II Wünschen 11

Nota: Esta parte ya vuelve a ser narrada por Bill. No se alarmen por la foto, joder xd

«Wünschen». Temporada II

Capítulo 11: Inesperado

Eché un suspiro al ver que estaba todo ordenado, con un aroma a lavanda vagando en el aire, mi cama estaba bien tendida y una maleta morada pequeña esperaba por ser sostenido entre mis manos para poder marcharme. El día estaba esplendido afuera, habían sido días opacos y no me gustaron para nada, este clima reflejaba como me sentía. Salí de mi cuarto para encontrarme con David, quien me esperaba impaciente en el living, quería dejarme en la estación de trenes, aunque anteriormente me había dicho que él podría dejarme en casa de mi madre pero insistí en que quería tomar el tren, necesitaba un viaje de esos, hacía tanto que no me trasladaba por las vías.

—Podemos irnos cuando quieras. —dijo mientras se ponía de pie. El apartamento estuvo en silencio al apagar el televisor, yo me sobé las manos contra el jean y asentí.

—Ya estoy listo.

Él fue a mi habitación, tomó la maleta y yo colgué el bolso en mi brazo, ambos salimos del apartamento y lo cerré con llave. Descendimos los pisos y nos adentramos en su vehículo luego de poner mis pertenencias en los asientos de atrás.

—Cuando llegues tienes que avisarme —dijo serio, yo me reí.

—Estaré bien, es un viaje de hora y media. —le tranquilicé. —Traje una copia de tu manuscrito y mi cuaderno por si la inspiración golpea.

—Estoy trabajando en la secuela, ya sabes que se está editando la primera parte. —dijo orgulloso y yo sonreí por su triunfo. —Y aunque no creo que vaya a tener éxito, por lo menos sabré que pude publicarlo.

—No seas bobo —le besé la mejilla. —Tendrá mucho éxito y pedirán una secuela, y luego la trilogía… ¡Y la saga también!

—Espera, señor ansioso, que mi imaginación es limitada —se echó a reír. Reconocí la avenida y me alerté de inmediato.

—Oh, por aquí hay un bazar, mi madre dijo que le comprara unas cosas.

Al dar con el lugar, David estacionó y ambos fuimos a la tienda. Fui directamente a preguntar si tenían lo que buscaba, me dijeron que sí y me llevaron a la sección donde lo encontraría. David iba husmeando por ahí, le dije que le llamaría en cuanto finalizara mi compra.

— ¿Trümper? —me giré. — ¿Eres tú?

— ¿Bruno? —él sonrió, me fasciné de repente y le di un abrazo. — ¡Hace tiempo no te veía!

Resultaba que él trabajaba en el Bazar, y quien me había escoltado a la sección se fue ya que Bruno se encargaría de lo que necesitaba.

—Por dios, ¿Qué te hiciste en el cabello? —tocó mis rastas con una increíble sorpresa. —Estás muy delgado y bonito.

—Ay, gracias Bruno —sonreí. —Tú también te pusiste muy hombre.

Toqué sus brazos sin pedir permiso, esa confianza no se había ido. Junto a Andreas, los tres éramos compañeros en la universidad, hacíamos todo juntos y la pasábamos muy bien.

—Solo voy al gimnasio dos veces a la semana, estoy en mi último año de la carrera y trabajo a tiempo parcial aquí. —Se cruzó de brazos. — ¿Y tú? No te vi más desde que termino aquel semestre.

—Abandoné —miré hacia los objetos, buscando el que mi madre necesitaba. —Fue una decisión muy personal, no me sentía tan motivado.

—Pero si te iba muy bien —se quedó perplejo ante mi mentira, porque lo era, él no sabía el verdadero motivo por lo que había optado por abandonar todo.

—Lo sé, solo que no es lo mío —arrugué la nariz.

—Y… ¿Andy? —volteé a verle, ahora su sonrisa se torció y adoptó la seriedad. — ¿Sabes algo de él?

Recordé mis días en la universidad, lo cercano que resultaban ser esos dos, yo sospechaba de algo y luego Bruno terminó confirmando mi teoría. Estaba enamorado de mi mejor amigo, yo intentaba ayudar pero el muy idiota de Andy era tan torpe que no captaba las señales, daban ganas de golpearlo de lo tonto que era.

—Bueno… Tiene trabajo siendo psicólogo de práctica en un hospital, y… está muy bien.

