«Wünschen». Temporada III
Capítulo 1: Secuencia normal
-No… -me salí del ritmo y se escuchó el eco de la voz por todo el estudio -No sé como hacerlo.
Negué con la cabeza mientras no disimulaba para nada mi cara de culo y destapaba la botella de agua para beberla. Se oyó la guitarra errar unas notas y el bajo siguió el ritmo hasta que Tom decidió hablar.
-Tienes que hacerlo igual, estamos todos cansados pero hay que hacerlo.
Esto se ponía muy irritante.
Suponía que eran las tres de la madrugada, afuera llovía y aquí dentro el mal humor y desgaste físico se hacía notar, debíamos prepararnos para las pequeñas presentaciones que tendríamos después de Noviembre. Y sumado eso, la versión extendida del álbum, que anteriormente fue un exitoso EP.
Por lo tanto, la producción del álbum y el ensayo se mezclaban constantemente, estábamos en el estudio la mayor parte del tiempo, y para colmo, había estado con gripe y de a poco podía llegar a esas perfectas notas que me satisfacía tanto. Mis compañeros al principio se divertían, al igual que yo, más ahora se volvía repetitivo, cansador e irritante.
Al terminar de beber, moví mi cabeza de izquierda a derecha en un movimiento brusco, logrando que tronara la circulación o los huesos, y suspiré, rogando que esta vez pudiera salirnos bien. Mi voz ya estaba llegando a su límite por hoy, por ese motivo era que a veces no alcanzaba el objetivo y cagaba toda la grabación.
-Vamos con la nueva y la dejaremos ahí -habló Tom.
– ¿Automatic? -pregunté acomodando el micrófono y mirándolo a través del cristal. Él asintió y todos nos preparamos, una vez más, para concretar la canción.
-Muy bien, Bill. Solo no falles esta vez -susurré lejos del micrófono.
Esperamos el tiempo de la intro y comenzamos con la grabación general. La batería estaba en un estudio contiguo, el bajo y la guitarra se ubicaban en el estudio central, yo me encontraba en la cabina. Tom nos podía ver a todos desde su lugar. No estábamos en nuestro habitual estudio, sino en el del amigo de Tom, el tal Devon.
Muy poco sabía de él, había sido compañero de secundaria y también miembro de la banda a la cual Tom reemplazaba, donde ocupaba el lugar de Devon.
Mientras cantaba con lo que podía, sumergía mi concentración en momentos lindos, cualquiera que fuera, desde mi adolescencia hasta estos últimos días. Recordaba cuando el que era mi pareja en secundaria me había hecho un regalo por nuestro primer mes de relación, mi emoción era inmensa y me quise reír en ese instante. La verdad que me había olvidado de la primera persona con la que había estado, aunque mucha importancia no le había dado en aquel entonces.
Si era cierto que antes de esa persona, yo salía con chicas, y como todo adolescente curioso perdí la virginidad con una compañera de inglés a los dieciséis; no fue especial, y no lo recordaría por nada del mundo.
Me invadió una nostalgia terrible, y cerré los ojos para continuar con el estribillo de la canción.
-… Why do I keep loving you? – ya sentía la energía emerger, y al parecer todos estaban sintiendo eso, por lo que miré a mis compañeros y sonreían, se percibía que esta vez nos iba a salir bien.
Fijé en dirección a Tom y me observaba con toda su atención, me transmitió valor y confianza. Y ya no sentía la incomodidad en la garganta, todo fluía.
Le sonreí y mis manos se movían acorde a las frases, con el pie golpeaba el suelo y hacia gestos al cantar, por momentos fijaba a mis compañeros, las luces, los que se encontraban del otro lado. De pronto el cansancio se fue, el mal humor también, mi sonrisa seguía por más que estaba concentrado en el ritmo y la letra.
Al terminar la canción, nos quedamos en silencio, la voz de Devon nos alertó de que ya se había concluido la grabación, fue entonces que pude quitarme los cascos y suspiré agotado, mis compañeros chocaron manos y luego observaron en mi dirección, yo levanté el pulgar en buena señal, y salí de la cabina hacia donde se encontraba Tom y el resto.
-Creo que con esto ya se termina por hoy -dijo Tom mientras se rascaba la barba y giraba sobre su silla para observarnos, sus codos estaban apoyados sobre el posamanos, y sus dedos entrelazados. -Estuvo muy bien.
-Ese ajuste que le diste, Matt -Intervino Devon dirigiéndose al guitarrista -… Ése es el que se necesitaba, buen trabajo.
