«Wünschen». Temporada II

Capítulo 18: No es tarde

Tenía la vista postrada en la calle del vecindario. Fumaba con los ojos entrecerrados debido a que el sol me daba de lleno en la cara, veía como el humo se escapaba de mi vida sin siquiera esperar a que uno de mis tantos pensamientos se fuera con él. Era como si quisiera que me hundiera en la culpa y el tormento, que sufriera y que el pensamiento me consumiera hasta la parte más recóndita de mi ser. Y lo merecía, eso y mucho más, era mejor que todo me consumiera de una buena vez para hacerme dar cuenta de todo lo que había hecho y las consecuencias.

Adentro no podía fumar, la abuela paterna de Tessa era asmática y, por ende, era una burla para ella que yo desperdiciara mis pulmones de esa manera. Así que me aislé aquí hasta que ella me dijera algo, aunque luego de ese reencuentro de años, suponía que tendrían para rato. También era por eso que había decidido apartarme, era asunto de ellas y yo tenía que darles privacidad. Tessa me dijo que la trajera, que no la veía desde que su padre la abandonó, su abuela le tenía mucho cariño pero su madre le había prohibido que tuviera relación directa con ella, y todo porque su padre se había ido de sus vidas. A pesar de que Elena era buena persona, con el padre de Tessa no tenía una buena comunicación, o al menos eso era lo que me había contado. Siempre discutían y tenían sus asuntos, y tal vez ese rencor llevó a la madre de Tessa a que no tuviera contacto de parte de la familia de su padre. Era muy triste.

Sin embargo, por más similitudes que le encontraba con mi pasado, sabía que las dos situaciones eran totalmente diferentes. A ella la quería, muchísimo, más de lo que podría haber imaginado, y Tessa solo era como una orden, nada más.

Tenía mis ataques de sinceridad, me ponía a reflexionar sobre mis decisiones, y sabía que hacia bien. Digo, ya tenía veinticinco años, tendría que haber madurado ya. Pero era demasiado sensible con el asunto de Reira, era regresar al pasado si o si. Retornar a esas primeras y escalofriantes sensaciones de perder a quien amaba, de decepcionarme de mí mismo por no hacer lo que en realidad tendría que haber hecho, evitar que ella se fuera. Regresaba a querer hacer las cosas correctamente, pero era obvio que ya no podía; el pasado jamás se recuperaba, solo podía enfocarme en el presente, trabajar en ello y garantizar un buen futuro.

—Es un lindo día, ¿No? —miré por sobre mi hombro.

Tessa se cubría el área de los ojos y un poco de su frente con la mano derecha, aún creando sombra sus ojos estaban pequeños, las cejas fruncidas y sus labios formaban una línea. Bajo este sol, ella resplandecía como nunca, era como ver a un ser superior con una vitalidad que ningún ser humano podría recibir en toda su vida. No obstante, mirándola mejor, noté que debajo de sus ojos y pestañas largas, había una leve hinchazón rojiza producto del llanto. No quería preguntar el motivo de eso, era evidente y su orgullo tampoco me dejaría que lo averiguara.

—Lo es —contesté mientras fumaba lo que quedaba, entrecerrando el ojo izquierdo.

Ella avanzó lentamente hasta quedar frente a mí. Llevaba un vestido azul marino con lunares blancos, el diseño no era exagerado, era suelto y el cuello tenía forma de V, dejando ver el comienzo de la curva de sus pechos. Unas mangas con algo de volumen adornaban sus hombros y un collar de cuero sobre su garganta le daba el toque final a un estilo pin-up que en su momento fue furor. Su maquillaje apenas se había estropeado y sus tacos la hacían un poco más alta, llegando por encima de mis hombros.

—Quiero hablar contigo sobre un asunto. —miraba sus dedos, parecía adoptar una apariencia tímida y eso era raro en ella.

—Aquí estoy —respondí luego de tirar la colilla a la calle y liberar el humo por la boca, esparciéndola por un lado, al tiempo que enfocaba la vista en su cabello.

—Quiero agradecerte por haberme acompañado hasta aquí —elevó el rostro e hicimos contacto visual —y lamento haberte involucrado en esto, pero estando a tu lado recupero el coraje, no lo sé, tengo que agradecerte por eso.

—Bueno —parpadeé sorprendido, una vez más Tessa mostraba aquella faceta que casi nadie conocía. —Me alegro de que algo me esté saliendo bien.

—Sabes… No creo encontrar otra manera de decir esto pero —inspiró, su expresión estaba entre una mezcla de seriedad y angustia. —Creo que es mejor que regreses a tu vida.

