N/A: continuación del capítulo anterior «De visita»

«Wünschen». Temporada III
Capítulo 12: Cuando estamos solos
─ ¿Seguro que estarán bien? ─preguntó Sara mientras se daba vuelta para vernos, estábamos en la puerta de su casa.
─Mi amor, ellos ya son grandes, saben cuidarse solos ─Jörg le dio un beso en la mejilla y ella sonrió. Los niños iban correteando por el jardín.
─Vayan tranquilos, no les quemaré la casa ─dijo a modo de broma Tom. Nos despedimos y vimos como los niños iban tomados de las manos junto a sus padres.
Me quedé viéndoles por un instante hasta que los vi desaparecer tras unos arbustos que había en el patio del vecino. Tom entró y yo hice lo mismo unos segundos después, cerré la puerta y caminé al living para, ahora sí, llamar a mi madre. Busqué el teléfono en el bolso y tenía un mensaje de ella, con gran impaciencia lo leí y se trataba de una foto de Pumba y unas palabras suyas.
«Estamos bien, la abuela me da muchos mimos»
Me reí como idiota, mi bebé estaba panza arriba mirando a la cámara y con una croqueta en su boca. Era tan hermoso, y lo extrañaba muchísimo.
─Bill, nos iremos en unos minutos, ponte suéter que hace frío. ─Dijo Tom asomándose, le miré y asentí. Antes le respondí a mi madre y luego empecé a buscar algún sueter, saqué todo del bolso, el estuche de maquillaje, el pañuelo, un pantalón cómodo, pero no estaba mi suéter favorito.
─Mierda. ─mascullé, guardé todo nuevamente y fui a buscar a Tom. Solo traía una camisa y la chaqueta pero no me abrigaba tanto. ─ ¡Tom!
─ ¿¡Queee!? ─gritó desde arriba, suspiré y decidí subir las escaleras, ya cuando estaba en el piso fui a su habitación. Empujé la puerta y lo encontré parado frente a la cama colocándose una chaqueta de cuero.
─ ¿Y eso? ─pregunté ignorando todo el abismo que había entre nosotros. Era una de esas chaquetas famosas, las que utilizaban las estrellas de rock hacía algunos años; bueno, ahora también estaban de moda pero ésta se notaba que era de aquel entonces.
─Es increíble que todavía me quede ─dijo mirándose. ─ ¿Qué sucede?
─Es que no traje sueter, me olvidé ─no me movía de mi lugar, Tom me dijo que podía tomar algún buzo suyo del armario.
Caminé y busqué alguno, todos eran demasiado enormes, pero entre tanta búsqueda logré tomar uno negro que era como dos talles menos que los que tenía. Me lo puse, aún me quedaba algo grande pero al menos no era un vestido como los demás. De todas formas igual iba a ponerme la chaqueta. Me dijo que le esperara afuera y fui a buscar el pañuelo al living.
Una vez que ya estaba listo decidí salir, hacía frío, los árboles ya tenían esa franja anaranjada y las hojas se mecían con el viento, las arrastraban por el suelo emitiendo el sonido típico del otoño. Me crucé de brazos, esperando a Tom, no sé porque tardaba tanto y tampoco sabía a dónde íbamos a ir. Todo era un misterio, y un poco de curiosidad tenía.
Oí algo y me giré, la puerta del garage se desplazaba hacia arriba y me acerqué a ver, Tom estaba ahí y supuse que ya estábamos por partir, me acerqué a su coche pero él me detuvo.
─ ¿Qué haces? ─preguntó cuando intenté abrir la puerta y tenía el seguro, le miré confuso.
─Pues abriendo la puerta, ¿Por qué?
─No…─serió y se golpeó la cabeza con la palma de la mano. ─No iremos en coche.
Me enseñó desde adentro un casco rojo con una franja blanca en el centro, pero eran de esos clásicos, al estilo vintage. No entendía una mierda, realmente estaba desconcertado.
─Vamos a ir en motocicleta. Ven, sostén los cascos así puedo sacarla rápido.
Caminé con prisa, sostuve el casco, él se puso el suyo que era del mismo estilo, solo que era negro y con franja blanca también. Al llevarla a la vereda, cerró la puerta del garage y lo mismo hizo con la de casa, yo me quedé mirando la motocicleta. Era linda, y muy grande, me entró el pánico.
