II Wünschen 28

«Wünschen». Temporada II

Capítulo 28: Sobre los muertos sentimientos

Ahora entendía por qué los latinos tenían buen gusto, en todo. Realmente este ambiente era muy paralelo a lo que los Europeos estábamos acostumbrados; los colores, los aromas, la música, la cultura en sí, todo era maravilloso, sublime e interesante. Esa parte del continente americano no tenía que envidiarle nada a los demás, realmente era único.

Eike se había emocionado muchísimo, y requería mi compañía. Tampoco me negué a ello porque andaba con la boca al suelo como él, de ver tan maravilla de festividades. Justamente habíamos dado en la semana Latina, donde celebraban las comunidades en conjunto y exponían desfiles de las diferentes vestimentas y bailes típicos de cada región. Había mucho entusiasmo y eso me transmitía una satisfacción inexplicable, tanto que no paraba de sonreír mirando a todo lo que podía encontrar a mí alrededor.

—Es muy bonito, ¿No? —dijo Eike colgado de mi brazo, apoyando su mejilla sobre el mismo, observándome con una tierna sonrisa. Yo asentí mientras mi vista iba hacia él.

En pocos días me había dejado en claro su personalidad. Era algo terco y confianzudo, siempre comportándose como un niño y a veces tenía esos ataques de gritar cuando veía algo que le fascinaba, en cierto punto me causaba un tipo de ternura, pero sabía que detrás de eso algo se ocultaba. Por otra parte, había ciertas veces que se quedaba muy raro, miraba un punto fijo y otras parecía sentirse abatido por algo, en serio, algo tenía este muchacho.

Y a pesar de que fuera mayor de yo, tenía el espíritu de uno de dieciocho que se negaba a abandonar la vida adolescente. Eso no me molestaba, al contrario, me agradaba saber que no era el único que tenía un proceso lento de madurez; era obvio que había personas mayores que yo que jugaban videojuegos y leían comics ahogándose en papas fritas y hamburguesas, incluso tendrían sus habitaciones repletas de cosas coleccionables de series, juegos y libros favoritos, pero dar con alguien que estaba en la misma que yo, me hacía sentir un poco mejor conmigo mismo.

—Lo es —dije mirando esos hoyuelos que se le notaban demasiado.

A nuestro alrededor, la situación podría haberse tomado de otra manera, sin embargo, había mucha diversidad en cuanto a la elección de pareja, aunque nosotros no éramos una, me refería a la cercanía que estábamos efectuando. No era que me estaba haciendo el lindo o algo por el estilo, simplemente anhelaba su compañía, no lo sé, era algo difícil de explicar.

El barrio latino se extendía como a quince manzanas a la redonda, y en la sección que se alejaba del centro de Berlín, se hallaban los famosos clubes nocturnos. Esta noche tocaba ir a uno de ellos, nos habíamos quedado mirando los desfiles mientras disfrutábamos de aperitivos.

Justamente ahora bebíamos un trago de Caipiriña y veíamos a la comunidad de Brasil pasar por la avenida principal, la que conectaba con todas las regiones. Las luces eran impresionantes, el decorado en sí te decía que estabas en Brasil, que con unos pasos ya me había mudado a América del Sur.

—Necesito tomarle fotos, sostén mi trago —dijo Eike, lo tomé casi en el aire y él fue a paso rápido entre la multitud que aplaudía y bailaba al ritmo de la música pegadiza.

Yo fijaba como iba maravillado por el camino, con su teléfono tomaba fotografías, y no pude evitar recordar una situación similar… Y al mismo tiempo, todo se tornaba difuso, era como si me costara regresar a los recuerdos, como si existiera un bloqueo que me impedía llegar a ellos con facilidad.

Pronto me encontraba desorientado, fijé adelante, a toda la multitud que sonreía, disfrutaba, gozaba de tal espectáculo. Y yo, yo ahora me veía sumido en lo profundo de mi pensamiento, queriendo llegar a esa sonrisa, a ese momento. No encontraba la manera correcta de hacerlo, estaba haciendo un esfuerzo enorme por volver a su perfume, a su voz. ¿Qué estará haciendo?

