«Wünschen». Temporada III
Capítulo 29: Devon: mi verdad (P. 2)
El verano era un infierno, en esta tarde de domingo habíamos decidido pasarla en la piscina de la casa de Georg, mientras comíamos pizza y bebíamos cerveza sin esconderla, ya que sus padres no estaban. Siempre solíamos ser el grupo de cinco, pero esta vez Georg había invitado a sus amigos, ya que iba un curso más que los demás.
Todos ya estaban refrescados, algunos aprovechaban el sol y se bronceaban, otros, como yo, se ponían a la sombra y bebían tranquilos. Estaba algo alejado porque había leído un mensaje de mi abuela diciendo que iba a estar en la casa de la vecina, por si cuando yo iba a casa ella no estaba. Me alegraba saber que estaba mejorando de a poco, aunque estos días hayan sido demasiado calurosos ella supo contenerse y no ir al hospital, pero también su amiga estaba ahí para ayudarle.
Guardé el móvil junto con mi mochila y observé como se divertían, se reían y bailaban al ritmo de la música. Sin embargo, todo eso pasó en segundo plano cuando pude ver que, de la cocina, deslizando la puerta, salía Tom colocándose las gafas de sol debido a que estaba muy fuerte. No sé qué ocurrió en mí, de repente sentía mi pecho acelerado y sentí más calor de lo que ya experimentaba, era como si mis mejillas hubieran recibido unas cuantas cachetadas.
Inspiré hondo notando como los latidos de mi corazón se propagaban por todo mi cuerpo: en mi visión, en mis manos, en mi estómago, en todos lados. Desconocía totalmente esta sensación, jamás me había ocurrido, solo había leído cosas similares en libros cuando…
Oh, mierda.
Negué con la cabeza, no podía ser cierto, ¿Acaso por eso me sentía muy extraño luego de aquella noche que habíamos estado hasta tarde en su garaje? ¿Acaso por eso me sudaban las manos poco después de saludarle? Pero, no es posible, se supone que debo reconocerlo y darme cuenta de ello, ¿Por qué me doy cuenta tan tarde?
Bajé la vista, me sentía acelerado, empecé a ponerme nervioso cuando escuchaba su voz, su risa y no sabía qué hacer, ¿Qué demonios hago? ¿Me voy? ¿Puedo morir aquí?
La curiosidad me iba ganando, su voz me llamaba muchísimo la atención, era como un imán atrayéndome con mucha fuerza, quería rendirme y quería luchar, acababa de darme cuenta de esto frente a todos sus amigos, ¿Cómo se supone que deba lidiar con esto?
—Devon. —al oír eso me sobresalté y miré para todos lados —oye, ¿estás bien?
Se trataba de Reira, un alivio enorme llegó a mí, asentí repetidas veces e ingerí el refresco que tenía cerca, debía calmarme. Ella se sentó a mi lado y yo por dentro trataba de estabilizar mis latidos, no quería que se diera cuenta, digo, sé que es algo que a todos nos pasa y no sabemos de quién puede ser, pero… no lo sé, era bastante extraño para mí todavía.
—Espero que te haya gustado el postre que traje, —dijo mirándome mientras entrecerraba un ojo debido al reflejo del sol en el agua. —lo preparamos junto con Dana a las dos de la madrugada.
La observé, tenía el cabello rojizo húmedo, un bikini negro que le sentaba muy bien, pulseras típicas que usan las chicas en verano y un collar en su cuello. Era muy bonita al natural, y demostraba ser esa mujer que nadie podía pisotear, a pesar de estar rodeada de hombres, no era de dejarse con juegos o indirectas de los chicos. De todas formas, cuando algo así sucedía salía Tom a defenderla, ¿Por qué sentía una sensación entre ellos?
Digo, son amigos desde hace mucho tiempo, y pregunté a Georg si ellos eran pareja y me dijo que no, que Tom la quería como si fuera su hermana, y por eso actuaba de forma tan sobreprotectora.
¿Será cierto?
—Estaba delicioso —le dije mientras ya me sentía más calmado. —Tienes buena mano para hacer postres, yo siempre he querido hacer un budín de naranja y nunca me ha salido.
—Bueno, pues algún día podremos juntarnos en casa y practicamos si quieres. —me sonrió tan tiernamente.
Escuchamos risas y como se daban chapuzones en la piscina, ambos volteamos a ver y los amigos payasos de Georg estaban haciendo sus tonterías. Tom tenía sus rastas mojadas y eso no le importaba, estaba sentado al borde de la piscina con ambos pies dentro de la misma, fumando con Georg y Dana, la única amiga de Reira. Al menos la única que conocía hasta el momento.
No lo sé, Tom se veía realmente bien y me gustaba como fruncía las cejas al inhalar la nicotina.
— ¿¡Devon!? —oí y miré a Reira, se rió debido a mi expresión — ¿En qué estabas pensando?
—Ah, en nada, es solo que… —tenía que inventar algo rápido —estaba pensando en mi primer día en una nueva escuela.
—Pero… ¿No que ya pasaste por varias antes? ¿Por qué te preocupa? Ya deberías estar acostumbrado, no creo que tengas problemas en socializar, pareces buen chico.
Ojalá fuera así, la verdad es que era muy tímido a la hora de hacer amigos, y como siempre la indiferencia y el prejuicio me abordaban primero. Sin embargo, al ver a la primera persona de este nuevo vecindario, me di cuenta que si daba una pizca de confianza, no resultaba tan malo conocer gente nueva. Aunque también podría haber confiado, y resultara ser un grupo de pandilleros en mal camino.
