«Apostemos» Temporada III

Capítulo 7: La decisión más cobarde

By Bill

— ¡Miren a quién tenemos por aquí! — exclamé acercándome a la mesa de los bocadillos. El susodicho volteó y me miró con su mejor cara de amargado. —. Joseph Sanders

— ¿No te conformas, cierto?

— No sé de qué hablas. Esta es la fiesta de mi padre, donde festejamos las victorias — Enmarqué bien esa última palabra.

— Es la fiesta de Seeger, Morris y tu padre.

— No, no. Te equivocas — insistí—. Jörg los invitó a ellos y a sus abogados de mera cortesía. En realidad este evento fue organizado por Jörg y Albert Cortez. ¿Te suena ese nombre?

— Sí. El nombre del hijo de puta que le arruinó la vida a una niña inocente — Hice de cuenta que bostezaba y luego reí.

— Ese viejo y patético monólogo…

— Es la verdad. Espero que puedas vivir el resto de tu vida con el cargo de conciencia de que dejaste paralítica a una nena.

— Te equivocas de nuevo. No mentí cuando dije que le había tomado un gran afecto a Milagros — Borré mi sonrisa burlona y me puse serio. —. Le hice un cheque a Charles con el que podrá pagar el tratamiento — Para mi sorpresa, lanzó una carcajada al aire.

— ¿Y crees que eso repara todo el daño? ¡Cómo eres, Kaulitz! Arreglaste y arreglas todo con dinero; siempre fue así. ¿Sabías que existe algo que se llama ‘corazón’?, no sé si estás familiarizado con el término…

— Te escucho hablar y detecto una pizca de resentimiento — Me crucé de brazos y lo miré altanero. —. ¿Sigues con las falencias del pasado, Joe

— Y yo siempre que hablo contigo recibo cinismo e ironía — Me miró de arriba hacia abajo, diría que con asco. —. Nada bueno queda de tanta soberbia, Kaulitz. Deberías saberlo.

— Diecisiete — dije—. Diecisiete casos invictos. De todo corazón, espero que trabajar con Seeger te ayude a ser más abogado, y menos ‘corazón’ — Me burlé dando por finalizada la conversación. A mi derecha se acercaba Katherine y no quería pelear con ella también, ya que ni la conocía siquiera. —. Disfruta de la fiesta, Joe.

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By Tom

Sentado en uno de los sillones del salón, hacía de cuenta que escuchaba lo que Richael me decía. Mis ojos y mi cabeza estaban puestos en Bill. ¡Qué hermoso estaba! Y Andreas que no lo dejaba solo ni a sol, ni a sombra. Me destrozaba por dentro verlo tan cerca y a la vez tan lejos de mí.

— Amor.

— ¿Eh?

— Te estoy hablando. ¿Me escuchaste?

— Lo siento — dije mirándola—. Dímelo de nuevo — Ella viró sus ojos y luego sonrió triste.

— Estaba pensando que para la semana entrante todos en el estudio se enterarán de la muerte de Axel.

— Sí… Será muy penoso tener que fingir sorpresa.

— Te quiero agradecer por todo el apoyo en este tiempo respecto a esto. No sé qué hubiera hecho sin ti.

— No hay nada que agradecer, Richael. Admito que lo tomé mal en un principio, pero finalmente las cosas suceden por algo — Amplió más su sonrisa, misteriosamente.

— Eso mismo pienso yo — Asentí evadiendo su mirada y localicé a Bill al fin solo, parado en medio del salón observando un punto al azar.

— Discúlpame. Vuelvo en un segundo — Sin darle tiempo a responder, solté su mano y me puse de pie para ir hacia él. Cargado de ilusiones de hablar con él, no importaba de qué. Sólo hablarle o hacerlo reír incluso.

— ¿La viste a Susan? — pregunté a sus espaldas cuando me di cuenta a quién miraba.

— Está hermosa — Susan estaba sentada en la mesa principal, al lado de Jörg. —. Qué bueno que todos estén aquí.

