«Wünschen». Temporada II
Capítulo 3: No fue buena idea
Mis ojos estaban clavados en la terminación de la cortina, David había dicho que iba a comprar unas nuevas, los flecos ya andaban rotos y había partes que estaban arrancadas. No podía conciliar el sueño, el insomnio había regresado desde esa cercanía con Tom en su vehículo, era el culpable por cargar con ojeras por no concentrarme en el trabajo, y por esperar un mensaje suyo cuando jamás llegaba.
¿Por qué sentía que esto ya lo había vivido antes?
Aclaré la garganta y apoyé mejor la cabeza sobre mi brazo flexionado. Una mano cálida me recorrió la cintura y buscó la mía, al dar con ella, entrelazó nuestros dedos y sentí una leve corriente de aire sobre mi oreja. Moví mi cuerpo al sentir el suyo apegarse más a mi espalda, estábamos más calentitos bajo la frazada morada. Aunque los pies de David siempre estaban fríos, el resto de su cuerpo conservaba un calor que te daban ganas de pasar todo un rato de frío polar a su lado; eso es lo que estaba haciendo ahora, permanecer a su lado.
En mi cabeza batallaba sobre lo sucedido, mis palabras no eran ciertas, pero Tom no hizo nada por detenerlo. Luego de decirle eso, él manejó hasta el departamento, el trayecto fue en silencio, yo pensaba que todo funcionaría mal entonces. Pero lo que me sorprendió fue que él me despidiera con su encantadora sonrisa.
Aun cuando había perdido la partida, él seguía tan sonriente como siempre. Y lo envidiaba por eso, porque él seguía como si nada mientras que yo no paraba de pensar en el momento que pasamos juntos, solo había sido un rato y bastó para hacerme recordar el pasado. Nuestro pasado.
Sentía una sensación de mierda, mis ojos empezaron a llenarse de agua e inspiré profundamente, evitando sentirme de esa manera. Logré reprimirlo, y cerré los ojos para intentar dormir un poco.
— ¿Qué es lo que te atormenta? —La voz de David me estremeció al oírla tan cerca, mojé mis labios y volví la vista hacia la parte inferior de la cortina. La luz del televisor era lo único que iluminaba la habitación, a él no le molestaba que durmiéramos con la tele prendida. — ¿Por qué no puedes dormir?
—Es que… —mi susurro era muy débil, demasiado, aclaré la garganta de nuevo y deseaba recuperar mi voz para no levantar sospechas. —Estoy preocupado por Andrew, ya sabes, en una semana tendrá el debut con la banda.
— ¿Eso te preocupa? —Asentí con la cabeza, por dentro reprimía el auto-odio por mentir, aunque esa culpa ya no me afectaba tanto como antes. —El single fue lanzado con éxito, le irá bien.
En un mes el single se había ido hasta más allá de lo que la banda de Tessa había logrado, el impacto por la personalidad e imagen de Andrew daba qué hablar en todas partes. Fue tan revolucionario que las chicas pasaban a un segundo plano y Biersack tenía todo el crédito.
El tiempo había pasado rápido, en una semana comenzaría un nuevo año y ellos estaban invitados a hacer la pre-fiesta y el recuento oficial en una de las atracciones más frecuentadas de Berlín. No podía estar más orgulloso de su progreso.
—Actúas como si fueras su madre —lanzó una risita y besó mi nuca. — ¿Seguro que es por eso? ¿O hay algo más?
Esas preguntas eran una bomba de tiempo amenazando con nuestra relación. No estaba siendo honesto con él, andaba a su lado pero pensaba en Tom; me hacía sentir miserable, un idiota. Negué con la cabeza, sumergido en recuerdos, sintiendo aromas y sensaciones que me hacían bien, ¿Por qué mi mente jugaba tanto conmigo?
—Creo que necesito unas vacaciones. —dije sin pensarlo. Eso era, necesitaba alejarme del trabajo y otras cuestiones que eran demasiado evidentes.
—Podemos ir a Grecia, es un lugar muy bonito —me imaginaba una sonrisa en su rostro al decir eso. David tenía una fascinación por esos lugares, el agua tan azul y la infraestructura, todo era tan maravilloso y soñado. —Solo espero que no llamen de ninguna editorial.
