II: De tratos y favores

Agradezco a mi Adorada Archange que me beteó el capi pese al inoportuno momento en que lo acabé.

Espero les guste

«Basorexia» Fic de Haruxita

Capítulo 2: De tratos y favores

Los largos dedos se deslizaron despacio por la pálida piel del abdomen, tocándola apenas con la yema. Tom salivó deseando realizar el mismo recorrido con su lengua, tal vez morder un poquito sería una gran idea. Sin embargo permaneció sentado sobre la cama —adonde él lo había arrojado un momento atrás—, mirándolo extasiado.

Cuando esos elegantes dedos sacaron lentamente el segundo botón de su ojal correspondiente (dejando más piel a la vista) comenzó a tararear bajito la intro de «you can leave you hat on».

El chico se sonrojó y su hermosa sonrisa creció hasta convertirse en una ruidosa carcajada que lo obligó a doblarse a la mitad.

Quizá su intervención rompió el momento, pero Tom no se arrepintió. Amaba sobremanera oír su risa, la forma en que sus ojos se convertían en una delgada línea, sus espesas pestañas interrumpidas apenas por un pequeño brillo de picardía que se dejaba entrever.

Se levantó de la cama y lo envolvió en sus brazos, apegándolo a su cuerpo. De pronto se encontró frente a frente con esos preciosos ojos almendrados que tanto le gustaban.

Aquietada la risa, el otro chico enlazó sus brazos alrededor de su cuello y aproximó sus labios a los suyos sin llegar a tocarlos, tentándolo, rosando las puntas de sus narices, hasta que sus dientes jalaron el piercing en su labio inferior provocando que la erección de Tom alcanzara su máxima extensión.

Bajó sus manos hasta ese trasero pequeño pero redondito, acariciando con un dedo osado el lugar exacto donde —bajo mezclilla y algodón— se encontraba la proscrita entrada a su paraíso personal. Presionó de arriba-abajo con insistencia, mientras su boca se apoderaba de ese cuello exquisito.

El otro chico gemía en su oído, subiendo en intensidad en la medida que ambas entrepiernas se frotaban necesitadas…

 

~*~

 

Tom se incorporó de golpe en la cama, sudando copiosamente, con su corazón galopando por el primer premio en el Derby. Le tomó un tiempo aquietarlo, al igual que su respiración.

Se dejó caer de regreso al colchón cubriéndose el rostro con ambas manos, miserable y derrotado, como cada noche de la última semana.

Dieciocho extenuantes sesiones con Pauline y seis evaluaciones con el doctor Heller en el cuerpo no consiguieron hacer diferencia alguna. Bastaron un par de horas en compañía del maricón de Trümper para que su delirio regresara aun con más fuerza.

Los sueños eran cada vez más extensos y detallados, dejándolo con una sensación de pérdida al despertar.

Pateó la cubierta y las sábanas al suelo y se bajó pantalones y bóxers con premura.

Uno de los mejores aspectos de vivir con su hermano era que podía masturbarse a sus anchas, y gemir el nombre de su oprobiosa obsesión sin temor de que alguien abriera la puerta en medio de la noche, sin previo aviso.

 

~*~

 

Bill cumplió la promesa que le hizo a Markus. Salió con el primer chico que se cruzó en su camino —que resultó ser un pelmazo— y el siguiente, y el que vino después de ese.

Necesitaba procurarse un novio pronto, pero ninguno de los candidatos escogidos encajaba en sus requerimientos. Que fuera guapo, — ya que iba a tener un novio por obligación, al menos que le alegrara la vista—, pero aún más importante que lo anterior, que fuera total y absolutamente manejable.

Envidiaba la capacidad de su hermano mayor para manipular a los hombres (ya que estamos, también envidiaba su habilidad para conseguir que tanto hombres como mujeres se rindieran a sus pies con apenas un gesto suyo).

En ocasiones como esa, el mote de «Griselda» regresaba como un fantasma. Val era un seductor nato y él sólo un chico torpe incapaz de conseguir que el amor de su vida le correspondiera. Lo que era aún peor, tenía serios problemas para conseguir que este no se marchara de su lado.

—Mi vida apesta —refunfuñó, dándole un largo trago a su cerveza.

Geo lo había pescado tan deprimido esa mañana que lo invitó a casa y — aprovechando que el resto de su familia estaría fuera el fin de semana— le prometió que esa noche pillarían una cogorza que lo haría olvidar todos sus problemas.

Pero iba por su tercera corona y solo había conseguido que la cabeza le diera vueltas. Tal vez rechazar la pizza no fue una buena idea, después de todo.

Pero últimamente hasta el apetito se le había espantado.

Necesitaba encontrar una solución pronto o acabaría por desaparecer.

Ese pensamiento no hizo sino sumirlo aún más en su depresión.

Quizá si se desvaneciera en el aire dejaría de sufrir.

Por un minuto se imaginó como alma en pena, ignorante de su muerte y espantando a Val cada vez que intentaba acercarse a él.

No, definitivamente esa era una pésima idea.

Resbaló del sillón a la alfombra, pero no hizo el menor intento por levantarse, ya todo le daba igual. Su incapacidad para encontrar novio lo alejaría para siempre de Markus.

Quizás en parte el mismo auto saboteaba sus relaciones — Reconoció, en un segundo de honestidad—. Pero realmente no deseaba a nadie más. Besar a un chico cualquiera no era gran asunto, lo había hecho varias veces, algunos hasta besaban bien y la experiencia resultaba agradable.

Pero la situación cambiaba cuando se trataba de hacer el amor con alguien que no era Markus.

La sola idea le repelía sobremanera.

Bill no conseguía comprender por qué —si el ruso realmente lo quería tanto como aseguraba— lo había puesto en tal predicamento.

Ya era bastante doloroso que hubiera roto todas sus ilusiones sobre algún día estar juntos, como para encima agregarle esa ridícula imposición.

Bill suspiró, abrazando sus rodillas con impotencia. Ese novio de papel era un mal necesario, pero no dejaba de ser «un mal».

Si tan solo pudiera contratar a un actor aficionado que accediera a fingir ser su pareja ante su familia y amigos…

Ante Markus…

¿Cómo demonios no pensó en ello antes?

No debía ser tan difícil encontrar a un estudiante de teatro con pocos recursos, que sólo exigiera su paga al final de cada semana. Sin compromisos, besos innecesarios, intentos de mamadas en el cine ni nada que no estuviera estipulado en el contrato.

—¡Geooorg! —Llamó, con la lengua medio entumecida—  ¿Conoces a algún actor?

—¿En plan ‘fanboy’? —le llegó la voz amortiguada desde la cocina, donde había ido por mas hielo para su vodka.

Bill rodó los ojos, arrepintiéndose en el acto, la cabeza le dolía muchísimo.

—No, idiota. No una estrella de cine. Alguien que estudie teatro… Esas mierdas.

—Mi prima Inge tiene una amiga que toma clases particulares de actuación.

Una chica… hizo un gesto de repulsa de forma automática. No le desagradaban las chicas, pero una novia era harina de otro costal, por muy falsa que fuera.

Aunque quizá alguno de los compañeros de esa chica…

—¿A qué viene el repentino interés?—preguntó Georg, sacándolo de su ensimismamiento.

—Val necesita extras para un comercial.

—Creí que esas cosas las manejaba la agencia.

Debió morderse la lengua, su cerebro no trabajaba en su total capacidad, era peligroso cuando se emborrachaba, solía hacer cosas irremediables de las que se arrepentía una vez sobrio.

—Yo que sé. Era sólo una pregunta.