Fijé a Matt y él sonrió agradecido. El círculo permaneció unos minutos, ya que escuchamos la grabación, la coordinación y la afinidad era casi como un sueño; después de tantas fallas y ensayos, por fin se pudo lograr algo bueno.
Una vez que escuchamos lo que faltaba, que eran pequeños pero muy importantes detalles, nos pusimos en marcha para ir cada uno a descansar. Como siempre, Tom y yo éramos los últimos en abandonar el estudio.
Me senté en el sofá luego de despedirme de los chicos, Tom estaba mirando su laptop con Devon, así que por unos segundos me adentré en el móvil a husmear mi cuenta, solía hacer eso cuando no había otra cosa qué hacer. Hasta mi madre manejaba mejor las redes sociales que yo, era de no creerse.
Mis párpados pronto se sintieron pesados, y los cerré por unos segundos, más unas palmaditas en el hombro me interrumpieron, elevé la vista y Tom me observaba con algo de preocupación, mojé los labios y me reincorporé en el sofá.
-Vamos a casa -me dijo y extendió su mano, la tomé con suavidad y entrelazó nuestros dedos cuando logré estar de pie. Agarré el bolso y lo coloqué del otro lado.
-Vayan por la sombra -dijo Devon y se rió, el solía hacer bromas, siempre andaba de buen humor y era muy amigable. -Nos vemos el lunes.
– ¡Que tengas lindo fin de semana, Devon! -solté con una sonrisa, él me saludó con la mano mientras nos alejábamos.
Caminamos por el pasillo que conducía a un vestíbulo enorme. El estudio de Devon era en toda la planta baja, arriba era como un mono ambiente que usábamos para cenar o relajarnos de vez en cuando, pero Devon vivía en un apartamento cerca de su estudio.
Íbamos tranquilos de la mano, relajados y con un día más vivido. Realmente el mejor momento de la jornada era cuando podía disfrutar de Tom, en cualquier sentido. Con solo tomarnos de la mano me conformaba, ya que a diario terminábamos exhaustos, y teníamos de vez en cuando relaciones. Sin embargo, al momento de estar solos, y saber que no seríamos interrumpidos, lo vivíamos tanto como se podía.
– ¿Qué quieres cenar hoy? ¿Pizza? – preguntó Tom mientras nos dirigíamos a su vehículo. -Los de la esquina de casa están muy buenos.
-Creo que si veo otra porción de pizza voy a vomitar – me sujeté del estómago. Habíamos comido pizza desde hacía tres noches, y la verdad que ya me estaba sintiendo asqueado de tanto queso.
-Hmmmm… Bueno, ¿Y pasta? Hace mucho no como eso. -comenzó a retirar las llaves para poder ingresar al auto. -Creo que tenemos todo. Tallarines, salsa, no me acuerdo si compramos cebolla…
El gesto pensativo que hizo al soltarse de mi para que ingresara al coche fue tan lindo, que sonreí como idiota frente a él, luego le di un beso en la mejilla y abrí la puerta para ingresar.
Lo vi pasar frente al capo del auto y él se rascaba la barba aún luciendo su concentración por recordar. Sí teníamos lo necesario, hasta el queso parmesano y zanahoria, pero me tentaba su cara, tan preocupado por cocinar, eso era nuevo.
– ¿Habrá algún almacén abierto a esta hora? -dijo cerrando la puerta tras haber ingresado, yo no contuve la risa, realmente era gracioso ver sus cejas fruncidas y esa actitud poco usual, también era extraño que pensara en preparar la cena, ya que generalmente era yo quien lo hacía.
-No te preocupes -le di palmaditas en el hombro -Hay de todo en casa, así que comeremos pasta si es lo que quieres.
-No te rías de mi don culinario, ¿O ya te olvidas de la cena que te regalé la otra vez?
-Estaba un poco salado, parecía que querías salir corriendo cuando viste mi cara al probarlo. -hice una mueca -Pero estaba rico igual.
-Entonces cocinaré -me dio un beso en la mejilla y sonreí.
-Entonces llamaré a la ambulancia – le devolví el beso en la mejilla
Nos colocamos el cinturón de seguridad y él dio marcha hacia el apartamento. Íbamos callados, no era necesario una conversación ya que el cansancio nos gobernaba, la silenciosa compañía ya hacía bastante.
Dejé descansar mis manos sobre las rodillas y un instante después, unos dedos se entrelazaron con mi mano izquierda, fijé la acción y luego elevé la mirada para poder verle, él se mostraba sonriente con la vista clavada en el parabrisas. Presioné mis labios y mis mejillas se tensaron un poco, sintiendo su calidez y textura.
