Nota: Esta parte es narrada por Tom. Son las situaciones que se presentan antes de que actúe fríamente con nuestro Bill. Advierto que este capítulo es muy largo.
«Wünschen». Temporada II
Capítulo 10: Tessa
Al ingresar a casa, me encontré con la oscuridad de mi apartamento, un perfume familiar invadió mi nariz y fruncí el ceño. Me recorrió una brisa escalofriante, el ambiente estaba muy frío y miré hacia el ventanal del living que se encontraba un poco abierto. ¿Lo había dejado así en la mañana? Me preocupé y me quité el abrigo, dejándolo en el perchero a mi lado; me dirigí al pasillo y noté que la puerta derecha estaba abierta, me apresuré con curiosidad.
Por un instante creí que me habían robado, pero no estaba todo en condiciones de que se trataran de ladrones. Empujé un poco más la puerta y vi mis cosas fuera de su lugar. Las fotografías desparramadas por el escritorio antiguo, el estante de libros desacomodado. Tragué saliva y avancé por el living, era tan congelante el interior que ya no estaba sintiendo los dedos; las cortinas se mecían por el viento y la luz del exterior me ponía los pelos de punta. Bajé la mirada, en el umbral había unos calzados que reconocí al instante. Me alerté repentinamente, la adrenalina arrolló con mi presencia y salí disparando hacia el balcón. El frío me saludó nuevamente, no había nadie. Miré hacia mi izquierda y estaban las escaleras de emergencia; no sabía por qué, pero decidí subirlas con rapidez.
Por mi cabeza pasaban un montón de cosas, ella había entrado al cuarto, el mismo donde yo tenía guardado los recuerdos que había formado con Bill. No quería olvidarme de él, de hecho, no había entrado a esa habitación desde que regresé de Los Ángeles; todo había quedado tal como lo dejé antes de partir, y ver todo un desastre, me hizo dar cuenta de que Tessa había estado hurgando mi pasado. ¿En realidad era mi pasado? Yo aún quería a Bill, y más allá de que me había planteado recuperarlo, quería que él fuera quien me diera esa posibilidad. No quería forzarlo a algo que no deseaba, aunque mi instinto me decía lo contrario; él me necesitaba tanto como yo. Sin embargo, y estaba de acuerdo aunque me negaba a aceptarlo, habían personas en el medio. Los dos hicimos nuestras vidas al separarnos, él conoció a David y yo me aferré a Tessa.
Tessa.
Ni yo mismo creía en el cuento que me estaba inventando, sabía que solo andaba con esa mujer para poder descargar mis necesidades como hombre, pero sabía que jamás podrían reemplazar el lugar de Bill, nadie llegaría a hacerme sentir lo que él podía. Todo él, su esencia, su sonrisa, su manera de amarme, se habían anclado en lo más recóndito de mi ser, y no se marcharía tan rápidamente, ni tampoco dejaría que eso sucediera. Él y yo nos amábamos, eso era demasiado obvio, más las circunstancias que atravesamos en el pasado no fueron de la mejor manera, quiero decir, los últimos instantes de nuestra historia se desarrollaron de una forma equivocada. Yo estaba tan envuelto en mi egoísmo e inmadurez que solo quería que estuviera atado a mí, y todo por el temor a que me abandonara o se cansara de mí por no ser lo suficientemente bueno para él.
En verdad estaba siendo muy cursi o sentimental, no sabía cual era peor, sin embargo, todo lo que estaba planteando en mi cabeza era correcto y así lo sentía. Quería con todas mis fuerzas regresar a Bill, amarlo y pedirle perdón hasta que mi garganta no pudiera más o el aire se me agotara de los pulmones.
Mis piernas temblaban debido al frío pero les exigía que continuaran ascendiendo por las escaleras de emergencia. El metal sonaba como eco en un túnel sin fin, pensaba en un montón de cosas, no podía concentrarme en algo específico. Los recuerdos de Reira vinieron de repente, tuve un presentimiento de que algo no bueno estaba por ocurrir, por lo que mi respiración comenzaba a agitarse debido a la velocidad que estaba tomando. Todo era como una diapositiva de imágenes, se ensalzaban esas dos personas que me habían marcado de por vida, lo hacían con tanto ahínco que el pecho me estaba molestando.
