«Wünschen». Temporada II
Capítulo 37: Esto es lo que somos
Era muy temprano, la batería de mi celular estaba muerta, así que no podía saber con exactitud el horario. Habíamos pasado la noche en una fiesta, aquí, en la playa; y a pesar de habernos desvelado, ninguno de los dos parecía tener sueño. La botella de champagne descansaba a mi costado, vacía, como lo estaba mi interior en este momento.
Jared se había comportado muy extraño, de hecho, desde hacía un par de días lo notaba distinto. De por sí ya venía algo bajoneado y creía saber su razón, más estos días estuvo menos motivado, era otra faceta de él, y cuando le preguntaba qué sucedía evitaba la conversación. Suponía que tenía que ver con esa ausencia de casi día y medio; había regresado por la madrugada y golpeó varios muebles. Yo solo permanecí detrás de la puerta de mi habitación, tal vez si salía, no podría lidiar con él.
Sin duda alguna, este descanso no sirvió de mucho para relajarme, pero sí para asumir varias cosas. Entre ellas, a darme cuenta de que, definitivamente por primera vez, podía hacer las cosas sin que me afectaran emocionalmente. Sabía que Jared trataba de hacer cualquier cosa para olvidarse de Eike, por mi parte, había obtenido días buenos. Excepto esa vez en que hablé con Georg sobre Tom, de verdad necesitaba hablarlo con alguien. Mi mejor amigo no contestaba y yo si o si quería saber si seguía cuerdo.
Con mi tema asumido, lo que debía hacer era ayudar a Jared. Le decía que si quería podíamos hablarlo, él se negaba rotundamente diciendo que estaba bien cuando, evidentemente, no era así. Capaz que el estar aquí le recordaba a ese amor y la nostalgia le invadía al punto de aislarse de todo y comportarse de esa manera.
—Es una buena vista, ¿verdad? — miré su perfil.
Estaba con sus brazos rodeando las rodillas, algo encorvado, estirando su camisa y dejando notar su cuerpo bajo el mismo. Los ojos estaban entrecerrados, fijos ante las olas, admirándolas. Sus pies estaban enterrados en la arena, sus zapatos ubicados en el medio de los dos, junto con los míos.
Asentí, no supe si se dio cuenta de ello. No hacía frío ni tampoco calor, el clima estaba en el punto exacto, muy agradable, disfrutando de los minutos anteriores a que los primeros rayos del sol se aparecieran por el horizonte.
Ya había estado aquí antes pero en circunstancias diferentes, y con otra persona. No hacía falta mencionarla, de tan solo pensar en su nombre se me revolvía el estómago. No obstante, aquellos días podrían haber sido los mejores, por un minuto los creí de esa forma. Había llegado a la conclusión, quería convencerme, tragarme el cuento de que él era la persona indicada, que era lo que requería para olvidarme de mi primer amor. Lamentablemente fue al revés, yo terminé rellenando un hueco vacío.
Y ahora… Parecía volver a lo mismo, ¿Acaso no podía tener un poco de suerte?
No le echaba la culpa a los demás por mi desgracia, claro, yo siempre estuve consciente de lo que hacía, y aún así, decidí seguir adelante, hundiéndome en la mierda, pensando que ayudaba cuando en realidad me destrozaba. Yo mismo me dañaba.
— ¿Recuerdas ese día que me fui? —volvió a preguntar.
— ¿De que hablas? —quise hacerme el idiota.
A lo lejos, mirando el cielo celeste bastante claro y con algunas líneas no definidas anaranjadas, unos surfistas disfrutaban de las olas matutinas.
—Fui a buscar a Eike —confesó.
Se escuchó el sonido de las olas, del viento, de las gaviotas volando por las orillas y graznando. Yo no podía decir algo ya que eso no me lo esperaba para nada, de verdad, no me lo esperaba. Lo mínimo que pensaba era que esta ciudad le recordaba mucho a él, pero no más que eso.
—A él le dieron de alta hace un año —siguió hablando. Mi vista no se despegaba de su perfil, me fijé en sus cejas, lo fruncidas que estaban, y la sonrisa forzada que estaba sosteniendo —Pero no lo he encontrado por ningún lado… averigüé por todos lados y no conseguí dar con él. Las personas que lo conocen dicen que se fue, más no saben a donde.
