«Wünschen». Temporada II
Capítulo 33: Eike
—Se suponía que debías estar feliz de verme — me crucé de brazos, enfadándome un poco.
Tom nos había preguntado si nos conocíamos, y cuando quise contestar, Shannon me interrumpió diciendo una mentira para luego llevarme casi a la fuerza hacia el interior de su vehículo, perdiendo de vista a mi nuevo amigo. Me puse en plan de hacer berrinche, a menudo solía saltarme la térmica aun cuando en mí interior reinaba la paz; ya me había acostumbrado a ello.
Con las cejas fruncidas, el corazón latiendo en la garganta, volteé a ver a Shannon cuando se deslizó en el asiento de su coche. Quería reaccionar pero no podía, estaba shockeado por lo que había sucedido; no podía caer que lo tenía cerca, que me miró como si fuera lo más espantoso de la tierra. Así siempre me había observado, pero en ocasiones sus ojos cálidos habían sido tan perversos conmigo que, por un segundo, sentí un escalofrío por la espalda, y quise salir corriendo.
Sin embargo, eso no pudo suceder, ya que cuando intenté abrir la puerta él me tomó del brazo. Giré a verle algo asustado.
—Lo siento —soltó cuando cayó en lo que estaba haciendo. —Es que, contigo realmente el tiempo no pasa.
—Bueno, deberías superar lo de esa noche, ¿No crees? —refunfuñé y me crucé de brazos, fijando hacia adelante. —… Y lo de las otras noches también.
—Me sigo sintiendo para la mierda —dijo apenado, le fijé de reojo y continúe manteniendo mi postura. —Y en verdad merezco ir al infierno por todo lo que le hice a mi hermano.
— ¿Acaso estuviste guardando todo eso durante este tiempo? —dije enojado. — ¿Cuándo aprenderás?
Al parecer quien había asumido y tomado la voluntad de seguir adelante, había sido yo. Estaba en paz conmigo, no estaba pendiente de qué debía tomar o qué hacer, solo estaba centrado en vivir el presente y dejar que todo fluyera; era la única manera de seguir en armonía, sin esos remordimientos o malestares destructibles. No obstante, verlo a él, me remontó en un segundo a esos turbios recuerdos, que pensé que había dejado atrás, cuando empecé con la rehabilitación.
Nos quedamos callados, él no parecía estar aquí y le entendía, yo también me sentía un tanto nervioso y con ganas de salir corriendo, pero prefería quedarme enfrentando la realidad. Ya eran tres años que estaba limpio, y todos merecían otra oportunidad en la vida, también él.
Yo le perdonaba, se lo había dicho cuando fue a verme la última vez, antes de ser internado en el hospital por los estudios. Él me seguía viendo aunque le había pedido que por favor no lo hiciera, ya que me dolía que él viniera y no la persona que yo en verdad quería. No era que lo despreciaba, ¿Cómo iba a despreciarlo? Bueno, debería odiarlo con mi vida por lo que hizo conmigo, sin embargo, también gracias a él había dado con Jared poco a poco y fue ahí que surgió lo nuestro.
Al principio Jared y yo no éramos tan cercanos, con Shannon las relaciones laborales se volvieron en una amistad… Y suponía que de un momento a otro eso cambiaría debido a que nos veíamos a diario. Y así fue.
— ¿Cómo diste con Tom? —me sacó de mis pensamientos, inspiré profundamente, sintiéndome con ganas de llorar pero me contenía, más mi expresión no abandonaba mi rostro y él lo notó. —Eike…
Apreté con fuerza los labios, me había quebrado en un segundo y no sabía qué hacer conmigo. Mis manos temblaban mientras retiraba las lágrimas, todo mi cuerpo se volvía tan vulnerable que se erizaba la piel, me sentía tan angustiado y con una presión en el pecho que no podía controlarlo.
