«Wünschen». Temporada II
Capítulo 2: Contradictorio
—¿Cómo reaccionaste? —me preguntó serio.
—La verdad, mejor de lo que esperaba. En serio, pensé que lloraría o algo así. Me sorprendí de haberlo tratado como si nada hubiera pasado, era como volver a lo de antes… Y ese lado bromista —me reí al recordar su sonrisa. —No cambió en nada.
—Sin embargo, tú crees que cambiaste, ¿Verdad?
—Sí, cambié. —suspiré y miré a Pumba al pie de la cama. —Pero supongo que para bien, si hubiera llorado en ese momento sería de emoción de volver a verlo.
—¿Te das cuenta? Lograste pensar en ti, cambiaste por ti, ¿No recuerdas cuando te ponías mal por Benjamín o Alex? El Bill con el que estoy hablando ahora es uno que ha madurado, no dejas que te abrume lo demás. —hizo un silencio, yo sonreí. —Dejaste de hacer cosas por los demás, ahora estás haciendo las cosas por ti, y eso es lo que realmente importa. Estoy orgulloso.
—Te extraño, feo —agregué. —En este momento necesitaría un abrazo tuyo, ¿Cuándo vuelves de España? ¿KillYa no empezaba a ensayar el próximo mes?
—Es complicado ese tema, Blas me dijo que podrían separarse después del Tour —sonaba triste. —Es horrible para mí como fan, pero lo reconforta el que esté saliendo con uno de ellos.
Los dos nos reímos, usualmente nos hablábamos por videollamadas, y rara vez nos juntábamos a hacer algo. Todo este tema de la Taberna, y que él estaba trabajando de lo que había estudiado, nos separaba un poco, menos mal que existía Internet y la tecnología. Ria me enseñó todo lo que tenía que ver con redes sociales, y todo porque David me sacaba fotos y los «subía» a dichas redes. Al principio me molestaba pero terminé acostumbrándome, y los comentarios que hacían me daban a pensar que algunas chicas estaban locas, en el buen sentido.
—¿David lo sabe?
—No tiene por qué saberlo, yo estoy bien con él —suspiré— Y Tom está con Tessa, así que ganamos todos.
—En serio no puedo creer que esa zorra consiguió lo que quería —dijo con rencor, él no podía dejar de odiarla, y Ria tampoco a pesar de que no los conocía, le conté la historia y decía que Tom era un pendejo, que le patearía las bolas si lo llegara a conocer. Esos dos —Espero que termine con ella y vuelva contigo, tú eres mucho mejor.
—¡Ay, Andy! —Exageré los gestos con las manos —Eso no va a suceder, no hay que arruinar la felicidad de nadie.
—¿En serio piensas que él es feliz?
Me quedé mirando un punto fijo en la habitación, ¿Realmente lo era? No lo sabía, por mi parte, intentaba serlo. Me había costado mucho llegar a lo que era ahora, los primeros días solía llorar hasta deshidratarme, y un día dejé de hacerlo cuando me dije que tenía que aprender a superar las cosas. Me había prometido cambiar, no dejar que nadie me pisoteara y hacer lo que realmente quería.
—Puede ser, no creo que estando conmigo lo sea, ya sabemos cómo terminó todo.
—Ay, por dios —dijo entre dientes. —Recuérdame que al volver te dé la cabeza contra la pared. Dices que cambiaste pero lo testarudo no se te quita.
—Entonces supongo que me golpearas cuando te cuente lo que pasó hace dos días…
Los días de otoño cada vez eran más fríos, hasta rumoreaban que podría caer nieve antes de que llegara el invierno, Mika me había pedido quedarse una semana conmigo, ya que su familia se iría de vacaciones y ella quería quedarse para el debut de Andy en las vacaciones de invierno. Con gusto lo acepté, además de que Ria viajaría a Filipinas a ver a su familia, me haría bien tener compañía.
Me detuve frente a la vidriera de la tienda de Georg, él estaba cambiando al maniquí y miró hacia adelante, al reconocerme sonrió. Ingresé al local, sus compañeros me saludaron y al toparme con el chico de ojos verdes, su expresión era algo rara.
—¿Estás bien? —pregunté después de darle un abrazo. — ¿Estás sonriendo a la fuerza?
