«Wünschen». Temporada III

Capítulo 17: Misterio por resolver

—Ya es el tercer día que vives pegado al móvil —oí de Matt y le observé de reojo — ¿Seguro que no tienes nada para contar?

Dejé el móvil en la mesa de mala gana, no tenía ninguna aplicación abierta, solo miraba viejos mensajes, y los últimos, que Tom me había enviado. Se había ido con Devon y mi suegro a un viaje, traté de entender su explicación breve y rápida el mismo día que se fue; no comprendí, más bien me hizo confundir. Supuestamente había una reunión de miembros de la discográfica, en conjunto con otras corporaciones, era algo que hacían cada fin de año.

Para nuestra suerte, ya habíamos concretado la firma de autógrafos y la entrevista al programa, gracias al cielo había sucedido todo en el mismo día. Y lo que me preocupaba ahora era que Tom no regresara antes de Navidad.

Habíamos planeado pasarla con nuestros padres en Frankfurt, ya todo estaba listo y solo quedaba un día para Nochebuena.

—Tom no me ha mandado mensajes ni me llamó desde hace dos días —dije nervioso, trataba de conservar la calma —Llamé a mi suegro y me dijo que todo estaba bien, le pregunté si sabía de Tom y dijo que había salido con Devon hacía un rato y…

Me detuve, una vez más mi cabeza empezaba a asociar cosas que me hacían perder la cordura. Cerré los párpados unos instantes, inspiré hondo y presioné los labios, debía calmarme, yo confiaba en Tom y lo amaba, nuestro amor era sincero y nadie podía con nosotros.

— ¿Y…? ¿Hay algo que yo no sepa que te va hacer perder la cabeza? —insistió, abrí los ojos encontrándome con su expresión curiosa, concentrado en mí.

—Matt —eché un suspiro y barrí las rastas, las latas de cerveza me habían soltado más de lo que creía, y sentía que si me levantaba me iba a caer de frente al suelo — dime una cosa, ¿Tú nunca sospechaste de algo? Digo, ¿Nunca llegaste a pensar que alguna de tus novias estaba saliendo con otra persona al mismo tiempo que salía contigo?

—Okay —se inclinó más dejando su lata de cerveza en la mesita —esto parece un tema serio, pero sí… De hecho, me lo terminaron confirmando ambos y fue todo un desastre, ¿Qué tiene que ver eso?

Me eché una risa ligera, ya me sentía mareado y mis ojos estaban pesados. Una ansiedad tremenda se apoderó de mi pecho y no podía parar de reírme, de verdad que no podía controlarlo y me sujeté el pecho, la satisfacción llegaba, sentía el estómago lleno y una sensación increíble.

— ¿Estás bien? Me das miedo —dijo Matt mientras encendía un cigarrillo observándome con curiosidad, yo asentí y trataba de frenar, poco a poco lo hacía —Un momento… ¿Estás peleado con Tom?

—No es eso —negué con la cabeza mientras fruncía el ceño, sujeté otra lata pero Matt impidió que llegara a mi boca — ¡Hey, esa es mi lata!

—Ya bebiste demasiado, ¿No crees que ya es hora de ir a casa? —le quedé mirando, sentía un ligero mareo y enarqué una ceja.

De un sopetón me puse de pie y mis manos estaban hacia arriba, me giré para verle y me tambaleé, le sonreí. No estaba bien pero sentía la necesidad de seguir bebiendo, al menos hasta que me diera mucho sueño o me cayera y quedara dormido en un instante debido al impacto.

— ¿Me estás echando? —traté de hacerme el ofendido y me crucé de brazos.

—No pero creo que caminar te haría despejar un poco la borrachera —también se puso de pie — A menos que quieras contarme qué te inquieta.

—Devon —Solté sin más. Se quedó callado mirándome y puso una expresión confusa, luego se rió.

—Devon inquieta a todos —dijo con sorna.

Me dio una palmada en el hombro y vi que sujetó mi chaqueta, me la tendió y sin decir nada me lo coloqué. Era evidente que íbamos a salir, así que fui a por mi bufanda, él desapareció un momento entonces aproveché para volver a verificar mi teléfono.

Ya le había dejado como tres mensajes en el buzón de voz a Tom, esperaba que no se preocupara, aunque en realidad quería eso porque el que en verdad estaba así era yo. La situación se ponía peor si estaba con Devon y no me contestaba, no lo sé, algo no me dejaba tranquilo y ya eran como dos días que estaban juntos. Mi suegro estaba con ellos pero eso no me reconfortaba, y menos cuando me dijo que ellos habían salido juntos.

