II Wünschen 34

N/A: Para que no se confundan, este cap está narrado una parte Tom, y otra Bill n.n

«Wünschen». Temporada II

Capítulo 34: Sin ti. Sin mi

Me quité los auriculares una vez que terminé la última serie, miré alrededor al tiempo que quitaba el sudor de la frente con el dorso de la mano, bufé sintiéndome algo aliviado. Mi rutina había finalizado, otro día más que me encontraba en armonía conmigo. No había sentido esto en un largo tiempo, volver a sentirlo me aterraba al principio, más ahora era una satisfacción inexplicable.

El teléfono me vibró, miré la pantalla del nuevo aparato y un mensaje de Eike hizo que me pusiera de pie, moviendo las piernas para que no se me amortiguaran. Por un segundo fijé hacia adelante, tomé la botella de agua, y me dirigí hacia el vestuario para prepararme y abandonar el gimnasio.

Opté por seguir, por pedir ayuda y pude obtenerlo. No me avergonzaba admitir que estaba asistiendo al psicólogo, a una junta sobre adicción al alcohol y a constantes reuniones que tenían lugar en el futuro para Bill y su banda. Y si todo marchaba bien como yo pensaba, hasta ya tenía un buen lugar para grabar su primer videoclip.

Las cosas podían estar mal entre nosotros pero no iba a permitir que eso irrumpiera en su carrera como cantante, yo daría todo de mí para que él pudiera brillar.

«Mañana regresaré a Berlín, ¿Puedo ir a visitarte? :D»

Sonreí mientras ingresaba al vestuario. Pasó más de una semana, y en ese lapso me metí de lleno en mi meta por salir adelante, no me costó mucho ya que mi voluntad estaba presente. Yo necesitaba cambiar, ser una mejor versión de mí.

«Sabes que eres bienvenido, no necesitas preguntar»

Le contesté, fui a mi casillero para tomar mis pertenencias, había olor a sudor, champú y colonia masculina. Me daría una ducha y luego debía ir a encontrarme con mis amigos, teníamos pendiente una salida desde hacía bastante tiempo.

» ¡Y comeremos hasta reventar! Nos vemos mañana <3″

Guardé el teléfono en el bolso y lo metí dentro del casillero.

Admitía que los dos primeros días me habían costado bastante vivirlos, ya que me sentía destrozado. Sin embargo, Eike estuvo para mí en ese momento, animándome y de veras apreciaba el esfuerzo que él tomaba para conmigo. Durante esos dos días había decidido tratarme, por lo que me puse en contacto con la ayuda que necesitaba. Estaba decidido a continuar; y no esperaba que, por hacer esto, Bill me llamara, que aceptara mis disculpas, que recapacitara por todo lo que había hecho.

Lamentablemente me quedaba aceptar la realidad que me había tocado. Éste era el final que menos esperaba, yo al menos quería que escuchara mi motivo, la razón por la cual le había hecho tanto daño. Él tenía todo el derecho de rechazarme, de golpearme, de odiarme hasta cansarse; yo tomaría eso si a cambio él se hubiera quedado por un rato más.

Me duché y cambié en diez minutos. Me habían propuesto ir al gimnasio o realizar cualquier otra actividad física para mantener la cabeza ocupada y así poder tener un ritmo mejor, además de que debía asistir a las reuniones que se hacían todos los martes y jueves en la noche, cerca de mi apartamento, en una de las sedes de un partido que ahora no me acordaba de qué preferencia era. Al psicólogo también asistía dos veces durante la mañana.

Pensando profundo y en frío, me parecía una pesadilla que ese tipo y él se fueran juntos, sabiendo ahora que Eike lo buscaba como loco. Lo peor de todo fue enterarse de eso al mismo tiempo, yo no sabía qué hacer, dónde meterme; por su parte, andaba muy tranquilo, aunque desapareció por un momento, y nos volvimos a ver cuándo fue a buscarme a la sala de reuniones.

Al salir fui a mi coche, dejé el bolso en el asiento de al lado y me relajé un poco. Apoyé la cabeza en el espaldar y cerré los ojos, exhalando el aire de forma exagerada. Me pareció todo muy extraño, la forma en la que se mostraba Eike, lo poco que lo había visto cerca de Shannon se me hizo raro; no sabía si era algo mío pero tenía la sensación de que mi compañero había tenido algo con él, ¿Y cómo había llegado a esa conclusión? Por la forma en la que le miraba.