— Sí… — respondí por lo bajo. Él volteó y notó mi triste expresión.

— Sólo falta Helga — Lo miré sorprendido y finalmente asentí. —. ¿Cómo está?

— Hablé con ella la otra noche. Está bien, extrañándonos.

— Qué linda — comentó alegre—. ¿Irás a verla ahora que el juicio está terminado?

— Supongo que sí — medité—. Debería irme para allá un tiempo.

— Estoy de acuerdo. Tienes que tomarte unos días y descansar. Te lo mereces, hermano — Asentí sonriendo.

— Ahora tienes pase libre para ver a Milagros las veces que quieras.

— ¡Sí! Eso es muy bueno.

— Es como una hermanita, ¿cierto?

— Algo así… Es una niña muy especial.

— Ni dudarlo. Es muy madura para sus nueve años — Me encantaba poder hablar así con él. Sin reproches, sin insultos o ironías de por medio. —. Y te quiere muchísimo, se nota.

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— Me alegra que al fin la conozcas — dijo.

— Y a mí me alegra que nosotros…

— ¡Atención, por favor! — Se escuchó por el altoparlante y todas las miradas fueron a parar al escenario. Andreas estaba ahí parado, con el micrófono en sus manos y una sonrisa radiante en su cara. ¡¿Qué mierda hacía ahí?! —. Primero que nada, ¡felicitaciones Jörg! La fiesta es un éxito — Miré a mi padre en la mesa principal, y alzando su copa en señal de agradecimiento, le sonreía a su yerno. Yo no entendía un carajo, sinceramente. —. Ahora, iré al grano… Seguramente todos se están preguntando qué hago aquí parado. Bien, quiero hacer un gran anuncio — Miré a Bill unos segundos antes de volver mi atención a aquel sujeto. —. Como todos saben, mi pareja Bill Kaulitz y yo, llevamos varios años juntos. Y, en realidad, quería hacer esto en nuestro tercer aniversario, pero ese día nos encontró distanciados… En fin. Aprovechando que ambas familias, amigos y colegas están presentes, quiero hacerte una proposición, amor — Los más cercanos giraron a ver a Bill, el cual sonreía anonadado, sin entender demasiado tampoco. Yo fruncí el seño y mis palpitaciones empezaron a acelerarse, como quien espera un golpe letal del que no hay retorno. —. Bill, ¿quieres casarte conmigo? — Inmediatamente me agité y dejé de escuchar los murmullos de sorpresa a mi alrededor. Sentí que una lágrima, como efecto mecánico, calló por mi mejilla.

— Bill, no… Por favor, no — susurré en un hilo de voz tomando su antebrazo. Él giró su rostro y me miró unos segundos. Se compadecía de mí, podía notarlo en su cara.

— No llores, Tom — dijo nada más y secó esa lágrima con sus finos dedos.

Fue un instante. Mi mente no reaccionaba. ¡Se estaba alejando! Se perdió entre la gente que aplaudía mirando al escenario. Papá sólo miraba la escena con una expresión extraña, al igual que Susan a su lado. Georg y Lucas festejaban el suceso, como el noventa por ciento de los concurrentes. Y en ese diez por ciento estaba yo… Sentía mis ojos frescos, y de a poco fue volviendo el sonido, pero a su vez el calor en mi pecho, cuello y rostro, se hacía más insoportable. En el estómago, un nudo. Mis manos temblaban y presentía que en cualquier momento mis piernas me fallarían y me toparía con el suelo.

— Lo lamento, amor… — Pude escuchar en la lejanía, y alguien tomaba mi mano y la apretaba con fuerza. Miré a mi costado y allí estaba Richael. Lucía algo triste en lugar de victoriosa, y sin embargo yo seguía sin entender.

Mis ojos volvieron al escenario, en donde ya estaba Andreas poniéndole un anillo al amor de mi vida… Un anillo que era como un candado, como una valla entre nosotros. Y luego, para rematar mi corazón: el beso.