Pero esa persona… Tom, me brindó desde su mirada una muestra de humildad y de confianza, y me tiré, imaginariamente claro, a sus brazos para que me apretujara.
—Cuando eres nuevo muchos te miran y empiezan a criticarte sin conocerte, hasta saben de tu vida sin siquiera haber hablado con ellos, o crean rumores horribles —solté sin pensarlo, la observé de reojo, este tema suele ponerme algo sensible —Cada que empezaba me imaginaba que lo haría bien, olvidando lo que viví en el anterior instituto, pero la mala suerte siempre estaba ahí, esperando el momento correcto para mandar todo a la mierda. Yo no sé de dónde sacaban los rumores, nunca pedí explicaciones, pero mis padres tampoco las pedían y no tenían por qué, ya que cada seis meses se mudaban de ciudad. No había tiempo de mantener una amistad, aunque tampoco nadie solía acercarse a mi para intentarlo.
Era horrible ser el nuevo siempre, y aunque ya estaba acostumbrado a los cambios, cuando comenzaba todo de nuevo me venía esa angustia y ansiedad al pensar qué rumores inventarán o en cuanto tiempo tardarían en empezar a molestarme.
—Eso no ocurrirá este año —me dijo mientras me abrazaba, sentí su perfume floral y su calor corporal.
Ella era muy buena con todos, siempre sonreía, era solidaria y simpática, nunca te hacía sentir menos y eso es lo que me reconfortaba un poco. Sin embargo, cuando Tom y yo estábamos a solas, me sentía realmente completo y era como que no necesitaba a nadie más. Se sentía extraño y satisfactorio, el que sientas que le estas agradando a alguien y que a ti también te pase lo mismo.
Pero… Yo estaba desviando ese cariño para otro lado, y ya no había vuelta atrás porque me conozco.
—Gracias, Reira —le dije al separarnos, nos observamos sonrientes.
—No tienes por qué…
—No, de verdad gracias —la interrumpí, me observó detenidamente ya que mi voz había cambiado el tono. Me sorprendía muchísimo que alguien me hiciera parte del grupo. —, eres una buena chica.
—No es nada, tontito —dijo divertida y me dio un golpecito en el hombro —si necesitas desahogarte aquí estoy.
Vi que se puso de pie mientras se acomodaba su cabello húmedo, yo también me puse de pie porque me habían pillado las ganas de ir al baño, la cerveza aceleraba el proceso. Detrás de Reira vi que Tom caminaba de puntillas sonriéndome, y me hizo un gesto con sus dedos para que me mantuviera callado, para luego señalarla. Yo no estaba entendiendo al principio, y luego vi que la asustó, ella gritó y él terminó empujándola al agua.
Todos comenzaron a reírse, pero yo me reí debido a la sonrisa de Tom que me lanzaba, a mí, solo a mí. Nos quedamos viendo unos segundos, algo que se me hizo lento y que atesoré en el fondo de mi pecho. No sé qué estaba sucediendo conmigo, ¿Por qué sentía que iba todo rápido? ¿Por qué mis sentimientos se despertaron repentinamente?
— ¡Idiota! —escuchamos, las carcajadas seguían. Unos segundos después oía silbidos y me sorprendí al igual que Reira, Tom dejó de reírse. — ¡Eres un hijo de puta!
— ¡Reira! —exclamó su amiga mientras se acercaba con una toalla.
Sí, a Reira se le acababa de ver parte de su busto.
Tom de inmediato le ofreció su ayuda y logró sacarla de la piscina, Dana le pasó la toalla y él la cubrió, pero Reira lo insultó y lo empujó para adentrarse a la casa. Y mientras ella pasaba, todos los amigos de Georg comenzaban a decirles cosas, yo les quedé observando, pero Tom actuó y les dijo que cerraran sus bocas o le metería tantas patadas en el trasero que luego no podrían sentarse.
Realmente estaba enojado con ellos.
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Estaba alterado, no sabía qué hacer, la vecina dijo que me quedara tranquilo, pero ¿Cómo podía estar tan tranquilo? Acababan de llevar a mi abuela al hospital, y yo no podía ingresar a la ambulancia por ser menor de edad.
Me adentré en la cocina a beber un poco de agua, me sentía muy mal y quería ir corriendo al hospital. Sentía que me iba a desmayar y sabía que necesitaba ayuda de forma urgente, por lo que tomé mi celular y llamé a Tom, no sabía si estaba despierto a esta hora, ya eran las dos de la madrugada.
Me atendió enseguida y como pude le expliqué la situación y que no quería quedarme solo, no nos habíamos visto en días debido a que yo estaba pendiente de mi abuela, que venía sufriendo con este calor infernal de verano. Me dijo que me calmara y que vendría para casa, yo solo le agradecí infinitamente porque de verdad era la primera vez que le sucedía algo así a mi abuela.
Cuando sufría de la presión solo se quedaba sentada y le faltaba un poco le aire, se calmaba y estaba todo normal, incluso la vecina le tomaba la presión para verificar que estuviera todo bien. Sin embargo, ahora se agarró el pecho y decía que su cuerpo se había quedado quieto, apenas pude comprender sus palabras ya que no la escuchaba bien, era como que no le salía la voz, y temí lo peor.