Necesitaba despejarme o iba a perder la cabeza en serio.

— ¿Listo? —se acercó al tiempo que se colocaba una gorra de lana que le quedaba gracioso y adorable. Yo asentí.

La noche estaba muy fría y no sabía si iba a nevar en Navidad o la semana entrante. De todas formas el frío era demasiado, más el alcohol que tenía encima en este momento no me hacía sentirlo tanto.

Matt vivía en un dúplex aunque quería mudarse al centro, cerca del estudio, era el único que vivía lejos, casi saliendo de la ciudad.

Cuando estuvimos afuera, un viento congelante me golpeó la cara sin piedad, eso me hizo despertar un poco y busqué calor en los bolsillos de mi chaqueta. Emprendimos la caminata, no sabía la hora pero a juzgar por las personas que había en la calle, suponía que era temprano, aunque hoy era un día especial, por lo que había ferias por todos los parques y plazas de la ciudad, y las tiendas estaban disponibles hasta altas horas de la madrugada.

— ¿Estás bien? —fijé la vista a mi acompañante y hablaba a medias ya que sostenía el cigarrillo con sus labios. Sentí su brazo rodearme por el hombro y luego apegó su cuerpo al mío, me frotó y yo me reí. —Anda, no dejes que una tontería te haga pensar un océano oscuro.

—Tienes razón —dije sonriendo y me soltó con suavidad. —Es que me ha quedado lo de Tessa, supongo, y me pongo paranoico cuando veo algo fuera de lugar.

—Entiendo, todos pasamos por eso —nuestros pasos iban coordinados y lentos, no teníamos prisa —pero debes entender que si te preocupas demasiado, y es en vano, el que tendrá el corazón enfermo serás tú.

—Soy un idiota, ¿verdad?

Nos miramos unos segundos, él arrojó su cigarrillo y asintió, más luego nos echamos a reír. Era bueno tener conversaciones así con Matt, él era un buen amigo, desde un principio nos habíamos entendido a la perfección y sentía que podía contarle todo, bueno, casi todo.

Suponía que intuía que algo más me pasaba con Devon pero Matt siempre era de dejar que uno le dijera las cosas, no era de hacer interrogatorios o amenazarte para que le dijeras todo, él simplemente aceptaba lo que decía, claro yo no decía mentiras. Sentía que había un poco de Andy en él, en realidad creo que todos tenían algo de Andy.

Ya extrañaba a mi mejor amigo.

El recorrido se me hizo rápido, el alcohol aún circulaba en mi y me tambaleaba pero Matt me sujetaba del brazo de vez en cuando, no recordaba de lo que hablábamos, solo de que íbamos a las carcajadas y fumando, a veces cantábamos y otras nos deteníamos para ver si estábamos yendo bien.

A pocas manzanas de distancia ya podíamos ver a la gente circular por la calle, la música y los colores de la Navidad se veían por todas partes, pronto supimos que estábamos llegando a uno de los parques, pero la música Navideña tenía un ritmo que te hacía mover las caderas de forma inconsciente. Sin dudas habíamos llegado al parque del barrio latino, donde la gente parecía no tener frío y había muestras de diferentes culturas, como siempre se veía en cada fecha festiva.

Decidimos recorrer primero el parque, había puestos artesanales y la gente parecía distraerse bastante con los mismos.

— ¡Oh por dios! ¡Es Matt! —escuchamos a nuestras espaldas y nos miramos con Matt, él se dio la vuelta y pronto habían tres chicas a su alrededor. No entendí lo que pasó después, eran risas con las chicas, nos sacamos fotos, hablamos un buen rato y de la nada ya estábamos en un bar.

¿En qué demonios estaba pensando?

Matt estaba bailando con una de las chicas, yo ya estaba solo en la barra, sentado en un taburete a punto de caerme pero no me importaba, porque mis piernas eran bastante largas y mis pies llegaban al suelo perfectamente.

—Si no me equivoco, ahora eres cantante, ¿Verdad? —me giré para ver a quien le hablaba, miré sobre la barra y había un chico, estaba secando unas copas y me miró de reojo con una sonrisa, le observé confundido.