Volví a la realidad por completo con los gritos de felicidad y los aplausos ensordecedores a mí alrededor. Sacudí mi cabeza y solté a Richael de un tirón, como si su mano en la mía me quemara.

— Tom, tranquilízate.

— ¡Déjame! — grité antes de hacer lo que cualquier ser humano haría en una situación desbordante… Huir.

Choqué a muchísimas personas en mi carrera hacia la salida. Algunos se giraban a verme, pero la mayoría siquiera notaba mi tristeza en ese ambiente jovial. De un segundo a otro, estuve en el cielo, y caí al infierno.

— ¡Thomas! — Escuché desde lejos el grito de mi padre, pero yo no mandaba en mi cuerpo. Mi cabeza giraba y giraba. No había razón de ser.

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By Bill

— ¡Felicitaciones, hijo mío! — exclamó Albert viniendo a mí con sus brazos abiertos para recibirme en ellos. Lo abracé con fuerza esbozando una sonrisa enorme. —. ¡Qué felicidad que siento por ti, muchacho!

— Gracias, Albert — Debía reconocer que la noticia me había caído como un balde de agua helada, pero realmente estaba feliz. Era un gesto hermoso de parte de Andreas proponerme algo tan valioso como unir nuestras vidas, aun después de lo que se enteró. Si eso no se trataba de confianza, no sé qué más podía ser.

— Tu cara fue épica allá arriba.

— ¡Me imagino! — dije cubriendo mi rostro unos instantes. Él rió.

— Licenciado, permítame felicitarlo — Volteé y ahí estaba Érick Junco, uno de los abogados de Seeger. El sesenta por ciento de los invitados ya me había felicitado en el tramo del escenario, hasta mi posición actual.

— Muchísimas gracias, Junco — Y sonriendo se perdió entre la gente.

— ¿Tienen pensado dónde van a vivir? — Me volvió a preguntar Albert.

— No, no. Todo esto me tomó por sorpresa. No pensábamos siquiera en convivir.

— ¡En hora buena! Mi propuesta sigue en pie…

— Lo siento… No recuerdo.

— Te dije que te regalaría mi casa en Grecia; esa que tanto te gustaba.

— Oh, no, no. No puedo aceptarla, Albert, por favor.

— ¿Por qué no? Te la iba a dar cuando terminara el juicio. El juicio terminó.

— No sé…

— Piénsalo — interrumpió.

— Lo haré. Gracias — Inmediatamente Georg apareció desde atrás de Cortez corriendo como un desaforado.

— ¡Felicitaciones! — gritó y me alzó unos centímetros del suelo en un efusivo abrazo. Yo reía a carcajadas hasta que pude recuperar el aire. —. ¡Menuda sorpresa, hombre!

— Lo sé… Ni yo lo esperaba — Miré hacia mi derecha, y a lo lejos Seeger y Morris ahora saludaban a mi pareja. Sonreí.

— Me alegro, en serio.

— ¡Bill! — Ahora era Lucas quien llegaba, acompañado por Tania, la que sorprendía con un vestido pegado a su figura. Palmeó mi espalda y luego me sonrió ampliamente. —. Te felicito, hombre.

— Qué linda noticia, Bill.

— Gracias, chicos, de verdad — Besé a Tania en la mejilla y me permití observarla de pies a cabeza. —. ¡Por Dios, qué mujer! ¿Tú ordenas mi papeleo todos los días? — Los cuatro reímos.

— Gracias — dijo modesta.

— Oye, tío, ¿puedo preguntarte algo en privado? — preguntó Georg poniéndose serio.

— ¡Entendimos! — dijo Lucas sonriendo—. Ven, cariño — Tomó a su acompañante de la mano y se retiraron. Yo observé a mi amigo con sorpresa.

— ¿Cariño? ¡Qué viva el amor en el estudio Kaulitz!

— Sí…

— ¿Qué pasa? — pregunté preocupado.

