N/A: Les advierto, preparen pañuelos, la leche tibia y los documentales. Me van a odiar, yo lo sé.

«Wünschen». Temporada II

Capítulo 19: La otra cara del deseo

— ¿Qué es esto? ¿Jabón para lavavajilla? —deposité el peso de la mano sobre la manija oscura, escuché la risa de Jared y miré por sobre mi hombro derecho. —… ¿Por qué tan líquida?

—Es que eso en realidad es el purificador de agua —sentí sus pasos, segundos después una brisita fresca de su perfume me cubrió la nuca y él se situó a mi lado, su mano fue en dirección hacia la mía pero la aparté para que me enseñara. —Es feo tomar agua de la canilla.

—Oooh… —dije conmovido por tal descubrimiento, de seguro parecía un niño curioso. —Ya entendí.

Volteé a mirarlo y sus ojos azules tan cálidos me fijaban alegres, con un brillo tan sereno que lograba estabilizarme. Cuando hacíamos contacto visual yo entraba en un mar de hipnotismo puro, era tan sublime su mirada que permanecíamos así por el tiempo que queríamos, sin comentarios vergonzosos o alguna cosa de esas. Lo nuestro fluía tan natural como agua entre las rocas.

—Te tocó un apartamento realmente bonito —dije mirando la alacena, siempre tenía ese fetiche de ver cómo eran las cocinas de los hogares, y con razón, ya que luego de haber tomado un curso de cocina tenía sentido esta nueva manía. —Te felicito por ello.

—Y ahora que tengo una razón para quedarme, necesitaba acoplarme a sus cualidades —me guiñó el ojo y yo solo sonreí, sin sentirme intimidado. — ¿Quieres tomar algo?

—Un poco de café me vendría bien a esta hora —dije sobándome la nuca, eran las tres de la mañana y recién habíamos llegado del estudio.

Él fue a prepararlo, hacía una semana se había encontrado este apartamento, lo estaba alquilando y era perfecto. No quedaba lejos del estudio, eso ya era bueno, y el diseño del interior realmente me dejaba demasiado perplejo, todo muy moderno, me sentía como una estrella de cine. En la cocina había una mesada de mármol en el medio, con las hornallas de un extremo y lo que restaba era para utilizarla como mesa o lugar para preparar las comidas, unos taburetes de metal se situaban a su alrededor y las ollas o sartenes colgaban sobre nosotros pero no lograban tocar nuestras cabezas.

— ¿Qué dijo Shiro? —me preguntó Jared, sacándome de mi admiración por la cocina.

—Unos cuantos días más y podremos grabar la última canción —dije emocionado, ya faltaba solo «That day», como había quedado al final. Shiro me dijo que andaba buscando el ritmo junto con Shannon y alguien más, por lo que debía esperar. —La estoy pasando fatal con el sueño pero el hecho de que se esté haciendo todo como soñé me mantiene despierto.

—Podrías quedarte aquí el tiempo que quieras —me dijo mientras servía café en una taza muy bonita de color naranja, tenía una carita feliz en la parte frontal. —Si no fuera por el estúpido novio…

—No tengo novio. —nos miramos, lo había dicho con tanta seguridad que él se mostró confundido ante tal confesión. Suspiré y me encorvé mientras miraba como él me pasaba la taza, me senté en una de las sillas altas de metal, y supuse que tenía que saber la razón.

¡Nos vemos el domingo! —grité mientras saludaba con la mano en alto. Los hermanos Leto se alejaban de mí, yo aguardaba en la vereda, mi mejor amigo pasaría a buscarme ya que habíamos quedado en cenar.

Era de esperarse que se tardara un poco, así que saqué un cigarrillo del paquete y lo encendí mientras iba a acomodarme cerca de la pared para no estorbar a las pocas personas que transitaban por la calle. Miraba con atención de un lado a otro, aunque era obvio que vendría del lado izquierdo porque andaba en el coche junto a Blas. Ese también se volvió holgazán y mucho no quería caminar, me recordaba a otra persona.

