
«Apostemos» Temporada III
Capítulo 8: Demasiado tarde
By Bill
Ya descansando de tantos saludos, abrazos, y fotos relacionadas con mi futuro matrimonio, me dispuse a sentarme un rato en la mesa principal. Susan ya se había marchado, y no había podido hablar al respecto. Pero mi padre estaba ahí, sentado, y siquiera se había inmutado por la noticia.
— ¿Y, qué tal? — pregunté al pasar, con una copa de vino en mi mano. Que no debería beber, me diría Marcel, pero era una ocasión especial ¡No todos los días le proponen casamiento a uno!
— ¿Lo has visto a Tom? — Alcé una ceja y me senté junto a él, atónito.
— ¿Hablas en serio? — Sólo ahí me observó, haciéndose el incrédulo. —. No me felicitaste por mi boda, ni nada, y me preguntas por Thomas.
— Ya tendremos tiempo para eso, Bill — dijo como cansado y mi ira aumentó.
— Esto es ahora, papá — Le di un leve golpe a la mesa y busqué tranquilizarme para no llamar la atención de la gente próxima. —. ¡Andreas me acaba de proponer casamiento! ¡Todos en el salón ya me saludaron, menos tú!
— Tu hermano se fue muy angustiado y no sé por qué. Estoy preocupado por él, ¿puede tu egoísta cerebro entender eso?
— Ah, claro. Ahora yo soy el malo de la historia. ¿Qué fue lo que hice?
— Estás pensando solamente en ti, e ignoras lo que te digo.
— ¡Dios mío! Es el colmo… Sólo te digo que cuando quieras felicitarme, ya será muy tarde. El momento es ahora, el después no sirve.
— Ya habrá tiempo para eso… — Le restó importancia volviendo a su aspecto de preocupación y angustia. Me hervía la sangre que fuera así. ¡Era mi momento! ¡No estaba siendo egoísta en absoluto, sino razonable!
— ¿Sabes? Deberías dejar de preocuparte tanto por Thomas — dije—. ¡Tiene veinticuatro años, Jörg! Creo que es lo suficientemente grande como para cuidarse solito, ¿no te parece? — En lugar de responderme, sólo negó resignado. —. Vete a la mierda, papá — solté enfurecido, poniéndome de pie para buscar a Andreas y pedirle que me llevara lejos de allí.
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By Georg
Abrí la puerta y el área que antes estaba colmada de paparazis, ahora estaba desolada. Un guardia de seguridad parado allí con su semblante inquebrantable y su traje negro de raso.
— Oye, man — El guardia me observó dudoso de si le hablaba a él o no.
— ¿Sí, señor?
— Si alguien pregunta por mí, salí acompañado de una dama y me la llevé en mi carro — Alzó una ceja. Virando los ojos, saqué de mi bolsillo unos cuantos billetes y se los extendí. —. Podría ser cierto, pero tengo que ayudar a un amigo. Toma, esto es para ti.
— No, señor, no hace falta — dijo protocolarmente.
— Por favor, tío, es sólo una forma de agradecerte que me mantuvieras en secreto esto — Continuó firme con su posición, y yo guardé el dinero resignado.
— Mucha suerte con su amigo.
— Eso espero… Acabo de perder a la única mujer que he amado en toda mi vida, por este imprevisto — Intenté reír, pero no me salió. Me encogí de hombros y palmeé el hombro de aquel sujeto. Sin querer perder más tiempo, le saqué la alarma a mi vehículo y abrí la puerta del piloto.
— Señor — Me llamó a mis espaldas. Lo observé y esperé a que hablara. —, no esté .mal por esa mujer… Si es amor verdadero, sabrá entender y volverá a usted.
— Gracias, tío… Eso espero — Sonreí de lado y me metí en el carro para ir por Thomas… Dios quiera que se encuentre bien…
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By Bill
El auto se detuvo en medio de un completo silencio en el parking del edificio donde Andreas vivía.
