«Wünschen». Temporada III
Capítulo 22: En París
Los días en París habían sido los mejores, Tom me llevó a recorrer todos los lugares, aunque eso implicaba levantarme temprano para disfrutar mejor las cortas vacaciones. En ese sentido yo siempre le cargaba con que era un anciano que planeaba sus vacaciones a la perfección, era demasiado gracioso porque después yo debía soportar sus burlas cuando me quedaba sentado en una silla por caminar tanto. A pesar de que hacía frío eso no nos detenía a la hora de ir a pasear por París.
Todo era más de lo que solía imaginar, la comida era exquisita, los lugares extraordinarios y no podía ser mejor que compartir todo esto con Tom. A su lado yo me sentía como un turista yendo a su primer lugar de visita, quería comprarme todo pero Tom siempre decía que era la emoción de ser turista, aunque ya había viajado a otras regiones de Alemania como uno, solo que la diferencia esta vez era que estábamos en otro país y se trataba de uno de mis favoritos y soñados.
Por las noches cenábamos y luego nos encerrábamos en la habitación, veíamos alguna película y luego nos quedábamos dormidos debido a que habíamos estado en diversas actividades durante el día, aunque la noche que no pude dormir bien fue cuando fuimos a la visita guiada de las catacumbas, esa tarde estaba aferrado a Tom más que nunca y él solía reírse y me jugaba bromas que me hicieron dar más de un brinco al cielo. En verdad que no logré dormir una mierda y las luces de la habitación estuvieron prendidas toda la noche y Tom se había cubierto la cara con una de sus remeras. Pero yo siempre me cercioraba de que estuviera despierto y le pellizcaba las mejillas.
Quitando ese día, los demás fueron hermosos y no quería que terminaran nuestras cortas vacaciones, quería quedarme aquí para siempre.
Ahora nos encontrábamos en un Restaurante, el ambiente era muy apagado y romántico con velas y aroma dulce, que a mí gusto no me agradaba pero no podía oponerme a que le daba ese toque maravilloso. Las velas que habían en nuestras mesas solo iluminaba nuestros rostros y había luces muy bajas para que no fuera tan oscuro, de igual forma se podía captar el sentido del lugar.
Nos pedimos un menú liviano porque en todo el día habíamos comido muchas cosas dulces y estábamos a punto de estallar de azúcar.
—No confío en este postre —dijo mientras observaba desconfiado lo último que nos quedaba por comer.
—Tú quisiste probar, ahora tenemos que terminarlo —dije enterrando la cuchara. —Lo que sí es que es muy relajante.
Junté otro bocado con la cuchara y se lo tendí a la altura de sus labios, el rostro de Tom lo decía todo: temía por su salud. Si no fuera porque el muy señor era demasiado glotón, a esta hora no estaría agonizando por su estómago. Le hice un puchero y fruncí un poco las cejas, él sonrió y obvio que no pudo negarse a esta carita, así que probó y yo le quedé observando expectante a su reacción. Arqueó ambas cejas debido al sabor exquisito y asintió varias veces mientras me miraba, yo sonreí por su aprobación, aunque luego se puso como yo cuando lo noté muy relajante al postre.
—Creo que después de esto no comeré más cosas dulces —bebió un poco de agua para bajar el postre —pero te ayudaré a terminarlo si es que no puedes.
Yo seguí comiendo, porque aunque también había comido hasta más no poder durante la tarde, a diferencia de él, yo había tomado agua y él solo tomaba bebidas con gas. Nos tomó unos diez minutos, entre que dábamos un bocado y lo bajábamos con agua, no queríamos ser tan desagradecidos y dejarlo a medio terminar, no éramos esa clase de pareja, si nos dabas una cena, teníamos que terminarla.
Me encantaba hacer cualquier actividad con Tom, era divertido. Él me enseñaba muchas cosas o a veces yo le hablaba de cosas que él no sabía de la actualidad, en ese sentido él a veces se hacía el ofendido porque decía que yo le trataba de viejo, ¡Pero no era así! Solo nos llevábamos por unos cuantos años, no era mucha diferencia. Sin embargo, me gustaba tratarlo así, como mi viejo favorito.
Una vez que pudimos finalizar con ese postre, decidimos levantarnos, porque si hacíamos sobremesa no nos íbamos a levantar más. Pagamos la cuenta y nos abrigamos bien, salimos del restaurante saludando al mozo que fue muy amable con nosotros y le dejamos una buena propina, Tom buscó mi mano y entrelazamos nuestros dedos al encontrarnos con el exterior. Él tenía puesto su gorro de lana y yo me había comprado uno aquí porque no había traído y hacia bastante frío, el mío era gris y un poco caído.
