«Wünschen». Temporada II

Capítulo 5: Año Nuevo

Hundí mis labios contra la lana roja que cubría mi cuello, mis piernas tiritaban debido a la corriente de aire que nos envolvía a cada instante; nuestros ojos estaban plasmados en aquella placa que tenía un poco de nieve y hojas secas. Los cuatro estábamos callados, no había mucho qué decir, salvo sumergirse en sus recuerdos. Por mí parte, los míos se basaban en aquellas veces que buscaba el motivo de porqué Tom era tan contradictorio, inseguro y aferrado.

Deslicé mis ojos hacia él, que estaba de espaldas a mí, era el único que estaba adelantado. A mi lado, Georg y Gustav aguardaban en silencio. Tom nos había citado para visitarla, aunque Georg anteriormente me había contado que siempre hacían esto en la víspera de año nuevo. Además, nadie había tenido oportunidad de pasar a saludarla por razones obvias; Gustav estaba ocupado siendo padre, y con otro local de manga inaugurado, se le volvía complicado. Georg también tenía mucho trabajo y comenzó a estudiar contabilidad, aunque me había admitido que no quería venir solo, no tenía el valor suficiente. Tom había estado de viaje, dos años no vino a verla y sentía que era muy necesario hacerle esta visita.

Sin embargo, yo sobraba aquí, aun así estaba con ellos porque él me lo había pedido. No podía negarme, no iba a dejarle solo. Dejó el despampanante ramo de flores a un lado de la placa, inclinándose, tomándose el tiempo del mundo. Tal vez se lamentaba por no haber estado antes, sentía demasiada empatía por eso, ya hasta regresaba a mi mente sus reacciones que me destrozaba el corazón.

En su ausencia yo venía a verla cada que podía. Me sentaba a su lado y pensaba en todo lo que había sucedido con Tom; lo que hubiera pasado si jamás hubiera ocurrido ese accidente. Ella estaría a su lado, yo no lo conocería, o tal vez sí y terminaríamos siendo amigos los tres; me imaginaba muchas cosas con ella presente. Y por pensar en eso, me daba cuenta que mi actitud y mi manera de reflexionar había cambiado. Antes la veía como un enemigo, sí, era muy feo decirlo pero en el fondo lo sentía así, aunque nunca lo admití. Más ahora, quería que ella estuviera con nosotros, poder conocerla, decirle que Tom era una persona realmente maravillosa, y que pasara lo que pasara, seguiría a su lado. Porque, ante todo, éramos amigos.

—Bien, creo que es hora de regresar —dijo mientras se ponía de pie. Los otros dos se acercaron con su ramo y Tom se puso a mi lado, yo estaba serio, nos dimos un vistazo y él me sonrió.

Al despedirnos de ella, Georg y Gustav iban adelante, hablaban del bebé del chico de gafas. Yo iba abrazándome, protegiéndome del frío, era un día ventoso y esperaba que para la noche no estuviera tan violento, sino nos terminaríamos enfermando todos y no era bueno comenzar el nuevo año de esa manera. A pesar de que estaba el sol, el maldito viento estropeaba todo, menos mal que había protegido mis rastas con un gorro de lana, o ya las hubiera perdido en el cosmos.

—Gracias… Por venir —sentí su brazo rodearme el hombro y le miré de mala gana. —Estás temblando de frío, no seas tan duro conmigo.

—Solo porque tengo frío no te golpearé —me corrí una rasta de la cara.

—Georg me contó que estuviste visitándola en estos dos años —yo fijé nuestros calzados, coordinábamos hasta para caminar. Asentí y notaba que sus ojos no se apartaban de mí. —También tengo que agradecerte por eso.

—Tenía que hacerlo —fijé su rostro, esta cercanía era peligrosa. Siempre iba a serlo.

Pensé que él se echaría a llorar o algo parecido, no podía alejar de mí fácilmente la imagen de Tom deprimido y sensible, aquellas veces que le encontraba sumergido en la bebida, esos momentos me habían marcado y estaba claro que no me abandonarían ni aunque intentara apartarlos. Tenía que admitir que Tom había logrado enamorarme hasta la médula, era obvio, me hizo vivir más de lo que un tonto enamorado esperaría.

—Estoy seguro de que ella está muy contenta de que la visitaras —le presté mucha atención a sus facciones, ya me preparaba por si algún imprevisto se presentaba.

