«Wünschen». Temporada II
Capítulo 40: Viejo hábito
Cuando las luces se apagaron, y escuché los aplausos, supe que todo había terminado. Ya estaba el atardecer y sentí una satisfacción inexplicable. Me di la vuelta, tomando la botella de agua y la destapé para beberla, al volver a tirarme y observar abajo, donde lo había visto, él ya no estaba. ¿Lo habré imaginado? La música de fondo empezó a sonar para que la despedida fuera camuflada, y yo me acerqué al guitarrista que me abrazó, suspiré aliviado, estaba tan presionado y nervioso que pensé que, por un segundo, me había olvidado la letra pero continué de todas formas.
El staff comenzó a quitar todo del escenario, pero mis compañeros quisieron ayudar, yo solo quería salir de aquí porque los nervios aún se delataban por el temblor de mis manos. Al abandonar dicho escenario, Andy se me tiró encima, correspondí el abrazo, en verdad estaba asustado por el debut.
—Lo hiciste muy bien —me frotaba la espalda y yo estaba como no queriendo separarme de él —Mamá Andy está orgullosa de ti.
—Idiota —mascullé entre dientes. —Juro que fue muy difícil, no pude…
— ¡Pero te luciste! —nos miramos y me sonrió —Estoy segura de que mi tía también está orgullosa.
Andy le decía tía a mi mamá de vez en cuando, y ella encantada de tener un sobrino como él; era único. Lamentablemente mi madre no había podido venir porque estaba enferma, no era nada grave, apenas una gripe. Ella quería que por lo menos Gordon estuviera aquí hoy, pero preferí que estuviera a su lado cuidándola. Andy me volvió a abrazar y me sentí un poco más relajado. Busqué con la vista a Jared y no lo encontré con el staff, ¿A dónde se había metido? Shannon tampoco estaba, ¿Habrán tenido un asunto familiar?
—Sabía que podrías hacerlo —me dijo Shiro y me dio un abrazo también —lamento si estaba paranoico en la mañana, es que…
—No fue un buen comienzo de mi parte —confesé —trataré de dar lo mejor a partir de ahora…. Ah, ¿Viste a Jared?
Él negó con la cabeza y dijo que si quería adelantarme, estuve un rato tratando de ayudar a mis compañeros, pero ante mi torpeza por no saber dónde meter cada cosa, me dijeron, de buena forma, que no era necesario que estuviera aquí. Me lo tomé con mucha gracia, era ridículo querer meter la guitarra en el estuche de, lo que después me dijeron, la batería. La verdad, era mejor que solo cantara porque si no sería un completo desastre con los demás instrumentos.
Bajé del escenario mientras varias personas vinieron a saludarme y todo, amablemente correspondí sus abrazos y unas chicas me pidieron autógrafos y contaban que habían visto el vídeo, y que eran fan de Andrew y también me habían reconocido cuando cantaba con él en la Taberna. Yo no sabía cómo era que se acordaban de ello, mi cerebro realmente no cargaba con tantos recuerdos, solo los importantes, o a veces, los importantes se iban porque la persona con la que lo compartía ya no estaba.
Suspiré apesadumbrado una vez que estuve solo, y decidí marchar al intento de camerino; solo era una oficina de administración, pero al menos sirvió para dejar nuestras pertenencias y mirarnos en un pequeño espejo redondo. Avancé mirando los costados, distraído por cuadros de personajes destacados en la historia de Alemania. Algunos los reconocía por la escuela y otros por desempeñarse culturalmente.
Tuve que ir casi hasta el fondo de todo y doblar en un pasillo angosto que solo era de acceso personal y gracias a seguridad del centro pude pasar sin problemas al mostrar el precinto. Pasé a la sección privada y encontré la puerta de la administración, no había nadie, suponía que los que trabajaban aquí estarían en las primeras habitaciones o en algún otro lugar. Fui directo a ver mi bolso y saber dónde estaba Jared, se me hizo extraño que desapareciera. Me había acompañado desde la primera hora de la mañana y ahora no estaba. Tampoco vi a su hermano, ¿Y si les pasó algo grave?