—Hablaremos mejor en el depósito —señaló para atrás. Yo asentí y le seguí, él le ordenó a un compañero que terminara con el maniquí, nosotros fuimos por un pasillo detrás del mostrador, había unas tres puertas. Caminamos hasta dar con la última, pero no era el depósito sino el vestuario de los empleados; él ingresó primero.
—¿Por qué me traes aquí? —pregunté con una sonrisa divertida, al plasmar la vista en el interior, me quedé helado al encontrarlo en el medio de la habitación. — ¿Tom?
Estaba confundido, no entendía una mierda, ¿Qué hacían estos dos juntos? ¿De qué carajo me perdí? Les miré sorprendido a ambos, Georg cerró la puerta y se puso a mi lado cruzado de brazos, yo no podía decir algo porque el asombro no me abandonaba.
—Le dije que era mejor darle tu número, pero él te quería ver ahora. —con el ceño fruncido, no dejaba de mirarlos. —Bueno…
Caminó de regreso a la puerta, yo miraba todo lo que hacía. En serio, ¿Por qué estos dos estaban en la misma habitación sin pelearse? Las imágenes de la última vez que habíamos estados los tres juntos lograron que un malestar se apoderara de mi estómago, pero me distraje con otra cosa, obteniendo solo una vaga idea de lo que había pasado.
—Solo no me destrocen el vestuario. —comentó burlón. Mis mejillas tomaron temperatura y la risa de Tom me puso nervioso.
Luego de esas palabras cerró la puerta tras su paso, un silencio se apoderó de nosotros. Yo, lentamente, volteé en dirección a Tom, él no dejaba de mirarme. No sabía porque empezaba a incomodarme, tal vez era porque estábamos en una habitación a solas. Él se fue a sentar a la banca que se ubicaba detrás, yo eché un suspiro e intenté relajarme.
—¿Hace mucho frío? —preguntó, yo asentí. —Tranquilo, Georg y yo nos arreglamos hace un tiempo.
Mi cara de poquer fue extrema, ¿Se habían arreglado y yo nunca me enteré? Bueno, a Georg lo veía de vez en cuando, y con respecto a Tom… Ésta era la segunda vez que daba con él. Miré su mano mientras se rascaba la barbilla y noté un nuevo tatuaje en su pulgar, también algo parecido a un timón pero dudaba de que lo fuera. A mí en estos dos años me había agarrado la manía de los tatuajes y terminé haciéndome un par, bueno, unos cuántos.
—¿No tendrías que estar en el estudio? —avancé hasta ponerme frente a él, me quité el pañuelo que rodeaba mi cuello, una brisita fresca lo cubrió en su lugar.
—La banda está en un receso, Tessa está enferma —hizo una pausa —este cambio de clima afecta a cualquiera.
Lo que me sorprendía era que hablara de esa chica con algo de… ¿Cómo definirlo? ¿Indiferencia? Antes lucía preocupado, ahora parecía que no le prestaba mucha atención a eso. Y sabía, además, que estaba saliendo con ella; como un descarado entraba a sus redes sociales con un perfil falso, Ria me enseñó a usar esas cosas, y logré saber un poco de él a través de las cuentas de Tessa. Además, también podía ver lo que David subía sobre mí, ése tipo también era otro asunto a resolver.
—Espero que no te afecte también —mojé los labios, él me miró dudoso. —Digo, si viven juntos.
—¿Cómo sabes eso? —frunció el ceño y sonrió levemente. Mierda, metí la pata. Busqué alguna excusa antes de que fuera tarde.
—No es tan difícil saberlo —intenté sonar normal. Por favor, que no me delatara ningún mal paso. —El grupo es famoso, todos los ojos están puesto en ustedes por el momento.
Él quedó pensativo ante mi mentira, dios, no me lo iba a perdonar nunca. Para ser una segunda vez la llevaba bien, aunque por momentos me tensaba y luego andaba de maravilla. Qué contradictoria solía ser la vida.