—Tom. —le llamé preocupado.

—Descuida —me palmeó el hombro con su mano. —Soy fuerte a tu lado.

Me apené por él, y por mí. El contacto visual provocaba que mis mejillas se sonrojaran y que en mi estómago se bombardearan con todo lo que encontraban a su paso; más no debía entregarme fácilmente, tenía que seguir con el plan de ser solo amigos y mantenerme firme a eso. Lentamente negué con la cabeza, él no colaboraba mucho con mis reglas, a toda costa quería romperlas, ¿Qué era lo que pensaba de mí? ¿Cómo podía estar tan tranquilo? ¿Qué sentía cuando me tenía cerca? ¿Sentía lo que yo? ¿Se mortificaba con los recuerdos? ¿No tenía ganas de secuestrarme, salir corriendo y amarme?

—Pudiste ser fuerte aun cuando yo no estaba.

Me salió sin pensarlo, sus ojos iban de un lado a otro examinando los míos, cerciorándose de que lo que había dicho fuera cierto. Me arrepentí al instante, cada que intentaba mantener los tantos, algunos de los dos soltaba una frase que estropeaba más nuestro esfuerzo. Esto se iba a ir a la mierda en cualquier momento.

— ¡Ouch! —se tomó el pecho con la mano restante y se defendió con una carcajada. Frunció el ceño para cometerlo y, puta madre, tenía que alejarme de él antes de que cayera a sus pies de nuevo. —Eso dolió. Aunque sería la segunda vez que me rompes el corazón con eso.

—Hey, no tomes como chiste algo serio —le di un golpe con el dorso en el pecho.

—Tortolos. —ambos volteamos en la misma dirección, estábamos cerca de los coches estacionados. — ¿Irán directamente al estudio o tienen que ir a otro lado?

—Georg, no nos llames tortolos —dije mientras meneaba el hombro para alejarme de Tom. —Yo tengo que ir a la Taberna así que…

—Perfecto, yo te llevo —Dijo el de cabello oscuro y arqueé una ceja. —Me queda de camino al estudio, vamos.

—Entonces los veré más tarde —dijo Georg y yo asentí, le saludé con la mano, Gustav prefirió darme un abrazo, luego de eso, Tom y yo nos adentramos en su vehículo.

—No quieres dejarme solo ni un segundo —intenté sonar molesto y me salió una voz chillona.

—Nunca te dejaría.

—Tom. —nos observamos, él enarcó una ceja, atento a mi llamado. —No tientes.

&

En el auto de Andy, todo era charla, risas y música electrónica. La mezcla de perfume y tabaco se había vuelto un vicio pero ninguno se atrevía a abrir la ventana por el frío. Zira iba con Andy adelante, atrás Ria, Mika y yo íbamos cantando canciones de Britney a lo loco; habíamos ingerido unos aperitivos, ya que después de que la banda de Tessa y Andrew dieran su show, iríamos a cenar todos antes de que fueran las doce de la noche de un nuevo año.

La jornada laboral había sido corta pero intensa, muchas personas habían asistido y andábamos con poco personal, ya que por estas dos únicas fechas hacíamos excepciones. Por suerte pudimos manejarlo sin alterarnos, Mika me ayudó nuevamente y le di un sobre de dinero, al principio se enojó porque no lo hacía por eso, luego accedió debido a mi insistencia.

—Espero que quien me bese hoy, sea mi amor para toda la vida —comentó Ria mientras se acomodaba su abundante cabello color chocolate.

—Entonces deberías concentrarte en uno solo y ya —bromeó Andy y todos se echaron a reír.

—Eh, no seas mala con la chica —dijo Zira después de mandarse una risa. —Solo busca amor, como yo.

—Uhhhh… —Mika hizo tensar el ambiente con su vocecita.

—No te preocupes, tú no estás en la lista —La morena le cortó el rostro y yo me tapé la boca ahogando una carcajada.

—Descuida, a los dos nos gustan las cosas duras.

— ¡Jaque Mate! —chilló Andy, y Mika estaba que no podía creerlo.

—Oh, por dios, ¡Estoy rodeada de gente encantadoramente gay! —la menor estaba emocionada, parecía una fanática desquiciada.

