
«Wünschen». Temporada II
Capítulo 16: Uno tras otro
Aún no han dado parte de la verdadera razón por la que La banda de Tessa ha cancelado varias entrevistas, la gira y la producción del segundo vídeo de su reciente álbum. Los rumores apuntan a un inconveniente entre los miembros de la banda, otras fuentes aseguran que la cantante ha dejado todo para vivir una vida normal con su pareja, del cual no tenemos información correcta sobre quién es…
¿Correcta? Nada de lo que estaban diciendo era correcto. ¿Por qué se empeñaban en armar rumores? La prensa siempre manipulaba a sus espectadores de la manera más dramática posible.
Apreté los labios, tomé el control remoto pero la mirada de Tessa me advirtió que no lo hiciera. Ya se encontraba mucho mejor con respecto al tema de su madre, siempre iba con unos anteojos y un gorro de lana en las calles cuando quería salir; pocas personas se dieron cuenta que era ella. Había días que no quería que la acompañara afuera, decía que era mejor porque no se levantarían sospechas. Habíamos sido cuidadosos por dos años, y ella quería que esto siguiera así.
—Es gracioso como buscan alguna forma de mantenernos en la fama —dijo Tessa mientras se ponía de pie, ya no andaba con ojeras o en pijama, su autoestima había cambiado pero eso me preocupaba más. En vez de ser como su amante, me había vuelto como un padre o peor, un tutor, descuidando mi imagen y enriqueciendo la suya. —Espero que no sea obra de la discográfica o del tonto de Iñaki.
—Dudo que Iñaki sea tan inteligente. —me crucé de brazos, apoyado en el umbral.
—No lo sé, por ahí es persuadido por los cargos más altos en la discográfica. Tu padre puede ser buena persona pero es muy ambicioso.
—Estás hablando de mi padre —dije con una sonrisa forzada mientras avanzaba para cambiar de canal, ya que no hablaban de la banda sino de películas a estrenarse.
—Es la verdad, él y yo somos iguales, desde un primer momento nos entendimos.
Lo que ella no sabía de mi padre, era que cuando estuvimos solos, no podía creer lo que estaba haciendo para permanecer a su lado. Había sido humillado frente a mis pequeños hermanos y Sarah, y todo por haber dejado a la persona que en realidad amaba.
¿Qué estará haciendo él en estos momentos?
Exhalé el aire y sabía que necesitaba un poco de alcohol, fui a la cocina y tomé una botella de cerveza, la abrí de inmediato y la bebí de un solo estar hasta dejarlo por la mitad. No sabía si era sed o la necesidad de ponerme ebrio porque ya no quería estar en la realidad, en la tortuosa realidad. Observé a mí alrededor mientras la botella descansaba en la mano, mi apartamento podría haber sido un chiquero sino fuera porque Tessa le agarraba la guapeza y se ponía a limpiar como empleada. Y no me dejaba estar en el apartamento por un día entero, por lo que yo debía estar afuera las veinticuatro horas una vez a la semana. Le había dicho que ella no tenía qué hacerlo, pero ¿Quién entendía a las mujeres?
— ¡Thomas! ¿Qué estás haciendo? —La voz de Tessa se acercaba y yo le di la espalda, escuché su suspiro y se puso a mi lado en un segundo. —Espero que no te pongas tan ebrio, no te consolaré después.
Dijo de mala gana. A veces yo terminaba llorando, sí, llorando, ¿Acaso un hombre macho pecho peludo no podía llorar? ¿Acaso por tener veinticinco no podía llorar? Me quebraba, Tessa se interesaba en mí en ese entonces, así como yo había estado con ella anteriormente. La verdadera personalidad no la abandonaba, y esa era la que ella había creado para con todos, otra vez el orgullo y la frialdad se mostraba hasta, en ocasiones, conmigo. Nuestra relación ya no era como la de antes, solo parecía que se trataba de dos compañeros que vivían en un apartamento para no gastar tanto, y aunque ella tenía el suyo, muy pocas veces iba a pasar el rato.