Por más que quería hablar, decir una estupidez, mi cerebro no reaccionaba y en lugar de eso le miraba. Le miraba tanto que temía que me dijera algo, parecía una ilusión, que él estuviera sentado, tatuado, con la piel bronceada y algo fornido, me hacía delirar hasta… ¿Qué? ¿Por qué estaba en este modo? ¿Por qué solía actuar como si nada hubiera pasado? La herida había cicatrizado, los recuerdos lucían confusos, pero los sentimientos… ¿A dónde se habían ido?
¿Nunca les había pasado eso de volver a sentir? Era como todo nuevo, un Deja Vú, una reencarnación, algún cruce del destino, no sabía cómo definirlo bien. Yo estaba confundido, confundido por mi actitud, por mis pensamientos, por lo que estaba haciendo; no sabía si esto estaba bien, si solo debería dejar que las cosas siguieran su curso o hincar en el tema que nos había distanciado. Pero, si llegaba hacer eso, lo más probable era que todo se desmoronaría de nuevo, y no creía que pudiera sobrevivir.
—¿Y cómo has estado? —me sacó de la burbuja.
—¿No crees que es una pregunta estúpida? —dije sonriendo. —Además, ¿Por qué tenemos que hablarlo aquí? ¿Te estás escondiendo de alguien? ¿Tu novia es una psicópata o algo así?
—Vaya… —susurró sorprendido. —Cambiaste mucho.
—Supongo que no soy el único —moví el hombro. Mantener el contacto visual con Tom era un desafío antes, pero ahora me había acostumbrado. —Tú también habrás cambiado en algo.
El momento fue interrumpido por una llamada de su celular, él habló cómodamente mientras no me quitaba los ojos de encima, y yo tampoco. Habló un instante y luego colgó, era Shannon, que decía que lo necesitaba en el estudio para ajustar algunas cosas con el material de Andrew. Me preguntó si quería ir, lo acepté ya que Mika estaba allí; ambos salimos del vestuario y nos despedimos de Georg.
—Naaa, ¡NO ME JODAS, BILL! ¡Estuvieron solos en una habitación sin hacer nada! —chilló como un fan maniático. — ¡Les voy a pegar! ¡Son dos idiotas!
—¿Qué querías que hiciéramos? —miré la pantalla y su cara de fastidio se presentó. —No lo iba hacer, somos personas adultas ahora.
—Precisamente por eso, se hacen cosas de adultos —tomó aire entre dientes, parecía nervioso. —Ay, por dios. No puedo creer que estaban solos y no pudiste aprovecharlo, ¿¡Por qué no tuvieron sexo en ese momento!? ¿¡Tenían todo a su favor, puta madre, voy a romper todo!?
—¡Basta! —me reía de su histeria y las caras que hacía. —Vas hacer que me orine.
Tocaron la puerta y di el permiso, Ria estaba con una mascarilla de color beige y una toalla en la cabeza, llevaba una bata y se acercó al reconocer a Andy, le saludó con una alegría.
—Hey, loca, tenemos que juntarnos para Navidad o Año Nuevo —dijo la morena. —Me tienen que conseguir un hombre que valga la pena.
—¿Qué pasó, bonita? ¿Ahora quieres asentar cabeza?
—Solo quiero que alguien me ame esos días —se rió y me miró. —Ah, casi lo olvidaba, hay alguien que te busca.
Le quedé mirando confundido, David estaba ocupado y era domingo de descanso.
—¿Quién es? —Andy me ganó de antemano.
—¿Cómo era? ¡Ah sí! Tom… Espera —frunció el ceño. — ¿Acaso tu ex no se llamaba así?
—La puta madre, ¿Por qué está aquí? —salí disparando del cuarto, me puse las botas sin atar las agujetas y un abrigo.
Bajé por el ascensor mientras me arreglaba en el espejo; me acomodé el cabello, me barrí un poco más la sombra con los dedos y… ¿Por qué estaba haciendo esto? Solo era Tom. Negué con la cabeza y le di la espalda al reflejo, suspiré y el ascensor se detuvo, descendí y por el cristal de la puerta lo vi.
Al salir, me crucé de brazos y me quedé parado, él me hizo una seña con su cabeza e ingresó a su vehículo. Le seguí y me senté del lado del copiloto. Le había dado mi nuevo número pero no la dirección, ¿Cómo la consiguió? De seguro Shannon o Shiro se lo había pasado.
