
«Wünschen». Temporada III
Capítulo 28: Devon: mi verdad (P. 1)
El sonido de la puerta se me hizo demasiado ruidoso, cuando pude cerrarla del todo quise quedarme de espaldas a Devon por toda la eternidad. Ni siquiera le había hablado, solo me salió asentir con la cabeza, era imposible decir algo, estaba realmente anonadado. Aún recordaba con claridad los golpes que se habían repartido y las cosas que se decían, más yo no podía entender muy bien por la música.
Era lo que menos me esperaba de su parte, de verdad, no creía que fuera capaz de venir hacia mí luego de haber sido consciente, o no, de lo que había hecho. Esa escena volvía a mi mente, aquel instante en que sentí cómo sus respiraciones se mezclaban, cómo se acercaban mirándose casi, como él le veía, con un destello en sus ojos, y quise sacarlo de mi mente antes de que todo se distorsionara.
¿Qué debía hacer? Por fin se me presentaba esta oportunidad de tenerlo frente a mí, de querer preguntarle, pero… sentía una cobardía intensa y quería abandonar la habitación cuanto antes. Sin embargo, mi cerebro me decía una y mil veces que me quedara, que esto se había hecho más fácil de lo que hubiera creído, y que solo me quedaba escuchar. Solo eso, escuchar y callarme, no debía estallar, no debía gritar, solo… escuchar.
Tragué saliva, no había más opción, debía escucharle, saber qué iba a decirme. ¿Una verdad? ¿Una mentira? ¿Algo que nos hiciera separar a Tom y a mí aún más? ¿Será el fin de algo tan hermoso?
Me giré mirándole por sobre mi hombro, tan lento como mi cuerpo pudiera, sintiendo mi respiración, mis latidos, algún que otro sonido de afuera. Primero miré mi habitación, un mueble, mis maletas desprolijas, botellas de agua a medio acabar. Era difícil, mis ojos hacían un viaje lento, un calor de nervios acobijaba mis mejillas, el estómago me hacía ruido y esperaba que eso no se escuchara tanto.
—Bien, aquí estoy —dije tratando de sonar normal, calmado, aunque era evidente que estaba temblando. Fueron unos segundos en lo que permanecimos mirándonos, pude observar que él respiró hondo y asintió a duras penas.
Él se había sentado en una de las sillas, su yeso había sido cambiado al parecer, y su labio solo estaba algo morado y tenía un pequeño tajo, apenas era visible. Inspiré hondo, acercándome, me sentía como en un desafío, como en una de esas pesadillas en las que intentas correr rápido, pero, por algo imposible de explicar, lo haces de forma lenta y te desespera.
Logré acercarme a la otra silla, la posicioné para que estuviera frente a él. Bien, si debíamos hacer esto teníamos que vernos las caras, yo debía demostrar que estaba dispuesto a escucharlo y, aunque una parte de mi quería salir corriendo, luchaba para que el resto de mi se quedara, y terminara con esta situación de una buena vez. Era ahora o nunca, si dejaba pasar esta oportunidad tal vez ya no volvería a ver a Tom, o tal vez nuestro deseo se iría a la mierda.
Podría ser algo pequeño, y yo solo estaba exagerando y expandiendo el tema, pero cuando sabes que algo no marcha bien, la idea no se me quita tan fácil. Siempre voy a querer conseguir la verdad, aun así me duela y tenga que vivir con ello.
No sabía qué iba a suceder luego de esto, no sabía si seguiría amando a Tom. ¿Pero qué estaba diciendo? Claro que lo amaría, pero si algo no encajaba o no me gustaba, lastimosamente debía decir adiós, porque yo ya no quería seguir sufriendo. Había sufrido siempre, encerrándome, diciendo sí a todo aun cuando en verdad no quería. Con Tom aprendí a decir que no, a elegir, y todo lo he hecho consciente, seguro y sin presiones.
Ahora era momento de enfrentar la verdad, y aquí estaba enfrentando a Devon, mirándonos a los ojos sin siquiera pestañear, esperando una respuesta concreta a millones de preguntas que me había hecho.
¿Qué sucederá?
&
Llegar hasta aquí no ha sido fácil para mí, tomar la decisión más complicada de mi vida me volvía frágil, y rogaba por no romperme frente a él. No era que no quería hacerlo por orgullo, aunque eso formaba parte de mi personalidad, sino que sería algo doloroso, y era momento de frenar todo esto.
Esperaba que con mis palabras él pudiera continuar con su vida.
