«Wünschen». Temporada III

Capítulo 11: De visita

–Y…corten. Muy bien, es todo por hoy –dijo el director. Miré el dije una vez más y luego suspiré, finalizando el con primer día de rodaje de nuestro vídeo.

El vídeo consistía en dos partes, la primera era sobre unas personas que, mediante un dije que apareció en sus vidas, intentan encontrarse, se buscan mediante las señales que se les presentan, ya habían pasado por una decepción amorosa y tienen esperanza de volver a encontrar el amor, cuando eso ocurre, tienen su momento; y la segunda parte es la de nosotros tocando arriba de un escenario, claro que hay una relación entre esas dos personas y la banda y es que se encuentran en uno de nuestros shows. Sí, era bastante romántico, sencillo y cliché pero estaba bonito, además el mensaje supongo que era muy claro. Y al final, se concluía con que yo tenía un dije y miro para adelante encontrándome con el responsable de la otra parte.

– ¿Puedo quedarme con esto? –señalé el dije. Consistía en una pluma negra, que tenía la mitad de una blanca, pero el mismo estaba partido deforma vertical, o sea que le faltaba la otra parte, y al unirlas, sería algo así como el símbolo de yin y el yang. – ¡Es muy bonito!

– ¿Seguro tomaron mi mejor perfil? –comentó Matt poniéndose a mi lado.

–Bueno, no es necesario buscarte un buen ángulo –dije mirándole. –De todas formas te llevas a todas las chicas.

–Soy el guitarrista, es ley de vida –dijo con una sonrisa y luego bebió de su botella de agua.

Veíamos movimiento por el lugar, eché un vistazo a Tom, él también miraba el dije. Claro, era parte del vídeo, al Director se le ocurrió meterlo para el final, y no tuvo ningún drama ya que la toma era de espalda. Vi que se acercó al director y empezaron a hablar, yo le entregué el micrófono al asistente y bajé del escenario de un salto, encendieron todas las luces y ahora sí había una iluminación perfecta del lugar.

El director se nos acercó a todos después, nos felicitó y nos hizo ver algunas escenas, todo era tal como lo había dicho e incluso mejor, en un par de días nos teníamos que juntar para grabar otra escena final.

Era tarde, estábamos cansados, estuvimos grabando todo el día y en la mañana habíamos hecho una sesión de radio matutina, y la noche anterior habíamos tocado; realmente estábamos exhaustos, me dolía la espalda y mis ojos estaban a punto de cerrarse en cualquier momento.

Nos alistamos para ir al nuevo hotel, se sentía extraño ir de habitación en habitación, de ciudad a ciudad, no podía acostumbrarme todavía. Estábamos en Frankfurt, mis suegros vinieron anoche a vernos y Tom les había prometido que iríamos mañana a su casa a visitar a los niños, y pasar un rato con la familia.

Entre nosotros la situación era algo distante, pero ante todos aparentábamos llevarnos bien. Bueno, no era que no quería pedirle disculpas, sí me había pasado con lo que le dije pero era lo que yo pensaba y la verdad. En este momento Tom estaba más pegado a Devon que a mí, y yo no podía armar escándalo frente a tanta gente.

– ¿Estás listo? –me preguntó Matt, yo asentí y nos encaminamos junto con el resto de los chicos para trasladarnos al hotel. Esta vez me subí en el bus con los chicos, ni siquiera le había avisado a Tom, él estaba hablando con el resto del equipo y no iba a interrumpir y que sintiera la mirada de cierta persona gozando de lo lindo.

Me senté en ese cómodo futón que había y esperé a que los demás se acomodaran, una vez que todos estuvieron arriba el bus arrancó. Vi que Matt se acercó con una lata de cerveza, beber una no me iba a hacer mal.

– ¿Aún están peleados? –me preguntó mientras se sentaba a mi lado, yo me puse erguido y le di un sorbo, después asentí con la cabeza. – ¿No piensas hablarle?

–Nos hablamos pero no tratamos el tema –me rasqué la nuca. Matt sabía que nos habíamos peleado pero no el motivo, no me preguntó y tampoco se lo iba a decir, no lo creía correcto. –Y mañana iremos a ver a sus padres.

–Mierda, estás jodido –dijo haciendo una mueca y me reí. –Bueno, con mi ex nos llevábamos pésimo, teníamos nuestros desacuerdos pero lo arreglábamos con buen sexo. No es una mala opción.