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— ¿Cómo recibió la noticia Thomas? — Me quedé callado un momento. No había pensado en él, sinceramente.

— Lloró. Y ahora no sé dónde se ha metido, no vino a felicitarme — Mi voz sonó a reproche.

— Bueno… Eso era lógico — susurró y lo miré interrogante—. ¡Pues claro, Bill! No me veas así.

— Discúlpame, pero no veo tan raro que mi hermano me felicite porque me voy a casar.

— ¿Te olvidas que no es un simple hermano? — Me dijo por lo bajo, entre dientes.

— De todas formas, si él se casara con Richael…

— ¿Qué? — preguntó por arriba de mis palabras, alzando la voz—, ¿lo felicitarías? Me gustaría verlo.

— Ya, Geo. ¡Me voy a casar! — Volví a sonreír y él lo hizo un poco forzado.

— Sí… Qué bueno, amigo — Concluyó.

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By Tom

— ¿Sabes?, quiero ponerle un nombre a este momento.

— ¿Un nombre?

— Sí. A ver… a este momento, aquí contigo, lo llamaré…: Felicidad. Sí. Felicidad… nunca mejor nombre.

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Agarré la ruta sesenta y dos y aceleré al verla despejada. La lluvia empañaba el vidrio y los limpiaparabrisas estaban puestos a la velocidad máxima. Las lágrimas… Esa lluvia que nacía de adentro, desde lo más profundo de mi corazón. Cada lágrima cargaba una dosis incalculable de dolor. Creía haber caído en lo más hondo de mi propio karma, pero el destino me jugó una mala pasada y me demostró que siempre puede haber algo peor.

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— Tom…

— Por favor. No podré pegar un solo ojo en toda la noche sabiendo que estás en el otro cuarto acostándote con él. — Hizo una breve pausa, esperando mi respuesta. — Yo ya te dije lo que necesito… ¿qué necesitas tú? — Incapaz de coordinar montones de palabras cuando lo tenía tan pegado a mí, sólo pude permanecer en un silencio que lo decía ya todo.

— Necesito que me beses.

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Golpeé el volante molesto, sintiendo odio hacia todo el mundo. Sentía odio hacia la vida que me había tocado. Si había un Dios en algún lugar, ¡había sido un completo hijo de puta conmigo! Desde mi nacimiento sólo fueron años de necesidades, dolores, pesares, rechazos, negaciones, sacrificios y pura mierda. ¿Acaso no merezco felicidad? ¿No merezco que alguien me quiera sinceramente, a pesar de todo? Desde pequeño… No tuve a un hombre a quien tomar de ejemplo. No tuve compañero en las tardes de fútbol, ni cómplice para salir de noche con alguna chica. No tuve charla de hombres, ni chistes con una cerveza bien fría de por medio. No tuve a quien pusiera un plato de comida en mi mesa, porque era yo quien lo hacía. ¡El maldito me reconoció cuando ya era demasiado tarde, cuando ya tenía toda una historia a mis espaldas y mucho dolor en mi alma! ¡Me aceptó después de haberme negado miles de veces! ¡Me aceptó cuando era un hombre, y no lo necesitaba! ¡¿Qué clase de hombre con corazón hace eso?! ¡A su sangre! ¡A un pequeño pedazo de él!

Y ahora el amor de mi vida, a la única persona que he amado de verdad, unía su vida a otro. ¿Alguna vez experimentaron esta sensación? En el pecho, como si una mano del tamaño del mismo estuviera estrujando el corazón, haciéndolo sangrar. En el estómago, punzadas y punzadas, dolor incalculable y una piedra que impedía el paso de oxígeno siquiera. En la garganta, un nudo gigante que me hacía gritar a cada sollozo. Cada grito era desgarrador. Cada lágrima ardía en mi piel. Sin dudas era la sensación más horrible de toda mi vida.

