II Wünschen 21

«Wünschen». Temporada II

Capítulo 21: Amistad después de todo

Apagué el motor cuando logré estacionar correctamente, exhalé el aire fijando la tienda de ropa. Ahora solo debía aguardar a que Georg saliera para poder hablar con él, necesitaba de mi mejor amigo, que me regañara o algo, tenía que salir de ese apartamento o iba a volverme loco. Además, quería hablar con él sobre el tema de Bill, ¿Qué debería hacer? ¿Tenía que aceptar ser su manager? Iba a ser duro para ambos, más para mí. Aunque, viéndolo de otro modo, podría estar más cerca de él, a pesar de que primero tendríamos que enfrentarnos. Y hablando de manera profesional, me alegraba que él pudiera tomar ese camino, lo había escuchado cantar en varias ocasiones y realmente se me escapaba una sonrisa al recordar tan fuertemente su armoniosa voz.

Eché un suspiro mientras acomodaba el codo contra el borde de la ventanilla y me limpiaba la nariz con los dedos, fijando la entrada de esa tienda. Había mucha gente y era que ya estaban entrando en la etapa de vender ropa de verano; eso también me decía que el cumpleaños de Bill se acercaba. La primera y última vez que festejamos juntos su cumpleaños fue cargado de sentimientos, y de gran culpa, porque al día siguiente tenía que dejarlo. En ese entonces no estaba tan centrado en mi relación con Bill. ¿Pero qué estaba pensando? Sí sabía lo que sentía pero mi trabajo, y las palabras de mi padre con respecto a esa banda de mujeres que prometía mucho, me ahorcaban y busqué la salida fácil. Siempre encontrando la salida fácil, siempre.

Con Reira había sido lo mismo, me había sumergido en otras cosas, como el alcohol, divertirme sin control alguno. Gracias a mi mejor amigo no estaba muerto, porque admitía que en algún momento de mi vida quise pasar al otro lado, pero él y Gustav terminaban dándome motivos válidos, o simplemente me ayudaban a salir de ese agujero negro en el que me encontraba, ¿Y para qué? Para volver a meterme en otro días después. Sin embargo, cuando andaba sobrio practicaba la guitarra y mi padre me había dado empleo en su discográfica. También fue por eso que seguí aquí, y cuando pude tener participación en bandas o ayudando a componer, porque desde pequeño que mi padre me había inculcado su oficio, el dolor era mínimo, casi ni se percibía.

El horror siempre llegaba cuando me encontraba solo, por eso de vez en cuando andaba con alguna compañía, o mis amigos venían a casa para distraerme, a pesar de que ellos tenían sus estudios o trabajos, se hacían un tiempo para verme, estuvieron ahí, animándome cuando lo necesitaba. Realmente había sido inmaduro de mi parte seguir con esa depresión y adicción al alcohol, cuando podría haber hecho otro tipo de cosas.

Por otro lado, si no fuera porque ese día andaba ansioso, y justo pasaba por ese lugar, no hubiera conocido a Bill. Mi Bill. La persona que había logrado enamorarme nuevamente.

Noté que las personas poco a poco abandonaban el lugar con bolsas llamativas, eso me daba el indicio de que pronto terminaría la jornada y podría alcanzarlo sin excusas. Hacía dos días atrás le llamé pero me dijo que andaba muy ocupado, por lo que antes de que casi le rogara me cortó, suponía que aún seguía molesto por lo de Tessa. En ese sentido, era muy chiquilín, protestaba por todo y hasta que yo no fuera a buscarle no iba a ceder ante mí, por algo lo estaba esperando ahora mismo.

Me prendí un cigarrillo y bajé la ventanilla mientras aguardaba el momento correcto, escuchando apenas el reproductor de música que había olvidado de apagar pero que no me estorbaba en absoluto. Daba la casualidad que se trataba de aquella que le había dedicado a Bill para su cumpleaños, por lo que mi mente regresaba a esos instantes haciéndome sentir nostálgico, con ganas de repetir ese día una y otra vez. No obstante, mi corazón no estaba sintiendo lo mismo que aquella vez, era como si la imagen estuviera ahí pero el color, el aroma, su risa y sus ojos no poseían ese brillo especial. Me estaba dando cuenta que los sentimientos se estaban desvaneciendo debido a mi error, yo había provocado que el rememorar ese día fuera complicado, y la verdad necesitaba volver a tenerlo cerca para guardarme todos esos detalles.

