«Wünschen». Temporada III

Capítulo 15: Lo que él no sabe

Bajé de mi vehículo y miré el letrero de la tienda de ropa de mi mejor amigo, las rejas ya estaban colocadas y adentro no había nadie a excepción de él y los maniquís vestidos. Me vio y me hizo señas de que pasara, la puerta estaba abierta e ingresé sin apuro, lo saludé con un abrazo y luego nos sonreímos.

— ¿Qué tal la gira? —me preguntó depositando un brazo sobre mi hombro. —Me imagino que fue como lo pensaste.

—Fue mejor —dije victorioso —pensé que Bill se sentiría incómodo pero fue todo lo contrario.

Mientras veía que él guardaba algunas cosas en el mostrador y yo le ayudaba con unas prendas que debía doblar, hablábamos sobre le tiempo que no nos vimos. En realidad, necesitaba de su ayuda para poder comprar aquello de lo que habíamos estado hablando por teléfono, no podía ir solo, sentía que me iba a desmayar en cualquier momento. Si, era muy dramático.

— ¿Ya les dijiste a sus padres? —me preguntó cuando sujetó su mochila y la colgó en su hombro, yo le di una mirada, pensando. —No, no se los dijiste.

—Acabamos de llegar, y siempre estamos juntos —comenté — No voy a hablar frente a él por teléfono con sus padres y decir «Hola suegros, voy a casarme con su hijo pero no se lo digan, quiero que sea sorpresa»

—Ya, sí, lo entendí —dijo Georg con mala cara. —Pero si quieres hacer la propuesta rápido deberías hablar con ellos cuanto antes.

—No dije que quería hacerlo rápido —me rasqué la nuca —… Bueno sí.

Se mandó una carcajada y yo me apené por eso. Salimos de la tienda y él cerró lo que faltaba, le propuse de ir a comer algo y luego pasar a ver anillos de compromiso por segunda vez, solo verlos… o comprarlos.

Nos metimos a mi vehículo y conduje a un lugar que él me sugirió. Bill estaba con Andy y los demás, él me había llamado diciendo que le había preparado una fiesta sorpresa en su apartamento por su llegada, tuve que contarle sobre mi idea de la propuesta y me apoyó a la primera, dijo que podía contar con él en lo que fuera, y que ya era hora de que diera ese paso. Le agradecí eternamente. Por eso había podido escaparme aunque no quería hacerlo, quería estar con Bill pero también quería hacerle una propuesta sorpresa.

—Qué extraño que me hayas llamado a mí, y no a tu querido mejor amigo Devon.

Ya estaba esperando a que dijera un comentario de esos.

—Georg, no digas eso, tanto tú como Gustav me han ayudado muchísimo y eso se los agradezco. —él bufó —Tú eres el indicado para esto, digo, también vas por el mismo camino.

—De hecho te gané —me sonrió —Se lo propuse el último día que estuvimos en Francia, aunque aún no hemos puesto fecha, todavía nos quedan cosas pendientes por hacer.

Yo asentí y solo nos pusimos a escuchar un poco de música hasta llegar al restaurante. Salimos del coche una vez que estacioné y nos adentramos al lugar mirando el mismo, tenía buena pinta aunque eso no me importaba cuando se trataba de comer. Buscamos un lugar y el menú ya estaba en la mesa, así que solo empezamos a husmear para ver qué pedir.

— ¿Y ya le dijiste a Bill? —alcé la vista y vi a Georg concentrado en el menú con sus gafas. Me dio una mirada.

— ¿Eres idiota? Ya te lo expliqué —fruncí el ceño y él negó con la cabeza.

—No hablo de eso —cerré el menú y con confusión me acomodé en el asiento, él seguía calmado y viendo qué cenar. — tú lo sabes.

— ¿De qué? —en verdad no entendía nada, él lanzó una risita maliciosa y eso me hizo dudar y pensar a fondo, buscando entre recuerdos alguna referencia. Sin embargo, con tantas cosas abordando mi mente fue imposible encontrar algo.

Me dio una mirada de «no te hagas» ¡Pero yo no entendía de lo que me estaba hablando!