No quise esperar adentro, así que solo me limité a deambular de un lado a otro por la vereda, aguardando a Tom. Cada segundo que avanzaba sentía más ansiedad y como iba acumulando esas ganas de llorar, no sabía qué hacer, estaba totalmente aturdido con todo esto.
¿Debería llamar a algún familiar? ¿Avisarles a mis tíos que vivían cerca? ¿Llamar alguno de mis padres?
Pero, ¿Por qué iba a avisarles? Si ellos mismos no querían visitar a mi abuela e inventaban excusas para no llamarla. Ése era otro asunto de mi familia con el que debía cargar todos los días, tratar de calmar la angustia de mi abuela al saber que nadie de su sangre preguntaba por ella, ni en su cumpleaños.
Impaciente, con los nervios azotándome la nuca, me quedé esperando a Tom. No tardó mucho después de todo, y en cuanto me vio me abrazó fuerte, fue en ese entonces que mi cuerpo se sintió seguro y pude llorar sin vergüenza alguna.
—Oye, está bien. No va a pasar nada —me decía mientras me daba palmadas en la espalda, mi cuerpo temblaba y sentía un frío recorriendo el interior de mi pecho. —… Tranquilo, estará todo bien.
—Tengo miedo —solté con dificultad, tenía ese miedo atorado en la garganta —y estoy solo aquí.
—No, no lo estás —se separó para que nos mirásemos a los ojos —yo estoy contigo, al igual que la amiga de tu abuela. Ella la acompañó, no te dejará solo tampoco.
Logró calmarme tiempo después, aguardando la llamada de Clara, la vecina. Nos quedamos en el living con la tele encendida, en silencio, bebíamos refresco y a mi lado yacían varios pañuelos con mis lágrimas y mocos. Tom solo observaba la pantalla callado, a veces nos mirábamos, pero no nos decíamos nada, creo que solo la compañía era suficiente en este instante. Me agradaba, me sentía mucho mejor y ya no temblaba tanto.
Mi corazón latía muy fuerte, era como si el sonido de mis latidos salía por los parlantes del equipo de música, estaba nervioso y sentía un leve escalofrío, más trataba de no angustiarme ya que era demasiado en esta situación.
—Iré a fumar afuera —me dijo y le miré.
—Puedes fumar aquí, abriré la ventana —dije dirigiéndome hacia las que daban a la calle.
— ¿Seguro? —preguntó preocupado, yo solo asentí. Al terminar de abrir, me giré, apoyándome contra un mueble.
Observé como encendía su cigarrillo y esa imagen tan… masculino, logró que mi cuerpo tiritara, ¿Cómo podía sentirme así en un momento como éste?
— ¿Estás bien? —nos miramos a los ojos y asentí.
En ese instante sonó el teléfono de casa, corrí a la cocina a atender. Clara me dijo que todo estaba bien, que mi abuela estaba estable, pero que igualmente la tendrían en observación hasta que amanezca. Me sentí muy aliviado, le dije que iría a cuidarla, pero ella insistió en que se quedaría, que yo tratara de dormir un poco. Le agradecí tanto que no terminé de contar cuantas veces fueron, luego ella colgó y me quedé un rato en silencio.
Escuché los pasos de Tom acercándose, sin siquiera saber si estaba a metro de mí hablé:
—Ella está bien, Clara se quedará hasta que amanezca porque está en observación —se asomó y le miré —… por si acaso.
—Me alegra que no haya pasado nada grave —dijo mientras venía hacia mí. Se quedó mirándome, estábamos demasiado cerca, pero traté de no reaccionar de forma indebida.
—De… De todas formas, me comentó rápido que tiene que volver a hacerse los estudios —me aparté para dirigirme a la nevera y comer una fruta o algo dulce, sentía que ahora yo iba a colapsar.
Se quedó conmigo lo que restaba de la noche, ambos en el sofá mirando películas de acción sin entender mucho, por momentos yo dormitaba y rogaba que todo sea una pesadilla, pero luego observaba a mi alrededor y aún no había amanecido. Otras veces solo me quedaba observando a Tom, me quedaba quieto, fijando como sonreía o fruncía las cejas de ver alguna escena horrible en la tele.
No lo sé, no podía contener esto que traía en el pecho, me hacía sentir incómodo y cada que fijaba sus labios yo…
—Oh, carajo —murmuró Tom y me repuse, miraba su móvil y la pantalla titilaba. —Es Reira, debía llamarla para despertarla temprano.
Me miró y se puso de pie, atendió la llamada y empezó la discusión.
Yo siempre dije que había algo entre ellos, o esa era mi sensación. Sus amigos decían que Tom la trataba como a su hermana pequeña, que se conocían desde niños. Me pregunto si Reira tiene novio, ya que nunca la había visto con otro chico que no sea uno del grupo de amigos.
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No es algo tan simple, saber que voy a estar con Tom hasta, si se pudiera, graduarme me ponía un tanto ansioso. Mañana comenzaban las clases, y Tom había organizado una reunión de amigos en su casa, sus padres no estaban así que no había límite.
Habían pasado las doce de la noche y ya todos estábamos bastante entonados, se habían propuesto comenzar el día de clases ebrio, y ver quien hacía qué travesura en el salón. Todo era risas y caídas, boberías y apuestas. Me sentía bastante integrado, o tal vez nos volvíamos mejores amigos solo por beber, aunque ellos ya eran más que amigos, ¡Eran mis hermanos!