─ ¿Qué pasa? ¿Tienes miedo? ─dijo al ponerse a mi lado, sostenía el casco sobre el pecho y él me lo arrebató con suavidad. ─Yo no te dejaré subir si no te lo pones.
─Nunca me subí a uno ─hablé mientras veía como ponía el casco sobre mi cabeza, mis rastas eran finitas así que no hubo problemas al depositarlo en mi cabeza. Me colocó el seguro y me quedó mirando.
─No te creo ─apoyó ambas manos en mis hombros.
─Bueno ─pensé unos segundos ─Sí me subí a uno pero eran de esos sencillos, éste me da miedo.
Me sonrió y se alejó para subirse. Al verlo sobre esa bestia me pareció estar en una de esas novelas románticas y me causó mucha gracia. Sostuvo el peso de la motocicleta con sus pies y se giró para verme.
─ ¿No te vas a subir? ─me preguntó, tragué saliva y asentí. Caminé con algo de miedo, rodeé por atrás la moto y cuestioné como demonios debía subirme. Al hacerlo, no sabía de donde agarrarme, si de atrás, de adelante o de mi alma para no morir cuando esto arrancara.
─Por favor, no vayas rápido. ─le pedí mientras escuchaba como el motor, giró su rostro para verme, y vi que se ponía unas gafas oscuras. No pude evitar sonreír por eso.
─Nunca me digas qué hacer cuando estoy encima de mi moto.
─Al menos te acuerdas de cómo manejarla, ¿verdad? ─mi curiosidad se asomó.
─Bueno, si tanto dudas de mí, lo mejor será que te aferres a algo. ─Miré para todas partes, el motor aún seguía rugiendo y eso me ponía nervioso, observé la espalda de Tom, dudando empecé a abrazarlo por debajo de su chaqueta hasta aferrar mis manos a su abdomen. ─Hiciste bien.
Escuchaba el acelerador y apoyé mi cabeza sobre su espalda. Puta que nunca había tenido tanta adrenalina recorriendo mi cuerpo, empezó con unos arrancones que me hizo chillar, pero el desgraciado se mandaba carcajadas. No podía reclamarle, estaba más temiendo por mi vida que pensando en regañarle.
Instantes después decidió abandonar la casa, sentí la adrenalina bajar cuando iba a una velocidad normal. Separé mi cabeza de su espalda y comencé a observar lo que nos rodeaba. El viento nos daba en el rostro pero bajo su buzo no sentía frío, por lo menos no se había olvidado de cómo manejar.
Y no sabía a dónde íbamos, Tom había tomado el camino opuesto al centro de Frankfurt, así que supuse que nos adentraríamos más a los suburbios. Veía las casas, los jardines, poca gente transitaba y se sentía una tranquilidad indescriptible.
No era tan malo después de todo, el miedo empezó de ver lo enorme que era, pero Tom iba a una velocidad que no asustaba. O tal vez lo hacia por mi propio bien. Pronto vi que las casas eran más distantes entre sí, y que cada tanto había prados y campos.
Era increíble lo que el otoño podía hacer, las nubes grises y blancas lograban resaltar el anaranjado de las hojas. Ya le tenía más confianza y no apretujaba tanto a Tom como al principio, cada tanto me asomaba por su hombro para poder ver adelante, algunos autos pasaban por nuestro lado, en dirección a los suburbios. Era una sensación muy agradable, ver como podíamos avanzar en una carretera casi desierta, como sintiéndonos libres.
─ ¿Estás bien? ─preguntó Tom en voz alta.
─ ¡Estoy perfecto! ─dije emocionado. Ya le había perdido el miedo.
No me importó cuánto duró el trayecto, me gustaba sentir este tipo de libertad con Tom. Tal vez cuando no tengamos qué hacer, le pediré que me lleve lejos de todo el mundo solo para sentir que no nos importaba nada, solo andar en dos ruedas.
Dobló por un sendero y nos adentramos por un camino de árboles. Parecía un bosque, y pronto unas cabañas se pudieron apreciar, pero al parecer no estaban habitadas, todo eso transmitía algún tipo de nostalgia. Tom siguió manejando hasta salir por un sendero asfaltado, y a un costado se veía el comienzo de un lago. Del otro lado se podían ver más árboles y cabañas. A la orilla del lago había un camino de adoquines en lo extenso del mismo y a cada distancia unas bancas de madera.