No podía ser que volviera a relacionarlos, no eran para nada iguales. Pero lo que más me atormentaba era que Tessa había cambiado últimamente, se había mostrado más afectiva y preocupada con respecto a mí. Eso no me molestaba, no me ponía en plan irritable, más se estaba convirtiendo en un problema ya que habíamos pactado que no nos ataría ningún compromiso, aunque pensándolo bien, era algo demasiado estúpido de proponer. Éramos como esos imbéciles amigos con beneficios.
Al depositar un pie en el comienzo de la azotea, me detuve para recobrar el aire. No sentía frío, el corto ejercicio que había realizado me quitó hasta el cansancio; di un giro desesperado, queriendo encontrarla. Sentí el corazón en la garganta y podía ver mi aliento en círculos por la baja temperatura, postré la vista en las luces de la ciudad y luego miré lo que había en la azotea. La mayor parte estaba desolada, solos unas hojas secas que se juntaban por algunos lados, una escalera de madera estaba cerca de mí, unos botes de pintura descansaban en el lateral derecho, formando una fila contra la cornisa. Mi vista fue de un lado a otro despacio, luego fijé una silueta que estaba quieta a los lejos, siguiendo en línea recta.
Avancé con alivio pero me asusté al verla sentada en la cornisa, grité su nombre y ella se giró, me observó por sobre su hombro y se puso de pie, dándome la espalda. Lo hacía sin cuidado alguno, mi respiración aumentaba su ritmo y el impulso me gobernó de inmediato.
— ¡Tessa! ¿Qué estás haciendo? —me detuve cuando ella volvió a girarse, ahora volteó su cuerpo entero y tenía los ojos hinchados. — ¿Qué ha pasado? ¡Baja de ahí!
—No —susurró ella y negó con la cabeza. Empecé a acercarme despacio mientras le llamaba con las manos. Juraba que no sabía de donde podía sacar la tranquilidad, estaba al borde del edificio, nos encontrábamos arriba de veintidós pisos, y yo intentaba estar sereno. —Estoy bien aquí, no voy a tirarme.
Se echó a reír, lentamente se acomodó en la cornisa, sentándose de nuevo. Eché un suspiro inmenso y caminé manteniendo la guardia, me asomé para ver hacia abajo, podía observar los balcones traseros y el callejón que dividía la conexión entre este edificio y el siguiente, el vértigo se apoderó de mi estómago al notar la oscuridad en picada y me alejé un poco. No quería que cometiera una locura, por lo que me senté a su lado, con cuidado y algo de miedo. En serio, no sabía cómo ella podía estar así frente a un peligro como este.
— ¿Qué haces aquí? Descalza y en el frío de la noche. —la miré, ella tenía la vista postrada en la ciudad de Berlín. El viento no paraba nunca, su cabello rojizo se mecía en diversas direcciones y no le molestaba en absoluto.
—Solo… Estaba pensando. —entrecerró los ojos. Noté que su maquillaje estaba corrido, su cabello un desastre y no estaba muy abrigada. — ¿Aún lo quieres?
— ¿De qué hablas? —pregunté confundido, ella sonrió y frunció el ceño.
—No te hagas el tonto, sabes de quien hablo. —un mechón se le coló sobre los labios y lo retiró despacio, nos miramos. Se encogió de hombros, al tiempo que tragaba saliva y yo tan solo podía ver más de cerca como lucía su rostro, ¿Por qué había estado llorando? —Hablo de Bill.
— ¿Por qué lo preguntas? —Se oía extraño que ella hablara de él. Sospechaba que no le caía bien, aunque podrían haber sido ocurrencias mías, mi mente siempre me jugaba una mala pasada cuando se trataba de las personas que se relacionaban con alguien a quien quería.
—Es que… —mojó sus labios. —Sé que me habías dejado en claro que lo nuestro no tenía compromiso ni nada, y eso era porque aún no podías olvidarte de él.
—Eso no es verdad —ella no tenía por qué meterse en mis asuntos del pasado —Simplemente no quería atarme a nadie.