Él había mandado su escrito a varias editoriales, luego de que le dije que debería volver a intentarlo tomó mi consejo. Creía que lo único que le faltaba era alguien que lo impulsara, me confesó que nadie antes había leído su escrito, solo tal vez esa editorial que rechazó su trabajo, y la verdad que me asombré de oírlo. Podía ser que no quería que supieran de su otro talento, a sus cuarenta años aparentaba de menos y la personalidad se asimilaba a la de un jovencito.
Me di la vuelta como si fuera una oruga, conseguí estar cara a cara y sus ojos estaban cerrados. Alzó la cabeza y depositó un beso en mi frente, una amargura se depositó en mi interior, el simple hecho de que en este momento no le estaba siendo correspondido me abrumó enseguida.
— ¿Escuchas eso? —sentimos unos golpeteos que provenían del ventanal. Nos separamos con cuidado y ambos fijamos en la misma dirección, parecía una tormenta.
David se levantó y yo encendí las luces de los veladores, él llevaba solo unos calzoncillos ridículos, de color verde con hombrecitos de nieve, era un regalo mío, realmente se me había hecho gracioso y, como él era bromista, quise darle algo acorde a su personalidad. Me senté con las piernas cruzadas en la cama y me removí las rastas, él me miró tras correr un poco la cortina, una sonrisa se le dibujó en la cara y me llamó con la mano.
Me destapé y apoyé los pies en la alfombra, una brisita fría me recorrió las piernas descubiertas, me di impulso con las manos para ponerme de pie, llevaba puesto una de los buzos universitarios de David, me iba enorme. Caminé lentamente con curiosidad sobre el motivo de la sonrisa en su cara. Él corrió en su totalidad la cortina y pude apreciar una de las maravillas más conmovedoras que podía existir.
Estaba nevando, un leve manto blanco comenzaba a cubrir todo lo que había a su paso. También sonreí ante hermosa escena, David se alejó de mí mientras yo contemplaba lo lindo de la noche, no podía encontrar una mejor descripción de lo que estaba mirando. La caída de nieve en Navidad era realmente algo de película.
—Es hermoso —susurré, absorto en algunos copos de nieve que descendían tomándose su tiempo.
—Feliz Navidad —bajé la mirada al detectar un objeto frente a mí. Era una cajita mediana de terciopelo azul, elevé la mirada hasta dar con sus ojos; había comprado muchos regalos y todos esperaban ansiosos a ser descubiertos, pero mi desconcierto al tener algo como esto era indescriptible.
Lo tomé despacio, él se acercó un poco más. Lo abrí y noté dos dijes colgando de una cadena de grosor medio, ambas eran letras. D y B, separadas, cubiertas de oro; no podía ser, era un detalle muy lindo. Abrí la boca por el asombro y fruncí las cejas, lo retiré de la cajita y el collar era muy pequeño para mi cuello.
—Es una pulsera —Dijo David y le miré, dejó a un lado la cajita y yo estiré el brazo con el puño hacia arriba. Él tomó de cada extremo de la pulsera de oro, la pasó por debajo de mi muñeca y la rodeó con la misma, yo le miré unos segundos, notaba su sonrisa, estaba feliz. Apenado, le fijaba todos sus rasgos, sus delgados labios presumían esos dientes parejos y radiantes, todo él lo era.
Él nunca había tenido una relación oficial, no era de involucrarse con mujeres a menudo, tampoco se había casado o tuvo hijos. David era un hombre romántico, él estaba fijo con la idea del amor para siempre, ¿Por qué no lo había conocido antes? Hubiera funcionado, me recordaba a mí en mis primeros momentos de enamoramiento, cuando andaba por las nubes con el profesor Kuhn.
Realmente me aborrecía por no corresponderle, era una buena persona, sin dudas lo era; y yo, yo solamente estaba jugando, estaba buscando a alguien para tapar un hueco, quería intentar olvidar a Tom, pensaba que lo haría. Por el contrario, cuando él regresó todo se puso de cabeza.
Al engancharlo, me quedé mirando como lucía en mi muñeca, era perfecto. Abracé a David, él tan a gusto conmigo, yo un desagradecido; cerré los ojos, abrazándolo fuerte, quería abrazarlo por mucho tiempo, tal vez así podría sentir lo que él siente por mí.