–Ni todo el sexo que tengamos va a lidiar con el problema –bebí de la lata. –Esta vez creo que me fui a la mierda.

–Entonces tú deberías arreglarlo –fruncí el ceño. –Yo siempre era el que la cagaba, y siempre trataba de resolver el problema. Quitemos lo del sexo, yo en verdad me exponía ante mi ex, descubrí que hablando la gente se entiende, nada de recurrir a la violencia. Hm, no, eso no arregla nada.

– ¿Y por qué terminó siendo tu ex?

–En primer lugar me engañaba –no parecía afectarle mucho –y en segundo porque no estaba tan enamorado como pensaba. Sino… ni estaría aquí hablando contigo.

–Qué extremista –le di un puñetazo en el hombro y él se rió. Bebimos y charlamos hasta llegar al hotel. Me propuso ir a su habitación, ya que el resto de la banda también iría y beberían unas cuantas cervezas y comerían pizza. Supongo que necesitaba algo de eso, despejarme un poco de esas largas noches en las que dormía con Tom, pero nos dábamos la espalda.

Al bajarnos del bus, vi que Tom se acercó a nosotros, mientras ellos decían barbaridades y se hacían bromas.

–Más vale que se vayan a dormir –habló mirándoles divertido.

–Sólo serán unas botellas y ya –dijo el bajista. Pronto todos se le unieron y él se rió, siguieron su camino, yo iba detrás de ellos junto con Matt pero su voz me detuvo, inspiré y me di la vuelta para verle.

–¿Qué pasa? –pregunté casi en voz baja, le miré por unos segundos y luego vi el dije en su cuello.

–He comprado los dijes, así que puedes quedártelo. –Señaló mi cuello, cierto, no me lo había quitado, se me olvidó.

–Ahh, gracias –con los dedos lo estiré hasta poder verlo un poco, el suyo y el mío, al juntarlo, parecían mantener un equilibrio entre lo bueno y lo malo. –Iré en un rato a dormir, estaré con los chicos. Si quieres venir…

–No, ve tú –se sobó la nuca –Yo tengo que arreglar unas cosas con Devon.

Y ahí iba de nuevo. Tragué saliva y asentí sin decir nada, retomé la caminata y menos mal que Matt me esperaba en el vestíbulo, estaba tan mareado con esto de los hoteles que apenas podía acordarme de los nombres de los mismos.

–Deberías aprovechar cada oportunidad que tengan a solas –me dijo mientras caminábamos al ascensor.

–Cuando sea el momento –contesté y nos giramos, pude ver como Tom nos miraba, estaba en el vestíbulo y el resto del equipo entraba también. Eché un suspiro y pude observarlo hasta que las puertas se cerraron.

¿Y cuando ese momento llegara, ¿Qué le iba a decir? ¿Qué lo lamentaba nuevamente? ¿Y por qué yo debía disculparse? ¿Acaso él no tenía un poco de culpa también? Sí, me pasé al decirle aquello pero nadie iba a quitármelo de encima hasta que pudiera encontrar pruebas de que era verdad. Tampoco sabía cómo iba a obtenerlas, y mientras no pensara en estupideces cuando los veía juntos, mi mente iba a estar al menos quieta por unos instantes.

Al llegar al piso fuimos a la habitación de Matt, tenía dos camas como el resto de las habitaciones de los demás pero nadie dormía con él porque conocíamos su reputación; era mujeriego. Por lo menos disfrutaba la vida a su manera, mientras no nos metiera en líos. Ya habían encargado la pizza y en el minibar ya estaban las cervezas enfriándose, encendieron la televisión y pusieron algo de música para entrar en ambiente. Yo dejé el bolso en la silla y me fui a sentar a una de las camas.

Todo se fue al carajo en cuanto se acabaron las pizzas y la mitad de las cervezas en el minibar; cantaban, se reían, gritaban desde el balcón, nos tomábamos fotografías. Fue un total caos, mi estómago dolía de tantas carcajadas, nos contamos tantas anécdotas y supieron cómo conocí a Tom, pero claro que no entré en detalles, solo lo necesario. Con más razón Matt insistía en que debía hablar con mi novio y estar bien otra vez.

Estábamos por tercera vez en el balcón, algunos fumaban y seguían bebiendo, con Matt estábamos inclinados mirando la calle.