Lo que me asombraba era la ansiedad que derrochaba con sus palabras, sus manos se aferraban a sus brazos y cada vez eran más estrujados, como queriendo arrancarse la piel debajo de la tela de su camisa. De pronto su respiración comenzó a acelerarse, estaba algo alterado y yo debía hacer algo.
Empezó a sollozar…
Había llegado tarde.
— ¿Seguro que quieres seguir hablando de ello? —Apreté mis labios, deposité la mano en su hombro, brindándole seguridad y calma. Él me observó por el rabillo del ojo mientras sus labios comenzaban a tiritar, y junto con ello, el llanto lo acompañó. Comenzó a deslizar la cabeza de un lado a otro, conteniendo las lágrimas pero era demasiado tarde; ahora mismo me estaba enseñando lo vulnerable que podía ser.
Bajó la cabeza llorando, yo le observaba apenado cada detalle de su rostro, la manera en la que su piel se arrugaba al contorno de los ojos, la tensión de los músculos, las gotas que iban invadiendo sus mejillas, y más allá de él, estaba el maravilloso canto de las olas que se rompían contra la orilla; le daban una mera compasión por como él se sentía. No sabía qué hacer, o decirle, solo dejé que mi mano frotara suavemente su espalda mientras lograba que su cuerpo se moviera, debido a mi acción, al tiempo que la mano restante había reemplazado el lugar de la anterior. Me incliné ante él para poder tener un poco de intimidad.
Daba igual si alguien nos veía, si empezaban a criticarnos; este asunto era bastante serio y yo no iba a permitir que cerrados de mente jodieran la confesión que había estado esperando.
¿Confesión?
Sí, eso era. Sabía que tarde o temprano Jared no aguantaría todo este peso que venía cargando sobre los hombros, era evidente que en cualquier momento se rompería. Como también era obvio todo lo que debía contarme con respecto a su relación con Eike, lo que yo tenía que hacer era escucharlo, darle ánimos. No había conocido a alguien que amara a otra persona tanto como él a Eike, y que por diversas circunstancias, haya dejado todo de lado por su bien, por el de su ex, pero más por el de ambos. Esto ultimo era diferente, no era lo mismo pensar individualmente que en todo lo que habían hecho juntos, y me sentí tan identificado con ello, era como ver mi propia historia a través de alguien más, con la excepción que mi berrinche era menos grave que el de Jared y Eike.
Oí su llanto, me dolía verlo asi que ya empezaba a ponerme sensible. ¿Qué más podía hacer? Solo permanecer a su lado, debatiendo en mi cabeza algún consejo pero, ¿Qué iba a saber yo? Si tan solo era un idiota, inmaduro.
—Lamento hacerte pasar por esto —dijo con dificultad —Se suponían que eran unas buenas vacaciones.
—En realidad si lo son —confesé —No tienes que disculparte. Mira… ¿Por qué no sigues intentando? ¿No hablaste con un pariente? Tal vez tiene familiares en otro país, no lo sé.
Silencio. No me respondió, se quedó en seco, tal vez andaba pensando en varias opciones. Sus lágrimas aún seguían descendiendo y yo apoyé el mentón sobre su hombro descubierto. ¿Acaso Shannon no sabía de esto? Digo, eran hermanos, ¿Por qué no se contaban este tipo de cosas?
Y de pronto…
— ¿Sabes si Shannon te puede ayudar de alguna manera? —pregunté con algo de esperanzas. — ¿No era que los tres eran muy amigos? ¿Y si él sabe algo?
—Me hubiera llamado. —respondió. —Él está al tanto, si sabría algo me lo diría.
Bien, él confiaba en su hermano, por lo tanto, yo debía confiar en él. Nos quedamos callados, observando las olas por un buen rato hasta que los primeros rayos se alzaron por el horizonte y podíamos ver a las primeras personas que transitaban por la playa, algunos tenían sus mascotas y otras admiraban la agradable mañana sacándole fotos al panorama. Hablando del panorama, bajo estos primeros rayos, podía ver con claridad la intensidad del color de los ojos de Jared, brillaban como si fuera una esmeralda en medio de la oscuridad.
Debía admitir que se veía adorable, lo lindo de las personas, y no era por ser masoquista o algo por el estilo, era que se mostraban tal cual era su belleza cuando se mostraban vulnerables, o se sentían derrotados. No sabía porqué, pero así se veía él, tan hermoso y radiante.
