«Apostemos» Temporada III

Capítulo 3: Trágico desenlace

By Bill

— ¿Qué haces aquí? — preguntó anonadado al abrir la puerta de su departamento. Me saqué las gafas de sol y tomé aire.

— Vengo a pedirte perdón.

— ¿Por qué?

— Porque no te merecías tantas mentiras — Asintió y después de unos segundos se hizo a un lado y me dejó pasar. —. Gracias

— Ponte cómodo. ¿Quieres agua, zumo?

— No, nada. Estoy bien — Se sentó a mi lado y clavó su mirada al frente.

— Te escucho.

— No quiero que terminemos — empecé—. No tengo nada, Andreas, y si tú no estás conmigo pronto estaré peor — Tomé su mano y la apreté con fuerza. Entonces ahí fijó sus ojos en los míos.

—. Quiero que todo siga como antes. ¿Recuerdas? Íbamos a todos lados juntos, pasamos momentos hermosos, y siempre el uno para el otro.

— Extraño esos tiempos.

— Yo también, Andi… ¿Crees que podemos volver a estar así? — Sonrió de lado.

— Yo te sigo amando como la primera vez — Apretó mi mano con la suya y me sentí aliviado.

— Juro que no lo voy a arruinar.

— Tú no lo hiciste… No hay razón para echar culpas; las cosas van sucediendo y hay que aceptarlas. Al fin de cuentas, lo que de verdad necesitas siempre regresa — Asentí acariciando su mejilla y acercándome más a él. Lo abracé como si pudiera escaparse de nuevo, con ese miedo aflorando en mí. —. Ahora quiero pedirte perdón yo a ti.

— No tienes porqué.

— Sí… Yo me comporté como un patán ayer… Fue la primera vez que te fallé y me siento fatal.

— Míralo así— Me alejé un poco de él. —: si no lo hubieras hecho, yo no estaría aquí porque seguiría creyendo que jamás te perdería. A veces necesitas perder las cosas para darte cuenta de lo bien que te hacían…

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By Tom

Ya todo estaba dicho. Si había una forma de volver hacia atrás, de recuperar todo lo hermoso de nuestra historia, acababa de esfumarse en el aire.

— Zumo multifrutal para mí, y una cerveza bien fría para mi novio — Sonreí de lado queriendo ocultar la ira que le tenía acumulada, mientras ella me demostraba tanto amor. Si supiera qué es eso realmente, no lo diría tan seguido…

— Me encanta venir a tu casa. Pero más me gusta la confianza que estás depositando en mí, Tom —Adosó una mano en mi rodilla luego de sentarse junto a mí. —. Me estás dando una oportunidad y eso vale muchísimo para mí.

— La que no tiene confianza aquí, eres tú — dije volteando la mirada y clavándola en su perfil. Intentó disimular su nerviosismo bebiendo de su vaso unos largos tragos. —. Sabes a qué me refiero.

— No. Sinceramente no sé de qué hablas, amor— Negué. —. ¿Por qué te pones así? ¡Mira donde estamos! Jamás pisé el jardín de esta casa, y tú me trajiste — Abrí la lata de cerveza y me recosté cómodamente en mi silla de caña. Era verdad, el paisaje era maravilloso, pero me gustaba más estar allí cuando a mi lado estaba mi hermanastro. —, ¿quieres disfrutarlo, por favor?

— No puedo fingir que nada pasó esa noche. Richael, necesito saber qué te pasó, por qué estabas de ese modo. ¿No confías en mí?

— Sí que confío.

— ¿Entonces? — Bajó la mirada y juntó sus manos sobre su regazo. —. Puedo ayudarte. Quizás crees que no es así, pero puedo hacerlo. Además… me interesa lo que te pasa— Una mentira piadosa no le hace daño a nadie.

— Gracias, Tom… Te lo voy a decir, pero no ahora. Necesito…— Se tapó el rostro con sus manos y eso me preocupó. —, necesito tiempo. Perdóname — Negué varias veces y me dirigí hacia su silla. Allí me arrodillé frente a ella y descubrí su rostro.

— Está bien, tranquila. No llores.

— No quiero ser una carga para ti — Quise responder que inevitablemente lo era.