Comenzó a descender la velocidad y frenó cerca de una banca, me pidió que bajara, con cuidado lo hice. Me quité el casco y revolví las rastas, le observé y se veía muy bien con esas gafas. Se sacó el casco una vez que apagó el motor y vi como su cabello estaba despeinado, deshizo el rodete y lo volvió a hacer con rapidez. Retiró las llaves y jugó con ellas en el aire, luego volteó a verme aún con las gafas.
─ ¿Qué se supone que haremos? ─le pregunté. Bien Bill, solías cagar los momentos con preguntas pretenciosas.
─Por ahora… ─Se bajó de la motocicleta y guardó sus gafas. Le hubiera pedido que se las quedara pero no sé porqué no se lo dije. ─solo caminaremos.
─Pero… ¿Vas a dejar la moto sola? ─le miré con duda, él sonrió.
─ ¿Ves a alguien más a parte de nosotros? ─con expresión divertida señaló lo que nos rodeaba, di un vistazo. Era cierto, no había nadie. ─Anda, no podrán ir lejos sin la llave.
Amarró los dos cascos al asiento con una soga elástica. Luego me hizo una seña con la cabeza y empezamos a caminar, mi vista fue directamente al lago, se veía bonito reflejando las copas anaranjadas de los árboles. Todo era calma, sin bullicio de la ciudad, sin personas gritando. Sin el caos a la que estábamos acostumbrados a atravesar día a día.
El sendero de adoquines seguía, se perdía entre más bancas y árboles; todo parecía un bonito sueño.
─Este lugar solía ser el más concurrido años atrás ─comenzó a hablar luego de caminar unos cuantos metros. ─Venía todo el mundo a pasar el verano, ¿Ves del otro lado las cabañas y los pequeños muelles?
Fijé para donde señalaba y asentí.
─Solíamos venir con los chicos, mi padre rentaba una cabaña solo para nosotros durante el verano, este lugar desbordaba de gente ─miré su expresión y su sonrisa era inmensa, seguramente se perdía entre los recuerdos y le daban felicidad o también nostalgia. ─… Da pena ahora, las tradiciones pronto empezaron a desaparecer y poca gente viene a vacacionar aquí.
Mientras él hablaba podía imaginar a esa gente en verano, refrescándose en el lago, tomando sol en la orilla, disfrutando de la sombra bajo el porche de las cabañas, riendo, siendo felices. En verdad que daba pena el lugar ahora, lucía abandonado, aunque podría estar así hasta la época de primavera, en la que seguramente pondría todo tan bonito para que ese pequeño porcentaje pueda revivir esos encuentros lindos.
─ ¿Tu padre te dejaba venir aquí solo con los chicos? ─pregunté mientras seguíamos caminando.
─Bueno, supongo que era la única forma de llenar el deseo soñado de «Pasar las vacaciones con tu padre» ─suspiró ─En ese momento teníamos como trece años, y él ya estaba en los últimos años de su carrera musical, lo cual fueron los mejores años según él. No quería dejarme solo, de todas formas en esa cabaña nos las arreglábamos, Georg era el más grande de los tres así que ponía cierto orden de vez en cuando.
─Y… ¿Reira? ─Al decir eso se detuvo y miró el lago, yo hice lo mismo.
─Su madre ni loca dejaba que estuviera todo el verano con un par de críos, no éramos tan cercanos como los años siguientes pero ella siempre se aferraba a nuestro grupo, no era de llevarse bien con las chicas. El verano anterior a su muerte fue la primera vez que vino aquí… No lo sé con certeza, pero ese jodido verano fue el mejor de todos.
Lo contaba con tanta seguridad, siempre iba a estar en mi esa piedra loca, a punto de arrojársela a la cabeza con la intención de saber si todavía seguía sintiendo algo por ella. No lo culpaba, era su primer amor y eso no se podía olvidar jamás; los bonitos recuerdos perduraban, los sentimientos ya no podrían ser los mismos pero era inevitable no abordar a esas imágenes en la que te transmitían una felicidad jamás experimentada, y esa era la sensación de tener al primer amor.
Llegamos a una banca y nos sentamos en silencio, miré hacia adelante y una brisa fresca nos abrigó.
─Ninguno de nosotros volvió aquí cuando ella se fue ─Dijo instantes después. Le observé con atención, tragó saliva y bajó la vista por unos segundos. ─, no tenía el valor suficiente para regresar. Fue… el peor momento de mi existencia, solo tenía dieciocho, no tenía nada de experiencia sobre un dolor tan grande. Mi padre no estaba, el único consuelo fue ese par de idiotas pero ni así habían podido ayudarme.