—¿A dónde quieres llevarme a esta hora? —le pregunté. La música estaba apenas, el estar así me remontó a otras veces, una nostalgia me invadió. El cielo estaba bordo, la noche era fría y parecía que iba a llover en cualquier momento.
—No lo sé, solo me dieron ganas de verte —le miré fijo, él se dio cuenta y se rió. —Solo… Estaba aburrido y pasaba por aquí.
—Claro. —quise darle la razón, de todas formas se notó el sarcasmo. Le hubiera dicho que no y asunto terminado, pero era testarudo y me daba cuenta de las cosas un tiempo después.
—¿Estabas durmiendo? —me preguntó sin quitar la vista de adelante, vi que tenía puesto el cinturón y me lo coloqué.
—No, estaba hablando con Andy y… ¡Mierda! Dejé la laptop prendida —palmeé el bolsillo del pantalón, por suerte tenía el teléfono en uno de ellos. Le envíe un mensaje y otro a Ria. Tom se rió en mi cara de mi actitud tan despistada, le fulminé con la mirada pero no llegó a verlo.
El enojo leve se evaporó cuando pude notar esa sonrisa, tenía los ojos entrecerrados, sus mejillas tensadas, enseñando esos dientes, dejando notar unas arruguitas cerca de sus párpados. Era como regresar en el tiempo, la comodidad se presentó, el gusto de estar a su lado me hizo manifestar unas sensaciones que estaban abandonadas. Tragué saliva ante eso, las cosas no tenían que llevarse tan rápido, apenas habían pasado días desde que me encontré nuevamente con él.
—¿Tienes hambre?
—No traje dinero —me apené por eso.
—Descuida, yo invito —dijo divertido. Se estaba burlando de mí.
Asentí y él aceleró. Fuimos a un local de comidas, pero Tom dijo que era mejor comer en el auto ya que el lugar estaba por cerrar, y además de que había calefacción en el interior. Al tener nuestra orden, empezó a largarse una lluvia intensa, nos metimos a su auto entre risas estúpidas, nos colocamos el cinturón, acomodé el pedido y Tom condujo hasta situarnos en un lugar donde no molestáramos.
—Hmm, creo que no va a parar hasta la madrugada. —Dijo bajando un poco la ventanilla, solo para que el aire no estuviera tan viciado.
Le pasé su parte y empezamos a comer, él puso la radio para que no todo fuera silencio. ¿No era esto raro? El hecho de estar como si nada, sin mencionar lo que nos separó, sin hacer algún tipo de referencia, sin reclamos o frases como «Qué hubiera pasado sí»; éramos unos expertos entonces, esto de fingir que no sucedió nada, que todo terminó bien, todo esto era una forma de hipocresía. Sin embargo, no me molestaba tanto, solo me ponía a pensar por qué no hablábamos sobre eso por el momento.
—Hoy estuve con David… —mastiqué lentamente mientras no le quitaba los ojos de encima, él estaba serio. —Parece buen tipo.
—Lo es —dije con dificultad, terminé de ingerir y bebí de un sorbo el refresco —Es una buena persona.
Toda mi atención fue a los gestos de Tom, estaba esperando a que hiciera algo, más no lo hizo, solo elevó un poco sus labios hacía arriba. Eso me hizo sentir extraño, no había olvidado cómo se ponía cuando andaba con su mejor amigo. Me estaba empezando a preocupar éste nuevo Tom, ¿Qué le había pasado? ¿Acaso California lo transformó tanto?
—Espero que cuide bien de ti.
Al oír eso, sentí que algo se había resquebrajado. Sus ojos brillaban, no se apartaban de los míos, ¿Por qué actuaba así? ¿En verdad podía estar tan tranquilo? ¿Y por qué quería yo que reaccionara de otra manera?
Contuve la respiración al percibir que algo me estorbaba sobre el esternón, era algo insoportable, fruncí el ceño, quería disimularlo pero no lo lograba. Pronto me llevé las papas fritas a la boca de manera brusca y mastiqué tan fuerte solo para hacer desaparecer el malestar. Desvié la mirada hacia el parabrisas, las gotas no dejaban ver la calle en su totalidad, solo podías ver el brillo de los postes de luz y de algunos carteles a lo lejos de unas tiendas. Sentí el impacto de los mismos sobre el techo, a veces iban con rapidez y otras parecían tener piedad de nosotros.
