecido una generosa suma a mi Precioso Conejito para dejarme de igual manera, me tiene hundido.

Bill decía la verdad y no le escuché.

Ahora tengo en orden algunas de las piezas del rompecabezas; mi padre le paga a Alina para irse. Ella lo hace. Mi madre lo sabe. Después traigo a Bill de la subasta dispuesto a que viva conmigo, mi padre lo conoce cuando le llevo al aniversario del hotel. Meses después Alina regresa, va a Italia a buscarme y jode todo porque le pagaron para hacerlo. Una semana después es cuando Bill llega a buscarme, es momentos antes cuando imagino que intentan sobornarlo. El resto de la historia es hiriente.

Todo concuerda. No veo ninguna falla, pero hay cabos sueltos. Alina y Leo juntos son una pieza que no logro hacer encajar en esto.

Tomo una profunda respiración mientras camino de un lado a otro en el estudio. Necesito pensar lo que haré después.

Es un hecho, voy a ir a por Bill, pero aún no sé cuándo.

Necesito al fin poder estar en paz y dejarlo por mucho que duela. Será lo mejor. Él ya no es para mí, es obvio.

Saco de mi bolsillo aquella fotografía con la que me he obsesionado. Esa que es la excepción de todas en las que su mirada vacía me desconcierta.

—Se ve feliz sin mí— digo con tristeza.

Su esplendorosa sonrisa me contagia, pero no puedo evitar sentirme vacío.

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a dejar un comentario.

por administrador

Publico con autorización del autor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!