II Wünschen 30

«Wünschen». Temporada II

Capítulo 30: Definitivo

—No… Bueno —Frotó sus manos contra las piernas mientras observaba su celular que se encontraba sobre la cama, dio pequeños brincos de los nervios y yo solo le observaba —Aquí voy…

Le quedé mirando mientras él aplaudía y emitía un sonido gracioso de lo nervioso que estaba, había cierto infantilismo en sus gestos y eso fue lo que me hizo mostrar una cortés sonrisa. Tenía el cabello húmedo y ropa casual, había salido de bañarse hacía diez minutos y yo llegué hacía cinco. Y todo porque él me llamó de inmediato para que viniera al hotel en el cual se hospedaba.

Infló sus mejillas, haciendo resonar los labios al liberar el aire por los mismos, emitiendo un ruido cómico. Podía sentir sus nervios, me los transmitía, más él había optado por llamar a un contacto que le diría sobre el paradero de su ex pareja.

—Bien… —susurré insistente, miraba constantemente del teléfono a su rostro y se tornó pálido como la nieve, abrió bien grande los ojos e hicimos contacto por los mismos. Por un segundo me sentí extraño, no sabía el motivo.

—No… —negó rotundamente la cabeza —No puedo, Tom…. ¡Mierda, esto es difícil!

Se alteró como solo algunas veces pude verlo, golpeteó las palmas de las manos sobre las rodilla e intenté tranquilizar su abrupto comportamiento. Teniendo un pasado duro sabía cómo actuaba frente a ciertas situaciones, hasta ya tenía fichado los indicios de un calvario por su parte. Eike había tenido muchos problemas, y aunque había pedido ayuda para salir adelante, la etapa de superación no tenía fecha límite. Bien uno sabía que las enfermedades, vicios o fetiches raros no terminaban cuando uno decía basta, aunque la mente lo diga, el cuerpo siempre respondía a ciertos estímulos.

—Tranquilo, está todo bien —deslicé mi mano derecha en movimientos circulares por su espalda para lograr encontrar en él la calma. —Puedes intentarlo otro día.

—No sé si haya otro día para mi —hizo un puchero y tragó saliva, comenzó a jugar con sus dedos.

Recordaba que antes no fijaba los detalles de los demás, bueno, no los analizaba a fondo. Sin embargo, cuando conocí a Bill, quería mirar todos sus detalles, guardar sus gestos y demás. Era consciente de que, en algún punto, Eike me recordaba a Bill, no podría decir la razón en concreto, simplemente había algo que me lo recordaba. Me sentía confundido entonces, pero confundido en el buen sentido.

—No es tiempo perdido, aún eres joven y tienes muchas cosas por vivir. —le animé, él esbozó una pequeña sonrisa, apenas se notaban sus dientes.

—Eres muy bueno Tom, en serio —ladeé la cabeza y aparté con suavidad la mano de su cuerpo. —Ojalá las cosas con tu chico puedan arreglarse porque eres muy amable, nunca pensé que en este mundo podría haber buena gente.

—Es sabido que no todos somos santos, alguna que otra vez hemos cometido un delito. —dije cruzándome de brazos.

—No es delito amar a alguien —me miró. —Ni tampoco lo son las acciones que toma uno para que esa persona sea feliz.

Su última frase golpeó gravemente mi pecho, yo lo había hecho pero, aún así, terminé dañando a alguien más. No, no solo le había dañado sino que había roto todo lo que habíamos construido. Y era una ilusión pensar que en poco tiempo habíamos logrado tanto; Bill había hecho mucho por mí, y era una pena saber que lo reconocía cuando era muy tarde.

Me desconcertó una canción electrónica, Eike tomó el teléfono y miré su expresión, atendió intranquilo, me dio una mirada y se puso de pie. Con el gesto de sus manos pidió un minuto y yo asentí, aguardé en la habitación mientras él se mudaba al balcón del hotel. Me quedé pensando en los días que se vendrían, el momento en el que vería a Bill después de meses. No sabía como sentirme, parecía una mujer.