La nariz me picaba y sentía algo cálido inundarse en mis ojos. Arrastré mi cuerpo hasta quedar pegado a Tom, deslicé por debajo de su mano la mía y entrelacé nuestros dedos, él ejerció cierta presión entendiendo mi mensaje, me dio una mirada y sonrió un poco. Me incliné y él hizo lo mismo hasta que nuestras frentes hicieron contacto, ambos cerramos los ojos y permanecimos callados.
En mi pecho contenía la angustia, podía imaginarme ese dolor, la impotencia y la soledad acechando. Me hubiera encantado haber estado en ese momento para él como apoyo, como amigo; trataría de minimizar el daño, de llevarle calma en medio de la tormenta.
─…Ahora soy fuerte ─oí, la presión en el pecho me estaba por hacer llorar ─ gracias a un tonto.
Sentí sus labios en mi frente y me sentí en la gloria, luego abrí los ojos y apoyé mi cabeza sobre su hombro, él apoyó la suya sobre la mía. Nos quedamos mirando el lado, contemplando la calma, el viento, el reflejo de los árboles en el agua, con nuestras manos entrelazadas, con los recuerdos bonitos.
─Siempre pienso que podría haberte ayudado si hubiera estado en ese momento. Si pudiera volver el tiempo atrás…
─Pero estás conmigo ahora ─Al decir eso, alzó la unión de nuestras manos y besó el dorso de la mía repetidas veces ─Y me ayudaste más de lo que te imaginas. Me ayudaste a volver a confiar en alguien, a perder la cabeza por la locura, a enamorarme perdidamente de un ser tan hermoso como tú. Desde que te conocí es como si hubiera vuelto a nacer.
─Creo que tú me ayudaste más ─dije al vernos a los ojos. ─Nunca había amado tanto a alguien, jamás, ni en mis sueños.
Se rió, me gustaba verlo así, tan cerca, sonriendo solo para mí.
─En serio, eres… todo lo que alguna vez he soñado.
Volvió a darme un beso en la frente, luego le dije que si quería recostarse, apoyó su cabeza en mi regazo y empecé a acariciarle la mejilla mientras le miraba, su cuerpo estaba extendido por la banca con una pierna flexionada, sus manos descansaban sobre su pecho.
─ ¿Sabes? Aún sigo envidiando a tu profesor ─habló mientras nos mirábamos y mostré desconcierto ─Fue el primero del que te enamoraste.
─Ahh…─me reí y mis manos se pasearon por su cabello ─Solo era un crío, estaba confundido. Tú eres el primero.
─ ¿De verdad? ─sus ojos destellaron brillo y eso me causó entre gracia y ternura.
─Bueno, con él aprendí a… Intentar enamorarme ─hice una pausa ─Y gracias a él estoy contigo. ¿Recuerdas cuando no estábamos juntos? Fui a ver a mi madre y me lo encontré en el tren. Me hizo ver la realidad, y fue esa misma que reforzó mis sentimientos hacia ti.
─Eso nunca me lo habías contado ─frunció el ceño.
─No lo había recordado hasta ahora ─fui sincero. Nos quedamos así por un rato largo, no medíamos el tiempo, solo disfrutábamos de este momento al estar solos. Contemplé a Tom con los ojos cerrados en lo que duró el instante, era tan hermoso y todo mío.
─Deja de mirarme ─habló aún sin abrir los ojos y sonrió.
─No puedo, eres tan lindo ─dije embobado. Y de pronto vino a mi cabeza la conversación con Matt, tal vez debería aprovechar este momento a solas. ─… Sobre lo de Devon, quiero disculparme…
─No hablemos sobre eso, es asunto olvidado.
Unos estruendos interrumpieron la armonía en la que estábamos sumergidos, fijé el cielo y las nubes blancas estaban ensalzadas con las grises; en cualquier momento se largaría a llover. Tom dijo que era mejor regresar y yo estuve de acuerdo, nos pusimos de pie, abrazados caminamos por el mismo sendero, mirando por última vez el lago y su preciosidad. Sujeté con mi mano la suya que descansaba en mi hombro, entrelacé nuestros dedos y así recorrimos el trayecto de regreso a su motocicleta.