Su amigo le dio una mirada desconfiada pero no agregó nada. 

~*~

 

Tom se corrió rápido, el material fresco lo dejó tan caliente que no duró mucho acariciándose. Ese sueño húmedo había sido el más lúbrico que había tenido hasta el momento (no tenía motivos para pensar que ellos se detendrían).

Lo revivió íntegro en su cabeza, sólo cambió un poco el final, en lugar del cuello de Trümper era su boca lo que tomaba por asalto. Le acometió el absurdo deseo de averiguar a que sabía besarlo de verdad, no sólo presionar los labios contra los suyos.

—Estas enloqueciendo, Tom. —se recriminó limpiándose la corrida de su abdomen con los pañuelos que ahora siempre mantenía a mano en su mesita —. El Xanax surtió el efecto contrario.

Le pediría al doc que le cambiara la medicación, o mejor aún, que le diera unas pastillas para dormir sin soñar.

~*~

 Dos coronas más tarde Bill había entrado de lleno en la fase sentimental.

—No lo entiendo… Te juro que trato, pero… —detuvo sus balbuceos alcoholizados para beber el resto de cerveza que quedaba en su botella—Si de verdad le importo, ¿porque me arroja a los brazos de alguien más? ¿Verdad que no tiene sentido?

Georg, que estaba más dormido que despierto y no tenía la menor idea de lo que hablaba solo repetía —ajá — de tanto en tanto.

 

~*~

 Aún faltaban un par de horas para el alba pero los pájaros del vecindario ya habían comenzado a cantar. Como buen borracho testarudo, Bill se resistió a irse a la cama. Georg roncaba en el sillón desde hacía una buena media hora.

El bajón de hambre lo llevó directo a la cocina, en la nevera encontró un muslo de pollo y mayonesa. Con el hambre que cargaba sería un festín.

Al cerrar la puerta de se quedó con la pieza de pollo a medio camino de su boca entreabierta.

Algo en su embotado cerebro hizo «tilt» al ver la serie de fotografías adheridas con imanes con forma de frutas tropicales. Una de esas fotografías le dio la respuesta que tan desesperadamente buscaba.

Corrió a la sala —aun con la foto en la mano— le hurtó el móvil a su amigo y apuntó los números en el reverso del trozo de papel.

 

~*~

 La vista desde la ventana de su cuarto era hermosa, aunque sólo en contadas ocasiones se daba el tiempo de admirarla. Como aquella, en que por culpa de un perverso sueño húmedo acabó despierto hasta el alba.

Una melodía comenzó a sonar intempestivamente. Se estaba aburriendo de ella, era momento de cambiarla.

Se preguntó quién lo llamaría a esa hora.

Más concretamente se preguntó quién lo llamaría a cualquier hora.

Desde San Valentín la única persona que lo telefoneaba era su hermano, que en esos momentos dormía plácidamente en la habitación contigua.

 

~*~*~*~

 

Pese a que en medio de su pataleta en el bosque —pataleta propiciada más por los celos despertados por la Lolita que por su luxación— Val menospreció sus conocimientos de medicina, ya en casa más calmado, insistió en que Nick supervisara su tratamiento. Pero el hombre se rehusó. «Soy sólo un doctor de cachorros. ¿Recuerdas?».

La alicaída Diva se abofeteó mentalmente, Nick no le dejaría olvidar fácilmente esa ofensa. ¿Acaso tendría que suplicar? Aquello era inaudito, Valentino Trümper no suplicaba. El sólo parpadeaba con altivez y la gente corría a complacer sus caprichos.

El modelo suspiró, había más de una forma de conseguir sus objetivos y él podía ser muy persuasivo.

—No confío en mi fisioterapeuta, Niiick. Ese día demostraste ser muy habilidoso con tus manos.

—Los halagos no funcionarán, la respuesta sigue siendo no.

—Por favooor. Y que conste que yo jamás pido favores.

—Val…

Tuvo que echar mano a un recurso desesperado.

Estiró sus labios y le dirigió una lánguida mirada.

—¿Tú también? ¡Dios! No me puedo resistir cuando ponen cara de cachorrito, eso es jugar sucio.

Val detuvo la actuación y se puso a la defensiva, sus celos en pie de guerra.

—¿A qué te refieres con «tú también»? —aquella era su técnica secreta de manipulación. ¿Acaso la novia de Nick la usaba? Su corazón se estrujó al imaginar a esa desabrida rubia haciéndole pucheritos a SU Nick. Se sintió aun peor al imaginar qué tipo de cosas le pedía con ellos. ¡Y él reconoció que no se podía resistir!

Val se iba a seguir torturando cuando Nick agregó: «El enano».

—¿Quién?

—Mi hermano Tom. Cuando era muy pequeño hacía unos sobreactuados pucheritos en que sobresalía su labio inferior. Siempre fue cachetón, lo que remarcaba el efecto. No importaba lo que hubiera hecho, no podías enfadarte cuando ponía esas caritas.

Val se derritió de amor por ese hombre, hecho y derecho, que hablaba con tanto cariño y ternura de su hermano pequeño.

—¿…e sucede algo? ¿Val?

El aludido salió de su ensimismamiento, con una sonrisa sincera.

—Estoy bien, sólo un poco somnoliento, por culpa de los calmantes estoy convertido en un perezoso estos días.

Se dejó arropar por Nick, quien cuidó de no pasar a llevar el pie lastimado. Su último pensamiento consciente fue que era afortunado de tener un amigo como él, aunque no dejaba de envidiar a su novia. Al bajar sus párpados le pareció percibir unos labios tibios y el roce de un bigote sobre su frente.

 

~*~

 

Finalmente —y pese a llevar la terapia con un especialista— el veterinario accedió al capricho de su hermano mayor.

Kaulitz iba a verlo cada tarde luego del trabajo. Era muy puntual, punto a favor de Bill, quien enviaba a Markus a trasladar a Val hasta la sala unos diez minutos antes. No le agradaba que «ese idiota» pasara metido en casa, pero le gustaba aún menos que se encerrara con su hermano en su dormitorio donde no podría interrumpirlos si las cosas se caldeaban.

El traslado de Val era un espectáculo digno de verse, este se comportaba como la reencarnación de la Reina de Saba, siendo conducida por uno de sus portadores. El contraste entre la apariencia estilizada de su hermano y la corpulencia del guardaespaldas quedaba aún más de manifiesto.

Bill se tragó un suspiro cuando los vio por primera vez. No quería que Val sospechara, ni enfadar a Markus cuando se suponía que estaba esforzándose por olvidarlo. Pero, ¿cómo hacer aquello? Bastaba sólo con mirarlo para darse cuenta que nunca encontraría alguien que le llegara a los talones siquiera. Si Markus no lo aceptaba de la forma en que Bill deseaba…

«Estoy condenado a una vida de sexo casual y sin amor».

«¡Scheiße! Val me está contagiando lo Drama Queen».

Cada tarde el veterinario ponía un cojín sobre su regazo y luego, con sumo cuidado, posaba el pie de Val sobre este.

Bill no comprendía como el mayor de los Kaulitz podía ser tan obtuso. Cualquiera se daría cuenta (por la manera en que el modelo estrujaba los cojines entre sus largos dedos, incluso por sus leves gemidos) que los masajes no le producían dolor precisamente.

Desde luego cualquiera menos Nick Kaulitz, quien se apresuraba a disculparse cada vez que el modelo se mordía su labio inferior.

Harto de oír gemir a su hermano —y con los nervios de punta, era solo cosa de tiempo para que este mandara a volar su auto control y se corriera en el sillón—, Bill cambió su lugar de espionaje.