Estaba en el baño, no podía enfocar bien mis ojos a ninguna parte, sentía que en cualquier momento me iba a caer. La mezcla de alcohol no fue una buena idea desde un principio, ¡pero a quien le importa! Si de todos modos me quedaría durmiendo en lo de Tom, no había que pedalear en bicicleta hasta casa.
— ¡Amigo estas tardando mucho! —me golpearon la puerta, me reí, no sabía de qué, y abrí la misma dando pasos torpes, agarrando rápidamente la lata de cerveza que había llevado conmigo. Georg me miraba con un cigarrillo en sus labios, entrecerrando los ojos y sujetándose el cabello. —Ya era hora, necesito evacuar la zona.
Me dio unas palmaditas en el hombro, estaba muy animado, como todos. Casi me choco con la pared, me reincorporé y caminé hasta encontrarme con una puerta entreabierta, era la habitación de Tom. Con pasos torpes ingresé, prendí la luz y me senté en su cama, me tomé lo que restaba de un tirón e hice una mueca al terminar. Moví mi cabeza de un lado a otro y mis ojos se enfocaron en la mesita de luz.
Había un rollo de papel higiénico y… ¿Esos son condones? Oh, Tom, ¿y no me has contado con quien fue? Dos estaban abiertos, el resto sellado. Claramente nos contábamos esas anécdotas sobre sexo, aunque no niego que eso alguna que otra vez me ha excitado un poco, viniendo de su boca. Cielos, ya la cerveza me tiene muy mal.
Me tiré de espaldas sobre sus sábanas, todo comenzó a girar sobre mí, ya no estaba cuerdo. La música se escuchaba fuerte, pero al mismo tiempo era algo muy lejano. Me quedé observando el techo, oyendo las carcajadas y alguna que otra voz chillona abajo, se divertían y la verdad que nos pusimos ebrios muy rápido, seguro que todos estaríamos muy crudos por la mañana, y eso que desde aquí iríamos a la escuela en unas cuantas horas.
Oí la puerta nuevamente y miré, me reincorporé de inmediato al darme cuenta de que Tom estaba presente, me quedó mirando y luego me sonrió, notaba por sus pasos que estaba entonado como yo.
— ¿Viniste a descansar un poco? —me preguntó a medida que avanzaba a un paso gracioso mientras bebía de su vaso. Yo no me animaba al vodka aún, preferiría la cerveza, él seguramente estaba el doble de lo que yo estaba, pero sabía disimularlo.
—Creo que en unos minutos no podré ponerme de pie —dije mirando a donde se dirigía, tomó los condones de la mesita de luz — y…. parece que estuviste ocupado estos días, ¿verdad?
Escuché su carcajada, pero era una pícara, de esas que se ríen cuando se acuerdan de sus maldades. Jesús, amaba esa risa.
—Se dice el pecado, pero no el follador —dijo al tomarlos, volteó a verme y se sentó a mi lado —Un amigo dejará de ser virgen en unos instantes, me siento como el gurú del sexo por dar consejos y prestar habitaciones para que florezcan estos niños.
Los dos nos reímos, me contó quien era y estuvimos hablando sobre lo sucedido, habría un desastre por la mañana, así que deberíamos limpiar unas horas antes de ir a la escuela. Esperaba estar en buen estado para ese momento, Tom dijo que Reira nos ayudaría, ya que era la más sana del grupo, no bebía tanto y prefería cuidar a los demás.
—Espero que la estés pasando muy bien —me dijo mirándome, me dio unas palmaditas en el hombro, estábamos sentados uno al lado del otro, a unos centímetros de distancia.
—La verdad —le sonreí —estuvo todo lindo. Tus amigos sí que están locos.
—y eso que logré evitar el bautismo del grupo —jugó con los condones en el aire, tirándolos de una mano a otra —es algo asqueroso, pero es como forjamos la amistad.
—No me digas que es un beso con el líder del grupo —solté de inmediato.
Mierda, ni siquiera lo había pensado. ¿Qué pensará de mí al decir eso? Ay, Devon, Devon, tú siempre tan bocón.
Me miró algo sorprendido, y luego lanzó una carcajada que, por un segundo, me hizo sentir aliviado. Al menos no captó esa doble intención, oh, ¿de verdad lo había dicho con esa intención?
—Eso hubiera estado bueno, digo, aquí todos son bienvenidos, no somos anticuados.
No sé porque, pero eso fue algo que me hizo sentir con… ¿Esperanza? O acaso él…
— ¿Alguna vez besaste a un chico? —me preguntó, yo sentí que mi corazón se iba a salir.
—N-no… bueno sí, pero no para formar parte de un grupo —dije nervioso y me reí para sacar la tensión que se atoró en mi garganta. —Ah, yo siempre digo que hay que experimentar cosas en la vida, sino… no es vida, ¿verdad?
—Totalmente, si hay una oportunidad se debe aprovechar —dijo riéndose.
De pronto la borrachera se me fue y sentí mis mejillas calientes, nos miramos de nuevo y negué con la cabeza.
Algo estaba sucediendo, se produjo un silencio, estábamos cerca y su sonrisa se iba esfumando para fijar mis labios, y yo los suyos. Estaba sucediendo, estábamos ebrios, ¿quién podría recordarlo después? Obvio que yo, era algo que quería, que anhelaba y soñaba casi todas las noches desde que empecé a sentir algo por él. Pero, ¿Qué sucedería luego?