—uff… Tengo mucha hambre —la puerta se abrió y me giré, mis compañeros ingresaban contentos. —Oh, Bill. Shiro dice que en diez nos iremos al restaurante que está aquí cerca.
—Perfecto —sonreí — porque también muero de hambre.
Entre fotos y tonterías nos alistábamos para salir, la pasaba bien con ellos, me hacían reír hasta que me doliera el estómago y me salieran lágrimas. Subimos una foto a la cuenta oficial haciendo caras, y para nuestra suerte, habían personas comentando y demás, realmente me emocionaba. Aunque no eran muchas, al menos habíamos logrado llamar la atención un poco.
— ¿Están listos? —dijo Shiro, primero debíamos dejar nuestras cosas en la van, que por el momento no era nuestra por completo.
Dije que iría en un momento, necesitaba hablar con Jared y saber qué sucedió. La oficina fue abandonada en menos de cinco minutos, la puerta estuvo abierta mientras que yo me sentaba de espaldas a la misma en una de las sillas que había. Marqué su número pero me daba ocupado… Y luego pensé, ¿Por qué estaba tan pendiente de él? Tal vez tenía que atender asuntos con respecto a la producción de la nueva temporada de zombies. Sí, seguramente surgió algo de eso.
Una sensación extraña me abrigó la espalda y moví los hombros de forma circular para relajarlos, del otro lado de la línea nadie contestaba, me saltaba la contestadora; lo tenía apagado. Chisté la lengua, no tenía que hacerme problema, ha de ser algo de la producción. Miré la pantalla una vez más, me invadió repentinamente unas ganas de querer enviarle un mensaje a Tom.
Miré hacia adelante, esa sensación en mi espalda no desaparecía, entonces decidí girarme para ver sobre mi hombro derecho. No había nadie y recordé que me vendrían a buscar, por lo que guardé todo lo que faltaba y salí de ahí, regresé por donde vine y el asistente me hacía señas desde el vestíbulo del lugar, asentí y apresuré los pasos. Pero cuando atravesé dicho vestíbulo, y me encontré con el exterior, quise regresar corriendo y encerrarme.
Allí, parado de espaldas junto a Shiro, estaba hablando tranquilamente cruzado de brazos, parecían tener una charla interesante.
Y yo… Yo no pude contener los nervios. Al parecer me torné pálido y sentía los latidos del corazón en la garganta, perforando la misma, y Shiro se giró para verme, y eso aceleró más el pulso logrando sentir unas punzadas en el estómago. Regresó su vista con quien estaba hablando y luego comenzó a alejarse, ¿Qué? ¿Me estaba dejando a solas con él?
Despacio comencé a dirigirme a la van, desgraciadamente estaba parado cerca de la puerta deslizadora. Quería estar sereno, quería aparentar tranquilidad y suponía que en el exterior lo podría lograr. ¡Vamos, Bill! Siempre decías que querías encontrarlo, y ahora que tenías la oportunidad querías huir.
Sí, así de inseguro y quisquilloso me ponía.
No sabía cómo mierda pedirle que se corriera, porque no le iba a empujar para hacer entrar mi bolso en los asientos. Y justo en ese momento, él se giró. De espaldas se veía más… ¿Cómo decirlo? A comparación de la última vez que lo había visto ahora estaba mucho mejor, tenía más mejillas y llenaba muy bien esa playera, pero no le seguí mirando porque me invadió un calor interno que mejor esperaba que la tierra me tragara o algo así. Él se corrió sin decirme nada, a duras penas le agradecí y supuse que nunca se escuchó; abrí la puerta mientras me adentraba un poco, nuestro asistente aún estaba en la parte de atrás, tal vez guardando lo que faltaba.
Me senté en una butaca mientras buscaba en el interior del bolso el teléfono y el paquete de cigarrillos, claramente necesitaba fumarme la caja entera después de estos nervios que no me dejaban respirar en paz, mis manos temblaban y quería dejar de sentirme así, ¡Carajo, quería actuar normal!