— ¿Ya tiene a alguien? ¿O está solo? —le miré con algo de pena. Bruno no era mala persona, era muy carismático y tenía sus encantos, realmente ellos se merecían una oportunidad pero este idiota de Andy era más lento que yo.

—Oh bueno… —no sabía cómo decirle la verdad, aún seguía interesado en él. A la mierda, era mejor la cruda realidad que una mentira eterna. —Se mudó del departamento que solíamos vivir, ahora convive con su novio.

—Ya veo. —susurró.

—Lamento eso, Bruno —hice una mueca.

—Fui un idiota, tendría que haberle dicho todo antes de cambiarme de carrera y de sede.

— ¿Pero no tenían su número? ¿Ni siquiera has hablado con él?

Quería hacerme el idiota, pero sabía que no había logrado nada ya que mi mejor amigo me contaba todo y jamás mencionó algo en relación con Bruno.

—Me han robado el teléfono y perdí todos los contactos, intenté buscarlo por las redes pero nada.

Cierto, Andy usaba seudónimo.

—Pero me alegro de que esté bien —sonrió nuevamente, hice lo mismo.

— ¿Tú no tienes novia?

—He tenido unos ligues por ahí… —se sobó la nuca. —Pero no puedo sentar cabeza.

—Vaya, eso es un problema.

—Algún día tenemos que reunirnos los tres, digo, para salir como en los viejos tiempos. —le miré con atención, asentí.

—Cuando quieras, pero no ahora… Me voy a ver a mi madre en Leipzig, he venido a comprarle unas cosas.

—Oh, lo siento. —se rió apenado y me ayudó a conseguir lo que necesitaba. Le di mi número para que se contacte y nos despedimos con un abrazo, quedando en que debíamos vernos y hablar de un montón de cosas. No iba a mencionarlo a mi mejor amigo, o por lo menos que Bruno estaba enamorado de él, Andy estaba muy bien con Blas y no quería descarriarlo con el pasado, ya que andaban juntos siempre y vaya a saber uno si a él también le gustaba.

Me encontré con David y regresamos al auto, encendió el motor y arrancó en dirección a la estación de trenes.

—Tendrás días espléndidos, menuda suerte —comentó y miré por el parabrisas el cielo azul y el sol queriendo dar calor a un día frío.

—Pensé que Febrero sería muy gris como el mes anterior.

Sí, pensaba que todo sería lluvias y nubes negras, por esa razón también quería irme a Leipzig, la primera semana de Febrero se había pasado rapidísimo y necesitaba pasar tiempo con mi madre, alejarme de Berlín por una semana. Me tocaban las vacaciones de invierno, porque en el verano trabajé duramente y les di el beneficio a los demás, se lo merecían. Aunque la verdadera razón era porque por estas fechas me ponía muy sensible si permanecía aquí, el día de ayer fui a visitar a Reira y lamenté en mi mente que no iba a estar para su aniversario, esperaba que ella comprendiera mi motivo.

Al llegar, David tomó mi maleta y caminamos juntos, de la mano, como una pareja enamorada y eso quería creerme. Me había decidido por continuar, hacer mi vida y dejar todo atrás, ya nada me afectaba.

—En serio voy a extrañarte, ¿Qué haré sin ti? —Llevó la unión y besó el dorso de mi mano.

—Solo serán unos días, cuando quieras darte cuenta estaré de regreso.

—Estoy a esto —enseñó la diminuta distancia de sus dedos — de renunciar al proyecto solo para irme contigo —se puso frente a mí y besó mis labios, borrando la estúpida sonrisa.

—No, que Andrew nos mata —dije al separar nuestros labios en un gracioso sonido.

Fuimos a sacar el billete y el tren salía en cinco minutos, David me acompañó hasta la plataforma y la despedida fue entre besos y abrazos, sonrisas y palabras bobas. Me apenaba tener que dejarlo, pero necesitaba un tiempo para mí, inspirarme muy bien para las canciones y despejar mi cabeza de toda la situación que tuve que atravesar, y que David no tenía ni idea.

—Avísame cuando llegues —me dijo casi elevando la voz, cuando yo ya estaba por subir al tren, le saludé con la mano e ingresé al vagón.

Caminé pidiendo permiso, el tren comenzó a moverse luego de su anuncio y dejé mi maleta sobre el portaequipaje que había cerca del techo. Me acomodé contra la ventana y mi bolso de mano descansaba sobre mis piernas, busqué el móvil y le envié un mensaje a mi mejor amigo que ya estaba en camino a Leipzig, ese era otro que me cuidaba. Exhalé mirando como abandonábamos el andén y veía las demás conexiones de vías.