Mi móvil vibró en el bolsillo de mi chaqueta, por lo que lo retiré de ahí y miré la pantalla, se trataba de un mensaje de mi mejor amigo, diciendo que estaba retrasado porque habían salido de la ciudad al mediodía y ahora estaban regresando, que en veinte minutos estarían aquí. Guardé nuevamente el teléfono, fumando tranquilamente lo que restaba, distrayéndome con los vehículos que pasaban o los largos cabellos de las jovencitas que rondaban frente a mí.

Tomé un par de rastas, estaban creciendo demasiado, y agradecía que Zira supiera arreglarlas sino estaría hecho un asco en este momento. Por un instante se me había cruzado por la cabeza la idea de quitármelas, pero se me iban al segundo siguiente; me gustaba como me quedaba. Mi mano se desplazó por mi pecho y escuché un sonido tintineante, separé la mano de ese lugar, poniéndolo a la altura de mis ojos. El collar que David me había regalado yacía en mi muñeca, no me había acordado de ello, prácticamente esa bijouterie ya formaba parte de mi cuerpo ya que no se estropeaba ni oxidaba.

Lo primero que relacioné con la pulsera fue la noche en la que me la había obsequiado, el ambiente era muy distinto, se notaba en el aire que parecía haber algo entre nosotros. Nuestras iniciales se superponían, a veces él daba la cara, y otras yo le demostraba al mundo que estaba con alguien, esos dijes tintineaban cada que movía la muñeca, y aunque me había acostumbrado a eso, era inevitable regresar a ese suceso. Lo segundo que se le sumó al objeto fue la actitud indiferente, era un antes y un después, nada que ver al David de un tiempo atrás. Era obvio que se había hartado de mí, dos años estuvo tratando de conseguirme por completo, y al no lograrlo, se fue con alguien más.

No sabía si ella le hacía bien, si era una de esas aventuras en las que se descubría el verdadero amor. Pero el que la indiferencia fuera una pista de la infidelidad, me decía que tenía algo que ver, o simplemente se cansó de mí como todos y buscó la manera de alejarme sin tener que cargar con las consecuencias.

Bajé la muñeca al oír la bocina, fijé hacia adelante con seriedad y tensé la cara al verlo. Me estaba mirando y me hizo una seña con la cabeza, yo observé a mí alrededor un instante y luego avancé a paso seguro hasta asomarme a la ventana del copiloto.

Entra. —Enarqué una ceja, mi expresión indiferente lo decía todo. Él tragó saliva y le quitó el seguro, al parecer tenía fija la idea y no pensaba desaprovechar esta oportunidad. A regañadientes abrí la puerta para deslizarme y cerré la misma al acomodarme en el asiento del copiloto, fijando hacia adelante.

No te vayas tan lejos, vendrán a buscarme en un momento —fue lo primero que dije, no tenía por qué saludarlo. Pasaron dos semanas desde que lo había encontrado, desde entonces no le atendía las llamadas ni contestaba sus mensajes, tardó demasiado en aparecerse por aquí.

Estacionaré por aquí —me contestó, se fue unos metros más adelante y encontró un lugar casi frente al bar que estaba al lado del estudio, no se fue tan lejos. Al apagar el motor, deduje que se vendría una conversación de la cual ya estaba preparado.

¿Vienes a disculparte? —le miré serio. Él lo hizo de reojo y sus manos cayeron pesadas sobre sus piernas. —No es necesario que lo pidas, estabas consciente de eso y de lo que, seguramente, andabas haciendo en esos días que te ausentabas.

Y aunque eso fuera cierto, tengo la necesidad de hacerlo igual. —se quitó el cinturón de seguridad para poder moverse mejor en su asiento, sus ojos tuvieron contacto con los míos y mantuve mi postura, sin quebrarme, sin sentir nada doloroso. —No fui honesto contigo, no te dije lo que me sucedía.

¿Sabes? —fruncí el ceño. —Esto es realmente innecesario, tú y yo nunca fuimos algo oficial. Y no quiero escuchar un discurso como si me hubieras amado y por un desliz te sientes la más mierda del mundo. No tengo por qué escuchar eso, ya lo he vivido miles de veces.