El trayecto hacia la Puerta de Brandenburgo no fue tan extenso, en menos de veinte minutos habíamos llegado. No había congestión, lo cual era raro, porque si había mucha concentración en ese lugar turístico tendríamos que haber tardado un poco más; aunque conociendo a mi mejor amigo, él tomaba atajos para llegar a destino, no le gustaba seguir la rutina. Eso sí, bastantes manzanas atrás tuvimos que estacionar porque no había espacio, tomamos nuestros abrigos, hacía bastante frío pero eso no quitaba la fiesta que se armaría dentro de unos momentos.

Mika enganchó su brazo de un lado, y del otro lo hizo Ria. Caminábamos con cuidado debido a que ellas tenían tacos y yo no quería que ninguna saliera lastimada, aunque ellas sabían dominarlo, mi temor no se apartaba. Los otros dos iban adelante, hablando de no sé qué mierda, pero iban muy entretenidos.

— ¿Y qué tal tu pequeña salida con Tom? —habló Mika y yo miraba como coordinaban nuestros pasos. Varias personas iban en la misma dirección, tal vez también se dirigían a la Puerta.

—Bien, muy tranquilo —soné normal, esperaba que eso no les preocupara.

— ¿Estará con nosotros? —preguntó Ria y yo asentí. —Al fin tendré la oportunidad de conocerlo, estuve esperando este momento desde que me contaste tu historia.

—Solo… —la miré. —No vayas a cometer una estupidez.

— ¿Me ves cara de que haga algo así? —balbuceé. —Pues no digas más nada, solo tengo curiosidad por saber cómo es.

Zira nos gritó que nos adelantáramos, vimos que ellos se acercaban a Blas, que estaba cerca de bus oscuro. Al estar junto a ellos, lo saludamos y nos dijo que, Andrew estaba adentro y que la banda de Tessa se encontraba en el bus que estaba atrás. Le mandé un mensaje al chico de ojos azules, avisándole que estábamos afuera, segundos después, se abrió la puerta y él salió con una encantadora sonrisa. Como siempre, besó a su pequeña primero y nos saludó a nosotros, nos dejó pasar para que no nos muriéramos de frío.

— ¿De donde mierda sacaste uno de estos? —Andy, y estaba claro que todos, nos sorprendíamos del lujo que era el bus. Era uno exclusivo para artistas, con una mesa, una nevera, un televisor plasma y sofás muy esponjosos, al final parecía que había como camas para tres personas, incluido una mesada para maquillaje. Todo parecía demasiado carísimo.

—Bueno, Shannon me dijo que Tom, el productor de la otra banda, me lo dio para que pudiera pasar el rato antes de que saliéramos.

La mirada de todos se desvió hacia mí, ¿Qué tenía que ver yo en eso? Levanté los hombros sorprendido, y Andrew presentó a Natalie a quienes no la conocían, nadie la había notado hasta que la nombró, todos estaban absortos en las comodidades que un bus como éste podía dar.

—Aún no se le quita el detalle de darse los gustos en grande —susurró Andy contra mi oreja y yo apreté los labios negando con la cabeza.

Nos acomodamos y bebimos algo antes, miramos la televisión y podíamos ver la cantidad de gente y las presentaciones que se estaban llevando a cabo. Ya estaba anocheciendo, y eso indicaba que en cualquier momento Andrew tendría que salir con la banda a dar una entrevista, para luego deleitarse ante miles de personas. Yo observaba como todos los del bus andaban tan emocionados, se reían, se sacaban fotos. No podía creer que había logrado más amistades en dos años que en toda mi vida, aun cuando faltaba mucho por vivir, esto ya me bastaba.

Dos horas pasaron velozmente, cuando queríamos caer en la cuenta Shannon ingresó diciendo que ya era hora de que Andrew diera la entrevista, la sesión corta de fotos y luego a lanzarse al escenario. Todos estábamos tan entusiasmados que Mika se puso a llorar de la emoción e intentamos tranquilizarla, al final, solo su novio pudo consolarla y Andy tomó una foto de ese momento para recordarlos después.

Al salir todos del bus, nos encontramos con las integrantes y parte del staff de la banda de Tessa. Se saludan entre todos y yo, automáticamente, llevé mi vista hacia Tom. Él me miraba con una sonrisa deslumbrante y sentí un calorcito recorrer mis mejillas de inmediato, éramos dos idiotas, una simple mirada y yo me derretía más rápido que el chocolate en verano. Sabía perfectamente que no me resistiría a sus encantos naturales, él aplicaba su técnica, total, yo iba a caer de todas formas.