No sabía por dónde iniciar, era muy difícil, y decidí hablar de esto con él después de saber que Tom estaba descansando, así que no habría problemas ni nos iban a interrumpir. Decidí hablarlo a sus espaldas porque creo que era lo mejor que podía hacer, jamás podría hacerlo si él estaba presente, era algo que no podría soportar. Yo siempre quise enfrentar mis miedos y decir la verdad, pero si él estaba presente esto se hacía complicado y me obligaba a retroceder o retirarme del juego por un momento.
No sabía qué me impedía hablar cuando él estaba presente, ¿Acaso porque él tenía miedo también? ¿Le habrá contado a Bill la historia de nuestra amistad? ¿Cómo surgió verdaderamente, y lo que hizo que se nos dificultara confiar?
Sentía un calor detrás de la nuca, los nervios me estaban comiendo vivo y esperaba sobrevivir por unos diez minutos.
— ¿Alguna vez Tom te mencionó cómo nos conocimos? —le pregunté. Me miró con las cejas fruncidas, luego de unos segundos asintió con la cabeza —Pero, ¿Te contó que nos conocimos antes de que yo ingresara a la escuela?
No dijo nada, al parecer Tom no quería dar muchos detalles, lo entiendo, yo tampoco quisiera contar cómo me enamoré por primera vez de un chico. Al menos hablo de mi parte, realmente hasta el día de hoy no sé cómo Tom se sintió al respecto en ese tiempo. Sin embargo, era realmente evidente que yo le importaba un cuerno en ese sentido, y que siempre me había visto como su amigo, ya que él parecía estar interesado por Reira, su amor secreto. Y al final no había resultado tan secreto, porque se pusieron en una relación, y todo eso me destruyó.
Pero… debía contarle desde el principio, no porque quería mostrarle que yo había sido el primero en poder disfrutar a su lado, sino porque quería que comprendiera como me sentí yo con él, quería que supiera que esto era difícil para mí, y que quería dejar en claro todo de una maldita vez; quería terminar con esto.
—Solo escúchame, no vengo a gritar ni a insultarte —le aclaré y él solo asintió, no podía ver alguna reacción facial suya, parecía que también quería irse, así que decidí comenzar.
Era nuevo en la zona, había decidido vivir con mi abuela porque quería terminar de estudiar cuanto antes, aunque también era una obligación que ella misma me había hecho recordar. Era verano y, después de haber estado unos días en lo que sería mi nuevo hogar, decidí salir a dar una vuelta en bicicleta, jamás había ido solo por el vecindario o al centro por mi cuenta, hasta el momento solo acompañaba a mi abuela.
Aunque el primer día que llegué había encontrado una biblioteca luego de dar un pequeño paseo, para orientarme en caso de alguna emergencia.
Iba tranquilo, era domingo y no había nadie en las calles, lo que me resultaba extraño ya que en verano suele haber mucha gente, aunque de seguro andaban de vacaciones por ahí. Relajado, escuchando mi música favorita, me detuve en un semáforo que justo daba a un parque que había visto cuando me trajo el autobús a este lugar. El parque era inmenso, allí había niños, adultos y ancianos, y lo que me sorprendió fue ver a jóvenes. En todo el tiempo que llevaba aquí solo había visto un chico trabajando en la despensa.
No sé si me había emocionado demasiado o qué porque arrojé mi mp3 y mi teléfono de un brinco.
Sin embargo, yo era medio antisocial para hablar con la gente, y muy selectivo. Si se trataban de idiotas por supuesto que no me acercaría, y esto me hizo pensar que cuando entre a la escuela en dos meses, sería un desafío que debía atravesar.
Decidí bajar de la bicicleta y recoger mis cosas, me conduje al parque. Si bien no tenía pensado hacer amigos, ya que sería muy raro llegar y decir: «¡Hola, mi nombre es Devon y soy nuevo! ¿Puedo ser su amigo?» Es obvio que me mirarían raro, y hasta se reirían en mi cara. Yo también me reiría de ese momento, aunque lo haría por la vergüenza y la pena que provocaría.
El ambiente era muy alegre, había personas haciendo picnic, personas que practicaban alguna actividad, otras se tomaban fotos con sus cámaras, era un lugar lindo y realmente no había problemas en convivir ya que el parque era demasiado grande.
Me acerqué a un árbol que producía una agradable sombra, hacia algo de calor y la brisa evitaba la alta temperatura, y que uno sudara como cerdo. Dejé la bici tirada en el césped y me acomodé contra el árbol, tenía una mochila que contenía agua, un libro que había sacado de la biblioteca de mi abuela, un cuaderno y un lápiz. Mi abuela leía muchísimo, le encantaba, a veces pasábamos por una librería y ella compraba libros, yo solo leía los que tenía en su biblioteca, leía de diversos géneros; su selección era buena porque siempre terminaban gustándome.
