
«Wünschen». Temporada II
Capítulo 12: Invadido
Miraba por la ventana la calle en la que había aprendido a andar en bicicleta, recordé cuando me raspé las rodillas centenares de veces y sonreí al recordar como solía llorar por el dolor, mi madre siempre me curaba con una sonrisa y besaba mi frente queriendo calmarme, y lo conseguía. Postré la vista en el escritorio que estaba frente a la ventana y había muchos papeles, mi cuaderno estaba abierto y el lápiz descansaba de tanto ser usado. Me había inspirado demasiado en cinco días, sentía mi cuerpo más relajado debido a que no andaba tenso por el trabajo. Todas las letras que había escrito hacían referencia a lo que él me había hecho sentir, y todo lo que tuvimos que atravesar; amor, desamor, la separación, el reencuentro. Mis letras estarían cargadas de pesados sentimientos y suponía que me quebraría si me internaba en la cabina para cantarlas, aunque ya andaba con un cierto ritmo para ellas en la cabeza y las tarareaba.
Las cenas en familia eran las mejores, fui a visitar a mi abuela el domingo y reviví tantos recuerdos en fotografías, en verdad, la familia te reconfortaba de cualquier situación.
Tuvimos salidas de padre e hijo con Gordon y hablamos mucho de… él. Concordaba con lo que Benjamín decía, que debía saber primero qué era lo que sentía por mí en realidad, con su respuesta podía retroceder y abandonar, o quedarme y luchar. No era tan difícil si me ponía a pensar, solo debía preguntarle y ya, pero sospechaba que al estar cerca todo se me pondría muy denso y terminaría hablando como idiota.
Hablaba con David por las noches, él me comentaba que la fecha en la que su libro estaría en las tiendas, se había adelantado ya que la edición e impresión de los ejemplares había sido muy rápida. En verdad, no podía estar más feliz por él. Le dije que extrañaba sus ronquidos, entre otras cosas, él me dijo que no podía esperar más y solo faltaban dos días para que regresara a Berlín.
— ¡Billy! ¿Ya estás listo? —gritó mi madre, recordé pronto que hoy ella tenía una exhibición de arte en un centro cultural y yo iba a ayudarla con algunas cosas. La muestra empezaría por la noche.
— ¡Ya bajo! —dije mientras tomaba mis pertenencias y la chaqueta.
Miré un instante mis escritos, todo lo que él me había provocado estaban plasmados en esos papeles, las letras estaban bien marcadas por la presión que había ejercido. Eché un suspiro y tragué saliva, ya estaba listo para volver a Berlín, todo lo que tenía en mi interior habían sido transferidas a otra parte, y ya no me sentía cohibido en la penumbra, mi pecho ya no cargaba con ninguna sombra que la atormentara. Estaba siendo libre.
Todos nos fuimos al centro cultural, la sección que mi madre había conseguido era inmensa, lo recordaba bastante de tantas veces que ella me había traído de pequeño. Las paredes, donde se iba a llevar a cabo la exhibición, eran blancas pero unas telas de seda se ubicaban de manera horizontal por el contorno del techo, cayendo un poco en curvas. La iluminación era perfecta, fijando las paredes, donde tenían que ser colocadas las obras de mi madre, algunas ya estaban ahí. Estaba conmovido por todo esto, el suelo era oscuro brilloso y se reflejaba la luz de los focos.
Mis ojos recorrieron de derecha a izquierda las paredes, y me detuve al reconocer algo. Mi madre fue a paso rápido con uno de sus amigos, que también había quedado en ayudarla y empezaron a hablar de aquella fotografía. Además de sus obras de pintura, también se exhibían fotografías, y al ver la que tenía al final del lugar, mi sonrisa de fascinación se fue apagando poco a poco.
—Específicamente dije que pusieran la que todos estaban chocando copas. —dijo ella molesta, se le oía por toda la enorme sala. Comencé a avanzar a medida que la seriedad tomaba lugar en mi rostro.
A pesar de que veía un poco borroso de lejos, reconocía los colores, el lugar de la foto, me tomé todo el tiempo del mundo para acercarme, queriendo creer que no era esa fotografía. Lamentablemente, era esa.