–Esa Tessa… ¿Seguirá disponible? –preguntó y me eché una carcajada.

–Ya estaba esperando a que dijeras algo sobre eso –dije entre risas.

–Escuché sus canciones, y está muy buena –negué con la cabeza. –Si en algún momento la veo necesito hablar con ella.

– ¿Tan necesitado estás? –nos miramos y él hizo un gesto con las manos. Bebimos tranquilos, hablando de la vida y cantando, yo no estaba ebrio pero suponía que si iba por una lata más ya estaría en el piso.

Estuvimos todos sentados en el suelo en el balcón, el viento de otoño nos daba con todo lo que podía pero todos estaban tan ebrios que ni se daban cuenta. Nos tomamos una última foto antes de empezar a irnos uno por uno, suponía que ya eran como las tres de la mañana. Matt y yo nos quedamos solos y aprovechamos para disfrutar del silencio mientras veía como él se terminaba la lata que yo no quería beber, porque no quería caerme apenas me levantara.

–Creo que ya debería irme –dije mientras apoyaba ambas manos para poder levantar el trasero, pero en el intento volví a caerme y me mandé una carcajada de lo estúpido que pudo haberse visto.

–Definitivamente estás mareado –dijo dejando la lata, él se levantó como si no estuviera ebrio pero se tambaleó al ponerse derecho, me tendió la mano y me tiró para sí, logrando que me pusiera de pie. No estaba ebrio, solo que la última lata no estaba fría y eso debió haberme pegado más rápido.

Entramos a la habitación y fui a por mi bolso, revisé el celular por si Tom me había enviado un mensaje o algo y no tenía nada. Supongo que estaba muy ocupado.

–Te voy acompañar a tu habitación, solo por prevención –habló Matt mientras sacaba otra lata, ¿Cómo mierda podía estar de pie cuando bebió más que todos?

–Estoy bien –me dirigí a la puerta pero pasé de largo y no alcancé a abrirla. – ¿O no?

Nos miramos y nos mandamos una carcajada terrible. Abrí la puerta y él vino atrás, caminamos por el pasillo tranquilos, tratando de no hacer ruido ya que los demás estaban durmiendo. No sé por qué mierda nos reíamos pero no podíamos parar. El trayecto se había hecho eterno pero habíamos llegado a mi habitación, creo.

Abrí la puerta para verificar que fuera la mía después de introducir la llave, aunque también tenía la tarjeta pero de las dos formas se podía abrir. Me asomé y vi a Tom dormido con la luz del velador encendida, entonces abrí la puerta del todo y me giré a ver a Matt.

–Bueno, no me equivoqué –sonreí. –No vayas a embarazar a nadie mañana.

–Si lo hago, por favor sé el primero en matarme –dijo divertido abrió cubrí noches –le dije a modo de saludo y él lo hizo con un gesto militar que me causó gracia. – ¿Vas a poder regresar a tu habitación así?

– ¿Quieres ver? –me desafió. Se dio la vuelta y lo vi caminar de forma graciosa, hasta que no llegó a su habitación no entré y cuando abrió la puerta, me saludó nuevamente y yo negué con la cabeza. Entré y volteé a ver a Tom que se encontraba de costado. Estaba despierto, mirándome, me detuve y dejé de sonreír e hice una mueca.

–Lo siento, ¿Te desperté? –caminé hasta dejar el bolso. No esperé a que me contestara y busqué ropa cómoda para luego meterme al baño y darme una ducha.

Se me pasó el mareo luego de estar diez minutos bajo el agua, me cambié despacio y luego me dirigí a la cama, la luz del velador seguía encendida y no sabía si Tom estaba despierto o no ya que todavía me daba la espalda. Suspiré y me metí a la cama, lo peor iba a ser que en unas horas tendríamos que ir a ver a sus padres, y si mínimo no nos tratábamos bien se iban a dar cuenta, y ya conocía a su padre, era capaz de regañarle frente a mí.

Me cubrí con todas las frazadas ya que de repente me hizo frío, le di la espalda y me quedé mirando un punto, pensando en sí seguía enojado conmigo. La luz del velador se apagó y supuse que se hacia el dormido cuando llegué, y que probablemente no había dormido en toda la noche.

Me sentía mal.

