«Apostemos» Temporada III
Capítulo 2: Colapso emocional
By Tom
— Tania — dije acomodando las hojas de los archivos atrasados de Bill y míos. Llegué a la recepción y ahí tomó la gran carpeta y comenzó a ojearla rápidamente. —, estos son los archivos de los exámenes bioquímicos, los planos de los contratistas y los partes médicos de la clínica.
— Sólo queda la sentencia, ¿cierto?
— Sí. Confiemos en que todo salga como lo planeamos.
— Ganarán, es más que obvio — Asentí pensativo. En mi mirada se cruzó la figura de Andreas ingresando al estudio, con aspecto de agobio. Justo se sacaba las gafas de sol cuando de su boca se escapó un suspiro.
— Dale la carpeta a mi padre cuando pase por ella, y dile que están incluidos los informes que le pidió a Bill también — Noté que ella asintió, pero seguí con los ojos fijos en mi colega. Hacia él fui a paso veloz, interceptándolo en la puerta de su oficina. —. ¡Andreas!
— ¿Qué quieres, Trümper? — Preferí ignorar ese tono prepotente que empleó.
— ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Susan terminó de hacer los trámites para su hija?
— No sé, y la verdad que tampoco me interesa.
— ¿Bill se quedó solo? — pregunté alterado.
— Si tanto te preocupaba te hubieras quedado, no me vengas con una escena de buen samaritano.
— ¿Qué sucede contigo, Andreas? Creo que no te hice nada para que me hables así.
— Mira, Trümper, si no te contesto lo que de verdad quiero decirte, es solamente porque estamos en el estudio, ¿vale?
— Imagino que esto tiene que ver con lo que me dijiste esta mañana, ¿cierto?
— Sí — dijo—. Sí tiene que ver con eso.
— ¿Y qué estamos esperando? — desafié.
— Estar en un lugar privado, y no en mi lugar de trabajo. Al menos yo sí lo respeto.
— Claro — dije irónicamente y él me observó con recelo—, lo respetas… Pero se te olvida que el respeto también es no encerrarte con mi hermanastro a follártelo en tu oficina.
— ¡¿Qué dices, imbécil?! — gritó antes de poner su puño sobre mi labio inferior y hacerme chocar bruscamente contra la puerta de madera. A penas me estabilice fui con mis manos hechas fieras a su cuello. Su cabeza chocó contra la pared y así lo hizo varias veces; las veces que mi ira duró. Pero un rodillazo en mi estómago trajo como consecuencia que mi cuerpo se inclinara en medio de un gemido de puro dolor. La pelea ya estaba fuera de sus sanos cabales.
— ¡Seguridad, por favor! — gritó Tania. Antes de que la seguridad llegara, ya estaba Georg agarrándome del cuello y Lucas tomaba del estómago a Andreas.
— ¡Te voy a matar, Trümper! ¡Te vas a arrepentir de haberte metido conmigo!
— ¡¿De qué hablas, enfermo?! ¡No tengo tiempo para imbéciles como tú!
— ¡Ya basta, Thomas! — gritó Georg en mi oído, gastando todas sus fuerzas para que no pudiera abalanzarme sobre el rubio.
— ¡¿Qué demonios está ocurriendo aquí?! — indagó en un grito mi padre. Los ruidos, los insultos, y los gritos asustados de Tania lo alarmaron de lo que sucedía afuera. Los dos hombres de seguridad privada ya estaban en la recepción, también interviniendo para que ninguno de los dos pudiera soltarse y seguir con la salvaje pelea. —. ¡Suficiente! ¡Serénense ahora mismo! — Él fue el primero que se zafó del agarre de Lucas y el otro hombre, y acomodó su traje con bronca contenida. Luego así lo hice yo también, aunque mucho no se fiaron de dejarme libre. —. Market, a mi oficina — Y entre dientes el rubio obedeció. Fue en silencio fúnebre a la oficina de mi padre, y éste me miró duramente. —. Luego hablaré contigo, Trümper — Desvié la mirada enfurecido y él se metió a su despacho.