Tragué saliva incontables veces, la adrenalina me azotaba la nuca y el estómago de forma tan intensa que hasta parecía dolerme, cerré el bolso y decidí salir, me invadió una brisa fresca de verano, y junto con ello, una loción que hacía tanto no sentía y que provenía del lado donde estaba… Tom.
—Felicidades por el debut —escuché de su boca.
Su voz…
Sus ojos mirándome…
Su perfume…
Su sonrisa…
¿Cómo conseguía actuar normal? ¿Cómo podía respirar tranquilo, cuando yo me estaba muriendo lentamente en el interior, y solo porque lograba mantener el contacto visual sin desmoronarme frente a él?
—… Gracias… —carajo, me costaba hablar. Sentí la puerta trasera cerrarse de golpe, el asistente dijo que ya estaba todo y se fue en dirección al restaurante. Genial, ahora sí estábamos completamente solos. Me sentí vulnerable.
—Yo… —se rascó la nuca, lo vi de reojo y quise concentrarme en lo que nos rodeaba, por primera vez quería ponerle atención a lo que los demás hacían. —Lamento no haber estado desde un principio.
—Debería denunciarte por ser un mal mánager —solté de la nada, bien, al menos podía reaccionar con facilidad. Me reí de la forma más estúpida que pudo existir y todo para no demostrar que estaba nervioso.
—Si… Eso también lamento.
Le observé pero él desvió su rostro al suelo, ¿Se refería a no decirme nada sobre que él era mi manager? Siendo honesto, debería estar enojado, furioso, tendría que darle un puñetazo en la cara. No obstante, no quería hacerlo, solo… Solo quería verlo.
Hubo un silencio incómodo, de esos que a la vez eran necesarios. Me cubrió la idea de pedirle hablar con él a solas, pero sabía que en este momento era imposible y no sabría si él también quería hablar, aunque… ¿De qué mierda íbamos a hablar? Sí, del pasado pero… ¿Acaso por eso no se llamaba pasado? Era pasado. Y al mismo tiempo, me mortificaba con la idea de que «tenía que saber sus razones».
—Nos están esperando —dijo. Empezamos a caminar y yo aproveché para mirar el interior de la caja de cigarrillos, mierda, olvidé el encendedor.
—Espera —dije con confianza. No me entendía, estaba muerto de nervios, quería desaparecer, pero a la vez actuaba como si nada, como si solo fuéramos dos conocidos que se reencontraban.
Aunque, si hubiera sido un reencuentro de conocidos, nos hubiéramos abrazado y toda la cursilería; por un segundo pensé que estaba soñando, porque no había contacto directo salvo lo visual, y entonces él se detuvo y yo igual. Mis labios sostenían el cigarrillo y le observé por un instante, luego noté que enseñaba su encendedor y dejó que la llama se luciera. Lo puso a una distancia considerable y yo solo tuve que inclinarme un poco, fijé como esa pequeña llama prendía la nicotina e inspiré con ansias, él lo retiró y yo viré a un costado para liberar el humo; ahora me encontraba más calmado.
—Gracias —murmuré.
Él iba un poco adelantado pero no nos alejábamos uno del otro. Mientras fumaba no dejaba de mirarle la espalda, había cambiado, había algo en él que era nuevo. Principalmente su manera de hablar, de cómo comunicarse conmigo, me estaba sorprendiendo mucho que ambos actuáramos con madurez. O tal vez no sabíamos cómo dirigirnos debidamente y nos hacíamos los idiotas; sí, seguramente la última opción era la correcta.
El trayecto se me hacía eterno, pero tampoco quería que terminara. Precisaba mirarle aunque fuera su espalda, fumar tranquilo, respirar el mismo aire, oler su perfume, apreciar este lugar con él cerca. El Tegeler See me había marcado y encontrarnos de esta manera, sin discutir y sin pedir explicación alguna, era un buen paso. Tampoco me urgía cuestionarle, había algo de mí que decía que debía estar calmado y vaya que lo intentaba, los nervios jamás me abandonaban y sentía una presión en el pecho constante que me daban ganas de llorar, pero que, por suerte, no lograba hacer cumplir.