Había momentos en los que todo se salía de control, momentos en los que mi voz no hacia el esfuerzo suficiente o simplemente yo no podía hacer bien mi trabajo al cantar, y eso me frustraba muchísimo. Era entonces que él aparecía y alentaba con sus consejos de manager, y también productor; me encantaba que separara lo laboral con lo sentimental. Tom no me trataba de manera especial cuando se trataba de trabajo, para él yo era un compañero más del equipo, eso me gustaba.
Claramente, cuando estábamos solos nos tratábamos como la pareja recién formalizada que éramos. Y las discusiones no formaban parte de ese momento, no habría por qué discutir, solo hacíamos nuestro trabajo. Yo no le recrimina a nada cuando me decía que tal cosa hacía mal, ni él tampoco, para eso lo arreglábamos en el momento.
Era inmensa mi admiración hacía él, en todos los sentidos, realmente era otra persona cuando se encontraba en el estudio… Y era tan, pero tan atento y cuidadoso; era ese tipo de persona que iba directo pero siempre tenía una pizca de simpatía en sus palabras. Tan bromista, pensativo, trabajador y buen compañero.
Ahora me daba cuenta de lo importante que él era en mi vida, de lo que realmente era capaz por hacer cumplir sueños y deseos.
-Eres tan perfecto… -solté y él me vio de reojo.
– ¿Pensando en voz alta? -me preguntó y asentí, aún sostenía mi mano con firmeza. -Si yo diría en voz alta todo lo que pienso y quiero de ti… No terminaría nunca de hablar.
-Puedes tenerme, puedes decirme lo que quieras -postré toda mi atención en él, esperando a sus palabras.
-Ahora… -me dedicó unos segundos -Quiero besarte, y mucho.
– ¿Solo eso? -enarqué una ceja y aguanté una sonrisa pícara.
-También abrazarte, tocarte… Y no me pidas que siga porque frenaré el coche.
-Pero primero vamos a comer -le di las reglas -me estoy muriendo de hambre.
Él desvaneció su sonrisa, yo solo negué con la cabeza mientras atraje su mano y le besé los nudillos.
El recorrido se hizo corto, y pronto nos encontrábamos en el ascensor, me acerqué a él y lo abracé, él correspondió y me sujetó de la cintura. Extrañaba tenerlo tan de cerca, ahora ya no quería separarme.
– ¿Tienes planeado soltarme alguna vez? -me observó y yo sonreí, negué con la cabeza y obtuve un cálido beso en la frente.
Joder, que este hombre me provocaba dar y recibir tanta ternura.
Cuando entramos a su apartamento lo abandoné solo para que él fuera a la cocina, le pregunté si quería que le ayudara y me contestó que era mejor que me diera un baño ya que se notaba mi cansancio, le di un beso en la mejilla antes de ir a su cuarto para buscar mi ropa.
De tantas veces que me quedaba en su apartamento, ya tenía varias mudas de ropa dentro de los cajones de su armario. Nunca me puse a pensar en qué momento habíamos vuelto a convivir, y eso que él no me lo pidió oficialmente. De todas formas, él no se quejaba y hasta en ocasiones no quería que me fuera.
– ¿No sabes qué ponerte? – escuché su voz detrás de mí y dejé la playera en el cajón que estaba abierto, sentí sus manos en mi cintura y rápidamente me giré para tenerlo de frente. -Puedes andar desnudo, no me molesta.
-Tonto -lo abracé por el torso y hundí mi cabeza sobre su pecho, él me abrazó con fuerza y cerré los ojos. No sé si estaba soñando, si caí en un coma profundo, si lo estaba viviendo pero esta sensación era la más linda de todas.
-Ahhh… -suspiró hondo y abrí los ojos -No sé qué haré contigo.
– ¿Abrazarme y no soltarme nunca más? -me separé de él y nos miramos. – ¿Qué? ¿Dije algo malo?
Acercó su rostro al mío, juntó más nuestros cuerpos y sus labios chocaron los míos, sintiendo su textura, la calidez y lo hermosos que eran. Me sujetó de la cintura con fuerza, atrayéndome a él, yo enterré mis dedos en su cabello, desarmando un poco su rodete, manejando su cuerpo como si estuviéramos bailando.
Pronto me llevó a la pared y descendió sus labios al cuello, comenzó a restregar su cuerpo contra el mío y abrí los ojos, acomodando la cabeza mientras él besaba mi piel, mojé los labios y disfruté de la lengua que recorría la misma. Me reí ante el gracioso sonido y volvió a besarme con ansias, bajó su cuerpo para poder sostenerme con sus manos, haciendo que saltara y lo rodeara con las piernas.