—Feliz Navidad, David —dije en voz baja, nos mecíamos lentamente, él besó mi cabello y yo fijé en la calle. Inspiré profundamente, llenando hasta donde podían los pulmones con su perfume, luego exhalé con pesadumbre.
«Feliz Navidad, Tom», pensé luego.
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—Ah, ¡Pero mira lo bonito que es eso! —Mika tomó mi muñeca con cuidado, mirando con ojos saltones el regalo de David. —Es realmente precioso, y parece carísimo.
—Viniendo de un productor que se da todos los lujos —Dijo Andy sentándose en la silla a mi lado. —Es normal para ellos ese tipo de regalos.
—Hey, no lo subestimes —le fulminé con la mirada.
Estábamos en el almuerzo de Navidad organizado por Blas, Mika había venido una semana antes de lo que debería, su familia viajó anoche dejándola sola en la víspera; realmente no comprendía a su madre, era tan desinteresada por su hija.
Todos los miembros y el Staff de Killya estaban presentes, me sentía como en casa con ellos, tantos recuerdos venían y empezamos hacer unos nuevos junto con Mika. Andrew se había ido a visitar a su familia, Ria había quedado en ir a Filipinas esta semana, en Año Nuevo estaría de regreso.
—Era una bromita —hizo un puchero.
—¡Miren quién llegó! —todos volteamos a ver la entrada del comedor inmenso y poblado. Aparecieron Shiro y Tom con bolsas de regalos, corrieron a saludarle y ayudarles, Blas tenía puesto un delantal de cocina y la cantante una cuchara de palo, los dos fueron a saludarle primero.
Yo no podía creer lo radiante que se veía, esa sonrisa tan inmensa plasmada en su cara, su manera de abrazar a cada uno, la posición de sus manos en la espalda de cada persona que lo iba a saludar, era como si quisiera protegerles, hacerles saber que él estaría en lo que necesitaran. Y yo… Yo lo necesitaba.
¡No! ¿Qué demonios pasaba conmigo? Mika fue corriendo tras de Andy, esos dos parecían unos niños juntos.
No sabía qué hacer, mis mejillas tomaron algo de calor y busqué el teléfono para distraerme. Entré a esa red que tenía un icono de una camarita, lo primero que se me presentó en la pantalla era una foto de David. Recordé el lugar, ¡Me tomó una foto de espaldas! Estaba mirando por la ventana, con el cabello revuelto y llevando su buzo, de fondo, la nieve cayendo sin prisa alguna. Con razón se había apartado de mí en un momento, aprovechó eso para sacarme la foto. Un montón de comentarios había debajo, tanto negativos como positivos, leí unos cuantos y luego bloqueé el teléfono.
Al elevar la vista, me dio un pinchazo en el pecho al ver a Tom mirándome, me sonrió y… ¡La puta madre! ¡Tenía que dejar de hacer eso! Me hice para atrás con la silla, me puse de pie pero él me atrapó entre sus brazos, apoyó su cabeza sobre mi hombro y yo postré los ojos en el techo, sorprendido de su acción. Me estrujó contra él, reconocí que era de una manera que antes no lo había hecho, yo inspiré y deposité mis manos sobre su espalda.
Vi que Andy pasó por mi lado, asintiendo y haciendo una mueca pícara. Yo fruncí las cejas y se rió. Mierda, más tarde tendría que soportar sus cargadas.
—¿Cómo estás? —preguntó al separarnos. Yo asentí sonriendo como podía, mierda, estaba por desvanecerme.
Aclaré la garganta, a la mierda todo esto, tenía que sacar mi lado maduro. Me puse erguido y comenzamos a hablar fluidamente, como si nada, sin remordimientos.
El almuerzo se dio a cabo, Tom se sentó a mi lado pero intenté separar esos sentimientos adormecidos, no era el momento, nunca iban a tener uno tampoco. Yo le dejé en claro que no quería saber nada de él en el pasado, y ahora agregué que solo seríamos amigos, ¿Era muy idiota, verdad? Acababa de condenarme, me metí en un juego con un final obvio; bien Bill, en verdad eras un testarudo.
—No comía con tanta gente desde hace tiempo —murmuró Mika mientras enterraba su cubierto, sus ojos estaban postrados en el plato y me invadió una angustia. Deposité una mano sobre su hombro y lo froté.