Dejó el estudio y se recluyó en su cuarto. El plan requirió extorsionar a Markus para conseguir la clave de las cámaras de seguridad y poder así espiarlos en tiempo real, pero al menos obtuvo algo de paz mental.

 

~*~

 Nick era un dechado de amabilidad, sin contar con esas manos fuertes, varoniles y habilidosas que le daban los más deliciosos…

—¡Mi Dior! —gimió

—Lo siento, que conste que te advertí que no soy bueno en esto.

¡Y encima se disculpaba!

Uno de esos días Val no sería capaz de seguir conteniéndose y lo besaría hasta saciar sus ganas. «Y ese será el día en que Nick saldrá corriendo por la puerta y nunca más volveré a verlo», se dijo con tristeza.

No era nada justo, ¿porque Nick tuvo que venir en edición limitada? Él quería su propio Nick, para él solito. Para acurrucarse en invierno frente a la chimenea, hacer el amor en medio del bosque una mañana de primavera y…

—…éfono.

—¿Qué?

—Tu móvil, está sonando.

El modelo hubiera querido simplemente apagar el inoportuno aparato, pero era David en la línea, si no le respondía a su agente este no lo dejaría en paz hasta conseguir contactarlo.

Eran buenas noticias, después de todo. El lanzamiento de la nueva campaña de Temptation (el perfume del cual Val era rostro) tenía fecha por fin.

El evento debió ser pospuesto un tiempo prudente luego del 14F, Val insistió en ello; no le sentaba bien divertirse cuando el país estaba de luto, y su Frijolito tan sensible respecto al tema.

Pero ya no podían retrasarlo más, el evento se realizaría el siguiente miércoles, no era coincidencia que ese fuera el día en que obtenía el alta médica.

Val comenzaba a aburrirse con el fastidioso monólogo de David sobre los detalles técnicos de la presentación y la larga lista de celebridades invitadas. Después de todo, las fiestas del medio estaban normadas por los mismos parámetros, asistían casi los mismos invitados, la charla era igual de vana y la temperatura del vino incorrecta.

De manera que lo dejó hablando solo (el hombre de verdad amaba oír el sonido de su propia voz) y dedicó toda su atención a algo que en realidad le interesaba, como las caricias el masaje que su veterinario favorito le daba a su pie lastimado.

Tal vez si hubiera prestado atención a la lista de invitados en su momento, se habría evitado un par de desagradables sobresaltos la semana siguiente. 

~*~

 

Apenas dos días antes del evento Val se enteró, por boca de su asistente, de la noticia.

Deseó asesinar al descerebrado de David. No le cabían dudas de que él estaba detrás de ello, tenía su firma por todas partes. Lo sabía capaz de eso y más por un poco de publicidad gratis.

Le habría gustado poder escaquearse o fingir una enfermedad altamente contagiosa, pero sus dotes para el drama no lo salvarían esta vez.

Necesitaba refuerzos, alguien a su lado para hacerle frente a la tormenta y salir lo menos dañado posible. La opción lógica era Andy, formaba parte del acuerdo: apariciones en público, eventos promocionales, fiestas de gala.

No debió sorprenderle que el empresario no cumpliera su parte del trato.

—No puedes avisar con tan poca antelación y esperar que esté disponible. Viajo a Suecia el viernes.

—El lanzamiento es la noche del miércoles.

—¿Tin-tin, no estás prestando atención? Viajo el viernes, estaré fuera dos semanas, quizá más. Por consiguiente debo dejar todo organizado antes de mi partida.

—¡¿Dos semanas?! ¿Cuándo pensabas decírmelo?

—Te envié un mensaje hace unos días, supongo que aún no lo lees. Ahora si me disculpas, debo regresar a trabajar. Verdadero trabajo, no sólo verme bonito y sonreírle a la cámara.

Esa conversación fue como un golpe en sus partes bajas. ¿Cómo Andy podía dejarlo a su suerte cuando más lo necesitaba? Cierto que su relación era poco convencional pero, ¿de verdad era necesario ese último comentario?

Alicaído, se aferró a su almohada, en ocasiones como esa odiaba su vida. «El glamour y los diamantes no te abrazan por la noche», se dijo. Había leído esa máxima tiempo atrás, siempre que estaba deprimido regresaba a él, a torturarlo. 

~*~

 

Su providencial salvador resultó la persona más improbable. No porque creyera que él no estaría dispuesto a tenderle una mano (siempre lo había hecho), sino porque aquél era un ambiente al que su Ángel no estaba acostumbrado.

Nick accedió de inmediato, luego de que Val lo convenciera de que no estaba muy seguro de que su pie se encontrara complemente restablecido.

El modelo se cuidó de contarle la verdad. Sin decidir cuál parte de ella era menos vergonzosa. ¿El novio por conveniencia que sólo lo buscaba cuando deseaba sexo o lo otro?

Probablemente Nick se horrorizaría al descubrir ese aspecto oscuro de su pasado. 

~*~

 

Dado lo intempestiva de la invitación debió correr al centro comercial a comprar un traje con premura.

Estaba algo inseguro, no por él, por Val. Temía avergonzarlo.

El evento prometía estar repleto de gente que Nick no conocía. Según las mismas palabras de Val: «Gente que no dudaría en ensartarte un tenedor para camarones en el corazón, luciendo una impecable sonrisa de portada mientras lo hace».

 

~*~

 

Val debería estar feliz, por fin el reposo forzado llegaba a su fin. Lo que para alguien con complejo de pulga (por lo enérgico e hiperactivo) debía ser una buena noticia, máxime por la fiesta de esa noche. Val amaba las fiestas, eran su elemento, le encantaba pulular entre los invitados viéndose fabuloso y siendo halagado/envidiado por todos.

Por ello Bill no comprendía ese semblante demacrado, que ni el maquillaje consiguió disimular.

Nick Kaulitz llegó al penthouse a eso de las siete, vestía de traje y se veía tan nervioso como el día que llegó rogando la indulgencia de Val.

Una parte de él se regodeó con el sufrimiento del adulto, otra —la más sensata— le recordó que Nick era un don nadie, si metía la pata esa noche el único perjudicado sería su hermano.

Por lo que, yendo contra todos sus principios —aquellos que dictaban jamás mostrarse amable con ninguno de los ligues de su hermano (Aunque, en estricto rigor, Nick Kaulitz no pertenecía a esa categoría)— bajó a la sala mientras el adulto aguardaba por Val y tuvo una pequeña charla con él.

 

~*~*~*~

 Apenas Val y «el idiota Kaulitz» se marcharon cogió el móvil. Su hermano no estaría de regreso hasta pasada la medianoche, eran apenas las siete, tiempo suficiente para finiquitar ese molesto asunto pendiente de una buena vez. 

~*~*~*~

Pese a que vestía un traje corriente que no le ajustaba bien, ni hacía justicia a su cuerpo bien torneado, Nick se veía bastante atractivo… Tanto que Val salivó fantaseando con verlo algún día vistiendo un elegante traje de diseñador.

Se tuvo que cuidar de no hacer esa sugerencia en voz alta, no quería ofender a su amigo. Cabía la posibilidad que malentendiera sus palabras.

En el trayecto al hotel en que se llevaría a cabo el lanzamiento, le hizo un apretado resumen de lo que debía esperar a su llegada. Las preguntas típicas de la prensa de farándula (a las que no debía responder bajo ninguna circunstancia) y la posterior presentación de la campaña.

—Te prevengo, el spot es bastante osado.