Fui refugiado bajo sus brazos, como siempre solía hacerlo cada vez que tenía uno de esos ataques espantosos. Y, tal y como seguía, yo tan solo me quedaba mirando un punto fijo, sintiendo sus manos pasearse por mi espalda, buscando en mí la calma que él nunca podía llenar mi interior…
Adrenalina. Se acomplejaba a ese segundo en el que te dabas cuenta que ibas a saltar desde una altura jamás hecha, y que al mirar abajo, había una probabilidad de que tu paracaídas fallara y murieras estampado al suelo. La exageración para asimilar mi ansiedad siempre era única, y hoy no era la excepción. El día del casting se había hecho desear tanto que cuando llegó sentí todos los nervios que no había tomado antes, tal vez era porque finalmente esperaba ser reconocido mediante mi actuación para una serie que estaba teniendo éxito en este momento.
— ¿Estás bien? —escuché y me giré bruscamente. Me encontré con uno de los que estaban a cargo de todo esto, suponía que era algún productor o algo.
—Ah… Creo que sí —dije inflando el pecho. — ¿Eres el productor?
—Algo así —meneó la cabeza y se detuvo a mirar la calle de L.A. — ¿Cómo llegaste aquí? Se supone que este lugar es área privada.
—Oh, lo siento —retrocedí, queriendo ir hacia la puerta por donde había salido. —Es que necesitaba aire y esto fue lo primero que encontré.
—Descuida —sonrió, le quedé mirando. —Entiendo que estés nervioso, ¿Vienes para el casting, no?
—Así es —asentí. Se produjo un silencio que me fue incómodo. Le di una mirada y él no apartaba la vista de mí.
No parecía ser una mala persona, llevaba solo una remera que había sido manipulada horriblemente, para dejar al descubierto hasta parte de su torso, y presumía esos brazos trabajados bronceados por el sol de California; portaba gafas y al parecer masticaba chicle. No podía saber con certeza si me observaba detenidamente, con esas gafas se me hacía difícil averiguarlo.
De todas formas, ya había tomado demasiado aire, por lo que ya era hora de regresar con los demás, me había hecho amigo de uno y le dije que me guardara el lugar por las dudas.
— ¿Ya te vas? —preguntó. Inspiré profundamente y asentí. Este tipo me hacía sentir un tanto nervioso y no entendía su motivo.
Sin decirle más me largué de ahí, fui trotando hacia la fila nuevamente, encontré a mi compañero que ya se estaba preocupando.
—Lo siento, me acaba de dar un ataque de ansiedad. —dije rápido, nos separamos y miré hacia adelante enjuagando las lágrimas. Me frotaba los ojos a medida que sentía su mirada. —nunca pensé que te encontraría así. Quiero decir, ni siquiera se me había ocurrido que Tom y tú podrían conocerse.
— ¿Cómo terminaste aquí? —preguntó luego de un rato.
—Bueno… Tomo y yo nos encontramos en California y… —me rasqué la nuca, no quería decir más porque ya sabía lo que vendría después.
—Demonios —murmuró Shannon. — ¿Por qué no me llamaste? Tienes mi número.
—Shann, yo no quería molestarte —balbuceé. —Además pensé que si volvías a saber de mí…
— ¿Qué? ¿Iba a evitarte? —mis mejillas se enrojecieron de inmediato y me hundí en el asiento. —Deja de pensar como un niño, sabes que no me molestas para nada. Aunque creo que no llegaste en un buen momento.
— ¿Por qué? —me senté bien y le miré con toda la preocupación. — ¿Don-Dónde está?
Podía sentir los latidos del corazón por todo el coche, el vértigo en el estómago, la ansiedad atorándose en mi garganta; todo daba vueltas en mí, y eso solo me sucedía cuando ese ataque de ansiedad pasaba a otro nivel.
—Yo —bufó. —no quiero que te pongas mal ni nada pero…
— ¿¡Dónde está!? —me alteré tanto que el grito pareciera haberse oído en todo el barrio.