Notaba que lentamente se iba acercando, y eso provocaba que mi cuerpo respondiera y también lo hiciera, no estaba seguro, no sabía si era real, pero yo lo hacía. Mi corazón latía con fuerza y me lo pedía a gritos que lo hiciera, que diera ese paso para detener todo esto que vengo cargando por su culpa. Aunque no era suya, era mía por ser un idiota y caer a la primera.
¿Esta sería mi única oportunidad? De ser así, debía tomarla, no sabría lo que vendría, ni quería saber. Al menos conseguiría rozar sus labios antes de que me mandara a la mierda.
— ¡Tom! ¿Dónde mierda estás? —escuchamos por el pasillo, la voz y la música fue algo que me distorsionó, logrando que Tom se apartara de mí.
Tenía que ser ella.
Tenía que interrumpir mi oportunidad.
— ¡Ah! ¡Te está buscando Kevin como un condenado! —dijo entrando a la habitación como si nada, nos quedó mirando — ¿Les sucede algo?
Tom y yo nos miramos una vez más, y luego él se rio y negó con la cabeza, nos separamos un poquito y ella se puso frente a nosotros. Observó la mesita de luz e hizo una mala cara hacia el dueño de la habitación.
—¿Es en serio? ¿De nuevo? —no sé si se veía preocupada por él, o por la pobre chica que cayó. —Adivinaré, seguro es Mia, ella siempre quiere sacarme información sobre ti.
Él se separó de mi para poder ir con ella y con los condones, dejándome sin decir una palabra, ni siquiera bromeó con ello. Me refiero, no me dijo que era una broma o algo por el estilo.
— ¿Reira? —preguntó, sacándome del pasado, podía recordar el calor y todo. Al mismo tiempo, aquella última imagen de lo que estaba relatando se hizo presente, pudiendo oír su risa, como iban juntos y abrazados, alejándose de mí, riéndose de no sé qué, porque no lo recordaba. Estaba quieto, sin reaccionar, tanto por lo sucedido como por el hecho de que ahora ella se lo llevaba. ¿Qué era eso?
—Era obvio que empezaba a sentir celos —respondí asumiendo que se trataba de ella. —Todo se complicó cuando las clases comenzaron, con todo asumido, incluyendo los celos, se me hizo difícil pasar momentos juntos. Así que traté de anotarme a cualquier actividad que me quitara tiempo para evitar a Tom, pero, mientras más lejos estaba de él, los sentimientos se iban intensificando.
Me dolía recordar esos momentos, si bien al principio me gustaba compartir situaciones con Tom, el saber que cada vez lo veía más pegado a Reira, me ponía un tanto incómodo, y celoso. A veces Georg decía que siempre han estado así, que a ella la trataban como si fuera la hermana pequeña de los tres, pero… a mi parecer esto estaba teniendo otros tintes, y eran de esos que no me gustaban tanto. Separarme del grupo los primeros meses no fue tan sencillo, me tocaba en el mismo salón que Reira y Tom, lo que me hacia tener que presenciar ciertas cosas, cosas que yo sabía de qué iban, pero el resto parecía tomarlo como una relación de amistad.
—Cuando falleció mi abuela, casi a fin de año, él me ayudó muchísimo. Conmigo vino a vivir uno de sus hijos, mi tío no era de hablar mucho conmigo porque casi lo veía muy poco, así que solo nos veíamos en la hora de la cena y luego cada quien a su rollo. —miré mis manos, recordando alguna vez en las que Tom me las sujetó, diciendo que no todo estaba perdido, que él estaría para mí si en algún momento me sentía solo. —Y en ese momento nos volvimos inseparables de nuevo. Por otro lado, me sentía sin ganas, por lo que abandoné casi la mitad de las actividades que hacía en la escuela, y pasábamos las tardes en el garaje con Tom, él siempre tocando la guitarra y haciendo covers de nuestras bandas favoritas.
Sí, podría decirse que la muerte de mi abuela me marcó mucho. Yo siempre me recuerdo que tendría que haber estado más tiempo con ella, pero le hacía caso cuando ella me decía que tenía que ir con mis amigos, que me veía bien, que se alegraba de que pudiera estar con gente de mi edad y que disfrutara de la juventud tanto como pudiera.
—El último año de escuela fue lo peor, no solo porque ya no estaba mi abuela, sino porque casi a mitad de año, Tom y Reira se hicieron novios. Yo sabía que eso sucedería, pero estaba en plan de apoyar a Tom en lo que fuera, sabía que él solo me veía como su amigo y tenía que dejarlo así, por más que me doliera verlo con alguien más. —Hice una pausa, se me formó un nudo en la garganta. Obviamente recordar esos días era como abrir de nuevo aquella herida que nunca terminó por cicatrizar del todo.
Ya quedaban las últimas semanas de clase, y no parecía que el verano pintara bien. No era solo porque había días fríos, sino porque me había quedado sin mi compañero de garaje y diversión. No sabía que le sucedía, simplemente desaparecía o no llegaba a tiempo a nuestros encuentros, a veces íbamos al cine los viernes, y dos veces ya me dejó plantado, tuve que darle los boletos a cualquiera que pasara para que la disfrutara mejor que yo.
Estaba algo decepcionado, intranquilo y enojado, pero no con él, claro que no, nunca podría enojarme con él, sino con la situación, ¿Le habrá pasado algo?
En este momento estaba de camino a casa, se suponía que iniciaríamos mi cumpleaños bebiendo unos chupitos, no se cumplen dieciocho años todos los días, y la idea era juntarnos en un bar a celebrar…
Pero… nadie llegó, no sé qué demonios les sucedió a todos, ¿Lo habrán olvidado? Había invitado a los chicos con anticipación, hasta se los recordé ayer.