— ¡¿Por qué lo hiciste, Bill?! — grité apretando mis dientes con todas mis fuerzas— ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué, maldita sea?! — Y más golpes al volante. —. ¡Sé que no hice las cosas bien, sé que fui un completo idiota, que me equivoqué…! — No pude soportar las terribles ganas de llorar. Apoyé la frente en el volante unos segundos y volví a poner los ojos empañados en lágrimas en la carretera. —…, pero no merezco esto… Nadie merece tanto dolor…

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By Georg

Miré a Sarah sentada al lado de Seeger, con un vestido púrpura entallado a su figura. Su cabello castaño caía en ondas por sus hombros, hasta dar con su cintura. Bebía champagne mientras me miraba de una manera especial. Esos ojos…

Mordí mi labio inferior y regresé a la realidad.

— Discúlpame, ¿cómo decías?

— La fianza a pagar por el senador es muy alta — repitió Alejandro, uno de los abogados del estudio jurídico de Morris—, y con todo este tema del supuesto lavado de dinero… Está complicado.

— Se podría apelar a una audiencia.

— A corto o largo plazo, los asuntos que tienen papeleo de por medio, no acaban bien — Me hizo un gesto cómplice, a lo que asentí. —, tú sabes de qué te hablo.

— Sí, sí. Hay muchos asuntos turbios en la política.

— En la política y en todos lados. ¿Te has puesto a analizar el camino monetario? Es un círculo en constante movimiento — dijo—, donde la ganancia, al fin y al cabo, vuelve a las manos del que la produce. El paso por lo que se dice ‘pueblo’, es esporádico. No existe.

— Sin embargo dependemos de ese trato — agregué casi con indignación, y sin buscarlo vi a Jörg sentado en su mesa, en silencio, solo, cuando la fiesta recién estaba por la mitad. Tenía una copa de champagne que no tocaba, y un plato de canapés lleno enfrente de él y sin embargo tampoco comía. Preocupado, me dispuse a ir hacia allí.

— El peor error del ser humano, es acostumbrarse. Estamos acostumbrados a que la burguesía política nos maneje. Es así — Asentí y adosé una mano en su hombro.

— Colega, tengo que preguntarle algo a mi jefe, ¿sí?

— Desde luego, hombre. Siempre es un placer conversar contigo.

— Digo lo mismo. Te veo luego, Alejandro — Después de eso, pedí permiso las veces necesarias a quienes bailaban o charlaban en el salón, hasta llegar a donde quería. Carraspeé y acaparé su atención. Lucía absorto de todo alrededor; raro en él, ya que siempre ha sido de tener todo bajo control.

— ¿Disfrutando la fiesta, Georg?

— ¡Cómo que no! Este evento es un éxito. Todos están muy contentos, Jörg — Sonrió de lado y asintió mientras observaba la orquesta. —. ¿Puedo sentarme?

— Claro — Deslicé la silla cubierta por una lámina de seda blanca que llegaba hasta el suelo, y me senté con cuidado de no pisar la misma.

— ¿Pasa algo, Jörg? Lo conozco y está raro. Usualmente disfruta mucho de estas celebraciones.

— Lamento no poder hacerlo hoy. Sé que es una ocasión especial para todos. Pero no puedo celebrar mientras uno de mis hijos está ausente… Y tengo una angustia en el pecho… — susurró y tocando esa zona y me alarmé. Su historial clínico no me daba buenos ánimos cuando del corazón se trataba.

— Oiga, ¿está bien?

— Sí, sí. No es un dolor que haya sentido muchas veces. Es más bien un presentimiento. Me preocupa Tom — Fruncí el seño. Ahora que lo pensaba bien, no había vuelto a ver a Thomas desde hacía un largo rato.

— ¿Dónde está él?