¿Por qué pensaba en esto? Mierda, me hacía problema por todo. Inserté la llave y encendí el motor, tenía que liberarme un poco de lo que estaba sucediendo, necesitaba despejarme y qué mejor que tener a tus amigos para eso.

Mientras conducía, había puesto en el reproductor de música las canciones de Bill. No era que quería ser masoquista, sino que me urgía escucharlo ya que debía concentrarme en el trabajo. Tenía todo pensado para su debut, si era que eso salía como lo planeaba; pensé en que debería cantar con Biersack, él tenía mucho éxito hasta el momento, y como ellos se conocían, suponía que sería como matar dos pájaros de un tiro.

También había pensado en presentarlo en «Artistas emergentes», el festival que se haría una semana después de lo del centro cultural. De hecho, ya estaba por tener todo listo, me había puesto los pantalones con respecto a su carrera. Como mánager, tenía que sacarle salida a su obra maestra; lo demás no importaba, yo tenía que asegurarme de que su voz fuera reconocida tan rápido como se pudiera.

Tenía pensado en pasarlo a algunas estaciones de radio, eso era lo más rápido y lo que hacían la mayoría de las bandas emergentes, pero no quería adelantarme tan pronto. Además, siempre se debía consultar. Bueno, solo en algunos casos.

Ni yo mismo creía que podría aguantar tanto sin saber sobre Bill, realmente estaba haciendo un esfuerzo enorme por no correr a saber algo sobre él. Podría ser considerado un cobarde, alguien que no luchaba en serio; la verdad era que empeoraría las cosas si iba a buscarlo, tal vez las cosas no saldrían como esperaba y no quería arrepentirme más de lo que ya estaba.

¿Acaso estaba admitiendo mi derrota? Por supuesto que no, solo que había pensado bien y no fue bueno haberlo visto ese día, ni siquiera sabía que se iría tan pronto. Le había estropeado su viaje, tal vez ahora andaba agobiado, pensando una y otra vez en el momento en que mandé al carajo todos sus planes poniéndome frente a él.

Negué con la cabeza, me di cuenta de que había acelerado y tenía que estar calmado. Si pensaba seguido en eso no terminaría bien, y por él tenía que mantener la cordura. Además, eso me hacía bien, mantener todo bajo control; jamás me enorgulleció andar como hacía unos cuantos días, no era nada bonito. Y estaba decidido que seguiría las indicaciones de los especialistas, ser mejor persona era lo que faltaba por cumplir.

Llegué al lugar citado, estacioné el coche y bajé, reconocí a mis amigos parados en la entrada del lugar. Habíamos escogido un bar que tenía pool, juegos de arcade y aperitivos, también un mini-metegol y juegos de mesa. Siempre era nuestro sitio favorito para cuando teníamos que reencontrarnos después de largo tiempo sin vernos. Me traía tantos recuerdos, incluso recordaba la primera vez, cuando casi nos metemos en una gran pelea por mi culpa, al haber derramado cerveza en una de las mesas.

Ingresamos y fuimos a buscar un buen sitio para poder hablar mejor. Al encontrarlo, nos acomodamos.

—Bienvenidos a Jobs, aquí les dejo el menú. —No era la misma chica que solía atendernos desde hacía como seis años. En parte, esa chica era dueña, ya que su marido era el dueño de este lugar.

Este sitio parecía un estadio de futbol, la gente hablaba hasta por los codos, y eso resonaba por todos lados; risas, cantos y la música reinaban en armonía. Tanto ellos como nosotros tenían el objetivo de salir y divertirse. Di un mejor vistazo al panorama, verifique si las mesas de billar estaban ocupadas, y por el momento parecían recién despertar el interés en las personas.

Las mesas eran alargadas brillosas de madera, tales a esos que uno encontraba cuando se iba de día de campo por los parques o reservas. Las paredes estaban cubiertas de ladrillos, daba la impresión de hacerte sentir en un sótano, era realmente divertido.

— ¿Cómo va la tienda? —preguntó Gustav a Georg. Los fijé y mi amigo empezó a contarle unas anécdotas.

Realmente extrañaba que nos juntáramos de esta manera, solíamos beber hasta caernos. Ahora yo no podía hacer eso, aunque en el fondo, un brote de ese deseo había resurgido de las cenizas. Tenía que ser fuerte.

—… Y que dentro de poco pondré en marcha lo de mi marca de ropa.

Mi mejor amigo había estado moviendo cielo y tierra para obtener su emprendimiento, poco a poco todo salía a su favor, y eso también era gracias a su bendita paciencia. De vez en cuando se ponía paranoico, pero generalmente era una persona honesta y calma.