— Maldito tipejo…
— Acompáñame, Thomas — dijo Georg y lo observé dubitativo. Él sin embargo comenzó a caminar hacia su oficina y yo lo seguí.
— ¿Qué pasó, amor? — preguntó Richael intentando tomarme del brazo, pero me sacudí y me metí en la oficina de Listing.
— Si vas a regañarme, guárdatelo.
— Quiero hablarte de Bill — dijo sin vueltas. Se quitó el saco y lo lanzo sobre su escritorio prolijamente ordenado. Se remangó la camisa y se medio sentó sobre el mueble. —. Te escucho.
— No sé qué quieres saber… ¡Agh, mierda! — gemí cuando toqué mi boca con la punta de los dedos.
— Quiero saber qué carajo te pasó por la cabeza en el momento en que lo dejaste por Richael. Eso quiero saber.
— Ese es un tema mío, ¿no te parece?
— Es mi amigo al que lastimaste, Trümper.
— Háblalo con él, no conmigo. Mis razones son mías, y nadie las va a saber jamás — Bajé la mirada sintiéndome fastidioso.
— ¿Y por qué no está aquí?
— El muy idiota se emborrachó anoche y apareció esta mañana en pésimas condiciones.
— ¿El muy idiota? — Estabilizó su postura y se posicionó delante de mí.
— ¿Tú también me vas a golpear?
— Te lo mereces, hijo de puta — dijo con ira, conteniendo las ganas de apuñalarme si la oportunidad se daba. —. No te conformaste con destruirlo hace cinco años, sino que vuelves, lo envuelves de nuevo y otra vez lo dejas por los suelos. ¿Qué es lo entretenido de hacerle esto? ¿Qué placer encuentras en lastimarlo? ¡Responde! — Me empujó por los hombros y retrocedí unos cuantos pasos. Apreté mis dientes y desvié los ojos. —. ¿No tienes los huevos para hablar siquiera, infeliz? ¿Qué pasa contigo?, ¡¿qué demonios pasa contigo, Thomas?! ¡Ponte por un maldito minuto el infierno que pasó Bill después de lo que le hiciste! Juro por Dios en persona, que si algo malo le pasa a mi amigo, me encargaré de matarte. Porque otra vez no voy a soportar verlo en una maldita clínica de rehabilitación, ¿oíste? ¡Te mato!
— ¡Ya estuvo bueno, Listing! — Lo corté y él calló. —. Si dejé a Bill fue por su bien.
— ¿Su bien? ¿Eres tan descarado como para decir semejante cosa? ¡¿Eres tan descarado como para excusarte con el mismo discurso de hace cinco años?!
— ¡Sí, porque no es un discurso! — Lo empujé con mi hombro al pasar y me senté en una de las sillas de su escritorio. Él se quedó mirándome expectante. —. Me extorsionaron.
— ¿Qué dices?
— Alguien se enteró de lo nuestro. Nos vieron besándonos y me amenazaron.
— No puede ser…— susurró atónito—. ¿De quién se trata?
— Richael fue lo físico en todo esto, pero estoy convencido que hay alguien más atrás. El cerebro de todo esto.
— ¿De quién se puede tratar? — se preguntó a sí mismo y se sentó enfrente de mí, con sus manos juntas sosteniendo su mentón—. ¿Quién se va a aliar a Richael para separarlos a ustedes dos? No tiene sentido.
— Me he estado comiendo la cabeza durante todo este tiempo para averiguar lo mismo. Alguna revista amarillista, quizás.
— No, no. Si así fuese, ya lo sabría todo el mundo. ¿Para qué retrasar semejante bomba? Tiene que haber alguien más…, alguien que saque algún beneficio de que estés con Richael— Reí desganado.
— La única persona que saca beneficios de esta relación, es ella misma.
— Entonces tiene que ser alguien que saque alguna ventaja, algún bien, de Bill destrozado de la manera en que lo está — Fruncí el seño.
— Tienes razón…
— ¿Qué le sucede a Bill cuando está en este estado?
— Mejor dicho— Alcé la mirada a la suya. —… ¿Qué hace? Se droga.