—No me mientas —sonrió apenada. —Llevamos casi dos años juntos y no como pareja formal, sino como amigos con beneficio y lo acepté… ¿Pero sabes por qué lo hice realmente?
Negué con la cabeza, era la primera vez que veía a Tessa con una faceta distinta. Siempre actuaba engreída, superada y autoritaria, ahora podía decir que esta parte de ella la hacía otra persona y comenzaba a dudar sobre eso. A menudo solía acostumbrarme a sus malas contestaciones o sus comentarios de auto-halago, ella era una chica que no le importaba absolutamente nada, lo que ella quería hacer o decir lo hacía, le importaba una mierda lo que los demás llegaran a pensar de sus acciones. Y ahora parecía como si se tratara de otra persona.
— ¿A qué quieres llegar con todo esto? —Algo no me cuadraba, no me terminaba de convencer este rollo que se estaba armando.
—Desde un primer instante me gustaste. —Confesó. Mantuvimos el contacto visual por unos segundos, luego ella bajó la mirada a sus manos, yo hice lo mismo, ella jugaba con el anillo que tenía en uno de sus dedos, sonrió dejando ver algo que jamás había tenido la oportunidad de ver en ella, y eso eran sus mejillas sonrojadas. Me gobernó un vacío en ese momento, el eco de sus palabras retumbaban en mi cabeza. Inspiró, elevó la vista para mirar por encima de mí, tal vez las estrellas que acompañaban las luces de la ciudad y noté que sus ojos se aguaron, sus labios comenzaron a temblar; me preocupé, se limpió las lágrimas que le salían con dedos que tiritaban —Y tuve que reprimirlo todo este tiempo, porque en el fondo sabía que no lo habías olvidado.
Se cubrió la cara, se encorvó mientras lloraba. Su llanto era un canto para los demonios, un susurro para los amantes de la soledad. Tragué saliva, despacio elevé mi mano y la deposité sobre su hombro, lo apreté suavemente y ella sollozaba. No sabía qué decirle, estaba en lo cierto pero no quería destruirla; escuchar su confesión me había hecho dar cuenta de lo monstruo que había sido con ella. Fue de inmaduro dejarle en claro porqué andaba con ella, seguramente todo este tiempo estuvo sufriendo en silencio hasta que no pudo más.
—No llores… —solté, la atraje a mí y apoyó su cabeza sobre mi hombro. No sabía qué decirle, fue tan repentino. —Lo siento, en verdad, no sabía que te sentías de esa manera.
—No quiero que sientas pena por mí. —se separó y continuaba limpiando sus lágrimas, se rió, queriendo mostrarse orgullosa como siempre. —Pero ya no podía continuar guardándolo, en algún momento tenía que decirlo
—Tessa… —me miró con sus ojos que brillaba por las lágrimas, eché un suspiro, ¿Qué le había hecho? —Ven, está haciendo demasiado frío aquí.
En realidad quería decirle que pasara lo que pasara, yo no dejaría de ser alguien de ayuda mientras se tratara de la banda, ella contaba con mi condicional apoyo por el resto de su carrera, ése había sido el trato desde un comienzo. Aunque ahora que lo pensaba mejor, todo cobraba sentido, el hecho de que no podía estar más de cinco minutos en el mismo lugar que Bill, que siempre metiera alguna excusa para tener toda mi atención, que siempre me cumplía cada que la requería. Esto desde el primer día ya tenía asumido sus sentimientos, y yo como idiota, no me había dado cuenta hasta ahora.
Al dejar de llorar, salimos del borde de la muerte y regresamos a las escaleras de emergencia, descendimos lentamente, yo abrazándola para que no sufriera del frío, estaba desabrigada y no quería que se enfermara. Una vez que llegamos al balcón correspondiente, ella se acercó al barandal y me detuve a mirarla, me acerqué y habló antes de que me pusiera a su lado.
—Cuando te vayas, ¿Significará que todo terminó entre nosotros, verdad? —Tensé la cara y apreté los labios, bajé la cabeza y asentí. Mañana nos tocaba tomar un avión y en cuanto volviéramos de nuestro viaje de promoción en Los Ángeles, yo lucharía por Bill, acababa de decidirlo. Oí su suspiro. —Entonces… ¿Podría hacer algo antes de que te vayas?