Siempre me preguntaba, ¿Cómo era que podíamos vivir sin el otro? ¿En realidad estábamos viviendo? ¿O solo yo era el único que agonizaba con los recuerdos, y al mismo tiempo, sentía que era lo ideal para continuar? ¿Acaso era una prueba? Una prueba que me hacía notar lo que había perdido por cobarde. Ahora, cada uno, estaba siguiendo su camino, y yo tenía la esperanza de que aquellos se pudieran cruzar nuevamente.

Terminé el cigarrillo, arrojé la colilla por la ventana y me quedé recostado en el asiento, sin dejar de observar la tienda. No quería interrumpir a Georg, lo conocía bastante y se irritaba cuando alguien indeseado se le aparecía en su rutina. Y suponía que al verme intentaría irse deprisa, pero yo no iba a dejarlo hasta que pudiera hablar con él, decirle todo lo que tengo en mi cabeza.

Pasaron varios minutos y lo vi salir, luego de que una chica se despidiera de él en la entrada y marchó en la dirección contraria a la de él, fue ahí que salí rápido, cerré la puerta con fuerza y avancé a pasos agigantados. Él cargaba una mochila gris con bordes oscuros, le palmeé el hombro, tocando la camisa de jean, él se dio la vuelta, seguramente pensando que era otra persona por su sonrisa. Sin embargo, en cuanto se dio cuenta que era yo, su gesto se tornó frío, mirándome con el entrecejo fruncido pero también detecté la confusión.

— ¿Qué haces? —preguntó aún con la sorpresa. Al parecer eso fue porque mi aspecto no era agradable, así como había dicho Erica, tenía una pinta fatal que hasta podía pasar como un indigente.

—Necesito hablar contigo. —me crucé de brazos, siendo paciente.

—Mira… —observó la pantalla de su teléfono, que lo había sacado del bolsillo de su pantalón. —No tengo tiempo para esto.

—Georg, en verdad necesito hablar con alguien.

Me quedó mirando ante mi súplica, me examinó. Ya sabía que lucía horrible, y de la persona que podía aceptar esas críticas eran de Georg y de las que me conocían muy bien. Él tragó saliva y exhaló el aire mientras miraba su entorno unos segundos, para luego volver a fijarme con compasión.

—Bien. —dijo sin más remedio. —Vamos a casa.

Él se alejó de mí, fue a su vehículo y yo fijaba cada paso suyo mientras iba al mío, no sabía por qué. Aunque agradecía que pudiera conseguir dar con él a la primera, seguramente mi fachada de vagabundo le hacía sentir pena. Ambos conducimos durante unos diez minutos, o más, no podía calcular, y en ese lapso trataba de encontrar la manera correcta de decirle que él tenía razón en todo.

Una vez que llegamos a destino, los dos salimos al mismo tiempo de nuestros vehículos, lo alcancé casi trotando y él hacía su rutina de regreso a casa como si nada, sin preguntarme algo en el camino al ascensor, ni mucho menos mirándome cuando estuvimos dentro del mismo segundos después. Esto tendría para rato, o tal vez él no sabía cómo hablarme después de aquella conversación en el funeral de Elena.

Al llegar al apartamento, se liberó de su mochila dejándola tirada en el suelo en una esquina, yo avancé con cuidado, algunas cosas habían cambiado de lugar y habían más cuadros, seguramente su novia vivía con él ahora, pero no había señales de que ella estuviera aquí por lo que me alivié un poco. Quería hablar con él a solas.

Me dejó a la deriva mientras se iba por la cocina, yo caminé hasta dar con unos sillones que apuntaban al ventanal, la luz del exterior le daba un aspecto melancólico y me senté ahí sin pedir permiso. Me relajé apoyando la espalda en el cómodo diseño y dejé escapar un suspiro, al tiempo que fijaba el edificio que estaba en frente con los cristales resplandecientes del brillo de la ciudad. La penumbra del living me recordaba a mi apartamento y a como me sentía desde que Bill se había ido de mi vida.

Escuché los pasos de Georg y apareció a mi lado, me tendió una lata de cerveza y dudé en agarrarlo, al final lo acepté y él se sentó en el sillón que estaba a mi derecha. Abrí la lata, él extendió la suya cerca de mí y comprendí lo que quería, chocamos latas a modo de brindis e ingerimos en silencio.