—Acaba de irse.
No pensé que se iría tan pronto, sabía que se dirigía a L.A nuevamente, más no creía que sería ahora. Inspiré profundo y mis ojos me ardían, las lágrimas me nublaban la visión y quise calmarme pero no lo lograba. Y lo peor de todo, era que me estaba dando cuenta de otra cosa, por lo que no dudé en preguntar.
—Dime, sé honesto —dije casi en voz baja, controlando mi interior. — ¿Tiene algo que ver con lo de Tom?
Como pude levanté la vista, conseguí mirarle. Él tragó saliva y su expresión fue tan compasiva que me dolía, me molestaba que sintieran pena por mí porque eso advertía que nada bueno iba a salir de su boca.
—Si quieres saber…
—Si quieres saber… —le vi con el entrecejo fruncido y la vista clavada en mí. Me encontraba parado en el umbral de su habitación.
Luego de obtener mi victoria y haber sido el elegido para representar el papel, Shannon me había invitado a celebrarlo. Al principio creí que sería con todo el staff, porque así me había hecho creer pero resultaba que no. Terminamos cenando solo nosotros.
—Obvio que quiero. —me crucé de brazos, no pensaba avanzar a la habitación por nada del mundo.
—Me atraes, Eike —quedé perplejo ante sus palabras, contuve la respiración durante unos segundos hasta que deslizó su vista hacia sus manos. —Y yo sé que no es correcto hacer esto, porque somos compañeros de trabajo pero no puedo.
Se levantó y caminó hacia mí, mis brazos deshicieron la unión. En un segundo lo tuve frente a mí, sosteniendo mis mejillas con sus manos, fijándonos muy de cerca. Quería hablar pero mis labios temblaban y era como si me hubiera cortado la lengua, mis piernas se pusieron tensas y mi pecho se contrajo abruptamente.
Su aroma era una mezcla de colonia, vino y tabaco. Su colonia era exquisita y eso fue suficiente para ahogarme en él y fijar sus labios, que estaban peligrosamente cerca de los míos. Sentía una corriente lujuriosa colarse por mis piernas, trepando a mi torso y expandiéndose por todos lados, logrando un calor en mis mejillas.
— ¿Shannon? —ambos escuchamos y él me soltó despacio, miré hacia la dirección de dónde provenía la voz y me sentí un tanto aliviado en cuanto reconocí al productor general de la serie. El Señor Jared Leto.
Regresé a verlo y su hermano, porque no sabía que lo eran, no le miraba de buena manera. Se separó de mí y fue a verlo, él se sorprendió al notar que detrás de él estaba yo.
—Lamento interrumpir —dijo mientras no me quitaba los ojos de encima, decidí bajar la mirada y me sentía más avergonzado al darme cuenta de que, seguramente, mis mejillas aún seguían enrojecidas. —Abajo está Tomo con uno de los representantes que te faltan convencer.
Shannon le dio una mirada y salió en silencio. Al cerrar la puerta del apartamento se demostró que no estaba para nada contento. Me quedé parado en el living, sin saber qué hacer.
— ¿Estás bien? —parpadeé y decidí mirarle. Estaba atónito, no podía creer que alguien tuviera unos ojos azules tan intensos. Me provocaban un escalofrío, y al mismo tiempo una agradable sensación cálida. — ¿Te hizo algo?
Negué con la cabeza. Para ser su hermano era muy diferente. Shannon tenía una apariencia siniestra en el fondo, pero cuando le había visto a la primera pensé que era una persona amable; lo mismo me pasó con este sujeto. Pensaba que era frío y engreído por su seriedad y la manera que tenía de mirar, sin embargo, resultaba ser que había cambio de papeles.
—Puedes hablar —dijo con una sonrisa. —No soy como él. Yo soy el bueno.