Sentí la brisa de la cercana primavera golpearme la espalda, algún mechón rebelde se mecía sobre mi cara, ella fijaba sus ojos en mí sin sentirse incómoda o algo por el estilo, estaban pendientes a mi reacción frente a esa frase.

— ¿Cómo? —Me dejó tan perplejo su frase que me creía que no había escuchado bien, aunque otra parte de mi quería estar seguro de lo que había comprendido.

— No necesito que alguien cuide de mí, no quiero que alguien esté obligado a estar conmigo. —tragó saliva, desviando sus ojos a algún punto en la calle, sus ojos brillaban más de lo normal y su nariz parecía congestionarse, era como si se echaría a llorar. —Esto siempre fue así. Tú atado a alguien más, yo queriendo atarme a ti, es enfermizo de tan solo decirlo.

—Tessa…

—No, deja que saque todo lo que tengo aquí dentro —se golpeó el pecho con el puño derecho y eso sonó tan fuerte que parecía una bomba detonada. —Tardé demasiado para darme cuenta, estaba celosa de alguien que nunca merecería, quería convencerme de una historia que nunca se escribió y nunca existirá. Yo… no sé qué es lo que vi en ti que me devolvió lo que creí nunca recuperar, y estoy eternamente agradecida por eso. Y ahora… solo quiero devolverte un poco de lo que me has dado, y creo que esto es lo que más mereces.

— ¿Y qué pasara contigo? ¿Con la banda?

—No voy a necesitarte —sonrió, ahora mostrándose como siempre. —Le diré a Iñaki que busque otro reemplazo, tú puedes renunciar sin problemas.

—Estás… ¿Estás segura de esto?

—No quiero verte —dijo firme, sin embargo, sus ojos parecían gritar otra cosa. —Somos adultos, no se necesita explicar el motivo, ¿Verdad?

Yo no podía decir algo, realmente no caía en la madurez y los ovarios que tenia esta mujer. Tragué saliva mientras ella se acercaba, tomó del cuello de mi remera y de un tirón me hizo inclinar hacia ella, plantó un beso en la mejilla, tardó varios segundos en despegarse y luego me liberó. Me miró a los ojos apenas tuvo la oportunidad, sus labios estaban entreabiertos y temblaban, pero ella los presionó para que yo no siguiera sintiendo esa tensión que manifestaba.

—Yo estaré bien, cumpliste tu promesa. —me sonrió honestamente, de verdad, era una sonrisa particular que pensaba, nadie podría mirar, solo su familia y yo. —Ahora es el turno de que yo me cuide, y sé que mi madre estará de acuerdo, aunque tú pienses lo contrario.

— ¿Por qué haces todo esto? —fue lo que me salió preguntar luego del silencio, ella comenzó a alejarse de mí de manera lenta. Se puso atrás de mí, y yo me giré para enfrentarla una vez más, escuché su suspiro apesadumbrado y como liberaba cada tensión con ese aire que salía de su boca.

— Porque tú perteneces a alguien más, y aunque intente luchar, sé que jamás podré ganar. —elevó un poco la curva de sus labios, enseñando una débil sonrisa. —Ahora vete, y ojalá no tenga que ver tu rostro barbudo nunca más.

Me espantó con las manos, aún manteniendo esa leve sonrisa. Yo puse ambas manos en el bolsillo de mí pantalón y la miraba sin poder creer todo lo que había sucedido recién. Era algo de no creer, todo me parecía un sueño. Y hasta podría ser considerado el más imbécil de todos solo por quedarme hasta la última mirada. Pero la realidad era que todo estaba sucediendo tan de repente, que apenas podía asimilar que Tessa tenía una buena relación con su abuela paterna, a pesar de los años.

&

Miré el espejo retrovisor, enfocando la vista en aquella caja que contenía los mangas que había sacado del depósito de la tienda de Gustav, tenía que devolverlos en algún momento, y como andaba haciendo limpieza en el apartamento, los encontré de casualidad. Regresé la vista hacia adelante, concentrado en la calle, tarareando las canciones de Samy que sonaban por el estéreo. Habían pasado unos cuántos días desde que Tessa y yo habíamos decidido apartarnos el uno al otro, ni siquiera me enviaba algún mensaje o algo, cuando regresé a casa quería convencerme de que todo era una pesada broma. Sin embargo, con el pasar de los días me daba cuenta de que todo había sido en serio, que ella se había quedado con su abuela por tiempo indefinido y que yo tenía una renuncia entre manos qué presentar.