— Ya, ya… No eres ninguna carga. No digas eso — Me puse de pie y suspiré. —. Ahora vuelvo. Tengo que preguntarle algo a Jörg.

— Aquí te espero — Ingresé a la casa rascando mi nuca. Era demasiada la tensión que tenía acumulada ahí.

Cuando iba a atravesar la sala, el timbre de la casa sonó de sorpresa. Como no quería que Susan se molestara en atender, lo hice yo personalmente. Abrí la puerta y ahí estaba un tipo de expresión dura, de unos cuarenta años. Jimmy e Ismael estaban parados detrás de él, esperando mi autorización. Siempre me resultó innecesaria tanta seguridad, así que les hice una seña para que se retiraran.

— ¿Quién es usted? — pregunté con recelo, pero sin olvidar ser respetuoso.

— Busco a Bill — respondió.

— No entendió mi pregunta. Le pregunté quién era.

— Y tú no entendiste mi respuesta — Alcé una ceja. —. ¿Vas a llamar a tu seguridad?

— ¿Disculpa? ¿Te conozco?

— Tú a mí no, pero yo sí. Demasiado bien — Aquel tipo quería que le hundiera mi puño en su cara; me estaba buscando y el que me busca, me encuentra.

— Amor — Me llamó Richael a mis espaldas y silenció su voz de un segundo a otro. La miré sobre mi hombro y me sorprendí al ver su expresión. Había palidecido por completo. —. Nicolás…

— Hola Richael — saludó aquel extraño y más bronca me invadió.

— ¿Quién demonios eres, amigo? Creo que ya te soporté demasiado.

— No soy tu amigo. Quiero ver a Bill. Si no está, o no vas a avisarle que estoy aquí, entonces me voy — Le echó una mirada fugaz a Richael y negó como decepcionado. —. Y tú no tienes nombre — dijo antes de girarse y marcharse por donde había venido. Cerré la puerta de un golpe y esperé una explicación de la que era mi pareja.

— ¿Tienes algo que decir?

— Basta Thomas, por favor — dijo y quiso huir. Tardé un poco en reaccionar, pero justo la tomé por la cintura y evité que abriera la puerta y se marchara.

— ¡¿Qué rayos pasa contigo?!

— ¡Déjame, déjame!

— ¡De aquí no te vas hasta que no hables! — La empujé con cierta brutalidad contra el sofá doble y me miró anonadada.

— Quiero irme, Thomas, entiéndelo…

— ¿Qué quieres que entienda? Te fui a buscar cuando estabas en pleno estado de shock, tolero que no quieras decir palabra de ello, pero no voy a tolerar que venga ese don nadie y te alteres de nuevo. ¿Quién era y qué le hiciste que estaba tan decepcionado?

— ¡Basta, te dije que me esperes!

— ¡Pues ya no, Richael!

— ¡Ey, ¿qué son esos malditos gritos?! — Bill bajaba las escaleras molesto. Aparentemente estaba descansando y nuestros gritos lo habían despertado. —. ¿Qué está pasando aquí? — Se cruzó de brazos y miró a Richael empapada en llanto, y hasta temblando.

— ¡Bingo! — grité yo—. Ahora que están los dos aquí, me podrían decir ¿quién es Nicolás?

— ¿Nicolás? — repitió mi hermanastro—, ¿y tú lo conoces?

— Acaba de venir aquí — expliqué y él lucía sorprendido— para buscarte a ti, hermanito. Pero, para mi sorpresa, también la conoce a la señorita, y ella a él. Entonces yo pregunto, ¿quién demonios es?

— ¿Por qué tanta curiosidad, Thomas? ¡No es nadie!

— ¡No creo que tú y mi hermano tengan demasiados amiguitos en común, y menos con esas fachas! Además, tu expresión cambió cuando lo viste. Pareciera que viste a un muerto en persona, Richael.

— Bueno, por lo que veo, este es un problema de celos de parejas. Mejor me largo de aquí.

— ¡No! — Detuvo cualquier movimiento. —. ¿Acaso no me escuchaste? ¿Cómo es que ustedes dos tienen a un conocido en común? Exijo saber quién demonios es ese tal Nicolás.

— Yo no tengo ningún problema en decirte quién es, pero aquí la que no quiere que se conozca algo, es tu noviecita.