De algo estaba seguro, él estaba bien y en buena compañía. Todos hablaban sobre ese tal Jared, yo ni puta idea de quien era pero seguramente no era mala gente. A la mierda, ¿A quién quería engañar? ¿Por qué siempre buscaba la salida fácil? ¿Por qué siempre volvía a ser el mismo imbécil de siempre? ¿Acaso tenía que retroceder por eso? Tal vez… No, no tenía que hacerlo. ¿Y por qué era tan indeciso entonces? No lo sé, podía ser que me sentía un tanto amenazado. Era una locura, un disparate pensar así; lo mismo había querido obtener del maldito de David y todo acabó en una farsa. Entonces, ¿Por qué le daba el crédito al tipo este?

Miré mi Caipiriña y lo bebí de un solo estar, tenía que hacer pasar esto de alguna manera. Lo arrojé a un cesto de basura y fui en busca de Eike, quien andaba animado siguiendo a un carruaje luminoso que presumía culos, tetas y purpurina. Pedía permiso y disculpas, al mismo tiempo que me aseguraba del bienestar de mi nuevo colega y del trago que llevaba en la mano. Los dedos se estaban enfriando pero se sentía agradable, mi vista era una guerra entre apuntar hacia la izquierda o derecha, mirando a Eike y luego al trago.

Me detuve cuando él hizo lo mismo, regresó a mi todo entusiasmado y me arrebató el trago dándome una mirada divertida, al parecer tenía sed de andar correteando como un loco.

— ¿Estás bien? —Me preguntó al bajar el vaso vacío. Yo asentí, aparentando que nada sucedía. — ¿Quieres que nos vayamos a sentar un rato?

—Sería lo ideal —respondí, él asintió.

Ambos nos dirigimos a un pequeño parque que quedaba al final de la avenida principal, algo alejado de los clubes nocturnos, en donde había ferias artesanales, más gente y demostraciones que te dejaban con el mismo asombro que ver el desfile. Comenzamos a recorrerlo, mirando las artesanías, aromas y chucherías, buscando una de esas bancas pero lamentablemente todas estaban ocupadas y mis pies pedían receso. Era muy quisquilloso con el tema de caminar, a pesar de que era bueno para la salud, prefería viajar en coche.

Decidimos sentarnos en el césped, donde la mayoría de la gente había optado ya que no había más lugar. Con Eike conseguimos apartarnos donde casi no había niños que molestaran ni juegos que nos distrajeran, aunque eso no me fastidiaba, pero era mucho mejor descansar tranquilos.

—Bueno, peor hubiera sido sentarnos junto a la cama elástica —señaló Eike con su dedo y una expresión un tanto afeminada. Viré en esa dirección y los niños chillaban y las madres iban controlándolos para que no se rompieran un hueso en el intento de saltar cada vez más alto.

—Yo no dejaría a mi hijo expuesto a tal peligro, a eso le faltaría cojines, solo por prevención —fijé atentamente el suelo, estaba un poco descuidado. La tierra seca expuesta y brotes dañados alrededor de la cama. Realmente era un peligro.

— ¿A dónde quieres ir esta noche? —giré a ver a Eike y él estaba recargado en sus codos, con la típica pose de estar disfrutando de la playa. Ni siquiera le interesaba estropear su atuendo con la tierra o los brotes que había a nuestro alrededor. La mayoría de su vestimenta era oscura, y ni se inmutaba por ello. —Te toca elegir.

—Sabes que yo no tengo la más puta idea de todo esto —mostré una tonta sonrisa. —Tú decides por mí.

—Como siempre —canturreó, elevando los ojos lo más arriba que pudo. —Creo que podemos ir a América, suelen pasar el tipo de música que te gusta.

—Si tú lo dices —comenté mientras arrancaba los brotes a mi alcance, era muy malvado de mi parte hacer eso, más era una manía mía que no podía evitar cuando me sentaba cerca de algo verde.

—Hmmm, ¿Hueles eso? —levanté la mirada y me encontré confundido por el aroma. —Eso es… ¿Limón?

Automáticamente mi mente rescató algún momento que, hasta hacía poco, lo había olvidado por completo. Me quedé fijando un punto fijo mientras, de alguna manera, mi cuerpo se manifestaba a ese instante; donde todo estaba bien, donde yo no me mandaba alguna cagada.

¡Amo el aroma a limón! —me miró con una sonrisa, toda la habitación estaba inundada de aquella fragancia. —Esto será perfecto.