Al sentir que el frío era demás, Tom decidió abrazarme por el hombro y yo pasé mis brazos por su cintura y lo sujeté con algo de presión, caminábamos lento debido a que estábamos muy exhaustos y no queríamos terminar vomitando por la calle.
No éramos los únicos transitando por el frío de París, algunas familias y parejas también rondaban las calles. Íbamos mirando algunos edificios, en silencio, disfrutando del momento. Todo estos días habían sido perfectos y yo no quería que esto terminara, realmente quería quedarme aquí y pasar más tiempo con Tom, disfrutar más de su cercanía y recuperar todo el tiempo que habíamos perdido debido a esas equivocadas decisiones, tanto mías como suyas.
— ¿Estás bien? —preguntó y le miré, él hizo lo mismo y besó mi frente con cariño. — estas muy callado.
—Solo me gusta estar así contigo —dije y lo vi sonreír. —Además ya quiero llegar al hotel y acostarme abrazado a ti, hace mucho frío.
— ¿No quieres ver una película? —enarcó una ceja y entendí su doble sentido, me reí y fue entonces que se acercó para darnos un beso dulce.
Seguimos nuestro recorrido, hablábamos de cualquier cosa y a veces parábamos porque nos distraíamos. Era un momento en el que no pensaba en si nos sacaban fotos, o si alguien anotaba todo lo que hacíamos o si nos seguían, solo éramos una pareja enamorada más en la ciudad del amor.
Un rato después habíamos llegado al hotel, subimos a nuestra habitación y caminamos juntos hasta tirarnos en la cama, exhaustos y con los pies que no nos daban más de haber caminado tanto. La luz del cuarto estaba apagada y solo entraba la luz del exterior, ya que las cortinas estaban abiertas de par en par. Yo me había tirado sobre le brazo de Tom los nos dos dimos una mirada, su gorro se había ido hacia adelante y le tapaba un poco los ojos, mi cabello estaba alborotado y él supo acomodarlo como me gustaba tenerlo.
—Iré a darme una ducha —me dijo y se levantó con cuidado, lo vi marchar hacia el baño mientras se quitaba la ropa en el camino. Eso era típico de mi prometido, el de tirar toda la ropa por el suelo, por último se retiró su gorrito de lana y todo ese cabello se despeinó y él se lo barrió hacia atrás, qué hermoso era.
Yo hice el esfuerzo de levantarme y dirigirme hacia la segunda sala. Como era de esperarse, Tom solía pedir una habitación de categoría, por lo que la primera sala contaba con un sofá, un televisor, un minibar y mesas decorativas, la segunda habitación era el dormitorio y contaba con un armario bastante espacioso, con un baño precioso, de eso no podía quejarme.
Fui hacia el balcón de la sala, estaba entreabierta y ya hacía bastante frío en el interior, por lo que encendí la luz y fui a cerrar la puerta, corrí las cortinas. Todas nuestras cosas descansaban en el sofá, me refería a los obsequios que habíamos comprado, me cercioré de que la puerta de entrada estuviera cerrada luego fui al dormitorio, tenía una cama matrimonial, un gran espejo con muebles y más mesas decorativas, flores por doquier. En la mesita había un velador pero no iluminaba tanto y eso me agradaba. Me dirigí al balcón de la habitación di un vistazo, se podía ver la Torre Eiffel y las luces de la ciudad brillaban en esta fría noche, la volvían más cálida y admirable.
Unos segundos después ingresé y cerré las puertas, que poseían más cristal que otra cosa y se podía ver el exterior con tanta admiración.
—Encenderé un poco la calefacción —escuché a Tom y me giré, tenía su cabello mojado suelto y la toalla a la cintura, lo vi caminar descalzo por la habitación y encendió la estufa.
Era mi turno de darme un baño, tomé lo necesario y me encerré unos diez minutos. Podía escuchar música de fondo y a Tom que cantaba a todo pulmón mis canciones, me reía porque en vez de cantar parecía que estaba gritando a los cuatro vientos, a veces me mandaba unas carcajadas por las notas altas. Sí, él tenía buena voz pero también uno se daba cuenta cuando exageraba demasiado y parecía desafinar, era muy gracioso.
Al salir de la ducha, abrí la puerta y vi a Tom cantando con el cepillo y entré a las carcajadas nuevamente, luego él me tendió su mano y en una vuelta me hizo pegar su cuerpo y me tendió el cepillo como si fuera un micrófono. Con sus cejas me incitó a que cantara una de nuestras canciones y, a dúo improvisado, nos miramos mientras cantábamos lo que quedaba de esa pista.
Me sentía en un musical por un momento, no podía más de los gestos de Tom, me producían alegría inmensa y al final lo abracé fuerte porque era algo hermoso de ver, siendo tan natural.
—Por esto y muchas cosas más te amo —le dije cuando nos separamos, nos volvimos a mirar y me dio un tierno beso.
