II Wünschen 31

«Wünschen». Temporada II

Capítulo 31: Uno los dos

No podía seguir mirándole a los ojos, tampoco quería estar cerca de él ni un segundo más. Mi cuerpo parecía perder estabilidad con cada segundo que transcurría y el aire circulaba poco en mis pulmones; era muy exagerado de mi parte, más así me estaba sintiendo.

Le abandoné en esa noche de primavera, con esa mirada que parecía pedirme todo tipo de perdón, con ese beso que había logrado aparecer un destello de nuestro pasado, cobrando un poco de color el mismo. No obstante, decidí retroceder al recordar que también me había dejado sin una explicación, sin siquiera mentirme. Y era por eso mismo que, al besarnos luego de un largo período, mi cuerpo decidió rechazarlo ya que mi mente estaba dominando todas esas malas ideas que tenía sobre él.

Oí mis pasos por el pasillo, seguido de su voz y mis pensamientos que intentaban detener a lo que mi corazón quería. Una brisa tormentosa me golpeó el rostro y su presencia estuvo a escasos centímetros de distancia, otra vez sus ojos me fijaron y no pude sostener el contacto visual por mucho tiempo, ya que mi cuerpo manifestaba cierta incomodidad y un escalofrío me abrigaba horriblemente la espalda.

—Por favor, Bill… —escuchar de su boca la pronunciación de mi nombre me hacía caer más en la cuenta de que esto no estaba siendo producto de mi imaginación.

— ¡No! ¡Ya basta! —me alteré de un segundo a otro, él me quedó mirando sorprendido y por dentro también me sentía así. Era una parte de mí que parecía perder el control total de mi dominación, y ese mismo se hacía llamar orgullo.

Jamás creí que podría actuar así, era consciente de lo que hacía, y sin más dejaba que eso sucediera. Y cada segundo que pasaba lograba que eso dominara lo que restaba.

—Tienes que escucharme —siguió insistiendo.

Su apariencia era muy diferente, estaba delgado, no tenía la barba, parecía más joven y también parecía haber estado enfermo o algo parecido. Llevaba ojeras y una vestimenta casual, lo que me daba pena era su rostro, lucía tan flaco que comenzaba a producirme un nudo en la garganta debido a la impotencia, ¿Qué demonios le había sucedido? Seguramente tenía que ver esa situación con Tessa… Mierda.

—No, ya sé todo. Te fuiste con ella, quisiste hacer tu vida —solté de la nada, ese pensamiento no había sonado tan fuerte en mi cabeza pero ahora cobraba vida.

—Es que no fue así… Yo solo —Me transmitía sus nervios, movía sus manos, parecía mostrarse indignado por momentos y otros se encontraba pacífico.

— ¿Por qué regresaste? —fruncí el ceño mientras contenía las ganas de desmoronarme en llanto. — ¿Por qué ahora y no antes?

—Porque quiero recuperarte —dijo seguro de sí, bajé inmediatamente la guardia, mis cejas dejaron de fruncirse y todo mi cuerpo se libraba de esa tensión que me azotaba segundos antes. —Y primero tenía que…

— ¿Arreglar asuntos? —le quité la palabra de la boca al parecer, su movimiento de cabeza en afirmación lo confirmó. —Claro, y te tardaste dos años también, ¿No es así?

—Bill… —quiso acercarse y yo negué con la cabeza mientras levantaba ambas manos, mostrando el rechazo de su petición al intentar tocarme. —… Mi amor…

—… ¿Mi amor? —Escuché su voz preocupada, me tapé la boca mientras me ocultaba mejor entre sus camisas y camperas que estaban dentro del armario. Trataba de tapar la risita estúpida que se me aproximaba al rostro y miraba por la rendija de la puerta del pequeño cuartito.

Escuchaba sus pasos y me concentraba en ellos, trataba de deducir la intensidad de los mismos y por donde circulaban, pronto noté que se había ido a la cocina, en ningún momento dejaba de preguntar ¿Mi amor, estás aquí?, y eso me hacía enrojecer las mejillas a tal punto que lograba erizarme la piel y provocarme un hermoso escalofrío. Mi cuerpo retrocedió hasta que sus prendas lograron cubrirme del todo, y solo podía contemplar una línea algo gruesa de luz del exterior.