— Eureka — Le dio un golpe de puño al escritorio y maldijo por lo bajo. —. Gustav Schäfer.
‘Gustav Schäfer’ dijo Richael y él le tomó la mano y la besó como si se tratara de una princesa… ¡Claro, lo recordaba perfectamente! Eso ocurrió en la fiesta que brindó mi padre antes de empezar los juicios… ‘Usted está preciosa esta noche’, había respondido él y ella había reído. Lo recordaba con exactitud. Había química entre ellos, desde un inicio la hubo.
— Sí. Richael se alió a Gustav. Estoy seguro.
— No, no estás seguro. Necesitamos pruebas, esto es sólo una suposición de nosotros, pero no sirve de nada.
— ¿Crees que estoy en un maldito juicio? ¡Se trata del amor de mi vida! Me vale que yo sufra, me vale si él está con el insufrible de Andreas ahora, pero no quiero por nada del mundo que vuelva a las garras de ese infeliz… Schäfer no se va a salir con la suya.
— Aunque ni tú ni yo lo veamos de este modo, el concepto de amistad de Gustav Schäfer es muy especial. Créelo o no, lo quiere sinceramente.
— ¡¿Qué demonios dices, Georg?! — grité poniéndome de pie de un salto—, ¿acaso justificas toda esta conspiración?
— ¿Oíste que dije eso? No; entonces cálmate.
— Soy abogado, sé leer entre líneas.
— Si eres abogado debes ver las dos caras de la moneda.
— ¡No puedo creer lo que dices, Georg!
— Shäfer podrá ser lo que tú quieras, pero fue casi un hermano para Bill. Aunque no quieras aceptarlo.
— Ya no puedo seguir escuchando estas estupideces.
— ¿Cuáles estupideces? ¿Yo soy el que dice y hace estupideces? — Se puso de pie al igual que yo y se cruzó de brazos. —. El que dejó a su hermano solo cuando más lo necesitaba, fuiste tú. Y el que se acaba de pelear con la única persona que sí lo ayuda y le hace bien, también has sido tú.
— Así que Andreas le hace bien…— susurré asintiendo—, tú también lo crees.
— Lo lamento, Thomas, pero por tu inseguridad, por tu falta de confianza, siempre quisiste decidir por él. ¿Qué sabes tú lo que es lo mejor para Bill?, sólo especulas. ¿Alguna vez se lo preguntaste? — No respondí. —. Thomas, en serio lo lamento, pero todas las veces que Bill tuvo alguna crisis, o sufrió de depresión, tuvo que ver contigo, no con Andreas. Lo mejor será que te alejes de él, que dejes de perturbarlo. Es la única forma de que Bill no vuelva a ese bajo mundo de las drogas y la perdición absoluta.
— Sí, eso haré —dije rápidamente, sin darle mucha importancia en la respuesta. Me había quedado pensando en todo lo que me dijo… Tenía que hablar con Richael, esa era mi única certeza. —. Lo voy a dejar ser feliz, pero no sin antes averiguar quién está atrás de todo esto realmente y por qué.
— Tom…— Me dirigí a la salida ignorando sus llamados. Me iba como alma que llevaba el Diablo en persona. —. ¡Thomas!
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By Bill
Estacioné el carro levantando el polvo de la calle y bajé. Entonces enmarqué mi paso firme por entre las casas precarias que conocía de memoria. Nada había cambiado, ni un solo árbol viejo y demacrado. Todo seguía como hacía años.
— ¿Qué tal, Bill?
— ¿Qué onda, Willy? — Choqué el puño de ese rastafari borracho que siempre rondaba por esa esquina.
Finalmente Gustav lo estaba consiguiendo: volver al barrio. Retomó los trámites de su antigua casa y pensaba dejar el departamento cercano al centro en donde se sentía tan incómodo. La policía no pisaba las calles del barrio; y los que se adentraban, eran corruptos conocidos de las pandillas.
— Bill — saludó Jenifer, una de las putas del lugar.
— Jeni, ¿qué tal? — Continué caminando hasta adentrarme en el pasillo donde coseché las mejores amistades, o eso creí en ese momento,: Nicolás y Gustav.