— ¿Disculpa? ¿Te conozco? —apoyé mis brazos sobre la barra y él negó con la cabeza aun sonriendo. Sentí algo extraño, no lo sé, se me revolvió el estómago.

—Ah, claro —Continuó, dejó la copa en su lugar y apoyó sus manos en la segunda mesada, se inclinó ante mí y yo no entendía absolutamente nada. —, ahora que eres famoso ya ni te acuerdas de tus viejos amigos.

Le miré entrecerrando los ojos, siendo cortes pero aún no comprendía de quién se trataba, y por más que escarbaba tan rápido como podía mi pasado, no podía dar con algún nombre o rostro, más su voz se me hacía familiar, y sus ojos también.

—Lo lamento, tal vez me confundiste con alguien más —dije dudando.

—Si yo te digo… —se mostró pensativo, fijó algunas botellas y luego retomó — MangaTK, hace como unos siete años, ¿Ahora recuerdas?

Se me hizo un click, así que sonreí pero quería ver si en verdad era esa persona.

—Ahhh, creo que me suena familiar. —sujeté mi labio con los dedos, también mostrándome misterioso.

—Esta es la última, sino te llevaré a casa de mis padres y te tiraré a la piscina de espuma… —presioné mis labios, aguantándome una carcajada. — ¡Macki!

— ¡No!, no puedo creer que seas tú —dije acumulando las emociones, sonriendo como un estúpido y jugando con un papelito que había en la barra.

—Cambiaste mucho, Billy. —nos miramos y asentí.

—Creo que no soy el único —le señalé el rostro —ahora con un poquito de barba te ves mejor, y nunca falta esa remera negra resaltando tus brazos.

— ¿Estuviste bebiendo? —se rió.

—Cállate, sal de ahí y dame un abrazo —dije aun sin abandonar mi sonrisa estúpida.

De un momento a otro, los dos estábamos en la barra conversando muy animadamente, realmente las vueltas de la vida te sorprendían demasiado, no pensé que volvería a verlo después de la secundaria. De hecho, no he visto a nadie de la escuela excepto Andreas, los de mi salón siempre nos tachaban de raro y demás, por eso no hemos tenido muchos amigos.

— ¿Y cómo está tu madre? —pregunté mientras veía como servía unas bebidas, aunque la música estuviera fuerte, con nuestros gritos podíamos entendernos. —Jamás olvido la comida deliciosa que solía preparar cuando nos juntábamos con Andreas en tu casa.

De hecho, siempre éramos los tres, él fue el único amigo que tuvimos, el resto nos ignoraba.

—Pues ella está muy bien, se ha vuelto a casar y ahora tengo una hermana de cinco años —comentaba muy alegre.

— ¡Qué lindo! ¡Me alegro por ella! —dije emocionado.

—También te recuerda a veces, y me regaña diciendo por qué no te llevo todavía a casa —se rascó la nuca y yo suspiré —, le he dicho que con el tema de la universidad todos nos separamos, estuve un tiempo en Francia estudiando, y regresé aquí hace como un año. Esto es solo temporal.

Me entretuve tanto en la conversación que había perdido la cuenta de cuantas veces Matt iba de un lado a otro con las chicas. Hablamos de todo lo que hicimos después de la secundaria, le dije que antes había trabajado como él en una Taberna, él me dijo que hacía poco había visto a Andreas y le había preguntado por mí pero le dijo muy poco;: que tenía una banda y ya. Maldito Andy, nunca me cuentas nada.

No supe cuánto tiempo pasó hasta que le dije que iba al baño y me di cuenta de que ya no había tanta gente como cuando habíamos llegado al lugar, busqué a Matt y lo encontré sentado en una de las mesas besándose con una morena, ¿Qué no estaba con dos rubias?

Al hacer mi asunto, me lavé las manos y vi que mi amigo entró algo mareado.

— ¡Ajá, con que te divertiste sin mí! —exclamó mientras iba tambaleándose por el sanitario.

—Eso no es verdad, me encontré a un amigo de la secundaria —miré como se acomodaba en el urinario. —A diferencia de ti que no sé con cuantas mujeres te besuqueaste esta noche.

—Tranquilo… —hablaba arrastrando palabras y tenía hipo —… ya sabes que Matt… siempre actúa… de esa manera.

— ¿Hablas en tercera persona? —me mandé una carcajada. —Bueno, ahora sí es mejor irnos pero vendrás a casa conmigo, tengo miedo de que mañana ya no aparezcas. Pero primero súbete el pantalón y lávate las manos.

