«Wünschen». Temporada II

Capítulo 4: Como en los viejos tiempos

— ¿Y David lo sabe? —ya había perdido la cuenta sobre las personas que habían preguntado lo mismo en estos últimos días.

—No, Mika. No lo sabe —respondí un poco cansado de que siempre dijeran lo mismo. —Por favor, guarda el secreto. Entre Tom y yo no hay nada, eso sucedió hace dos años.

—Bueno —se encogió de hombros, luciendo apenada. —Yo no estaría tan segura. Sé que fue la decisión de ambos, pero en serio se ven tan adorables cuando están juntos… ¡Ya comienzo a shippearlos!

—A shi… ¿Qué? —confundido, cargué mi bolso al hombro. La Taberna ya cerraría sus puertas. —Esas cosas tan raras que dicen estos adolescentes.

— ¡Hey! Es un halago —me miró burlona. No quería dejarla sola en el departamento, así que le pedí que viniera al trabajo, se ofreció a ayudar a los meseros y todo, claramente tendría que darle un dinero por eso. —Como presidente del fan club de Biersack, voy a crear un grupo especialmente para que mis súbditas chillen por ustedes…

— ¡No, ni se te ocurra! —le frené el paso en el medio del restaurante. —No quiero tener problemas, sabes cómo son las cosas, la situación en la que estamos metidos.

—No puedes calmar a las bestias, en algún momento esto se va a joder de lo lindo.

Mika me miró con una mueca triste. Era verdad, si las cosas salían a favor de lo que mi corazón quería, iba a destrozar el de otra persona y no quería eso; no quería que sintieran lo que yo, era horrible de soportar. Suspiré de forma pesada, bajando la cabeza y pensando en David, ¿No sospechaba de nada? ¿Por qué no seguía preguntando por Tom o por mí, o por la relación que teníamos en el pasado? Tal vez , al oír mi respuesta aquella vez que nos vio, se quedó tranquilo, no se molestó para nada porque confiaba en mí.

Mierda, la amargura me invadió la garganta.

—Bill, ¿Estás bien? —fijé la expresión de Mika, estaba preocupada. —Perdón por haber dicho eso.

—No es por eso, enana —le revolví el cabello y ella cerró un ojo, soportando como la despeinaba. —Ven, tenemos que ir a dormir temprano porque mañana será un día agitado.

La abracé por el hombro y los dos salimos sonrientes. Mi sorpresa se desató cuando reconocimos a Andrew esperándonos afuera, nos miró de reojo ya que andaba firmando un autógrafo a dos muchachas que se morían de risa, por no decir de los nervios. Mika fue corriendo, las dos chicas se despidieron de él. Andrew la esperó con los brazos abiertos y se dieron un reconfortante abrazo, esos dos eran pura ternura, ella era una umpa-lumpa y él tan alto como un roble. Se besaron y yo aproveché para fumar un cigarrillo mientras esperaba a que terminaran de darse amor.

—¿No vas a abrazarme también? —preguntó Biersack con una sonrisa, yo lo rodeé con cuidado debido al cigarrillo y nos separamos enseguida. —Recién terminamos de ensayar para mañana, ¿Estás ansiosa, princesa?

Le dijo animado a Mika y ella, toda embobada, asintió. Nos subimos al auto de Biersack, yo me senté en la parte de atrás y empecé a ver mi teléfono, tenía un mensaje de David diciendo que tenía que atender unos asuntos y que no vendría a casa. Le contesté que no había problema, la verdad que me hubiera puesto mal por eso, pero no entendía por qué no me afectaba tanto.

Otro mensaje llegó y era de Tom.

«¿Tienes algo qué hacer? Estoy aburrido»

Sonreí a la pantalla y me hundí en el asiento, a medias podía comprender lo que Mika y Andrew hablaban, era como sumergirme en otro mundo cuando hacía algo con Tom.

«Estoy viajando con los tortolos a casa, ¿No tienes que descansar para mañana?»

Inspiré y miré por la ventana al enviar el mensaje. Me respondió al instante.