— ¿Algo? ¿Qué quieres decir?

— No lo sé… — Bill sonrió de lado viéndola en aquel estado tan deplorable. —, pero a mí también me resulta muy extraño que tú conozcas a Nicolas, Richael. Así que habla, o lo hago yo. ¿De dónde lo conoces?

— ¡Basta, por el amor de Dios!

— ¡Basta a ti de tantos misterios, Richael! — Me incliné a su altura y la zamarreé por los brazos. Bill caminó hasta estar al lado mío y apoyó sus manos en mis hombros, queriendo alejarme de ella.

— Ya estuvo bueno, Thomas. ¿Quieres que te denuncie o qué? — Accedí y busqué calmarme, busqué aire, ¡algo! —. ¿Quieres que te diga quién es Nicolás? Bien, yo te lo diré.

— ¡Te lo agradecería! — ironicé y presté toda mi atención a él y no a las súplicas de Richael que me pedían que no le creyera ni una sola palabra a mi hermanastro.

— Nicolás es el mejor amigo de Gustav Schäfer — Fruncí el seño ante semejante bomba que no esperaba, pero que de alguna manera hacía que todo cobrara un sentido. Todavía no estaba claro del todo, pero estaba seguro que si unía las piezas, tendría mi rompecabezas armado. —. Y a partir de ahora yo no tengo nada más que ver aquí, ¿entendiste? Cuida tu lengua — dijo y me señaló disimuladamente a la morocha. Yo asentí él se marchó a la calle como apresurado.

Me quedé paralizado unos minutos, oyendo el llanto desgarrador de la morocha.

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— Tienes razón…

— ¿Qué le sucede a Bill cuando está en este estado?

— Mejor dicho… ¿Qué hace? Se droga.

— ¡Eureka! Gustav Schäfer.

— Sí. Richael se alió a Gustav. Estoy seguro.

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Al instante se me vino esa conversación con Georg a la cabeza. Si Richael conocía al que era el mejor amigo de ese canalla… quería decir que lógicamente, primero, se había acercado a él. ¿Para qué? ¿Con qué intención? Bill frecuentaba a esa gente de nuevo; él mismo lo acababa de admitir al salir corriendo en busca de ese tipo cuando éste lo había venido a buscar con tanta insistencia. Y Richael estaba conmigo… ¡Y ahí era donde perdía el sentido toda mi teoría! ¿Para qué querría Gustav que Richael fuera mi pareja? No tenía sentido tampoco ese ‘y tú no tienes nombre’, como si Richael hubiera cometido alguna traición, o algo similar.

— Tú me vas a aclarar ahora mismo todo este enrollo — Seguía convulsionándose del llanto, como si fuera el fin del mundo. —. Y sin excusas.

— Por favor, Thomas, no me hagas esto… Tú no eres así.

— ¿Así? — reí— ¿Y tú qué sabes cómo soy? ¿O sea que tú me extorsionaste con una fotografía, me obligaste a ser tu novio marioneta y ahora yo tengo que comerme todos estos misterios con tal de que la princesa no se sienta incómoda? ¡Por favor, Richael! ¡No soy tan tolerante como todos creen! ¡Yo también me desbordo, yo también siento bronca, yo también tengo sentimientos y yo también exploto! Así que dime qué carajos está pasando, porque no respondo de mí.

— ¡Bien! ¿Tú quieres saber qué me pasó en ese barrio?, lo vas a saber — dijo poniéndose de pie frente a mí y secando su rostro con ira.

— ¡Quiero saberlo todo! No solamente qué pasó ese día, ¡sino todo! Desde cómo conoces a ese Nicolás, hasta ese día. ¡Todo!

— Está bien. Lo sabrás… Pero necesito que me prometas que no me vas a dejar sola después de que lo sepas todo. Por favor, no soportaría que tú también te fueras de mi lado — sollozó.

— Cuéntame todo, y después veo cómo reacciono — Asintió resignada y volvió a sentarse.

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By Bill

— ¿¡Acaso estás demente!? ¿Qué fuiste a hacer a mi casa?