— ¡Si mamá! —hizo gesto militar y se le bajaron los pantalones. Me reí fuerte, menos mal que tenía puesto el bóxer.

Salimos a las risas y le conduje del brazo hasta la barra, mi amigo estaba acomodando unas copas, al parecer ya iban a cerrar el lugar. Con cuidado senté a Matt y apoyó los brazos en la barra, se dio la cabeza de lleno contra la misma y yo negué con la cabeza.

—Parece que tu novio la pasó muy bien —dijo él acercándose.

—Nek, si él fuera mi novio, primero que nada no lo hubiera dejado besuquearse con cuanta chica encontrara toda la noche —dije dándole una mirada a Matt —, es mi guitarrista.

— ¿Quién es Nek? —los dos volteamos a ver a Matt y apenas alzó la cabeza, su vista iba de un lado a otro, y eso solo decía una cosa: iba a vomitar en cualquier momento. Miró con confusión a mi amigo y frunció el ceño — ¿Quién eres?

—Oh, Nek solían decirme en la secundaria —sonrió de forma amistosa, luego extendió su mano, saludándolo —Soy Christopher, mucho gusto.

Estrecharon manos pero Matt ya estaba haciendo caras raras.

—Creo que es mejor irnos o hará un espectáculo de vómito en cualquier momento —dije tirando de su brazo para que se pusiera de pie. —Un gusto volver a verte, Nek.

—Espera, te acompaño a tomar un taxi —dijo dejando el trapo en la barra.

En lo que yo sujetaba a Matt, él le decía a uno de sus compañeros algo. Se acercó a mí después y me ayudó a cargar con mi amigo, que ya hasta arrastraba los pies, en verdad que esta vez se había pasado con la cerveza. Una vez que llegamos al exterior, el frío otra vez me despertó y parece que a Matt también, Nek llamó un taxi y me ayudó a meter a mi amigo, que cayó medio dormido, golpeando su cabeza contra la ventana del asiento trasero.

—Gracias —le dije sujetando la puerta de la parte superior, la misma era la única que nos dividía. Él me sonrió —Fue bueno verte.

—Ídem —cuando escuché eso me reí. Me saludó con un beso en la mejilla y luego me cerró la puerta una vez me acomodé en el interior del taxi.

El vehículo arrancó y yo apoyé la cabeza en la ventana, Matt acomodó su cabeza entre mis piernas y el taxista me preguntó la dirección. Me quedé mirando por la ventana pensando en todo.

Y de pronto… recordé a Tom. Había sido bueno despejarme la mente hablando con alguien, pero esto era lo que odiaba de quedarme solo o en silencio. Pensaba mucho en Tom y me estaba volviendo loco, necesitaba saber si estaba bien por lo que saqué mi móvil y le marqué, apoyé el celular en la oreja y esperaba a que en el primer tono me atendiera.

Tuve mala suerte ya que me mandó al buzón directo, seguramente lo tenía apagado. Guardé el teléfono de mala gana en el bolsillo y chisté la lengua, ya empecé a encabronarme y mi mente maquineaba cosas que era mejor ni decirlas. El regreso a casa fue muy rápido, bajamos del taxi y Matt no lo aguantó, por lo que vomitó en la vereda; por suerte nadie nos había visto y yo solo podía darle apoyo moral y fijarme de que no se ensuciara nada.

—Muy bien amigo, ahora te sentirás mejor —le palmeé la espalda. Nos metimos a mi apartamento, lo llevé al baño y se lavó la cara, le presté ropa de Tom para que pudiera dormir cómodo y le acomodé el sofá.

No me fui a dormir hasta que Matt lo hizo primero, en mi habitación a oscuras miraba por la ventana desde la cama, hacía frío y estaba envuelto en mantas y cobijas. Me levanté y busqué la laptop, la dejé en la cama y me dirigí a la cocina en silencio, fui a por una taza y busqué en el refrigerador un poco de leche. Volví a mi habitación y me acomodé, me sumergí entre cobijas y la laptop, me puse a ver documentales de animales.

Patético a esta altura de mi vida.

Pero ayudaba.

— ¡Levántate, Reina del drama! —escuché y sentí el impacto de algo en mi cara que me hizo abrir los ojos enseguida. Me senté en la cama y fijé para todos lados, mi mejor amigo estaba a las carcajadas con una almohada en la mano, efectivamente me había golpeado con ella.