—Tomaré una foto a todos —habló el fotógrafo y camarógrafo de la banda. Había escuchado por parte de Natalie que estaban haciendo como documentales diarios sobre la banda de Tessa.

Me aparté, no quería salir y Mika tampoco, Andy por puro drama se metió junto con Blas. Al obtener varias imágenes, todos se dispersaron y empezaron a hablar, Shiro me abrazó con cuidado, no se veía bien, parecía estar enfermo. Tenía la mirada cansada y una bufanda que le abrigaba muy bien el cuello, también estaba como un pingüino debido a la chaqueta que traía puesta. Shay le acompañaba, ella estaba más despierta que todos y no le importaba desafiar al frío con su preciosa vestimenta.

—Shiro está fatal, le dije que no viniera pero no me hace caso —le miró preocupada.

—Ya te dije que no iba a perderme el debut de Andy —se sonó la nariz con un pañuelo, me sentía apenado por él. —Pero no voy a desmentir que sí estoy mal.

—Él piensa que aún tiene veinticinco años y puede con todo —intervino Tom, Ria, que estaba a mi lado, le quedó mirando de pies a cabeza.

—Es temporal, de hecho, vi en las noticias que muchas personas se han enfermado en estos días. El frío polar no tiene piedad —acoté. Miré a la morena y supuse que era hora de presentarlos. —Ah, Tom. Ella es Ria, mi amiga y compañera del apartamento.

La cara de la morena fue de impacto total, enarcó ambas cejas sin mirar con obviedad a Tom, quien le sonreía de manera cortés. Ria se acercó y se saludaron un beso, yo estaba como un ansioso espectador esperando su reacción después de haberle conocido; y cuando iba a hablar mi ex, ella se le adelantó.

—Te patearía el trasero pero prometí a mi amigo que no lo haría —Kaulitz me miró sorprendido y yo me hundí en la vergüenza. —Más te vale que no vuelvas a hacerle sufrir.

Shiro y Shay se rieron, puesto que ellos sabían la relación que habíamos tenido con Tom, y el hecho de que Ria fuera mi defensora les cayó como una anécdota de humillación para el barbudo. Él tan solo sonreía, aunque sabía que por dentro iba a asesinarme en cuanto tuviera la oportunidad.

El manager de Tessa dio la indicación de que ya era momento de partir, entre abrazos, palabras de afecto y sonrisas nos íbamos despidiendo de Andrew. Había optado por quedarme con Shiro después de que admitió que no podía estar tanto tiempo al aire libre con semejante frío. De hecho, nadie podía soportarlo, pero al estar mucha gente concentrada en el lugar, el calor corporal de todos mantenía una temperatura agradable. Los guardaespaldas del evento los acompañaron y pronto algunos fans empezaron a acercárselos, Shiro y yo veíamos como se marchaban; los dos ingresamos al bus de su grupo, tenía el mismo ambiente que el bus de Andrew, solo que un perfume floral invadía el espacio y habían muchas plumas rojas por todos lados. Nos sentamos en el sofá frente al televisor y podíamos ver la programación tranquilos.

— ¿Cómo fue la salida con Tom? —Sabía que él tenía dobles intenciones. Suspiré y crucé las piernas, desabrochando mi chaqueta de cuero.

—Bastante bien —dije convencido, nos miramos. —Realmente somos otras personas, hasta me sorprendo de mí.

— ¿Estás seguro? —Me miró serio, no podía evitar sonreír debido a su malestar. Tenía cara de enojado, pero su nariz roja y congestionada le quitaba lo frívolo de su expresión. — ¿No pasó nada más?

—Shiro, fuimos a ver a su ex novia fallecida, ¿Crees que podría haber sucedido algo allí? —me crucé de brazos, algo indignado.

—Tranquilo, solo quiero decir que… —se aclaró la garganta. —Con ese tema superado, y el que ahora se reencontraran, hay algo que los tiene aun atados.

—No, no hay nada entre nosotros. Somos amigos —me quería convencer de mis palabras, más mi corazón decía otra cosa.

—No seas tonto. Él aún te quiere, eso se nota —tragué saliva al escuchar eso. —Aún sigue hablando de ti cuando estamos solos, es como si el tiempo jamás hubiera pasado.

— ¿Me estás diciendo que se está conteniendo? —quedé perplejo al ver que él afirmó mi pregunta.