Golpeé la puerta de la casa al final del pasillo. Abrió la puerta quien esperaba.
— ¡Bill, viejo amigo! — Esa vieja costumbre de saludar así.
— Hola, Nicolás — Palmeé su espalda y me adentré al lugar.
— ¡Qué fachas, eh! ¿Vienes de una fiesta o qué? ¡Qué bueno que estés en mi casa después de tantos años!
— Siempre me visto así… Y sí, se siente extraño — dije acomodando mi cazadora de cuero marrón con elegancia.
— ¡Gustav, llegó Bill! — anunció.
— ¿Él está aquí?
— Está en mi casa todos los días, hasta que recupere su antiguo hogar.
— ¡Hermano! — Gritó éste entrando al living con un vaso de whisky en su mano derecha. Con la que tenía libre, palmeó mi espalda en un medio abrazo. —. ¿Qué tal todo?
— Pues…
— ¿William Kaulitz titubeando?
— Sinceramente ni sé qué hago aquí — admití sobando mi rostro. Tomé asiento en el sillón de pana roja y me sentí extraño.
— ¿Te ofrezco un trago, amigo? — preguntó Nicolás aún parado cerca de la puerta.
— Cerveza, si tienes.
— En mi casa lo que menos falta es alcohol.
— Y drogas — agregó Gustav mientras éste se marchaba hacia la cocina.
— ¿Y las mujeres? — pregunté en una broma.
— ¡Vete al diablo, Bill! — gritó ya lejos y omití una carcajada. Siempre fue objeto de burla eso. No se ha puesto en pareja desde que su ex mujer lo engañó con uno de sus socios. Sobra decir que ese tipo no tuvo un buen final.
— ¿Tuvo que ver con Andreas? — Gustav tomaba muy bien que haya vuelto con él, pero sabía que en el interior no le convencía del todo. Él me conocía de sobra… Jamás amé sinceramente a Andreas, pero sin embargo él a mí sí y eso me hacía bien.
— Hasta hace un par de horas, creía que estaba todo bien, pero no… Él se cansó, ¡y con justa razón!
— Espera, ¿qué pasó?
— Nada… En resumidas cuentas, está harto de estar cuidando de alguien con tantos problemas, como si se tratara de un niño de ocho años.
— Sinceramente no creo que sea así. Quizás necesita tiempo para pensar, como todos lo necesitamos en algún momento.
— Sí… De todas formas intentaré hablar con él.
— ¿Y en tu casa?
— Mi padre y mi hermano se pasan por el culo cómo esté — Me encogí de hombros. —. No tengo prisa por volver tampoco.
— Te entiendo. Yo tampoco querría volver — rió.
— Cerveza — dijo Nicolás y me tiró la lata por el aire. La agarré ágilmente y la abrí para saborearla. —. ¿Es cierto que tu padre brindará una fiesta especial para festejar lo de los juicios?
— Creo que sí… Sí, así es. Anda averiguando salones y eso.
— ¿Y vas a asistir? — preguntó ahora Gustav sentándose a mi lado.
— Otra opción no me queda. De todos modos, es una de las últimas reuniones de esa gente a la que voy.
— ¡A aparentar se ha dicho! — bromeó Nicolás abriéndose otra lata de cerveza él también.
— No me molesta — De repente, unos golpes a la puerta interrumpieron nuestra conversación.
— Disculpen — Nicolás fue hasta allí y pudimos ver a uno de sus colegas diciéndole algo en secreto. Luego de eso, nuestro compañero se dio una media vuelta y nos explicó que tardaría unos minutos, que algo había surgido. Se marchó dejándonos a cargo de su casa.
— Oye, Gustav…, no quiero que tomes esta visita como, no sé… algo de mejores amigos. Esos tiempos ya pasaron.
— Con que hayas venido a saludar a Nicolás, a mí me basta y me sobra. Encontrarme fue casualidad, ¿o no? — Asentí.
— Es que, como te dije ayer, estoy muy solo y casi desesperado.
— Pues aquí estamos Nico y yo. No vas a estar solo con nosotros cerca — Palmeó mi espalda queriendo darme ánimo. —. Eres como un hermano, Bill. Sé que me guardas un gran rencor, pero yo te quiero muchísimo.