Decidí ponerme a leer un poco, debía enriquecerme de cultura antes de comenzar en una nueva escuela.
Pero entonces… un pelotazo en la cara hizo que volara mi libro, no sin antes golpearme la nariz y parte de mis mejillas.
— ¡Oh, lo siento! ¡En verdad lo siento! —escuché, yo solo pude reaccionar para tocarme la nariz y verificar que no hubiera sangre. —¡Georg, eres un imbécil!
Miré mis dedos y no tenía nada, solo que me dio una comezón en la nariz, segundo después estornudé y alguien se inclinó a mí. Lo miré por un segundo y él me observó preocupado.
— ¿Estás bien? —me preguntó, yo solo asentí y quise juntar mi libro, pero él me lo alcanzó —En verdad lo siento.
—No es nada —dije tocando mi nariz.
—Oye, en verdad lo siento —vi que se acercó otro chico, tenía una coleta baja. Se paró detrás del tipo que vino a pedirme disculpas primero. Yo negué con la cabeza —No te he visto por aquí antes, ¿Eres de este vecindario?
—No, soy nuevo aquí. —ellos dos se miraron y se sonrieron, lo cual me preocupó, y por las dudas, comencé a tomar mis cosas de forma apresurada.
Recogí el cuaderno y el lápiz, los metí dentro de la mochila y también la botella de agua, en eso veo que se acercan más chicos, y una chica. Ok, esto me empezó a generar un miedo que era mejor tomar la bicicleta y largarme, pero antes de que hiciera eso, el chico de rastas, que recién me había dado cuenta de que tenía rastas rubias, me puso una mano en el hombro y me sonrió amistoso, o eso creía.
—No vamos a molestarte, no hacemos eso —todos se rieron —Soy Tom, ¿Cómo te llamas?
—Devon —dije rápido. Pronto todos comenzaron a presentarse, y yo solo asentía como un estúpido ¿Estaba socializando?
—Yo soy Reira —dijo la chica de bonita sonrisa — ¿Hace cuánto te mudaste a esta parte de Berlín?
Transmitía algo, no sabía qué, pero era algo agradable a primera vista. Era morena, de cabello abundante, para ser una chica que no llevaba maquillaje era indescriptiblemente bonita y simpática.
—Fue así como conocí a Tom y a los demás —dije mirando el suelo —No sé si él te ha contado cómo fue, pero si no lo hizo, no te enojes con él pues supongo que tendrá sus razones.
Suspiré profundo, lo miré por un segundo y tenía sus ojos clavados en mí, presioné mis labios. Me ponía un tanto nervioso que no dijera nada, pero decidí seguir con la historia, porque esto era lo que había decidido: contar mi versión, y la verdad de todo lo que me pasaba.
—No me tomó mucho tiempo integrarme con ellos, de hecho, me invitaban siempre a varios lugares; a sus casas, al parque, a la alberca. Pronto me había hecho amigo de Tom, y es que ambos teníamos una pasión que era la música…
Por la noche, Tom me había invitado a su casa. Mi abuela estaba contenta de que pudiera hacer amigos durante el verano, y aunque las vacaciones estaban terminando, y se acercaba el tortuoso pase por la nueva escuela, no me sentía tan presionado o nervioso.
Bajé de mi bicicleta cuando ya estaba en la vereda de la casa de Tom y lo vi a él sentado en las escalinatas, me sonrió y se puso de pie al mismo tiempo que yo me acercaba para saludarle, di un vistazo y noté que su garaje estaba abierto.
—Es una buena noche para tocar un poco la guitarra, ¿No crees? —me dijo cuando dejé tirada la bici en el césped y lo saludé con un apretón de manos amistoso.
Él estaba bebiendo una cerveza, ¿Acaso no estaba su padre aquí? La única vez que bebí alcohol fue en el cumpleaños de mi abuela, y luego de una copa de vino me caí rendido en el sofá. Creo que fue una experiencia patética. Empecé a bailar canciones viejísimas al principio y luego, en el sofá, cantaba canciones, o trataba porque ni yo me acuerdo qué estaba diciendo.
—Menos mal que hoy no hizo tanto calor, pensé que tendría que llevar a mi abuela al hospital de nuevo —le comenté y él me tendió una cerveza, primero dudé en agarrarla, debido a aquel recuerdo absurdo, pero luego dije: solo es una cerveza.
— ¿Aún sigue con el tema de la presión? —me preguntó mientras dejaba su botella en una mesada que tenía herramientas de mecánica y otras cosas, yo busqué un lugar donde acomodarme y había encontrado una silla.
—Si, pero ahora tiene dolores de cabeza muy constantes. Ya la he acompañado al médico, pero ella me dijo que todo estaba bien, que solo es por el verano.