— ¡Nadie me conoce ahí, no pensé que me cruzaría con…! Olvídalo — Gustav alzó la mirada hacia nosotros y dejó a un lado su teléfono celular sobre la mesa donde estaba cómodamente enviando unos mensajes de texto y nos observó con recelo. —. ¿Qué pasa, tío? ¿Por qué me miras así?

— Ibas a decir un nombre y te callaste.

— No es cierto — Chasqueé la lengua ante la incógnita.

— ¿Qué tanto revuelo, hombre? Estaba Richael en mi casa, mi colega y cuñada — Gustav no dijo nada, solamente se quedó callado mirando a la nada. —. ¿Y cómo es que los conoce?… ¿Hay algo que yo no sé? Hablen — desafié cruzándome de brazos.

— No sé cómo es que me conoce… No tengo idea.

— Mientes, Nicolás. Dime la verdad. Fuiste a mi casa a buscarme con la impunidad del Papa y ahora me ocultas cosas. ¡Merezco saber! ¡Me has metido en un lío, caray!

— ¿Por qué? Soy sólo un conocido, ¡ya!

— ¡No! Le tuve que decir a Thomas la verdad. Le dije que eres el mejor amigo de Gustav Schäfer, y él sabe que Gustav me proveía la droga. ¿Qué hacías tú buscándome con tanta tranquilidad, entonces? ¡Eureka! Todo indica que me estoy involucrando con todo este mundo de nuevo.

— ¿Y qué tiene de malo? — cuestionó Gustav poniéndose de pie—. ¿Acaso has consumido? ¿Caíste en otra crisis y acabaste en el hospital? No encuentro lo malo en que vuelvas a juntarte con nosotros.

— Lo malo es que Thomas le puede decir a mi padre y ahí comienza el drama — Tomé mi cabeza y comencé a caminar por la cocina como un león enjaulado.

— Pero nada te pasó. No aspiraste ni fumaste nada — Ojalá fuera tan sencillo como eso. Decidí no responder más. Gustav era demasiado testarudo y era en vano intentar hacerlo entrar en razón de lo malo que podía ser todo aquello.

— Y tú no contestaste a mi pregunta, Nicolás — Éste volvió a mirarme. —. Dime, ¿cómo conoces a la novia de mi hermano?

— Eso no interesa — interrumpió Gustav dirigiéndose a la heladera y revisando en ella.

— ¿Por qué me ocultan cosas? ¡Se supone que querían que seamos amigos de nuevo! ¿Ya no hay confianza? Porque les recuerdo que yo tengo motivos de sobra para sospechar de ambos, y sin embargo no lo hago.

— ¡Bien, Kaulitz! — Cerró el electrodoméstico de un golpe y junto a Nicolás nos asustamos por menudo ruido. —. Te diré por qué Richael nos conoce.

— Soy todo oídos — Me senté en una de las sillas y Gustav apoyó su peso sobre la mesa de madera, con sus manos sobre ella.

— Richael y yo fuimos pareja durante un tiempo.

—… ¿Qué? — musité.

— Sí como oyes. Ella fue a mi departamento en varias ocasiones, y en una de esas veces lo conoció a Nicolás. Es todo. No hay un crimen detrás, ni mucho menos — Nicolás alzó sus ojos a los suyos durante unos breves segundos y luego volvió a bajarlos.

— ¿Es todo?

— Sí. No hay más.

— ¿Y cómo es que ella está con mi hermanastro ahora?

— Me traicionó. En la primera oportunidad que vio, corrió a los brazos de Trümper. Es un tema que aún me duele, ¿sabes? Por eso no te dije nada, no se trata de confianza o no.

— Vaya… No sé qué decir. No me esperaba esto. Pero, ¿cómo pasó?

— La invité a cenar en una de mis visitas al estudio, y ella aceptó tiempo después.

— ¿Cuando ibas a verme?

— Sí.

— ¿Lo hiciste por interés o porque realmente te gustaba?

— ¿Interés en qué? ¿Cómo podría hacerte algún mal acostándome con Richael? ¡Por favor, Bill!

— Vale, vale. Discúlpame, no es para que te pongas así.

— Entiende que me duele todo esto. Odio hablar de ella, así que cambiemos de tema de una vez — Volvió a abrir el refrigerador y sacó una lata de cerveza, la cual bebió adosado a la mesada.

— Bien. ¿Y tú por qué me fuiste a ver?