Espera… ¿¡Qué!?
—Jared… vamos a encontrarlo —le animé una vez más —Estaré en ese momento si no puedes, te alentaré a que puedas arreglar lo que creíste que dañaste.
—He dañado todo, más a él. —se apenó.
—No te culpes, tal vez no fue por ti lo que hizo —me miró —Tal vez… alguien más, no lo sé, ¿Nunca hablaron de ese tema?
—No me daba la cara —se sobó el brazo, mostrándose arrepentido.
—Si no lo enfrentas, siempre te sentirás así… Si no crees ser lo suficientemente fuerte, entonces date la oportunidad de demostrar que lo eres. Solo enfrentando eso podrás liberarte, verás que se sentirá muy bien.
— ¿Y si no quiere verme?
—Entonces ninguno de los dos es lo suficientemente fuerte —nos miramos —Si él quiere saber o decirte algo, se quedará.
Me estaba sorprendiendo de lo que decía, ¿Desde cuando yo daba consejos buenos, y nunca los ponía en práctica? Era en estos momentos en los que me decía, ¡Anda, tú también deberías hacer lo mismo! ¿Por qué le dices a los demás que ellos pueden, y tú no?
Realmente ahora podría regresar a Alemania, buscarlo, golpearle de ser necesario, gritarle, o talvez escucharle. Pero sabía, sabía que en cuanto estuviera frente a él me echaría a correr, ¿Por qué? Porque simplemente me atemorizaba el hecho de que él me dijera algo malo, tenía mucho miedo. Si me decía que había amado a Tessa y se envolvió, me dolería muchísimo, si era por otra cuestión igual; lamentablemente estaba siendo egoísta por no cederle la palabra. Sin embargo, ahora me daban ganas de ir corriendo a él y dejar todo atrás.
—Vamos, de seguro tienes hambre. —Ahora parecía ser que el vulnerable era yo. Me quedé mirando la arena, y como esta se encimaba sobre mis pies. No supe como pero él se puso de pie con una energía indescriptible, suponía que lo que quería era descargarse. Tendió su mano en mi dirección, tragué saliva y le miré.
Tomé su mano y me atrajo a él, logrando que me levantara, me acomodó los mechones y un par de rastas hacia atrás y nos miramos. Ahora sabía con certeza lo que mi corazón sentía, y me lo tenía que aclarar varias veces para no perder la cordura.
—Encontraremos la forma de dar con Eike — le dije sonriendo, él imitó el gesto y asintió. Tomé su mano y entrelacé sus dedos con los míos. —Lo prometo.
Decidimos dejar la playa atrás y caminamos hacia su coche. Me recordaba una y mil veces que mi estadía en Los Angeles estaba por terminar dentro de muy poco, y ya había ido hasta a Las Vegas. No podía pedir más, realmente lo había disfrutado.
Y lo que más me tocaba el corazón, era que Jared había soportado todo eso, había ocultado el sufrimiento que le invadía al no haber concretado con Eike. En serio, que él lo disimulara tanto, que lo soportara hasta que no pudo más, me hizo acordar a mí en el pasado. ¿Y quién había estado en ese momento?
Tom…
&
—Tom… ¿Cómo mierdas se lee esto? —dijo el chico rubio mirándome como si estuviera sosteniendo lo más extraño de la tierra. —empecé por la primera página y dice… «Continuará»
Le agregó suspenso al mencionar esa palabra, me reí por el gesto que habia hecho y decidí acercarme, dejando atrás la cafetera. Me acerqué y le enseñé, me observó confundido y queria tener la razón de que así no se debía leer, que era incorrecto.
—Eso es ridículo —dijo molesto. —No puedo leerlo así, me rehúso.
—Es cuestión de costumbre, solo trata de leerlo despacio y verás que resultará fácil —le miré sonriente, no parecía muy convencido de mis palabras pero trató de aplicarlo.
—Sabes… Contigo me olvido de todo —confesó y me miró pensativo —debería agradecerte por eso.
—De nada —me levanté del sofá y quise regresar a la cocina, pero su voz me detuvo.
—Volveré a la casa de mi familia estos días —cerró el manga y me miró. —Quiero estar relajado antes de… ya sabes.