— Claro… A tu manera — Asintió alejando su mano de mí. —. Gustav
— Dime.
— Quería preguntar sobre algo conocido entre nosotros.
— ¿A qué te refieres? — Terminó su whisky y dejó el vaso a un lado para prestarme entera atención.
— Ando con ganas de…, ya sabes. Tú siempre andas con un poco encima y me preguntaba si podías… — Movía mis manos de forma extraña, como nervioso.
— ¿Quieres elevarte un poco? — preguntó con temor, pero ignoré eso.
— Exacto — reí y un dolor me atravesó el pecho—, ¿qué dices?
— Amm… — Desvió la mirada unos segundos y rascó su nuca.
— ¿Qué pasa?
— Es que no tengo ahora.
— ¿En serio?
— No. Pero seguro tengo el lunes — dijo rápidamente.
— ¿Estás seguro que no tienes un poco ahora?
— ¡No te mentiría a ti, tío!
— Claro, disculpa — sonreí de lado—. ¿Qué le habrá surgido a Nico?
— Quién sabe — Se encogió de hombros y se puso de pie. —. Me voy a servir más de esta mierda — dijo tomando el vaso y marchándose a la cocina.
— ¡Tráeme otra cerveza si hay!
.
By Gustav
— ¿Y qué tiene de raro eso?
— Nada… Todos sabemos que Bill consumía drogas, lógico.
— ¿Y bien…?
— No sé — Me detuve en el semáforo en rojo y solté un suspiro ruidoso.
— No estoy entendiendo nada, Gustav. Ayer Bill te pidió un poco de merca y no le diste. ¿Tenías o no?
— ¡Sí! ¿Cómo no voy a tener merca encima, hombre?
— ¿Y por qué no le diste un poco? Siempre les estás regalando drogas a tus amigos. Es costumbre entre nosotros — explicó desde el asiento del acompañante, a mi lado.
— Ya sé, ya sé. Pero no me salió darle. Es difícil de explicar — Volví a acelerar el auto a una velocidad normal.
— A ver, déjame ver si entiendo… Todo este tiempo estuviste ideando tu loco plan de traer al viejo Bill de vuelta. Te costó un huevo y la mitad del otro conseguirlo… Y voy a omitir todo el asunto de Richael — Fruncí los labios y solté un bufido. Esa era una herida punzante todavía. —. Y después de todo eso, no lo dejas a Bill volver a ser ese Bill.
— Para más claridad, échale agua — Le di la razón. —. Es extraño lo que siento… Extraño ese viejo Bill, pero no siento que haya usado las armas más limpias para conseguirlo.
— ¿Está Gustav Schäfer sintiendo culpa? Esto es increíble.
— Créelo o no, es así. Siento culpa de haberle hecho esto a mi viejo amigo, ¡a mi hermano! Él estaba enfermizamente enamorado de Thomas Trümper, y yo los separé.
— No fuiste tú — Aparté la mirada unos segundos de la carretera y lo observé severo. —… Vale, sí fuiste tú.
— Me hace sentir mal que esté peleado con su padre… ¡Podrá haber sido un hijo de puta ese viejo…! Pero es su padre y al fin estaban bien. Con Thomas ni se habla ya, se alejó de Georg nuevamente, está con ese sujeto que no quiere pero que le brinda cierta estabilidad… No sé si hice las cosas bien.
— Caramba, viejo… Qué jodido te veo.
— Sí. Yo también.
.
By Tom
Entré a la cocina mientras escribía un mensaje de texto breve, pero conciso: ‘Tenemos que hablar, y no quiero excusas.’ Lo envié al número de Richael y volví a guardar el aparato en mi bolsillo trasero, en mis jeans.
Me di cuenta que Bill estaba tomando un café sentado en la mesada de mármol e inmediatamente el ambiente se tensó para mí.
— Hola… No sabía que estabas aquí, si te molesto…
— Relájate. Es tu casa también — dijo sin mirarme. Su rostro lucía cansado y deprimido.