Dije antes de mandarme el pico de la botella a los labios, necesitaba despejarme, mi abuela estaba con una vecina ahora, eran amigas desde que ella se había mudado a esta ciudad, así que me sentía un poco menos preocupado. Nos pusimos a hablar de cosas que nos pasaron en años anteriores, le conté que esta sería la última vez que me mudaría, porque siempre era el niño nuevo en la escuela en cada ciudad o pueblo al que iba.
Con Tom teníamos mucho en común, lo que nos diferenciaba era no veníamos de la misma madre. No sé si lo sentía como un primer mejor amigo, o un hermano, pero era la primera vez que podía confiar en alguien y decirle cualquier cosa sin temor a que me mirara raro o se alejara de mí. Tampoco sabía si era algo apresurado pensar de esa manera, porque yo siempre solía ser medio desconfiado de todos, y era una de esas razones por las que no hacía tantos amigos cuando me mudaba e iba a una escuela nueva cada tanto.
Sin embargo, la familia de Tom, y Tom, me habían recibido muy bien en su casa, hasta su padre me decía hijo, aunque tenía la leve sospecha de que era porque se había olvidado mi nombre y para no pasar por un mal momento me decía así, aunque tampoco me molestaba que no supiera mi nombre.
Pasamos la noche bebiendo cerveza y tocando algunas melodías, él a veces cantaba y yo solo lo escuchaba, en el medio de esas presentaciones, hablábamos de nuestros sueños. Yo quería ser editor o productor musical, una cosa no tenía que ver con la otra, pero ambas me gustaban mucho, y aunque casi no le dedicaba tiempo porque me la pasaba leyendo, con el piano que había en la casa de mi abuela y la guitarra que me dejó mi abuelo me las arreglaba; me turnaba en perfeccionar mi estilo al corregir y, al mismo tiempo, tocaba los instrumentos para poder desenvolverme en la música.
Tom quería ser guitarrista, incluso les había propuesto a sus amigos formar una banda y, con la ayuda de su padre, podrían tener algo de suerte en la industria de la música. Lamentablemente sus amigos tenían otras ambiciones y eso no le enojaba, pero tenía la idea clara de hacer algo también en el entorno de la música, ya que su padre trabajaba en una discográfica muy conocida en Berlín.
Sabía tocar la guitarra y un poco de batería, y terminamos diciendo que capaz hacíamos una banda solo nosotros. Fantaseábamos a cada tanto, imaginándonos tocando en algún escenario frente a miles de personas, y me agradaba ver su rostro sonriente y tan confiado, demostrando que iba a conseguirlo sea como sea.
—… supongo que fue ahí donde empezó todo. —dije casi en voz baja y con un nudo enroscado en mi garganta. —Esa noche, al volver a casa, no me sentía como las veces anteriores cuando compartíamos tiempo.
—Tom me dijo que empezaron a hablar cuando tú habías entrado a la escuela, con esto que dices, solo me estoy confundiendo un poco más. —dijo mirándome con el ceño fruncido, yo solo asentí tragando saliva.
Entonces era cierto, Tom quería borrar todo ese rastro, esas situaciones jamás tendrían que haber existido y él solo contó lo que quiso. Lo entiendo, no debía enojarme con él, tenía sus razones y yo solo era un maldito loco enamorado de un chico a tan corta edad.
¿Cómo podía dejar que yo siguiera siendo su amigo, cuando él me evitaba desde un principio? ¿Por qué siguió hablándome todos estos años?
—Como te he dicho antes, no lo culpes si no quiso contarlo… —tragué saliva, ¿era correcto continuar con esto? Porque no me estaba sintiendo muy bien. —seguro es algo que quiso borrar.
—¿Cómo sé que lo que me dices no es una mentira? —me preguntó calmado, mirándome fijo.
En estos casos no podía mentir, ¿Cómo podría contar esto si fuera una mentira? Realmente pasó, y mientras se lo cuento siento que regreso hacia atrás, pensaba que todo estaba bien hasta que pasó aquello que me desvaneció y todo se volvió gris por un instante.
—No lo es, Bill. Te estoy contando como demonios me enamoré de él —presionó sus labios y sentí que iba a salir de la habitación —No lo hago para que te enojes, ni me odies, solo que… sé que te caigo pésimo y quiero que sepas por qué.
—Porque estabas enamorado de él, lo acabas de decir…
Sentí como mis latidos se esparcían por mi cuerpo, un calor en la frente y en la nuca me atormentaron y mis ojos empezaron a arder, ¿Lo había dicho o lo pensé?
— … y aún lo estás. —concretó.
Continúa…
Gracias por la visita. Los invitamos a continuar con la lectura.