Ahora que recordaba, me había confesado que la chaqueta roja que le había regalado a Bill hacía un par de años, la había diseñado él mismo. Me enseñó fotos y bocetos, realmente era su magia, le salió bastante bien. Jamás le interesó lo que opinaran de él con respecto a eso, él demostró que no hacía falta ser afeminado para que te gustara la moda, como la mayoría pensaba. Bueno, sí era cierto que había un porcentaje que lo eran, pero Georg era ese grupo de machos que imponían el nuevo orden.

Y recordando esa misma chaqueta, me di cuenta que a Bill le quedaba todo perfecto, no importaba lo que usara, siempre se veía muy bien; con esa mirada angelical y alegre que me transmitía una sensación extraña, pero de esas sensaciones que eran agradables.

Me remonté a esos días en los que confirmaba que me gustaba mucho y lo quería. No eran esas macabras intenciones de tener sexo y ya, sino que notaba que con él me sentía muy bien, que podía confiar en él, que estaría para mí. Fui un desagradecido al no devolverle eso al principio, sin embargo, cuando me rendí a sus pies, supe que no me importaría humillarme con tal de que pudiera verme por un rato más, así fuera cualquier situación.

No podía quitarme de la cabeza su expresión la última vez que nos vimos; estaba muy dolido, aun así tuvo la valentía de enfrentarme por un momento. Por mi parte, sentía que seguíamos siendo los mismos, por un segundo creí que los sentimientos entre nosotros estaban intactos. No obstante, su respuesta me hizo caer en la puta realidad, y se asemejó a un cristal roto en medio de la noche: donde reinaba el silencio y nadie era testigo del accidente.

Creí que podría convencerlo de que escuchara lo que tenía para decir, pero me había confiado demasiado. Yo lo conocía, sabía que se pondría de esa manera; el corazón no quiso hacer caso y me confié que se quedaría.

Deseaba recuperarlo, necesitaba que me mirara unos instantes más. Estaba tan sumido en esa idea que contaba los días para volver a verlo. Por el momento no tenía idea de cuándo regresaría, esperaba que antes de la presentación debut en el centro cultural. También evitaba pensar en lo que podría estar haciendo, me iba a volver completamente loco. Logré que mi cabeza se convenciera de que solo se había ido por trabajo, me rehusaba a aceptar la verdad.

Imaginarlo con otro, en otro lugar, bajo la protección de alguien más. Quién sabía qué cosas hablarían entre ellos, ¿Acaso se gustaban? ¿Le quería? ¿Por qué se habían vuelto tan cercanos esos dos? ¿Me había olvidado para siempre?

Eso, eso era el principio de mi paranoia.

— ¿Ya van a ordenar? —preguntó la misma chica que nos había dejado el menú, pedí un refresco. Mis buenos amigos me siguieron, no era necesario que lo hicieran, más ellos habían insistido. La chica se fue y me volví a sumergir en mi tortura mental.

—Al parecer alguien brilla por su ausencia —comentó Gustav a modo de broma, aunque no me hacía gracia. Pensar en las posibilidades me hacía poner un tanto nervioso.

—Lo lamento —me rasqué la nuca con apuro. —Esto se vuelve complicado con el pasar de los días.

— ¿Hablas sobre las reuniones de doble A? —preguntó mi amigo de gafas. Georg le dio una mirada y pareció entender. —Tom…

—Lo siento —moví la cabeza y forcé una sonrisa. —Háblame de la pequeña, ¿Cuándo la juntaremos con mi hermanito?

—Ni se te ocurra, Thomas —saltó en defensa de su pequeña. — ¡Es mi bebé!

Terminaron riéndose, quise hacerles creer que estaba bien. Sin embargo, por dentro me estaba carcomiendo esa estúpida voz que me decía que el amor de mi vida podría estar haciendo lo que, alguna vez, hicimos juntos.

&

El aire se había disipado de mis pulmones, mis ojos estaban fijos en el techo. Su cuerpo sobre el mío me advertía de posibles calambres, pero nada me podía producir peor incomodidad que lo que había dicho hacía unos segundos. Mis mejillas aún seguían manteniendo esa calidez, producto de aquel fogoso beso con sabor a uvas. El corazón no dejaba de latir de forma desesperada, un escalofrío me abrigaba la espalda y mis manos quedaron sobre sus hombros relajados.

Me había susurrado otro nombre, me había besado de tal manera que creí que estaba soñando. Pero en cuanto escuché esa palabra de su boca no pude evitar quedarme helado. Mi pecho subía y bajaba debido a que el aire se había consumido, miss labios estaba entreabiertos, su cabeza descansaba sobre mi pecho, lucía tan relajado.