Detecté que su andar fue rápido y que su constante pregunta se hacía a cada un segundo de la anterior, lo oía desesperado, y aunque para él era preocupante, yo le encontraba un sentido gracioso a eso. Me alisté cuando la puerta del dormitorio se abrió y lo primero que vi fue su espalda, el cabello atado en un rodete desprolijo y su chaqueta en mano, miró la cama, y tal como lo había planeado, decidí asomarme de manera fugaz sobre él, abriendo en un parpadeo la totalidad de la puerta del armario y saltando sobre él sin esperar que me sostuviera.

Y como acto reflejo, él sostuvo mis piernas, liberando la chaqueta que sujetaba de una de sus manos. Miré su perfil de un lado y me encontré con su sonrisa y sus ojos, ambos nos dimos un vistazo y alcancé a darle un beso en la mejilla, él me liberó con suavidad, sintiendo la textura de mis jeans con sus manos, yo acariciando su espalda con admiración. Se dio la vuelta para enfrentarme, su expresión era hermosa, parecía estar aliviado de encontrarme y sonreí más. No me contuve por mucho y me lancé una carcajada.

—Sabes como preocuparme —habló mientras yo me tapaba la nariz con los dedos para ocultar la risa, la otra mano abrazaba mi abdomen por el dolor de la carcajada.

—Me… Gusta… Hacerlo —decía divertido. Él negó la cabeza al tiempo que me observaba de la manera que más me encantaba, me hacía caer en la cuenta de que yo podía mirarle como quisiera y él siempre iba a tener esa expresión para mí.

Si yo me enojaba, él mostraba su carita que me hacía ceder, si me molestaba por algo ajeno a nosotros, él lograba apaciguar las cosas con su sonrisa; si me preocupaba por alguien y él estaba presente, me daba ánimos con sus labios sobre mi frente y susurrando que yo podía hacerlo. Él siempre había estado, jamás me observaba con fastidio o algo así, yo era el problemático y a veces agradecía tanto que él me soportara.

Su mano fue a mi cintura y me atrajo a él de manera graciosa, ya que lo hice dando unas zancadas hasta que nuestros pechos se tocaron y nuestros rostros admiraron el otro sin cansarse. Tantas veces habíamos estado así y me seguía provocando una placentera incomodidad, producto del enamoramiento.

—Sospecho… —tanteé su hombro con mis dedos en un movimiento un tanto delicado —que me extrañaste.

—Sospechas bien —dijo él mirándome, mis manos fueron atrás de su cuello, enganchándose entre ellas. — ¿Y tú?

—Mm… —miré hacia arriba, haciéndome el importante. —La verdad no.

— ¿No? —enarcó una ceja, había cierta provocación en su gesto y eso hacía atraerme más. — ¿Seguro?

Las manos que sujetaban mi torso comenzaron a pasearse por la espalda baja y miré un segundo abajo al notar que su entrepierna rozaba con la mía. Elevé la mirada y sus labios atraparon los míos con ansias, le seguí el beso mientras él me hacía dar media vuelta hasta que estuve de espaldas al borde de la cama, sus manos seguían deslizándose por debajo de mi prenda y las mías acariciaban su cuello y hombros, aumentando cada vez la intensidad del beso.

Se separó dejando un sonido que se escuchó en toda la habitación y ambos nos miramos, él mantenía esa encantadora sonrisa.

—No sabes mentir —susurró juntando nuestras frentes.

— ¿Tienes hambre? —pregunté en el mismo tono mientras fijaba sus húmedos labios. — ¿Qué quieres cenar?

— ¿Tú estás en el menú? —utilizó una voz tan provocadora que logró que recorriera un calor por la entrepierna.

Sin responderle me apoderé de sus labios una vez más, entre sonrisas y roces él pudo recostarme en la cama, torpemente lo había hecho. Acomodó su cuerpo entre mis piernas, dejó de besarme para ir hacia el cuello y realizar sus marcas; yo jugaba con su piel, paseando los dedos por debajo de su prenda, dibujando las caricias, llevándome unas sonrisas suyas dentro de ese cálido beso.

Adoraba la manera en la que me trataba, no lo hacía como si eso fuera todo, no sabía cómo explicarlo correctamente. Cuando estaba con el profesor Kuhn o Alex, notaba que después del sexo no había nada, era como si dieran todo por media hora y luego se olvidaban de mí, y así hasta que les regresaba la calentura. Me quitaban toda la energía que ellos desperdiciaban bajo la presión y el estrés, llevándose hasta mi último suspiro.