—¿Y tú? —dije sin mirarle a la cara. — ¿Cómo van las cosas con Tessa?
—Como tiene que ser, ella hace de las suyas, yo hago las mías —respondió con seguridad, volteé a verle y se limpió las manos y los labios con unas servilletas. Al darse cuenta de mi confusión, agregó —No estoy saliendo oficialmente con ella.
—No quería saber —solté de inmediato, empezaba a sentirme algo incómodo con respecto a eso. ¿Por qué era tan contradictorio?
—Solo estoy comentando —acotó. Suspiré y terminé de comer lo que quedaba.
Luego, él encendió un cigarrillo, lo compartimos mientras escuchábamos la sesión romántica que estaban pasando por la radio. En serio, esto no podría jugarme más en contra de lo que ya estaba; el sonido de la lluvia y la música eran los únicos que tenían comunicación. La melodía pedía serenidad, suavidad a tratar, más la lluvia se sentía autoritaria esta noche y aterrizaba sin compasión alguna sobre el auto, las personas, las luces de la ciudad y sobre nosotros.
Subió la ventanilla una vez que terminamos de fumar, empezaba a sentir un poco más de frío así que Tom aumentó la calefacción.
—¿Quieres regresar a casa? —me preguntó, yo miré el panorama y, dadas las condiciones, comenzaba a dudar.
—¿No es mejor esperar un poco?
En realidad, no sabía por qué quería estar un rato más con él. Y si se daba cuenta de eso, podría ser humillado, más no me interesaba, solo quería tenerlo cerca un instante más.
Tom empezó a quitarse el cinturón, se levantó como pudo del asiento y pasó por la grieta que había entre los dos asientos, dejándose caer en los de atrás. Le quedé mirando y él exhaló el aire al depositar su cuerpo de forma cómoda, se quitó la chaqueta y la puso del lado izquierdo como almohada, se acostó a lo largo de los asientos, cerrando sus ojos, llevando ambas manos detrás de su nuca.
—¿Qué estás haciendo? —me retiré el cinturón para poder verlo mejor.
—Esperar a que pare la lluvia —habló sin mirarme, lucía tan relajado. —Puedes venir si quieres, hay espacio para uno más.
Se rió y, otra vez, volví a admirar esa sonrisa.
Mierda, que ya andaba volviendo a lo de antes.
Antes de que me diera cuenta, ya estaba sentándome en el medio, buscando alguna forma de acomodarme, por dios, ¿Qué demonios estaba haciendo? Al parecer mi cerebro no estaba tomando la dirección de mis actos, esta vez era el impulso, suponía.
De un tirón, Tom logró que cayera a su lado, era una posición muy incómoda, por lo que me di la vuelta y me puse de costado. Mi cabeza estaba apoyada sobre uno de sus brazos, casi estaba sobre él; Tom enganchó sus piernas en las mías y sentí que mi corazón aceleró el ritmo, pronto todo mi cuerpo empezó a elevar temperatura y mis mejillas estaban de por más cálidas. Los nervios se desprendieron, mis ojos estaban bien abiertos, mirando su rostro que estaba muy cerca, más sus párpados estaban sellados, gracias al cielo.
Podía sentir su respiración, su perfume y el cigarrillo. Mis manos estaban juntas convertidas en puño, como si tuviera miedo de algo; estaba temblando, por dentro me estaba desmoronando. Incluso mi razón se había ido, y en su lugar aparecieron lo que los recuerdos me producían, esas sensaciones magníficas, esos sentimientos que solo podía experimentar estando a su lado.
No, no podía contra él.
Cerré los ojos también, acurrucándome más, dejándome llevar por el impulso. Podía sentir los latidos de su corazón, la calidez de su cuerpo. A pesar de que el tiempo había pasado, a pesar de que todo había terminado de la peor manera, a pesar de que sabíamos que nos estábamos haciendo los tontos, con una simple acción, una frase, una mirada o un roce, la relación entre nosotros parecía tomar su rumbo. Era como si todo empezara acomodarse, si pasábamos tiempo juntos el entorno cambiaba, se volvía íntimo, no interesaba lo demás, solo nosotros.