Frené mis pasos, situándome frente a la fotografía que tenía como un metro de largo y cincuenta centímetros de ancho, aproximadamente. Entreabrí los labios para liberar el aire mejor, sintiendo las palpitaciones en la garganta y el escalofrío que cubría toda mi espalda hizo menear mis hombros, mi madre se giró a verme al notar mi presencia, la descubrí por el rabillo del ojo.
—Bill… Lamento esto, mandé a quitarlo de la lista en cuanto supe tu decisión pero…
—No, mamá. —mis ojos buscaron los suyos. —Está bien.
Regresé la vista a la fotografía, mirando la cercanía, las sensaciones que me devolvían, y yo pensando que las había dejado plasmadas en el cuaderno.
—Quería poner una de aquel cumpleaños porque había sido muy bonito. —dijo con cierto tono de preocupación y nostalgia, sus ojos no se separaban de mí, intuía que pensaba que yo iba a ponerme a llorar al ver la fotografía.
—Lo fue —susurré mientras mis ojos iban a cada detalle de la foto. —Y no te preocupes por mí, también me gusta esta foto.
— ¿Seguro, hijo? —se inclinó y yo asentí. Su amigo volvió a llamarla y ella fue a arreglar el asunto de que ya no era necesario cambiar la fotografía.
Me quedé mirándola de punta a punta, volviendo a esa noche, a ese momento, a su perfume, su mirada, a lo enamorado que estaba.
— ¿Estás esperando a que te den alas? —me giré y le miré, él bebió de su copa mientras no apartaba los ojos de mí. Negué una sola vez, sin entender a qué se refería. —para ti no es necesario.
—No sé de qué estás hablando. —dije un poco nervioso.
—De lo que dijo tu madre, que pareces un ángel —Miró a las personas —creo que en eso coincidimos bastante.
Apreté mis labios debido al calor que mis mejillas estaban acumulando, inspiré mirando hacia el techo. Joder, lo sentía tan real, era como volver el tiempo atrás. Cerré los párpados, tomando otra respiración, recordando con tanta intensidad ese suceso que lograba que las mismas mariposas sintieran la fascinación de antes, y comenzaran a revolotear por todos lados, mi corazón latía a buen ritmo y mis labios se presionaban entre sí, soportando las imágenes.
Pasar mi cumpleaños junto a él había sido realmente un sueño, se había mostrado celoso por cosas pequeñas, y aunque no se veía bien, en mi interior me gustaba que se sintiera así, porque adoraba cuando sus cejas se fruncían y hacía un leve morrito, que en vez de mostrarse enojado, parecía un caprichoso y me causaba gracia.
Me reí en voz baja porque no quería verme como un loco, que recordaba sus maldades y lo celebraba a carcajadas. En serio, me encantaba cuando se ponía en ese plan, o cuando me miraba todo pícaro y lograba que mis mejillas se sonrojaran en menos de cinco segundos, para luego robarme un beso y abrazarme hasta que nuestros cuerpos estuvieran más que conectados. También me gustaba cuando se quedaba dormido a mitad de las series o películas de zombies, porque me sujetaba fuerte, como si en realidad solo estuviera fingiendo que dormía para ver qué hacía yo. Y lo que hacía era mirarlo muy de cerca, tocar su rostro con la yema de mis dedos, guardando la textura de su piel en ellos.
Toqué mi mejilla con el dorso de la mano y sí, estaba sonrojado, seguramente demasiado rojo y me sentí estúpido recordando el pasado. Aun cuando me dolía pensar en él, si lo hacía profundamente me sumergía en los sentimientos que tenía en aquel entonces.
—Parecías un acosador en ese momento —sonreí, escuché su risa y eso me hizo sentir más avergonzado. —Hasta tenía pensado salir por la ventana.
—Lamento si te causé esa impresión. —decía divertido. —Quería dar contigo de alguna manera, y no te estaba siguiendo, ese encuentro fue casualidad.