Sí era evidente que me sentía muy mal al pensar que había estado con varios hombres, bueno, solo habían sido tres, cuatro incluyendo a Tom. Pero él me hacía sentir realmente diferente, casi diría que superaba a los otros juntos, y eso comenzaba a aterrarme un poco.

Regresó a mis labios introduciendo la lengua y llegando a otro nivel del beso, tensé los muslos, sujetando su cadera e, invadido por el leve deseo, de la vuelta el asunto y yo terminé a horcajadas sobre él, tomando distancia de nuestras bocas. Le sonreí con una pizca de vergüenza y él acarició mi cintura, fijándome con esos ojos que me causaba el más placentero escalofrío.

Se sentó en la cama, enfrentándome y aproveché para tomar de la parte inferior de su playera y la subí, él estiró los brazos y bastó una respiración para tenerlo desnudo del torso para arriba. Él corrió los mechones que me obstruían el rostro, con sus dedos los colocaba detrás de mis orejas, para después acariciar mis mejillas con el dorso de su mano.

Disfruté de su roce, deseé tanto que esto no terminara que era muy capaz de entregar mi alma por un segundo más de este bello momento.

El sonido del timbre nos hizo separar lentamente, por un segundo ambos miramos la puerta del dormitorio, como si eso nos condujera detrás de la puerta de entrada al departamento, y pudiéramos averiguar quién era. Tom me observó sin entender mucho, yo solo le sonreí.

— ¿Estás esperando a alguien? —preguntó curioso.

—Te he preguntado si querías cenar algo en especial, pero como ya te conozco, pedí antes de que vinieras. —hice una pausa, me puse de pie mientras él se sentaba al borde de la cama.

— ¿Pediste mi comida favorita japonesa? —preguntó divertido, yo negué con la cabeza mientras me dirigía hacia la entrada de la habitación, observé por sobre mi hombro.

—Esa es mi favorita —fruncí el ceño aun manteniendo la sonrisa. —He pedido la tuya… Comida mexicana.

—Oh por dios —susurró y vino corriendo hacia mí, me eché a reír y me abrazó por la cintura, me giró y me dio un beso fugaz. —Me conoces muy bien, considerando que ha pasado poco.

—Creo que estoy empezando a creer que somos el uno para el otro —dije mirándole a los ojos.

—Ni te atrevas —le miré desafiante y él tragó saliva muy duramente, su rostro mostraba mucho arrepentimiento.

Una parte de mí quería ceder ante él, tirarme en sus brazos y besarlo hasta que ya no pudiera más. Regresar a esos instantes que me resultaban eternos y perfectos, donde nada podía salir mal, donde podía amar sin límites y a quien yo quisiera, sin pensar en lo que los demás pensaran sobre ello. Aunque a mí nunca me interesó lo que la gente pensara de mis decisiones, eran mías y yo era consciente de ellas, por lo tanto, solo tenía que estar seguro de hacerlas; era mi vida.

Y la otra parte de mí lo quería lejos, deseaba no habérmelo cruzado, quería tanto que me olvidara de él, que ni siquiera fuera un recuerdo bonito del pasado. Tenía sentimientos extraños hacia él, eran disgustantes y me odiaba por sentirme así, no quería admitir que se tratara de rencor o algo parecido, yo no quería rechazarlo ni mucho menos odiarlo, no podía. Sin embargo, esa parte restante de mí parecía acoplarse a lo que temía de a poco.

—Solo déjame explicarte —oí detrás de mí cuando pasé por su lado y me adentré a grandes zancadas al estudio para tomar mi bolso e irme a la mierda. —… Cuando quería empezar contigo de nuevo…

—Oh, ya sé lo que viene después —dí la vuelta el rostro tan bruscamente y su expresión sorprendida me dio a entender que no se esperaba el tono de mi voz, ni la intensidad de mis ojos al verle. —No hace falta que lo digas, mejor ahórrate el discurso, ¿Quieres?

Me estaba contradiciendo tanto, era obvio que lo que yo quería en realidad era que me dijera todo lo que él necesitaba para convencerme, más mi orgullo y el miedo me rodeaban y apretujaban tanto que prefería retroceder antes de sentir el insoportable dolor. La vista se fue un poco a nuestro alrededor, le di la espalda para evitar otro derrumbe… Aquí había iniciado lo verdadero, se había fundido todos los sentimientos que nos teníamos y habíamos decidido estar juntos sin siquiera antes saberlo.

