II Wünschen 29

«Wünschen». Temporada II

Capítulo 29: Si lo deseas tanto…

—Pasaré por ti más tarde, ¿Está bien? —me preguntó cuándo se detuvo frente a la Taberna, dejé una mano sosteniendo la manija de la puerta y la otra sujetando mi bolso, volteé a verle.

—Yo te aviso, ¿Sí? —le dije animado —Es casi fin de semana y tendremos mucho trabajo. Y no quiero que te quedes despierto toda la noche solo por mí.

— ¿Cómo sabes que me desvelaré? —preguntó con una sonrisa, me reí y me acerqué para darle un beso en la mejilla.

—Adiós, Jared —me salí del coche y me incliné por la ventanilla —Y más te vale que no te quedes despierto, me voy a dar cuenta.

Le señalé con el dedo acusador, mostrando un falso enfado. Él negó con la cabeza con esa miradita suya, ambos nos terminamos riendo y le saludé con la mano mientras me alejaba. Antes de ingresar, observé como él se marchaba con su coche, eché un suspiro y decidí ingresar a la Taberna.

Habían sido días hermosos, mi participación en ese Festival me pareció un sueño lejano. Fue muy lindo, una experiencia increíble; llegué a conocer a casi todo el mundo de mi serie favorita y terminé saliendo en la foto grupal de la crew. Realmente estas personas eran muy geniales. Jamás olvidaré esa noche, me hizo sentir como un niño en una tienda de golosinas.

En un par de días marcharíamos hacia Los Ángeles, habíamos quedado en festejar mi cumpleaños allá, por lo que tendríamos la reunión el lunes, y ese mismo día, teníamos que partir hacia mis vacaciones de verano deseadas. De lo entusiasmado que estaba ya había empacado un poco, y fui a visitar a mi madre para enseñarle lo que ya teníamos sobre mi proyecto.

Esta semana había sido interesante, mi madre se emocionó tanto al ver todo lo que había logrado y tuvimos esas charlas intensas que no habíamos tenido hacía tiempo. Fue muy lindo haber ido a visitarla, y era que por todo el trabajo que tenía no había podido hacer espacio para verla.

Me di cuenta que todo estaba a oscuras, y eso que eran las doce del mediodía, lo que se me hacía raro era que todo estaba en su lugar, listo para que los clientes entraran pero no veía a nadie y empecé a preocuparme, ¿Qué día era hoy? Miré mi teléfono y corroboré que era viernes. Bien, cambiamos el horario y abrimos al mediodía, así que suponía que había sido el primero. Sin embargo, al ingresar me encontré con que la puerta principal estaba sin llave ni trabas, ¿Qué estaba sucediendo?

Me dirigí a la cocina, al deslizar la puerta me llevé un gran susto. Me tiraron demasiadas cosas y encendieron la luz, acompañado de risas que reconocí. Por un instante casi me daba el ataque y después vi, entre serpentinas y papeles picados de colores, a mis compañeros de trabajo.

—No me lo esperaba —susurré mientras me retiraba las cosas y observaba las caras sonrientes. —Se van todos a la…

— ¡Epa! Esa no es manera de darnos las gracias —Dijo Ria tomándome del brazo. —Entre todos pusimos nuestro granito de arena, así que hoy abriremos un poco tarde.

—Bajo mi supervisión, claro —se escuchó detrás de mí y casi me llevé el susto de mi vida. Dieter estaba frente a mí y me emocioné de verlo después de mucho tiempo, nos dimos un abrazo y supuse el motivo de que él estuviera aquí.

Había quedado en renunciar, lo pensé mucho y decidí hacerlo. En cuanto Zira supo mi respuesta, era evidente que llamaría a Dieter, más no creí que vendría hasta aquí solo para regañarme, o tal vez felicitarme.

—En verdad, lamento tanto todo lo que está sucediendo —dije apenado, me froté el brazo.

—No digas eso, fue tú decisión —me tomó por los hombros. —Si quieres podemos hacer esto más interesante, yo te despido y sales por la puerta llorando.