Eike regresó y tenía una cara pálida, nos miramos y él no podía hablar, tomó una gran respiración y me puse de pie, alerta a cualquier cosa. No era que le tenía miedo, solo a una cosa le tuve miedo y vaya que fue tremendo, pero tenía que saberlo tratar. Sonaba como si él estuviera loco, y no, sabía de su problema en el pasado y le tenía un respeto por haber logrado salir de ello, y lo hizo porque quería estar bien consigo y demostrar que el apoyo de la persona que le amaba le había hecho efecto, aunque, y por más coincidencia que pareciera, Eike se había dado cuenta de ello tiempo después.

—Me encontraron. —habló suave. —Mis tíos saben que estoy aquí.

— ¿Y qué harás?

—Me dijeron que ya media familia sabe que estoy aquí, quieren verme —se encontraba sorprendido y angustiado. — ¿Stuttgart no queda lejos verdad? ¿Habrá algún medio de transporte a esta hora?

—Creo que puedes conseguir un bus, ¿No quieres que te lleve? —pregunté, él comenzaba a meter las prendas que estaban en la cama dentro de su maleta.

—Haces mucho por mí —dejó de empacar. —Y no quiero que regreses solo, además, si les aviso ellos me esperarán cuando llegue.

— ¿Estás seguro?

—Estás actuando como un padre, ¡Y yo soy el mayor! —se echó una carcajada mientras cerraba la maleta y se preparaba para abandonar la habitación.

—Por lo menos déjame llevarte hasta la terminal de autobús. —estaba preocupado por él, no quería que le sucediera nada en su viaje.

—Mmmm, está bien —se hizo el de dudar, me golpeó el hombro a modo de broma y emprendimos la caminata para abandonar el hotel. Yo le llevaba la maleta y él su bolso de mano.

Le acompañé hasta recepción y luego salimos para dirigirnos hacia mi coche. El trayecto fue gracioso, Eike se mostraba animado y emocionado, por el momento, eso era bueno. Una vez que nos subimos, conduje por unos minutos, trataba de distraerle, tronaba sus dedos cada tanto y eso era por los nervios. Pusimos un poco de música, hablamos de cualquier otra cosa que lo alejara de esa visita familiar.

Llegamos antes de lo pensado, la espera se hacia eterna y eso que debíamos aguardar veinte minutos, había una fila esperando y yo pensé que a esta hora no había nadie. Eike me pidió una foto, por si jamás lo volvería a ver a modo de broma le dije que lo seguiría a escondidas y me trató de psicópata. Obviamente, terminamos a las carcajadas.

—O sea que… Tu búsqueda queda en suspenso por el momento —liberé el primer humo al encender el cigarrillo, estábamos afuera aún faltaban cinco minutos de todas formas, lo iban a anunciar cuando el bus llegara a la plataforma.

—No puedo decirle que no a mi familia. —se sobó la nuca. —Además, puede que no se note pero estoy muy nervioso, y sé que es culpa de ese idiota. Y creo que le vendría bien respirar un poco, ¿Nunca piensas cómo sería el reencuentro de dos personas que se amaron a pesar de todo? Yo estaría gritando, y me desmayaría, no sé de qué sería él capaz.

—Ah… ¿Cómo se llama? —pregunté mientras fruncía el ceño al inhalar la nicotina.

—Oh, creo que nunca lo dije… ¡Qué tonto soy! —se pegó en la frente, sonriendo.

Anunciaron la llegada del bus y nos adentramos, nos apuramos un poco ya que estábamos algo lejos del destino, cuando vimos el bus, las personas ya estaban subiendo y yo fui a llevar su maleta al área del portaequipaje, mientras él iba a mostrar su boleto. Cuando todo estuvo en su lugar, fui casi corriendo hasta él.

—Bueno, muchas gracias por todo —me miró sonriente, unos segundos después… Se abalanzó sobre mí y me dio un abrazo fuerte. —Claro que vamos a volver a vernos.

—No tienes nada que agradecer —dije compasivo. —Por supuesto, tienes que decirme si lograste tu objetivo.