Me crucé de brazos de mala gana, como el jodido caprichoso que era. No tenía que echarle la culpa a él, sabía perfectamente que todo era culpa mía por no saber elegir a las personas, siempre haciendo favores y yo quería que me lo devolvieran de alguna forma. A veces lo hacían bien, pero otras me daban una bofetada de regreso.

Lamento si te lastimé.

No creo que me hayas dañado más de lo que ya lo han hecho —mi tono irónico parecía pisotearle la garganta, ya que él la aclaró luego de eso.

Miré mi muñeca y la pulsera estaba ahí, comencé a retirarla del lugar, sentía la mirada de David sobre la misma. La sostuve en la mano y le miré, él extendió su mano y la deposité allí, ambos fijamos los dijes que resplandecían, parecía no perder nunca su lujo, incluso sentía que era demasiado llevarlo conmigo todos los días pero me había acostumbrado a ello una semana después.

Supongo que si le quitas esta parte —señalé los arcos de la B. —Sería una resplandeciente E, y no necesitarás comprarle otro a Evelyn.

No quise mirar su reacción, ya todo estaba dicho con eso. Mi teléfono empezó a vibrar y miré el mensaje de mi mejor amigo. Había llegado antes de lo acordado y todo porque tomaron un atajo, miré para atrás por la ventana y él estaba saliendo del coche y Blas también miraba para todos lados.

Tengo que irme —regresé la vista a él, sus ojos no se apartaban de mí, eché un suspiro. —Te deseo lo mejor, en serio lo digo.

Él asintió mientras apretaba sus labios, tal vez él esperaba que mi reacción fuera otra, que me echaría a llorar en sus brazos o que le golpearía e insultaría. Sin embargo, ya había pasado por aquello, ya no podía ponerme en ese papel ni aunque lo quisiera, no estaba tan atado a él como para sentir algo de eso, no se había encarnado tanto en mí como los demás, no me había enamorado como lo había hecho anteriormente. Podía ser que se sintiera decepcionado de eso, el darse cuenta que yo no sentía una mierda.

Abrí la puerta de un solo tirón y salí, sin decirle adiós, sin voltear atrás. Dejé todo en ese condenado asiento.

—O sea que… En teoría tú le cortaste —Asentí mientras le daba un sorbo al café.

—Bueno, él me dio el motivo para hacerlo, aunque no éramos nada concreto en sí —jugué con la cuchara en el aire. —Es asunto cerrado.

—Entonces… ¿No te molestaría si te pregunto de irnos a Los Ángeles? —le miré divertido, pero también curioso por esa propuesta. —Sé que falta un poco para tu cumpleaños, y el verano allá es genial, te va a gustar.

—Falta un mes y dos semanas —dije haciendo el cálculo en mi cabeza — ¿Ya estás haciendo planes por mí?

—No, no, no, claro que no —me reí ante sus gestos, pensó que me estaba burlando o algo de él, pero la verdad era que me gustaba que se pusiera así, no lo sé, me daban ganas de abrazarlo como si fuera un osito de felpa. —Solo es una posibilidad.

—Me gustaría —hablé y él me miró sorprendido, me reí nuevamente.

— ¿Hablas en serio?

—Muuuuuy en serio —hice una pausa —Me vendría bien despejarme un poco, pero con una condición.

— ¿Cuál? —preguntó confundido. Era hermoso hasta cuando fruncía las cejas y mostraba esa expresión, parecía un pequeño felino con ojos tan bonitos.

—Que yo pague mi boleto.

—Hecho —me sonrió, conforme con mi decisión. Estiró su mano y la estreché con la mía, nos reíamos de eso y continuamos bebiendo café.