Me acurruqué como pude. ¿Quién de los dos tenía que pedir disculpas? Como siempre, suponía que era yo, yo era el idiota que se imaginaba cosas, que se ponía celoso hasta reventar, y ahora debía tragarme todo porque no sabía cómo lidiar. ¿Acaso esto iba a ser así siempre? ¿O solo hasta que pudiera mostrar mi verdad? ¿O hasta que Devon concrete lo suyo? Porque a mí nadie me podía asegurar de que estaba equivocado con mis suposiciones, solo él y quién más lo sabía.

– ¿Estás bien? ¿No estás ebrio? –oí. Me sentí peor, él luchaba contra eso y ahora yo estaba bajo esos efectos del alcohol. Sin embargo, no pensaba eso cuando estaba con mis amigos, quiero decir, tenía tantas cosas en la cabeza que necesitaba algo para despejarme.

–Estoy bien –contesté sin darme la vuelta, suspiré hondo –… solo estoy cansado.

Hubo un silencio, yo observaba a un costado con la esperanza de encontrar su mano en mi hombro pero eso no sucedió. ¿Tan orgullosos éramos?

–Y…¿Qué hicieron? –su tono derrochaba curiosidad absoluta, moví la cabeza para poder verle y me daba la espalda. Joder, así no se podía vivir.

–Pasar el rato con los chicos –miré la mesita de luz, el reloj marcaba las cuatro. –Animarnos un poco.

–Hmm, ya veo.

Por favor, Tom, date la vuelta y abrázame. Prometo portarme bien.

–Si…–quería alargar la conversación pero no sabía cómo. Piensa Bill, siempre se te ocurrían ideas tontas y ahora no te salía nada. Tragué saliva, abrí la boca para decir algo pero él me interrumpió.

–Descansa, mañana nos iremos temprano. –y con eso sentí que se movió, suponía que para encontrar una mejor postura. No escuché más su voz y sentí algo en la garganta.

Con el silencio, mis pensamientos alocados y la fuerza de voluntad logré dormirme.

No sé si fue la alarma o mi cerebro reiniciándose que emitía un sonido terrible, pero me levanté sobándome la frente, apenas podía reconocer el entorno y entrecerré los ojos debido a la luz solar que entraba por la ventana. Mierda, ¿Tanta potencia tenía? Me froté los ojos y miré a un costado, Tom no estaba y miré el reloj, sí, efectivamente me había jodido el sueño. Era temprano, tenía sueño y quise acostarme pero otra vez la alarma sonó.

– ¡Ya, ya estoy despierto! –grité y apagué la alarma, caí de espalda y mis rastas me obstruyeron la vista, eché un suspiro y miré el techo.

Conté hasta tres y decidí levantarme, tenía que prepararme para ir a lo de los padres de Tom. Entre la rutina de bañarme, vestirme y maquillarme para ocultar lo demacrado no me llevó mucho tiempo. Una vez listo bajé al restaurante del hotel, allí vi a algunos del equipo y a tres de la banda, faltaba Matt, seguramente seguía durmiendo. Me acerqué a ellos.

–Buen día chicos, ¿Pudieron descansar anoche? –les di una mirada y me senté junto a ellos, no tenían buena pinta, estaban reventados.

–En este momento estoy odiando todo ruido existente –dijo el bajista mientras revolvía su vaso, no sé qué mierda era eso pero parecía un batido de frutas o algo así.

Todos estaban crudos, parecían estar sufriendo, no me quería imaginar cómo debía estar Matt. Pedí un café cargado y con unos bocadillos, hasta que apareciera solo me limitaba a ver la resaca de mis compañeros, me causaba mucha gracia, me aguantaba una carcajada al ver sus rostros. Lo que darían por unas fotos en ese estado.

Me giré para buscar a Tom, porque si no estaba en la habitación ni en el baño, entonces a lo mejor estaba aquí desayunando. Inspeccionando el lugar me encontré con mesas, risas y más mesas blancas; detuve la vista en una que estaba apartada de todo, contrala pared, y sin que nadie los molestara estaban los mejores amigos. No sé qué demonios miraban en, lo que suponía yo, era una tablet, y se reían, y desayunaban juntos. Y yo no estaba aquí antes para impedirlo.

La absolutamente me cambió, ya de pronto la resaca ni existía, ni el cansancio, ni los buenos días. Nada. ¡Agggh! Odiaba estar celoso, en este momento maldigo el día en que me volví un completo celoso.

Con una cara de culo acepté el desayuno, menos mal que mis compañeros no decían ni mu, solo estaban sumidos en sus infusiones para curarla resaca y se limitaban en jadear por el dolor de cabeza.