—No esperaba que lo hicieras. —murmuré mientras ella se alejaba, me miró por sobre el hombro, entrecerró los ojos como queriendo asesinarme. Indignada se fue de la cocina.
Dejé caer mi pesado cuerpo sobre la silla, bebiendo lo que quedaba de mi botella. Últimamente me la pasaba bebiendo, y aunque no me ponía ebrio, me relajaba demasiado.
Tessa no se hacía problema con el tema del dinero, había ganado lo suficiente como para vivir por un largo rato, y aunque ahora su banda estaba inactiva, aún seguía ganando dinero con la venta de discos y toda la mercancía con su nombre. Y yo tampoco estaba en la ruina, pero todo esto se estaba haciendo monótono, no salía demasiado al exterior, tenía que asegurarme de que ella no cayera en manos de la depresión nuevamente. Tenía que cumplir la promesa de su madre.
¿Y la promesa de estar con Bill para siempre?
¡Demonios!, siempre terminaba preguntando lo mismo; eso era lo que me torturaba siempre. Hice la cabeza para atrás mientras miraba la luz del techo, intentando hacerme una suposición; no me lo imaginaba llorando, no tenía esa imagen de él, más bien lo pensaba como que estuviera haciendo su vida al lado de David, riéndose con él, pasando momentos mejores que cuando yo estaba a su lado. En serio que si Bill era feliz con él, yo no podía hacer nada más, solo retorcerme entre los recuerdos y vivir a través de ellos.
Mi vida se estaba cayendo a pedazos, Shiro a veces venía a visitarme pero él también tenía sus asuntos junto a Shay. Y cada vez que lo veía era para terminar en discusiones, todo comenzaba cuando preguntaba si sabía algo de Bill y me respondía que estaba bien, aunque últimamente no lo había estado visitando y no sabía nada de él; tampoco Shiro quería molestarlo debido a mis insistencias por saber cómo andaba, porque él me decía que tendría que preguntarle yo mismo pero, ¡Vamos! Él era capaz de enterrarme un puñetazo en la cara por ser tan cobarde de ir a verlo después de un tiempo, recordaba la fuerza que había tenido al golpearle a ese profesor, y aunque podría lidiar con ello, lo que en verdad me destrozaría era verlo llorar y que fuera por mi culpa.
Y mi mejor amigo era otro asunto también, parecía que todos me tiraban mierda, en vez de darme ánimos solo me enterraban más en la miseria que yo mismo había creado con mis palabras. Por un momento creí que él iba a estar de mi lado, pero apoyaba más a Bill, era como si a través de mi mejor amigo supiera lo que él sentía. Yo no entendía a Georg, al principio lo odiaba, le caía bastante mal y me hacía escena de celos, ¿¡De celos!? Hasta llegué a pensar algo de él, pero luego me di cuenta que solo quería protegerme, había estado tan vulnerable con el tema de Reira, que cuando había visto a Bill pensé que había regresado al pasado.
Esto era lo que me merecía por haber tomado la decisión de quedarme junto a Tessa y a la promesa que le había hecho su madre. Iba a cargar con esto hasta, ¿Hasta cuándo? Tessa iba haciéndose más fuerte cada día, sin embargo, yo estaba envejeciendo. Me había vuelto un viejo malhumorado a temprana edad, no me importaba mi imagen solo el bienestar de ella; le cumplía todos los caprichos materiales, hacía todo lo que ella pedía para verla mejor y parecía que lo lograba. ¿Era correcto hacer eso? No lo sabía, pero lo que sí era que ella se olvidaba del dolor que le había provocado la muerte de su madre, eso me reconfortaba y me decía que estaba haciendo bien.
¿Me arrepentía? Hubiera preferido tener más opciones, y era que en ese momento no había pensado bien la decisión. Tendría que haber elegido entre alejarme de Bill, o permanecer a su lado y ayudando a Tessa también, pero no, por imbécil y presionado por mi pasado, me fui con la primera idea que se me asomó a la cabeza. En verdad me había puesto a pensar profundamente en ello, y no podía creer que lo había hecho. Yo no podía hacer algo, y si lo hacía, tal vez tendría a medio Berlín tras mi espalda por haber dejado escapar a la persona que me había enamorado tanto.