Sentir el sabor de la cerveza fue glorioso, era como si hubiera estado en el desierto por mucho tiempo y bebía agua por primera vez, tan fría y deliciosa. No había bebido en todo el día, aunque desde hacía unos días me había planteado no decaer en eso nuevamente, por ahora lo estaba controlando. Sin embargo, la ansiedad que tuve al beber la lata me hizo estar alerta, y en mi interior tenía una lucha por no ir a por más alcohol.

—Por lo que veo no estás bien —habló por fin, tragué saliva y asentí. — ¿Cuál es el motivo?

—Creo que no hace falta responder —dije mientras miraba el tatuaje de la mano que descansaba en mi pierna. —Sé que es imposible pedirte que me regañes ahora, pero es lo que quiero escuchar. Quiero saber que aún estoy vivo.

— ¿Sobre qué quieres el sermón? —le miré de reojo y él hizo lo mismo mientras bebía.

—Tú sabes —vacilé. —Tenías razón, ese día en el funeral, cuando yo busqué el camino fácil.

—Ah… ya recuerdo —parecía que regresaba a ese momento. —Sabes que me enfado fácilmente y que solo me muestro así contigo, y también lamento haberte dejado en una situación así… Solo.

—Lo tenía merecido —efectué una mueca —Tú querías que hiciera lo correcto.

—Es verdad, quería que te dieras cuenta del error que estabas por cometer, y que sin dudas, al final lo hiciste —los dos nos miramos. —Y qué bueno que no ha durado mucho tiempo, ya pensaba que estarías hecho ceniza dentro de poco.

—Ella se dio cuenta.

— ¿Tessa te dejó? —el tono de su voz me hizo erguir, estaba sorprendido. —Pero… ¿Qué pasó?

—Todo era monótono, creo que los dos sabíamos que no había sido buena idea estar «juntos» —Bebí un poco, para aclarar mi garganta. —Se enteró de lo que había hablado con su madre.

— ¿Y qué hizo?

—Fue a casa de su abuela paterna, ahí dijo que no quería volver a verme.

— ¿En serio? —preguntó aturdido. —Bueno, parecía que nunca iba a dejarte ir pero al menos se dio cuenta de la verdad muy pronto.

—Lamento no haberte hecho caso, estoy pagando las consecuencias —dejé la lata vacía a un lado del sillón, crucé los dedos y fijaba la unión mientras me encorvaba hacia adelante.

—Tom, no te pongas en ese plan, me estás haciendo retroceder en el tiempo y estoy a punto de darte una patada en el culo —dijo serio. —Ya somos grandes, deberías pensar y entender todo lo que está pasando.

— ¿Qué quieres decir? —le miré con el entrecejo fruncido.

—Además de venir a hablar de Tessa, sé que también hablarás de Bill, ¿Ahora quieres verlo, verdad? —Gracias, mejor amigo, tú siempre sacabas las conclusiones antes de que uno te las dijera. — ¿Sabes que eso es ridículo?

—No es eso —me rasqué la frente —solo quiero saber de él, siempre quise, nunca me olvidé de él ni de lo que significó y significa en mi vida.

—Deberías considerar otras opciones.

— ¿A qué te refieres?

—Perdiste tu oportunidad, ¿No crees que deberías seguir adelante?

¿Seguir adelante? ¿Seguir sin Bill? Sabía que la había cagado en grande, pero escuchar algo como eso me hizo recordar todos los momentos, se asemejaba a una cuenta regresiva violenta que atrincheraba mi corazón con cada segundo que pasaba, destruyendo las imágenes, sentenciando mi alma a lo desconocido, dejarme a merced del abismo, asfixiándome con manos frívolas. ¿Dejarlo ir para siempre? ¿Olvidarme de él por completo? ¿Cómo podía hacerlo? ¿Cómo podía abandonar a alguien que me había regresado la esperanza y el amor que creí haber perdido?

Tragué saliva, sinceramente eso era lo último que quería escuchar. Se suponía que debía alentarme, no echarme hacía atrás a la primera, ¿Acaso merecía tanto dolor?

—No puedo, no lo haré —fue lo que contesté luego de analizar a fondo. No iba a retroceder.