—Pues yo te amo por muchas otras cosas más —dijo y nos separamos lentamente.
Bebimos un poco de refresco antes de que fuera a ponerme una mascarilla, había conseguido unas buenas en una tienda y tenía que probarlas, Tom me siguió hasta el baño y dijo que también quería probarlas, entre risas le dije que si y fue entonces que le enseñé mi rutina para la limpieza del rostro. ¿Un futuro esposo más atento que él? Por supuesto que no había. Me gustaba pasar momentos así con Tom, él era demasiado atento conmigo y sentía su honestidad siempre, quiero decir, cuando uno está enamorado las cosas no deben ser forzadas, y estas situaciones jamás lo eran.
Teníamos la puerta del baño abierta para que la música pudiera escucharse mejor, y entre movimientos rítmicos y pequeños cantos nos hacíamos la rutina, aunque a mi antes no me gustaba hacerlo porque nunca se me había cruzado por la cabeza hasta hace poco. Y al hacerlas, me hacían quitar un poco el estrés y el cansancio de todo lo que atravesaba en el día.
—Podría hacer esto todas las noches —comentó mientras veía esa mascarilla color verde agua en su rostro, ambos nos miramos los reflejos en el espejo y entramos a reírnos. —deberías tomar una foto para nuestro álbum de toda la vida.
— ¿Qué? —me di media vuelta, y a pesar de que estábamos muy ridículos con las mascarillas, mi desconcierto pudo notarse.
—Solo digo, tú ya me regalaste un álbum y me encantaría hacer uno contigo que documentara toda nuestra vida juntos.
Le sonreí enternecido y asentí con mucho gusto, fui a buscar mi teléfono. Cuando regresé hicimos varias fotos porque nos habíamos enganchado tanto que dejamos que el tiempo pasara en fotos y cosas más estúpidas. Las mascarillas fueron retiradas y nos pusimos una última crema para ir a dormir, mientras yo guardaba todo él fue a buscar unos refrescos al minibar. Salí a la habitación y sentí el calorcito de la estufa, me sentí aliviado. Apagué la música del reproductor de su celular y apagué todas las luces excepto la del velador.
Tom regresó y yo me coloqué una camiseta para dormir, él solo tenía su pantalón de algodón, siempre dormía así, en eso éramos muy opuestos. Se acercó a mí y tendió el refresco, lo recibí y ambos bebimos con gusto, yo no podía creer lo afortunado que me sentía al verlo y saber que nos amábamos intensamente, lo podía percibir y en sus ojos se notaba claramente.
—No sabes lo feliz que me haces —comentó mirándome con una sonrisa y sentí ese revoltijo en el estómago que me hacía brotar una sensación agradable en mi cuerpo.
—Tú también me haces taaan feliz —dije acercándome un poco más para que él termine abrazándome, y antes de corresponderle le di un beso en su hombro y luego nos fundimos en el abrazo, sentía su torso desnudo calentar el mío bajo la camiseta en un instante.
Tomamos una pequeña distancia y con su mano libre me barrió los cabello hacia atrás, mientras que las mías descendían para aferrarse a su cintura y no dejábamos de mirarnos.
—Creo que es mejor que vayamos a dormir —le dije y él estuvo de acuerdo, me quitó suavemente el refresco de mi mano y fue a dejarlas en una de las tantas mesas que había por toda la habitación, yo solo me quedé de pie frente a la cama al tiempo que observaba su acción.
Se dio la vuelta y regresó a mí, era evidente que ninguno de los dos quería, precisamente, dormir.
Directamente sus manos fueron a mi rostro, acariciando con la yema de sus dedos mis mejillas y enfocamos nuestros ojos para admirarnos en esta casi penumbra que nos rodeaba. Mis manos sujetaron su torso y él se inclinó para besar primero mi frente de una forma tan delicada y tierna a la vez, transmitiéndome esa calidez tan agradable y hermosa. Luego separó esa unión para volver a mirarme, y fue allí que yo me adelanté y nos besamos de forma intensa.
Él me sujetaba de la nuca mientras mis manos presionaban un poco su torso para atraerlo más a mí, mis piernas estaban desnudas y sentía esa brisa caliente de la estufa pero también un escalofrío le acompañaba, nos entregamos a ese beso fogoso tan rápido que no me di cuenta que había saltado para que él me sujetara de las piernas, enredé las mismas a su cadera y continuamos besándonos, disfrutando del momento.
Caminó hasta que me hizo caer despacio en la cama, me arrastré de espaldas y lo vi gatear en la misma para poder alcanzarme, sonreí por eso y él me atrapó con sus labios nuevamente, lo abracé por el cuello y nuestros pechos se chocaron, el suyo estaba cálido como siempre y me gustaba tenerlo tan cerca de mí para sentir su calor. Tomamos distancia y yo me quité la camiseta, sintiendo esa brisita fresca y se me erizó un poco la piel, ahora solo estaba en calcetines y ropa interior.