Se adentró en el living, mirando que en la mesita de café habían muchas porquerías por comer, dos botellas de gaseosas y los Dvd’s que había conseguido para pasar una noche a puros gritos y zombies. Como todos los Martes, Bill y yo solíamos quedarnos viendo series, películas, todo lo que estuviera relacionado con virus mortales y cuerpos que eran controlados por un instinto similar a los de los animales carnívoros.

Y eso no es todo… —le dije mientras iba corriendo a mi habitación, tomé una bolsa de papel madera grande y regresé al Living. Bill miró de inmediato la bolsa y se mostró confundido al ver algo enrollado y que parecía explotar el interior, se lo tendí y nos miramos. Él estaba asombrado. —No me des las gracias, sabía que te faltaban algunas cosas.

¡No me jodas! —abrió de par en par la bolsa y miró el interior, pegó un grito y se fue a sentar en el sofá. Sacó todo, uno por uno, chillando a más no poder de ver cada objeto de la colección de su serie favorita. — ¡Ay, por dios, Tom!

Abrazó una remera que era exclusiva, tenía la firma de todos los que habían participado de la última temporada que salió emitida, y miles de chucherías. Cada vez que transcurrían los minutos, su sonrisa se explayaba más y más, haciendo notar esa angelical mirada, logrando que sus ojos brillaran tanto que se me hacía que soltaría alguna lágrima. Y si eso llegaba a suceder, no me alteraría, porque era consciente de que él se emocionaba tanto que echaba alguna que otra lágrima. En tan poco ya lo conocía bastante, era como ser uno mismo.

A veces sentía que en otra vida ya nos habíamos conocido, y en la anterior, y la anterior, así sucesivamente. No era muy afín al tema de la reencarnación, pero si eso llegaba a ser cierto, estaba seguro de que nosotros nos encontrábamos en cada vida. Sabía que era un pensamiento muy loco y absurdo, más así lo sentía y él lo pensaba igual, hacía unos días habíamos hablado sobre eso. Entre nosotros había una conexión que superaba la de las demás parejas, y si alguno pensaba que era muy pronto para sentirse así, lamentablemente tenía que decirles que no se habían enamorado perdidamente.

¡Esto es demasiado! —dijo luego de terminar de verlo todo. Yo estaba de pie junto al sofá, cruzado de brazos, con una sonrisa en la cara, admirándolo en cada respiración que daba, atesorando sus facciones en lugar más recóndito de mí para no olvidarme jamás de él. Y tampoco iba a permitir eso, lo que teníamos era algo muy difícil de explicar para aquellos que aún no lo habían experimentado.

Saltó hacia mí y me abrazó por el cuello, lo tomé justo por la cintura, sintiendo como él se aferraba a mí, fundiéndonos en el gesto. Cerré los ojos para disfrutar de la cercanía, apreciando su aroma, su cuerpo pegado al mío, gozando el momento. No hablamos, el silencio me parecía muy bonito en esta situación, él no se separó de mí por un buen rato, y yo tampoco quería que lo hiciera tan pronto.

Sabes que debería matarte, ¿verdad? —susurró antes de separarse de mí. Mi vista y la suya hicieron contacto, sus brazos aún rodeaban mi cuello y mis manos seguían aferradas a su cintura, sus pies habían tocado el suelo.

Lo sé —dije divertido. A él no le gustaba que alguien gastara, pero todo lo que yo hacía tenía un significado para mí, estaba de acuerdo con que lo material no compraba la felicidad, algunos decían que sí. Yo solo era feliz sabiendo que lo tenía a mi lado.

Pero en lugar de eso —sus bonitos ojos bajaron a mis labios, unió los suyos con los míos en un pequeño roce. —Gracias, no tenías que molestarte por ese detalle.

Sabes que me gusta complacerte —luego de eso lo besé, él sonrió mientras me conducía hacia el sofá.

Parpadeé sacudiendo la cabeza y mirando alrededor, volviendo al presente. Eike trataba de averiguar de dónde provenía, yo lancé un suspiro al concluir esa memoria. Deseaba tanto que esas situaciones se volvieran a repetir, lo echaba tanto de menos.

—Al parecer lo es —le di la razón.

— ¡Qué asco! —hizo una expresión repulsiva. —No me agrada para nada. A mi ex le gustaba mucho y yo debía tolerarlo porque lo amaba.

Me eché a reír por su cara, él solo movía la cabeza en forma de negación ante ese aroma.