Reconocía las calles de algún momento pasado, aquellas veces en las que a Bill se le daba por ir caminando de un lugar a otro. Yo era muy de andar en coche, pero él siempre decía que estirar las piernas era bueno de vez en cuando, entonces íbamos de la mano y riéndonos de cualquier cosa que se nos cruzaba por el panorama o se nos presentaba en la cabeza.

Lancé una sonrisa mientras rememoraba aquellos tiempos, me sentía tan nostálgico luego. Me había olvidado cómo era dejar todo atrás y estar con la persona que quería, estaba tan metido en algo que sabía que no podía lograr que no pensaba en lo bueno, en lo que me había llenado tanto de planes a realizar, de tantas energías para hacerlas, de tanto cariño que brindaría para siempre. Apagué el motor al haber estacionado, eché un suspiro pensando tanto en él, luego tragué saliva mientras aguardaba un momento en el auto, estaba con la cabeza trabajando constantemente en mi pasado con él que… quería regresar cuanto antes.

Sin darle más vueltas al asunto, apagué el estéreo, salí del coche para ir a la puerta del asiento de atrás, retiré la caja mediana y le di una suave patada para que se cerrara, le puse el seguro y subí la vereda motivado, hacía tanto que no veía a Gustav. Me había enterado que abrió otra tienda más grande, así que supuse que aquí lo podría encontrar; sabía la dirección de su casa pero a esta hora estaba trabajando así que decidí mejor venir hasta aquí.

Miré el logo de la tienda, y la dimensión exterior de la misma, era demasiado grande a comparación del anterior y parecía que había más variedad, me refería a que también vendían comics y doramas. Era muy curioso que las últimas dos letras tuvieran que ser mis iniciales, resaltaban muchísimo, recordaba que una vez un viejo amigo me había preguntado si yo había decidido poner una tienda de «cosas japonesas», como el lo había dicho. Pronto todo el mundo lo asociaba con las iniciales de mi nombre, era demasiada coincidencia, pero se sabía perfectamente que por eso no era.

Al ingresar, reconocí la pancarta tamaño real de algunos personajes de anime. No sabía que Eaaruma había sacado más tomos, y yo aquí devolviendo los que había tomado prestado. Una jovencita de anteojos gruesos y cabello arcoiris me recibió amablemente, le dije que era amigo de Gustav y una voz familiar obligó a que ambos miráramos en la misma dirección.

—Hace bastante que no te veo —sonreí automáticamente al ver su rostro, la jovencita nos dejó solos y con Gustav nos saludamos con una abrazo cuidadoso, debido a que yo sostenía la caja pequeña. — ¿Cómo has estado?

—Estuve peor — bromeé, no supe porqué me reí. Era la primera vez en tanto tiempo que reía de mi propio y estúpido chiste, Gustav me acompañó. — ¿Y tú? ¿Cómo anda la pequeña?

—Estamos bien, ella está bien, Linda está bien — sonrió. —Ser padre te cambia la vida.

—Me imagino, ya no podemos salir como antes tampoco —dije con nostalgia, aunque a mi también ya se me estaban quitando las ganas de salir a clubes nocturnos o pasarla en casa de alguno, escuchando música a tope y viendo a la juventud divertirse en sus asuntos mientras una contempla con sabiduría. —Pero no me quejo de ellos, supongo que ya es tiempo de dejar eso atrás.

—Tú lo has dicho —miró la caja. —Bueno, veo que por fin decidiste devolver lo que te «presté».

—lo siento — dije entre una risita —andaba con varias cosas y me he olvidado por completo.

—Descuida, lo entiendo —le pasé la caja y me dijo que le acompañara. Saludé al personal y pasamos por toda la tienda hasta llegar a una puerta que decía que solo personas autorizadas podían ingresar, le dio un empujón e ingresamos al depósito. Había poca luz, parecía la boca de un lobo, había más estantes con cajas que en el frente tenían escritos diversos nombres, en japonés y alemán, para que pudiéramos entender.

Lo dejó en un lugar donde estaba vacío, luego se dio la vuelta para que pudiéramos seguir hablando, yo solo enfocaba la vista en toda la inmensidad del depósito, había luz pero le daba un aspecto terrorífico, ya recordaba un manga de terror y me sentí como un idiota por asociarlo de esa manera. Gustav me dijo que podía ir a su oficina a hablar más tranquilos, así que le seguí por el pasillo que formaba uno de los tantos estantes que había a nuestro alrededor. Llegamos al lateral izquierdo del depósito, y allí había una puerta marrón con un cartel claro que decía Gerencia.