«Sí, pero no quiero irme a dormir sin antes ver tu rostro aunque sea un rato»

Me reí como idiota en el asiento, lo oculté apretando mis labios para que nadie sospechara. Me estaba dando cuenta de que me sonrojaba por pequeñas frases suyas. Dios, no podía ser maduro a su lado.

«Basta, Tom. Me siento avergonzado»

«Acepto eso como un sí, ¿Paso a buscarte?»

Mojé mis labios y tecleé con rapidez. A la mierda.

«Está bien.»

Cuando llegamos al departamento, Mika y yo nos adelantamos y fue ahí que le comenté que Tom vendría por mí, ésta comenzó a chillar y la calmé antes de que Andrew viniera. Le dije que guardara el secreto, le inventamos una mentirita al de ojos azules.

—Bueno, te pido que la cuides, hay comida en la nevera y… Por favor —junté las manos. —Si van hacerlo, hay condones en el baño, pero no tengan mini Mikas o mini Andrews, por favor, son jóvenes.

Los dos se echaron a reír y nos despedimos. Me quedé esperando en la entrada, ¿Qué demonios estaba haciendo? Se había vuelto habitual esto de que nos viéramos por las noches, David llegaba cansado del trabajo y respetaba su espacio, por eso lo veía algunas veces. Y ahora, cada que se podía. Con todo este tema del regreso de Tom, la situación había dado un giro rotundo, asumía que algo estaba volviendo a surgir, asumía que esos recuerdos estaban esperando a que el movimiento correcto se efectuara para tomar todo mi cuerpo, invadirme con los sentimientos.

Desde que volvimos a vernos, todo lo demás no me importaba, era como si solo pensara en lo que quería, y suponía que era estar cerca de él. Era consciente de las lágrimas que había derramado por él, de los días grises que me estrujaron el corazón hasta quitarle todo lo que había dentro de el. Nunca había sentido ese dolor antes, esa sensación de que me habían arrancado la otra mitad; podría decir que nos complementábamos y muy bien, él me necesitaba y yo a él, nos dábamos ayuda de alguna manera. Cuando yo me sentí inseguro de mis sentimientos o alguna situación, él, mágicamente, me daba las pruebas para fundamentar más lo que me sucedía.

¿Por qué ahora mis mejillas estaban cálidas? ¿Por qué mi corazón latía fuerte? ¿Por qué respiraba con dificultad?

Me toqué el pecho con la mano, sintiendo los latidos, ese intenso ardor que me daban ganas de llorar. ¿Acaso estaba volviendo a enamorarme?

—¿Bill? —Fijé adelante, veía algo difuso a Tom. Me observaba con incertidumbre y se acercó a grandes zancadas. Tomó mi rostro con sus manos, sintiendo lo confortantes que eran, cubriéndome de seguridad y cariño; mis labios comenzaron a temblar, sus ojos en los míos me hacían sentir afortunado porque me observaba, solo a mí.

No. No estaba volviendo a enamorarme.

—Hey… ¿Qué sucede? —deslizó una mano por mi mejilla y cerré los ojos, disfrutando de su roce.

Aún seguía enamorado de él.

—Estoy bien —esbocé una media sonrisa, separando lentamente mis párpados, mirando como sus ojos color miel me admiraban. —Es solo que me sorprende como nuestra hija creció.

Si le decía lo que sentía, destrozaríamos la vida de muchos, no podríamos convivir en paz. No quería que se complicara la relación con David, no podría rechazarlo, apenas y estábamos empezando, y aunque aún tenía sentimientos hacia Tom, sabía que debía dejarlo ir. Porque yo lo había decidido.

—¿Qué pasó con Mika? —lucía asustado y miró detrás de mí como si la enana estuviera mirándonos. —No me digas que está embarazada porque mato a ese modelito de ojos azules.

Me reí para no llorar, mis ojos estaban vidriosos y de seguro me veía horrible. Sin avisarme, Tom besó mi frente y me quedé anonadado, conteniendo la respiración por unos segundos. Al volver a efectuar contacto visual, se sorprendió de mi reacción.