Cerró el menú y se inclinó un poco observándome con picardía, ¿Qué demonios quería?

—Ya, Georg. No te vengas a hacer el misterioso o te lo saco a golpes —le advertí, él se rió y se cruzó de brazos.

— ¿De verdad no te acuerdas? —negué con la cabeza. — ¿O no quieres recordarlo ahora que lo viste otra vez?

—De qué carajo…. —me quedé mirando la decoración mientras se me vino repentinamente esos recuerdos, fue como una sacudida en mi cuerpo y me hizo sentir realmente extraño — ¡AAH! Ya recuerdo pero eso es pasado.

— ¿Para Devon lo es? —enarcó una ceja de manera pretenciosa y le puse cara de culo — Vamos Tom, yo sabía que esto era una mala idea desde que me dijiste que volvieron a verse.

—Solo somos amigos, además pasó hace tiempo, éramos unos críos —hablé mientras todo venía a mi cabeza una vez más —Yo estaba mal por lo de Reira, me sentía solo y… no pasó a nada grave solo fue… ¡Solo duró dos meses!

— ¿Ya ves? —me sonrió —te estás poniendo nervioso, te conozco.

—Basta —suspiré —No hubo sentimientos de por medio, o por lo menos no los míos.

Dije seguro. Sí, así había sido, solo fue un faje de dos meses y ya, aunque no nos habíamos involucrado sexualmente, solo fue como tener a un compañero de habitación dándome consuelo de alguna manera.

— ¿Planeas decírselo a Bill? —nos quedamos mirando y yo bajé la cabeza. —Hmm, esto traerá problemas.

—Yo amo a Bill.

—No discuto eso —me interrumpió —Pero el que haya aparecido a esta altura de tu vida, ¿No te parece extraño?

—Él está con Erica ahora, y hablamos del asunto el día que nos volvimos a reencontrar. Todo está bien, enterrado y ninguno lo mencionará jamás.

—Tom —tragué saliva y le miré —Sabes que soy tu amigo, te he apoyado en todo pero hay algo que no puedo dejar pasar por alto. Tú estás con Bill ahora, dices amarlo y sé que es cierto, pero si no le dices la verdad, o si no haces algo al respecto con Devon… no quiero ser mala leche pero algo ocurrirá.

—Nada malo va a suceder, solo estamos trabajando juntos, somos amigos. Él mismo me lo dijo, «todo fue obra de dos críos», y así fue. —contesté seguro— Ahora mi vida es con Bill, y si hay algo que aprendí con todas las cosas que he pasado es que no debo mirar hacia atrás; eso es lo que estoy haciendo ahora. Solo fue una etapa, no tuvo ningún significado para mí.

No lo tenía. Si se me diera la oportunidad de borrar algo de mi pasado, ése hubiera sido el día en que Devon se metió a mi habitación en la noche de mi cumpleaños número diecinueve.

¿Acaso era evidente? Sé que Georg siempre me cuidaba y todo, me salvó de muchas cagadas pero en ésta no pudo. Y a pesar de que había sucedido, ahora Devon y yo éramos gente adulta y madura, sabíamos cuales eran nuestras tareas y obligaciones y lo que el uno significaba para el otro. Para mí, solo era un amigo y compañero de trabajo, y él dijo lo mismo.

Todo fue parte de una estupidez, y eso ya estaba en el pasado.

¿Y qué tenía que ver esto con Bill? Bueno, no quería darle la razón por esas suposiciones, tal vez le daba aquella impresión pero Devon y yo ahora no éramos nada. Y no era que no se lo confesaba por miedo, sino que… para empezar, Devon y yo habíamos producido todo el álbum, como compañero de trabajo había hecho un excelente trabajo y no podía quejarme de ello. No iba a echar a perder todo un extenso y pesado trabajo por algo que había pasado sin querer y que así como sucedió, rápido se fue. Ninguno de nosotros había hablado del tema hasta que nos volvimos a ver antes de comenzar con toda esta producción del álbum, y solo le dejé en claro todo.

Él pareció entenderlo.