Daba igual, solo quedaba dormir, o tal vez leer hasta que saliera el sol, hundiéndome en café y en mis dieciocho años recién cumplidos. No puedo creer que la pasara así, digo, sé que soy un antisocial, pero realmente quería pasarlo con mis nuevos amigos, y con Tom.
Al llegar a casa, noté que mi tío estaba mirando la televisión, bebiendo cerveza. Por un instante, creí ver a mi abuela sentada a su lado, dónde era su lugar favorito, mirando su programa de talentos. Tragué saliva, aún no podía superarlo, la extrañaba muchísimo.
Era mi primer cumpleaños lejos de ella, recuerdo que cada que cambiaba de colegio, y me mudaba de ciudad, cada cumpleaños venía a su casa y la pasábamos juntos.
—Div —escuché y miré a mi tío. Solo se quedaba conmigo hasta que cumpliera dieciocho, porque ya era mayor y sabía qué hacer con la casa, si venderla o quedármela.
Era demasiado, mi abuela me dejó esta casa y parte de sus ahorros, el resto los distribuyó con la familia. Algunos se habían enojado conmigo, diciendo que no tenía derecho solo por ser su nieto, que ellos, que eran sus hijos, tenían prioridad. Solo mi tío, el hijo mayor, entendió por qué me había dejado esas cosas y no protestó, me apoyó y ahora estaba conmigo por estas semanas para acompañarme en la decisión que yo tome.
—Saldré con unos amigos, haremos una reunión de reencuentro con mis antiguos compañeros de secundaria —al mismo tiempo que me lo decía, se levantaba y agarraba su caja de cigarrillos. —no sé a qué hora vendré, pero no te preocupes.
—está bien —susurré mientras colgaba mi camisa en el perchero.
—Ah… ¿Puedes traer las cajas que dejé en el patio? Olvidé recogerlas y creo que mañana temprano va a llover —abrió la puerta, me saludó y se marchó.
Que lindo empezar mis dieciocho en plena soledad.
Resoplé antes de salir al patio trasero, todo estaba apagado y solitario, como yo. Pasé por la cocina y vi que había vasos de fiesta, ¿Qué es esto? Me acerqué y los inspeccioné de cerca, también vi una vela de cumpleaños, ¿Qué sucede? Mi vista se fue hacia la puerta corrediza que daba al patio, no lo pensé dos veces y caminé hasta dar con ella y abrirla.
Al hacerlo, escuché unos gritos alegres y las luces se encendieron. Me asusté un momento, luego reconocí las voces y las caras, haciendo que me sorprendieran del acto. Tom sostenía un pastel en sus manos con una vela, con gorros de cumpleaños coloridos, y algo infantil, mientras empezaba a cantar. También noté que estaban los demás, y algunos compañeros que había entablado una cierta relación de amistad por las diversas actividades en la escuela.
— ¡Feliz cumpleaños! —dijeron todos al unísono, pronto comenzaron a acercarse para que yo pudiera apagar la vela de cumpleaños, no sin antes repetir que tenía que pedir un deseo.
¿Qué deseo podía pedir?
Luego del saludo, de agradecer a todos por hacer esta fiesta sorpresa, porque de verdad no me lo esperaba, yo creía que se habían olvidado de mí, que me odiaban, que no me querían, pero estos chicos… se las ingeniaron para darme una sorpresa, aun así, costara que los mandara a la mierda unos segundos.
—La verdad que los odio —dije riéndome mientras me sumergía en cerveza —de verdad, no creí que fueran a hacer algo como esto.
—Ah, tu tío nos ayudó un poco —dijo Georg.
—Y todo fue idea de Tom, así que si hay alguien a quien debas odiar, es a él —comentó Reira.
Les di un vistazo, solo bastó eso para que ella se acercara a él de forma fugaz y le plantara un beso corto en los labios, para luego él sonreírle de manera coqueta. Fruncí los labios, en mi interior algo se torció y esperaba que fuera mi cuello, ¿Tenían que hacer eso frente a mí? ¿En mi cumpleaños? ¿En serio?
La música apaciguaba un poco el mal rato, el festejo comenzó como si nada, pero yo empecé a molestarme por esa pequeña escena, me chocaba que lo hiciera en mi cara, había evitado siempre que estuvieran acaramelados frente a mí, más alguna que otra vez no lograba zafar y solo me quedaba voltear a otro lado.
Entre saludos, bebidas y comida, todos comenzaron a pasarla bien, todo era risas, juegos, baile y felicidad por haberse reunido. Sin embargo, yo estaba en la mesa donde se encontraba el pastel, a medio terminar, con las velas a un lado, tan solo como yo. Giré la vista, estaba rodeado de gente, debería estar feliz, pasarla bien, ¿Qué demonios me sucedía?
Siempre quise tener esto: estar con amigos, divertirnos, festejar algo que me incluía, que por un momento fuera yo el centro de atención, que fuera admirado por unos instantes, que todos me sonrieran y se sintieran seguros conmigo, como yo con ellos. Pero… ¿Por qué sentía esta molestia en el pecho? ¿Por qué no podía sentirme completo? ¿Acaso verlos me había afectado demasiado? ¿Acaso que él le correspondiera, me hacía odiarla más?