Caí en la cuenta de que ya estábamos a escasos pasos de la entrada del restaurante, arrojé el cigarrillo y lo pisé, Tom hizo lo mismo después de mí. Ingresé y una chica que trabajaba en el lugar nos preguntó si habíamos reservado, le di el nombre de Shiro y dijo que debíamos ir a la terraza. El restaurante contaba con dos pisos, y era todo de temática silvestre, había arbustos y enredaderas por las escaleras, me distraje un poco debido a las luces decorativas que iban enrolladas en la baranda de las mismas. Cuando llegamos a la parte superior, me sentí maravillado por como lucía de noche este lugar, me recordaba a L.A en cierto punto.
Avancé y me di cuenta que una gran mesa estaba en el centro de la terraza, todo el staff estaba aquí, en total eran como tres mesas. Mi mejor amigo me dio una mirada y me guiñó el ojo… Maldito, él lo sabía y nunca me lo dijo. Todos nuestros conocidos nos miraron por un segundo, quise buscar con la vista algún lugar vacío y, por suerte, estaban una en una punta y la otra al lado de mi mejor amigo. Casi corriendo fui a él, y me sentí seguro a su lado, ya veía venir la charla y no tardó en querer saber qué mierda había pasado que tardamos un poco.
—Nada, solo hablamos algo —le contesté casi en voz baja.
Pronto comenzamos a ordenar, y en la espera, la conversación y las bebidas daban lugar en la mesa. Yo no podía dejar de observar a Tom, a veces lo hacía de reojo y otras simplemente no podía disimularlo; por su parte, él hablaba con Shiro y otro de producción que no me acordaba su nombre por el momento. Estaba muy metido en ello, e intercambiaban palabras como si estuvieran hablando de negocios, entonces me di cuenta de que Tom se ponía bastante serio con el asunto de la banda.
Fijaba todos sus movimientos de las manos, sus expresiones, esa sonrisa divertida que a veces lanzaba. Había cambiado, se lo veía más enérgico, fuerte; era un Tom maduro, eso era. Me cubría una sensación bastante agradable al verlo así, tan distinto y que fuera para bien. Era como si hubieran pasado diez años cuando solo fue un mes.
En varias ocasiones cruzamos miradas y yo solo miraba para otro lado, porque no quería que se diera cuenta. Joder, de seguro me veía bastante ridículo.
—Mierda… Miraste más a Tom esta noche que a mí en todo el año —dijo Andreas y le miré con cara de culo, él se mandó una carcajada. —Oh… Lamento cortarte la inspiración.
— ¿Tu lo sabías, verdad? —me incliné mientras le tomaba del hombro para que nadie pudiera escuchar.
— ¿Por qué mejor no disfrutar de este momento? —le fulminé con la mirada.
Maldito Andreas, ¡Lo sabía! ¡Y el muy mierda no me dijo nada! Debería estar enojado, debería patearle el trasero a todos, ¡Hasta a Shiro! Pero no, no podía estar así, algo me lo impedía. No sabía si era que debía tomar las cosas con calma o qué mierda, los nervios no me dejaban pensar tranquilo, por momentos me alteraba, y otros me encontraba relajado, ¡Hijos de puta, todos lo sabían!
Nos trajeron la cena y una ronda de Champagne para brindar, y mientras nos servíamos, yo no podía dejar de observar a Tom, que había rechazado beber Champagne con nosotros mientras el guitarrista le ofrecía. Sabía que bebía y a veces moderadamente, pero que ahora solo le sirvieran… Agua, se me hacía muy raro. Tardamos un rato para que todos tuvieran su copa llena, y cuando todo estuvo cubierto, brindamos por el debut de la banda.
— ¡Salud! —gritamos a coro, elevamos las copas y luego bebimos, nos volvimos a acomodar y empezamos con la cena.