– ¿Seguro que no quieres comer? -me preguntó y le di una mirada.
– ¿Puedo comerte? -besé su mejilla y el asintió. Cuando estaba por volver a besarle, sonó el teléfono de casa.
Tom me bajó con cuidado, suspiré viendo como se dirigía al living para atender la llamada, me acomodé la ropa y continué buscando algo cómodo. Al final opté por una de sus sudaderas, agarré unos boxers y me adentré al baño; podía escuchar la voz de Tom, estaba muy animado y luego caí en la cuenta de que estaba hablando con Devon.
Shiro ya no formaba parte del staff, él tenía mucho trabajo con respecto a Andrew, así que decidió seguir con su carrera pero seguíamos siendo buenos amigos. Devon era su reemplazo y sus ideas eran bastante claras, iba a la par de Tom y eran un buen dúo, realmente admiraba la forma en la que trabajaban, se entendían y coordinaban tanto.
Tardé un rato, pero salí a tiempo para ayudar a Tom con la cena. Los fideos ya estaban en el colador, y me quedé parado frente al umbral, observando como él mezclaba la salsa, se sentía un rico aroma.
Era imposible de creer el hecho de que ambos estuviéramos juntos, preparando la cena, conviviendo, trabajando juntos en un sueño que apenas comenzaba. Mi entusiasmo era inmenso, las ganas de seguir con esto siempre eran altas, y eso era gracias a que tenía el apoyo de las personas que quería, Tom era el primero en la lista.
Sin pensarlo, tomé mi teléfono e hice una foto, salió él de espaldas, sosteniendo la cuchara, tenía un trapo en el hombro y su rodete estaba desarreglado por el momento que tuvimos en su habitación. Me reí bajito y guardé el móvil, esa foto irá directo al álbum.
– ¿Ya falta poco? ¿Quieres que vaya poniendo los platos? -me acerqué y él se giró, asintió y comencé a poner todo sobre la mesa.
La cena fue en silencio, ya que de verdad teníamos hambre, y terminamos llenándonos con dos platos cada uno, luego dejamos todo en el fregadero y fuimos a acostarnos, él se fue a dar un baño mientras que yo miraba vídeos de caídas graciosas y me mandaba carcajadas. Todo era una situación normal, la típica pareja enamorada, y quería que esto siguiera así; aunque por momentos había días en los que preferimos llegar a casa y dormir, no hablar de nada, solo acostarse y descansar, también estaban esos otros días en los que el romanticismo y el buen humor nos dominaba.
Dejé el móvil en la mesita de luz y aproveché para estirar mi cuerpo, Tom entraba secándose el cabello, no tenía remera, solo andaba en ropa interior gris como si nada. No entendía todavía como era que en invierno durmiera ligero de ropa, yo necesitaba de sus sudaderas porque andaba cagado de frío por las noches.
– ¿Era Devon el que llamó? -abrí las sabanas y el cobertor para que pudiera meterse sin problemas. Se cubrió hasta la cintura ya que se quedó sentado.
-Me dijo que de camino a casa encontró unos cachorros, y que no son de raza callejera -estaba serio y le observé con atención. -Y no tiene lugar para todos, así que me pidió que le ayudara a difundir para adoptarlos, aunque ya planeamos llevarlos al veterinario para ver si están sanos.
Tragué saliva, cuando se trataba de animales me ponía muy sensible. Seguramente a Tom también le afectaba, ya que tenía perros en Frankfurt.
– ¿Puedo ir contigo? -le abracé por la cintura y él me acarició el cabello. -Tal vez los de la veterinaria pueden ayudarles.
-Espero, podía escuchar sus ladridos de fondo, sonaban asustados.
Pensando en eso nos dormimos, como siempre abrazados, era como si no quisiéramos que nos separaran o que nos despertaran del sueño.
Al día siguiente, nos levantamos temprano, era sábado y las veterinarias solían estar abiertas solo por la mañana, así que primero desayunamos, nos cambiamos y fuimos para la casa de Devon. En el camino íbamos escuchando la radio, las bandas emergentes ya se daban a conocer de manera mundial, y gracias al festival emergente, ahora harían una segunda edición antes de las fiestas.
Andrew era un triunfador, su carrera ascendía bastante y Mika le apoyaba muchísimo, tanto éxito en poco tiempo le llevó a tomarse unas vacaciones obligadas, por lo que se llevó a la pequeña a recorrer el mundo durante un mes. Mika solía enviarme fotos de su viaje; ellos se merecían el uno al otro.