No, no debía odiarla, no tenía por qué ser así, ella no lo merecía.
Busqué un vaso que estuviera lleno de cerveza, o cualquier otra bebida alcohólica. Podía beber, pero no porque algo me estaba mortificando, tenía que beber en celebración a mi cumpleaños, ¿Qué me sucede?
La noche transcurría, todos seguían divirtiéndose, yo no sabía cuánto alcohol había bebido, pero estaba en la fase en la que me reía por todo, de cualquier cosa y me tambaleaba si bailaba, si me caía no pasaba nada, ni siquiera sentía el golpe. En verdad estaba muy ebrio.
— ¿No crees que ya has bebido suficiente? —miré a un costado, Georg me observaba riéndose, yo negué con la cabeza mientras me ponía de pie nuevamente, me había caído de culo porque no apunté bien para sentarme. —Está bien, solo avisa si quieres vomitar, pero te estaré vigilando.
Me levanté para ir al baño, ingresé nuevamente a la casa, la puerta estaba abierta para que se evitaran accidentes, fui hacia el baño que estaba cerca del comedor, pero estaba ocupado, no sé si era Gustav o algún otro. No me dio otra opción que ir al segundo piso, así que me agarré de donde pude y comencé a subir por las escaleras. Salté divertido cuando estaba en el piso de arriba y fui casi tarareando la canción que se escuchaba de fondo, al tiempo que terminaba de beber las últimas de mi vaso.
Al llegar al baño, me puse a cantar mientras orinaba, me lavé las manos y la cara para despejarme un poco. Me miré al espejo, tomé el enjuague bucal y lo tomé de un trago, quemándome un poco la garganta porque dejé pasar un poco. A ver si con esto lograba estabilizarme un poco, porque realmente creía que estaba tocando fondo, más eso no importaba, yo la estaba pasando bien.
Luego salí del baño y pasé por mi cuarto, la puerta estaba entreabierta y pude ver que alguien estaba acostado en mi cama, me quedé un rato mirando de quien se trataba, Tom estaba mirando el techo, con una cerveza sobre su pecho, me adentré sin pensarlo y el corrió sus ojos hacia mí. ¿Qué estaba haciendo solo?
— ¿En qué momento desapareciste? —pregunté sentándome, él dio unas palmaditas a su lado, dando por entender que me acostara o me sentara, hice caso a lo primero.
Me puse a la par, mirando el techo también por un instante, esto era normal, dos amigos acostándose mirando a la nada, pero… ¿Por qué mi corazón empezaba a latir tan rápido y sentía miedo?
—Solo vine a descansar un momento —ambos nos miramos y él me sonrió. —¿Te gustó la sorpresa?
—Mucho, aunque por un segundo creí que me habían abandonado —no dejábamos de mirarnos, ¿Realmente estábamos bien? —¿Cuánto has bebido?
—Lo suficiente como para quedarme así por un rato.
¿Así? ¿Así como? ¿Mirándome o acostado? Limité a sonreír, no dijimos nada y volvimos a mirar el techo. La música estaba muy fuerte pero aquí dentro se oía medio distorsionado, Tom golpeaba sus dedos contra su pecho al ritmo de la canción, yo solo le observaba y me preguntaba: ¿Qué se sentirá besarlo?
Siempre estuve cerca de él, claro que, respetando su espacio, pero ahora estaba muy cerca, casi encima suyo y tenía curiosidad… Bueno, también tenía ganas de besarlo y sabía que eso era consecuencia del alcohol, por no decir que era porque me había enamorado de él. ¿Cómo podía aguantar todo esto que sentía por él? ¿Cómo podía verlo con ella? Mientras que yo me moría por estar en su lugar, él siempre se mostraba tan atento con ella, con buenos modales y muy protector.
Siempre le hacía reír, siempre tomados de la mano, ¿Por qué no podía ser ella? Con frecuencia los veía mirarse a los ojos, muy juntos, besándose, abrazándose. A veces él tenía un detalle, le daba flores que arrancaba en el camino cuando íbamos a la escuela, yo veía que las sacaba de los jardines de los vecinos. También veía que le llevaba cosas que a ella le gustaban, ya saben, cosas de chicas, y ella siempre le sonreía contenta.
Y él…
Él se veía tan jodidamente bien, la manera en la que le miraba, como su sonrisa se expandía cada vez que ella hablaba de algún tema que sonara interesante, como sus ojos se ponían chiquitos de las carcajadas que lanzaba cuando se hacía algún que otro chiste, el beso que siempre le daba en el hombro cada que ella se mostraba fastidiada por algo. Sí, yo siempre los observaba y era partícipe de su intimidad, no tan a fondo, pero siempre estaba con ellos, y la envidiaba. Yo quería estar en su lugar.
—Tom —le llamé, mis mejillas estaban cálidas, mi corazón latía por todo mi cuerpo y necesitaba saber qué se sentía — ¿Puedo pedirte algo?
Se puso de costado, apoyando su cabeza sobre su mano, mirándome con atención. Asintió sin decirme nada.
—Estoy ebrio, y tengo curiosidad —dije riéndome de los nervios.
— ¿Qué quieres hacer?