— ¿Qué pasó? —preguntó de chismoso Tom. Andy empezó a hablar con ella al notar que iba a ponerse triste, yo giré a ver al productor.
—No seas una vieja —le miré serio. —Solo cuestiones familiares.
— ¿Pero no es mayor? —yo negué con la cabeza.
—Es muy complicado de explicar, Andrew me lo contó todo —bebí un poco de agua. Tom estaba con un brazo rodeando mi silla y la otra sobre la mesa. No sabía si estábamos muy cerca o no, si esto se les hacía raro a los demás, aunque ninguno nos miraba de manera extraña. Y era que cuando nos juntábamos todos, parecía que las cosas no habían cambiado. —¿Cómo está tu papá? ¿Y Sarah?
—Ellos están muy bien —se reposó en el espaldar de la silla, cómodo. Mis ojos le siguieron en su corto trayecto, me sonrió con gusto. —Y resulta que tengo dos hermanos ahora.
— ¿¡Qué!? —Me exalté, por suerte no se había escuchado en la sala porque todos estaban a las risotadas. — ¿Está embarazada de nuevo o lo tuvo hace poco?
—No, nos mintió —dijo rascándose la nariz con el pulgar. —Mi padre siempre tuvo ese sueño de tener gemelos o mellizos, y Sara quería darle una sorpresa, así que…
—Aguantó la noticia hasta que dio luz a dos —terminé su oración y él asintió. —Ow, ¿Son dos niños?
—Son mellizos, una niña y un niño. —Sonrió orgulloso de ser el hermano mayor, me alegré por él. —Deberías ir a visitarlos algún día.
— ¡Por supuesto! Tengo que ver a esos dos bonitos —me enternecí al imaginar a una versión de Tom por dos en miniatura, con los cachetes regordetes y los ojitos color miel, o como los de Sara.
Ya entraba a ponerme cursi con esto. Los bebés me encantaban, siempre había querido tener algún ser pequeño a quien cuidar, regalarle mimos. Suponía que por eso apreciaba tanto a Mika, ella era muy adorable y se creó un vínculo especial entre nosotros.
Al terminar de almorzar, la sobremesa se llevó se concretó con cigarrillos, café y anécdotas. Mika y Andy estaban en el patio de la casa de Blas, como había nevado en la madrugada hasta las primeras horas de la mañana, la nieve se había acumulado y era perfecto para armar muñecos o jugar como niños.
Yo estaba cruzado de brazos, mirando como Tom fumaba con Shiro que estaba sentado frente a nosotros. Aún no apartaba el brazo de mi silla, y mi espalda rozaba con la misma; no me había dado cuenta antes de que su mano estaba casi tomando mi hombro, pero no le dije nada, no me molestaba. Conversamos los tres serenos, de cosas que no tenían que ver con nuestras vidas, de la situación política, económica. Por estas cosas también te dabas cuenta que habías madurado.
—Tendríamos que sacarnos una fotos todos juntos —habló Shiro. —Digo, si KillYa está a punto de regresar, tenemos que documentar este momento.
Todos estuvimos de acuerdo, Andy y Mika tomaron la foto al grupo, que era demasiado enorme. Al tomar un par, la mayoría salió hacia el patio con sus abrigos. Por cierto, ¿Esto en verdad era parte de la casa de Blas? La residencia era enorme.
Todo era muy blanco, tanto que comenzaba a marearme, Mika y Andy se perseguían como idiotas con bolas de nieve, mi mejor amigo me arrojó uno al pecho y exageré el golpe. Tenía hielo congelado en parte de las rastas y mi bufanda roja, me limpié sintiendo a medias la frialdad debido a que portaba guantes y me puse de cuclillas, comenzando a juntar un poco de mi arma inocente. Fijaba a mi mejor amigo como si fuera a asesinarlo y él solo me hacía caras graciosas.
Al formar esa bola de nieve, me erguí desafiante, pero un impacto en mi hombro me desconcertó de inmediato, me volteé y Tom se reía de mi boca abierta y la indignación al ser atacado. Se lo arrojé pero él supo esquivarlo, me miró victorioso, se le incrustó en la nuca otra bola de nieve, era Mika. Me eché a reír y comenzó una guerra entre todos los que se sumaban.