— Sé que es mi casa, es sólo que no quiero más peleas — Del refrigerador saqué una botella de Coca-Cola y me senté enfrente suyo. Esperé que dijera algo más, quizás algún reproche como siempre, pero no dijo ni ‘ha’. —. ¿Estás bien? — asintió sin mirarme—. ¿Estás seguro? — Repitió el gesto. —. Ayer por la mañana, cuando Andreas te trajo, estabas muy molesto.
— No. Estaba ebrio — contradijo tranquilamente. Sus ojos en ningún momento se posaron en los míos. Mi corazón dolía. Aún no me hacía a la idea de su indiferencia. —. Recuerdo que le dije algo a tu novia. Pídele disculpas si la ofendí — Me quedé boquiabierto sin saber qué decir. Aquello me tomó por sorpresa.
— Está bien, nosotros entendimos la situación — Dejé mi bebida de lado y decidí aprovechar el momento para conversar un rato. —. Cuando Andreas se fue al estudio, ¿ya estaba Susan contigo?
— No.
— ¿Te quedaste solo? — pregunté sorprendido y no me respondió siquiera con un gesto. —. Discúlpame si te molesta mi pregunta pero, ¿pelearon? — Fue ahí cuando levantó sus pesados ojos. Lucían tristes, decaídos, sin brillo ni ganas de mirar. —. Bill… — susurré tomando su mano inconscientemente.
— Cuando estaba borracho, sin querer le conté a Andreas lo de nosotros. Se ve que lo usé como paño de lágrimas y se me escaparon unas cuantas cosas.
— Claro… ahora entiendo todo.
— ¿Qué?
— Tuvimos una pelea en el estudio. Me había dicho que teníamos que hablar, y cuando lo fui a increpar, bueno… La discusión se fue de nuestras manos y nos pegamos.
— ¿Hablas en serio? — Alejó su mano de la mía de inmediato. —. ¿Cómo está él? — preguntó y fue un puñal en el corazón. Yo tenía la boca destrozada y él preguntaba por aquel infeliz. ¿Será que lo había perdido?
— Está bien, supongo. Jörg habló con ambos y…
— ¿Cómo pudiste golpearlo? ¿No entiendes?
— ¿Qué es lo que tengo que entender?
— Tenemos que disculparnos — Rascó su frente y alborotó su perfecto jopo con ansiedad. —. No tienes idea de lo herido que está. Jamás lo vi así… Lo que hicimos no tiene perdón.
— ¿Hicimos? Él era tu pareja, no la mía. A mí no me importa.
— Es una persona, Thomas; alguien que fue realmente bueno conmigo, por cierto.
— Pues ve y ayúdalo tú. Por mí no hizo nada jamás.
—… Oh, ya veo. O sea que mi bienestar ya dejó de importarte también — ¡Qué idiota que soy! ¡Maldito orgulloso!
— Mira…, no quise decir eso. Lo siento.
— Está bien, Thomas. No importa — Se puso de pie y salió de la cocina a paso veloz.
— ¡Bill, espérame! — Lo imité y fui tras él. Ya había tomado sus gafas y su bolso. —. ¿A dónde vas?
— A buscarlo.
— ¿Vas a ir tras él? — No me respondió. Simplemente abrió la puerta y salió. —. ¡Mierda! — Continué. No iba a dejar que se fuera así como así. Si iba a buscarlo, probablemente ya no hubiera vuelta atrás y lo perdería para siempre… Un momento, un momentito… Lo nuestro ya quedó en claro, ¿o no? ¿Qué es lo que buscaba con mi actitud infantil? —. ¡Bill, espera!
— ¿Qué pasa, Thomas? Está todo perfecto, no estoy molesto contigo. Olvídate de todo. No hay problema — Cortó abriendo la puerta del auto.
— No quiero que te vayas. No quiero que arregles las cosas con él — Le cerré la puerta del auto y en ese brazo apoyé todo mi peso. Él quedó encerrado entre el vehículo y mi cuerpo.