Fue aquí donde todo comenzó, donde él me miraba, me hablaba y eso me hacía sentir muy extraño. Al principio no me daba cuenta de lo que estaba sintiendo por él, mezclaba los asuntos hasta que caí en la cuenta de que me había enamorado, de que me gustaba y le quería mucho. En este lugar sucedieron tantas cosas que lograba invadirme una nostalgia terrible de tan solo recordarlo.

Inspiré tan hondo que mi pecho parecía quemarse, y al exhalar el aire, mis ojos se cristalizaron, no pude ver muy bien todo lo que me rodeaba; estaba derramando lágrimas. Oí una vez más la voz de Tom, y quise caer de rodillas y que mi alma se manifestara como realmente debería, pero tenía que ser fuerte, muy fuerte, yo no tenía que dejar que él me viera de esta manera.

Con la muñeca sobre mi nariz, intenté limpiar un poco de la evidencia, luego los dedos quisieron correr y borrar esas lágrimas, y algo temblorosas, lograron el objetivo. Su mano que me quemó en ese mismo instante, se posó sobre mi hombro, en mi mente chillaba por ese roce; cada que me tocaba a partir de nuestro encuentro, mi cuerpo parecía volverse cenizas, llevándose lo bonito de nuestro recuerdo.

—Si me dieras una oportunidad —presioné los párpados al escuchar sus palabras, trataba de soportar la herida —… Juro que no lo echaría a perder de nuevo.

Tragué saliva como si con eso pudiera alejar todo el malestar que mi cuerpo estaba sintiendo. Hubo un silencio eterno, ninguno de los dos quería decir algo y cagarla peor, aunque por mi parte no sabía qué demonios acotar luego de su pedido.

En mi interior se estaba originando una lucha, mi parte emocional quería ganarle a lo racional, quería hacerle caso a mi corazón pero ahora la razón estaba dominando todo mi ser. Me decía que había podido sobrevivir y llevarla bien sin él durante todo este tiempo, y que podría seguir así en el futuro.

—Por favor…

Despacio me coloqué el bolso al hombro, aún seguía dándole la espalda y lo más duro era que tenía que pasar por donde él se encontraba.

Me hacía una idea de lo que podría decirme, tal vez estaba asustado como yo y tomó la primera opción que tuvo a su alcance. Tal vez se había cansado de mí, no quería perder el tiempo con alguien como yo. Tal vez…. Tal vez en realidad no éramos el uno para el otro.

Otra vez los ojos se me aguaron y me ardían, parpadeé incontables veces al tiempo que hacía una mueca para contener el llanto. Fijé adelante, donde para mi cumpleaños de hacía dos años él me había demostrado una parte profunda suya, esa que me dio el voto seguro de que se la jugaba por mí, sin importar si yo quedaba en serio o no con él; él se estaba mostrando como era en sí solo para mí.

—Entiendo —habló luego de ese eterno silencio que me hacía volver en el tiempo. —… Supongo que sé la respuesta con tu silencio. Lamento si jodí tu vida con mi presencia.

Me armé de valor y volteé a verle, él me miraba serio, expectante a cualquier cosa que yo hiciera o dijera. No me salía algo, tantas cosas quería decir pero en el intento se me trababan los labios, no quería separarse para dejar escapar esas palabras. Y entonces…

—Lo siento.

&

— ¿Qué puedo decir? ¡Estoy ansioso por ir a Los Ángeles! —sonreí mientras retiraba el cinturón de seguridad.

—Más te vale que me traigas un poco de arena, y que por favor no haya pasado por tus partes íntimas antes —bromeó Andy por el teléfono y yo me eché a reír.

El día había llegado, hoy era la reunión antes de irme a California y disfrutar de mis merecidas vacaciones. No la he pasado bien el día de ayer, pero con consejos de mi mejor amigo y su apoyo moral ahora me encontraba mucho mejor. Jared estaba conmigo, claramente tenía que estar a mi lado porque luego nos teníamos que salir casi corriendo hacia el aeropuerto. Allí Andy me esperaría junto con Blas, en este momento no sabía dónde mierda andaban.

—Idiota —murmuré. Jared retiró las llaves. —Bueno, te enviaré un mensaje en cuanto esté saliendo hacia el aeropuerto.

—Perfecto, ¡Te veré en un momento! —dijo emocionado, corté la llamada y guardé el móvil en el bolso. Palmeé contra las rodillas de los nervios, por fin conocería a todo el equipo.