Sin embargo, lo que ahora me hacía sentir un poco mal era que Bill no confiaba en mí, no podía decirle porque ya lo conocía, pero si se lo decía no sabría lo que podría ocurrir. Además, pasó mucho tiempo, no fue importante para mí.

Amaba a Bill, lo amaba tanto y nadie podía quitarme este sentimiento ni así lo intentaran millones de veces, porque yo estaba perdidamente enamorado de él.

Georg ya no me hizo debatir más sobre el asunto pero en mi mente ya me estaba cuestionando millones de veces, ¿Debía decirle la verdad?

—Y dime, esta joyería a la que iremos, ¿Es la primera vez o ya llevas tiempo viendo los anillos? —cambió el tema.

—De hecho vengo ahorrando desde hace dos meses para comprarlos y Andreas me recomendó ese lugar hace tiempo —eché un suspiro — así que supongo que terminaré de pagarlo en uno o dos meses.

—Bill no es alérgico al oro, ¿verdad? —negué con la cabeza. —El día que fui a comprarlos había una chica con una reacción alérgica y no le podían quitar el anillo, tuvieron que llamar una ambulancia para asistirla.

—Bueno espero que no lo sea, creo que no —dije dudando.

Después de comer algo, y de repensar mi decisión, pagamos a medias y salimos para ir a la joyería que Andreas me había recomendado. Este trayecto lo hicimos en silencio, suponía que Georg quería disculparse porque ya lo conocía, y conocía sus gestos. Pero anhelaba que fuera directo conmigo, siempre había sido así, siempre me había cuidado a pesar que solo era un año mayor que Gustav y yo. Siempre actuaba como el hermano mayor, el protector, el que me hacía ver la realidad y no importaba cuan cruda fuera.

Georg en verdad era un buen amigo.

Una vez que llegamos al lugar, bajamos y sentí un puñetazo suave en mi hombro, me di la vuelta y Georg me hizo una mueca de disculpa, yo solo asentí y nos detuvimos frente a la tienda.

Inspiré hondo, de repente me invadieron unos terribles nervios y el apoyo de mi mejor amigo me hizo dar más valor para enfrentar esta etapa. Yo quería permanecer junto a Bill para siempre, quería que nuestro amor tuviera el significado perfecto y suponía que esta decisión la definía.

Una mujer bastante producida nos recibió al ingresar y como si ya me conociera me hizo sugerencias de anillos, Georg me acompañó a ver los modelos y fuimos a una estantería, todo era cristal para poder apreciar mejor las piezas de oro y paladio.

—Necesitaría de una talla más grande. —señalé el anillo — Es demasiado pequeño.

—Podemos diseñar a medida para su novia, joven. —dijo con una sonrisa. Georg se rió y ella le dio una mirada.

—El diseño es para mi novio, y se lo agradecería si es posible diseñarlo cuanto antes. —La observé y me observó algo sorprendida pero luego volvió a sonreírme y continuamos con el plan.

No tardamos mucho, por el tema del diseño se iba a tardar un poco más pero eso no era problema, pagué la mitad del precio como forma de seña, y el resto lo cancelaría cuando viniera a retirarlos. Juraba que estaba tan nervioso que Georg lo notaba y me daba palmadas en el hombro a cada tanto, hasta mis manos sudaban y tenían un leve temblor.

Nos retiramos satisfechos, al final pensé que me desmayaría pero todo surgió natural, bueno, ¿Para qué mentir? Cuando sostuve los anillos en mi mano fue acumular toda adrenalina existente en mis dedos, fue imaginarme aquella escena frente a Bill, poniéndonos nuestros anillos. Me dio una sensación completamente nueva, algo jamás experimentado.

— ¿Vendrás a la fiesta? Andreas se encargó de avisarle a Susanne —le miré, justo su teléfono sonó, era una llamada y él atendió, reconocí que hablaba con su novia.

—Andreas está en todo eh —dijo luego de colgar. Sin más nos adentramos al vehículo para ir al apartamento del querido mejor amigo de Bill.