— ¿Qué? — indagó en un hilo de voz. Mi cercanía lo ponía por demás nervioso, podía sentirlo. Podía sentir su temblor aun sin tocarlo. Podía sentir sus ganas de dejarse llevar por sus sensaciones más profundos. Lo sentía, lo podía leer en sus ojos, en su lenguaje corporal. Y mi corazón no podía latir más fuerte. La cercanía era demasiada; con decir que su aliento me embriagaba cuando chocaba contra mi boca. No podía sentir más amor porque no cabía ya en mi cuerpo.
— No me reproches nada, por favor. Sé que yo te deje, sé que estoy con Richael, a quien odias con todas tus fuerzas… Sé que te hice mierda por dentro, Bill, ¡sé todo! Pero ahora quiero que te quedes conmigo, por favor.
— Tom, no…
— Si tú supieras por qué hice todo esto… No tengo perdón, lo sé, pero hoy te necesito junto a mí.
— Pudiste quedarte ayer. Ayer era que te necesitaba a mi lado, no hoy. Hoy tengo mis ideas bien claras. Haré lo que sea para que Andreas me perdone, porque él sí vale la pena. Él siempre estuvo firme a mi lado, y lo colapsé. Quiero su perdón, quiero su protección, quiero su amor y principalmente quiero mi bien. Tú me lastimas, Thomas. Me quemas cuando te toco.
— No me digas esto, mi amor — susurré acercándome más y adosando mi mano izquierda en su mejilla. Lo sentí electrificarse.
— Thomas, Jimmy y toda la seguridad está mirando… Aléjate.
— No me interesa. No quiero que te vayas. Dices todo esto porque estás molesto conmigo, y te entiendo, pero por favor, no te vayas — Cerré mis ojos y me concentré en la suavidad de su rostro, en su perfume, en lo caliente de su aliento. —. Sé que tú también sientes estas ganas de irnos lejos los dos, mi amor. Sé que quieres que nos olvidemos del mundo entero y nos entreguemos a este amor como antes…
— No — Abrí mis ojos y lo miré. —. Al único lugar adonde quiero ir, es a la casa de Andreas a buscarlo. ¿Y amor? Recuerda que nosotros tenemos una apuesta en pie, Thomas, ten cuidado con lo que dices — ¿La apuesta? ¿Cómo me podía nombrar esa estupidez en un momento tan íntimo? —. Esa apuesta era nuestra garantía de que la historia no se repetiría, y hasta el momento sirvió, ¿o no? Al menos yo no te amo — Se estaba haciendo el frío, el duro, y a mí no me podía engañar. Estaba usando una coraza de ficción, ocultando sus verdaderos sentimientos. —. Y ya no hay un antes. Eso está a kilómetros de distancia. Si tienes ganas de hacer el amor con alguien, ve a hacérselo a Richael, tu pareja. Yo soy tu hermanastro, y nada va a cambiar eso — Lentamente procesé cada una de sus palabras y sentí el golpe al caer contra el suelo. Había subido mucho, y la caída había sido dolorosa. —. No arruinemos más nuestra relación. No quiero que haya rencores, ni mucho menos. Hay que resignarse que lo que pasó, pasó por algo; y tal vez sea lo mejor.
— No me digas esto… Déjame que te explique por qué te dejé, por qué estoy con Richael… Ella me…
— Ya es tarde, Thomas. Basta. Y, si me permites, tengo que irme — Mordí mi labio inferior y corté todo tipo de contacto y dejé la puerta de su auto libre.
Resignarse había dicho… Eso era lo mejor para él.
— Yo no puedo resignarme a verte con otra persona que no sea yo — Abrió la puerta de su vehículo y me miró sonriendo de lado.
— No puedes quedarte con el pan y con la torta, Thomas. Tú ya hiciste tu elección. No cometas el mismo error que yo… Cuida a tu pareja, y no la lastimes por alguien que no vale la pena — Sentenció metiéndose adentro y quedando fuera de mi visión. Lo había dicho por mí, yo entendí el mensaje claramente.
Y se fue tras Andreas sin que nada pudiera hacer al respecto. No supe qué hacer más que llorar como un niño pequeño cuando el auto estuvo ya muy lejos de mí.
Continúa…
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