—No actúes como si nunca te hubiera dado uno —dijo con sorna. —Por lo menos ya no estás a punto de llorar. Luces como toda madre primeriza.

—Idiota —susurré y me aparté.

—Este idiota aún te quiere —dijo fingiendo ofensa. No podía enojarme con él. —Vamos, me estoy congelando aquí.

Me tomó de la cintura y fuimos casi corriendo a su vehículo. Al estar adentro, una banda hardcore inundó mis oídos y me agradó enseguida, nos pusimos el cinturón y él aumentó el volumen. El trayecto fue breve, escuché a Tom cantar desaforadamente al ritmo de covers de Pop goes punk; fue muy gracioso y algunos las cantamos juntos porque me sabía las letras de Katy y Kesha.

Al estar afuera de su departamento, él apagó el reproductor y miré la puerta. No pude evitar esos recuerdos, los interminables besos que nos dábamos al despedirnos. Suspiré y me quité el cinturón, ambos abandonamos el auto y nos adentramos al edificio; en serio, parecía como si el tiempo jamás hubiera pasado, era como un día más.

—¿Dónde está Tessa? —pregunté cuando estábamos en el ascensor, me había olvidado de ella.

—Dijo que iría a casa de una amiga, la verdad que ya no sé si creerle. —no parecía molesto por eso.

—¿Por qué dices eso?

—Creo que anda con alguien más —movió los hombros sin darle importancia. —Y no tiene los ovarios suficientes para admitirlo.

—Vaya, seguramente hablabas así de mí cuando nos separamos —solté y él me miró. Las puertas justo se abrieron, los dos salimos al mismo tiempo.

—Contigo fue diferente, yo lloraba —admitió y me detuve, él lo hizo segundos después. Se giró y enarcó una ceja. — ¿Qué?

—¿Lloraste? —pero qué pregunta más idiota le había hecho.

—Supongo que tú también lo hiciste —siguió el tramo hasta llegar a la puerta correcta. —Tessa jamás llegará a reemplazarte, nadie llegará a tu nivel.

—¿Qué respuesta doy a eso? —me puse a su lado, él colocó la llave en el cerrojo. Los dos nos miramos. Él empujó la puerta suavemente dejando ver el interior de su departamento.

—No tienes qué responder, solo quería que lo supieras, ¿Entras? —me cedió el paso y yo asentí.

Estaba tonto, idiota, imbécil por lo que acababa de decirme. Cada día me sorprendía más sobre nuestras actitudes, toda la relación parecía tomar un sentido diferente a lo de antes. Me agradaba, porque no me sentía tan agobiado como en aquel entonces.

—Dime algo —me quité el abrigo y él lo tomó para colgarlo en el perchero. — ¿Qué demonios te pasó en Los Ángeles? No eres el Tom que conocí.

—Tú tampoco eres el de antes —Pasó por mi lado, mirándome divertido. Yo fijé de reojo a mí alrededor, todo seguía igual; muchos momentos me vinieron de repente. Lo seguí hasta entrar a la cocina. — ¿Fue mi culpa, verdad?

—¿Culpa de qué? —me senté en una de las sillas de la mesa, mirando como sujetaba un vaso de vidrio e iba a la nevera, la abrió y retiró una jarra de jugo, enfocó sus ojos en mí. — ¿De qué hablas?

—De que hayas cambiado. —Cerró la nevera al dejar la jarra en su interior, yo no apartaba la vista de su rostro y él tampoco. Me tendió el vaso y lo acepté, se sentó frente a mí y hurgó en sus bolsillos. Sacó el paquete de cigarrillos y encendedor, comenzó a fumar.

—Si vamos a ser honestos, tiene algo que ver —dije después de beber un poco. —Pero no es tu culpa en realidad, sino mía.

—¿Por qué? —frunció el ceño, se echó hacia atrás en la silla e inhaló de manera intensa. —Fui yo quien jodió todo.

—Pero fui yo quien cortó todo —lo admití, él liberó el humo entrecerrando los ojos. Me incliné sobre la mesa y extendí la mano tomando su paquete de cigarrillos, retiré uno y lo encendí.