Sí, entendía perfectamente. En pocos días Bill regresaría, y habría que enfrentar un desafío enorme. No le oculté a Eike el plan que tenía en mente, que era juntarlos a ambos, él y Jared, en un lugar donde pudieran hablar tranquilos. No era para deshacerme del amigo de Bill, claro que no, solo que debía ayudar a Eike como pudiera.
Bueno, en realidad era un poco de eso y un poco de lo otro, ¿Pero y qué? Estaba ayudando de alguna forma. Al principio Eike había entrado en pánico, y luego lo fue aceptando ya que también tenía ganas de estar con Jared. Hasta también había ideado una coartada por lo de Shannon, era evidente que se armaría un gran alboroto ese día, y por un momento no quería que llegara. Por otro lado, contaba los minutos para que eso sucediera, porque aprovecharía para que Bill pudiera escucharme, una vez más.
Aunque decían que los planes salían mal, yo tendría que cuidar cada detalle ese día para que no sucediera. Shiro me dijo la hora exacta en que llegaría, por lo que solo tenia unas horas para que Eike pudiera dar con Jared. Ése era lo acordado desde un principio, pero si mi amigo se iba a ver a su familia, tendría que alterar algunas cosas. De todas formas, algo se me ocurriría.
—Bien, avísame así te llevo hasta allá —le di la condición, él suspiró y lo aceptó.
— ¿Qué haces en la cocina? —preguntó casi gritando —No tomes café que nos iremos a cenar en unos minutos.
Teníamos una cena con amigos. La verdad me sentía un tanto nervioso ya que Eike conocería más de mi entorno, y eso implicaba algunos amigos en común con Bill. Andreas estaría presente y Biersack también, asi que… No estaba para nada tranquilo. No era que no llegaban a aceptarlo, sino que, no lo sé, me sentía nervioso.
—Puta madre —mascullé. Mi celular vibró y lo saqué del bolsillo del pantalón. Era un mensaje de Georg diciendo que ya estaba dirigiéndose al restaurante junto con Gustav. Verifiqué la hora y ya tendríamos que haber salido hacia cinco minutos.
— ¡Eike! —él vino corriendo y se asomó a la entrada de la cocina, me observó preocupado —Ya es hora, ¿Estás listo?
No me contestó y supuse que no lo estaba. Yo me lavé las manos y luego las sequé, fui a mi habitación para tomar lo necesario y meterlos en los bolsillos. Era una noche algo calurosa, por lo que no era necesario el abrigo y fue una buena suerte que habíamos conseguido reservación al aire libre, en la terraza del restaurante. Dejé abierta la puerta de mi habitación y Eike salía del baño, estaba bien perfumado y con vestimenta impecable.
— ¿Qué? —enarcó una ceja, negué con la cabeza y me reí. Tomé las llaves y apagamos todas las luces, nos metimos al ascensor y los nervios no me dejaban tranquilo.
—Hey —me golpeó el hombro —Juro que me comportaré.
Levantó una mano, la otra lo puso sobre su pecho y cerró los ojos, pactando el juramento. Sonreí y el me miró divertido. Una vez que estuvimos en el coche, aceleré, seguramente seríamos los últimos en llegar y eso me pondría más nervioso.
—Vamos a ver —dijo Eike encendiendo el reproductor de música — ¿Qué escucharemos hoy?
Presionó play y una melodía de violín inundó todo el interior del coche, miré de reojo a Eike y se mostraba confundido y puso una cara de asco tremenda. Con eso me quiso decir que no le gustaba la música clásica. Y a mí tampoco, pero las tenía por Bill. A él le encantaba, una vez se llevó mi pendrive y lo infestó de su música favorita, por lo que cada vez que regresábamos a casa, él ponía la «música relajante», y en verdad que relajaba.
—Oh, algo decente —dijo entretenido. Era rap, y aunque estaba en alemán, él movía la cabeza disfrutando de aquello. Hacía bastante que no escuchaba a Samy, y volverlo a hacer me remontaba a mis épocas de rebelde en la adolescencia.
El trayecto se hizo corto, y me estallé en carcajadas cuando Eike quería tratar de decir lo que Samy cantaba, las palabras se le iban a la mierda y terminaba con una cara de póquer y se reía. Apagó el reproductor cuando estacioné el vehículo, se retiró el cinturón de seguridad y echó un suspiro.
—Voy a dar lo mejor de mi, trataré de ser normal —me molestó con eso, quité los seguros y ambos salimos.