Y así, la mañana se pasó en tratar de terminar el café, pero por más duro que pareciera no podía evitar verlos a cada tanto, estaban en su mundo, era como ver una burbuja que evitaba que traspasara lo negativo, en este caso mis celos. ¿Qué no se daba cuenta de que yo los estaba viendo? Claro, ¿Cómo se iba a dar cuenta? Si ese pendejo lo tenía hipnotizado con quién sabe qué mierda.

Saqué mi teléfono y empecé a mandarme mensajes con Andy, que extrañamente estaba despierto a esta hora tan temprano. No hablamos del asunto pero él enseguida se había dado cuenta de que algo pasaba, así que lo único que me dijo fue que al volver le contara absolutamente todo, y cómo no hacerlo, si era mi mejor amigo. Lo extrañaba demasiado, ¿Quién hubiera dicho que ahora estábamos separados, pero haciendo lo que más nos gustaba? Bueno, aunque lo de cantar lo veía como una opción lejana, ni siquiera sabía lo que quería en mi vida, estaba tan sumergido en complacer a los demás que no pensaba en lo que yo deseaba.

Hasta que conocí a Tom y sus formas de hacerme ver el mundo. Él me enseñó un lado bonito del amor, gracias a él aprendí a querer de forma honesta, a decir no, a quejarme, a llorar de verdad.

Despacio volví a girar la vista y solo estaba Devon, que miraba su celular. Dirigí nuevamente la vista al mío con una expresión desganada; Tom era el único que podía hacerme pasar de un extremo a otro en cuestión de segundos, sabía que eso era algo malo, pero también era algo nuevo.

─ ¿Ya estás listo? ─escuché y di un salto en la silla, miré a un costado y me encontré con Tom inclinado sobre la mesa mirándome. Me sujeté del pecho del susto, de verdad que no lo había notado. ─ ¿Estás bien?

Asentí sin decir algo, aún mantenía mi expresión desganada. No podía cambiarla, no sé si quería llorar o qué mierda, ¿Por qué era tan maricón? Se puso erguido y me miró desde arriba, le dio un vistazo a mis compañeros que estaban muertos en vida, como yo en este momento pero por otras circunstancias.

─Iré a por mi mochila, ¿Vienes? ─me preguntó en un tono neutral, le quedé mirando en silencio, contemplándolo. Se dio cuenta y enarcó una ceja. ─…Bill.

─Ah, sí, ya voy ─le dije, se dio la vuelta y empezó a caminar. Terminé de tomar mi café rápido y le seguí, antes decidí echarle un vistazo a la mesa de Devon, en cuanto lo hice, él me observaba. Segundos después desaparecimos del restaurante.

No dijimos ni una palabra en lo que subíamos a nuestra habitación, cuando llegamos solo tomamos nuestras pertenencias y bajamos nuevamente. Este día todos lo teníamos libres, así que los chicos al menos podrían dormir y componerse de la resaca, en ese sentido Tom no hacía berrinche mientras se emborracharan en las habitaciones y no hicieran algún disparate, pero estos apenas podían ponerse de pie, así que iban a estar sumisos por un buen rato.

Salimos apurados, no queríamos toparnos con nadie y menos mal que la entrada estaba desierta. Era demasiado temprano para andar a los gritos. Nos metimos a su coche, nos pusimos los cinturones y él dio marcha a la casa del suegro. Empecé a sentirme nervioso, más porque esta vez conocería a mis pequeños cuñados, no había tenido oportunidad de verlos en el cumpleaños de Tom ya que solo vinieron sus padres. Y tampoco había podido ir a sus cumpleaños, y todo por el asunto que ya a esta altura suponía que el mundo entero lo sabía.

Les había comprado unos obsequios a los pequeños, iba a mimarlos tanto como fuera posible; debía muchos regalos.

Me recosté contra la ventana, pronto la pesadez se acumuló en mis párpados, y bajo la dulce melodía de las canciones de la radio, logré dormitar durante el trayecto. No me sentía incómodo con este silencio, bueno, no era un silencio del todo pero se entendía. Tom no hablaba ni cantaba, y yo solo cerraba y abría los ojos para mirar por la ventana, nada más.