La abrió y los dos ingresamos, por el aire se sentía un rico aroma a café, y era que la cafetera eléctrica estaba llena. Me ofreció una taza y le agradecí, me acomodé en una de las sillas que había y observaba como él se movía por la habitación, lo hacía con tanta paciencia pero percibía como una tensión entre nosotros.

— ¿Sabes algo de Georg? — le pregunté, él negó con la cabeza. Mi mejor amigo había optado por dejarme a la deriva, luego de haber decidido aquello.

—Lo único que sé es que está en Francia con Susanne, ya sabes, las vacaciones antes de primavera que se dan — Asentí, lo había olvidado.

Me tendió una taza y luego me pasó el azúcar, me acomodé en su escritorio y comencé con la pequeña tarea. Los dos estábamos en su escritorio, en silencio, yo sentía su mirada constantemente sobre mí, y cuando quise mirarle se hizo de fijar a otro lado. Comencé a sospechar que algo estaba pasando, así que quise averiguarlo.

— ¿Qué sucede? —pregunté y él me miró, mostrándose confundido, puse mala cara. Yo no era tan idiota. — ¿Hay algo que quieras decirme?

— ¿Estás bien? Digo, bien emocionalmente. —fruncí las cejas, en serio que no entendía esa preocupación extrema. Gustav me miraba con ojos saltones detrás de sus gafas, como queriendo que le contestara con nada más que la verdad.

— ¿Por qué?

— ¿Sabes algo de él? —dejé de mezclar con la cuchara para poder postrar toda mi atención en él. Tensé los músculos de mi rostro y me puse serio.

—No —fue casi audible, no entendía porqué mi voz no quería salir del todo. — ¿Pudiste verlo?

Suspiró, yo bebí el café mientras esperaba a que me dijera algo. Si las actitudes de Gustav se estaban manifestando de esta manera, era porque algo estaba sucediendo. Me recargué en la silla, y él solo se tomaba el tiempo de contarme lo que sea que tendría para decir.

—Lo vi hace unos cuantos días, parecía estar bien, incluso para ser temprano tenía demasiada energía.

Yo sonreí, por lo menos estaba feliz con David, y eso era lo que importaba. ¿Realmente tendría que ser así? Por un lado era horrible saber que yo no era el causante de su felicidad, que no era testigo de sus sonrisas, o la última persona que el veía antes de cerrar los ojos para dormir. Sin embargo, el que no estuviera como yo, me refería a andarse arrastrando por el suelo por la nostalgia, era buena señal. Yo cada vez me hundía en mí mismo y en lo imbécil que había sido.

— ¿Estaba con David?

—No. —hizo una pausa, me miró fijo a los ojos. —Estaba con Shannon… Y alguien más.

— ¿Shiro? —fue lo primero que se me vino a la mente. Él negó con la cabeza.

— Sé que siempre tengo el papel de chismosa pero… Es porque todos merecen saber la verdad, sabes siempre que siempre fui así. —Le di la razón. —Él… No sé quien es el que estaba a su lado, pero parecía estar más que contento a su lado.

— ¿Cómo? —fruncí las cejas, me di cuenta después que había golpeado suavemente mi mano contra el escritorio y eso advirtió a Gustav, por lo que se hizo para atrás manteniendo la guardia.

—No lo sé, tal vez vi mal, pero sí estaba con alguien más.

Alguien más… ¿Alguien más? ¿Qué carajo era ese alguien más? ¿Qué papel tenía en su vida ese alguien más? ¿Y por qué me estaba preocupando tanto por ese alguien más?

&

La luz paseaba por el techo como si no tuviera nada que hacer, aquella línea amarillenta semejante al rayo del sol iba de derecha a izquierda cada tanto, y era que los coches pasaban como nunca. Tal vez porque había un acontecimiento importante, o solo porque querían llegar a casa cuanto antes después de una larga jornada laboral. Mi jornada por el momento era tumbarme en el suelo, sin ganas de hacer algo productivo, solo escuchar los sex pistols, samy o cualquier otra banda que pudiera distraerme. ¿Distraerme de qué? De todo, del pasado, de Tessa, de mi futuro, de Bill. Mi Bill, ¿Qué estará haciendo en estos momentos?

Intenté ponerme en contacto con Shiro, estaba de viaje en L.A y me dijo que en cuánto pisaría Alemania me avisaría sobre un trabajo que me interesaría. La realidad era que muchas ganas no tenía para volver a trabajar, pero tampoco me gustaba holgazanear, mantenerme ocupado era lo mejor que podía hacer en este momento. Y al enterarme de aquel misterio de Bill, supe que tenía que enfocarme en algo o perdería la cabeza.