Levanté la vista, nos miramos directo a los ojos y podía notar un brillo en los suyos. Pronto lo que nos rodeaba empezaba a distorsionarse, logró que me olvidara el motivo de haber estado… Un momento, ¿Qué había pasado? Ya ni recordaba. Elevé la curva de mis labios y él hizo lo mismo, coordinando. Buscamos nuestras manos y vimos como entrelazábamos nuestros dedos, él presumiendo su tatuaje en los nudillos de su fecha de nacimiento, yo jactando mis uñas pintadas y bien arregladas. Presionábamos como si nos fueran a separar, pero en realidad queríamos probar que lo nuestro podía con lo que sea.
A pesar de todo, de lo que pasaba conmigo, de cualquier problema que pudiera intervenir, nosotros tendríamos con qué lidiar.
— ¡Ya es hora! —chilló Andy, nos tomó una foto y reaccioné como siempre, gritándole por el flash. —Pero salieron bonitos, miren.
Inspiré mientras no apartaba la vista de la fotografía. Había sido uno de los mejores momentos de mi vida, sentir esa seguridad de que jamás iba a separarme de él, pasara lo que pasara. Estaba tan cegado por su amor que no veía la realidad, la cruda realidad que llegó después.
— ¡Falta hora y media, todavía no veo nada! —mi madre entró en pánico, y deduje que era momento de ayudarla y dejar de recordar.
Le di un último vistazo a la fotografía, y abajo leí el título que ella le había puesto.
—El placer de vivir está en lo que uno elige… —susurré, sonreí levemente y me fui a socorrer a mi madre.
La hora de la muestra llegó, los invitados llegaron diez minutos antes y todo estaba como mi madre lo quería, gracias a mi agilidad para decorar lo que faltaba y poner las obras en sus lugares correspondientes, dotes obtenidos de la experiencia por la Taberna. Todos estaban mirándola, esperando a que dijera unas palabras y luego comenzaran a mirar cada obra mágica que mi madre hacía desde que mi padre la abandonó siendo yo muy pequeño.
Estuve a su lado y soltó algunas lágrimas en su discurso de bienvenida, y luego, una foto con todos los que le ayudaron a realizar la exhibición. Los invitados empezaron a recorrer el lugar. Todos se sorprendían de lo mucho que había crecido, la última vez que me habían visto tenía el cabello corto y era muy adolescente. También iba mirando todo, ya que quería ver el resultado final, había una mesa con bocadillos y café para beber, mi madre contrató recepción para servir a los invitados. Afuera hacía mucho frío y seguramente tenían el trasero congelado.
Por desgracia no se podía fumar, y yo no había tocado ningún cigarrillo en todo el día, por lo que fui a por mí chaqueta, mi teléfono, el paquete de cigarrillos y el encendedor, y salí del centro cultural. Primero me coloqué la chaqueta, luego encendí el cigarrillo y al inhalar la nicotina me sentí aliviado, esto se estaba convirtiendo en un problema, ya que me estaba volviendo dependiente de la jodida nicotina.
Corría viento y yo caminaba de un lado a otro mientras miraba el teléfono, verificando los mensajes y husmeando en la cuenta de David. Subía muchas cosas graciosas y me reía como imbécil mientras observaba el teléfono, lo último que subió fue una foto de su libro. Joder, que ya tenía el primer ejemplar en sus manos. No me afectó que no me avisara, no era de hacer drama por una cosa sin sentido, no era mi estilo. Pasé a contestar el mensaje de Andy, preguntas de rutina, Shannon también me había mandado uno y me apoyé con cuidado contra un vehículo para estar más cómodo mientras fumaba tranquilamente.
—No aguantaste —miré hacia adelante y Gordon tenía un cigarrillo sobre sus labios. Comenzó a palmear sus bolsillos e insultó entre dientes. —…Lo olvidé adentro.
Le extendí el mío y lo agradeció, guardé el teléfono al terminar de hacer el chequeo de mensajes y los dos nos sumergimos en nuestra lenta condena.
— ¿Estás bien? —me preguntó al devolverme el encendedor, yo le miré con los ojos entrecerrados mientras inhalaba.