Habíamos bebido, y estaba algo entonado, pero él estaba un poco más motivado que yo. El sudor que presumía sobre su frente y la mía, me hicieron dar cuenta de que habíamos gastado toda la energía. Había sido una noche espléndida, como la mayoría de todas desde que habíamos llegado a L.A. Mi cumpleaños fue soñado, le pedí que fuera algo sencillo porque no me gustaba lo excéntrico, y tal como había pedido, festejamos en la cocina mi cumpleaños.

Quería moverme pero su cuerpo adormecido no me permitía hacer mucho, ahora notaba lo que había sucedido. Estábamos algo entonados, más cuando escuché sus palabras se me pasó todo y quería salir corriendo. Lentamente lo moví, haciéndole quedar boca arriba, él se movió para acomodarse; por suerte aún seguía dormido. Le di un vistazo, su torso estaba al descubierto, esos jeans que utilizaba no dejaba nada a la imaginación.

Acomodé mi camisa oscura, los botones estaban fuera de lugar y pasé la yema de mis dedos por los labios, tratando de quitar el brillo labial rosita que se me había esparcido. Inspiré hondo mientras le observaba, ya no me sentía aturdido, todo fue la confusión del momento.

Tragué saliva y abandoné la habitación en silencio. Cerré la puerta y caminé sin prisa por la casa, tratando de convencer a mi cabeza de que ese nombre no había salido de su boca. ¿Acaso estaba haciendo lo que yo? ¿Quería olvidar a la persona que amaba a toda costa? ¿Aun cuando su corazón le seguía perteneciendo, latía por ella, se moría con cada segundo que transcurría al no estar cerca?

Al final, ninguno de los dos podía ayudarse. O por lo menos no de la manera en la que yo pensaba, parecía como si estuviera para distraerle, para quitarle de la cabeza por un segundo que estaba haciendo las cosas mal. Y era absurdo, porque yo también estaba haciendo lo mismo, aun así, aun cuando era consciente de que esto al principio parecía bonito, con el pasar de los días se tornaba igual a lo que ya había pasado.

Tal vez Andy tenía razón, yo siempre actuaba sin pensar bien, solo iba a la acción. Jared era muy buena persona, de eso no había duda. Sin embargo, estaba tan roto como yo que parecía no poder superarlo aunque quisiera.

¿Y si usaba eso como ventaja? ¿Y si, tal vez, fingiéramos que nos queríamos y nos divertíamos por un rato? Eso ya lo estábamos haciendo, pero era doloroso ya que estaba costando mis sentimientos a cambio de querer olvidar. Vaya que yo no era bueno para hacer desaparecer personas de mi vida.

Llegué a la terraza, era un hermoso balcón que daba hacia la ciudad. La casa de Jared estaba en la parte alta, en un barrio privado y tenía una vista increíble de noche. Me senté en uno de los sillones de mimbre con almohadones que había y me recosté mirando las luces. Aprecié el panorama, sintiendo la brisa de verano, los días eran muy agradables y las noches eran demasiado perfectas. No podía pedir más, esto era el paraíso.

Repentinamente llegó a mí aquella noche en la que Tom y yo estábamos acurrucados en su auto. Sentí un nudo en la garganta y cerré los ojos para buscar la calma.

Al encontrarnos de nuevo me sentí muy raro, ni siquiera podía controlarme, estaba temblando y quería llorar todo el tiempo. Mi enfado tomó el lugar y salió en defensa mi orgullo también; admitía que la había cagado, había dicho que quería verle, saber de él y hablar calmados, pero en ese momento recordé lo que había hecho, todo lo que su ausencia me provocó y se fue lo demás al carajo.

Estuvo mal de mi parte irme así como si nada, me intrigaba tanto pero una parte de mí no quería escucharlo porque me partiría más el corazón. ¿Qué iba a decirme? ¿Qué se cansó de ella? ¿Qué ella no lo quería más? Claro, después de tanto tiempo de haber estado a su lado ya se había cansado. ¿Todo era un capricho suyo? Eso era un misterio, yo no iba a rebajarme, no era ese tipo de persona. De hecho, a veces me sorprendía de mis actitudes. Anteriormente no me importaba si a alguien le interesaba, porque en el fondo sabía que eso no era cierto. No obstante, desde que conocí a Tom me urgía la necesidad de saber si él pensaba en mí, si yo le importaba, si me quería un poco. No me sucedió eso jamás, y terminé aceptando que me había enamorado.