— ¿Me vas a decir por qué te quisiste marchar de la fiesta?
— Quería estar contigo, ya te dije — respondí acariciando su rodilla—. Tenemos que festejar el evento, ¿o no? — Rió y tomó dicha mano y la besó con delicadeza.
— Con esta propuesta quise demostrarte la confianza que tengo en ti, y en lo de nosotros — dijo—. Me olvidé de todo lo malo que pasó, y me quiero concentrar en el aquí y el ahora — Esa última frase me hizo acordar mucho a Thomas. Solamente asentí para disimular la inquietud. —. Quiero unir mi vida a la tuya para siempre, porque ahora siento que es diferente.
— Es que lo es — rectifiqué.
— Siento que me quieres sinceramente y me lo demostraste.
— Nada va a arruinar este momento. Tú y yo somos los protagonistas, y nadie lo echará a perder — Te amo — dijo antes de besar mis labios con ternura y dulzura—. Me vas a matar, pero no tengo nada para cocinar, ni alquilé alguna película para ver… Tu decisión de venir aquí me tomó por sorpresa.
— No importa — reí—, sólo me importa pasar esta noche contigo, nada más.
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By Gustav
Me desperté en mitad de la noche, otra vez. Agitado, sobresaltado, con sudor en mi frente. Encendí el velador a mi lado y comprobé que estaba en mi cuarto, a salvo de los fantasmas del pasado.
Después de unos minutos sentado en mi cama, rodeado del completo silencio de la casa, me dispuse a ir por un poco de agua para poder relajarme. Eran las tres de la mañana, y yo totalmente desvelado.
Me tomé el vaso de un solo sorbo y busqué tranquilizarme. Un sueño, era simple casualidad. Pero dos, ya era preocupante. Otra vez mi hermanita repitiéndome que volviera por ella, que no la dejara en ese infierno que nos había tocado como hogar. ¿Y si la cosa había empeorado después de marcharme? ¿Si ese maldito patán había empezado a meterse con Priscila también?
— Basta, basta… El pasado quedó atrás hace catorce años — Me repetí varias veces en la soledad de mi hogar. El silencio se rompió cuando se oyeron unos disparos y gritos en las afueras. Cerré los ojos unos segundos y suspiré. Otro enfrentamiento de mi gente con algún visitante no esperado. Últimamente nos estaba costando un huevo mantener el barrio tranquilo y seguro para la gente que vivía en él. Ya habían pasado dos semanas de la última muerte de un colega, Jorge, por defender nuestra zona. —. Espero que esta vez no haya sido gente de Santos — pensé en voz alta, y luego los disparos cesaron. Ya me enteraría qué había pasado.
De un momento a otro, mi teléfono celular comenzó a sonar, anunciando un mensaje de texto. Fruncí el seño y fui por él, desconectándolo del cable que le cargaba la batería. El mensaje provenía de Sam el mudo, y después de tantos disparos, mis nervios se pusieron a la defensiva. ‘Necesito tu ayuda, tío’, decía. —. No me jodas… — Acababa de confirmar mi miedo. Respondí brevemente: ‘Te espero en la tarde’ El día arrancaba mal desde temprano, demasiado temprano.
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By Georg
Iba conduciendo a la velocidad que el asfalto mojado me lo permitía. La lluvia había cesado, pero el clima avecinaba una nueva tormenta prontamente. Hacía más de veinte minutos qué conducía por la carretera sin éxito alguno. La neblina me impedía un poco ver a distancia promedio, y yo no podía estar más desesperado. Cada segundo aumentaba más y más mi miedo de que algo verdaderamente malo le hubiera pasado a Thomas. Me temblaban las manos más de la cuenta y mis labios me debían estar odiando de tanto morderlos.