De pronto el sueño se me había ido y Jared comenzaba a planear nuestro futuro viaje de cortas vacaciones, para ese entonces, suponía, ya terminaríamos de grabar la última canción y ajustar algunos detalles. Le miraba mientras sostenía la taza entre mis manos, apoyado con los codos sobre la mesada, un poco inclinado. Me quedaba absorto en sus gestos al contar sobre sus largas caminatas por los bosques de California y los relieves que podríamos visitar, me fascinaba como lo trataba de dibujar en el aire con sus dedos, la expresión aventurera que manifestaba con esa sonrisa tan brillante que le salía naturalmente.

Era como un libro que podría leerlo miles de veces y jamás cansarme de los capítulos, que ya me los sabría de memoria. Jared era una persona realmente interesante, en todo aspecto que se presentara, nunca en mi vida pensé que me encontraría con alguien como él. Tan libre, con ganas de vivir el hoy, sin pensar en el pasado o lo que podría suceder en el futuro debido a los acontecimientos presentes.

No podía explicar exactamente cuánto admiraba a este hombre, realmente agradecía a la vida por haberme puesto a Jared en el camino.

—Me estás mirando mucho… —dijo bromeando y quitándome de los pensamientos —eso me agrada.

Me entré a reír porque se cruzó de brazos, sonriendo tan niño que casi me ahogué con el café. Él vino a mí y me dio palmaditas en la espalda mientras le hacía señas con la mano de que estaba bien, claramente, si tosía como retardado era evidente que no. Lo que veía a medias era que él fue a por un vaso de agua, y de un segundo a otro, me lo encontraba bebiendo y calmando este pase al inframundo.

—Joder, que pensé que tendría que irme contigo al otro lado —me dijo calmado, yo me sentí un imbécil por haberme atorado con algo tan insignificante como un sorbo de café. —No vuelvas a hacerme eso.

—Lo siento, no sé qué pasó… —miré la taza y la señalé con pavor. — ¡Fue esa taza de mierda! ¡Quiso asesinarme!

—Eres muy adorable, y cuando te enojas eres el doble —le miré con las mejillas sonrojadas e intenté calmarme.

—Eso no es cierto —coqueteé meneando los hombros, actuando como una niña presumida.

Mi teléfono vibró en el bolsillo de mi pantalón, en ese instante Jared dijo que iría a buscar algunas fotos para enseñarme sobre los lugares que visitó en California. Abrí el mensaje y… no esperen, el teléfono me empezó a vibrar como condenado y se trataban de mensajes de mi mejor amigo. Me alarmé porque solo hacía eso cuando estaba en problemas, me calmé y leí el primero.

«JODER, LA PUTA MADRE, PASÓ ALGO HORRIBLE» «Bueno, no horrible pero me estoy sintiendo mal» «Fui a ver a Bruno…» «Y sí, me besó» «Y sí, también le seguí la corriente» «Ampliaremos…»

Me entré a reír otra vez con su último mensaje, este Andy parecía no tomarse nada en serio. Le contesté que tendría que contarme todo con lujo de detalles una vez que terminara ese reencuentro, yo tendría que haber ido pero estaba en el estudio. Y aunque ya sabía que era obvio lo que ese Brunito iba a cometer, dejé el misterio para Andy, así lo podía descubrir solo. Lo siento mucho Blas, pero solo será momentáneo. Era una promesa de mi parte.

— ¿Jared? ¿Por dónde andas? —pregunté mientras me bajaba de la silla y le daba el último sorbo a la taza, escuché su voz a lo lejos y deduje que estaba del otro lado del apartamento.

Atravesé el living, mirando algunas cajas que aún faltaban por desempacar, ese sofá pedía a gritos mi trasero para acomodar esos almohadones, se lo veía tan cómodo, en algún momento de mi vida tendré la oportunidad de desparramarme por ahí. Continué mi camino, miraba la entrada al pasillo, tenía muchos cuadros de obras abstractas, algunos los reconocía gracias a mi madre y otros eran demasiado llamativos, las paredes blancas eran perfectas para colgar cuadros así, Jared lo pensó muy bien al conseguir este lugar para vivir.