—Eres el único que se obliga a no ver la realidad. Ustedes se hacen bien el estar juntos, sé que hay personas en el medio, pero en serio, tú y él son algo especial. Así lo veo y lo siento, tienen una afinidad indescriptible. —Parecía emocionarse con cada palabra que lanzaba. —Son tan compatibles, son el uno para el otro; ustedes podrán enfrentar todo lo que se les venga encima, porque se merecen.

No podía contestar, mis labios temblaron y sentía como bloques de hielo por mis hombros, me pesaban y me hacían tiritar por el miedo y el frío. Me quedé hundido en recuerdos, en todas las sonrisas contagiosas y besos robados, en sus caricias y abrazos sorpresas. Todo era tan bonito a su lado, quería volver a sentirlo, mi corazón y mi cuerpo lo exigía. Y ahí iba de nuevo, la posibilidad de regresar gobernó totalmente mi cabeza. Quería salir corriendo del bus e ir a buscar a Tom para decirle que volviéramos a intentarlo, sin embargo, ese pequeño temor se agrandaba de golpe y me acobardaba al instante. Me provocaba tanto estrés que por eso sentía cierta frustración al no poder comportarme debidamente, necesitaba aclarar mi cabeza.

Necesitaba decirle lo que sentía.

La puerta se abrió de inmediato, pálido miré al manager que estaba con las mejillas enrojecidas, respiraba exagerado y nos observaba con un espanto tremendo. Me puse de pie, alerta por su actitud, nos dijo que Tessa no estaba con ellos, entonces empezamos a buscarla, le dije a Shiro que tal vez se había quedado en el otro bus, en ese instante, mi teléfono sonó y salí afuera para atender tranquilo. Era mi madre, diciendo que en los siguientes días tendría que visitarla a casa, ya que andaba de viaje con Gordon. Hablamos brevemente, y al colgar, Shiro no me miraba con buenos ánimos.

— ¿Qué sucede?

—Tessa estaba en el bus.

Viré la vista y vi como ella iba junto con su manager a grandes zancadas, su largo cabello iba azotando el viento y parecía ir con la cabeza postrada al suelo. Mierda, había escuchado todo.

El show y la cena fueron un acontecimiento maravilloso, me recordó a cuando con Andy íbamos como fans a ver a KillYa. Fue una noche increíble y solo esperaba a que las doce llegaran al fin para poder comenzar una nueva etapa de mi vida. Tom y yo manteníamos la distancia, hablábamos y todo pero intentando mantener los tantos; Tessa me miraba con cara de pocos amigos, parecía asesinarme y yo solo la ignoraba porque no quería tener problemas esta noche.

Estábamos en un buen lugar, faltaban cinco minutos para llegar a la cuenta regresiva, los nervios se notaban en las caras de las personas presentes, todos chillaban y sacaban fotografías para documentar este momento. Lo malo era que todos andaban con sus teléfonos, todo el mundo, me sentía mal por ellos. No iban a poder disfrutar de la verdadera belleza de los fuegos artificiales por andar enfocando y mirando la pantalla para verificar la buena toma. Una pena.

David empezaba a sentirse mal del estómago, le dije que le acompañaría al bus pero dijo que podía solo. Con incertidumbre dejé que se fuera, más mi alerta se activó cuando faltaban dos minutos y él aún no regresaba. Le avisé a Andy que iría a buscarlo, él me dijo que no tardara y salí a paso veloz en dirección al bus. La calle estaba desierta, solo había vehículos estacionados y postes de luz que provocaban depresión debido a su tenue luz. Quería correr pero no quería que el viento me azotara la cara, empecé a temblar, sentía una presión en el pecho y me detuve al escuchar mi nombre.

—¿Te vas a perder la fiesta? —preguntó Tom mientras se acercaba con el cigarrillo en los labios, inhaló lo que quedaba y tiró la colilla a la calle, todo un chico malo sin apagarlo antes.

—Iba a buscar a David. —regresé para enfrentarme a él, estaba de brazos cruzados y él tenía sus manos en los bolsillos de su pantalón oscuro.

—Me evitaste toda la noche —habló y yo bufé. — ¿Qué pasó? ¿Tu amiga va a golpearme si me hablas?

—Nada, no tienes que ser obvio, Tom.—dije desviando la mirada a otro lugar. —Ella solo estaba bromeando, y no, no podemos estar juntos, vamos a delatarnos.