Mi novio me hizo descender un poco para que mi cabeza se apoyara en la almohada y abandonó mis labios para besar mis mejillas y luego descender a mi cuello, sentir su lengua en mi piel me provocaba cosquillas y también excitación, pronto sus besos empezaron a bajar y mi pecho subía y bajaba un tanto agitada, le observaba mientras acariciaba su cabello que estaba despeinado y en un rodete desprolijo. A mí me encantaba verle con el cabello suelto, era demasiado hermoso.
Sus manos fueron a mi ropa interior y se separó de mi piel solo para quitarlos, yo solo le miraba y cada vez me gustaba más verlo así, me volvía completamente loco este chico.
En un abrir y cerrar de ojos, la excitación no solo nos dominaba, sino que aquel amor nos envolvía aun más en nuestro deseo más anhelado. Ya estábamos completamente desnudos y no dejó pasar ni un segundo más, que ya había entrado en mí y dejé escapar un gemido dentro de su boca. No sentía que esta ocasión era como las demás, sentía que era muy especial.
Su trato era muy dulce y me besaba la frente, no tenía prisa y yo solo disfrutaba de sus caricias. Pero yo estaba luchando contra mi libido, no podía evitarlo por mucho tiempo, él lograba encender en mí lo que desconocía.
Entre suaves embestidas, extensos jadeos y besos que parecían no terminar nunca, mi corazón parecía ir al mismo tiempo que le suyo, ya que sentía ambos latidos en mi cabeza, ¿Qué era todo esto? Antes no lo había sentido jamás, era como si todo estuviera destinado a ser, como si todas esas cosas malas y buenas tuvieran el sentido verdadero ahora. Su mano tomó la mía y la estiró a mi costado, entrelazamos nuestros dedos mientras le susurraba al oído cuanto le quería, y que permaneciera conmigo para siempre. Él solo besó mis labios y luego susurró contra mi boca que él me amaba con toda su alma.
En esta noche fría en París, me había dado cuenta de lo que realmente significaba amar y ser amado, y que esa conexión te podía hacer pasar por un experiencia realmente maravillosa, llenándote de una agradable y envidiable satisfacción…
Me desperté con la voz de Tom, al parecer estaba hablando con alguien al otro lado de la habitación. Luego de frotarme los ojos y mirar a mi alrededor, busqué mi camiseta y me coloqué también un pantalón de algodón, me asomé apenas observando por la rendija de la puerta mientras me acomodaba el cabello y Tom hablaba con uno de los empleados del Hotel, fijé bien la sala y había un desayuno bastante cargado. Me aparté lentamente cerrando la puerta y con una sonrisa fui al baño, me di una ducha e hice la rutina de baño, salí unos instantes después con la misma ropa y fui directo a la sala.
Tom estaba sentado mirando la televisión, escuchó que yo hice ruido y volteó a verme con una sonrisa, se puso de pie para caminar hasta mí y me saludó con un beso de buenos días. Me senté a su lado después viendo el enorme desayuno que nos esperaba esta mañana.
—Ahhh, ¿Se supone que debemos comer todo? —pregunté mirándole con sorpresa.
—Pues esa es la idea, bonito —dijo sonriente y me pellizcó la mejilla, me quejé pero no le hice nada más.
Empecé por el café, aunque esas frutas me tentaban demasiado así que probé algunas. Comenzamos a desayunar mirando la tele y disfrutando de los bocadillos, de vez en cuando jugaba con los rollitos de Tom y él me miraba sonriente con sus mejillas infladas de bocadillos y sus ojos chiquitos, me daban ganas de morderle las mejillas de lo lindo que se veía.
—Bueno, hoy es nuestro último día, ¿Qué quieres hacer? —me miró atento y yo terminaba de tragar las frutas.
— ¿No podemos repetir este día por siempre? No quiero irme —dije haciendo puchero, en verdad no quería irme porque al regresar debíamos prepararnos para la gira, y vaya que era una gran gira.
—Yo también quisiera quedarme aquí pero ya sabes, hay trabajo qué hacer —dijo algo apenado.
—Hmm, entonces solo salgamos a caminar otra vez, pero sin visitas guiadas, que nos lleve el viento a donde sea —dije decidido y él me dio un beso en la mejilla.
—Perfecto, mi amor, pero primero desayunemos tranquilos. Nos espera un gran día.
Esta vez yo me acerqué y nos dimos un sonoro e inocente beso, luego seguimos desayunando para estar listos y vivir nuestro último día en París como el mejor de todos.
Continúa…
Gracias por la visita. Los invitamos a continuar con la lectura.