El lugar era enorme, por lo que nos desparramamos por donde podíamos, aunque a veces algunos se caían debido a la torpeza de sus pies con respecto a pisar bien en los cúmulos de nieve. No sabía cómo era que los grupos se habían formado, pero los de KillYa hicieron su lado izquierdo su terreno, dejándonos a Tom, Mika, Andy y yo del otro lado. Shiro se mataba de risa junto con otros miembros del Staff que observaban el ridículo que estábamos montando.
El frío se nos fue al agitar nuestras respiraciones y movilizar el cuerpo, por instantes sentía adrenalina al querer escapar de esas bolas de nieve. Por suerte nos resguardábamos en arbustos que estaban ubicados por doquier. El quiosco ubicado en el medio parecía dividir nuestra fortaleza.
Estaba vigilando a Blas, que parecía distraído, y cuando estaba por arrojarle para derrotarlo, sentí que alguien me llevó por delante y caí de espaldas, detrás de unos arbustos. Me quejé del dolor y fruncí el ceño, noté que tenía nieve por toda la cara y que alguien estaba sobre mí; al aclarar la vista, me topé con el rostro de Tom.
—Casi te atacan —me retiró de a poco la nieve de mi rostro. Yo entrecerré los ojos y arrugué la nariz al sentir sus dedos limpiando la misma, su rostro y el mío estaban muy cerca.
Enfoqué mis ojos en los suyos, al mismo tiempo que sentí una explosión en mi interior, y rápidamente caí en la cuenta que se trataba de lo que sentía antes por él; estaban regresando, cada vez que él me tocaba, de alguna manera, consciente o inconscientemente mis sentimientos hacia el volvían. Pero yo no los quería, no podía, en este momento no podía; estaba con David, Tom tenía una vida, pudo sobrevivir a nuestra despedida, pudo sobrevivir sin mí.
—Gracias —susurré, no le pedí que se quitara de encima para poder pararme. Solo estaba ahí, tendido en el frío suelo, más eso estaba desapareciendo al tener contacto con su cuerpo.
Había un mechón que se interponía en esa hermosa carita, por lo que con mis dedos enguantados lo barrí hacia atrás y lo dejé depositado en su mejilla de nuevo. Mi respiración comenzaba a profundizarse, mis piernas flexionadas tiritaban y no sabía si era por el frío u otra cosa. Desplacé mi mano, contorneando un lado de su rostro, él solo fijaba mis labios.
La cercanía que tenía era proporcional a la distancia de los dedos de la mano de un pequeño. Podía sentir su respiración y que la posición era perfecta, nuestros labios estaban enfrentados y solo bastaba efectuar un solo movimiento para conectarlos.
Me recorría una corriente cálida por las mejillas, ¿Qué estaba esperando? Mi otra parte gritaba fuertemente que cometiera lo que era evidente, mi corazón estaba empezando a acelerar su ritmo y mi mente se puso difuso, ya ni podía pensar, estaba absorto en este momento, en sus pestañas, sus ojos, su nariz tan perfecta y sus labios. Aquellos mismos que me habían vuelto loco en ocasiones y eran los iniciadores del descontrol de la situación en la que nos veíamos envueltos.
—No lo hagas —estaba seguro que mi voz casi no salió pero en mi mente había retumbado, ¿Por qué decía una cosa y quería otra?
Sabía que tenía que ver con el miedo de volver a sentir, no quería sufrir, sin embargo, ya estaba sufriendo porque no me permitía algo que era verdadero. ¿Nuestro amor fue verdadero? No podía contestar, o no quería contestar. Habíamos pasado lindos momentos, me hizo dar esperanzas con respecto a amar, pude cumplir sueños que habían sido rotos por otros. Tom logró recomponerlos y lo llevó más allá, volviéndolos reales.
— ¿Dónde están estos dos? —escuchamos la voz de Andy, él se separó de mí y me ayudó a levantarme. Justo llegó mi mejor amigo y nos quedó mirando.
Tom me ayudó a quitarme la nieve de la espalda, actuábamos como si nada, así fue en todo el día y tenía que acostumbrarme a esto, porque así seguiríamos por el resto de la vida. Nos miramos, cómplices de lo que podría haber sucedido si Andy no llegaba, me sonrojé, seguramente ya estaba tan rojo como la sangre a esta altura del momento. Esbocé una pequeña sonrisa y mentimos sobre que me había caído y él me ayudó. Aunque era verdad, omitimos el detalle del casi beso, eso era solo un secreto nuestro.