Me causó gracia en la forma que lo había dicho, y no me contuve la leve carcajada.
—Por lo menos puedes reírte, ¿Quieres beber algo? —preguntó más relajado, yo asentí.
Me hizo señas de que le siguiera, pronto dejé de sentirme incómodo con su presencia, no sentía esa presión en el entorno que nos rodeaba.
Empezó a sacarme conversación con tanta naturalidad que no supe en qué momento le contestaba como si fuéramos amigos, no tenía vergüenza alguna ni mucho menos el temor a que se me insinuara como su hermano. Pronto me cayó bien y me dio unos consejos para interpretar el papel, ya que no tenía ninguna experiencia en teatro de manera profesional.
—Yo veré si me duele o no.
—Se fue con alguien más. —soltó.
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Había un silencio tan horrendo, que creí que ese mismo eran cantos gregorianos. El pasillo estaba desierto pero la iluminación le daba vida al lugar, recorrí un poco, fijando los cuadros y demás. Me invadió una nostalgia ya que hacía tiempo que no visitaba un estudio, cuando iba con Jared o mis compañeros nuevos a las reuniones esas.
Miré una puerta que estaba entreabierta, y por la rendija noté la presencia de quien estaba buscando. Tragué saliva y empujé en su totalidad la puerta; él estaba de espaldas, con los pies sobre la mesa y la vista clavada en la ventana. Me senté a su lado, pero él ni se inmutaba a mi presencia.
No podía explicarlo, me sentía una mierda. El saber que la persona que yo amaba se fue con la que él amaba era un sentimiento que no se podía describir fácilmente. Tampoco podía saber cómo era que sacaba las fuerzas para estar de pie, debería estar como él o incluso mucho peor. No obstante, aquí estaba, sentado a su lado, esperando que me insultara o algo, que pensara lo peor de mí.
—Tom… —movió un poco su cabeza, y luego siguió mirando por la ventana. —Podemos ir a la noche de los museos. Sé que hay una segunda edición y eso.
No obtuve respuestas de su parte, la sonrisa que apenas había podido sacar la estaba reprimiendo nuevamente. Fruncí las cejas y me cubrió una sensación horrible. Tomé una bocanada de aire y decidí dejar de fingir.
—Lamento que estés pasando esto, Tom. —hice una pausa, se me estaba atorando la garganta para hablar. —Me siento muy culpable, puedes insultarme, puedes golpearme, no me opondré. Siento que lo merezco en su nombre… Siento que…
—Eso no arreglará las cosas. —me interrumpió. Se dio la vuelta para verme por sobre su hombro.
¿Y ahora que se suponía que debía hacer? ¿Ir a L.A y buscarlo? Pero, si eso llegaba a suceder, ¿Qué pasaría si lo encontraba con esa otra persona? Admitía que era alguien lindo, como un muñeco precioso, y que no podría ganarle en una competencia de modelos porque tenía todo lo que alguien pudiera desear.
Y me dolía, me dolía saber que estaba bajo los brazos de Jared, ¿Se cansó de mí? ¿Acaso ya no quería saber nada de nuestro pasado? ¿Acaso se había olvidado de todo lo que significó, y significa para mí? Él no tenía una idea de mi voluntad, por mi parte me hubiera hundido en la mierda, hubiera dejado que Shannon hiciera conmigo lo que se le antojara. Tal vez, hasta estaría muerto en este momento, y solo porque quería estar con Jared por el resto de mi vida había pedido ayuda, fui con profesionales, me internaron en rehabilitación y con mi fe y voluntad me habían dado de alta en menos de lo que yo esperaba.
Yo había decidido cambiar, yo quería estar bien para poder vivir la vida, para poder amarlo hasta mi último suspiro.
Él se puso de pie, hice lo mismo y se giró a verme. Su expresión parecía muerta, como si no estuviera aquí. Apreté mis labios queriendo abrazarlo, más no sabía si eso él lo aceptaría; me ponía muy sensible en estas situaciones, tanto que hasta podía sentir lo que ellos. Y con más razón, si las personas que queríamos se habían marchado de nuestras vidas… Una vez más.