El asiento era muy grande y cómodo, suficiente para relajar mi cuerpo durante hora y media. Avisé a mi madre también que ya estaba en camino y la hora aproximada a la que llegaría, me contestó después que pasaría a recogerme junto con Gordon. Me recargué en el respaldo del asiento y cerré los ojos un momento, disfrutando del placentero movimiento del tren, era como si en realidad estuviéramos volando. Me relajé unos instantes, olvidando mi cargo en la Taberna, concentrándome en componer esas letras, dejando atrás a ese pasado y todo lo malo que me había hecho tanto daño en el mes anterior.

Le había pedido tiempo a Shannon, y él dijo que lo aceptaría, aunque sospechaba que al regresar de la visita a mi madre, traería conmigo una infinidad de letras. En Leipzig había tantos lugares bonitos y podría dejar que los recuerdos y la inspiración tomaran poder en mi mano y se traspasaran por medio del lápiz hacia el papel. Sin dudas, sabía que sería la mejor semana de mi vida.

—¿Está ocupado? —escuché y la piel se me erizó, abrí de repente los ojos y viré hacia mi izquierda. —… Bill.

—Ah… Benjamín. —en mi estómago se desprendieron los nervios y quise salir corriendo pero sus ojos lograron que me quedara quieto en el lugar. — ¿Qué haces aquí?

—Eh, bueno —no había cambiado en nada, seguía cuidándose como siempre. —Me requieren en Leipzig.

—Claro —dije mirando el suelo. — ¿No quieres sentarte?

Me sentí estúpido por lo que había sucedido en el pasado, aquella vez cuando le di un golpe feo por mi comportamiento inmaduro. Acomodó sus cosas en el estante y luego se sentó frente a mí, los asientos eran enfrentados. Tragué saliva y apreté los labios de puro nervio, aunque no era del mismo tipo que manifestaba cuando andaba cerca de él, sino que era por vergüenza, había sido un crío y actúe de manera errónea al tratarlo de esa forma.

— ¿Cómo estás? Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos.

Llevaba un sweater de lana azul marino y unos pantalones de vestir negro con zapatos del mismo color, siempre impecable.

—Bien, muy bien —miré de reojo. —Benjamín, perdón por haber actuado de esa manera aquel día, realmente me comporté como un niño y ahora que vuelvo a recordarlo fue demasiado estúpido.

—Descuida, ya había olvidado ese golpe —se sobó el lugar donde lo había recibido, era un mentiroso, lo recordaba tan intenso como yo. Se rió y yo le imité. —En serio que tienes una fuerza increíble.

—No sigas, me avergüenzo más de solo recordarlo. —bajé la mirada a los detalles de mi bolso.

—Se te ve muy bien —dijo para cambiar el tema, los ojos fueron en su dirección y mantenía esa sonrisa suya que lo caracterizaba, transmitiendo una seguridad que tan solo un profesor podría brindar cuando ibas por el buen camino. —Eso me pone contento.

— ¿Siempre tienes que ser tan buena persona? —fruncí el ceño y me puse erguido en mi lugar. — ¿Y tú cómo estás?

—Bueno —suspiró mirando un momento por la ventana. —Estoy bien, ahora que pude volver a verte una vez más.

—Otra vez… —revoleé los ojos, él tan solo se reía, sabía qué hacía eso para molestarme y lo estaba consiguiendo.

No podía explicar cómo era que ya no había nada sentimental que me uniera a él, solo estaba hablando con mi profesor de la universidad, y no con la persona que creía haberme enamorado profundamente. Bien, Bill, lograste la madurez y admitirlo era el primer paso. Comenzamos a hablar muy fluido, los nervios desaparecieron. Había olvidado como era su carcajada contagiosa y esos impresionantes ojos que no se apartaban de los míos. Me contaba de su matrimonio fallido, de que los niños ahora vivían con su madre y con un acuerdo él los veía ciertas fechas, ya que ella se había casado con otro hombre.

También me contó que trabajó en dos redacciones de diario, y que escribió un libro académico para la universidad. Con respecto al amor, no tuvo mucha suerte en los últimos dos años hasta hace muy poco, que conoció a un joven que asistía a la universidad pero no era su alumno.

—Mierda, eso de meterte con críos no se te quita —me reía mientras me cubría la cara. Él se sonrojó un poco.