La verdad que no pensé que esto sería tan bonito, me refería a que estuviera ocurriendo, siempre me había imaginado el debut de mil formas, pero esto superaba todas mis expectativas. No creí que estaba sucediendo, que el momento ya había pasado, que ahora estaba aquí, cenando, compartiendo este sueño con personas maravillosas, y enterarme de que esto solo era el comienzo de algo que me iba a cambiar la vida para siempre.
— ¿En qué piensas? —me preguntó Andy dándome un codazo, todos ya estaban comiendo y yo me había perdido en los pensamientos. —Tu ensalada de diva te espera.
—Tonto —nos miramos y le enseñé la lengua para luego sonreír. Fue entonces que, fijando en la misma dirección, sentí la mirada de alguien, y al correr la visión de Andreas, me di cuenta que Tom me estaba mirando.
En ese momento calculé que mi cara se había enrojecido hasta más no poder, cuando me sonrió sin hacerlo forzado, así, tan natural y precioso. No supe si eran los sentimientos que volvían, o los recuerdos que se pasaban por mi mente cuando sonreía de esa manera mientras me contaba un chiste, o le parecía divertida alguna de mis desgracias, pero, en cierta forma, lograba dolerme el pecho y una nostalgia se cargó en mis hombros.
De igual forma le sonreí más, evitando que todo el pasado se me viniera de repente, tratando de vivir en el presente que era lo importante.
La cena siguió su rumbo, y cuando ya eran más o menos las nueve de la noche, y habían hecho la sobremesa y una mini sesión de fotos con todo el staff, decidimos que ya era momento de volver a casa.
Una vez que nos encontramos todos afuera del restaurante, el staff se dividió. Shiro se quedó en nuestro grupo, y Tom también claro. Estábamos en nuestro grupillo de fumadores, hablábamos del Festival, de mi presentación en la Radio; fue ahí que me enteré que toda la movida lo hizo Tom, y me pidió disculpas por eso ya que había que hacer algo cuando salió el vídeo. También me dijo que Shannon estaba algo molesto pero que él lo había convencido de que, mirándolo desde otro ángulo, era un buen paso.
Yo no podía creer que él pudiera hablarme con facilidad, cada que manteníamos el contacto no podía evitar perderme en sus ojos, y hasta asentía aunque no lo hubiera escuchado en realidad, ¡No sabía que me estaba pasando!
Andreas se había ido con el grupo del Staff, y me olvidé de saludarle, pero no escuché si iba a regresar a por sus cosas o qué.
—Bueno… Quien quiera seguir con la fiesta —se estiró Shiro— me avisa y allí estaré.
Todos nos reímos.
—Vamos, que tengo que dejarles en casa, niños —nos dijo. Pero fue ahí que Andreas vino trotando y sostenía su mochila y mi bolso, yo le observé confundido.
—Pensé que la necesitarías —me dijo el muy hijo de puta. Mentiroso, ya sabía lo que quería lograr. Andy maricón, cuando estemos solos te aventaré la cabeza contra la pared.
Todos empezaron a irse en la misma dirección, Shiro iba casi al último, Tom y yo íbamos a la misma distancia, siendo los últimos definitivos. Sentí que me tocaron el hombro, entonces me giré.
— ¿No quieres quedarte un rato más? —me preguntó. Me lo dijo tan de repente que sentí que mis piernas temblaron, y que me costó responder, los nervios se acumularon nuevamente en mi estómago y quise que Andy apareciera e hiciera alguna payasada.
—Ah bueno… —balbuceé como el más idiota del mundo. —Sí.
Ni Shiro ni Andreas se giraron para ver si les seguíamos, tan solo vi como ellos se alejaban para dirigirse al centro cultural nuevamente. Le seguí los pasos, él se dirigía hacia la banca que se ubicaba frente a las barandas de metal por prevención. Se sentó en un extremo de la banca de madera con bordes oscuros, yo del otro, dejé el bolso en el medio y eché un necesario suspiro.