Esto se iba a poner difícil cuando estemos frente a su padre, quiero decir, no era que había una enorme distancia para hablarnos, sino que por aquel inconveniente había algo que nos hacía ponernos duros como rocas y ser algo toscos. Sin embargo, si Tom me hablaba bien, yo le contestaría de la misma forma; era como olvidar el pasado por un rato, pero ambos sabíamos que había otra charla pendiente. Aunque, no sabía si era una charla, o simplemente unas disculpas de mi parte.

En una de esas que miraba por la ventana, caí en la cuenta de que ya estábamos por llegar. Los suburbios aquí eran muy bonitos y por cada casa tenía un espacio demasiado enorme, con jardines bellísimos y cada uno decorado a su estilo. Reconocí la casa, ahora estaba de colores claros, y el perímetro estaba con doble cerca, suponía que por los niños. Pude ver que había juguetes y autos que funcionaban a batería estancados en el césped.

Tom estacionó el vehículo frente a la puerta del garage. Apagó el motor y tomé mi bolso, decidí salir y oí el sonido natural de la tranquilidad de vivir en los suburbios, me recordaba mucho a cuando vivía en Leipzig con mi madre de pequeño.

Di la vuelta por adelante del vehículo y justo vi salir a Sara con una sonrisa, se dirigía a Tom. Estaba bellísima, tenía el cabello largo y se veía como toda una madre, con esa aura tan maternal y lleno de ternura. Lo abrazó e intercambiaron palabras, yo me acerqué lentamente.

─ ¡Dios mío! ¡Al fin estás de regreso! ─dijo viéndome con emoción, se tiró encima y me abrazó. Yo me reí y correspondí el gesto. ─Mira lo lindo que estás, ¡No has cambiado en nada!

─Me alegro mucho de volver a verte, Sara ─le dije cuando nos miramos. Ella me sonrió y unas risas divertidas se oyeron desde adentro de la casa.

La puerta se abrió, escuchaba esos gritos pero no eran de sufrimiento, sino de diversión. Mi suegro sostenía a ambos niños con sus brazos, los tenía colgados de los hombros y ellos pataleaban mientras se reían.

─ ¡Jörg! ¡Baja a los niños, acaban de comer dulces! ─le regañó Sara mientras se acercaba a él para bajar a los pequeños.

Los bajó y fue directo a saludar a su hijo, los pequeños se pusieron detrás de su madre, la niña me quedó mirando con curiosidad, había timidez en sus expresiones, ya no se reían. Los saludé con la mano, y se escondieron detrás de su madre, Sara se rió. Los dos eran igual a Tom de pequeño, más su hermanito.

─ ¿Qué pasa, niños? ─le dijo Sara con ternura. ─No le tengan miedo, es su tío Bill.

Le miré y decidí ponerme de cuclillas, deslicé mi bolso para darles sus regalos. Los saqué y ellos me observaban curiosos.

─Hola Nicolás, traje esto para ti. ─le enseñé el muñeco de felpa de superheroe ─Se llama Nicolas, como tú, ¡Y es muuuy fuerte!

El pequeño salió detrás de su madre al ver al muñeco, tenía en su pequeña remera su nombre. Los había pedido ayer que salimos con los chicos, no podía no darles un regalo. Se acercó a paso rápido y sujetó el muñeco, le dio una mirada, inspeccionándolo; él tenía una capa roja al igual que el muñeco. Me miró, y sin decir nada me abrazó, me sorprendí y observé a Sara. Se apartó de mi y ahora su hermana ya me miraba con más confianza.

Saqué una muñeca, una princesa, que tenía su nombre, Valerie. Apenas vio el color rosa ya se acercó, se lo extendí y lo sujetó. Lo abrazó contra su pecho y sonrió, luego se acercó y me dio un beso en la mejilla.

─Creo que ya los compraste con eso ─habló mi suegro, lo observé y me puse de pie. ─Y a mi también. ¡Tanto tiempo sin verte!

Me abrazó con fuerza y me sorprendí. Jörg era una buena persona, pero cuando se trataba de trabajo era la persona más seria del mundo. Estaba nervioso por unos instantes pero la calidez de esta familia fue trayéndome tranquilidad poco a poco. Nos invitaron a entrar, ya los niños me tenían confianza, la pequeña me tomó de la mano y el pequeño Nicolás fue a los brazos de Tom y lo cargó.

Al entrar, ese aire familiar me envolvió y me sentí un niño nuevamente. No sé porqué aquí siempre me sentía como en mi antigua casa, cuando mamá y yo teníamos tiempos de paz y papá no nos atormentaba.