Sentí unos brazos rodearme con fuerza, como si tuviera miedo de que me escapara. Mi cabeza fue a dar justo en su pecho y me encontraba atónito. Eso era, percibía su malestar, el peso de un corazón roto, las lágrimas que eran contenidas. Siempre había escuchado la frase de que los hombres no lloran por más fuertes que fueran, ¡Vamos! Éramos seres humanos, la sensibilidad formaba parte de uno, no sentir el tacto de las cosas y los sentimientos a flor de piel debería considerarse una traición hacia la naturaleza humana.
Me invadió la idea de consolarle, de estar a su lado, por un segundo quise hacerlo feliz de alguna manera. La realidad era que eso empeoraría las cosas, y yo no quería destruir la amistad que habíamos creado. Él era mi amigo, el único que tenía aquí en Alemania y no quería que, por una solución fácil, se fuera todo al traste.
Me aferré a su torso, sujetando su prenda con fuerza hundiéndome en su pecho. Me transmitía su pérdida, compartió la herida que nos estaba destruyendo. Lloré, lloré porque merecía hacerlo, porque por más dramático que me pusiera era la maldita verdad. Esto estaba sucediendo, y qué mejor que alguien me contuviera mientras veía lo vulnerable y miserable que lucía sintiéndome así por la persona que amaba.
—No escucho que estés llorando —dije cerrando los ojos y sentí como su pecho daba pequeños espasmos, producto de la risa desganada que había lanzado. —Está bien llorar, Tommy…
Abrí los ojos de inmediato cayendo en la manera en la que le había dicho su nombre. Me disculpé y él dijo que no había problema por eso.
—Gracias —dijo después, le pregunté por qué. —Por quedarte a ver el fin de mis esperanzas.
Me separé de él y nos miramos, mierda, yo estaba hecho un asco. Las lágrimas cubrían mis mejillas, él las limpió y yo apreté los labios sin dejar de mirarle.
—No puedes rendirte tan fácil —hizo su cabeza a un lado. —Entiendo, te duele ahora pero tienes que luchar, así como lo hice yo. ¿Piensas que voy a renunciar?
Tomé distancia, me limpié lo que quedaba y mostré la mejor sonrisa que podía dar en un momento así. Tom se rió, puse una mano en mi cintura y la otra la elevé como si fuera una princesa elegida en el Baile de primavera, saludé mirando el techo un segundo y luego volví a verle.
— ¡Hola! —dije aun manteniendo la sonrisa, por dentro el nudo en la garganta me ahorcaba tanto que iba a soltar unas gotas más. —No hice todo ese esfuerzo en vano, así que tú tampoco vas a rendirte.
Se cruzó de brazos, al parecer mi esfuerzo le hico sacar una sonrisa, aunque era sin ganas ahí estaba.
— ¿¡De acuerdo!? —deshice mi teatrito y le miré desafiante.
—Eso es lo que me agrada de ti —le miré confundido y relajé todos los músculos —que no importa cuán derrumbado te encuentres, aun así decides continuar.
—Eso es lo que tú debes hacer —le di palmadas en el pecho. —Ahora, ¿Vamos? La noche de los museos no nos va a esperar por siempre.
— ¡Oh, aquí están! —dijo agitado el amigo de Tom. —Pensé que había pasado algo grave.
— ¿Tú también te unirás a la salida? —pregunté divertido y él le dio una mirada a Tom, se sorprendió y asintió en silencio. —Muy bien.
Continúa…
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¿Qué planeará ese par?
Siento un poco de lástima por Eike, pero no me importa a no ser que quite del camino a Jared. Además, es evidente que Jared no ama a Bill y viceversa, por eso mejor que la corten de una vez.