—La última vez que hablé con él estaba muy bien —me comentó, mi atención se postró en sus palabras. —Está diferente, renovado. Él siguió con su vida, Tom, creo que tú deberías hacer lo mismo.

—Yo solo puedo seguir adelante si él está conmigo.

—Eso es muy posesivo. —sentenció.

—Lo sigo amando.

Sí, lo seguía amando. Tal vez no con la fuerza de antes, porque no lo tenía presente, pero mis desvanecidos sentimientos le pertenecían y siempre sería así. Él logró sacarme de ese pozo que creí que jamás saldría, me ayudó aun no sabiendo nada de mí, depositó su confianza en que podría salir adelante, y funcionó, obtuve la superación, y junto a ello, obtuve otra oportunidad para amar.

Oportunidad.

Había desperdiciado dos, y según el refrán, la tercera era la vencida. Tenía que aprovechar la siguiente instancia, y si fracasaba, daba por entendido que debía continuar. Aunque no dejaría que esto último sucediera.

—No siento que sea posesión —miré el suelo. —Siento que… Es la persona correcta para mí, para mi vida.

—Admito que nunca te escuché hablar así, ni cuando andabas metido en ligues y esas cosas —hizo una pausa. —Pero no quiero que la cagues, dejaste ir a una persona maravillosa y si la vida los vuelve a juntar, entonces…

—Seré su manager. —le corté, él se quedó atónito por lo que le dije, parpadeó repetidas veces tratando de captarlo.

— ¿Cómo?

—Shiro me pidió que lo fuera para su proyecto solista.

—Y él seguro que no sabe, digo, si lo supiera hubiera hecho un escándalo. —lo analizó. — ¿Estás seguro de poder hacerlo? Quiero decir, ¿Y si él no quiere tener algún tipo de contacto contigo?

—Si las cosas no se dan bien, al menos seré un soporte profesional —dije decepcionado. —Viviré con ello.

—Tom, te estás metiendo en algo grande. Con todo lo que está pasando, él está con David, y tú aparecerás nuevamente en su vida.

—No está más con él.

— ¿¡QUÉ!? —Chilló. — ¿Qué demonios pasó? ¿Por qué dejé de mandarle mensajes?

—Shiro me lo contó ese día que fue a pedirme que sea el manager. —Con su mirada insistió en que le contara el motivo de que ya no estuvieran juntos. —Al parecer el imbécil de David le engañaba.

—Vaya, y yo pensando que en serio era un santo —dijo asombrado. —Pero… Es raro que tú no estés enojado o algo por el estilo.

—Créeme, si llego a verle no dudaré en deformarle la cara. —mojé los labios con indiferencia.

—Lo dice la persona que dejó que le hicieran eso —los dos nos miramos. —Tom, eres un hipócrita y egoísta, ¿Acaso no piensas en la posibilidad de que puedas volver a herirle si lo ves?

—No voy a lastimarlo más.

—El reencuentro puede ser doloroso también. —Me puse de pie de repente, la tensión comenzaba a presentarse. —Tengo entendido que querrás verle lo más pronto posible, y si hay problemas, intentarás resolverlo para tu beneficio.

—No es mi beneficio —ya estaba soplándome la nuca y me molestaba que hiciera eso, me acerqué lo suficiente al ventanal para poder mirar mejor el exterior. —Tú deberías saberlo también, cuando te gusta alguien quieres hacer lo posible por estar a su lado.

—Eso es verdad, pero…

—Y si tienes que poner todo de ti, lo haces con más confianza —le interrumpí, girándome para verle. Se quedó callado. — ¿Acaso Susanne no tenía novio cuando empezó a salir contigo?

—Pero es diferente —se defendió. —El novio la golpeaba y la tenía amenazada.

—Sin embargo, tú hiciste lo posible por estar con ella e interviniste por medio de la policía. —dije serio, él me miró con la cara tensada. No era bueno para él recordar la manera en la que había conocido a su actual novia. —Yo también haré lo mismo, obvio que no será con la policía, pero intentaré recuperarlo.

— ¿Y qué quieres que haga yo? —elevó una ceja mientras se tallaba los ojos con los dedos.

—Fui a su apartamento, ese que compartía con Andy y no estaba, bueno, se mudaron pero yo no tenía idea.