—¿Osado? ¿Más osado que el anterior?

—¿Lo dices porque la chica estaba desnuda?

—Y por tus mallas.

—¿Que había con mis mallas?

—No dejaban nada a la imaginación.

Val sintió sus mejillas repentinamente encendidas. No estaba sonrojado, sabía que no podía ser eso, él había perdido la capacidad de sonrojarse hacía mucho. La noche era demasiado cálida para ser primavera, debía ser eso.

—Recuerda no apartarte de mi lado.—repitió una vez más, antes de que la limo se estacionara.

—¿Por qué haría eso?

—Hay muchas chicas atractivas…—»que se lanzaran sobre ti como abejas a la miel» pensó, con algo de tristeza.

Nick se veía tan guapo que esa noche podía irse a la cama con la chica que él escogiera. Pero, si en algo conocía a su amigo, las rechazaría educadamente a todas; le era estúpidamente fiel a esa desabrida rubia que tenía por novia.

—Val, soy tu acompañante, y eso es lo que haré: acompañarte.

El modelo respondió a esa cálida sonrisa y, en un instante de debilidad, lo abrazó con fuerza. Nick lo envolvió en sus brazos de inmediato.

—Eres un ángel. ¿Lo sabías?

Se negaba a salir de la seguridad de sus brazos y tener que enfrentar el mundo real. Nick le acarició la espalda suavemente y besó su cabello.

—Si estás muy nervioso puedo pedirle al chofer que de otra vuelta a la manzana —. Lo que él quería era dar media vuelta y regresar a casa. Pero era un profesional.

—*The Show Must Go On*, cariño.

—Val, si no te sientes bien podemos regresar a casa.

—Estoy divinamente. ¿Por qué lo dices? —mintió, sin moverse un milímetro del abrazo.

—Es una frase de «Moulin Rouge», y no de una parte alegre precisamente.

El modelo se apartó apenas lo suficiente para ver sus preocupados ojos marrones, brillando iluminados por las luces de la ciudad.

—No hay película más gay que esa. ¿Cómo es que la conoces? —Preguntó, divertido.

—Una noche la pillé en el cable, Nicole Kidman es sexy. ¿Seguro de que estás bien?

—Divinamente, esta es mi gran noche, y mi apuesto mejor amigo straight me acompaña. ¿Qué más podría pedir?

Su fachada estuvo a punto de derrumbarse cuando el veterinario le acarició con ternura la mejilla y besó su frente.

—No me has convencido en lo más mínimo. Estoy seguro que ese tobillo te está doliendo mucho.

Val respiró con alivio. Siempre podía confiar en el despiste crónico de Nick. Por fortuna para él, no se había dado cuenta de lo que realmente sucedía allí.

—Bajemos de una vez. Soy la estrella de la noche, la presentación no empieza sin mí. 

~*~*~*~

 Chequeó la hora en su móvil otra vez, comenzaba a ponerse algo nervioso por la tardanza, tal vez el chico se había arrepentido, quizá nunca tuvo la intención de acudir…

No debió hacer esa llamada en primer lugar, pero su juicio estaba embotado por un par de litros de cerveza.

Trasnochado y viendo la sonrisa bonachona del chico en la fotografía le había parecido una excelente idea. Ahora, con la perspectiva que da la sobriedad ya no estaba tan seguro de ello.

Aunque el mensaje sí fue leído, el otro chico jamás respondió.

Esos dos ticks azules se le antojaron insultantes. ¿Quién demonios se creía para dejarlo en visto?

En medio de sus elucubraciones recibió una extraña llamada del conserje, un pandillero intentaba colarse al penthouse. Alzó una ceja, asombrado. Se necesitaba ser muy estúpido —o muy osado— para intentar algo así, considerando el alto nivel de seguridad de su edificio, hasta que oyó gritos de fondo y se dio una palmada en la frente.

El conserje había confundido a Bob Marley con un maleante, no sólo eso, había llamado a la policía, que venía en camino.

Bill pidió que le pusieran a Tom al teléfono, el chico estaba furioso, pero a pesar de no verle la cara, Bill pudo distinguir a través de la línea una nota de pánico en su voz.

Intento calmarlo, al oponer resistencia sólo estaba empeorando la situación. Pero la mención de la policía lo descontroló. No le quedó alternativa que bajar deprisa.

Antes de que la puerta el ascensor se cerrara le pidió a Markus que subiera al estudio o a la piscina. Lo último que Bill necesitaba era que Tom tuviera un encontrón con el ruso, luego del susto con el conserje de seguro estaría a la defensiva y la presencia de Markus sólo tornaría más difícil convencerlo de que cooperara.

—¿Sería mucho pedir un poco de privacidad en mi propia casa? —chilló, nervioso, El de rastas era su última oportunidad viable y no podía dejar que Markus lo espantara— ¿O tengo que ir al parque?

De mala gana el ruso desapareció escaleras arriba.

Al llegar a recepción se encontró con que «Bob Marley» estaba a punto de tener un ataque de pánico.

—¡¿Quieres decirle a este idiota que me suelte, que no soy ningún ladrón?!

—Sólo sigo el procedimiento.—Se defendió el hombre, con tozudez— Artículo cuarto inciso primero: «Cualquier sujeto sospechoso que sea atrapado merodeando…»

—Señor Geist, «Bob M…» Tom es mi invitado. Si no lo deja ir, Val interpondrá una queja ante la administración del edificio, y usted sabe lo que eso significa.

No se sintió en lo absoluto culpable por usar el nombre de su hermano para amenazar al hombre, la cara de pánico que puso el chico de rastas al oír las balizas de la policía al arribar al edificio justificaron su actuación.

De la boca del chico no salió media palabra, sin embargo su expresión gritaba «¡ayúdame!».

Bill lo cogió de la camiseta y se lo llevó a rastras hacia el ascensor, arrancándolo de las manos del conserje.

—¿Y ahora qué les digo a los oficiales? —preguntó el hombre, perdiendo el aplomo al ver a tres policías entrar deprisa.

—Usted armó el alboroto, resuélvalo —. Espetó Bill, empujando a un todavía asustado Bob Marley al interior del ascensor.

En cuanto las puertas se cerraron el de rastas se deshizo de su agarre y se alejó lo más que le permitía el reducido espacio.

—¿Para esto me hiciste venir? —gruñó, cruzándose de brazos.

Bill se mordió el labio, si las posibilidades de que Bob Marley accediera a su propuesta ya eran escasas, temió que luego del altercado se hubieran esfumado por completo. Estaba realmente desesperado, al punto de recurrir a cualquier medio para persuadirlo.

—No se suponía que pasara esto —explicó, intentando justificarse— nunca pone problemas cuando vienen los chicos.

Por alguna razón que se le escapaba, eso pareció enfadar aún más al de rastas.

—No sé por qué vine, siempre hay problemas cuando estás cerca.

El moreno se mordió la lengua, estuvo a punto de soltar «los problemas te los buscas solito» pero esta vez la responsabilidad fue en gran parte suya, por no avisar al conserje.

«¿Pero cómo podía adivinar…?»

Lo cierto era que estaba tan acostumbrado a la apariencia de Bob Marley que olvidó que para cierta gente (Máxime en un área tan exclusiva como en la que vivía) la ropa definía lo que eras. Y por ende, si te vistes desastrado, es porque eres un delincuente.

 

~*~*~*~

 Nick sabía que su amigo tenía alma de pavo real, que estando en público su atractivo se desplegaba en su máxima expresión. Pero hasta esa noche no había tenido oportunidad de verlo moviéndose en su ambiente natural.