Apoyé ambas manos sobre el barandal y cruzamos miradas, nos enfrentamos cuerpo a cuerpo, ella tenía los ojos llorosos. Tomó mi rostro y comenzó a besarme, obligando a que me inclinara sobre ella para que le correspondiera; fruncí el ceño, esto no podía estar sucediendo. Me separé un poco y nos miramos a los ojos. Los suyos no abandonaban mis labios, sabía sus intenciones y estaban más que claras.
—Tessa… —susurré, ella me interrumpió volviendo a besarme y cada que lo hacía ponía cierta intensidad, como solía hacerlo cada que teníamos un encuentro de esos. Pero ahora su forma de besar ahora era más desquiciada, me dejaba en claro que sería la última vez y, descontrolándome, porque ante todo era hombre, comencé a seguirle la corriente.
Sujetó mi torso y empezó a moverse contra mí jadeando entre besos, la acorralé contra el balcón y aferré mis manos sobre su cintura baja, haciendo que nuestras partes íntimas tuvieran contacto al acercarla más a mí. Si esto era una despedida, y ella lo necesitaba, entonces se lo daría.
Pero fue en ese momento, en el que las cosas se complicaron…
— ¿¡Tessa!? —corría detrás de ella, mientras abandonaba la estación de radio a una velocidad indescriptible. — ¿¡Tessa, espera!?
Los pasos de esa mujer me sorprendían siempre, ella se detuvo al no poder abrir la puerta de emergencia, por lo que se desvaneció en el suelo, cayendo de rodillas. Troté hasta dar con ella, me incliné y le acomodé el cabello para poder contemplar su rostro, estaba llorando, nunca la había visto llorar así. Su mano sujetaba el pecho con fuerza y en la otra sostenía el teléfono. Ella temblaba, su vista parecía irse, yo no entendía nada, las lágrimas bañaban sus mejillas sin importarle cuan ridícula podría pensar que se veía.
— ¿Qué sucedió? —sostuve su rostro con mis manos para que lograra mirarme, apenas lo hizo.
—Mi… Mi madre está internada —sollozó, cubriéndose la boca con el dorso de la mano. —Está grave… Ella nunca me dijo nada, ¡Nunca me dijo nada!
— ¿No te dijo de qué? —con la yema de mis dedos intentaba calmarla y poco hacía, su cuerpo tiritaba por completo y tragaba saliva a cada segundo. Estaba muy alterada, sus ojos estaban rojos y las lágrimas salían sin control alguno, ella parecía estar conteniéndose y eso la hacía poner peor.
—Ella está muriendo… —al decir eso, no soportó estar más en el suelo, por lo que se levantó de inmediato y consiguió abrir la puerta de emergencia. Intenté procesar lo que acababa de decirme, y al ver como ella corría sin rumbo alguno hacia la calle americana, mi instinto pidió a gritos que la siguiera.
Y eso hice, salí disparando encontrándome con el sol de Los Ángeles dándome en la cara, con las personas transitando como si nada. Emprendí el trote hacia Tessa, ella iba llorando y los que estaban cerca le quedaban mirando y hablaban en inglés, preguntándose si algo andaba mal. Podía ver su cabello rojizo mecerse con el viento de forma bruta, sus brazos agitarse con intensidad y sus piernas más ágiles que nunca. Le llamaba pero no volteaba, mi vista comenzó a ponerse difusa pero solo duró un segundo, y eso bastó para cambiar esa cabellera roja por un color más oscuro. Me quedé estupefacto, no podía ser ella, claro que no. Ella ya no estaba aquí.
Pronto su voz me susurraba a diversos tiempos en mi cabeza, su sonrisa era como un canto tenebroso para alguien que no estaba acostumbrado a los recuerdos de alguien que ya no estaba en este mundo. La figura de Tessa ya no le pertenecía, ahora su anatomía era diferente, más niña, más pequeña, como la de Reira.
Reira.