— ¿Por qué? —contesté a medida que el humo se liberaba por la boca. Él enarcó amabas cejas, parecía nervioso por algo, y caí a lo que se refería. —Ah… ¿Te refieres a la fotografía? Le dije que lo dejara, me gusta.
—Sigo sin comprender por qué no decidió sincerarse contigo —otra vez venía la conversación.
—Gordon, él lo sabrá —dije mirando el suelo.
—Bill —cruzamos miradas. —Te siento como si fueras mi hijo…
—Lo soy, para mí eres mi padre —hice una pausa. —Ayudaste mucho a mamá, y agradezco eso, también fuiste honesto conmigo y no eras interesado como los otros.
—Yo amo a tu madre, y también a ti. —se acercó un poco. —Y también me preocupo por ustedes, más por ti. Ese día te veías muy bien, sonreías siempre y estabas seguro de ti mismo, sin embargo, ahora noto que te estás esforzando por verte igual, y sé que actúas así porque no sabes lo que él siente ahora, estás confundido.
—No sé cómo actuar entonces —tiré la colilla al suelo y lo pisé después. —Dije que iba a continuar, me grito en el espejo que tengo que olvidarlo, porque no hay nada más que hacer pero… vienen los recuerdos y no puedo.
—Te haces daño, y no solo a ti sino también a… ¿Cómo era? ¿David? —yo asentí. —Él es buen hombre, se nota.
—Tom también lo es —le interrumpí.
— ¿Entonces por qué decides alejarte? —busqué la caja de cigarrillos, ya comenzaba a sentir la tensión. —Logras que te confundas más.
—Yo… —titubeé. —Yo no quiero salir más lastimado. Sí quiero saber qué piensa de todo esto, y a la vez prefiero dejarlo en el misterio porque me da miedo.
— ¿De qué tienes miedo?
—De que ya no me ame. —apreté mis labios y sentí la incomodidad en la garganta. Genial, lo sensible no se me quitaba nunca.
Inspiré mientras encendía otro cigarrillo, mis dedos temblaban al igual que mis labios y no precisamente por el frío. Fruncí las cejas e inhalé tan profundo como pude, esperando que ese humo se llevara toda la pesadumbre que cargaba en el pecho, sentí la mirada de Gordon sobre mí, tal vez esperando a que le dijera algo más. Pero no, mi última frase había delatado lo que en verdad sentía.
—No pierdes nada con intentar, puede dolerte, ¿A quién no le ha dolido cuando le rompieron el corazón alguna vez? —dijo mientras miraba a nuestro alrededor, haciendo referencia al mundo entero. —Pero eso te hará más fuerte, te hará saber qué elecciones debes tomar en el futuro. Podrás enamorarte de nuevo, tal vez sea de David o de otra persona, pero lo superarás si no sale como piensas.
Pero yo no quería enamorarme de otra persona. El primer amor nunca se olvidaba y no era precisamente la primera persona que llegaba a tu vida, sino quien te hacía sentir infinidad de sentimientos al mismo tiempo, que hacías lo que querías porque así lo sentías y no por obligación. Uno se mostraba como era realmente frente a la persona que amaba, sin importar si le juzgaría o algo, simplemente amaba con su forma de ser. Era un amor correspondido, nadie fingía nada, yo lo sentía así, yo sabía que él me amaba en serio. Me lo había dicho miles de veces.
—Bill… Mírame —apenas podía respirar debidamente, mi nariz estaba congestionada y sentía las lágrimas descender por las mejillas. Antes me ocultaba para que no me vieran en este estado, ahora simplemente me echaba a llorar frente a los demás, y todo porque mi corazón no lo soportada, ya no quería ocultar nada. Lentamente enfoqué mis ojos en su rostro, él pareció quebrarse por dentro al verme así. —No puedes cargar con eso siempre, te consumirá y terminarás muy mal, y eso yo no quiero. Quiero al Bill sonriente, seguro y amable; quiero que seas feliz, hijo. Te lo mereces.
Al terminar de decir eso, me cubrió con sus brazos y yo sollocé un poco, el cigarrillo colgaba entre mis dedos con cuidado, el humo se disipaba por el aire en círculos. El nudo en la garganta poco a poco se alejaba, estaba recibiendo demasiados consejos, me sentía como en un retiro espiritual o algo así.