Los dos nos reímos, me abrazó por el hombro y nos adentramos al pequeño almuerzo-festejo por mi pre cumpleaños.

No duró mucho, hasta sentí que solo fue media hora, pero en realidad habían pasado dos horas. En el transcurso de ese tiempo degustamos las delicias que mis compañeros prepararon con tanto entusiasmo, me devoré todo lo que estuvo a mi alcance y disfruté mucho de la compañía. Lograron que me olvide del proyecto, de todo lo que me atormentaba, fue muy hermoso de su parte que ellos hicieran esto por mí, me sentía demasiado agradecido. El que haya gente que se preocupaba y te demostrara su afecto mediante acciones como estas me hacía estallar de emoción y lágrimas.

Nos tomamos fotos, aunque no era muy fan de eso, pero por ellos lo hacía porque era divertido y además, nadie se esforzaba por sonreír, todo lo hacían al natural y eso era lo que me agradaba de estas personas; ellos no aparentaban, se mostraban tal cual eran.

La jornada luego de mi celebración transcurrió con suma normalidad, teníamos que dejar los recuerdos atrás y ponernos manos a la obra, ya que era casi fin de semana y la situación solía agilizarse más de lo normal, por lo que andábamos de un lado a otro, y como rebalsaba de gente, tuve que dejar mi puesto y ayudarles un poco. Al final había sido muy divertido, volver a lo que al principio fui y me remontó a un montón de cosas.

&

Me saltó la contestadora luego de haber llamado tres veces al celular de Jared, seguramente se había quedado dormido y eso era lo que quería. Varias noches se quedaba despierto hasta que yo llegara y tenía siempre una carita de sueño que me hacía olvidar mi leve enfado por esperarme. Él trabajaba mucho con eso de la serie, la pre producción estaba en marcha y él hacía todo a distancia, en parte por eso también regresaría a L.A.

A veces yo iba a su apartamento, y otras él me esperaba en el mío, Mika se quedaba allí hasta que Andrew pasaba por ella, así que la pequeña y Jared se habían vuelto amigos, ¡Hasta le decía tío!

Tomé un taxi al salir de la Taberna, como siempre era uno de los últimos. Dieter y yo nos quedamos hablando un poco, le dejé en claro que no quería perder el vínculo que había creado para con todos, él me dijo que la Taberna estaría abierta para mí siempre, y que cuando triunfara, él pondría una foto mía con mi atuendo de trabajo y el epígrafe «Aquí trabajó la estrella del momento». Me reí mucho por cómo lo había dicho.

Una vez que me subí al taxi, le di la dirección y me relajé en el asiento. Hoy había sido el último día como miembro del grupo laboral que conformaba la Taberna, y admitía que se me habían escapado unas cuantas lágrimas, los echaría tanto de menos a todos. Dejé caer la cabeza sobre la ventana mientras fijaba las calles, ahora me invadía una nostalgia y comencé a revivir mi primera semana junto a ellos; en verdad que había progresado muchísimo, yo era algo torpe y quise morirme al cumplir el primer mes de trabajo, ya que había hecho más desastre que cualquier otro novato.

Había pasado unos minutos y reconocí la calle por donde andábamos circulando, me alerté y debatí en mi cabeza por unos segundos. Le pedí al taxista que frenara y le pagué, bajé del coche y miré el edificio que estaba a unos metros de distancia. Miré el estudio y la nostalgia me cubrió de nuevo, por lo que avancé para adentrarme.

Quería despejarme un poco, sentarme a pensar en todo lo que había estado atravesando, tanto bueno como malo. Pensar en mi trayectoria por la Taberna, me hizo recordar también a Tom, nunca me había llamado la atención un cliente; él fue el primero a quien sentí que debía ayudar, a menudo otras personas iban a embriagarse y contar sus problemas, todo moría ahí, en esa barra. Sin embargo, con Tom las cosas fueron totalmente diferentes, yo quise intervenir, había algo en él que me decía que debía ayudarlo.