Los dos fumamos mientras nos mirábamos, dejé que el bolso cayera al suelo sin importarme el contenido. Esta conversación que acabamos de tener me hizo liberar demasiadas tensiones, por un momento regresé a ser el Bill que no le importaba nada, el chico maduro. Los sentimientos pasaron a un segundo plano y el bienestar reinó en mí ser.

—Lo siento. —dijo apenado. —Lo eché todo a perder, si pudiera volver el tiempo atrás arreglaría las cosas.

—No tienes… Y no te disculpes, eso ya pasó. Ahora somos amigos, está todo bien entre nosotros. —lo animé, él sonrió.

—¿Podemos ver una película para pactar este arreglo? —le miré con mala cara, esa sonrisa pícara daba a notar otra cosa. —Lo digo en serio, solo es una película, ¿Le tienes miedo?

—Tengo miedo de lo que vayas a cometer —me puse de pie, enterrando el cigarrillo en el cenicero. —Pero lo acepto.

Preparamos café y luego fuimos al living con nuestras tazas. Él trajo una manta mientras me acomodaba en el sofá, puso una película de zombies y se sentó en el otro extremo del gigantesco sofá, ¿Por qué te fuiste tan lejos? Bebí el café durante los primeros quince minutos de la película, y por más cafeína que tuviera la taza, el sueño empezaba a vencerme. Había sido un día muy largo y estuve yendo de un lado a otro sin parar, por lo que mi cerebro entendía que la combinación de una manta con un lugar cómodo, significaba la hora de dormir.

Por esto, empecé a cabecear y al sentir que me iba a la mierda, abría los ojos y negaba con la cabeza. Otras veces, me desconcertaban los gritos desgarradores de esos muertos vivientes y mi corazón se aceleraba del susto. Cerré los párpados un instante, y al volver abrirlos, un perfume me invadió y percibí que un brazo me sujetaba el hombro.

— ¿Tom? —dije cansado.

—Shh… Estabas por caerte. —gruñí y me moví, quedando bajo su brazo, acurrucado contra su cuerpo. Él también se cubrió con la manta y el calor fue mejor. — ¿Vas a quedarte a dormir?

—Hmm… No —no podía separar los párpados, se me hacía pesado. —Despiértame cuando terminé la película.

—Es que ya terminó. —dijo riéndose, yo me separé de él y me quedé sentado aún con los ojos cerrados, me tambaleaba de un lado a otro.

Me giré, para poder mirar a Tom como fuera, una corriente de aire me golpeó la cara y no solo eso, unos labios húmedos y reconocibles se depositaron sobre los míos. Abrí los ojos de inmediato, el beso casto fue de unos segundos, luego él me empujó para atrás y caí de espaldas al sofá, eso logró despabilarme enseguida.

—¡Tom! ¡Quítate de encima! —chillé moviendo mis piernas. — ¡Eres un aprovechador! ¡Claro! «Solo es una película», ¡Maldito mentiroso!

Entre mi lucha y mi fastidio, oía las carcajadas de Tom en mi oído, estaba realmente pesado y no podía sacarlo de encima. Su cabeza estaba a un costado de la mía y podía sentir su respiración en mi nuca, eso me estremecía.

—Ahora yo tengo sueño, no tengo energías para levantarme —decía con la voz de un viejo en su último minuto. — ¿Por qué no nos quedamos así hasta mañana?

—¡Que no! —le golpeé el pecho con mis puños, pero era un acto innecesario, no lograba nada. —Mañana tengo que hacer muchas cosas desde temprano, y tú tienes que ir a trabajar, ¡Mañana será la víspera de año nuevo, idiota!

—Vaya, mi Bill se volvió un chico rudo —este hombre… ¡Definitivamente maduró de un lado y se volvió un niño de otro! —Dime otro insulto y juro que no te dejaré salir.