— ¿Sucede algo? —nos deshicimos del abrazo, fijando en dirección a mi madre que se cubría con su abrigo al sentir el viento congelado. — ¿Billy, estás bien?
—Lo estoy —dije con mocos, me limpié con el dorso de la mano y Gordon me tendió un pañuelo, le agradecí. —Solo teníamos otra conversación de padre a hijo.
—Ya sabes cómo es nuestro pequeño —Gordon me abrazó, yo no quería preocupar tanto a mamá aunque ya sabía la historia.
—Me preocupé al no verlos — sostuvo mi cara con sus manos dándome calor y esbocé una leve sonrisa. — ¿Por qué hablan aquí afuera? Hace un frío de la mierda.
— ¡Mamá! —me sorprendí del vocabulario y todos nos reímos, fue extraño hacerlo con lágrimas, me desganaba más.
—Lo siento hijo, es la verdad —se frotó los brazos.
Los tres ingresamos nuevamente al centro cultural, todos apuntaban a una sola dirección, y aunque me costara mucho, tenía que hacerlo.
Tom, esperaba que no me destrozaras tanto.
Los dos siguientes días pasaron como torbellino, la muestra fue estupenda y los amigos de mi madre me recordaban anécdotas de cuando era pequeño, había regresado a mi niñez con tantos mimos que me daban, al parecer yo era el único hijo que su grupo de amigos tenía.
Cuando llegó el día que debía regresar a Berlín, mi madre cumplió todos los caprichos que tenía de pequeño, me preparó mi desayuno favorito y me dejó andar en pijama por toda la casa, eso sí me causó mucha gracia, Gordon me enseñó más de su música y me ayudó a arreglar algunas cosas con mis letras. Me dijo que todo iba a estar bien, y que solo me luciera con el canto, mi madre se emocionó al saber que iba a grabar unas canciones, quería saber todos los detalles y le dije que cuando estuviera libre podría ir a Berlín cuando quisiera, ya que andaba ocupada con sus muestras y mi abuela.
—Avísame cuando llegues, así estoy más tranquila —me dijo cuando dejó de abrazarme, Gordon quería llevarme hasta Berlín pero ya estaba anocheciendo y no quería ocasionarle problemas.
«Siempre pensando en el bienestar de los demás», me dijo al abrazarme por el cuello en el desván. Esa parte de mí no se iba a ir fácilmente.
—Todo irá bien, tú solo da lo mejor de ti —Gordon me rodeó con sus brazos y yo le agradecí mientras sonreía.
—Los quiero —les miré con ojos brillosos. —…Mucho.
—Y nosotros a ti, Billy —mi madre me dio un beso en la mejilla y ya era hora de subirme al tren nuevamente.
Los despedí sacudiendo la mano y sonriendo cuando me asomé a la ventana de mi lugar asignado. El tren dio marcha y me alejé de ellos en un instante, al no poder verlos más, eché un suspiro y me acomodé. Le envié un mensaje a David pero me contestó que no pasaría a recogerme ya que andaba con una cita con los que les representaban su nuevo libro. Shannon me llamó en ese instante y le dije que ya estaba viajando, tuvo la prestigiosa idea de ir a buscarme, ya que estaba muy ansioso, le respondí que sí, yo también estaba entusiasmado.
Al guardar nuevamente el teléfono, me hice para atrás y cerré los ojos para descansar un segundo, y eso bastó para quedarme dormido. Tiempo después, un anuncio me hizo despertar y estaba llegando a la estación de Berlín, me preparé para descender y lo hice sin apuro. Salí del andén y reconocí a Shannon que miraba como si hubiera perdido lo más preciado en su vida, levanté la mano intentando obtener su atención, llevaba gafas y se las quitó al dar conmigo.
— ¡Shannon! —chillé en la multitud y avancé a pasitos cortos pero apresurados, me percaté enseguida que una persona a su lado miró en mi dirección. No sabía quién era, pero mi amigo me abrazó mientras se acercó un poco y me alegré de volver a verlo. —Te extrañé un poquito.