Mi corazón parecía hacerse añicos en ese instante, sentí un pinchazo en el pulmón debido a que no estaba respirando debidamente, mis piernas seguían con el objetivo de alcanzarla pero mi corazón se ponía cada vez más débil al ver esa silueta frente a mí, el cerebro enviaba indicaciones de que no la perdiera de vista y mi alma solo pedía a gritos poder rozarla con mis dedos para sentir nuevamente su calor. Todo se ponía cada vez más denso y rogaba que algo malo no sucediera, por un instante todo parecía retroceder al pasado, a aquella mañana, a aquel Febrero en el que mi vida había cambiado por completo.
Todo quería desvanecerse a mi alrededor en ese instante, mi corazón no lo soportaba, mi mente seguía firme a sus decisiones y mis manos se estiraban hacia adelante, queriendo tomarla, estrecharla contra mí y decirle que todo estaba bien. Mis ojos se fueron para la izquierda, fijando a un vehículo que circulaba por la calle, y al mirar nuevamente hacia adelante, ella estaba bajando la vereda para cruzar al otro lado. Fue ahí que mi instinto se disparó, mi corazón dejó de latir, el dolor en el pecho no lo sentí más, y esos desgarradores recuerdos cubrieron toda mi memoria hasta en el más mínimo detalle.
— ¡Tessa! —grité tan fuerte que me dolía la garganta. Fueron segundos, infernales segundos.
Logré tomar su brazo al poner un pie en la calle, tiré de ella hacia mí, todo iba muy denso. Su cabello se esparcía por donde podía, ese tono oscuro no era de ella, ese perfume tampoco; la rodeé con una mano en la cintura, cubriéndola, dejando que su cuerpo chocara contra el mío. Mis dedos reconocieron el físico, la bocina del auto se escuchaba a lo lejos y se volvía más fuerte de a poco. Evité un accidente, ella chocó su espalda contra el capot del auto, enfrentándonos, el ritmo de la situación fue normal, su cabello oscuro cubría el rostro, mis ojos estaban abiertos de par en par ante mi indescriptible asombro. Corrió algunos mechones, y esos colores del iris me envolvieron en fragancias, risas y momentos que jamás pensé que volvería a sentir. Sentí como si me estuvieran perforando el pecho. Esos rasgos eran tal como los recordaba, ese tono de piel me provocó un intenso escalofrío y me sentí tan cohibido en su mirada, que me hice para atrás, alejándome de ella.
No, no podía ser.
Retrocedí mirándole, sin caer que la tenía frente a mí, que la tuve nuevamente entre mis brazos, que pude sentir su aroma, su cuerpo. Mi corazón latía fuera de ritmo, la adrenalina se expandió por todo mi ser, me negaba a aceptar que era ella, ella ya no estaba conmigo, ella no podía estar aquí.
— ¡Tom! —gritó desesperada, cuando me alerté y miré a mi derecha, pude ver el infernal y veloz acercamiento de un vehículo hacia mí.
— ¿Tom? — oía a lo lejos, mi vista iba de un lado a otro, me sentía desorientado y todo estaba difuso, podía ver celeste y algunas cosas en blanco, también algo que iluminaba mi rostro sin compasión.
Algo se asomó a mi panorama, me costó segundos poder enfocar, y mientras lo intentaba, ella seguía ahí, mirándome preocupada y llorando, percibía unas manos que tomaban mi rostro. Mi cuerpo hizo un espasmo, recuperando aire y mi vista se aclaró, pero ella ya no estaba, se desvaneció, su rostro se cambió al de Tessa.
Estuve toda la tarde en el hospital, por suerte el manager me ayudó a salir el mismo día, no había sufrido ningún daño grave, el auto frenó y el golpe fue menos duro. El doctor me dijo que podría sentirme algo desorientado por un rato pero a la larga recuperaría la estabilidad. Tessa estuvo conmigo mientras descansaba, se disculpó por actuar de esa manera y se echó a llorar, diciendo que no quería perderme, que no quería tener otra aterradora noticia que consumir. Me había puesto a pensar mientras la miraba y se descargaba por ser tan idiota, como ella se decía por dejar que me atropellaran solo por salvarla, que la situación era muy similar con lo que había atravesado en el pasado, mi mente se alteró de manera incontrolable y me jugó una mala pasada, la había asociado con Reira, realmente había ido demasiado lejos.