— ¿Lo amabas? —le miré expectante. — ¿Ya no lo quieres más?

No sabía tan a fondo el tema de su viaje a Alemania, bueno, sabía que andaba buscando al amor de su vida. Sin embargo, poco sabía de la relación, y aunque eso no era de mi incumbencia, había algo que me decía que merecía, aunque sean algo mínimo, saber sobre su pasado.

— ¡Claro que lo quiero! —Dijo mirándome como si le hubiera hecho una pregunta estúpida, y en cierto punto lo era. —Es muy difícil de explicar, y creo que si lo llegarás a entender te alejarías de mí.

— ¿Por qué dices eso? —estaba confundido, algo intuía más no me sentía del todo seguro. —Todos cometemos errores alguna vez.

—Yo cometí uno bien, bien grande —se fue para adelante, sentándose como yo. La conversación parecía entrar en un ambiente bastante denso, por lo menos ya no le hacía caso al ruido que nos rodeaba, estaba concentrado en su presencia. —Supongo que tienes el derecho de saberlo, digo, eres el único amigo que tengo aquí, y en verdad agradezco que seas tan amable conmigo.

—Ya te dije, no tienes nada que agradecer.

— ¿Crees que sea conveniente que hablemos de este tema aquí? —frunció el entrecejo. —Yo creo que sería mejor hablarlo en un lugar… Ya sabes.

—Oh, entiendo —me puse de pie. — ¿Quieres ir al hotel, o a mi apartamento? No queda tan lejos.

—Lo que esté más a nuestro alcance —se rió, le ayudé a ponerse de pie y se sacudió un poco los pantalones, yo hice lo mismo. —Espera, ¿No quieres ir a bailar?

—Creo que es necesario que te desahogues en un lugar tranquilo —hice una pausa. —A menos que quieras bailar mientras lo cuentas.

—Tonto —me dio un leve golpe en el hombro mientras empezábamos a caminar —Ahora por eso vamos a tu apartamento.

Fuimos a por mi coche que lo había dejado en una playa de estacionamiento. Al estar los dos arriba, puse un poco de música para que se relajara, se lo veía algo tenso, ya que apretaba mucho sus manos contra las rodillas, logrando que sus nudillos se pusieran blancos.

—Hey, si no quieres contar, te dejo en el hotel —dije para calmarlo, él negó con la cabeza.

—No es eso, tengo miedo de lo que tú llegues a pensar de mí después de eso.

Le di una mirada, ¿Por qué ahora su expresión era como si hubiera cometido el más grave de los delitos? Comenzaba a pensar que no era una buena idea haberle mencionado que me contara su historia, no obstante, me preocupaba que estuviera solo aquí, buscando al amor de su vida, según él. Cuando en realidad yo no tenía idea de quién era, si él seguía aquí o tal vez le habían dado alguna información errónea sobre su paradero actual. De todas formas, ¿Quién le había dado ese detalle? Yo quería ayudarlo, tenía la necesidad de hacerlo. Él siendo extranjero podría caer en manos de quién sabe qué personas.

Con su apariencia de niño bueno, hasta el más perverso podría atraerlo y no quería saber con qué. No era que decía que Eike era muy fácil de convencer, nada más opinaba que se dejaba llevar por la intuición, y era que a veces la misma intuición podía enroscar a más de uno. Y si eso llegara a suceder, me sentiría culpable ya que, técnicamente, era el único a quien conocía. Él tenía familiares pero no tenía algún tipo de contacto con ellos, ni siquiera sabía si aún seguían vivos o en el país.

Fui prudente, tanto en manejar como en mantenerlos enfocado en otro tema. Por un momento lo había logrado, hablamos de otras cosas, y hasta parecía ser el mismo de siempre. Sonriendo, riéndose, hablando casi a los gritos, pero bien, no había nada fuera de lugar y me sentí algo aliviado.

Una vez que llegamos a mi apartamento, él comenzó a admirar el interior, mientras tanto dejé mis cosas en la habitación y fui a buscar algo de beber a la cocina. Cuando regresé, Eike estaba mirando la fotografía que tenía de Bill, elevó la vista para fijarla en mí y lo dejó en su lugar de inmediato.

—Lo siento —susurró, adoptando una mirada acorde al tono de su voz. —Es que… Es muy lindo, ¿Es tu ex?