Recordé cuando fue la primera vez que nos habíamos visto. Yo no buscaba a alguien para que me amara, simplemente estaba caminando por la ciudad como un día cualquiera; y al mirar por el cristal aquel lugar, solo porque siempre hacía eso cuando pasaba por algo que tuviera botellas en los estantes, me encontré con su presencia.
Él tenía el cabello recogido, se notaba a duras penas que se había quitado el maquillaje de los ojos. Esa sonrisa que le brindaba a los clientes le demostraba seguridad y confianza, no supe por qué en ese momento sentí ganas de mirarlo por horas y se me dio por entrar solo para poder escuchar su voz, y que sus ojos pudieran mirarme. Realmente había caído ante él, yo caí como un tonto; él no se había dado cuenta de que me interesó desde antes de que me viera y me sonriera.
Lo extrañaba, extrañaba volver a esos momentos, cuando él actuaba tímidamente conmigo, de mi parte también había ciertos temblores de mano, pero la tensión se disipaba cuando me sonreía. Quería volver a sentirlo conmigo, que me abrazara y me besara, que nos riéramos de cualquier cosa o que simplemente nos tiráramos al sofá a ver cosas de zombies. Aunque yo me quedaba dormido, sabía que él no me dejaría solo y permanecería cerca de mí hasta que despertara.
Joder, lo extrañaba tanto que me dolía de tan solo recordarlo.
Creí haber escuchado el timbre, pero como fue una sola vez me convencí de que se trataba de las bocinas de los coches que circulaban afuera. Suspiré, deseando que sus manos pudieran tocar mis mejillas con delicadeza, sintiendo el calor de las mismas, brindándome ese amor tan inmenso, aquel amor que nunca había sentido en mi vida. Me daba cuenta de que mi apariencia no encajaba con mi manera de ser, cuando estaba con Bill me mostraba muy distinto, quiero decir, era muy meloso, celoso, y hacía todo lo que fuera para que él permaneciera conmigo; lo quería solo para mí. Lo amaba, y lo sigo amando, y sabía que esto no se iba a ir de mí tan fácil, por lo que cada día me esforzaba por comenzar a superarlo y no lo lograba.
Y otra vez, escuché el timbre pero esta vez fueron unas tres veces. Me erguí en la silla mirando la entrada de la cocina, ¿Acaso no era tarde, o mi imaginación ya andaba de malas? Fruncí el ceño, el silencio del lugar fue tanto que podía escuchar mi propia respiración. Otra vez se escuchó el timbre de forma insistente.
Me levanté de inmediato, caminé tomándome todo el tiempo del mundo, me rascaba la nuca mientras seguía escuchando ese infernal timbre. Fruncí las cejas y advertí que ya estaba en camino, pero eso no lo detuvo. Gruñí al depositar la mano en el picaporte, y al abrirlo de un solo estar, pensé que iba a ser Shiro.
— ¿Erica? ¿Quién te abrió abajo? —ella me miró con una frialdad indescriptible. Sin decirme nada me empujó e ingresó al apartamento. Me quedé mirando donde ella se encontraba anteriormente, tenía el cabello más largo y estaba muy bien cuidada, al parecer su nuevo novio le había hecho bien.
—Mikel me conoce, ¿O ya te olvidas que viví aquí un tiempo? —Su voz era determinante, cerré la puerta nuevamente y caminé para dar con ella. Pero Erica andaba mirando por todo el apartamento, como queriendo encontrar a alguien. — ¿Estás solo o ella está aquí?
Erica no se llevaba para nada bien con Tessa, aquella vez en Navidad casi hubo una pelea de gatas, pero eso no fue lo que mi ex cuñada le había dicho, sino una palabra más fuerte. Comprendía sus razones de ser así con ella, Tessa no se lo imaginaba, solo me había dicho que Erica andaba atrás de mí y que estaba celosa de que no estuviera con ella. Realmente, una era más estúpida que la otra.