El hotel estaba repleto de celebridades y —cómo el modelo le señaló antes de entrar— mujeres bellísimas. Pero nadie rutilaba como Val. Su encanto desbordaba por sus poros como rocío.

Nada habituado a ese tipo de atención, el veterinario intentaba eclipsarse, pasar desapercibido en ese océano de gente hermosa y egos desmesurados. Cosa prácticamente imposible al ser conducido de la mano por el modelo y profusamente fotografiados.

En un momento se sintió un poco como un bolso de mano o un deslucido brazalete. Él era sólo un accesorio sin importancia. Pero estaba en ese lugar porque Val lo requería, y desempeñaría su rol de anónimo acompañante lo mejor que pudiera.

Sin embargo no contaba con que los planes que Val tenía para él eran algo diferentes.

—Él es Nick, mi mejor amigo. No te diré el apellido porque no quiero que lo acosen. Es muy tímido.

Esa fue la respuesta que más se repitió esa noche. El rubor en su rostro pasó a ser una constante. En especial cuando las preguntas insidiosas de algunas modelos se iban por otros derroteros.

Pero Val se manejaba al dedillo en esos terrenos y soslayaba preguntas incómodas como el profesional que era.

—No intentes cotillear entre mis sábanas y yo no lo haré entre las tuyas, darling.

Val dejaba las dudas sobre su intimidad en la más neblinosa ambigüedad. Nick no supo que pensar ante el hecho de que no negara de forma tajante esa posibilidad. Quizá todo era parte de ese juego coqueto que se desarrollaba entre Val y el resto de los asistentes. Su amigo sólo se ceñía a su personaje, después de todo.

Aunque sería el rey de los hipócritas si negara que esas palabras regocijaron su pequeño ego. Que —al menos durante una noche— esas atractivas mujeres lo creyeran digno de ser la pareja de Val.

«Lástima que sólo sea una ilusión» se dijo, con algo de amargura. 

~*~*~*~

 

Bill respiró aliviado al entrar al recibidor y no ver a Markus. Al menos la primera parte de su plan estaba marchando.

Desde luego «Bob Marley» no era tan fácil de persuadir.

—¿Adónde se supone que vamos? —inquirió con desconfianza, deteniéndose en medio del pasillo.

—A mi cuarto. ¿Adónde más?

—Pensé que sólo íbamos a hablar.

—Tranquilo, Bob Marley, sé que eres irresistible, pero trataré de controlar mi gaydad y no saltarte encima —se burló.

—Imbécil.

—Idiota. ¿Y bien? ¿Vienes o no?

—Si sólo vamos a hablar, no veo por qué no podemos hacerlo en la sala.

—Por algo llamado «privacidad».

—Buen intento. Estamos solos.

Bill comenzaba a perder la paciencia. Cada vez le parecía una peor idea.

—Para tu información, señor paranoico, no estamos solos. Está Hitomi y mi… —se quedó con la frase a medias en sus labios, Markus no era ni jamás sería nada suyo— el guardaespaldas de Val.

—¿No que tu hermano tenía una fiesta esta noche?

Iba a preguntar cómo el de rastas estaba enterado hasta que recordó que su hermano había salido con el suyo.

—Larga historia. ¿Vamos a mi cuarto o no?

—Pensé que había quedado clara mi respuesta.

Bill gruñó por lo bajo y lo guió hasta la sala. El único motivo por el que no se deshacía del molesto chico de una sonora patada en el trasero, era porque los anteriores candidatos aparentaron ser perfectos a simple vista y luego resultaron una completa decepción. Al menos con Bob Marley sabía a lo que iba desde el principio. 

~*~*~*~

 

Val se había quedado corto cuando describió el spot como «osado». Era extremadamente sexy, jugando al límite de lo permitido en televisión. Aunque siempre dentro del marco del buen gusto.

Esta vez Val había dejado atrás sus escamosos atavíos para convertirse en una versión masculina de Galatea, que acaba por enloquecer de deseo a su creador.

Nick no dejó de sentirse identificado con Pigmalión. Aunque su deseo se mantenía férreamente contenido en presencia de Val, cosa que no ocurría con el resto de los asistentes.

Podía ser un despistado sin remedio, pero no era idiota. No se le escaparon las miradas lujuriosas que algunos hombres le dieron a Val, en especial luego de revelado el spot.

Val había dejado los nervios atrás, Nick supuso que el dolor del tobillo le había dado una tregua. No imaginaba cómo, con esos descomunales tacones que éste insistió en usar esa noche. Aunque su amigo se deslizaba con gracia y fluidez, como si se encontrara descalzo.

Un hombre en concreto no le quitaba la mirada de encima al modelo. Era bastante mayor, tanto que le dio grima. Sensación que se convirtió en un cubetazo de agua fría cuando se acercó hasta ellos y Val se transformó por completo.

Su nombre era Wolfgang Joop, un conocido diseñador alemán que llevaba varias décadas radicado en la ciudad luz.

Nick casi podía apostar que ellos se conocían más que superficialmente. A juzgar por la forma tan familiar con que Val lo saludó y la manera en que le sudaban las manos ante su presencia. Sin contar el resto de detalles, demasiado evidentes para que pasaran por alto, aun a sus ojos. Su incesante parpadeo, sonrisitas bobas y una tímida bajada de parpados que descolocó al veterinario.

Esa era una cara de Val que nunca había visto, y no le agradaba. El Val que conocía no era en absoluto sumiso ni inseguro.

Aquel hombre enérgico y dueño de sí mismo que era capaz de enfrentarse a la policía cuando la vida de su hermano estaba en peligro y cruzar Grunewald con tacones de diez centímetros, se había convertido por arte de magia en un nervioso adolescente.

Pero había algo más que le dio mala espina. Cuando el sujeto cogió a Val con firmeza del antebrazo —en un claro ademán de largarse juntos de allí— el modelo entrelazó sus dedos y se agarró con fuerza de su mano, al punto de clavarle las uñas.

Nick por fin comprendió (al menos en parte) lo que allí ocurría. Val se aferraba a él como un niño asustado. Había visto ese mismo gesto desesperado en Tom, muchos años atrás, cuando llegaban a casa luego de ir por él al jardín de niños y oían la voz de Jorg desde el interior de la casa.

—Ha sido un placer verte de nuevo, Olfie —dijo el modelo, con la voz un poco temblorosa. En una clara despedida.

—El placer siempre es mío, querido. ¿Podemos continuar esta charla en otro lugar, sin extraños que nos interrumpan en todo momento?

Nick correspondió al apretón, intentando transmitirle silenciosamente que él estaba a su lado y no permitiría que nada malo le sucediera.

—Eres muy amable, pero Nick y yo debemos retirarnos. Que disfrutes de la fiesta.

El hombre se quedó plantado en su sitio, tanto o más descolocado que el propio Nick, que se dejó remolcar por Val Dios sabe dónde.

En algún punto de su periplo en dirección al balcón el modelo se hizo de una botella de whisky. Nick no tuvo ocasión de preguntar por los vasos, porque Val dio cuenta del contenido en tan solo tres tragos sucesivos.

Nick comenzaba a preocuparse seriamente por su amigo. Descontando su comportamiento completamente inusual, aún había restos de anti inflamatorios en su sistema. Mezclarlos con alcohol no era nada inteligente, pero resultaba más que evidente que Val no pensaba con claridad esa noche.

~*~*~*~

 

Medio capítulo de GoT más tarde el maricón sólo había abierto la boca para preguntar ¿Quién crees que se quede con The Iron Throne?