Negué con la cabeza cuando me encontré frente a la entrada principal, el que estaba custodiando el paso me reconoció al instante y me saludó amablemente, no se mostró sorprendido o algo por el estilo. Yo sabía que era nuevo, así que mucho al tanto no estaba, también le saludé y me dirigí lentamente hacia la recepción. Todo el lobby se encontraba en silencio, y eso parecía advertirme de que la jornada laboral había terminado.

La jovencita que estaba en recepción era muy bonita y amable, me agradaba mucho su presencia, ella miró en mi dirección y parpadeó algo asombrada por mi aparición a estas horas de la noche. Suponía que ya eran más de las dos de la mañana.

—Hola Bill, ¿Se te ofrece algo? —dijo la secretaria que no recordaba su nombre. Era muy simpática y todo, pero ¡Maldita sea! No recordaba su nombre.

—No… Solo quería pasar el rato en el estudio —me apoyé en la encimera. — ¿Hay alguien?

—Es viernes así que… —empezó a mirar la pantalla de su laptop. —No, a esta hora ya no hay nadie, ¿Por qué? ¿Quieres que llame a Shannon?

—No, no, no —solté de inmediato—Creo que estaría bien si estoy un minuto a solas.

—Bueno, yo estaré un rato más y luego me iré —se puso de pie mientras me observaba con una sonrisa, se acomodaba su saquito de lana color verde manzana —No le diré a nadie que estuviste aquí, a Luca le toca custodiar esta noche.

—Entonces ninguno sabrá que estuve aquí —ambos asentimos, ya habíamos pactado el trato. —A excepción del nuevo.

Los dos miramos hacia la entrada, al sujeto que custodiaba la entrada.

—Pero él es nuevo, además parece no hablar mucho —dijo ella frunciendo la nariz y moviendo sus manos. —Todo será un secreto.

En realidad, todo era un juego, la verdad que no me molestaba que alguien se enterara de que estuve solo aquí. Los ensayos estaban interrumpidos hasta que yo regresara de L.A, por lo que todos estábamos en un receso veraniego.

Me despedí de ella y fui al ascensor, al abrirse las puertas me encontré con Luca, me guiñó el ojo y yo me adentré, le saludé con la mano y él siguió su rumbo. Al cerrarse las puertas eché un necesario suspiro y me apoyé contra la pared, miré el contador mientras dejaba caer el bolso al suelo. Había sido un bonito día, realmente aprecié que mis amigos se tomaran el tiempo para hacer una pre celebración de cumpleaños.

Las puertas se abrieron, y caí en la cuenta de que había presionado el botón equivocado, estaba en el piso donde, anteriormente, la banda de Tessa ensayaba y demás. Miré hacia adelante, el pasillo estaba vacío e iluminado por esas luces cálidas, había una rica fragancia y decidí poner un pie sobre el piso. Hacía tanto que no pasaba por aquí, por lo general mi lugar de trabajo era el último piso.

Lentamente recorrí el angosto camino, admirando cada detalle que había olvidado. Las fotografías colgadas en las paredes, los discos ganados, y frases célebres de cada persona que había conseguido el éxito estando aquí, me remontaban a un pasado que pensé que no podría recuperar. El lugar, el lugar me hacía regresar a esos acontecimientos. Con un paso lento atravesaba el pasillo, no quería terminar el recorrido pero lamentablemente había llegado a una puerta que me conduciría definitivamente a un momento en particular.

Tragué saliva fuertemente apoyando la mano en el picaporte, inspiré hondo y decidí pujar para ver el interior. Todo estaba en la penumbra, adentré la mano por el lateral de la pared hasta que di con los interruptores, los subí y la iluminación se hizo presente. Nada había cambiado, era como si el tiempo jamás hubiera transcurrido aquí, eso me produjo un escalofrío que me llevó a menear los hombros al tiempo que cerraba la puerta tras mi paso.