—Si y sí —contesté, le tendí un refresco, supongo que después de un par de Caipiriñas, lo mejor sería que nos relajáramos un poco. Él lo bebió, al tiempo que ambos nos sentamos en el sofá.

—Seguro tú fuiste el culpable de que ya no estén juntos —agregó, yo enarqué ambas cejas, luego asentí mientras me rascaba la nuca. —No te sientas tan mal, que yo también fui el responsable de cagarla… Así que te entiendo perfectamente.

—Salud por eso —musité y levantamos nuestros refrescos a modo de brindis.

—Yo no sé si él sigue aquí —dijo luego de un rato. —Un amigo en común me dijo que él está aquí, podría haberlo alcanzado allá pero no llegué a tiempo, estaba haciendo unos estudios médicos y no podía abandonar el hospital, estuve internado por unos meses para hacerme un chequeo.

— ¿Pero qué ha sucedido? —me mostré preocupado.

Tal vez habrá tenido un accidente muy grave, y se sentía culpable por ser el responsable. En mi cabeza comenzaban a aparecer muchos acontecimientos, así que me iba a asegurar de ser muy cauteloso a continuación.

— ¿Cómo decirlo sin que te espantes? —se quedó mirando el suelo, tomó una respiración profunda y luego me miró. —Yo… Tomé un mal camino, bueno, creo que debería empezar bien la historia.

—Te escucho, supongo que podemos usar el horario del club nocturno para que te desveles.

Pensé que me preguntaría sobre mi insistencia con saber sobre su pasado, pero no, simplemente estaba buscando la manera de poder empezar. No sabía por qué tanto misterio, tampoco estaba mostrando mi desesperación, estaba neutro; al final sabía que él lo diría, a lo largo o lo contrario.

—Así tan bonito como me ves —presumió su presencia y sonreí ante eso. —trabajaba en una agencia de modelos masculinos. De adolescente soñaba con serlo, participaba en los desfiles de la secundaria y todo lo que le relacionaba, y así, luego de años, pude lograr ingresar a una agencia, me llevó tiempo y esfuerzo conseguir mis sesiones, desfiles y eventos lujosos. Y cuando pude obtener mi primer desfile profesional, conocí a una persona maravillosa. Él había sido invitado junto con otras personas del mundo del espectáculo, nos hablamos por primera vez en el after-party que hicieron.

Lo contaba muy seguro, no parecía nervioso o abatido por la situación, era como si ya lo hubiera superado, aún no tenía la fecha de cuando había sucedido eso.

—Empezamos como amigos, sin embargo, la situación se ponía muy intensa cuando comenzamos a vernos muy seguido. Pronto la relación amistosa parecía llevarse a otro nivel, y ahí fue que me di cuenta que me estaba gustando. Al principio pensé que él no sentía lo mismo, y luego fue mutuo.

No parecía ser una historia fea, solo estaba contando como lo había conocido, pero al llegar al momento donde surgió la relación formal, parecía que sus cejas se fruncían para expresar una tristeza.

—Pero… En el medio surgieron cosas malas, de las cuales me arrepiento muchísimo y creo que sí pudiera volver el tiempo atrás arreglaría las cosas —se sobó el brazo. —No puedo reconocer a esa persona que fui en el pasado, es difícil de creer que ahora soy esta persona, cuando hacía tres años atrás me convertí en un monstruo.

Se abrazó a sí mismo, se hundía cada vez más en el sofá, sus piernas había subido al mismo como para hacerse un ovillo y mecerse al compás de sus palabras.

— ¿Hace cuánto que conociste a esa persona especial? —me atreví a preguntar.

—Hace seis años —suspiró. —Estuvimos juntos por tres años y luego… Todo se fue a la mierda, estuve dos años en un centro de rehabilitación…

Surgió el silencio, yo no sabía qué decirle. Me quedé estupefacto ante su confesión, ya sabía que era de confianzudo y metiche, pero quería saberlo, una parte de mí decía que debía ayudarlo de alguna manera.

—Él tenía su productora y… mucho no podíamos vernos, aun así seguíamos juntos y luchamos por la relación. Yo la cagué, me metí en un lío muy grave y él sufrió bastante por eso, la verdad que yo no debería verlo después de todo lo que ocurrió, pero tengo la pizca de esperanza de que solo debo decirle que por él decidí salir de todo lo malo y ser una persona nueva y, dentro de todo, correcta…

Continúa…

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por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

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