—Trümper, no vine aquí a ver tele ni a comer papas. ¿Vas a decirme a qué me trajiste?

El moreno se notaba nervioso, no le sostenía la mirada, privándole de esos hermosos ojos almendrados.

—Necesito un novio —lanzó finalmente.

Luego de lo que vio aquél día en el cine, no le sorprendió en lo absoluto. Lo que no alcanzaba a comprender era por qué se lo contaba precisamente a él. No conocía a ningún marica, aparte del mismo Trümper. (¿Podía Nick considerarse marica? Aunque a su hermano le gustaban las chicas y estaba en medio de esa rara no-relación con el otro Trümper).

—¿Ya buscaste en el Tinder de bujarrones?

—Se llama Grindr, ¡y por supuesto que no voy a buscar ahí!

—¡Yo qué sé! ¿Por qué me preguntas a mí? ¡Soy el menos indicado para…!

No lo vio venir, en un momento estaban discutiendo y al siguiente el maricón de Trümper invadía su espacio personal y le susurraba algo que no tuvo tiempo de asimilar, su cerebro estaba ocupado gritando «¡¡ME ESTÁ COGIENDO LA CAMISETA, ME ESTÁ COGIENDO LA CAMISETA, Y NO PARA GOLPEARME!!».

Por lo mismo, apenas registró cómo fue que acabaron besándose. En rigor fue «el maricón» quien tomó sus labios, él se limitó a responder de la mejor forma que pudo.

Ese beso fue considerablemente superior al anterior. Había una enorme diferencia cuando el otro tomaba parte activa en la acción.

No entendía las intenciones de éste, ni lo necesitaba: todo lo que le importaba era que Trümper lo estaba besando.

El beso duró lo que tardó en recobrar la cordura. Forcejeó para alejar al moreno, pero el chico lo tenía asido con tal fuerza y él estaba tan mal sentado en el sillón que acabó cayendo sobre los cojines, con Trümper sobre él.

—¿Por qué carajo hiciste eso? —reclamó el otro chico, sin alzar voz, ni hacer el menor ademán de querer levantarse.

—Me estabas bes…

—Genial, ahora quedó fuera de mi rango visual. No puedo ver si hay moros en la costa y si me levanto a mirar será muy obvio.

Tom seguía pegado en la misma tecla.

—Me besaste. ¿Por qué me besaste?

—No hiperventiles, Bob Marley. Fue solo un beso, ahora estamos a mano. Vamos a mi cuarto, necesitamos discutir esto en privado.

Tom se negó en redondo, luego de ese beso no confiaba en sí mismo lo suficiente.

—¿Y si juro solemnemente que no voy a meterte mano? —Tom negó enérgicamente con la cabeza.—De acuerdo, cambio de estrategia. Si no vas por las buenas, te seguiré besando hasta que aceptes.

Completamente espantado por la expresión de malicia de Trümper y la reacción que desencadenó semejante amenaza en su entrepierna, se incorporó como movido por un resorte.

—Eso se llama extorsión —rezongó por lo bajo.

—Lo sé y funciona —respondió el chico, muy satisfecho consigo mismo.

~*~*~*~

—«…sobre la tela de una araña, como veía que resistía fueron a llamar a un camarada.»

En otras circunstancias Nick escucharía extasiado a Val cantando esa inocente canción infantil. Val tenía una voz hermosa y cuando cantaba podías cerrar los ojos y dejar que te acariciara los oídos.

Pero mientras cantaba Val caminaba peligrosamente por la barandilla del balcón. Nick con el alma pendiente de un hilo, intentaba convencerlo de ponerse a resguardo.

—Val, por lo que más quieras, bájate de ahí. Estás ebrio y apenas hoy te dieron el alta.

Pero el modelo no dejaba de cantar mientras fingía caminar por la cuerda floja.

Finalmente dio un paso en falso, el tacón resbaló por el barandal de hierro e hizo un par de inútiles molinetes antes de irse de espaldas.

Habría caído al vacío si su guardián no hubiera reaccionado a tiempo para jalarlo de sus cadenas y aferrarlo contra su pecho.

Como resultado ambos acabaron en el piso, Nick se negaba a liberarlo de su opresión. Aún asustado por haber estado a punto de perderlo.

—¿Estás loco? ¡Pudiste matarte!

Val soltó una carcajada y consiguió incorporarse. Jalando a Nick con él dado el estrecho abrazo al que le tenía sometido.

—Mi ángel —murmuró, escondiendo su rostro en el hueco de su cuello—. Amo la sensación de la adrenalina fluyendo, pero no soy un suicida.

Obligó al veterinario a seguirlo y espiar por el borde del balcón, en donde —veinte pisos más abajo— se veía una piscina de buen tamaño, iluminada.

Antes que el veterinario abriera la boca él agregó

—Soy un excelente nadador. Aun con tacones pesados y una botella de whisky encima.

~*~*~*~

Tom experimentó un pequeño deja vu al entrar en la habitación del maricón. Él conocía ese cuarto, había estado varias veces en él… en sus sueños. La distribución de algunos objetos y la ropa de cama eran diferentes, pero en esencia era el mismo cuarto.

«¿Qué mierda significa esto?» se preguntó, comenzando a entrar en pánico.

—Tierra llamando a Bob Marley, responde Bob Marley.

Giró su cabeza hacia el origen de la voz, el otro chico le hacía señas desde la cama.

Tom tragó grueso, ni muerto se subiría a ese lugar. No luego de todas las… cosas que ambos habían hecho en ella (en sus sueños).

Acercó un puf y se sentó a una distancia que consideró segura.

—Iré al grano. El asunto es este: quiero que tú seas mi novio —.Explicó Trümper, sentándose a lo indio.

Por fortuna ya estaba sentado, o se hubiera caído de culo al piso.

—¿Es una broma?

—No lo es, te lo dije necesito un novio y tú eres el más indicado.

—Pues yo quiero follarme a Jessica Alba, pero eso tampoco va a pasar.

—¡Vamos! Ambos sabemos que no eres todo lo hetero que aseguras— asustado, Tom abrió la boca para replicar —. Hey, no te preocupes, no le he contado nada a Georg.

«¿Geo? ¿Qué tiene que ver el traidor con…? Oh, sí. El maricón piensa que yo…»

—¡¿Cuántas veces te lo debo repetir?! —Insistió con fastidio— ¡A mí no me gusta Georg!

—Lo que tú digas, Bob Marley. Sólo te estoy pidiendo un pequeño favor. Hasta puedo pagarte—ofreció el otro, algo apocado.

—¡No soy un puto gigoló! —terció, cruzándose de brazos, ofendido.

Tom necesitaba dinero con urgencia, Zorra había acumulado una pequeña montaña de infracciones, pero se rehusaba a pedirle dinero a su hermano para pagarlas. Nick no sólo le regaló su auto, sino que desde que vivían juntos cargaba con todos sus gastos, incluyendo la costosa terapia.

Su orgullo de macho (lo poco que quedaba de él) le impedía aceptar dinero a cambio de sus «servicios». ¿Eso era como prostituirse, no?

Antes que eso prefería limpiar parabrisas en una esquina.

—Si tanto quieres un novio, ¿por qué no…?

—No lo entiendes, no QUIERO tener un novio. NECESITO UNO.

—¿Por qué?

—No es tu maldito asunto. Sólo di que sí.

—¿Por qué me jodes a mí? Ellen Key estaba repleta de maricas que querían ser tu novio, estoy seguro que en tu nueva secundaria más de uno estaría dispuesto.