─Podríamos volver aquí en verano o cuando no estemos tan ocupados ─le propuse─ disfrutar un rato, relajarnos.
─Pumba se volvería loco aquí ─me miró ─tendría todo un bosque para recorrer, le encantará.
Cuando llegamos a la moto empezó lloviznar, con Tom nos apresuramos, nos pusimos los cascos, nos subimos y arrancó sin más. Me abracé contra su cintura y pegué mi cabeza contra su espalda, la brisa era cada vez más fría y la llovizna era muy densa. Inspiré hondo y disfrute de esta cercanía con Tom, ahora no me importaba si aceleraba, o si nos quedábamos en medio de la carretera, estar así con él hacia que lo demás no me importara por un instante.
¿Por qué cuando estábamos solos no había dudas en mi cabeza? Solo pensaba en nosotros, nada me atormentaba. ¿Acaso era la confianza que le tenía? Eso era obvio, en él si confiaba, mis dudas se postraban en otra persona.
Sin que se lo pidiera aceleró y sentí la adrenalina recorrer por mis venas, me asomé por su hombro para poder mirar adelante y el vértigo me sacudía el estómago. Apretujé más su cintura pero sin lastimarlo, ambos observábamos el camino. Nuestra suerte no pudo haber sido mejor al notar que no había ningún vehículo circulando en el regreso a casa, y sentí el camino más corto debido a que había acelerado.
Entrando a los suburbios redujo la velocidad e iba a una considerada, estábamos empapados, y la llovizna se convirtió en un chaparrón tremendo, por lo que Tom tuvo que avanzar con cuidado. Al llegar a su casa, me bajé en la vereda y me tendió las llaves, la lluvia ya era parte de nosotros y riéndome como un idiota me dirigí a la casa mientras él hacia entrar la moto al garage. Abrí la puerta y rápido fui a su habitación, los perros estaban esperándonos adentro.
Subí las escaleras y escuché los pasos de Tom, estaba mojando todo, Sara nos iba a asesinar. Me metí al cuarto y me desabroché la campera, dejé el casco sobre la mesita de luz, instantes después vi a Tom entrar, nos miramos y nos empezamos a reír.
─Nos van a matar ─dijo mientras se quitaba la chaqueta. ─Seguro no vendrán hasta que la lluvia pare.
Me senté en su cama, él estaba de espaldas a la puerta cerrada, exhalé el aire y nos quedamos mirando, escuchando la lluvia caer, los estruendos. Estábamos empapados pero aún así no nos deshacíamos de la ropa mojada.
Enarqué la ceja cuando nos habíamos tardado tanto en reaccionar, y sin decirme nada él se acercó y yo adiviné lo que seguiría. Atrapó mis labios, sujetando mi rostro, nos besamos de forma intensa y mientras eso ocurría yo me puse de pie, aferrando mis manos a su camiseta. Lo conduje hasta que su espalda chocara contra la puerta e hiciera un sonido estúpido, su lengua y la mía se rozaban con tal pasión que pronto empezaba a sentir calor en las mejillas, y en otras partes del cuerpo también.
Abandonó mis labios al comprender que mis manos alocadas tironeaban de su prenda, lo deslicé hacia arriba y lo arrojé a un costado, otra vez volvió a besarme con intensidad y me volví loco. No podía pensar, cuando sus labios tocaban los míos todo se me ponía blanco, se distorsionaba mi mente. El calor interno ya iba llegando a cada parte de mi cuerpo y los latidos eran acelerados debido a eso, la excitación llegaba poco a poco y aumentó cuando él bajó sus labios para besar mi cuello, cerré los ojos disfrutando y empecé a retroceder para no sé donde.
Mi camino se desvió cuando pisé algo que creí era un calzado, y mi espalda chocó contra la pared, su entrepierna rozó contra la mía a propósito y alteró mi sistema. Ahora fue mi turno de quitarme el buzo que me estaba asfixiando. Me lo quitó y luego hizo lo mismo con mi camisa, respiramos agitados, con nuestros labios hinchados.
Con su pulgar comenzó a acariciar mis labios y me hacía cosquillas pero era una linda sensación. Nos miramos, aguardando silencio, sintiendo como mi corazón me azotaba la garganta, como el calor inundaba mi cuerpo, como sus ojos brillaban al ver los míos.
Y entregándonos a la pasión del momento, nos amamos bajo la lluvia… bajo nuestro deseo.
Continúa…
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