Suponía que esa era la regla de enamorarse, volverse un completo infante caprichoso que requería la atención de esa persona que era muy importante en tu vida. Capaz me equivocaba en eso, o no. Lo cierto era que lo amaba y que me había dado cuenta de ello sacando un nuevo lado de mí, uno que era un poco tóxico. Y eso era, la combinación de mi parte madura.

Jugué con una de mis rastas mientras me ponía de pie para apreciar más la noche de Los Ángeles. Llegué a la baranda de la terraza y me incliné un poco.

Anoche quería cometer el disparate de llamarlo, estaba a punto de pedirle el número a Andy o a cualquier otra persona. Justo un segundo antes me arrepentí porque Jared apareció y teníamos que ir al centro de la ciudad.

No negaba que pensaba en Tom todo el tiempo, era inevitable regresar a esa última vez. Me estaba arrepintiendo, pero al mismo tiempo quería mantener la postura, yo no podía estar tranquilo con él cerca, mi mente me jugaba una mala pasada con esos infernales momentos que tuve que pasar sin él. Pero cuando estábamos lejos del otro, entonces ahí mi corazón endulzaba mi ser y tenía la necesidad de tenerlo a mi lado.

Regresé en busca de mi teléfono, verifiqué que Jared siguiera dormido y volví a sentarme en esos cómodos sillones. Tenía un mensaje de mi mejor amigo, así que directamente le llamé.

¡Hola bonito! ¿Cómo la estás pasando? —dijo divertido, al parecer estaba en alguno de esos eventos que hacían en Berlín por el tema del verano.

Andy sabía lo de mi encuentro con Tom. Pensé que reaccionaría tan alterado como siempre, eso no fue así ya que se mostraba atento a todo lo que decía. Se demostró comprensivo y hasta me dijo que tendría que haberme quedado para escucharle. En vez de conseguir apoyo incondicional, terminé recibiendo el sermón más largo que él habría podido darme a través de una llamada.

—No muy bien —me crucé de piernas, mirando hacia adelante. — ¿Estás en algún evento?

Oh, sí —dijo animado, parecía que se estaba apartando porque la música y las voces se iban alejando. — ¿Qué ocurre? ¿Ya te arrepientes de haber dejado mal parado a tu Tom?

—No digas eso, Andy —fruncí el ceño. —No es gracioso.

Lo siento —se rió. — ¿Qué ha pasado? ¿Es medianoche allí, no?

—Sí, realmente es muy deprimente estar solo en la terraza, necesito alguien con quien hablar —suspiré. —Pero claro, si estás en la calle no es divertido, así que te llamaré otro día.

Puedes decirme lo que te pasa… Siempre hay tiempo para escuchar a los amigos.

Ay, Andy. Agradecía tenerte en mi vida, no sabía qué sería de mi vida si no estuvieras en ella.

—Creo que tenías razón, fue muy apresurado venir aquí con Jared.

Bueno, bueno. Esto se está poniendo interesante —hizo una pausa. —Continúa.

Traté de no contarle los detalles lujuriosos, solo quería ir al grano de la situación. Estábamos envueltos en ese beso, algo ebrios y buscábamos la diversión una vez más; durante la cena habíamos estado hablando sobre el amor y otras cuestiones. Y cuando terminamos de lavar los platos, estando ya ebrios por el vino dulce, nos metimos a la habitación. Entre un beso y otro, tan confundido de si seguir o frenar, Jared susurró el nombre de la persona que amaba. Y luego de eso se quedó dormido.

Y eso no habría pasado si te hubieras quedado con Tom —otra vez venía con eso. — ¿Seguro que no te dijo nada de nada?

—¿Qué me iba a decir? ¿Qué prefería estar con ella? —dije frunciendo el ceño.

No entiendes nada, cuando menos te lo esperes te darás cuenta.

—¿De qué estás hablando?

Nada, bueno… Más tarde te llamaré así hablamos más tranquilos —cambió repentinamente de tema y sabía que algo marchaba mal. —Envíame un mensaje si estás despierto o libre y seguimos hablando.

—Perfecto. —dije un poco seco. Odiaba cuando mi mejor amigo se ponía en plan misterioso.

Cuando corté la llamada, me llegó un mensaje, lo abrí y, por más extraño que pareciera, mis mejillas se sonrojaron y tragué saliva.

«Espero que esta vez hagas las cosas bien, tienes que escucharlo…»

Adjunto al mensaje había un casillero con el nombre de Tom. Mi mejor amigo me había pasado su número.

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a dejar un comentario.

por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!