— ¡Tom! — grité instantáneamente cuando pude distinguir a lo lejos unas luces azules. Dos patrulleros estaban estacionados en la orilla de la calle. A medida que me acercaba, también reconocí un camión de carga detenido y mis pulsaciones se precipitaron. Yo aceleré hasta estar allí y frené, acaparando la atención de los oficiales. —. Buenas noches — saludé bajando de mi coche y estreché la mano de uno de ellos. —. Soy abogado. Georg Listing.
— ¿Qué hace por aquí a estas horas, licenciado? — preguntó con recelo.
— Tengo sospechas de que un amigo mío tuvo un accidente en esta ruta.
— ¿Abogado vidente? — No me causó ni la más mínima gracia su comentario inoportuno. —. En efecto, hubo un accidente.
— ¿Y qué pasó?
— Esa información es confidencial.
— ¡Por Dios, oficial! ¡Le digo que un amigo mío tuvo un accidente! Estábamos en medio de una conversación telefónica cuando oí una la bocina de ese camión y un gritó de mi compañero. Él también es abogado.
— Lo siento. No podemos decir nada — Luego, el policía me dio la espalda, dando por terminada la conversación. Desesperado ante la duda y la certeza, miré a donde uno de los oficiales miraba detenidamente y anotaba algo en su libreta. Era carretera abajo, donde los árboles tenían sus raíces, a unos cinco metros en bajada. En medio de la completa oscuridad, brillaba la pintura de un auto blanco.
La imagen me paralizó de pies a cabeza…
— ¡Es el auto de Tom! — grité desesperado, queriendo correr colina abajo. Dos oficiales me tomaron por los brazos y me gritaron que me calmara. Yo solamente podía llorar y gritar que me soltaran de una vez. —. ¡Thomas, Thomas! ¡Déjenme, es el auto de mi amigo!
— ¡Señor, cálmese o nos veremos obligado a detenerlo! — La mejor manera de ayudar a Thomas no era en una prisión, así que busqué retener mis emociones. Me soltaron cuando me vieron bajo control y siguieron con lo suyo. —. Le pido que vuelva a su hogar y nos deje trabajar.
— Se supone que ustedes ayudan a la gente — dije antes de darme la vuelta y buscar oxígeno. ¿Y si Thomas estaba ahí dentro? ¿Y si… estaba muerto? ¡Su auto estaba destruido, maldita sea!
— Licenciado… — Me llamó alguien a unos cuantos metros y alcé la mirada esperanzado. El conductor del camión lucía preocupado también, y me llamaba como en secreto. Me dirigí hacia él sin dudarlo.
— Sí, señor. Dígame.
— Yo sé lo que le ocurrió a su amigo — Abrí mis ojos como dos platos y lo tomé por los brazos.
— Le suplico que me cuente. Estoy desesperado — confesé con las lágrimas cayendo por mis ojos y sintiendo el sudor en mi sien.
— Su amigo venía a una velocidad muy alta, y ni siquiera vio las luces de mi camión. Toqué bocina y en un intento desesperado por esquivarme, calló de la carretera, chocando con uno de esos viejos robles.
— ¡Dios santo…! — Callé para no llamar la atención de la policía.
— ¡Imagínese mi situación! No traigo mi teléfono celular en estos días porque está averiado, y no podía ni llamar a la ambulancia. Bajé e intenté asistirlo, pero no me respondía — Mordí mi labio inferior y temí lo peor. —. Y de repente, como si de un milagro se tratase, una ambulancia llegó al lugar y se llevaron al muchacho.
— ¿Habla usted en serio? — cuestioné con un amague de sonrisa en mi cara.
— ¡Sí! — Sonrió, pero pronto borró esa sonrisa. —. Pero no sabría decirle cómo está su amigo, ya que los médicos se lo llevaron muy rápido, y parecía no reaccionar ante las reanimaciones que le hacían.
— Dios no quiera que… — Apreté los ojos y negué. —. Dígame una última cosa, señor…
— Lo que quiera.
— ¿Cuál es el hospital más cercano?