La vista era bonita, estaba cerca el comienzo del puerto del Tegeler see, la noche ya estaba sobre nosotros y las luces se reflejaban en el lago. No había mucha gente y el ambiente era muy agradable; eso empezaba a incomodarme. No quería estar tan solo con él, no lo sé, no era miedo sino… no quería estar solo.
—Supongo que necesitaras esto —volteé a verle y me tendió el encendedor. Dudando lo tomé con mis dedos. Sentí el roce de mi piel con la suya y me invadió un escalofrío que me hizo desprender los nervios y la adrenalina, era como si me hubiera dado un choque leve de electricidad.
Mi corazón lo estaba soportando bastante bien.
Con las manos temblorosas encendí el cigarrillo, físicamente me estaba por desmoronar, solo el músculo más sagrado de mi cuerpo lo podía resistir. Me levanté de un sopetón, llevando conmigo el bolso, avanzando de forma rápida hacia adelante dejando todo atrás. Encendí le cigarrillo con harta desesperación, y al obtener lo que quería, inhalé tan profundo como si no tuviera otra oportunidad de volver a disfrutarlo.
Apoyé los brazos contra la baranda, apreciando más de cerca las luces reflejadas y el movimiento calmo del lago mientras fumaba. La brisa de verano era muy buena a estas horas, lo raro era que no había mucha gente apreciando eso por estos lares.
Reconocí la figura que imitó lo que yo, también mirando adelante. Nos quedamos apreciando la noche, las pocas estrellas que se podían ver, la tranquilidad que había afuera. Algo opuesto a lo que se estaba originando en mi interior; dominaba el caos de mis pensamientos y la impotencia de los sentimientos, todo era una lucha por dejarlos salir. Repentinamente querían tocar el tema, más decía que no era bueno, que no saldríamos ganando. Sin embargo, allí estaban, se estaban colmando en cada parte de mí, iban tomando forma y color, iban ascendiendo, queriendo destronar mi paz.
—Lamento no haber estado contigo… —rápidamente le fijé y él pareció sorprenderse de eso y sus ojos se abrieron un poco más —… me refiero a la reunión del contrato.
Tragó saliva y yo solo asentí, ¿Por qué lo había tomado como si lo estuviera diciendo por otra cosa? De la nada el ambiente entre nosotros se volvía denso y algo incómodo, y sabía que eso tenía que ver porque ahora estábamos solo él y yo.
—He estado arreglando unos asuntos —desvió la mirada hacia adelante nuevamente.
Lo sé, solías decirme eso antes.
Joder, ¿Acaso no podía pensar en frío? Él tendrá sus motivos, no tenía que ponerme en plan de histérico, ahora él solo era mi mánager, ¿Realmente quería que solo fuera eso?
—Tom.
Llamarlo me hizo retroceder en el tiempo, era como si miles de diversas versiones de mi voz se reproducían en mi cabeza de distintos recuerdos que había pasado junto a él. En mi garganta se originaba un nudo, una mano presionó el metal y la otra condujo el cigarrillo nuevamente a mis labios. Volvió a mirarme y yo bajé la vista hacia el lago, liberé el humo, buscando el valor para pedirle lo que había estado golpeando mi cabeza todo este tiempo.
—Quiero hablar contigo.
Le dije, y se originó un silencio luego de eso. Los recuerdos me torturaban, todo el pasado se me presentaba como si hubiera sido reciente, tantas cosas quería decirle, había tanto de qué hablar y aclarar.
—Pues aquí estoy —respondió luego de un rato. Nos volvimos a mirar.
Pero ahora… nos mirábamos, o por lo menos así lo sentía, de una manera totalmente diferente a lo que otras veces, estando aquí, lo habíamos hecho. En aquel entonces, siempre estábamos a las carcajadas, tomados de la mano, abrazándonos, tomándonos fotos, compartiendo un buen momento.
… Amándonos.
La diferencia a todo eso, era que ahora yo tenía muy en claro mis decisiones, y esperaba que él pudiera con ello, porque no sabría qué hacer si él no respondía de la misma forma que yo. Porque no quería seguir cargando con esto en el pecho por más tiempo.
Continúa…
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