— Salió muy mal del salón… Lo vi en un estado deplorable. Richael está a punto de montar un escándalo. Tuve que mentirle diciendo que se había ido a casa a dormir… Estoy angustiado — Se lamentó y recargó su frente en su mano derecha. Cerró los ojos durante unos minutos y suspiró. —. Toda la vida viví de fiesta en fiesta, de éxito en éxito, ignorando que a un océano de distancia había una parte de mí pasando hambre, frío, necesidades… Ignoré a un pequeño que tuvo que crecer de golpe, irremediablemente — dijo y me quedé escuchándolo con mucha atención y sorpresa. Sólo escuché hablar así a Jörg Kaulitz el día que internó a Bill. —. Hoy siento que ese pequeño me necesita, y me veo incapaz de disfrutar de una sola copa más de caro champagne, sin sentir una terrible culpa en mi pecho. Siento que está mal, muy, muy mal… y no puedo seguir rodeado de tanto lujo vulgar.

— Por favor, Jörg, busque tranquilizarse. ¿Lo llamó al celular?

— Una y otra vez, Georg — Abrió sus ojos y pude verlos tristes. —. No responde

— Yo voy a intentarlo también, pero necesito que se calme y que no se haga mala sangre. Puede ser perjudicial para su salud, ¿vale? — Él asintió casi imperceptiblemente y yo me puse de pie para alejarme unos cuantos metros. ¡Dios quiera que a mí me respondiera, a pesar de todo!

No era tan descabellado el presentir de Jörg… Thomas se había enterado, en vivo y en directo, que la persona de la cual estaba enamorado se iba a casar. ¡Menudo golpe al corazón de cualquiera! No me resultaba extraño pensar que, ante tal pánico, pudiera huir.

Maldije por lo bajo después de experimentar aquella sensación de la que hablaba Jörg. El miedo a lo que se desconocía. ¿Dónde estaba? ¿Cómo estaba? Y más preocupante aún, ¿por qué sentía este terror acerca de su bienestar?

Tomé mi teléfono celular y comencé a buscar en mis contactos su número telefónico. Di con él debajo del de Tamara, un antiguo ligue. Le di a llamar y sólo quedaba aguardar y rezar porque me contestara a mí… Llamaba, llamaba y… Contestador.

— Vamos, Trümper — susurré y le di a llamar nuevamente. Esperé varios segundos, los cuales se asemejaron a años.

— ¿Qué quieres, Listing? — Cerré mis ojos y pude respirar aliviado cuando respondió del otro lado.

— Thomas, ¿en dónde te has metido? Tu padre está muy preocupado.

— ¡No me digas! — soltó como un desquiciado.

— ¿Qué te pasa? ¿Dónde estás? ¿Qué es ese ruido?

— ¡Dile a mi padre que tuvo veinticuatro años para preocuparse por mí! Ahora es tarde.

— ¿Es eso solo? — Chasqueé la lengua y continué alejándome de la música y del ruido de la gente. —. Escucha, Trümper, puedes engañar a todos, pero yo sé que te marchaste por Bill.

— ¿Y qué esperabas? — Su voz sonaba furiosa (de hecho gritaba), pero también se notaba que estaba llorando. —. Se va a casar, ya está todo dicho y hecho.

— Esto era inevitable — Oí un golpe al otro lado, lo cual llamó poderosamente mi atención. —. ¿Qué fue eso? ¿Dónde estás, Thomas?

— Estoy en la ruta. Me voy a la mierda… ¿Eso querían, no? Todos han querido eso desde un principio.

— ¡¿En la ruta?! — Me tomé del cabello y tiré de él hacia abajo. —. ¡¿Qué demonios haces ahí a estas horas?! ¡Piensa con la cabeza en fría!

— ¿Pensar? — rió bajo—. No, Georg. Me he freído la mente pensando. Fueron días y días de pensar y pensar. ¡No más! Bill no pensó en mí cuando se subió a ese escenario… Yo no pensaré en nada ni nadie ahora.

— ¡Sangre Kaulitz tenías que tener, tío! ¡Escúchame por una única vez en toda tu vida! Es de noche, está lloviendo, estás en un estado de bronca, tristeza y desesperación… Esta no es la solución a nada.