El silencio era tan acribillante que podía sentir mi respiración y las suelas de los zapatos chocar contra el piso limpio. La vista fue al sofá, me invadió una angustia al volver a esos instantes con Tom, en ese lugar había manifestado tantas emociones, aquí se presenciaron tantas cosas. No podía creer que pasé por mucho en un sitio como éste, era como si el pedazo de estudio perteneciera al escenario de una obra de teatro donde toda la trama ocurría.

Dejé el bolso en ese sofá y me senté despacio, dejando descansar mi cuerpo. Miré hacia un lado, seguía igual, fui al otro y lo mismo; todo estaba en su lugar. Esto me hacía sentir extraño, tenía algo atorado en el pecho que me producía mucha confusión debido a que tenía emociones y sentimientos ensalzados. Me encontraba contento, angustiado, apenado y avergonzado, también creí sentirme algo humillado pero abandoné esta última idea, solo era una sensación. Tom jamás había logrado eso, aunque tal vez el hecho de que ahora no estuviéramos juntos, me remontaba a lo que había pasado con Alex o incluso Benjamín.

Cerré los ojos mientras me frotaba la frente con la yema de los dedos, no debía ponerme así, cuando en este lugar, hacía tiempo atrás, habían ocurrido momentos maravillosos.

Decidí levantarme y seguir con el recorrido, me paré frente a la ventana y miré el interior de la cabina. Estaba el micrófono en el mismo lugar de siempre, la batería estaba cubierta por una tela fina y unas cajas negras apiladas en los costados del mismo. Di la vuelta y abrí la puerta que conectaba la cabina con el resto, encendí otras luces ya que aún no estaba lo suficientemente iluminado para poder confirmar lo que había visto.

Una vez que pude ver la totalidad del interior, sentí que las piernas flaquearon al ver una silla. Estaba situada en el mismo lugar de aquella vez, cuando Tom me había dedicado esa canción.

A esta altura, mi garganta ya empezaba a dificultar mi respiración y la picazón en la nariz me advertía de estornudos o de mocos. Retrocedí un par de pasos debido a los pequeños espasmos que estaba dando, entrecerré los ojos, poniendo mala cara, apretando los labios. Algo estaba marchando mal en mí, y fue en ese entonces que comencé a cuestionar si había hecho lo correcto al venir a este piso.

Con mi asumido dolor caminé hasta la silla, rodeándola, para luego sentarme en ella y mirar hacia un costado. Me barrí la lágrima que estaba cruzando la mejilla e inspiré profundamente, intentando quitar toda la presión en mi pecho, y pude lograrlo al recordar ese día. A ese cumpleaños que había sido especial.

Nunca podría olvidar su voz al cantar, ni mucho menos la manera que tenía de deslizar sus dedos por las cuerdas de la guitarra, tampoco los pequeños nervios que mostraba antes de darme su sorpresa. Su sonrisa algo avergonzada durante y al terminar su presentación, sus ojos posando sobre los míos a veces, haciéndome perder en el tiempo y enamorándome cada vez más. Sus manos sobre mí, ese beso que era un cable a tierra, y su perfume que era lo mejor que mi olfato podría anhelar.

Recordarlo me dolía, pero era un dolor bueno, de esos que te demostraban que habías sentido todo aquello con lo más profundo del corazón, y que jamás iban a poder regresar. O tal vez sí podían, pero no creía que sería lo mismo; a ambos nos costaría y mucho, ni siquiera podía pensar cómo sería si lo volviera a ver algún día.

Aclaré la garganta, en mi cabeza se reproducían las primeras notas de aquella canción. Pronto me sumergí en ese recuerdo y me dejé llevar por la canción; no podría olvidar la letra, a menudo solía escucharla cada que podía y no lloraba. Era todo lo contrario, sonreía por aquellos lindos minutos que había pasado a su lado en aquel momento.

Inspiré mientras aguardaba a que llegara el turno de cantar, me guiaba por el pensamiento, y una vez que todo estuvo en su lugar, dejé que su voz se escuchara primero en mi memoria, devolviendo esas sensaciones espléndidas. Apreté los muslos y dejé que mis manos se aferraran a las rodillas, sentía una corriente cálida recorrer mi cuerpo, y era que en ese momento habían velas encendidas.