— Gustav me dio esto para ti, y como él no podía ir por razones obvias, fui yo en persona — De su bolsillo sacó una pequeña bolsita transparente con mi adorado polvo blando dentro. —. No imaginé que hubiera alguien que me reconociera. Lo siento si te causé algún problema — Tomé la bolsita y negué con la cabeza.

— Despreocúpate. Algo voy a inventar si Thomas me pregunta.

— Oye, la merca… — musitó Gustav.

— Dime.

— Amm… Piénsalo bien.

— ¿De qué hablas, Gus? ¡Hace tanto tiempo que no tomo aunque sea un poco…! No puedo desaprovecharla — Reí como un demente y saqué una moneda del bolsillo de mi cazadora. La introduje dentro y junté un poco de ella. La levanté con cuidado y la adosé a mi fosa nasal derecha. Tapando el otro orificio, aspiré con ganas de una sola vez.

— Bill… — Pude oír a Gustav llamarme.

— Oh, sí… De la buena — Nicolás me sonrió de lado algo desanimado y Gustav siquiera me miró. Con su lata de cerveza en su mano, salió de la cocina en silencio. Me extrañaron esas actitudes, pero continué con mi hábito.

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By Andreas

— Ya no puedo más, Andi… Lo extraño muchísimo, lo necesito.

— Espera, Bill, no te entiendo. ¿A quién extrañas?

— No puedo vivir sin él, ¿entiendes? — Hablaba entrecortadamente por su llanto desgarrador.

— Tienes que ser más claro, no te estoy entendiendo.

— Hablo de Thomi… mi Thomi.

— ¿Thomi? — cuestioné sorprendido por ese diminutivo.

— Estoy enamorado de él, Andreas, jamás dejé de estarlo. Desde los quince años que lo amo y él insiste en lastimarme siempre.

— ¿Qué dices, Bill? — Solté sus brazos y se acostó en la arena mientras lloraba y se retorcía. —. ¿Estás enamorado de tu hermanastro?

— Sí, y no puedo con el dolor de verlo con esa puta… ¡Él me hizo el amor! ¡Me dijo que me hacía el amor! — gritó y mi alma se desgarró al medio.

— No puede ser, Bill… Mi amor, estás desvariando por el alcohol, ¿cierto? Dime que es eso.

— ¡No me digas así! ¡Yo no soy tu amor, jamás lo he sido! ¡Siempre estuve con él, por eso no podemos estar juntos, Andreas! Perdóname… perdón.

— No…, no Bill, ¡no!

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Sacudí mi cabeza y cerré la computadora portátil después de guardar el informe del caso. Rasqué mis ojos y miré el reloj en mi mesita de noche. Las diez de la noche y Bill no me llamaba. ¿Qué estaría haciendo? ¿Estaría en su casa? ¿Estaría con…? No. Él estaba conmigo y Thomas con Richael, y así tenía que ser.

— Vamos, Andreas. Te estás comportando como una quinceañera insegura — me dije a mí mismo.

Me levanté de la silla y dejé mi escritorio acomodado para el día siguiente. Observé mi cama como una tentación después de tanto estrés. El trabajo era tal, que ya lo llevaba a mi casa también.

Agarré mi teléfono celular y me aseguré que no hubiera algún mensaje o una llamada perdida. Pero nada. ¿Tenía que llamarlo?… No. Quizás estaba durmiendo y sólo lo molestaba con mis celos infundados. Él había sido muy claro, éramos él y yo y nadie más. Confianza era lo esencial.

Dejé el celular en el mueble de mi ropa, junto al LCD. Ahí, en una cajita roja forrada, estaban las alianzas que había guardado durante casi cinco meses. Pensaba proponerle matrimonio para nuestro tercer aniversario, pero bueno…, las cosas no se habían dado como esperaba. Pero, siendo sincero, no descartaba la idea de hacerle la gran propuesta. Sólo necesitaba confirmar que esta vez ninguno iba a echar a perder la situación.

Sin esperármelo, el teléfono sonó arriba del mueble. Como si aquella fuera una llamada de vida o de muerte, corrí a atender.

— ¿Bill?

— Sí. Hola, Andi.

— ¡Qué alegría oírte! Estaba preocupado.