—Tom, quiero regresar a Alemania —dijo Tessa de camino al hotel, luego de haber salido del hospital. —Cancela todo, solo quiero ver a mi madre. Y tú tienes que descansar.
Apretó sus labios, con el dorso de la mano se cubrió los mismos, no quería que la viera llorar de nuevo. Y eso había elegido, en cuanto llegamos al hotel, tomamos nuestras pertenencias, el manager tuvo que disculparse con las dos entrevistas y la sesión de fotos que quedaban pendientes. De camino al Aeropuerto hubo un silencio aterrador, intentaba quitarme esas imágenes de haber visto a Reira en lugar de Tessa, y aunque ya no me afectaba tanto como antes, esa amargura se almacenó en mi alma nuevamente, haciéndome sentir nostálgico.
Al abordar el avión, Tessa no pudo soportarlo y comenzó a llorar, intenté contenerla. No me acostumbraba a verla de esa manera, estaba devastada por la noticia. Yo solo podía abrazarla, no sabía qué decirle, no era el indicado para hablar sobre el asunto. Mi madre se fue cuando era pequeño, mucho no la recordaba, solo cuando mi padre me había dicho que ella se iría de viaje por un largo período y que tal vez no regresaría porque necesitaba mucho tiempo, ¿Tiempo para qué? Con el pasar de los años me daba cuenta de lo que esa palabra significaba.
— ¿Cómo no fue capaz de decirme? —dijo mientras seguía sollozando. —Yo he estado para ella siempre, tú lo notaste.
Era cierto, en varias ocasiones habíamos podido cruzarnos, y aunque Tessa le decía que no éramos una pareja formal, su madre soñaba con que estuviéramos juntos algún día. Era muy opuesta a su hija, demasiado, con ese aire materno que te brindaba confianza y protección, con las palabras justas y dichas en el momento correcto. Tenía un espíritu joven, llena de energía, ni yo podría sospechar que algo marchaba mal en ella, pero las mujeres podían omitir muchas cosas, eran un misterio ante los ojos masculinos, aunque en este caso, ella pudo ocultarle su malestar a su hija. Seguramente lo hacía para no preocuparla ya que Tessa andaba muy sumergida en su carrera, pero atendía las llamadas y mensajes de su madre, conseguía tiempo para ella, jamás la hizo de lado. Eso también me sorprendía, ella se mostraba tan vulnerable cuando se trataba de su madre, pero cuando estaba frente a otras personas actuaba indiferente, presumida. ¿Por qué era así?
—No quiero que le pase nada malo, Tom. —me miró y yo le limpié las lágrimas con los dedos. —No quiero que se vaya de mi lado.
—Todo estará bien, Tess —le enseñé una sonrisa, a ella le salió una a medias. —Estaré contigo pase lo que pase.
—No tienes que hacerlo. —tragó saliva. —Tú no eres…
—No puedes hacer esto sola.
Lo primero que habíamos hecho al bajar del avión, fue ir al hospital donde estaba la madre de Tessa en el distrito de Bergedorf en Hamburgo, yo esperé en la sala mientras ella se encontraba en la habitación. No podía parar de pensar en el pasado y en la situación actual en la que estaba involucrado, por momentos parecía que la vida me daba otra oportunidad, otra alternativa a aquel suceso que logró arrancar de mí a la persona que más quería en ese entonces. Mi vista estaba postrada en el suelo turquesa de la sala, podía ver las sombras pasearse frente a mí de los demás, tal vez atravesando una situación similar o teniendo un chequeo de rutina. Era muy complicado estar en un suceso como éste, lo único que quería era que todo se solucionara, que Tessa pudiera estar más tiempo con su madre, ellas eran muy unidas, y con razón, ya que la jovencita no tenía padre, se había criado solo con la figura materna y debió vivir con eso toda su vida.
Eché un suspiro mientras elevaba la vista, refrescando las ideas en mi cabeza. Apoyé la espalda contra la silla forrada en terciopelo y mi cabello chocó contra la pared del mismo color que el suelo.Cerré los ojos un segundo, quería despejarme, aliviar esta presión, me estaba preocupando demasiado.