— A unos dos kilómetros, desviándose por el camino de camiones, de ahí serán unos cien metros derechos. Es el más cercano que conozco.
— ¡Mil gracias! Usted no sabe cuánto me ha ayudado — Sonrió negando y me retiré sin perder más tiempo. ¡Tom me necesitaba!
Me subí al carro llamando la atención de los policías y aceleré a todo lo que daba el motor.
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By Jörg
— Llegamos, señor — Anunció John apagando el motor del vehículo. Solté un suspiro y me observó preocupado. —. Disculpe el atrevimiento pero, ¿puedo preguntar si se siente bien?
— Estoy bien, John… Es el tema de mi hijo que me preocupa.
— ¿Georg contestó las llamadas? — Le había comentado que Georg era la única persona a la que le había comentado mi temor.
— No. Pero dejé de insistir cuando el guardia del salón me dijo que se había marchado con una mujer — Negué con la cabeza. —. Pensé que se preocuparía un poco, pero se ve que le dio igual.
— No se ponga así, señor. Piense que su hijo es grande, y que es un muchacho responsable.
— Lo sé. Si fuera sólo eso… — suspiré—, pero este presentimiento aquí en mi pecho es el que me tiene intranquilo.
— Le pido nuevamente que se calme y que ahora descanse, es tarde — Finalmente asentí y me resigné.
— Gracias por tu preocupación, John. Dile a Jimmy que, apenas llegue Thomas, me avise sin importar la hora.
— De acuerdo — Me bajé del vehículo y, deprimido, sin poder calmarme como todos me sugerían, entré a mi casa a intentar dormir, en vano.
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By Georg
— ¡Enfermera, enfermera! — llamé trotando hasta su altura.
— Pregunte en recepción — dijo sin dejarme pronunciar palabra alguna, con su peor cara de amargura.
— No, no. Estoy buscando a mi amigo, Thomas Trümper. Él…
— Pregunte en recepción.
— ¡Usted no entiende! — grité desesperado—. Tuvo un accidente en la ruta hace algunas horas, y lo trajeron aquí…
— Recepción — Y volviendo a caminar, me dio la espalda.
— ¡La puta madre! — exclamé dando un golpe al aire. Me desajusté la corbata y me quité el saco sintiéndome ahogado en mi propio cuerpo.
No sabía a quién preguntarle, ni a dónde entrar. En cualquier habitación podría estar Thomas. De hecho podía estar en otro piso del edificio. ¡Demonios!
Me dejé caer en una de las sillas de plástico del hall y enterré mi rostro en mis manos. Ignoré los ruidos a mí alrededor, las camillas, la gente también aguardando noticias de sus seres queridos. Estaba en la zona de terapia intensiva, suponiendo por cómo había quedado el auto, que el impacto fue duro y Thomas estaría bajo cuidados intensivos.
Sinceramente no tenía muchas esperanzas. Siquiera sabía si la ambulancia que lo recogió lo había traído a este hospital. No había certezas de ello.
— ¿Puedo ayudarlo, caballero? — La voz de una mujer gentil me sacó de mi propio infierno. Alcé la mirada y comprobé que era una enfermera. Una profesional joven y amable, de esas que todavía no perdían el amor por su trabajo.
— Sí — dije poniéndome de pie en seguida—. Estoy buscando a mi amigo. Él tuvo un accidente hace unas horas a dos kilómetros de aquí…
— Cálmese — dijo con ternura y delicadeza—. Dígame, ¿cómo se llama su compañero?
— Thomas Trümper — respondí con velocidad. Ella frunció los labios y pensó unos segundos.
— ¡Oh, sí! Ingresó hace algunas horas… Pero no se encuentra en este piso.
— ¿En dónde está?
— En el segundo piso, en emergencias. Están intentando reanimarlo, el diagnóstico es reservado.
— ¿Lo están reanimando? — Busqué aire para calmarme, pero fue en vano. —. ¿Se encuentra muy mal?