— ¿Por qué?

— No sé… Llamémoslo un mal presentimiento — rió bajo—. ¿Estás bien?

— Supongo que sí.

— ¿Cómo es eso? ¿Quieres que te vaya a buscar a algún lado?

— Sólo llamaba para decirte que te extraño mucho — Me sorprendí de un momento a otro. —, y que quiero verte. ¿Estás en tu departamento?

— Sí, sí. Aquí estoy.

— Voy con el auto, ¿te parece?

— Claro, amor. Yo también te echo muchísimo de menos — Sentí un gran alivio después de estar toda la tarde y noche comiéndome la cabeza con pensamientos paranoicos. —. Aquí te espero.

— En media hora estoy allá.

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By Tom

— El plan de Gustav siempre me resultó extraño. Así como su amistad con Bill. Ambos son muy distintos; ¿bajo qué circunstancia se conocían? Esa pregunta siempre merodeó mi cabeza en este tiempo. Pero había algo más importante para mí que eso: mi mejor amigo — rió desganada y otra lágrima calló por su mejilla—. Qué irónico. Gustav y yo, unidos prácticamente por lo mismo.

— ¿A quién te refieres cuando hablas de tu mejor amigo?

— De Axel.

— ¿Axel Greffman, el abogado?

— El mismo — afirmó—. Gustav me dijo que podía ayudarme a encontrarlo — Desvié la mirada hacia otro lado, totalmente incómodo…

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—… Hasta que un día Axel sospechó y comenzó a investigar sobre mi vida, dando con la verdad.

— ¿La verdad?

— Descubrió qué hacía yo en Francia en ese año en que desparecí. Entonces sentí pánico. Sé que estuve mal, sé que fue un error, pero era la única solución que veía

— Cálmate, Bill. Dime qué hiciste.

— Le pedí ayuda a Gustav y a su gente… Les pagué para que llevaran a Axel a un lugar, lo golpearan y yo me encargué de él.

— ¿Lo… mataste?

— No. Lo amenacé con que lo haría si no desaparecía de mi vida y del estudio. Esa misma noche le iba a contar mi secreto a Richael y todo empeoraría, así que actuar rápido era lo mejor. Richael tenía razón cuando me increpó en la recepción. Ella siempre sospechó de mí.

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Me concentré en presarle atención a su relato y a no perderme en mis pensamientos. Me hice el sorprendido en esa ocasión, ya que aparentemente Richael no sabía que el culpable de la desaparición de Axel, había sido ni más ni menos que mi hermano Bill.

—… aunque también me resultó extraño que Gustav supiera dónde estaba Axel. ¿Cómo podía dar con él? Pero luego descubrí que se trataba de una persona con contactos y muy poderosa. Era lógico que pudiera conocer el paradero de cualquier ciudadano de Alemania si quería.

— ¿Supiste alguna vez a qué se dedicaba?

— No — Me observó. —. ¿Tú lo sabes?

— Yo no lo conozco.

— Pero Bill sí; eran muy amigos. ¡Jamás entendí esa parte de la historia! Pero, ¿sabes?, siempre tuve la leve sospecha que Axel sí sabía la relación que existía entre ambos.

— ¿Cómo lo sabes?, ¿hablaste con él?

— Iba a hacerlo la noche que desapareció — Asentí y no dije nada más. —. El punto es que Gustav quería que Bill volviera a su lado. Me habló de un Bill Kaulitz desconocido para mí. Un tipo de barrio, que se codeaba con gente de bajo perfil, de clase media y baja. No sé si tú sabías o sospechabas de esto, pero tienes que saber que tu hermanastro tiene una doble vida — Esperó que le dijera algo, pero no lo hice. Entonces siguió: —. En fin, Gustav quería que averiguara algún punto débil en la vida de Bill… Lo quería solo, aislado, depresivo. Una amistad bastante enfermiza, déjame decirte. Pero como me interesa un huevo tu hermanastro, accedí. Intenté escuchar detrás de las puertas, por medio de Andreas, y hasta de Jörg, pero no averigüé absolutamente nada. Hasta que una tarde tuve la intuición de que debía perseguirlos — Me miró de forma extraña. —. Te vi salir con Bill del estudio y llevártelo en tu auto hacia algún sitio. Tomé mi carro y los seguí hasta ese edificio… — Desvié la mirada sintiéndome molesto. Quería matarla al recordar aquel día en que arruinó mi vida y la de mi hermano. —. Cuando los vi besándose decidí retractarlo, y llevarle la evidencia a Gustav. Él se sorprendió, pero no tanto como yo. Su idea era venderla a alguna revista o programa de chimentos.