Me dio un beso en la mejilla y luego subió al bus. Arrancó a los dos minutos y le saludé con la mano en alto, él sonreía todo contento, luego me enseñó su móvil y comprendí que me mandaría algún mensaje o algo así.

Me tomé todo el tiempo para salir del lugar, miraba los stands y me distraía con alguna que otra chuchería. Al final terminé comprando algunas cosas para decorar el apartamento, lo veía muy opaco. Los acomodé en el asiento trasero de mi coche y luego me subí. No tenía sueño aunque ya fueran más de las doce de la noche, y tampoco quería regresar al apartamento.

Cuando caí en la cuenta por donde iba, estaba cerca del estudio. Tocar un poco la guitarra y desvelarme en ese lugar suponía que lograría hacerme sentir un poco mejor. Aunque no podía quedarme hasta tarde porque debía ir a ver a Georg, habíamos quedado en juntarnos antes de que yo diera comienzo a mi destino.

Tardé diez minutos, no había nada de tráfico y aparqué en un lugar cercano al estudio, casi siempre frente al mismo. Le puse el seguro y crucé trotando, saludé a Luca con un choque de manos e ingresé y fui directo a saludar a Lorna.

— ¡Looooooorna! —dije animado y ella se asustó y tiró a la mierda los papeles que tenía en la mano. —Eh, que no soy un monstruo.

—Es que todo está en silencio y de repente vienes —se tomó el pecho con la mano y luego desapareció para tomar lo que fuera que se le había caído al suelo. — ¿No es un buen viernes?

— ¿Por qué lo dices? —me apoyé en la encimera de recepción, ella se levantó y se le escapaba un poco el brasier fucsia de esa blusa escotada. Tenía el cabello despeinado de haber estado inclinada hacía segundos.

—Porque estás aquí —se acomodó el cabello y volvió a su labor. —Yo estoy por terminar aquí y me retiro, Luca se quedará y… Creo que eso es todo.

—Bueno, tampoco me quedaré hasta tarde. —Me barrí el mechón por detrás de la oreja.

—Está bien, de todas formas, eres el hijo del dueño de todo esto —se rió. Me despedí de ella y entré al ascensor.

Me até nuevamente el cabello en un rodete sin mucho esfuerzo y fijaba el contador. Las puertas se abrieron segundos después y caminé sin apuro por el pasillo del piso, mirando como siempre todo lo que había en las paredes.

Al llegar a la puerta, ésta se abrió antes de apoyar la mano en el pomo y miré hacia adelante.

Jamás creí que él estuviera en este lugar, o por lo menos no ahora. No supe si estaba respirando o si parpadeaba, solo me quedé estupefacto, mirándole directamente a los ojos, cargando en mi ser una sensación muy difícil de descifrar, mi estómago al principio parecía retorcerse, y luego una molestia en la garganta se presentó, lo que me obligó a hacer pasar un poco de saliva.

Los suyos comenzaron a destilar brillo, temía porque se pusiera a llorar. No podía moverme por un instante, ni mucho menos saber cómo me estaba sintiendo en este momento. Era sentir un vacío y a la vez todo, estar calmo y explotando, destruyendo lo que estuviera a mi paso.

Sus labios se movieron, susurrando mi nombre y percibí un escalofrío por mi espalda. Me hizo dar cuenta de que no era parte de mi imaginación, ni tampoco estaba soñando. El que me nombrara fue suficiente para devolver la movilidad de mi cuerpo, por lo que pude respirar hondo y mirar por detrás de él, indicándome que se encontraba solo.

—…Hola —dijo él, adoptó una expresión risueña, enseñando una pequeña sonrisa.

Me estaba controlando para no hacer alguna estupidez, las manos comenzaban a sudarme de los nervios, sí, estaba más nervioso que la mierda.

—Hola… —no supe si se escuchó solo en mi mente o si lo dije en voz alta, de todas formas no podía dejar de verlo y él tampoco.

— ¿Cómo estás? —preguntamos al unísono.

Se sintió estúpido haber preguntado aquello, cuando cada uno sufrió mucho. No nos habíamos visto en un tiempo, todo había sido dejado así como si nada, no le di una explicación, no le llamé ni le envié un mensaje. En ese momento no tenía las bolas suficientes para asumir todo lo que estaba sucediendo.