— ¿Y cuál se supone que es la solución?

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By Tom

— ¡Anda, dime! ¿Cuál es la solución, Listing? ¿Quedarme ahí iba a cambiar algo? — Sequé mis lágrimas con furia y apreté las dos manos en el volante, mientras que el celular continuaba con el enlace a Georg en alta voz. —. Dime, ¿alguna vez te lastimaron tanto el corazón que preferiste dejar de existir antes que seguir padeciendo?

— Repito que esto no va a solucionar nada…

— ¡No! ¡Jamás lo sentiste! — grité—. ¡No podía quedarme ahí y ver cómo todos felicitaban y festejaban la unión del amor de mi vida con otro tipo!

— ¡No todo está dicho! ¿Por qué no vuelves y hablas con tu hermano para poder arreglar las cosas? De nada sirve huir como un cobarde.

— ¡Creo que soporté demasiadas cosas como para ser un cobarde! — Bajé la mirada y apreté mis párpados, molesto, dolido. Era tan intenso el dolor, que llegaba a quemarme por dentro. —. Ya no más, Georg. No volverán a pasarme por encima…

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By Georg

— ¡No se trata de eso! ¡Se trata de resolver las cosas hablando! Así que, detén ese coche ahora mismo y…

— ¡No, maldita sea! ¡Aaaaah! — Y luego de eso, un bocinazo y un estruendo que me dejó helado. No se oyó nada más. El auto aparentemente se había detenido, y Thomas no me hablaba.

— Tom… — susurré con pánico—. Oye, tío, no es gracioso… ¿Thomas? ¡¿Tom?! — Nada. No hubo respuesta y jamás deseé tanto escuchar hablar a ese tipo como ahora.

Lentamente alejé el celular de mi oreja y la comunicación ya estaba terminada. Sentí un calor abrazarme, y las palabras no salían de mi boca.

Miré a Jörg todavía sentado en su mesa, pensativo y con aspecto triste. ¡No podía paralizarme yo también! ¡Tenía que hacer algo, maldición!

— Piensa, Georg, piensa… — Estoy en la ruta, había dicho. Lo de Bill había tenido lugar hacía más o menos treinta minutos. ¿Qué ruta está próxima a esta ubicación? No pudo haber llegado tan lejos… —. La ruta sesenta y dos — dije sin muchas esperanzas, pero era un pequeño rallo de luz en la oscuridad que nos empezaba a rodear a todos. —. Si algo le pasó a Tom… — Sacudí mi cabeza de inmediato, alejando esos pensamientos de mierda de mi cabeza. ¡Él estaba bien! ¡Él no…! ¡Siquiera podía decirlo!

Estaba decidido: tenía que ir por él. Me necesitaba, era la única persona con la que había hablado y sentía la responsabilidad en mis manos.

Pero pronto se me cruzó en la mirada Sarah. Entre tanta gente, al lado de su marido, me miraba ilusionada con la noche que nos esperaba. Los dos solos, apartados del mundo entero. Lo habíamos anhelado tanto, que… al final no sería posible.

Con el celular todavía en mis manos, marqué su número. Confusa, me respondió sin apartar su mirada de la mía.

— Lo siento…

— ¿Qué? — Rió por lo loco de la comunicación, mirándonos a los ojos, a unos cuantos metros.

— No vamos a poder pasar la noche juntos — dije sin cambiar mi expresión seria. Ella observó a Seeger nerviosa, con miedo de que él oyera. Pero estaba absorto en su charla con Álvarez, un diputado.

— ¿Por qué dices eso? Lo habíamos organizado bien.

— Lo lamento… Surgió algo y no puedo postergarlo.

— Georg, si tú te vas ahora, no pienses en volver nunca más a mí — dijo con voz temblorosa, y a pesar de todo el amor que yo tenía en mi corazón para ella, colgué la llamada y echándole una última mirada, me marché.

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a continuar con la lectura.

por Antonella Ayelen

Escritora del fandom

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