— ¿Y qué te hizo cambiar de opinión?

— Nunca estuve del todo conforme con eso. ¿Qué sacaba yo de provechoso?, absolutamente nada. Es decir, yo los había seguido, y era mí foto; merecía mi recompensa.

— Tu recompensa sería saber sobre Axel, ¿o no?

— Sí, pero eso vendría luego de algún tiempo, y yo no podía esperar. Entonces hice lo que ya sabes…

— Lo sé de memoria — Ironicé—. ¿Cómo se enteró Gustav de todo esto?

— Pasaron dos días y no había repercusiones sobre el famoso noviazgo. Desde luego que si esa fotografía caía en las manos de algún periodista, no pasaría demasiado tiempo para que estallara el escándalo en todos lados. Lógicamente, no la vendí. Le tuve que decir lo que había pasado y… — ¿Y qué? Sigue.

— Conocí su peor faceta. Se enloqueció, se enfureció demasiado, pero no pensé que sería para tanto. Creí que se le pasaría en algún momento.

— ¿Acaso él estaba enamorado de ti?

— Sí. Salíamos, él me compraba cosas, me recibía en su departamento, me presentó a su mejor amigo Nicolás, que es como un hermano mayor. Desde luego, teníamos relaciones como una pareja, pero no lo éramos. Él se había enamorado y eso no estaba en mis planes. Entonces me pegó cuando se enteró de mi traición.

— Ahora entiendo por qué ese sujeto te dijo que no tenías nombre. Directamente no tienes códigos, Richael. Eres una cualquiera.

— ¡Thomas! ¿Cómo puedes decirme eso?

— ¡Es la verdad! El tipo aparentemente te dio todo, y hasta ablandaste su duro corazón, y así le pagaste. ¡No hay palabra para definirte, mujer!

— ¡Yo lo hice por amor!

— ¿Amor a quién? — indagué indignado.

— ¡A ti, Thomas! ¡Aunque te valga madres, yo te amo como jamás he amado a nadie!

— ¡No confundas amor con una estúpida obsesión, Richael! No sabes lo que significa esa palabra.

— Tú no entiendes…

— Tú eres la que no entiende ni quiere entender — Se mordió el labio para no seguir con la pelea y así aumentar su volumen e intensidad. —. Bien, me extorsionaste y te quedaste conmigo. Bill estaba débil y evidentemente Gustav consiguió lo que quería. Ahora, dime, ¿él cumplió con su palabra?, ¿pudiste ver a Axel? — Después de esa pregunta su rostro se transformó. De enfadada, pasó a estar terriblemente acongojada y adolorida. Se descargó en un llanto desgarrador, muy doloroso para los oídos de cualquiera. —…Oye, Rich — La primera vez que la llamaba de alguna forma ‘cariñosa’ en todo ese tiempo. —, ¿qué te ocurre? Tranquilízate — Sus hombros se convulsionaban por el llanto, y no encontraban paz. No había palabra que la hiciera cesar. —. Richael, ¿qué pasó? Tienes que decirme… ¿Tiene que ver con aquella noche?

— ¡Lo mató, Tom! — gritó descubriendo su rostro—. ¡Gustav lo mató enfrente de mí!

— ¿Qué dices…?— No podía caer en cuenta de lo que me decía. —. ¿Axel está muerto?

— Fue mi culpa… Él me había advertido que jamás lo traicionara, y yo lo hice. ¡Axel está muerto! — Me puse de pie tomándome la cabeza y me alejé unos cuantos pasos. —. ¡Todo esto es mi culpa! ¡Yo maté a Axel!

— No puede ser… — susurré para mí mismo con mis puños apretados y mirando a esa mujer que había sido la desencadenante de, no solamente dramas, sino de una tragedia.

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a continuar con la lectura.

por Antonella Ayelen

Escritora del fandom

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