De un momento a otro, los dos terminamos en la cocina, no pude saber cómo y en qué momento habíamos llegado aquí. Por instantes se presentaba el silencio, y era demasiado duro decir algo, se sentía incómodo y algo frustrante. Le serví un poco de café a pesar de que no hacía tanto frío para beberlo, pero supuse, porque ya lo conocía, que eso le haría bien en una situación como ésta.

—Te ayudo —me dijo cuando notó que una de mis manos temblaba. Me sentí apenado por eso.

Los dos nos sentamos enfrentados, en silencio dimos el primer sorbo y cuando apreté los labios, él fue el primero en hablar.

—Te ves bien —bajó la mirada cuando mostré mis sorpresa. Noté como sus mejillas se inflaban debido a que había elevado la curva e sus labios, aquellos labios que extrañaba observar.

—Tú igual —sonreí, poco a poco la incomodidad desaparecía y lo reemplazaba ese aire familiar que solía rodearnos cada que estábamos juntos. —Pero… Te ves mayor.

Me miró con el ceño fruncido y una sonrisa confusa, lo ocultó de inmediato tras la taza. Estaba diferente, aún conservaba sus rastas pero tenía una apariencia distinta, se lo veía más… mayor, maduro, no lo sé. Se veía jodidamente bien, su piel era perfecta, su maquillaje, sus labios, sus gestos; absolutamente se veía hermoso.

— ¿Me estás diciendo viejo? —enarcó una ceja, esa mirada suya me hizo dar un escalofrío y algo recorría mis piernas. Joder, no tenía que pensar en eso ahora.

—No, claro que no —se echó a reír al ver mi alteración, pensé que la había cagado. —Quiero decir, te ves muy bien.

—Te sacaste la barba —señaló su mentón. —Y estás delgado, ¿Estuviste enfermo? ¿No te cuidan bien en casa?

Iba bien bonita la comunicación hasta que hizo la última pregunta, suponía que no estaba enterado de todo lo que pasé.

—Las cosas no son como lo cuentan —me miró desafiante, inclinándose para dejar la taza sobre la mesa.

— ¿A qué te refieres? —mantuvo una postura que se me hizo extraña, sospechaba que intentaba hacerse el duro con tal de no derrumbarse, yo también hacía lo mismo.

—Tessa hizo su vida, renuncié a formar parte de su carrera —comenté como si nada. Estaba esperando su reacción, algún gesto que indicara emoción por la noticia, que yo supiera que podría encontrar alguna esperanza esta noche.

—Ah… —dijo indiferente, ¿Qué le sucedía? ¿Por qué se comportaba así de repente? —Lo siento.

Negué con la cabeza, él se miró las uñas y luego tomó nuevamente su taza, esto volvió a ponerse un poco incómodo. Pensé que se pondría contento ya que ahora había podido salir de un problema que me atormentaba, pero me di cuenta que eso era un pensamiento egoísta y caprichoso, que las cosas no se iban a dar como yo quería. Tenía casi la certeza de que Andreas le había ido con la noticia, y que tal vez solo quería mostrarse un poco seco por ello ahora. O tal vez estaba tan sumido en mi objetivo que pensaba que iba a responder de tal forma.

— ¿Y tú? ¿Qué es de tu vida?

—Yo… Estoy bien —se puso de pie al terminar de beber y fue al fregadero a enjuagar la taza. —Comenzando un proyecto, si, estoy muy bien.

Quería preguntarle sobre eso, aunque ya había escuchado todas las canciones y estaba al tanto de todo. Hasta quería decirle que yo iba a trabajar con él, pero ya había quedado en que eso lo sabría el día de la reunión que era en dos días. Joder, no me esperaba para nada que él estuviera aquí, ¿Cómo era que llegó a parar al estudio? ¿Bajo qué circunstancias? Bueno, una relación había ya que él ensayaba aquí y todo, pero eso sucedía en el último piso, ¿Por qué habría de estar aquí? ¿Acaso él estaba buscando algo?