—Ese es el punto. Quieren ser mi novio. Yo no necesito un novio de verdad, sólo uno fingido.

—¿Ya se lo pediste a Geo? —preguntó con acritud, adivinando la respuesta.

—Si.

—¿Y no aceptó?

—De hecho, lo hizo.

A pesar de todo, Tom se sorprendió de que su amigo… —»Ex-amigo, Geo es un traidor»— estuviera dispuesto a cambiar de acera tan fácilmente.

—¿Y si aceptó porqué carajos sigues buscando?

—Porque, y cito textual —Bill dibujó unas comillas en el aire con sus dedos— «Si voy a ganarme reputación de bifurcado, debes darme algo que al menos valga la pena».

Tom empuñó sus manos, ese vergonzoso ataque de celos aflorando de nuevo, imaginando la «paga» que había exigido a cambio. ¿Qué tan lejos habían llegado esta vez con su exploración?

—¿Puedes creer que me pidió entradas VIP para todos los conciertos que quiere ir este año? ¡Son al menos cinco! Me gastaría toda la mesada, e incluso me faltaría dinero.

Tom se había perdido en medio de la conversación, esa mueca indignada hacía que los labios de Trümper se torcieran de una forma que alborotaba el ejército de mariposas en su vientre, o quizás un poco más abajo.

«Esperen un segundo… ¿Eso significa que El Maricón dijo que no?»

Por lo visto, el moreno interpretó su larga cavilación como una nueva negativa, porque bajó a la alfombra, a un metro de él y continuó insistiendo.

—Por favor, eres mi única esperanza.

Eso desinfló el poco ego de Tom.

—¿Significa que soy tu última alternativa?

—Penúltima en realidad, la última es Greta, pero de verdad espero no tener que echar mano a ese recurso.

—¿Greta? ¿No estarás hablando de Greta Listing?

—La misma.

—¡Pero si es una niña!

—¿Hace cuánto que no la ves? —Tom odiaba ser puesto en ridículo, casi tanto como odiaba a esa sonrisa que le movía inapropiados deseos—. Te informo que la hermanita de Georg ha crecido, Bob Marley, y no deja de insinuárseme cada vez que voy a su casa, pese a que le explicado en todos los tonos que no me interesan sus tetas ni las de ninguna otra chica.

Toda la situación era demasiado absurda para creerla, pero allí estaba, en la habitación de su peor pesadilla —nunca mejor empleada la expresión— con su camiseta estrujada por las manos del otro chico.

—Por favoor, te doy lo que me pidas. Bueno, casi. Pero estoy dispuesto a negociar. ¡Puedo conseguir una yerba muy buena!

—¿Conoces a un dealer? —se pateó al momento de preguntar, el otro chico meneó sus cejas de forma sugerente. ¡¿Cómo rayos iba a acceder a semejante locura, si tan sólo una simple charla con Trümper desbordaba estímulos sexuales?!

—Mejor que eso, mi abuela tiene artritis… Ok, esa no es la parte buena. Oma tiene un cultivo en su jardín, la utiliza para mitigar los dolores.

—¿Le robas la yerba medicinal a tu abuela?

—Nah, sólo una vez. Quería probar que se sentía. Ya sabes, averiguar por qué tanto alboroto.

—¿Y te gustó?

Era la primera pregunta personal que le hacía, no supo ni por qué preguntó.

No, lo sabía muy bien.

Quería saber todo de él. Qué y por qué.

Él se tomó un tiempo para responder, Tom ya pensaba que evadiría la pregunta.

—No —respondió finalmente, algo avergonzado—. Me aletargó mucho, me costaba moverme con fluidez, no es una sensación agradable. Sin contar con el bajón de hambre, es aún peor que la peor de las resacas.

—¿Y ese es tu ofrecimiento? No gracias.

—Los efectos son diferentes en cada persona —aseguró, encogiéndose de hombros—, además se supone que los rastafaris fuman yerba.

—¡Si que eres bruto! ¡Por millonésima vez, Trümper. Soy un maldito hiphoppero! No sólo los rastafaris llevan dreads.

—Un error lo comete cualquiera —Tom hizo ademán de incorporarse, pero las manos del moreno lo jalaron de su camiseta de nuevo—. Dejémonos de idioteces, dime lo que quieres.

—¿Que me dejes en paz es una alternativa?

—Nop.

—Eso pensé. ¿Por qué yo? Todos saben que odio a los maricas.

—Porque todos los gays que conozco, (al menos todos los que accedieron a salir conmigo) son unos cerdos o unos imbéciles. Y tú, aunque te esfuerzas demasiado por mostrar una imagen de malote, no eres una mala persona.

Tom se quedó de piedra ante esa respuesta.

—Estuve involucrado con «La Familia», ¿lo has olvidado? No soy nada de lo que dices.

—Estabas más asustado que yo. Y me consta que no siempre fuiste un idiota homofóbico.

—¿Cómo puedes estar tan seguro?

—Geo te extraña mucho, a veces se pone nostálgico y habla de ti.

Se le hizo un nudo en la garganta.

«Geo es un traidor, Geo es un traidor, Geo es un traidor, Geo es un traidor».

—Eres un idiota, pero no eres un mal tipo. Ayúdame, por favor. Sólo necesito fingir en casa que tengo novio para que me dejen en paz con ese asunto.

La voz del moreno enronqueció, debió carraspear para aclararla.

Tom se preguntó cómo era posible que alguien como Trümper debiera suplicar a un perfecto desconocido que accediera a ser su novio. Siempre imaginó una enorme fila de pretendientes peleándose por poner el mundo a sus pies.

—Vamos, «Bob Marley». Debe haber algo que quieras y yo pueda darte… o conseguirte.

—¿Más besos?

Bill lucía tan pasmado como el propio Tom por sus palabras.

—¿Cómo dices?

—Que si habrá más besos, porque no quiero —de verdad, en serio, no la quiero— tu lengua en mi boca de nuevo.

—Sólo si es estrictamente necesario —se apresuró en agregar— ¡Y yo no te he metido lengua!

Tom debía separar fantasía de realidad con urgencia, porque en su mente ellos habían hecho bastante más que meterse lengua.

—Está bien —farfulló, accediendo por fin.—. Te has conseguido un novio falso, pero sólo ante tu familia. Y nada de mariconadas, ¿entendido? — puntualizó, desviando la mirada. Todo con tal de no ver esos hermosos ojos almendrados brillando intensamente, ni esa enorme sonrisa de felicidad.

Tom accedió «contra su voluntad».

Se dijo que se lo debía por tenderle una mano de forma desinteresada cuando se encontraba perdido.

Sólo saldaba una deuda de vida, en nada se relacionaba con su intoxicante aroma, ni con los suaves labios que pudo probar (esta vez en un beso en toda regla) tibios y con sabor a fresa. Ni con ese cuerpo cálido que tuvo recostado sobre el suyo, su aliento tan cerca de su boca, hablando en susurros. Se sentía diferente cuando retozaban en un cómodo sillón y no en el suelo, forcejeando en medio de una pelea.

Ya encontraría la forma de reunir el dinero para pagar las multas. Aunque el maricón de Trümper seguía insistiendo: «Te doy lo que me pidas, dentro de lo razonable, no como Geo».

 

~*~*~*~

 Ambos yacían recostados sobre una tumbona, casi en absoluto silencio. La fiesta dentro ya decayendo. Miraban las estrellas y charlaban de nada en particular.

El espacio reducido les dio la excusa perfecta para permanecer abrazados sin que ninguno se sintiera en la necesidad de explicarse.