—Está durmiendo. —le contesté mirando el pasillo que conducía a las habitaciones. —No te escuchará porque toma pastillas para dormir.
—Mejor, necesito hablar contigo.
—A mí también me da mucho gusto volver a verte —intenté ser bromista, me salió una sonrisa torcida, realmente no andaba de buenos ánimos.
—Ajá, sí —enseñó una sonrisa cínica, estaba cruzada de brazos con el trasero apoyado en el espaldar del sillón. —Lamento no decir lo mismo de ti, ¡Mírate! Estás muy descuidado, esa barba parece una selva y… ¿Bebiste?
Se acercó a mí y empezó a arrugar la nariz, tomando respiraciones exageradas por la misma mientras me olía, le quedé mirando, segundos después, sus ojos asesinos y similares a los de su hermana, me miraron de manera acribillante. Yo carraspeé y me alejé un poco, Erica me cuidaba mucho más que Tessa, y no le importaba si era a distancia. Sin embargo, no sabía que estaba aquí tan pronto, me había dicho que iba a mudarse por aquí cerca con su novio japonés.
—Solo una cerveza —murmuré, ella exhaló el aire indignada, yendo directamente al sofá. Aquel sofá en la que pasábamos todas las noches abrazados, y una que otra vez haciendo el amor, junto a Bill.
— ¿Acaso eres consciente que esa chica no te hace bien? —mantenía el contacto visual, cada segundo ella estaba matándome. —Estás fatal, y delgado, ¿Comes bien? ¿Acaso no sabe hacer un huevo frito, la zorra esa?
—Si solo viniste a insultarnos, será mejor que te vayas —señalé la puerta. —Entre tú y Shiro me tienen harto con sus reprimendas.
— ¡¿Y qué quieres que hagamos?! ¿Felicitarte por prometer algo que no puedes cumplir? —se echó una risotada que fue tan hiriente para mis oídos. —Perdóname, Tom, pero el único idiota aquí eres tú.
— ¡Lo sé! ¡Sé que soy idiota! —me exalté mientras me golpeaba el pecho con las manos, como si con eso pudiera lograr despertarme de la pesadilla. — ¡No tienes que venir a decirme lo mismo que todos! ¡Es como si todos conspiraran contra mí!
— ¡Eso! —ella se levantó, desafiándome. —Grita todo lo que quieras, hazle saber al mundo que te estás arrepintiendo.
— ¡Lo estoy, joder! ¡Lo extraño demasiado, sin él no puedo vivir! ¿¡Es eso lo que todos quieren escuchar!? ¿Qué soy un idiota por dejarlo ir? —no me importaba si con cada palabra elevaba la voz, y eso, lograra despertar a Tessa. Con Erica podía soltar todo lo que tenía en mi pecho, con Shiro las conversaciones eran serenas.
—Lo eres —se acercó tan rápido y puso su dedo acusador sobre mi pecho. —Yo sé perfectamente porqué estás haciendo todo esto, ¿Crees que no me di cuenta? ¿Piensas que soy idiota? ¡Pues no! Y lo que estás haciendo no te devolverá aquel error, lo sabes, te lo dije millones de veces.
—Tú no sabes cómo me estoy sintiendo —dije entre dientes, negando rotundamente con la cabeza.
— ¿Qué no sé? —mostró una mueca. —Ella fue mi hermana, Tom. Mi primera mejor amiga, tienes que superarlo ya. Pensé que lo habías hecho cuando fuiste a dejar sus cosas, pensé que ella solo sería un recuerdo de tu adolescencia y nada más. Obvio que la extraño, que me siento igual que tú o incluso peor, pero ella seguramente estará más tranquila sabiendo que la recuerdas haciendo bien las cosas y no arrastrándote a algo que no puedes concretar debidamente. Mírate… ¿Ves cómo estás?