Para nuestra suerte, la joyería no quedaba lejos del apartamento de Andreas, y cuando llegamos, bajé y abrí la puerta del asiento de atrás, sujeté el ramo de flores y nos dirigimos al edificio. Toqué el timbre y Andreas dijo que bajaría, esperamos unos instantes y lo vimos con una sonrisa inmensa, estaba algo bronceado de la última vez que lo vi, y suponía que su luna de miel tenía que ver con eso. Nos saludamos con un fuerte abrazo y luego nos metimos al ascensor.

—Por favor, no le hagas llorar porque ya estuvo chillando todo el día —comentó, entonces miré las flores. —Bueno, no lo hagas llorar tanto.

—Haré lo que pueda —sonreí.

— ¿Y tú qué onda? Susanne me enseñó el anillo, ¿Acaso éste es el año del matrimonio? —me dio una mirada y me guiñó el ojo. Los tres nos reímos.

Cuando llegamos al apartamento, había música y se sentía el buen ambiente, Andreas gritó para avisarle a Bill que alguien había llegado, entonces escondí mi cara tras el ramo cuando escuché su voz, se estaba acercando.

— ¿Quién es el misterioso? —preguntó curioso. — ¿Profe?

— ¿¡Qué!? —bajé de inmediato las flores, y al verlo él se mandó una carcajada. Parpadeé unos instantes y después reaccioné, él me abrazó por el cuello y me dio un beso en la mejilla.

—Uy, ¿Logré borrar tu sonrisa? —dijo aún manteniendo esa mirada pícara. Le sonreí y nos dimos un beso. Le enseñé otra vez el ramo y me llenó de besos.

Luego saludó a Georg y empezamos a entrar en ambiente, estaban todos los amigos de Bill y a él se lo veía realmente contento. El tiempo pasaba y yo le di el espacio para que pudiera estar con sus seres queridos, le observaba de lejos. Yo estaba sentado cerca de la ventana, y lo veía conversar animadamente, se reía, hacía sus gestos y podía sentir esa tranquilidad que le rodeaba.

Podía estar toda la vida viéndole interactuar, cantar o simplemente observar por la ventana, jamás me cansaría de repasar sus facciones, sus formas de mover las manos o como sus labios se deslizaban al hablar, o la manera en la que sus cejas se movían o las veces que parpadeara, ni mucho menos cuando sonreía y quedaba viendo a quien tuviera en frente. No, jamás me cansaría de ello; era tan hermoso verlo, era un ángel para mí.

¿Qué más podía decir? Lo amaba, lo amaba demasiado que no lo creía suficiente, yo quería amarlo más.

—Pues sí, desde aquí se nota que estás jodidamente enamorado de él —moví la cabeza a un costado y me encontré con Andreas —Te babeas y tienes los ojos brillosos cuando lo ves.

Bajé la mirada apenado, sonriendo, imaginando lo estúpido que debí haberme visto así.

— ¿Cuándo piensas hacer la propuesta? —preguntó en voz baja, se acercó un poco más para que nadie pudiera escucharnos. —Puedes contar conmigo para lo que sea, si quieres montar el show más grande de la historia yo seré el primero.

—Aún estoy pensando en eso, pero ya sabes como es él —los dos observamos a Bill y bebía cómodamente mientras hablaba con Ria y Blas.

—Sí, lo sé —dijo él.

—Le gusta lo sencillo —dijimos al unísono mientras nos mirábamos. Sentí un gruñido entre mis piernas, y luego sentí el tirón de mi pantalón, bajé la vista y Andreas empezó a las carcajadas; Pumba trataba de llevarse parte de la prenda pero logré tomarlo entre mis brazos y empecé a llenarlo de besos.

—Gordon lo trajo en la mañana, no pudo quedarse para la fiesta —me comentó mientras yo jugaba con el pequeño, estaba un poco más grande y panzón pero seguramente me echaba de menos porque quería acurrucarse contra mí.

—Ow, ahí está mi bebé, ¿Quién es el más lindo? —Bill se acercó a nosotros haciendo una encantadora voz chillona y sonriéndonos como un niño.

— ¡Ew! te pones tan terriblemente tierno cuando le hablas a Tom —dijo Andreas.

—Yo le decía a Pumbi —nos miró con algo de sorpresa, Andreas y yo nos miramos.

—Así es mi novio, quiere mejor a su bebé —dije a modo de broma y él me enseñó una mueca.