Divisé una puerta abierta, se trataba del dormitorio ya que una cama matrimonial con sábanas color bordo la cubrían, además de que el suelo estaba completamente alfombrado y había prendas colgadas sobre un silla, un escritorio con miles de papeles, me acerqué para ver mejor el panorama. Deslicé la puerta y se abrió hasta donde pudo por el impulso, todo era tan blanco que parecía ser de día, y noté que en la parte restante del escritorio estaba su laptop, el armario del lado izquierdo abierto de par en par, seguí un sendero de pañuelos hasta ver la totalidad de la cama, parecía ser también muy cómoda, cuando quise voltear para atrás, sentí que alguien se me tiró encima y pegué un grito tan de mujer, que seguramente me habrán escuchado hasta el otro lado del mundo.

— ¡Joder, me quieres matar! —dije aturdido, él se reía, me sostenía entre sus brazos y sonreí. Me llevé un gran susto pero al final me uní a su bromita. Apoyé mi cabeza sobre su hombro, nos tambaleábamos de un lado a otro, como si yo estuviera sufriendo tanto que no podía consolarme por completo.

Ni él ni yo decíamos algo, solo dejamos de reírnos para permanecer abrazados, automáticamente la curva de mis labios se alzaba, dejando a la intemperie una sonrisa que demostraba que estaba disfrutando del momento. El perfume y el café me cubrían, los brazos de Jared me daban un calor que, por un instante, lo había sentido familiar. Me sumergí más en él, ahora logrando que mis brazos pudieran rodear su cuerpo, él no dijo nada, solo siguió estrujándome, podía sentir los latidos de su corazón, iban a un ritmo normal, por lo que no se encontraba nervioso, ¿Por qué iba a estarlo?

— ¿Bailaremos toda la noche? —al oír eso, mantuve la sonrisa y solo separé mi cabeza de su hombro. Nuestros ojos se encontraron, la distancia de nuestros rostros era mínima, casi podíamos sentir la respiración del otro, pero bajo ninguna circunstancia quería ir más allá de esos hermosos azules, solo podía permanecer sujeto a ellos.

Una rasta se me interpuso en la cara, no supe cómo. Él lo sujetó entre sus dedos y lo llevó hacia atrás, vi detalladamente como apretó sus labios y sus ojos me decían que querían cometer algo que ambos sabíamos de qué iba. Y en lugar de eso, él solo apartó la vista de mí y se separó lentamente. También corrí la cara a un costado, no me sentía avergonzado, pero me estaba dando cuenta de lo que iba a ocurrir, ¡Y ni siquiera me sentía ardiendo por ello!

— ¿Es cómoda? —señalé la cama para cambiar el tema, él asintió. Mi pregunta era muy estúpida, todas las camas eran cómodas, había algunas excepciones pero… ¡La cama, era la cama!

Me senté en el borde y comencé a saltar, rebotaba demasiado y me tiré para atrás, disfrutando del confort y la suavidad de las sábanas. Cerré los ojos e instantes después, me di cuenta de que Jared también se había acostado.

—Desearía una cama como esta… —comenté, y ahora que lo pensaba mejor, todo parecía darse en doble sentido, volteé a mi izquierda y Jared me observó divertido. —Ojo, me refiero a que es muy cómoda.

—Hablando de deseo… Me dijiste que él —rápidamente supe de quién hablaba. —Te había dicho que eras su deseo, ¿Sabes lo que eso significa?

— ¿Algo que uno quiere con todo su ser? —intenté responder pero él torció la mandíbula.

—Hasta donde tengo entendido, un deseo no es bueno del todo, tiene su parte negativa. —Se sentó, dándome la espalda, yo le contemplé y sus músculos se tensaban detrás de esa camisa clara. —Y no puedo parar de pensar en eso, digo, a mí también me ha sucedido algo similar y el deseo era una palabra que estaba en su vocabulario todo el tiempo.

—Me estarías asustando —Me puse erguido en un segundo, mirándole el perfil, cruzando las piernas. —Sé cómo debes sentirte, nos pasó lo mismo, pero no tienes que dejar que eso te siga atormentando, ¡Mírame! Ya estoy como si lo hubiera superado por completo.