Él se rió y nos separamos, la persona que me estaba mirando se acercó a nosotros y tenía una expresión que me daba un poco de escalofrío. Inspeccioné su rostro, lo que más me llamó la atención fue el color de sus ojos, eran muy opuestos a los de Shannon. Eran azules, tan azules que me recordaban a cualquier playa de Centroamérica. Tan hipnóticos, paradisíacos y aterradoramente hermosos, porque lo eran, había que admitirlo.
Por más que intentaba regresar la vista a mi amigo, no podía porque me sentía muy atraído por esos ojos, hasta quería decir algo pero mi boca se trababa y la respiración se me estaba yendo.
—Él es Jared —habló Shannon y, no supe cómo, salí del trance y parpadeé repentinamente, cobrando el sentido de todo. Ojalá no lo hubieran notado, debí haber parecido un idiota. —Mi hermano.
—Al fin puedo conocer al famoso Bill —me dijo. Oh por dios, su voz me causó un extraño escalofrío. Esa voz era realmente exquisita, logró estremecerme en un segundo, ¿Qué demonios estaba sucediendo? Basta ya, estaba actuando como idiota, como el antiguo Bill. —Mi hermano me ha hablado mucho de ti.
Le miré con mala cara al de ojos color miel, él no me decía nada de su hermano, sin embargo, le contaba todo sobre mí y vaya uno a saber qué cosas. Jared vino a mí y me saludó con un abrazo, me sorprendí que lo hiciera, me quedé estupefacto, con el cuerpo quieto y sus brazos rodeando el mismo, miré de reojo a Shannon y él tan solo se reía. Mis mejillas se pusieron cálidas y en mi olfato percibí un perfume divino, el contacto fue breve pero demasiado intenso. Tenía que dejar esas alucinaciones mías o todo se iba a ir al demonio.
—Le dije que podría llevarte mañana al estudio, pero este tonto insistió en conocerte muy pronto —dijo Shannon y su hermano le miró divertido. — ¿Tienen hambre?
—Y mucha —respondí sobándome el estómago sobre la chaqueta.
—Déjame ayudarte con eso —El hermano de Shannon tomó la manija de la maleta y la deslizó sobre las ruedas, le observé sorprendido por la amabilidad. Ya comenzaba a caerme muy bien.
—Gracias —dije con una sonrisa. Él me miró un segundo para luego ver a su hermano, pero retrocedió la vista y me sonrió también. Mierda, qué linda sonrisa.
—Hey… —ambos miramos a Shannon. — ¿Van a quedarse ahí toda la noche? Necesito leer esas canciones… Y también tengo hambre.
Movió su cabeza en dirección a donde se suponía que estaba su auto, yo inspiré y avancé, Jared caminaba a mi lado, ¿Cuántos años tendrá? Parecía más joven que Shannon. Tenía la melena dorada por los hombros y era un poco ondulado, esa barba sin afeitar de tres días le sentaba bien y parecía asistir al gimnasio porque esa camisa iba a romperse si hacía otro movimiento debajo de su chaqueta de jean.
Nos dirigimos a su vehículo en silencio, bueno, Shannon iba diciendo muchas cosas sobre mi proyecto solista, yo tan solo le escuchaba y su hermano también. De reojo lo veía y él ya tenía la vista en mí, eso me ponía algo nervioso pero se disolvió en cuanto yo me quedé solo en los asientos de atrás.
— ¿A dónde iremos? —preguntó Shannon mientras me miraba por el espejo retrovisor.
—Bueno, no sé exactamente donde podemos ir —puse un dedo sobre mi labio, pensando seriamente. Luego le envié un mensaje a mi madre que ya había llegado y guardé el teléfono en el bolsillo de mi chaqueta.
—Oh, tenemos que elegir un lugar donde haya menú vegetariano —recordó. —Jared no come carne.
— ¿En serio? —me sorprendí. El de ojos azules se rió. —Bueno, no tengo problema si no comemos carne.
—No le digas eso que te va a convertir en uno de ellos —se burló de su hermano y encendió el motor.
Continúa…
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