— ¿¡Qué demonios haces!? —exclamé mientras me sobaba la frente y le veía con los ojos entrecerrados. — ¿Cómo carajos entraste?

—Bueno, recuerdo que mi mejor amigo me dio las llaves por si las dudas —arrojó la almohada sobre la cama y yo froté mis ojos. — ¿Estuviste llorando? ¿Otra vez con los documentales? Pensé que ya habías madurado.

—Tú también lo haces, así que cállate —Me levanté de la cama, viendo que la laptop y la taza estaban desparramados del lado donde dormía Tom. Fui al baño y atrás me seguía mi amigo, me lavé la cara y los dientes para podes despabilarme mejor, sentía que tenía la cara hinchada, y con razón.

—No sé si esa cara es por la resaca o porque estuviste llorando —volteé a verle mientras bajaba la toalla de mi rostro, estaba apoyado en el umbral de la entrada, con la cabeza poyada en la misma y me miraba sonriente, cruzado de brazos. —A ver… ¿Por qué llorabas?

—Eres un idiota, ¿A qué vienes, a molestarme o qué? —le tiré la toalla en la cara y salí del baño.

—Solo quería saber si estabas bien —dijo con cierto tono que lo delató. Ambos caminamos hasta la cocina y me giré, enfrentándole, me quedó viendo sorprendido.

—No sabes mentir. ¿Qué pasó? —sentí el aroma del café y fijé la mesa. Había un desayuno preparado y muy cargado, con frutas y jugos. — ¿Y esto?

Olvidé por completo todo, y me concentré en lo que había en la mesa, había una rosa cerca de una taza con café y una pequeña nota que la acompañaba, alcé la vista para ver a Andreas y su cara emocionada se transformó en seriedad; idiota, no sabes disimular nada.

Di un vistazo a la mesa, había un mantel blanco, bocadillos dulces, más flores, jugos, frutas, y el café que no podía faltar en un desayuno. Me senté en la silla y arrastré la taza de café hasta tenerlo cerca, sujeté la nota y la leí.

Te extrañé mucho mi amor, te amo. —estaba escrito por Tom, era obvia su letra y se me dibujó una sonrisa estúpida en la cara.

— ¿Tom? —levanté la vista y miré para todos lados.

—Eh… Tuvo que irse temprano, por eso estoy aquí —al decir eso, se golpeó la frente e hizo una mueca divertida —Maldita sea, no tendría que haber dicho eso.

— ¿O sea que esto lo planearon ustedes? —le miré con una ceja alzada y asintió a duras penas.

—Hmm, qué rico ese olorcito a café —ambos miramos la entrada y Matt entraba semidesnudo, con el cabello revuelto. Se sentó frente a nosotros y bebió el vaso de jugo que estaba junto a las flores.

— ¡Estúpido, eso es para Bill! —chilló Andy y casi le da un puñetazo en la cara.

—Déjalo, está bien —dije para calmarlo y la cara de asustado de Matt me causó mucha gracia. — ¿Y dónde está Tom? Voy a llamarlo.

—Ah, dejó su celular aquí, no tenía batería así que lo está cargando —me comentó.

Y de pronto me agarró toda la locura, las llamadas que no me había contestado, los mensajes que seguramente había ignorado y mis pensamientos extremistas con respecto a su amiguito abordaron a mi mente de sopetón, haciéndome caer en un mar de emociones encontradas, logrando que me detuviera en la entrada de la cocina. Fijé el suelo mientras procesaba todo y la sensación en el pecho me golpeaba abruptamente.

¿Acaso pensaba que con un desayuno podría arreglarlo todo?

— ¿Bill? —la mano de Matt tocó mi hombro, despacio volteé a verle y se mostró preocupado — ¿Estás bien?

—Sí, no es nada —fruncí el ceño y sonreí por cortesía. Caminé por la casa hasta volver al dormitorio, y allí vi el celular de Tom cargando.

Me acerqué hasta tomarlo entre mis manos, puse el patrón y fui a revisar las llamadas y los mensajes. No había nada, salvo las llamadas que le había hecho cuatro días atrás, esos sí las había contestado, pero el resto…

Me quedé boquiabierto.

Continúa…

Gracias por la visita. Los invitamos a continuar con la lectura.

por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!