—Tom. —dije más calmado, él levantó la cabeza para quedar frente a frente. Nuestros ojos se enfocaron, la tensión aumentaba. —Podrías quitarte de encima, por fav…

Me interrumpió cuando estampó sus labios contra los míos nuevamente, fue corto, inocente, cargado de sentimientos que obtuvo mis mejillas enrojecidas y muertas de calor. Un simple roce de labios devolvió todos mis sentimientos, todos. Otra vez, esas mariposas, aquella hermosa sensación de estar enamorado, todos mi momentos con él poseían cada parte de mi ser.

Al tomar distancia, él enseñó una auténtica, perfecta, envidiable y hermosa sonrisa.

— ¿En serio quieres que sigamos siendo amigos?

Maldito, él no se iba a cansar nunca hasta volver a conquistarme. Bueno, inconscientemente quería que lo hiciera. Puta madre, soy tan contradictorio.

&

Al día siguiente, Ria estaba de regreso y nos tenía muchos regalos. Mika aún seguía dormida y ya sabía el motivo, esperaba a que haya tomado precauciones, carajo, no quiero ser abuela. La morena estaba de buen humor, llevaba la piel un poco más bronceada y algo delgada, eso me preocupaba.

— ¿Estás comiendo bien? —le pregunté mientras bebía el café. — ¿O estás haciendo dieta de nuevo?

— Oh, no es nada, solo que tuve demasiada diversión en mi ciudad. —Se rió y yo exageré con mi expresión.

—Ria Sommerfeld, tú no te detienes nunca mujer. —mi tonito era algo chillón y ella se limpió las uñas contra su camiseta, derrochando estilo.

—Solo espero conseguir alguien en serio ahora —le miré con una ceja arqueada. —Estoy harta de todos esos hombres engreídos, creo que voy a terminar con un gordito lleno de amor. Le daré de comer y seremos felices porque voy a cocinarle.

—Mejor contrata a una cocinera, tú todavía tienes que practicar eso — ella me miró indignada, claro que lo hacía con gracia porque siempre nos tratábamos así.

— ¿Y tú qué hacías regresando en plena madrugada? Pensé que eras tú quien estaba durmiendo con Mika, pero luego me di cuenta que no lo era y dije: uou, acá pasó algo. ¿Fuiste a ver tu ex? No me mientas, ¿Volviste con él? ¿Ya lo hicieron?

—N-No… Claro que no — dije entre risitas. —Solo que me estoy acostumbrando a pasar el rato con él, es todo.

—Hmm, eso va a terminar de forma evidente —se cruzó de brazos. —Mira, no quiero que sufras, eres mi amigo y te quiero como eres, pero si ese idiota te hace algo más, iré sin vueltas y le partiré la cara.

—Pero no sabes quien es, no te lo presenté. —Ella iba a decir algo y se quedó con la boca abierta. Tenía razón, Ria no sabía quién era y me reí al ver su cara de confusión.

—Bueno, ya habrá oportunidad. —asintió, convencida de que lo haría pronto.

— ¡Buen día! —los dos miramos en la misma dirección. Mika se refregaba el ojo con el dorso de la mano, atrás de ella Andrew estiraba sus brazos con una sonrisa dormilona. No llevaba remera, dejó ver todo su torso desnudo y descubrimos un moretón morado en una de sus clavículas. Ria y yo nos miramos.

— ¿Ya está el desayuno, mamá? —preguntó Mika y Andrew se puso la remera. Me levanté y les serví el desayuno, Ria me preguntó porqué demonios me decía mamá y le conté la anécdota con Tom, pero no lo nombré porque Biersack estaba presente, de igual forma ella lo entendió.

— ¿Te divertiste con Tom? —preguntó el de ojos azules, le miré con espanto a Mika y ella susurró unas disculpas. —Tranquilo, no diré nada pero… ¡Se ven lindo juntos!

— ¡Es lo que yo le digo! —estos dos empezaron a gritar de lo lindo y yo empezaba a dudar sobre si Andrew en realidad era hombre. Mientras ellos decían mucho la palabra shippear, Ria se acercó a mí y me susurró en el oído.

—Estás jodido.

Continúa…

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por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

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