─ ¿Desayunaron? Sara está preparando un buen desayuno ─dijo Jörg una vez que nos acomodamos en el sofá, los niños se fueron corriendo con sus nuevos muñecos.

─Aquí no existe la dieta ─habló Sara con gracia ─Así que los llenaremos hasta reventar.

Dejé mis cosas en el sofá y nos invitaron a pasar al comedor, todo estaba re decorado, y tenía ese ambiente hogareño, familiar, tan cálido como la última vez que había estado aquí. Sara me llevó a rastras a la cocina, emocionada por volverme a ver, claro que yo también lo estaba. Me enseñó fotos de los mellizos que tenía en el pasillo que conducía a la cocina, y nos morimos de ternura, eran muy bonitos y los dos coincidimos en que se parecían a Tom de pequeño. Eran muy monos y tan cachetones como él.

─ ¿Y? ¿Cómo va tu nueva vida de… Cantante? ─le puso cierto misterio a la última palabra y me miró con una sonrisa. Se acercó a la mesa, el café ya estaba listo y empezó a sacar tazas de la alacena.

─Pues muy lindo, es algo nuevo ─hice una pausa ─, agotador por un lado aunque no lo parezca, y por otro lado es hermoso; me divierte muchísimo.

─ ¿Y cómo se porta Tom? ─me dio una mirada, yo sonreí algo nervioso. ─Si te hace algo, tú solo dímelo que yo le voy a tirar de las orejas.

─No, no hace falta ─dije tras una risa ─Es un buen mánager, al menos los dos sabemos separar lo laboral de una relación afectiva. Por ahora todo fluye bastante bien, nos estresamos pero al llegar a casa nos reconforta pasar tiempo con nuestro bebé.

─Sii…Tom me dijo que tenían un cachorro, ¿Cómo es que se llama? ─preguntó con curiosidad.

─Pumba, es un gordito hermoso ─dije enternecido, en este momento me daba cuenta de que lo extrañaba tanto. Saqué mi celular y le enseñé fotos, nos distraíamos un rato mirando vídeos y fotos de Pumbi, ella se encariñó y dijo que se llevarían bien con los perros de Tom, ya que ellos jugaban con los niños y los cuidaban como si fueran sus propios cachorros.

La ayudé a llevar las cosas, fuimos y venimos dos veces, Tom me ayudó cuando traía las cuatro tazas y los bocadillos, le agradecí y nos sentamos juntos. Los pequeños se sentaron en sus sillitas, cada uno al lado de sus padres, tenían su propio desayuno; puré de manzana y sus tacitas con bombillas.

La mañana pronto se me había cambiado, me la pasé hablando con Sara, Jörg a veces me preguntaba cosas de la discográfica y que cómo me había ido en las sesiones y todo ese asunto. Agradecía internamente que yo no me comportara extraño por estar al lado de Tom, ni que él actuara indiferente conmigo. Yo no quería que nos preguntaran si nos sucedía algo, eso era un tema que debíamos hablarlo pero no creía que éste lugar era el indicado para hacerlo.

─Anoche realmente brillaste ─comentó mi suegra con una sonrisa inmensa, me sonrojé, aún no estaba acostumbrado a esos halagos, no sabía qué decir. ─Realmente parecías una Diva en el escenario.

Me reí fuerte. Yo en el escenario estaba nervioso, mis manos a veces temblaban y temía por mandarme un moco, pero gracias a que tenía una buena compañía en el escenario, más el aliento del público podía seguir adelante. Aún aprendía, aún me faltaba mucho por saber y en cada concierto, en cada ciudad, en cada entrevista y hotel iba adquiriendo un poco más de experiencia.

─Bueno, no creo que sea para tanto ─dije luego de sorber mi taza.

─No seas modesto, hijo ─habló Jörg, tenía un semblante orgulloso. ─De verdad quedé totalmente sorprendido. Si sigues así… quién sabe, podrás llegar hasta Latinoamérica, y ahí dicen que los fans son muy apasionados y locos.

─No asustes al pobre chico ─Miré a Sara, le daba de comer a la pequeña Valerie.

─Lo digo por experiencia ─Dijo con seguridad. ─Tom también lo sabe, ¿Verdad, Tom? ¿Te acuerdas cuando fuiste a Latinoamérica?