-Oh, olvidé mencionarte. Se cambió la fecha de la entrevista para el lunes -me dijo y le miré -así que podremos terminar el álbum a tiempo.
Con el reciente éxito del EP despechado, toda Alemania quería saber sobre nosotros, por lo que solíamos tener muchas entrevistas y sesiones de fotos. La sesión oficial para la versión extendida ya estaba hecha, solo nos quedaban las canciones, y esperaba poder terminar con eso en estos días, ya que nos habían dado un plazo y teníamos que arrancar con las pequeñas presentaciones.
Pensando en estas cosas llegamos rápido al apartamento, bajé primero y fui a tocar el timbre, tardó unos segundos y lo primero que escuché cuando descolgó fueron ladridos, me dijo que subiera ya que no podía bajarlos. Nos abrió la puerta, que era magnética, e ingresamos. Una vez que llegamos a su apartamento él abrió la puerta y unos cachorros nos vinieron a saludar.
-Les puse cintitas de diversos colores para diferenciarlos -le miramos y estaba ojeroso -siendo sincero, no dormí una mierda.
-A mi también me alegra verte, Devon -dijo divertido Tom y entramos, los perritos parecían ser de raza bulldog o algo así.
Me enternecí enseguida, iban ladrando y algunos se caían ya que corrían y se tropezaban con sus patitas traseras, eran como cinco. Estaban algo delgados y me detuve al ver a uno de ellos; caminaba lento y no chillaba como los demás, pero lo que más me sorprendía, era que sus oscuritos ojos me observaban. Me puse de cuclillas mientras Tom pasaba detrás de mí y hablaba con Devon, el cachorro se me acercó lento y se sentó.
-Hola pequeño -dije y quise tocarlo, pero fue en ese momento que se cayó para un costado y lo sujeté con ambas manos, cargándolo como si fuera un bebé – ¿Qué tienes?
Su pancita subía y bajaba constantemente, su cuerpo estaba caliente y no dejaba de mirarme. Pronto me di cuenta de que tal vez estaba enfermo y me alarmé, caminé con él en brazos hasta donde se encontraba Tom, Devon estaba alzando los papeles del periódico que estaban por el suelo.
-Este cachorro está enfermo -Tom se puso de pie -debemos llevarlos ahora.
Devon asintió, yo cargué al pequeño, porque en sí era el más chiquito de todos los cachorros, y ellos se encargaron de los otros cuatro. En el trayecto, iba cubriendo al cachorro con una manta que Devon me dio, ya que temblaba de frío y por momentos lloraba, eso comenzaba a preocuparme.
Al llegar, tuvimos la suerte de que no había pacientes, así que ingresamos directo y el veterinario se puso a revisar a los cachorros, mientras tanto con Tom hablábamos con una jovencita que resultaba ser participante activa de un refugio para perros, y le dijimos sobre los cachorros, más mi preocupación caía sobre el más pequeño.
-Ya regreso -le dije a Tom y él asintió.
Fui al consultorio, los cachorros estaban descansando en unas canastas de mimbre y el pequeño estaba siendo revisado, las expresiones del veterinario me advirtieron de algo malo.
-Este pequeño necesita ser enviado a la clínica, su condición no es favorable -observé al cachorro y sentí pena. -sus latidos y la respiración no son normales, puede que sea una dificultad que tuvo al nacer.
– ¿Cuánto tiempo cree que tienen? -pregunté.
-Como máximo un mes y medio.
Quise encargarme del pequeño por mi cuenta, gracias al cielo los demás gozaban de buena salud y Devon quiso quedarse con uno, los otros tres se lo dejamos a la jovencita.
– ¿Podrías llevarme a la clínica veterinaria del centro? -le pedí a Devon. Aceptó y con Tom nos subimos a la parte de atrás, el cachorro parecía estar durmiendo, pero hacia ruidos extraños al respirar.
Era un bonito perro, de pelaje blanco y manchas marrones, tenía más pancita que cabeza, estaba acurrucado entre mis brazos y yo no quería soltarlo, lo veía tan frágil y me daba mucha pena, y hasta ganas de llorar. ¿Cómo alguien era capaz de abandonarlos así? ¿Y su madre, cómo estaría ella?
-Se parece a Pumba -habló Tom y le miré de reojo con una sonrisa. Era cierto, se asemejaba a mi oso de felpa, le toqué suavemente la oreja y susurré.
-… Pumba…
Continúa…
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