— ¿Tom? —recuperé mi posición, mirando hacia adelante, Tessa estaba inclinada sobre mí con los ojos rojos y ojeras horribles, no había dormido nada, ninguno lo había hecho. —Mamá quiere verte.
Luego de meditarlo durante el camino, sabía que esto se estaba poniendo cada vez más grave, avanzar por el pasillo mientras me cubría un escalofrío intolerable que ablandaba todo mi cuerpo, me hacía pensar en Reira, en su madre y en las veces en las que habíamos hablado sobre mi relación con su hija. Yo le había dicho que la protegería, que cuidaría de ella y que jamás iba a dejarla sola. Sin embargo, aquella mañana de Febrero yo debí acompañarla, si hubiera estado a su lado en ese momento, probablemente ella estaría conmigo ahora. Golpeé con los nudillos para avisar que iba a ingresar, abrí poco a poco la puerta, dejando ver mi rostro primero, todo era muy frío y blanco, un lugar escalofriante.
Manteniendo mi paso lento, me dirigí hacia la derecha de la camilla. La madre de Tessa estaba con una máscara de oxígeno, al parecer no podía respirar por su propia cuenta, tenía dos sueros en el dorso de su mano izquierda, estaba muy, muy pálida, el contorno de sus ojos eran de un morado tenebroso, sus labios estaban resquebrajados tras ese aparato para ayudarla a respirar y no tenían su color normal. Realmente, ella estaba muriendo.
—Tom… — su voz era un susurro pero audible por el momento, me senté en la silla que estaba a su lado, dejé que mis manos tomaran el que estaba rodeado por tubos, ella lo estrujó un poco, no tenía mucha fuerza al parecer. —Ella me está odiando…
—No, no diga eso —me apené, su pecho subía y bajaba de manera muy densa. —Ella la quiere mucho, usted lo sabe, yo lo sé.
—No voy a poder resistir por mucho —sollozó tras la máscara de oxígeno. —Quiero… Quiero que cuides a Teressa por mí.
—Eso haré, Elena —intenté calmarla, no tenía que forzarse mucho, estaba muy delicada.
—Ella no tiene a nadie, solo a mí —cerró sus ojos, parecía molestarle algo, sujetó mis dedos con fuerza. —Aunque ahora… Ella te tiene, has llegado en el momento indicado… Cuan-cuando pensé que ella no podría cumplir su sueño… Apareciste tú… Iluminaste su vida, le devolviste la confianza…
Bajé la mirada.
— Su padre nos abandonó, ella se volvió diferente con los demás, no los trataba bien, no quería confiar en nadie más que en mí… —volví a mirarla, el brillo en sus ojos hacían que me doliera el pecho, y eso era porque cada segundo que gastaba con su aliento, se iba desgastando, desapareciendo. —Pero… cuando me contó de ti, pude ver como regresaba a ser la de antes, con un brillo en sus ojos… Tú le devolviste la confianza, ella confía en ti…
—Elena —mojé mis labios. —Pase lo que pase, estaré con ella, no la dejaré sola.
—Eres un buen muchacho, Tom. —como pudo intentó sonreír —Agradezco que le hayas regresado un poco de esperanza…
Luego de aquella visita, la madre de Tessa falleció por la madrugada, cuando ella no estaba cerca, cuando solo le había dicho que iría a esa casa que fue parte de su infancia solo para conseguir una muda de ropa, solo eso, no iba a tardar más de una hora, apenas unos minutos. Sin embargo, eso le alcanzó al corazón para que dejara de latir.
Tessa no quería que nadie se enterara, su orgullo le ganaba, no quería que nadie la viera en ese estado, solo el manager, mi mejor amigo, amigos muy cercanos a su madre estaban parados frente al ataúd de roble barnizado. El día gris acompañaba el momento, fiel a los sentimientos de Tessa.
—No veo a los miembros de la banda —comentó mi mejor amigo.
—Ella no quería que nadie se enterara —dije mientras veía como Tessa se inclinaba sobre el ataúd, susurrando palabras, llorando sin control. —No quiere que vean como es realmente.
—Pasado duro —musitó Georg y asentí — Y qué harás con…
—Georg —le interrumpí, sentí que me miró fijo pero yo no podía apartar los ojos de Tessa, que era contenida por un amigo que me presentó cuando fui a conocer a su madre la primera vez. —No hagas que mi mente se complique más.