—No es mi alumno, al principio me negaba a aceptarlo, me había prometido que no me involucraría con otro alumno después de ti… —cruzamos miradas y ahora quien se sonrojaba era yo, vi pasar por mi cabeza un montón de situaciones comprometedoras. —Pero me pidió una oportunidad, ¡Fue hasta mi apartamento!

— ¿En serio? —dije entre risas. —Estaba loco por ti, entonces.

—Asumí lo que soy, y mis hijos lo aceptaron, aunque aún son pequeños le tratan muy bien.

—Vaya, Benjamín —dije sorprendido. —En serio me alegro de que hayas podido con eso, estoy muy feliz por ti.

—Yo… Lamento tanto no haberte correspondido en la manera que tú lo hacías —le miré con atención. —Estaba con demasiadas cosas en la cabeza, y apareciste tú y todo se fue al demonio.

—Pero ya no hablemos de eso, está en el pasado —le animé. —Tú estás bien ahora, yo estoy… bueno, estoy bien.

— ¿Seguro? ¿Estás con alguien? —se interesó por mi vida. —El tipo que estaba contigo aquella noche, ¿Era tu novio?

—Así es, era mi novio, ahora ya no lo es más —me rasqué la nariz, algo comenzaba a picarme por dentro. —Estoy con otra persona, pero él apareció de nuevo y… Es algo complicado.

—Nos queda como una hora de viaje, y en serio extrañaba hablar contigo, así que… Aquí estoy —se acomodó en el respaldo del asiento. Eché un suspiro y junté mis manos.

Estaba seguro que Andy, si se llegaba a enterar de que me encontré al profesor Kuhn, echaría el peor grito al cielo y me arrancaría una por una las pestañas con una tenaza. Poco a poco iba desenvolviendo la historia, me contenía de no quebrarme en el desarrollo, no fui tan en detalles, solo lo preciso. Suponía que alguien con más experiencia que yo podría darme algún tipo de consejo, aunque el único que podía oír era el de seguir adelante sin importar si me dolía a horrores.

—A ver si entendí —estaba inclinado sobre mí, con los codos apoyado sobre sus rodillas. —Tom, ¿verdad?

Yo asentí.

—Se conocieron, le ayudaste a superar una relación tormentosa que lo perseguía, te enamoraste de él en el proceso, me dices que te quería mucho pero… ¿Terminaron?

—Cuando se peleó con su mejor amigo, supe que yo solo era un problema para él… Estaba tan atemorizado, y decidí separarlos pero ligué un golpe y me dolió hasta en el último hueso de mi cuerpo. —dije con pena. —No lo había visto así nunca, y me asusté mucho de lo que podría llegar a hacer en un futuro, por esa razón decidí dejarlo.

—Pero no lo hizo con la intención de hacerte daño —me tomó de ambas manos al notar que las mismas temblaban ante ese recuerdo. —Sin querer te interpusiste entre ellos, porque querías que terminaran esa pelea. Ese golpe no era para ti, fue un idiota al querer demostrarle que no se metiera en la relación de esa manera, pero eso no era para ti.

—Lo sé —miré hacia arriba y la vista comenzaba a nublarse, carajo, estaba por llorar. —Duele recordarlo, como también los dos años que no lo tuve cerca. Con el tiempo me di cuenta que lo necesitaba, que me había enamorado perdidamente, y cuando nos encontramos de nuevo, pensé que todo sería como antes.

Inspiré por la nariz, ya se estaba congestionando.

—No resultó, en parte es mi culpa por ser tan duro con él, pero tampoco hizo algo para arreglar la situación entre nosotros.

— ¿Y por eso te estás escapando? —le miré y asentí. —No puedes escapar de lo que sientes en verdad, porque al escapar, te estás contradiciendo. Sabes que en algún momento querrás regresar y vaya uno a saber con qué te podes encontrar al verlo de nuevo.

—Él está con una chica ahora, yo solo quiero olvidarme de él, es todo.

—Lo sigues amando —me descubrió. —Lo quieres pero te niegas a aceptarlo.

— ¿Qué más puedo hacer? Se perdió todo, las oportunidades ya no están.

— ¿Sabes que la tercera es la vencida? Por lo que me contaste es la segunda vez que le das una oportunidad, inconscientemente, claro.

—Es una opción muy lejana.