— No voy a mentirle; el choque fue muy fuerte y no sabremos si sobrevivirá hasta que no logren reanimarlo.
— Dios… — Volví a sentarme y ella suspiró.
— Lo siento… Prometo hacerme cargo de él yo misma. Lo mantendré informado — La observé con una sonrisa y asentí en agradecimiento. —. Él se encuentra en la habitación cuarenta y dos. ¿Por qué no le avisas a su familia?
— Sí. Eso haré. Gracias — Agudicé mi mirada en el distintivo que pendía de su ambo de enfermera. —, enfermera Suárez.
— De nada — Y sonriendo se retiró pasillo arriba.
Bien, al menos ya sabía dónde estaba Thomas, y que los médicos se estaban ocupando de él. Pero su estado era crítico… Si no reaccionaba a las reanimaciones, moriría. ¡Diablos!
Saqué mi teléfono celular y busqué el número de Jörg. Seguro estaba caminando por las paredes de los nervios. Y me daba miedo cómo podía caerle la noticia con sus problemas de salud.
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By Bill
— Buen día — Saludé a Susan entrando a la cocina. Ella estaba lavando unos platos cuando me oyó, secó sus manos y se giró con aspecto serio. —. ¿Pasó algo?
— Creo que tenemos que hablar.
— Claro. Dime — Comencé a preparar mi desayuno con un humor radiante. Pocas veces despertaba así.
— ¿Cómo es eso que te vas a casar con Andreas?
— ¿Te dijo papá? — pregunté recordando que ella ya se había ido para ese momento.
— No importa.
— No, sí que importa — contradije mezclando mi té—, porque se te nota molesta, y Jörg no estaba precisamente feliz. A veces las cosas varían de cómo se cuentan.
— Ese no es el punto. A lo que me refiero es que no es lo que tú quieres. ¿Por qué lo haces?
— ¿Y quién sabe lo que yo quiero? — Intentaba no perder la calma, pero ya se me estaba haciendo bastante difícil.
— ¡Por Dios, Bill! Casarse no es un trámite, o algo pasajero. ¡Vas a unir tu vida a la de Andreas para siempre! ¿Lo entiendes?
— Lo pillo — Dejé todo lo que estaba haciendo y me volteé en su dirección. —. Me voy a casar con Andreas. Sé muy bien el concepto de ‘matrimonio’. ¿Es demasiado pedir un poco de apoyo? No puede ser que las personas de afuera me feliciten y celebren este acontecimiento, y la mujer que me cuidó durante casi diez años, no lo haga — Pude notar que quería llorar. Jamás peleábamos, y cuando lo hacíamos siempre terminábamos muy mal anímicamente.
— ¿Cómo puedes hablarle así? — dijo la voz de mi padre. Lucía terrible… Con bolsas en sus ojos, su cabello alborotado, vestido con unos jeans y una camiseta vieja. Jamás lo había visto así. —. ¡Un poco más de respeto!
— ¡No me hables de respeto, Kaulitz! — Exploté. —. Justo tú, que no sabes respetar mis decisiones.
— Cuando veas lo equivocado que estás, ya será demasiado tarde.
— ¿De qué hablas ahora?
— ¿No te das cuenta? Cuando terminaste con Markett, tu actitud había dado un vuelco. Se te notaba vivo, con buenos ánimos. Llegaste a reconciliarte conmigo y con tu hermano. Pero ahora…, ahora tú eres egoísta, soberbio, distante.
— ¿Insinúas que Andreas tiene la culpa?
— No, en absoluto. Conozco a Andreas, y él es una excelente persona. Me refiero a que no es lo que tú quieres, ni necesitas.
— ¡Esto es el colmo! — exclamé y oí un sollozo de Susan —. ¡¿Cómo se puede ser tan cara dura?! ¡¿Tú me vas a decir lo que yo necesito?! — Reí estrepitosamente con sarcasmo. —. Nunca supiste nada de mí, ni de mis necesidades.