—Pero lo amas. ¿Ni siquiera serás capaz de enfrentarlo?
—No podría —deslicé los ojos a las hojas secas. —Él está haciendo su vida ahora, yo solo le estoy estorbando.
— ¿Estás escuchando lo que dices? —parecía regañarme, sonaba molesto. —Aquella vez te ayudé a que te reencontraras con él de nuevo, ¿Y ahora dices que no quieres seguir? ¿Por qué no quieres luchar por él, eh?
—Porque él no me necesita. —dije luego de analizar las situaciones, su impedimento para acercarme más de lo que quería era prueba suficiente. —Tiene a alguien más, se lo ve muy bien.
—Solo estás viendo lo de afuera, lo que le rodea, no sabes como se está sintiendo en el interior. —tomó una bocanada de aire. —Estás siendo inmaduro, Tom. No sabes cuánto te necesita, no sabes cuanto le ha costado pasarla sin ti, lamentándose por esa decisión…
Nos miramos por unos segundos, su rostro demostraba enfado, se alejó sin despedirse a paso rápido. Genial, la única persona que podía comprenderme me dejaba con más problemas en la cabeza. Pero en este momento, quien más me necesitaba era Tessa, no tenía familiares directos, había quedado sola a temprana edad. Por dios, me recordaba tanto a Reira que mi pecho se oprimía de tan solo pensar en lo que podría haber sucedido si la historia hubiera sido diferente. Si la dejaba sola me lamentaría, no tenía a nadie más que a mí, y aunque mis sentimientos con respecto a Bill seguían sin moverse de su lugar, había una nebulosa que vagaba a su alrededor con una sensación diferente, con la intención de ocultarlos para que mi corazón hiciera lo que él había hecho conmigo.
Y eso era… Lograr que las personas se sintieran bien en situaciones complicadas, intentar buscar el lado bueno de las cosas. Así como él lo había hecho conmigo, yo sentía la necesidad de hacer lo mismo con Tessa porque, en el fondo, mi traicionera mente me gritaba que ella necesitaba mucho de mí, alguien que estuviera a su lado en un momento como este.
Lo siento, Bill.
Creo que esto iba a dolerme más que a ti.
Pasaron un par de días, Tessa no podía componerse y cada que intentaba estar bien, la situación se ponía muy sensible. La suerte de todo esto era que la banda estaba en un descanso indefinido, sus compañeros del grupo querían dar con ella pero les inventaba alguna excusa, ella no quería hablar con nadie, solo quedarse acostada mirando las fotografías, guardando todos los recuerdos que tenía con su madre. No podía dejarla en un momento como ese, si lo hacía, si me atrevía a cometerlo, me culparía toda la vida, me atormentaría hasta en mis sueños.
—Solo iré al estudio a trabajar un rato, regresaré apenas termine, ¿De acuerdo? —me acerqué a ella y besé su frente, estaba cubierta de mantas y con su pijama. Se había adueñado de mi cama en cuanto llegó y solo dejé que lo usara hasta que se sintiera mejor. Al salir cerré la puerta, mi vista se fue hacia la siguiente puerta, allí dentro estaban mis recuerdos con Bill.
Por dios, Bill. Él me odiaría muchísimo, pero era lo mejor para ambos, ya no le molestaría ni le haría sentir incómodo, no podíamos ser ni siquiera amigos porque todo se estropearía, y él parecía estar feliz con David, yo no quería arruinar eso. Si logró superarme, no tenía porqué corromperlo nuevamente.
Tenía que soportar esto más allá de que hiciera mucho daño.
Continúa…
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Tom necesita terapia urgente. Bill también, pero a él puedo justificarlo porque realmente lo intentó y soportó mucho de Tom, pero Tom es realmente inmaduro en muchos aspectos. ¿Tal vez esperaba que Bill se lanzara a sus brazos ni bien se reencontraron, olvidando todo el daño emocional que atravesó por culpa suya? Ahora dice que Tessa lo necesita más que Bill y otras más de las típicas excusas de un hombre inseguro que no prioriza lo que quiere en su vida.