─ ¿Eh?─le di una mirada y me estaba viendo, corrió la vista a su padre y él le miró confundido. ─Ah, sí. Sí, fue una locura, pero fue muy divertido.

No sé si estaba distraído o era que no podía disimular la discusión que habíamos tenido. Vamos Tom, lo que menos quería era tener que presenciar que tu padre te regañara. Él desayunó rápido y dijo que iría a ver a sus perros, nadie notó nada extraño por el momento y eso me alivió un poco. Luego Jörg se fue tras él y yo rogué al cielo que no abriera la boca. No era que me incomodaba o avergonzara el que supieran que no estábamos bien, sino que yo pensaba en Tom, y conociendo como era su padre, porque me contó cuando casi lo tiró por la ventana cuando nos separamos, esperaba que no lo intentara de nuevo esta vez por un pequeño asuntito.

Pasó otro rato hasta que Sara fue con los niños a darles un baño, le dije que yo levantaría todo de la mesa para que no tuviera problemas. Mientras yo terminaba de lavar las tazas y eso, me asomé por la ventana que daba al patio trasero, podía ver a Tom con su padre hablando, y los perros jugando con una pelota que él le lanzaba. Estaban a las carcajadas, y al menos me hizo saber que no le estaba regañando, sonreí admirando esa imagen de padre e hijo.

Pronto me invadió una nostalgia, me remontó a esos días en los que me costaba socializar con Gordon, no sé porqué tenía miedo de él al principio, suponía que por el daño que mi desgraciado padre le hacia a mamá. Pero, poco a poco, y con toda su paciencia empecé a tomarle más confianza, y lo que terminó por convencerme fue esa charla que habíamos tenido cuando cumplí trece. Él me había dicho que me veía como si fuera su propio hijo, y que podía contar con él, que amaba mucho a mi madre y que jamás la lastimaría, y que si algún día lograba hacerlo, él se entregaría para que yo lo moliera a golpes personalmente.

Mi madre había tenido varios pretendientes pero nadie me había caído tan bien como Gordon, y allí nuestra relación ya no era forzada, todo fluía entre nosotros. Gracias a Gordon pude recuperar esa relación paterna que creí jamás obtener.

Cuando terminé decidí ir a llamar a mi madre para ver cómo estaba, pero mi camino fue obstruido por Jörg.

─ ¿Sara está bañando a los niños? ─me preguntó y yo asentí. ─Bueno, entonces creo que nos toca preparar el almuerzo.

─ ¡Oh, me encantaría! ─dejé el trapo que estaba usando para limpiar la mesada, por un momento me sentí en la taberna, fue hermoso. ─De paso podría poner a prueba mi dotes culinarios.

─Bill cocina muy bien ─Tom entró a la cocina y se apoyó en el umbral, no sé qué estaba comiendo pero sus mejillas estaban infladas, su padre le dio un vistazo. ─Puedes pedirle cualquier cosa y lo hace.

─Ya lo noté ─le dio un golpe a modo de broma en el vientre a su hijo y él se quejó. ─Estás haciendo bien, Bill. Lo estás engordando, la última vez que vino aquí parecía un costal de huesos.

─Papá ─sentenció. Comprendí entonces, tal vez, de qué última vez estaba hablando.

Dejando eso de lado nos pusimos a cocinar entre los tres, aunque mi suegro era más de preguntar porque estaba perdido. Fue gracioso, de todas formas con Tom quedamos en preparar pasta porque era algo más sencillo, además necesitábamos un plato caliente para combatir este otoño con vientos demasiado fríos.

Dejamos a Jörg a cargo de la salsa, solo tenía para unos minutos. Con Tom nos fuimos al comedor para poner los platos y demás, él fue colocando los vasos y me habló.

─Después de almorzar mi padre se irá con Sara y los niños a una fiesta de cumpleaños ─le miré con atención mientras dejaba los cubiertos a un lado de los platos. ─Nos invitó pero quiero que vengas conmigo a un lugar.

─Está bien ─dije sin pensar ni un segundo ─Ah…Iré a ver a tu padre.

Él asintió y yo me fui a la cocina, ayudé a traer los fideos colados y mi suegro traía la salsa. En ese momento escuchamos risas de los pequeños, y nos sentamos nuevamente en la mesa para almorzar.

Continúa…

Gracias por la visita. Los invitamos a continuar con la lectura.

por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

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