Hora después, todos con sus regalos y panzas llenas, comenzaron a irse cada uno por su lado. Tom se ofreció a llevarnos a Mika y a mí al departamento. Andy se quedó con Blas a pasar el día, ya sabíamos cómo iba a concluir dicha jornada.
Al despedirnos de todos, nos metimos a su auto, Mika estaba encantada con sus regalos, ella decía que no se lo merecía porque recién empezaba a mostrarse con la banda, yo le regañé por eso, se merecía muchas cosas. Se sentó atrás con todas las bolsas, Tom estaba al volante y yo a su lado, nos pusimos el cinturón de seguridad, él dio marcha después.
—Sé que no es debido preguntar —habló Mika, yo miré por sobre mi hombro en su dirección. —Pero… ¿Ustedes eran novios?
La carcajada de Tom me hizo mirarlo fuerte, yo temí por eso. La jovencita me observaba con expresión divertida, ¿Cómo se había dado cuenta? ¿Acaso nos vio o algo? Que yo sepa no le había contado nada de nada, a menos que Andy le haya mencionado, pero dudaba.
— ¿Qué te hace pensar eso, jovencita? —preguntó Tom con seriedad, aún tenía una media sonrisa y solo le quería intimidar con el cuestionamiento. Mika me miró un poco asustada y yo solo negué con la cabeza.
—No lo sé, creo que es muy obvio. De igual forma, si no es así, harían buena pareja.
—Vaya, creo que alguien comió demasiada azúcar el día de hoy —intervine, queriendo desviar el tema. —Vas a tomar un té y luego a dormir, sino te dolerá el estómago.
—Hey, no le digas qué hacer a la chica —me dijo Tom y le miré con mala cara. —Ella es grande, sabe lo que hace. Si quiere comer dulces o hablar de lo que quiera deberías dejar que lo haga.
—Pero ella está a mi cargo por estos días —me defendí. —Se acostará temprano porque después se queja de las ojeras que lleva por la mañana.
—¿Acaso a ti te dicen que te acuestes temprano? —me miró de reojo y yo le miré indignado, me crucé de brazos. —Mika, no le hagas caso a lo que dice este loquito, tú puedes preguntar lo que quieras. Y respondiendo tu pregunta…
—¡Tom! —le llamé nervioso, nuestra interrogante se echó a reír. Él frenó el vehículo y nos miró. —No soy un loquito.
—¿De qué te ríes? —enarcó una ceja él fijando a la pequeña, se veía ridículamente lindo así.
—Es que… —se tomó el estómago con ambas manos, sus mejillas estaban rojas y la sonrisa deslumbraba su angelical presencia. —Realmente se complementan y la paso de maravilla, parecemos una familia.
Tom y yo nos miramos, yo sonreí de pura vergüenza y Tom se mostraba triunfante ante una referencia hacia nosotros. No era la primera persona que nos decía eso, todos los que nos habían conocido como pareja decían lo mismo, más ahora no lo éramos y se tornaba raro el ambiente. Era como una incomodidad, y a la vez, una satisfacción exitosa por saberlo.
—Bueno… Sí estábamos juntos —miré con pánico a Tom, él me guiñó un ojo. —Pero tu madre no quiere que regresemos.
Se refirió a mí y Mika volvió a reírse, Tom la acompañó y yo me hundía en un mar de humillación y pena. Le golpeé en el hombro y retomó el labor de conducir; en serio, no había cambiado en nada en ese aspecto.
—Ahora somos amigos. —intenté arreglarlo, Tom aclaró la garganta de forma exagerada. —Lo somos.
Le miré.
—Ajá —me quiso dar la razón, pero sabía que estaba siendo sarcástico. —Y Mika sale con Biersack.
Ella no se rió, la fijé por el espejo retrovisor y apretó sus labios, ¡Oh, por dios!
—¿Estás saliendo con él? —chillé mirándole sorprendido, ella, tímida, asintió.
—¿Ya ves? No puedes sostener que seguimos siendo amigos —Tom seguía dando lata al asunto, ya estaba comenzando a fastidiarme, ¡No intentes cambiar mi opinión!
Continúa…
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