—… But nothings feels like home… —canté tan suave como pude. —Like you, baby…

En mi mente su voz me acompañaba, todo parecía tan real que sonreí al tratar de convencerme de que era así.

—… I love you more than you will ever know…

No pude continuar ya que solo quería escuchar la canción en mi memoria, y así fue. Otra vez mis suspiros se presentaron y abrí los ojos mirando hacia adelante, aun oyendo su voz. Me estaba volviendo loco, por empezar no tendría que haber llegado hasta aquí, pero suponía que, luego de toda esa festividad y un día atareado, lo mejor era estar en un lugar tranquilo. Y jamás pensé que terminaría en este piso, mi objetivo estaba en el último de este edificio.

Empecé a cuestionarme, ¿Por qué estaba aquí? Me hundía en los recuerdos, era consciente de que dolía, y aunque fuera bonito me desgarraba al final de cuentas. Me producía una angustia terrible y una ansiedad incalculable, a tal punto que mi corazón parecía contraerse, o algo en mi pecho empezaba a hacer mucha presión. Negué con la cabeza y decidí ponerme de pie de manera exagerada, suponía que habían sido suficientes emociones por un día, lo que necesitaba ahora era descansar en mi cama.

Exhalé el aire apesadumbrado y me dirigí a la puerta, apagué las luces de la cabina y fui hacia el interior de la habitación contigua para tomar el bolso y marcharme de este piso. No sabía porque, en qué momento, todo parecía dar un giro rotundo y algo me decía que tenía que salir de aquí; tal vez mi parte racional estaba advirtiendo de lo que al final podría ser un mar de llanto.

De un solo tirón logré alcanzar el bolso y fui a paso rápido, rogando que esta sensación se fuera de mí. Apoyé la mano en la perilla y al abrirla…

Fue dueño de mi inspiración sorpresa, los nervios se expandieron por todo mi estómago de repente y la piel se me erizó, acompañado de eso un escalofrío atormentaba mi espalda y el familiar nudo en la garganta me impidió gesticular algún tipo de palabra. Mis ojos casi se escapaban de mi cuerpo, mis pies decidieron retroceder dos pasos y sentí una tensión en toda mi anatomía. La mano que había tomado la perilla cayó al costado de mi cuerpo, como si no tuviera vida, por medio de aquel material habíamos hecho el primer contacto después de larga ausencia y, aunque eso era un pensamiento enfermo, pude sentir la calidez de la suya sobre la mía.

Sus ojos, aquellos que había olvidado la forma que tenían de envolverme con facilidad bajo su encanto, se quedaron fijos sobre los míos y detecté un destello que, suponía, había logrado contagiarme. Mis labios entreabiertos hicieron más evidente el temblor de los mismos, mis párpados no se querían quedar atrás y pronto sentía un ardor que cubría la retina.

Él estaba ahí, parado frente a mí, también cargando con una expresión similar a la mía. La diferencia era que él podía disimularlo un poco, yo por dentro y por fuera estaba reaccionando de una forma que no me lo esperaba.

Con todo el valor que pude, obtuve que mi garganta pudiera desaparecer aquel infernal nudo tras hacer pasar un poco de saliva con fuerza. Ni siquiera podía parpadear, sentía que si lo hacía iba a perder su imagen renovada.

Él estaba diferente, muy diferente, y aun así lo reconocía. ¿Y cómo no hacerlo? Si se trataba de la persona que yo…

—Tom… —solté de mi boca. Fue como un grito desgarrador en medio de la tortura, un llamado de auxilio desde lo más profundo de la oscuridad.

¿Acaso estaba soñando despierto?

Continúa…

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por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

Un comentario en «II Wünschen 29»
  1. Me quedé sin aire, literal. No me imaginaba que se encontrarían de esa forma. Ni siquiera quería que se encontraran cuando Bill todavía sigue siendo inestable emocionalmente. Ya entendí que se quieren y no pueden olvidarse, entonces dejen de hacer sufrir a los lectores y ya cásense.

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