Estaban bastante cómodos, pronto Val cerró los ojos y dejó que Nick le acariciara suavemente con el pulgar tras la oreja.

Quiso bromear: «Me acaricias igual que a Scotty» pero hubiera roto el momento.

Fue Nick quien lo rompió, con una pregunta que Val esperaba pero no por ello le estrujó menos el corazón.

—¿Que hay entre tú y ese tipo Joop?

—Nada —. No le sorprendió el escepticismo de Nick, debió reunir el valor para contar la historia completa. Al menos, la parte que podía relatar— Olfie fue mi primer amor, Nick.

Se rehusó a buscar su mirada, no quería encontrar reprobación en ella. Pero Nick lo había acompañado esa noche, cuando menos merecía una explicación.

—Se lo que has de estar pensando: «La diferencia de edad es abismante».

—No con esas palabras exactas, pero eso pasó por mi mente.

—¿Las palabras «viejo verde»?

—Algo así.

—Es una parte dolorosa de mi pasado que quisiera borrar.

—Esta noche no me pareció que la historia entre ustedes estuviera terminada en absoluto.

—Olfie es demasiado… Carismático. Cuando está cerca me envuelve en sus palabras y no puedo…

Tuvo que detenerse para tragar el nudo que se formaba en su garganta cada vez que recordaba su historia con el diseñador. No era algo de lo que se enorgulleciera.

—Cuando nos conocimos mis padres acababan de morir, me había peleado con mi abuela porque decidí hacerme cargo de Bill, estaba sólo en el mundo. Debía ser fuerte por ambos, pero en el fondo tenía mucho miedo, no estaba listo para asumir tantas responsabilidades de una sola vez. Fue así como me refugié en Olfie. No imaginas lo que fue eso. Él era un hombre sofisticado, cosmopolita, tan seguro de sí. Yo necesitaba seguridad, contención, sentirme amado —debió tragarse las lágrimas antes de continuar, en ningún momento Nick dejó de acariciarle tras la oreja—. Fuimos felices por un par de meses, hasta que la historia se filtró a la prensa. Imaginarás los encabezados: «Top Model en busca de figura paterna». Explotaron la historia al punto de que no podía salir de casa tranquilo, no creo que Markus haya roto tantas cámaras como durante esos días. El morbo vende Nick y mucho, yo aún era menor de edad y Olfie… Bueno, él por esa esa época era bastante mayor que papá. Él terminó conmigo al poco tiempo, argumentando que el escándalo dañaba su imagen.

—¿Aún lo amas?

—No, no es amor. Es… Él es más fuerte que yo. Cada vez que regresaba a Berlín, o coincidíamos en alguna otra parte del mundo él me buscaba para «recordar viejos tiempos». Y yo acudía, aun sabiendo que al día siguiente él se marcharía y sólo habría silencio durante meses, hasta que nos encontráramos de nuevo. Esta noche fue la primera vez que Olfie se fue con las manos vacías —sonrió con tristeza.

—¿Qué cambió esta vez? Parecías listo para marcharte con él y en el último momento cambiaste de opinión. ¿Fue por tu novio?

—¿Andy? —se medio incorporó en la tumbona, apoyando sus manos sobre el pecho de Nick.

Mordió su labio. No quería responder, había bebido demasiado. Quizá podría nadar con soltura, pero no se sentía muy capacitado para controlar sus sentimientos y evitar que escaparan del redil en que los mantenía a base de férrea disciplina.

Pero se trataba de Nick… no quería que hubiera mentiras que dieran pie a nuevos malos entendidos. Salvo la GRAN MENTIRA, aquella que, de confesarla, arruinaría todo.

—Déjame decirte algo sobre Andreas y yo. Nuestro noviazgo es una farsa. Una linda y gran farsa para deleite de los medios. Todos dicen que hacemos una bonita pareja y de verdad nos vemos bien juntos. Quedamos de vez cuando para tener sexo, cuando él necesita un acompañante o cuando yo consigo que esté de humor para acompañarme. Esta noche no fue una de ellas.

—¿Entonces por qué continúas con él? Alguien pleno de amor cómo tú merece vivir un romance de verdad. Por lo que me cuentas, no lo has tenido.

—¿De dónde sacas esas cosas, Nick? —Inquirió, riendo para no llorar— Yo soy un asco como persona. No soy capaz de amar a nadie. Sólo seduzco a los hombres y los alejo cuando ya no me son útiles. En eso no soy mejor que Olfie —concluyó en un susurro, bajando la mirada.

—Lo que tienes es miedo a ser lastimado otra vez, dado tu historial es comprensible. Pero el Val que veo a diario tiene una enorme capacidad para entregar amor—su corazón latía desbocado. «No puede ser posible que Nick se haya dado cuenta. Oh mi Dior. Por favor que Nick no lo sepa«—. Basta verte con Pumba o con tu hermano. Ese es amor auténtico.

Val respiró aliviado, se sentó e hizo el ademán de secarse las lágrimas. Nick apartó sus manos y le secó los ojos con sus propios pulgares.

—¿Parezco un mapache?

—Más bien un panda.

Val sonrió débilmente.

—Allá afuera —dijo Nick, en ese tono pausado que siempre traía calma al corazón del modelo—, en alguna parte, está el hombre perfecto. Tarde o temprano se encontrarán y te hará muy feliz.

—Mi querido Nick —era el whisky hablando. Al día siguiente se arrepentiría de no controlar su lengua. Se esforzó por controlar al menos su cuerpo. Lo consiguió a medias, no le robó el beso que moría por darle cada vez que lo veía. Pero no consiguió evitar que sus dedos se hundieran en esa suave y bien cuidada barba. —. Esta es la vida real, no un cuento de hadas. Algunos fuimos hechos para estar solos. No puedo quejarme. El acuerdo con Andy es bastante satisfactorio, la mayor parte del tiempo.

—Si te conformas con tan poco es porque crees que no mereces más que eso. Pero si alguien merece ser feliz ese eres tú.

Nick lo cogió de la barbilla y le dio un beso en la frente.

Val se acurrucó en sus brazos nuevamente. Se sentían bien las caricias en su cabeza de aquella mano fuerte pero que se cuidaba por tratarlo con delicadeza.

—Gracias Nick.

Val no deseaba al hombre perfecto. El hombre que él amaba era torpe, ingenuo y lleno de defectos.

Pero una última pregunta de Nick puso a latir aceleradamente su corazón de nueva cuenta.

—¿Si no fue tu novio, quién te hizo cambiar de parecer?

«Tú. Porque sin ser mi amante me haces sentir amado y respetado cada día».

—Bibi —respondió, no era del todo una mentira, sólo una verdad a medias— Bibi tiene casi la misma edad que yo cuando Olfie me sedujo. Mi Frijolito es aún un niño. Con diecisiete yo me creía el rey del mundo, creía que Olfie me veía como su pareja, su igual. Ahora me doy cuenta que sólo tomó ventaja de las circunstancias. 

~*~*~*~ 

A la siguiente sesión Tom lucía más resuelto, no fue necesario que Pauline efectuara un pool de preguntas de prueba antes de que él se decidiera a romper el silencio. Esa mañana entró sin timidez, arrojó su tintineante mochila sobre la alfombra y se sentó con resolución ante el escritorio de su terapeuta.

—Cuando vine la primera vez una chica me dijo que si quería sanarme debía decirte la verdad —Su psicóloga lo observó, con una diminuta sonrisa en el rostro y lo dejó proseguir sin interrupciones—. Hay algo, algo importante que no te he contado…

Continuará…

por Haruxita

Escritora del Fandom

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