—Nada es imposible, no todo está perdido y no está alejado de tus manos. —Estábamos muy cerca pero no me intimidaba para nada. —La única persona que detiene todo eso eres tú, no tienes que dejar que las cosas vengan a ti, tú debes ir a buscarlas.

— ¿Y si ya no me quiere?

— ¿Acaso eres bobo? No puedes suponer si no lo preguntas, y si ya no siente nada más por ti, al menos lo sabrás —en mi interior algo comenzaba a resplandecer, y esas eran las esperanzas que Benjamín me estaba dando con respecto a mi situación. —No hagas hipótesis en tu cabeza, tienes que buscar la verdad. Recuerda que para fundamentar tu teoría…

—…Necesito argumentos —dijimos al unísono.

—Exacto, tú solo estás con los contraargumentos, no tienes su tesis.

—Aún tengo fresco ese tema —me limpié la nariz con un pañuelo que saqué del bolso.

Me reí para no llorar luego, sujeté sus manos también. En verdad, era bueno escuchar a un adulto como Benjamín, su manera de pensar era demasiado racional pero en este momento me hablaba como un amigo.

—Gracias, profesor —bromeé. —Tomaré su consejo.

Entre otras anécdotas, el tiempo se pasó rápido y ya nos encontrábamos en la estación de Leipzig, me ayudó a bajar la maleta y la llevó consigo hasta que pisamos el andén. Nos enfrentamos a medida que las personas abandonaban la estación, y otras subían nuevamente al tren.

—Fue lindo volver a verte —dijo con una sonrisa y yo no despegaba la vista de sus ojos claros.

—Me alegra de que no me guardes rencor por el golpe.

—Nunca. —se acercó y dejó un beso sobre mi mejilla. Al separarnos, asintió una sola vez y se alejó de mí, observaba su espalda y muchas sensaciones parecían renunciar a mi cuerpo, como si los recuerdos abandonaran mi cabeza y fueran tras de él, dejando en claro que esa etapa estaba más que superada.

Liberé un necesario suspiro, sonreí ante los últimos recuerdos que podía tomar y negué con la cabeza, después de todo lo que me había hecho sentir, aún podíamos tratarnos como si nada de eso hubiera sucedido.

— ¿Billy? —busqué con la mirada a la responsable de esa voz. — ¡Billy, cariño, aquí estoy!

— ¡Mamá! —fui con mi maleta hasta ella y nos abrazamos, Gordon vino detrás, luego le di un abrazo a él.

— ¿Llegaste bien? ¿No te dio nauseas? ¿Tienes hambre?

—Estoy bien —me reí mientras ella tocaba todo mi rostro. Gordon tomó mi maleta y los tres nos salimos de la estación hacia su auto.

Luego de esa conversación con mi profesor, tenía muchas expectativas, y eso también me estaba sirviendo para poder escribir las canciones. Apenas llegaría a casa me pondría a escribir, no podía esperar.

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a dejar un comentario.

por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

Un comentario en «II Wünschen 11»
  1. Me sumergí mucho en esta historia. Y aunque no esté completa, tengo si o si que dar mi opinión al respecto. Pienso que las personas siempre sufrirán por amor y es ingenuo pensar que no es así. El dolor será todavía más grande si se atraviesa por una mala ruptura. Tom no le fue infiel a Bill, lo sé, pero sus actitudes como novio celoso que detesta que se le acerquen a Bill, es inmaduro. Aun más sabiendo que la tal Tessa se le tiraba encima a cada rato y ahí si no se quejaba. Bill también es inseguro y esa idea de querer hacer felíz a todo el mundo sin importar que te destruyas en el proceso es estúpido, pero muy común. Por eso simpatizo con él. Al inicio se mostró con muchos miedos, pero los dejó de lado y cerró la boca ante otros tantos cuando se dio la oportunidad con Tom. Aguantó y aguantó y luego ya no pudo más. Todavía ahora sigue siendo indeciso debido a sus miedos. Ambos necesitan terapia por separado y luego terapia de pareja. Además de eso, Bill necesita sanar, qué se yo, estar solo durante un tiempo, sin pareja ni nada. Reencontrarse a sí mismo y pensar sobre el rumbo que quiere tomar en su vida.
    Gracias por los capitulos. No soy de esperar actualizaciones porque después de días de espera la idea central de la historia se me escapa, pero entiendo que hacen un gran esfuerzo por brindarnos los capítulos sin pedirnos nada a cambio a los lectores. Gracias por tomarse el tiempo para esto, estaré al pendiente de las futuras actualizaciones.

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