— ¿Y cuál es el problema? —ese tono provocativo que usaba me ponía los pelos de punta, de reojo le miré y él se echó una fastidiosa risa que logró estremecerme, me abracé más para desaparecer esa incomodidad.

—Sí que eres ingenuo, eh.

—No, no me interesa lo que piensen. Yo solo sé que quiero una sola cosa —fruncí el ceño y viré en su dirección.

—¿Te das cuenta que destruirás a dos personas? —Al parecer, el que había madurado era yo, él ni siquiera pensaba en lo que podrían sentir los demás.

—Tessa no es nada serio, lo he aclarado —sentenció.

—Lo mío con David sí —solté sin filtro. Él no tensó la cara ni nada por el estilo, estaba normal.

—Mientes.

—Claro que no. —negué rotundamente la cabeza.

Nos quedamos mirando a los ojos, soportando el viento, el condenado viento que parecía hacer eso a propósito para buscar refugio en los brazos de Tom, sentir su calor y su aroma, sentir lo de antes y volver a vivirlo. Sus ojos brillaban con una intensidad bestial, parecía matarme con cada segundo, y mi corazón aceleraba el proceso. Mis mejillas tomaban calor propio, mis piernas temblaban de la brisa invernal; una parte de mí estaba con vida y la otra marchita, era como si necesitara de algún movimiento especial para poder recuperar el calor que me hacía sentir tan vivo.

Comenzamos a escuchar a coro la cuenta regresiva a partir del diez, por un instante postré la vista hacia donde se encontraba el monumento, luego regresé a Tom. Él no dejaba de observarme, tenía una expresión de extrañarme, de intentar volver a quererme, amarme en todas sus formas; lo percibía, algo me hacía saberlo.

—Te demostraré que mientes —dijo rápido y me tomó de la nuca de forma ágil.

Mi cuerpo se apegó al suyo, nuestros labios efectuaron un fugaz contacto. Mi corazón dio un giro inesperado, latiendo con toda la adrenalina acumulada, oyendo de fondo el chirrido de los fuegos artificiales y sus explosiones. Así me sentía yo en este instante, explotando por miles de sensaciones. Succionó mi labio inferior con cariño, de forma lenta, no parecía querer devorarme sino… Amarme, anhelarme en cada caricia de sus labios a los míos.

Mis manos se apoyaron sobre sus hombros con la intención de querer apartarlo, pero el temblor de mis labios, los suyos besándome con tal pasión y dedicación, me hicieron ceder repentinamente. Fruncí el ceño, entregándome a esa acción que transmitía demasiados sentimientos, regresando al pasado, tomando momentos, recordando risas y besos. Sus manos se paseaban por mi nuca y cuello, buscando la comodidad para nuestros labios, no tenía nada de obsceno, su lengua no se presentaba; no era nada lascivo, solo amor, afecto. Mis manos se aferraron a su chaqueta como pudieron, atrayéndolo más a mí, queriendo que jamás se apartara. No podía parar de temblar, él lo notó, mis labios parecían hormigas de tanto que se movían por todo lo que en mi interior estaba sucediendo, sus labios lograban calmarlos por segundos, y suponía que necesitaría más de ellos para poder estabilizarme del todo.

Recordé que mi madre me había dicho el año pasado, que si compartía los primeros minutos de año nuevo con la persona que amaba, significaba que estaría con ella para siempre. No importaba si las calamidades abundaban o la distancia nos separaba, el vínculo con esa persona sería para siempre.

Tom abandonó mis labios, al mismo tiempo nos miramos. Aún tenía esa mirada que me volvía loco y, sin pensarlo, lo abracé, hundiéndome en su pecho. Él me cubrió la espalda.

— ¿No sientes que esto ya lo hemos vivido antes? —preguntó en un susurro, besó mi frente y yo sonreí al recordarlo. Fue en la feria, cuando visitamos a sus padres. Allí él me había pedido que fuera su novio.

—Siempre te sales con la tuya. —dije intentando sonar enfadado. Al final, me terminé riendo como un idiota.

—Deja de quejarte —levanté la vista, estábamos a corta distancia de nuestros labios nuevamente. —Feliz Año Nuevo, mi amor.

—Hmm… —estiré la curva de mis labios en una radiante sonrisa. No podías hacerme esto, Tom. —Feliz Año Nuevo, querido amigo.

Continúa…

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por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

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