Su voz se iba armonizando a medida que me decía eso, mi corazón estaba soportando demasiado y la nostalgia me ahorcaba al punto de hacerme echar alguna lágrima en cualquier momento.
Sus manos tocaron mi pecho primero, luego empezó a querer acomodarme la camisa a cuadros que traía encima, quería plancharla con sus dedos. Miré su expresión y parecía sentir demasiada pena por mí.
—Este no eres tú —dijo casi sin voz, ella quería llorar. —Tú no debes dejarte caer por ese error que tanto te atormenta. Tienes que dejarlo atrás… Ella sabrá cuidarse, hasta está mejor que nosotros dos. Pero tú… Tú no puedes cuidar de ella para siempre, no hay nada especial, no como lo que tenías con mi hermana o con Bill.
—…Le hice una promesa a su madre —mis ojos estaban postrados en la manera que ella intentaba, poco a poco, hacerme regresar. —No puedo dejarla, no quiero romperla.
—Le hiciste una promesa a mi hermana también —sus ojos y los míos se encontraron. Deslizó su mano desde mi cuello hasta la mejilla y la acarició con el pulgar. —Y la cumpliste, la hiciste feliz mientras vivió y estoy agradecida de que lo hayas hecho.
Al escuchar eso, sentí como si mi alma o algún ente abandonara mi cuerpo, era como sentirme más ligero, la tensión se desprendía de mí. Mis labios comenzaron a temblar y el nudo en la garganta aumentaba su tamaño al continuar con la vista centrada en sus ojos.
— ¿No lo sabías? —dijo mientras sus ojos iban de un lado a otro, mirando mi expresión. Negué con la cabeza mientras la abracé de repente, ella gimió debido a la sorpresa pero no se opuso. La estrujé contra mí, cerrando con fuerza los párpados, sollozando contra su cabello, sentí su suspiro y como sus delgados brazos también me rodeaban y correspondían el abrazo.
No calculé por cuanto tiempo habíamos estado abrazados, pero mientras lo estábamos me repetía varias veces las disculpas hacia la madre de Tessa. Ella era fuerte, había podido seguir adelante y tenía que reconocer que su talento era increíble. Sin dudas, ella iba a poder contra todo lo malo que se le viniera encima.
—Hoy lo vi… —Erica me desconcertó, abrí los ojos dándome cuenta a quien se refería. Nos separamos lentamente y su mirada ahora era compasiva. —Está muy cambiado, pero sigue siendo bonito.
Ella sonrió. Lo recordaba como la última vez que lo había visto, cuando andaba en el estudio. Por su físico parecía muy débil, pero no, Bill jamás se iba a mostrar así. Bill era muy fuerte, me daba cuenta que había podido estar sin mí por mucho tiempo, y aunque eso seguramente le había dolido tanto como a mí, había podido continuar de pie, enfrentando el día a día. Realmente lo admiraba por eso.
— ¿Estaba solo? —Mi voz se escuchó muy ronca al preguntar eso. Ella negó con la cabeza.
—Había una chica de piel morena y un chico alto con él —trataba de recordar, se le notaba por el fruncido de cejas. Pronto asocié que podrían ser Ria y el amigo de Bill, Andy o algún compañero del trabajo. —Tom… Él sigue pensando en ti, lo sé, lo percibí. Sus ojos me pedían a gritos que dijera algo de ti, ¿Por qué lo dejaste ir?
—Porque pensé que sería feliz con alguien más —me alejé de ella, caminando por el living.
—Sí que es terco el hombre eh —ese tonito de voz me ponía irritante, se parecía a su hermana. —Más te vale que la próxima vez que lo veas, no hagas algo estúpido.
Miró el reloj de su muñeca, me dijo que tenía que irse, que vendría otro día cuando Tessa no estuviera, que le avisara y ella vendría. Le dije que podía quedarse pero me respondió con su cara de culo asesino, la acompañé hasta abajo. En el ascensor ella me acomodaba el cabello y se aseguraba de que estuviera presentable, en verdad, no sé qué haría sin esta mujer.