Nos registramos y una jovencita nos llevó hasta la terraza, la verdad que todo era muy de naturaleza, habían medianeras en las paredes y plantas por todas partes y de todo tipo, hacían sentir a uno más vivo. Subimos una escalera en espiral, que estaba rodeado de enredaderas con flores y algunas luces, similares a las de Navidad. Cuando llegamos a la parte superior descubierto del restaurante, sentí que por un momento me encontraba en L.A, era el mismo estilo, con luces colgando por todo el ancho de la terraza, enredaderas en los balcones y macetas con flores por cada esquina.
Reconocí a los que estaban sentados, genial, éramos los últimos. Quien me reconoció primero fue Georg que alzó la mano y sonreí, viré en dirección a Eike y estaba embobado con la decoración, emití un silbido y él me observó, me siguió el paso.
—Es aquí, señores —dijo la camarera — ¿Ya van a ordenar?
—En unos instantes —habló Shiro. La chica se fue y Georg apartó dos sillas a su lado. La mesa era enorme por suerte.
—Hola a todos —dije cuando nos fuimos a nuestros lugares —Bueno, les presento a mi amigo, Eike.
—Es un gusto conocerlos a todos… —dijo con una sonrisa radiante. Observó a todos, pero se quedó en seco cuando miró en una dirección, hice lo mismo y observaba a Blas, que estaba sentado al lado de Andreas, que a su vez le miraba medio raro.
—Oh por dios… —susurró. —Tom, agárrame que me voy a caer.
— ¿Qué pasó? —pregunté preocupado.
Y ahí perdimos la cordura. Eike chilló y dio toda la vuelta la mesa, nadie entendía una mierda, yo tan solo me sentía avergonzado. Al menos intentó ser normal.
— ¡El baterista de KillYa! —dijo emocionado, todos se rieron ya que comprendieron el berrinche. Blas, muy amable, se levantó para saludarle pero, conociendo a Eike, correría a abrazarlo. Eso fue lo que hizo. —Soy tu fan, ¡Amo tus solos y las canciones! ¡Jamás olvidaré esa performance en los premios Riot!!,tu presentación fue un regalo traído del cielo!
— ¡No jodas! —chilló Andreas, se puso de pie y Eike le miró —La revista local dijo lo mismo…
— ¡¡Blas fue considerado el baterista del año!! —dijeron al unísono.
Para entonces, todos estábamos a las carcajadas. Bueno, por lo menos ellos habían encontrado algo en común. Eike iba a regresar a sentarse a mi lado, pero Andreas dijo que se sentara junto a él y así fue, rápidamente empezaron a hablar de KillYa y se me hizo familiar la escena. Joder, estaba perdiendo la cabeza.
Lo bueno de esto era que Shannon no estaba presente, seguramente si se enteraba de que Eike estaba aquí hubiese venido, más no le mencioné algo al respecto. Tendríamos que habernos juntado en el estudio esta noche, Shiro dijo que era mejor descansar un poco, de todas formas, volveríamos a estar alterados en un par de días, por la presentación de Bill.
La cena transcurrió normal, éramos muchos y aún así tuvimos una unión. Las únicas personas que sabían sobre la vida de Eike eran mis amigos, Shiro incluido, el resto le preguntaban de su vida y él solo contestaba que era modelo y demás, más no contaba lo verdadero que ese trayecto conllevó. Había actuado con naturalidad, pensé que le darían uno de esos arranques repentinos, sin embargo, se mostró neutral y andaban a las carcajadas con Andreas, Blas y Biersack, y la novia de él, claro.
Durante la sobremesa, ese grupito se fue al área donde se podía apreciar la ciudad y habían parras. En la mesa nos quedamos «los adultos», bebiendo café o fumando.
—Al final resultó todo como querías —Habló Georg y me giré en su dirección. —Pensé que no se llevarían bien.
Ambos miramos en la misma dirección, y fijamos como Andreas hablaba animadamente con Eike y hasta ya se daban golpecitos en los hombros. Y yo que le había rezado a todos los santos para que no se sacaran los ojos. No sabía porque dudaba tanto de la reacción de Andreas, aunque era obvio, ya que era el mejor amigo de Bill.
—Jamás me dijo que era fan de KillYa —agregué.
Aún los seguía mirando y se estaban sacando fotos divertidas, realmente, Eike no era una persona engreída o algo por el estilo, era carismático y divertido.
Continúa…
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