— ¿De verdad? —me hice el sorprendido, él me miró por sobre su hombro y asintió. — ¿Qué tipo de proyecto?

—Eh, bueno —titubeó. —Varias cosas me llevaron a probar mi voz y…

—Oh, ¿Tienes una banda? —era increíble como podía actuar como si jamás lo supiera. No sabía si él se estaba creyendo el cuento, esto no me lo perdonaría pero, sabiendo que este encuentro no había sido planeado, y que por el momento se lo llevaba muy bien, no quería estropearlo.

—Exacto.

Se giró, apoyó ambas manos sobre el borde de la mesada y reposó un poco en la misma, yo terminé de beber y me puse de pie. Él miraba mis pasos, fui en su dirección, quedando frente a él. Mi rostro rozó el suyo y extendí la mano para dejar la taza en el interior del fregadero, él se quedó quieto y sentí el aroma de su perfume, me devolvía aquellas bonitas sensaciones que había olvidado en su larga ausencia.

La cercanía había sido tanta, que sentí un calor recorrer mis mejillas y las hartas ganas de poder tocarle las manos, los brazos, su rostro. Sentí su respiración en mi cuello y logró que la piel se me erizara, por unos centímetros nuestros cuerpos no se chocaron y él supo mantener su postura, lo cual me hizo debatir si lo que había hecho fue lo correcto.

Retrocedí unos pasos y nuestros rostros estuvieron enfrentados, su expresión era seria pero también algo aturdida por lo que yo había hecho. No lo pensé, solo lo hice.

—Ah, voy a fumar —dijo rápido y se fue a buscar algo, desapareciendo de mí vista.

Me lamenté y odié en silencio, resoplé varias veces y me quedé parado en el mismo lugar, cuando escuché sus pasos me hice el de mirar alguna porquería que estaba a mi alcance, lo vi por el pasillo que se dirigía al balcón del estudio. Tomé valor nuevamente y decidí seguirle, no quería alejarme de él tan pronto, y yo que pensaba que me iba a dar una paliza.

Salí al balcón, él estaba inclinado sobre los tubos de metal. Vi como liberaba el humo, y sin mirarme, me tendió el cigarrillo; lo tomé entre los dedos, fracasando en el intento de poder tocar los suyos. Inhalé al tiempo que me ponía a su lado, él estaba algo encorvado, apoyando sus codos en la baranda, yo me quedé erguido a su lado, mirando la calle y las luces. Estaba lindo aquí, corría una brisa suave.

En silencio fumamos ese mentolado, yo no podía creer que todo esto estuviera sucediendo, aunque me preparaba para cualquier pregunta, o golpe, que pudiera surgir en el momento. Al terminarlo, él se puso derecho y me miró, yo hice lo mismo y nos quedamos así, callados, tratando de adivinar lo que el otro estaba pensando en este preciso instante.

Lentamente, volteé mi cuerpo hasta enfrentarlo, él me imitó y su mano se apoyó sobre el metal, descansando. De reojo noté que llevaba anillos y una pulsera artesanal de sus colores favoritos. Avancé un paso, él no se movió, solo me observaba de la misma manera en la que lo hacía yo, rogando porque no fuera una ilusión. Elevé mi mano derecha, lo llevé hasta la altura de su mejilla y mis dedos fueron los primeros en tocar su piel, al percibir el tacto, él cerró los ojos e inclinó despacio su cabeza para que el resto de la palma pudiera completar el roce. Con su mano logró apoyarla sobre la mía y ese contacto despertó lo que pensé que no podría recuperar. Quería creer que esto estaba sucediendo, y solo podía corroborar eso si daba el siguiente paso.

Hice lo mismo con la otra, la suya se depositó encima. Separó los párpados y sus ojos brillaban bajo las luces de la ciudad, el contacto visual y la cercanía cada vez me decían que esto estaba ocurriendo en serio. Mi vista fue a sus labios, mi parte racional entonces comenzó a atacarme, diciendo que esto no me lo merecía, que no tendría que ser así, que había mucho de qué hablar, mucho qué confesarle. Sin embargo, mi parte sentimental decía otra cosa, solo quería sentir sus labios sobre los míos una vez más.