Abrí los ojos de repente.
¿Realmente quería esto? Sabiendo que hacía dos años no lo veía, sabiendo que no pudimos comunicarnos, queriendo saber si estuvo pensando en mí en ese entonces. Algo me decía que sí, que él estaba esperando por este momento, al igual que yo; por más que fui el culpable de romper este lazo, quería volver a vivirlo, poder regresar a esos momentos, intentar recuperar mi verdadero yo. Y sabía, sabía que solamente podía conseguirlo si permanecía a su lado.
—Tom —le llamé, oí un gruñido de su parte. — ¿Qué estamos haciendo?
—Estamos… —suspiró. — ¿Intentando dormir?
Me separé de él y me senté a la orilla. Viré en su dirección y él me miró con los ojos entre cerrados.
—No me refiero a eso —No sabía si estaba evitando el asunto, o en verdad no comprendía el punto al cual quería llegar.
—Entonces, ¿Por qué quieres saberlo? —respondió con serenidad, me seguía sorprendiendo. —Ambos sabemos la respuesta.
—Por eso mismo —arrugué la nariz. —Quiero saber si tu respuesta coincide con la mía.
Él se levantó despacio, nos quedamos enfrentados y tomó mi rostro con ambas manos enseguida. Los latidos se aceleraron, la adrenalina se expandió por donde pudo, él subió su rostro y sentí sus labios depositarse con intensidad sobre mi frente. Me quedé estático, con un nudo en la garganta, los ojos empezaban a arderme y la distorsión se avecinaba; mis labios temblaban y no podía hacer algo al respecto.
¿Por qué me ponía tan vulnerable cuando estaba con él? ¿Por qué mi cuerpo se quedaba inmóvil? ¿Por qué no pude olvidarlo? ¿Por qué lo extrañaba? ¿Por qué no podía dejar de quererlo?
¿Acaso en realidad nos merecíamos? ¿Era obra del destino el que nos uniera de nuevo?
Muchas preguntas, demasiadas, me estaban empezando a saturar y la desesperación me carcomía. No tenía que mostrarme así, pero, lamentablemente, con Tom mostraba mi verdadero ser.
Mis manos se apoyaron cuidadosamente sobre su pecho, y lentamente lo separé de mí. Nos miramos, él estaba confundido, yo con los ojos llorosos. Puta madre, no quería llorar.
—No… No podemos volver así como si nada —me sentí estúpido al decir eso. —Todo esto es confuso para mí, creo que lo mejor es dejar todo como está.
—¿Qué quieres decir? —parecía asustado, hasta se había puesto algo pálido.
Sabía que si decía lo siguiente, él no me creería, o tal vez se haría el de creer. Más no podíamos regresar, yo era el cobarde que no se sentía seguro, tenía un poco de pavor a lo que pudiera surgir después. Además, ambos estábamos haciendo nuestras vidas, si pudimos sobrevivir dos años sin saber del otro, podríamos sobrevivir otros dos más.
—Hay que dejar todo este rollo. —Mierda, esto ninguno de los dos lo tomaría en serio. —Yo estoy con David y tú…
—¿Me estás diciendo que quieres que solo seamos amigos? —tragué saliva y asentí.
—Es lo mejor.
Tom, nuestra relación se iría al demonio si regresábamos. Me estaba muriendo al pedirte esto, la realidad era que quería regresar, quería que volvieras a quererme como yo lo sigo haciendo. Sin embargo, mi orgullo y mi temor conformaban el muro, y aunque a veces dejaban escapar lo sentimental, al minuto recuperaba mi postura.
¿Y la consecuencia? Podría llegar a contradecirme en ocasiones, tanto en acciones como en palabras; tal como estaba sucediendo ahora. Estaba pidiéndote algo que en verdad no quería.
Y No lo estaba haciendo por ti, lo estaba haciendo por mí.
Continúa…
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La verdad es que me esperaba otra cosa y casi me arranco los cabellos al ver a Bill con esa actitud de «hagamos como que nada pasó». Pero no puedo enojarme con él, de cierta forma simpatizo mucho con su personalidad en esta historia. Solo me frustra que Tom crea que todo será fácil.