Él se sobó la nuca, parecía invadirse con sus recuerdos, la historia de él era tan desgarradora como la mía, con la excepción de que el idiota que le rompió el corazón, lo hizo muy en serio. Todavía lo mío era algo mínimo a comparación de lo que le había hecho a él, yo no podía creer que existieran ese tipo de personas que fueran tan mierdas como para aprovecharse de lo que las personas se pasan, la mayoría del tiempo, buscando para encontrarse a sí mismos.

—Puede que tengas razón, un deseo puede tener el lado feo pero todo el mundo sabe que se necesita un poco de eso para vivir, sino todo sería muy raro.

—Pero —me miró — ¿Qué es exactamente un deseo? Yo lo entiendo de una manera, tú de otra. Para mí, un deseo es como un hueco que tiene que ser rellenado para no sentir dolor, para continuar sin preocuparte por la infección que se te genera en la piel.

Tragué saliva mientras deslizaba la mirada a mis manos, podía ser que tuviera la razón. Jared estaba diciendo que solo éramos como el segundo plato de alguien más, un juguete para distraerse del verdadero dolor. Sentí una presión en el pecho, el mundo era muy morboso, teníamos que disfrazar nuestras peticiones con promesas y cosas bonitas para sentirnos completos, aunque la triste realidad era que uno jamás podría sentirse completo.

— ¿Y qué sucede si dos personas que saben ese significado, se juntan? —retrocedí la vista, esperando a que me respondiera. Era obvio, también intentaríamos hacer lo mismo con otras personas, un ejemplo de ello era David. Yo lo había usado para querer olvidarme de Tom, ¿Acaso quería hacer lo mismo con Jared? No, él era diferente.

—Piden deseos nuevos —me contestó, yo inspiré profundo. —Pero con el tiempo se transforma en algo más sólido, ya no es por nostalgia o abandono lo que uno hace, sino porque se decide seguir adelante.

Luego de escuchar eso, solo me quedé callado. No podía sentirme más identificado con él, y con razón, si habíamos atravesado algo similar y eso nos marcó de por vida. Era absurdo querer ayudarse, sabiendo que ambos estábamos tan rotos, no podíamos encontrar la manera correcta de seguir el camino sin toparse con los recuerdos. Esto era el motivo de porqué él y yo nos entendíamos al pie de la letra, nos contemplábamos debido a que nos rompieron el corazón, ¿Y qué podríamos hacer? Simplemente pedir nuevos deseos, como él lo había dicho.

Me acerqué a él sin pensarlo dos veces, y le planté un beso en la mejilla, aquella misma estaba cálida y volteó enseguida en mi dirección, mostrándose sorprendido. Tal vez era obvio que solo queríamos hacer esto porque andábamos de despechados, pero también teníamos que admitir que algo muy bonito estaba surgiendo entre nosotros, y sería un desperdicio si esto se llegara a estropear.

Al estar cara a cara, mis ojos bajaron a sus labios, él hizo el movimiento siguiente. Sus labios rozaron los míos en un beso casto, sin obscenidades, solo sintiendo el calor de los mismos y la sensación de probar unos nuevos. Cerré los ojos y él hizo lo mismo, apenas movió sus labios pero no fue más allá de eso, por dentro comencé a sentirme un tanto extraño, y antes de que todo se pusiera de cabeza, yo abandoné sus labios mirándole. Estaba cayendo en lo cometido, mis mejillas estaban sonrojadas, sus ojos azules me fijaron de manera tan intensa y comprendimos que habíamos formado un deseo nuevo.

Uno morboso, masoquista y doloroso deseo.

Continúa…

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por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

Un comentario en «II Wünschen 19»
  1. Un deseo nuevo. Me asusta. ¿Por qué Bill no puede primero sanar su corazón antes de ir con alguien más? Aunque eso lo hace interesante, pero al final sabemos que por mucho que intente, Tom no sale de su cabeza y blah, blah, la historia se repetirá otra vez.

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