Y sin preámbulos, me acerqué hasta que logré rozar los suyos con suavidad, no obstante, sin tener alguna compasión, el beso se tornó un grado elevado. Fundiéndonos, saboreando sus labios y la lengua que se entrometía, marcando. Su pecho golpeó el mío mientras movía su cabeza de un lado a otro, devorándome, y yo tampoco me iba a quedar atrás. Había estado esperando este momento que no quería separarme por miedo a que estuviera imaginando todo. Y constantemente me convencía de lo contrario, ya que sus labios seguían siendo los mismos, la forma de besarme era la misma, sus manos acariciaban sin temor. Las mías se bajaron hasta aferrarse a su cintura, atrayéndolo más a mí.

El sonido de nuestros labios, nuestras respiraciones, el toque de su piel, eso parecía no haberse ido, como si jamás hubiera ocurrido aquel suceso. Y luego, él se separó de repente de mí, le miré preocupado, sus labios estaban húmedos y sus mejillas acaloradas inspiró hondo y sentí un ardor en mi mejilla derecha, comenzó a picarme, y al reaccionar, me di cuenta de que me había dado una bofetada fuerte.

Me lo merecía, joder, dolía y hasta deduje que eso se había escuchado hasta al otro lado de la ciudad. La vista fue en su dirección y tenía las cejas un poco fruncidas, su pecho subía y bajaba debido a que habíamos tenido nuestras bocas ocupadas. Yo solo podía mirarle, y pronto lo vi derramar un par de lágrimas.

—No solo te mereces uno… —susurró, quise acercarme y me dio otro. El sonido era estúpido pero muy hiriente para mi mejilla. — ¿Piensas que con solo besarme, todo estará bien?

—Lo siento, puedes pegarme todo lo que quieras, no te detendré —tragué saliva, él me miró con fastidio y se secó las lágrimas con al dorso de la mano. —Anda, tienes que desquitarte.

—No puedo creerlo, ¿Por qué mierda te fuiste? —Ahora entramos en la etapa de la sinceridad, lo veía venir. — ¿Por qué apareces ahora como si nada? Y justo cuando… ¡Mierda, Tom! ¿Por qué?

—Hay muchas cosas que tengo que explicarte —quise tocarlo pero él retrocedió. —Por favor, hablemos tranquilos.

— ¿¡Tranquilos!? —me miró — ¿Tú crees que pude estar tranquilo todo este tiempo? ¿Crees que lo puedo estar ahora?

No me gustaba verlo así, me sentía impotente por no poder borrarle las lágrimas, pero me hacía sentir mucho peor saber que yo era el causante de ellas. Me quería dar la cabeza contra la pared, que él me siguiera pegando como fuera, que me dejara la cara hinchada pero que no derramara unas lágrimas.

—Yo, en verdad lamento todo. Pero escucha, Tessa…

—No quiero saber nada de tu relación con ella —dijo entre dientes, noté que había cierto desprecio por el modo en el que lo había dicho. ¿Estaba celoso?

—Tienes que saberlo —insistí.

— ¿Y para qué? ¿Para que me pases por la cara todo lo que yo no pude hacer contigo en todo este tiempo? —apretó sus labios, conteniendo nuevamente las ganas de llorar. —No sabes cuanto te eché de menos, no hubo un solo día en el que no pensara en ti… Y así te presentas, de repente.

—Bill… —Susurré, le tomé del brazo con suavidad pero él negó con la cabeza y se apartó de mí.

—Lo siento —dijo con dificultad. —Pero ahora el que no puede con esto soy yo.

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a dejar un comentario.

por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

Un comentario en «II Wünschen 30»
  1. ¿Por qué? ¿Por qué lo dejaste en la parte más interesante? Justo cuando ya estaba poniéndome de parte de Tom, entendiendo que para él tambien fue difícil (ojo no estoy justificando que fuera un idiota).
    Ahora quiero que vuelvan juntos, separados se hacen más daño. Ya me da igual si su relación es tóxica o no.

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