No era que me estaba haciendo tanto drama en mi interior, sino que se me hacía un tanto curioso por la manera en la que Gustav lo había dicho. Desde ese día no había parado de pensar en quién podría ser, también me preguntaba qué habría sucedido con David, o tal vez solo era uno de sus amigos y yo armando un cuento erróneo y vueltero en mi cabeza. Sí, solo era eso. Tenía que ser eso, y solo eso.

Escuché el timbre y me levanté de inmediato, casi corriendo atendí y la voz de Shiro me dijo que le dejara pasar a través del teléfono del apartamento. Accioné un botón que daba acceso a la entrada principal y él ingresó, suponía. Luego empecé a acomodar un poco todo, dejé las botellas de cerveza sobre la mesada de mármol y junté las cajas de pizza que había desparramadas alrededor del cesto de basura; todo era un jodido desastre. Pude hacer todo antes de que Shiro tocara la puerta, fui a abrirle y nos saludamos con un merecido abrazo de reencuentro.

—Vine antes de lo acordado, ha surgido algo —inspeccionó alrededor, fijando el estado de mi hábitat. — ¿No está Tessa?

—Han surgido varias cosas desde que te fuiste.

Nos pusimos al tanto, empezamos a hablar sobre todo, empezando por Tessa. La verdad que necesitaba desahogarme con alguien, y con un par de cervezas encima, pude contarle con lujo de detalles todo lo que había sucedido en el tiempo que no nos habíamos visto. Era como quitarse un peso de encima, me había ido tanto de boca que las expresiones de Shiro me hacían dar cuenta que tenía tanto en mí para liberar. Él solo asentía y acotaba algunas cosas, siempre aconsejándome, diciéndome qué era lo mejor, y con eso se refería a que fue bueno lo de Tessa, que se había tardado bastante pero que era una suerte haber sellado esa etapa innecesaria.

Quitando eso, me habló del nuevo empleo, se había enterado por mi padre porque yo tenía planeado decirle pero él se adelantó. La renuncia la tomó bien, no me preguntó el verdadero motivo, parecía que también lo estaba esperando con muchas ansias, lo único que me había dicho era que no tendría que andar de vago por tanto tiempo, y al parecer le comentó a Shiro y por eso él estaba aquí ahora. Además de que necesitaba hablar con él, suponía que aprovechó para matar dos pájaros de un solo tiro.

—… Ésta es la canción que me dio —me tendió un papel, lo tomé con entusiasmo. No me había dicho de quién trataba todavía, solo que había descubierto a un nuevo artista que dejaría bastante conforme a mi padre con las ganancias, pero que, ajeno a eso, el talento de esa persona era sublime. —Le dije que podrías ayudarle… Necesita un empujón más, una que pudiera completar satisfactoriamente esta canción porque, aunque es muy buena, siento que le falta algo.

Lo leí en mi mente, era muy desgarrador porque me sentía identificado un poco. Pronto pensé en Bill y en mi cabeza ya se formaban las frases que podrían complementarlas, tomé el teléfono de inmediato y comencé a teclear en el bloc de notas. Sentía la mirada de Shiro, no me molestaba, más me concentraba en escribir esas frases que se me venían de manera repentina a la cabeza. Sentía una presión en el pecho, no sabía si era le emoción que estaba manifestando al postrar lo que sentía, estaba descargando algo mío, plasmando un suceso para completar la canción, un suceso ajeno con quien sea el dueño de esta canción.

«You say I’m fixed…But I still feel broken. Broken»

«Lights on, lights off. Nothing works»

«I’m cool, I’m great, i’m a jerk»

«I’m not lettin’ go, I’ll keep hanging on»

«They said he’s fine, left alone»

«The screams in my mind, I keep them a secret»

Se lo enseñé a Shiro después, él trató de coordinarlo todo. Se comportaba un tanto extraño y yo solo tronaba mis dedos. Justo un segundo antes de elevar la mirada a mi rostro, tragó saliva.

— ¿Sabes quién es el autor de la canción? — me preguntó, parecía preocupado, yo negué con la cabeza. —Sabía que podrías crear la canción perfecta, ya que ambos están, en cierta forma, heridos.

— ¿De qué estás hablando? —le miré anonadado, confundido por eso.

—…Fue Bill quien lo escribió, es a él a quien quiero que representes.

¿Bill? ¿Mi Bill?

Continúa…

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por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

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