— ¿Ansioso? —preguntó Jared y ambos nos miramos. Sonreí sintiendo vértigo en el estómago. —Tranquilo, en menos de un segundo estaremos volando hacia Los Ángeles.

—No puedo creer que ya haya llegado este día —miré hacia adelante, atento a quien entraba y salía del estudio. —Pasó todo tan rápido.

—Vamos, tienes que hacer esto y luego… descansaras como te lo mereces —me dio un beso en la mejilla y después salimos de su auto.

Solo tenía un bolso de mano, ropa liviana y gafas de sol. Las usaba de excusa por los impactantes rayos pero la realidad era que aún tenía la hinchazón de las lágrimas que había derramado en las últimas cuarenta y ocho horas. Andy fue testigo de ello… Y Ria, y Zira… Ah, y también Blas.

Como todo un caballero, Jared me abrió la puerta para que ingresara al edificio y le agradecí, nos reportamos en recepción, para después ir al ascensor. Fijaba el contador y cada segundo me ponía más impaciente, mi mente estaba en blanco, no pensaba en ese condenado reencuentro. Solo me concentraba en las vacaciones y nada más.

Una vez que llegamos a destino, el piso estaba colmado de gente, usualmente no concurrían muchos pero éste era un día especial. Me topé con la banda y nos saludamos con un abrazo cálido, juntos nos fuimos a la sala de reuniones y todo el staff se encontraba allí. Shannon vino a mí todo contento, y Shiro hizo lo mismo.

—En un momento comenzamos, primero tengo que hacer una llamada… —se notaba algo tenso y preocupado, asentí un poco confundido.

Shannon me acompañó hasta mi asiento, junto con los de la banda. Jared se quedó parado cerca de una de las tres ventanas que había en la sala y me sonrió, dándome ánimos. A nadie parecía importarle que llevara gafas, menos mal porque no sabía qué excusa meter.

Observé a todos y había solo un par de personas que no conocía, el resto ya era parte del staff. Por la entrada vi a Shiro y le hizo unas señas a Shannon, se mostraba preocupado y eso me alertó, quise ponerme de pie y averiguar de qué trataba, pero mis compañeros empezaron a preguntarme cosas sobre las canciones. Así que dejé que ellos se fueran y me puse al corriente con la banda. Admitía que observaba constantemente la entrada, no sabía por qué pero esperaba a que alguien apareciera, y aunque no tenía idea de quién, solo quería que se presentara.

Unos minutos después, Shannon y Shiro entraron, se mostraban algo tensos pero sonrieron a los demás, y caí en la cuenta de que algo no marchaba bien. Shiro me llamó, con cuidado pedí permiso y fui hasta él, nos encontramos en el umbral.

— ¿Qué sucede? —pregunté curioso. Él me miró y no sabía qué decir.

—Bueno, lamentablemente el manager no puede presentarse debido a unos asuntos —dijo decepcionado —Lamento esto Bill.

—No… No tienes que ponerte así —me alerté. — ¿Es algo grave? ¿Qué le sucedió?

—Bueno, en realidad no contesta las llamadas, le he dejado muchos recados y hasta hablé con un colega suyo para que pudiera dar con él. Está haciendo lo posible.

—Entiendo, ojalá no sea nada grave —me froté el ojo debajo de las gafas.

La reunión se hizo de todas formas, fueron casi dos horas de pura charla y aclaraciones, presentaciones y risas. Shiro se disculpó tantas veces por la ausencia del manager, Shannon parecía estar disgustado por eso y le susurraba cosas a Jared, algo que yo no comprendía. Por otro lado, fue muy bueno tener esta reunión, luego de la charla oficial nos quedamos hablando entre todos, conociendo a los que restaba.

Lo que me molestaba era que sentía una incomodidad en el pecho, creí que era por algún golpe que me había dado, o por hacer mala fuerza al querer bajar la maleta por las escaleras debido a que el ascensor se había averiado. De todas formas no le hacía mucho caso, solo estaba ahí, estorbando mis pulmones.

—Creo que ya es hora —Jared consultó su móvil y yo hice lo mismo. Nos miramos — ¿Estás listo?

Detrás de mis gafas podía admirarlo, era tan lindo saber que esos ojos azules solo podían postrarse en mí. Me transmitía algo que me confundía tanto que me agradaba.

—Aquí vamos… —dije echando un suspiro.

Continúa…

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por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

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