— ¿Eso piensas de mí? — Asentí con orgullo. —. Crees que sigo siendo el mismo padre ausente de antes… No crees que pueda cambiar.
— No, Jörg. La gente no cambia.
— Pues qué pena que pienses así, William…, porque yo sí creí que tú podías haber cambiado — Mi sonrisa de lado cargada de ego se fue borrando de a poco. —. Pero veo que tienes razón; la gente no cambia — Se dio media vuelta y salió de la cocina con lágrimas en sus ojos. Inmediatamente Susan lo siguió sin siquiera mirarme. Y me quedé solo, con un dolor en el pecho tan intenso que llegaba a quemarme.
— ¿Qué mierda es esta sensación?
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Bajé las escaleras ya cambiado. Me iría a comprar un poco de ropa al Centro Comercial para olvidarme de tanta mierda que me rodeaba.
Irrumpí en la sala, la cual estaba vacía. El televisor apagado, y ni rastro de mi padre o Susan. Creía que se habían marchado, pero el ruido de la puerta de la recámara de mi padre interrumpió el silencio. Después de eso lo vi aparecer cambiado, como si fuera al estudio, pero se notaba que lo había hecho a las apuradas. Susan bajaba las escaleras detrás de él, metiendo algo en su bolso con apuro. Ambos lucían asustados y desesperados. Yo no entendía qué pasaba.
— ¿Qué onda? — No me respondieron.
— Dile a John que prepare el coche, Su.
— En seguida — Y luego de eso, Susan salió por la puerta hacia el porche.
— ¿A dónde van?
— Al hospital, a las afueras de Berlín.
— ¿Por qué? — Iba a preguntar si se sentía mal, pero si así fuera, él tenía su propia clínica, con Fred como médico personal. —, no entiendo.
— Dime, William… En tu mundo, en donde sólo importas tú y tu bienestar — comenzó, cruzándose de brazos. —, ¿te preguntaste dónde está Thomas desde ayer a la medianoche?
— ¿Qué? ¿Cómo es que esto tiene que ver con Thomas? — Ok, ya me había enojado.
— Anoche, después del maravilloso anuncio de tu increíble boda, él se fue del salón. ¿Recuerdas?, te lo dije antes de que me hicieras el planteo de lo mal padre que era.
— ¡No puedo creerlo! ¡Todo tiene que ver con Thomas! — grité enfadado —. ¡Te importa una mierda cómo estoy yo! Siempre se trata de él… ¡Él se va de juerga toda la noche y tengo que sentirme culpable por ello!
— ¡Tu hermano tuvo un accidente en la ruta, desgraciado! — gritó en un exabrupto. Yo callé de inmediato, procesando lo que acababa de decir.
— ¿Qué?
— Sí, lo que oíste. Georg me acaba de enviar un mensaje de texto dándome la ubicación del hospital. Pero no creo que te interese, ya que no se trata ni de ti, ni de tu boda — Susan entró nuevamente a la casa.
— El coche está listo. ¿Vamos?
— Desde luego que sí. Mi hijo me necesita — dijo mirándome casi con odio. Yo me sentí desesperado… Thomas… ¡Por Dios, Thomas!
— ¡Yo voy con ustedes!
— Pues seguirás el auto con tu coche — cortó dándome la espalda mientras caminaba a la puerta—, porque no quiero viajar contigo.
La puerta se cerró y yo tardé dos segundos en reaccionar y salir corriendo tras ellos. ¡No podía creer mi cuota de egoísmo y soberbia! ¡Thomas había tenido un accidente y yo ni me enteraba! ¿Y si se encontraba mal?
— Mierda… Espero que esté bien — dije saliendo al porche y buscando con manos nerviosas las llaves de mi auto en los bolsillos de mis jeans —, o sino moriré de tristeza.
Continúa…
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