—Yo que tu le aviento las flores por la cara —Bill jadeó de mala gana y se sentó a mi lado, me dejó un beso en la mejilla mientras Pumba se acurrucaba en sus brazos.

— ¿A dónde fuiste con Georg? —preguntó con curiosidad y Andreas se fue silbando, le di una mirada cómplice y él me guiñó el ojo.

—Ah… es que me recomendó una florería, fuimos, vi unas y dije: «estás flores son tan bellas como mi novio», y debías tenerlas.

—Es un ramo enorme —los dos miramos el ramo que descansaba en la mesa. —Seguro costó mucho.

—No fue nada en realidad. —pasé mi brazo por detrás de su hombro, abrazándolo y le di un beso en el mismo.

No nos quedamos mucho tiempo porque al otro día ya debíamos reunirnos nuevamente en el estudio, habían tantas cosas de qué hablar. Lo del Tour apenas era un comienzo, y ni yo pensaba que la banda tendría tanto éxito en solo seis fechas, fue demasiado en tan poco. Ya había programado todo para antes de Navidad, y eso que ya nos quedaba menos de un mes casi para llegar a ese día.

A la hora de regresar a casa, Bill iba acariciando a Pumba que roncaba entre sus piernas, estaba cubierto con una manta de color azul pastel, íbamos en silencio porque estábamos muy cansados, hoy en la mañana apenas habíamos llegado a Berlín y pudimos dejar a cada uno en sus respectivas casas, estábamos destruidos.

Una vez que estacioné el auto, y ayudé a mi novio a cargar con todos los regalos, subimos a nuestro apartamento, dejamos al pequeño en su cama y nos desplomamos en la nuestra.

— ¡Wuuuh! ¿Qué día el de hoy, no? —exclamó y le miré, estaba sonriendo. —Estoy feliz de estar otra vez en casa.

—En la mañana cuando despiertes vas a creer que todo es un sueño.

—Tú eres un sueño — los dos nos miramos — uno muy bonito, del cual no me quiero despertar jamás.

—Ven aquí —lo sujeté del cuerpo y lo atraje a mí, apoyó su cabeza en mi pecho y eché un suspiro. Empecé a tocarle parte de sus rastas y su frente.

— ¿Podemos quedarnos así todo lo que resta del año? —preguntó en un tono adorable. —solo necesito de ti, solo quiero abrazarte.

—Aquí me tienes, no me iré a ninguna parte. No sin ti. —le di un beso en su frente y él me abrazó más fuerte.

Busqué su mano y la entrelacé con la mía, la elevé a una altura que ambos pudiéramos verlo y me imaginé el anillo, ambos usándolo. Una sensación y un escalofrío me obligaron a inspirar de forma exagerada, no sabía si era miedo o qué.

¿Y si me mandaba a la mierda? Bueno, me mandaría a la mierda si se lo proponía en un yate con copas de oro y alfombras de dinastías turcas. Pero… No sabía si era el único que experimentaba cierto temor, nervios y ansiedad al querer proponerle al amor de mi vida pasar a ser uno para toda la eternidad. Esperaba que no.

— ¿En qué piensas? —viré y me encontré con su tierna mirada, tenía su mentón apoyado en mi pecho. —Te noto distraído últimamente.

—Me imagino poniéndote un anillo ahora mismo.

— ¡No me asustes! —se levantó y se sentó en sus tobillos, me observó con expresión exageradamente sorprendida y se llevó ambas manos a su pecho. — No estoy maquillado, ¡Mira mi cara!, seguro alguien está documentando este momento.

Me empecé a reír mientras buscaba sus manos y las entrelazamos, él me miró divertido.

—No mi amor, no hace falta que te maquilles o te luzcas para mí, si fuera por mí te lo pediría ahora mismo pero… no tengo los anillos ahora.

—Tom —dijo haciendo puchero y se sentó a horcajadas sobre mí, apoyó su cabeza nuevamente contra mi pecho y yo le abracé la espalda. —Vas hacer que llore y no quiero eso.

—Si esas lágrimas son de felicidad entonces no me detendré —le acaricié la mejilla una vez que él decidió verme. Se acercó más y nos besamos.