—Más vale que te arregles esa barba, pareces un vikingo. Y necesitas más ropa, esta playera parece alimento de polillas —me lo tironeó mirándome con disgusto.
—Es así —le observé con una sonrisa. Ella revoleó los ojos.
Al abrirle la puerta del exterior, su novio japonés se subió a la motocicleta, me saludó con un gesto de cabeza. Era buena persona pero también muy seria, mantenía cierta distancia, no sabría cómo sería él en una relación, ni quería imaginarlo. Erica me saludó con la mano en alto y una sonrisa coqueta, se colocó el casco y se sentó detrás del japonés, se marcharon y yo solo vi como ellos desaparecían.
Observé un poco la calle, estaba desierta y con razón, ya que eran más de las doce de la noche. Por un segundo pensé en salir corriendo hacia el apartamento de Bill, ¿Cuál era su nuevo apartamento? Shiro me había dicho que se había mudado pero no recordaba la dirección, él no vivía solo sino con su amiga Ria. Eché un suspiro, tenía que saberlo bien para no andar golpeando cada puerta en vano.
Regresé al apartamento, cuando cerré la puerta oí pasos. Dejé las llaves colgadas al lado del perchero y por el pasillo se asomó Tessa, estaba en pijama, bueno, con una camiseta que yo ya no usaba. Le quedé mirando y ella tenía una expresión pensativa, caminó lentamente hasta ponerse frente a mí.
—Tom…
—Lamento si escuchaste todo. —ella hizo ademán con la mano, cerró sus ojos, como no queriendo escuchar eso. Quise acercarme para tomar de los hombros pero retrocedió aun mirando el suelo o tal vez mis pies. Su pecho subía y bajaba repentinamente, era como si en cualquier momento se pondría loca.
—No digas nada, solo… Quiero que me acompañes a un lugar mañana temprano, llevaré la ropa que tengo aquí.
—Tessa, yo —sus ojos se enfocaron en mí, estaban brillosos y rojos. Mierda, pensé que estaba durmiendo.
—Tom, solo quiero que me acompañes. No quiero que me digas nada —me dio la espalda, yéndose nuevamente por el pasillo. Lo que escuché a continuación fue la puerta de la habitación cerrarse despacio.
No lo pensé dos veces y fui a la habitación, al abrir la puerta, ella estaba de espaldas acostada en la cama, con la frazada hasta la cintura y todo su cabello para atrás. Me acerqué hasta ponerme a su lado, sus ojos hicieron todo un viaje desde abajo hasta dar con mi rostro, estaba seria, ambas manos estaban debajo de su mejilla.
—Así que le hiciste una promesa a mi madre —sentenció. Tragué saliva, se suponía que Tessa no tendría que saberlo, sus ojos me fijaban como si fuera lo peor de la tierra. Inspiré profundamente, y cuanto más tardaba en contestar, ella apretaba con más intensidad los labios. — ¿No pensabas decirlo nunca?
—Era algo entre ella y yo —le respondí, Tessa se levantó de la cama quedando sentada, sus ojos no se apartaban de mi rostro. —No quería que…
—Mi madre no quería dejarme sola, eso lo entiendo pero tú —me miró con las cejas fruncidas, parecía estar molesta —…No puedo creerlo.
Bufó mientras miraba el suelo, chistó la lengua con una sonrisa de indiferencia y negaba con la cabeza mientras se revolvía el cabello. Era más que obvio que había escuchado todo, las veces que Shiro venía a visitarme era cuando ella salía, o nos encontrábamos en otro lugar donde ella no pudiera escuchar. Era la primera vez que me oía hablar de Bill, nunca mencionamos el tema luego de lo que sucedió en la azotea.
—Solo prepárate, mañana me acompañarás a un lugar y… —se quedó mirando un punto en la habitación, tragó saliva. Me miró y yo solo enfoqué la vista en sus labios, oyendo lo que restaba. Mi corazón frenó el ritmo un instante, y se sintió como si una espada me atravesara el pecho, ¿Por qué decía eso?
Continúa…
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