—Tom —exhaló el aire apesadumbrado y fijó la vista en mi —Han pasado más de dos años, ¿Crees que seguiría viviendo allí?

—No lo sé, yo sigo viviendo en el mismo apartamento —sonó estúpido, más era el único argumento que logré cazar primero.

—Entonces… Solo quieres saber la dirección de su nuevo apartamento —comentó. — ¿Estás seguro de querer hacerlo? Digo, ¿No es mejor a que esperes al momento en que te juntes con él en el estudio?

—Yo…

— ¡Espera! —se alteró, parecía caer en algo. —Dime una cosa, ¿Shiro también está metido en esto? Porque no puedo creer que Bill no haya dicho nada de que fueras su manager.

—Él no lo sabe, y sí, Shiro está con él.

— ¡Ah, tenías que decirlo antes! —se levantó aplaudiendo, le quedé mirando.

— ¿Qué no escuchas cuando te hablo? Te dije que él me pidió que fuera su manager.

— ¿Eres idiota? ¿No te diste cuenta de algo? —la confusión me dominó. —Ah, claro. Eres un necio también.

— ¿Qué?

—Habiendo cientos de manager en toda Alemania, y millones en el mundo entero, algunos mejores que otros, y ¿Te eligió a ti? ¿No te resulta muy sospechoso, Thomas? —preguntó socarrón. — ¿Por qué justo tiene que escoger a la persona que estuvo a su lado tiempo atrás? Déjame adivinar, ¿Será porque el señor Kaulitz tiene muy buena mano? ¿Será porque es muy profesional a su corta edad? Lamento romperte la nube del idealismo, pero él dio contigo porque está haciendo de la hada madrina.

Me mostré aturdido, fruncí el ceño con la confusión en la cabeza y decidí sentarme. Georg tenía razón, ¿Por qué no llamó a otra persona? ¿Por qué recurrió a mí, y me contó todo en el mismo día?

—En verdad, eres terco como una mula — se rió, se estaba divirtiendo de mi expresión inhumana. —No puedo creer que aun teniendo veinticinco yo tenga que hacerte abrir los ojos, joder, ¡Eres muy idiota!

Seguía riéndose de mi desgracia, yo le observaba algo apenado. Por otro lado, me alegraba de que se riera cerca de mí, por un instante sentí que su enfado ya se había difuminado y que todo estaría como antes. Le miré y él seguía con su carcajada, se había tentado demasiado y logró contagiarme, terminé riéndome de mi propia desgracia y fue bueno hacerlo.

Hablamos un poco más, sobre su relación con Susanne. Habían regresado de sus vacaciones y trajo muchas cosas para decorar el apartamento, parecía ir en serio con ella porque no lo había visto tan entusiasmado. Mi mejor amigo no era de meterse en ligues, sí de ganar amistades femeninas, algo que yo no podía obtener. Y la mayoría de ellas siempre querían tener algo conmigo, y tal vez por eso no les duraba la amistad que tenían con él, ya que gracias a mí ellas lograban desaparecer. Suponía que me odiaba por eso, él jamás me había comentado algo sobre gustarle una chica, era muy reservado con eso, hasta que conoció a Susanne y se volvió completamente diferente, cada día iba contándome algo más sobre ella, hasta el día en que nos distanciamos por lo de Tessa.

—Pensé que Kata iba a ser alguien que me macaría toda la vida —habló él luego de fumar el cigarrillo, ya habíamos entrado en un ambiente de recuerdos de la adolescencia. —Pero solo fue algo de adolescencia, donde recién descubres lo que es amar, y lo que siento ahora es totalmente distinto de aquel entonces.

—Kata también te quería —miré la lata de cerveza.

—Pero éramos jóvenes, ¿Acaso teníamos la poca sabiduría de ahora? Solo eran los primeros sentimientos, ya pasó.

Asentí, asentí constantemente porque me acordaba de Reira. Habíamos sido unos críos, apenas aprendíamos a tener noción de lo que era enamorarse, solo estábamos tratando de comprender el significado de amar, pero no había sido implementado aún.

La verdadera vida se comenzaba a vivir en el pasaje de Joven/Adulto, lo anterior solo se asemejaba al prólogo de un libro.

—Te daré la dirección —le miré. —Pero antes de que eso suceda, primero tienes que arreglarte, luces horrible.

—Hecho. —contesté con una sonrisa.

Continúa…

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por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

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