Acomodé esas rastas que se le asomaron a su rostro, barriéndolas detrás de sus hombros. Mientras nos besábamos logré sentarme y él volvió a ponerse a horcajadas sobre mí, me sujetó el rostro con sus manos mientras sus labios y los míos se deseaban una vez más.

Escuchamos gruñidos y luego vimos a Pumba en el umbral de la puerta, empezó a ladrar y tuvimos que tomar distancia.

— ¿Qué pasa bebé? —preguntó Bill y el pequeño seguía ladrando —seguro tiene hambre.

—Le daré de comer —antes de salir de la cama nos besamos un instante más y luego alcé a Pumba en el camino. —¿Quieres que te traiga algo?

Dije en voz alta y Bill me contestó que un vaso de agua. Entré a la cocina y bajé al pequeño, con razón ladraba, ya se había acabado su tazón de comida; lavé ambos recipientes, le cambié el agua y le deje su tazón con comida. Le acaricié la cabeza y me quedé unos instantes viéndolo alimentarse, más el sonido de mi teléfono me hizo ir a buscarlo al living, y al dar con ello se trataba de un mensaje de Devon, diciendo que debíamos ir temprano al estudio y que no se me olvidara.

En ese momento se me cruzó por la cabeza su idea de poder acercarse a Bill, no podía obligarle a caerle bien, él tenía sus razones. Estaba tentado en contestarle con respecto a eso pero solo le agradecí por habérmelo recordado. Dejé el teléfono en el sofá y pronto la conversación con Georg se me vino de repente, ¿Era buena idea lo que Devon había propuesto? No, claro que no, pero confiaba en él, era mi mejor amigo también.

Decidí no darle más vueltas al asunto y fui a la cocina a por el vaso de agua para Bill. Al llegar a la habitación lo vi acurrucado con las sábanas durmiendo plácidamente abrazando a la almohada. Pobrecito, estaba cansado.

Lentamente me adentré a la cama y él se acomodó sobre mí sin abrir los ojos, me abrazó y yo solo le dejé un beso sobre su cabello. Notaba su respiración tranquila y deduje que volvió a dormirse.

Enfoqué la vista hacia adelante, apenas podía ver lo que había debido a la luz del velador pero estaba más concentrado en esos pensamientos que habían llegado nuevamente, aun cuando me había planteado no sumergirme en ellos. ¿Debía contarle? ¿Tenía que ser honesto? Cabía destacar que eso era el pasado, que ahora Devon y yo éramos amigos, no había un sentimiento más allá de la amistad, todo había sido aclarado y murió cuando habíamos decidido dejarlo, bueno, cuando yo decidí ponerle punto final.

Carajo, estaba pensando todo otra vez.

Pero, pensándolo de un modo maduro, yo jamás le había preguntado a Bill sobre su relación con David; siempre había pensado que él lograría cumplir lo que yo no había podido en ese momento. Era un buen tipo, Shiro no decía cosas malas de él pero… al final me terminé sorprendiendo de lo lacra que era. Resultaba ser un imbécil que no sabía valorar ni su propia vida.

De todas formas, viéndolo desde otras perspectivas, Bill no se había reunido con él nuevamente, aunque si eso ocurría lo sacaría a puñetazos. Tampoco le había contado sobre lo que me había dicho de él, suponía que de hacerlo lo buscaría y le daría su merecido como a ese profesor que se las daba de ser un galán de cine, con su corbata en combinación con sus ojos y ese portafolio. Agh, me chocaba pensar que había estado con mi Bill antes que yo.

Suspiré y traté de conciliar el sueño.

Continúa…

Gracias por la visita. Los invitamos a continuar con la lectura.

por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

Un comentario en «III Wünschen 15»
  1. Si, bueno, no esperaba mucho del Tom de esta historia. Ya no me sorprende que continúe ocultando cosas. Devon me molesta, no tengo certeza del porqué pero se me hace muy falso. Matt, por otro lado, es muy tierno a su manera y Bill lo sabe.
    En fin, todo es parte de la trama y del drama (cosa que adoro en las historias).

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