Sin decirle nada, me acerqué a él, tomé su rostro con ambas manos y le dejé un beso. Lo hice algo rápido, y nos separamos unos segundos, más no aparté mis manos, él frunció las cejas, mostrándose confundido y yo quise soltarle. Sin embargo, él se adelantó y me besó de nuevo, esta vez con algo de intensidad…
—Desde ese día las cosas se pusieron tensas —dije mirando el suelo, estaba muy sumergido en los recuerdos y me dolían demasiado. —Poco a poco nos íbamos distanciando, solo actuábamos de forma normal cuando estábamos con los demás, era como si nada hubiera pasado. Reira siempre nos preguntaba si nos sucedía algo, pero Tom siempre decía que estábamos bien y lograba zafarnos con alguna ocurrencia suya.
Cuando llegó el día de graduarnos, fue una tortura. Hacía como tres meses ya no tenía comunicación para nada con Tom, ni siquiera contestaba mis mensajes ni atendía mis llamadas. Luego de insistir con eso unas semanas, decidí dejarlo y continuar con mi vida, tal cual lo hacíamos cuando nos juntábamos todos para ir a algún sitio a pasar el rato. Ahí él me hablaba, todo normal, ¿Cómo podía? Incluso actuaba como si nada, seguía tratando a su novia como a una reina, todo frente a mí. Eso fue lo que más me dolió.
— ¿Nunca lo supo Reira? ¿Nunca pudiste aclararte desde un principio, o buscar alguna solución, una respuesta? —Preguntó Bill, en su voz noté una serenidad, no sabía si estaba calmado o solo fingía. De todas formas, necesitaba que supiera todo esto.
— ¿Cómo? Era muy difícil, te gusta alguien, te enamoras y quieres hacer lo mejor para estar bien, pero… ves que la otra persona no hace algo para ayudarte, ni siquiera saludarte, solo te ignora, ¿Cómo querías que buscara una respuesta? —nos miramos y él se puso derecho, tal vez entendiendo mi punto, o tal vez retractándose. —Ella no lo supo nunca, no lo sé, no era tan malo como para decirle que me gustaba su novio.
Creo que fueron días después de la graduación, cuando él me envió un mensaje diciéndome que quería hablar conmigo. Al principio no quise ir al encuentro, era en el parque donde siempre nos juntábamos con los demás, la diferencia era que me citó a medianoche. Faltando veinte minutos decidí ir al encuentro… y la verdad preferí no haber ido.
Llegué justo a tiempo, y ahí lo vi, sentado debajo del árbol en el que siempre pasábamos las tardes, estaba con la espalda apoyada al tronco y tenía sus rodillas flexionadas, sus brazos las rodeaban y se mostraba tranquilo, en sus labios tenía un cigarrillo y observé como soltaba el humo.
Me acerqué con nervios, me detuve cuando estuve a unos pasos de él, me miró un segundo, soltando el humo y apagando el cigarrillo en el césped. Eché un suspiro y me quedé parado frente a él, quedándonos en silencio, ¿Qué debía hacer?
—Puedes sentarte si quieres —escuché su voz.
Sentí un escalofrío, no sabía si era por nervios, por el tono que había usado, o porque el que se dirigiera a mi después de tanto tiempo, me provocaba nuevamente esa sensación que me costó tanto apagar. Le hice caso, me senté frente a él, respetando un espacio en el que no tuviéramos problema, no sé si eso lo había notado, pero no importaba. Aunque me moría por estar cerca de él otra vez, volver a besarlo o mirarlo a los ojos sin tener ese miedo a que me rechazara con la mirada, como solía hacer cada que nos veíamos.
¿Qué debía hacer? ¿Debía disculparme por hacer aquello? Pero… yo sí quería, y si él no, ¿Entonces por qué siguió?
Me senté, no tan cerca de él, conservando cierta distancia, no quería invadir su espacio. Una brisita algo fresca se sintió en el parque, el verano ya estaba terminando, y con eso, parecía que algo más también…
Antes de que dijera algo, yo lancé lo que tenía pensado en mente desde hace unas semanas.
—Me iré de aquí —dije sin más, miré hacia adelante, viendo como un grupo de personas estaban caminando mientras paseaban a sus mascotas —Tengo pensado poner en venta la casa de mi abuela, y con el dinero me iré a España.
—Si esa es tu decisión —soltó unos instantes después. Yo sentía que mi pecho iba a explotar de los nervios que estaba sintiendo, mi piel se erizaba y no era precisamente por la brisa fresca. —… Sabes que siempre te apoyaré.
Era extraño, podíamos hablar normalmente, pero el ambiente era denso y me hacía sentir incómodo, ni siquiera podía verle la cara, me daba miedo que sucediera algo, que yo llorara o que él se fuera de mí. Esto era una mierda, una linda relación de amistad se fue al caño por mi culpa, es que… ¿Cuándo iba a aprender? Un poco de atención, más de lo normal, y yo ya andaba enamorándome, ¿Por qué tenía que ser así? ¿Por qué tuvo que gustarme? ¿Por qué justo él? Éramos inseparables, los mejores amigos, nos llevábamos bien, y yo tenía que cagarla con mis sentimientos.
—Quiero pedirte disculpas, Tom. No debí haber hecho eso aquella noche, solo… fue un impulso, y tenía que seguirlo.
—Lo sé, por eso no te detuve.
Al oír eso, me di la vuelta para verle, él hizo lo mismo y se formó un nudo en mi garganta, la nariz comenzó a picarme y no era por la comezón.
—Mira… —echó un suspiro —No sé qué me sucedió luego de eso, me sentí muy confundido, incluso me puse a pensar en todas las cosas que hemos hecho y he llegado a la conclusión de que… No lo sé, tenía confundido los sentimientos.
Acaso él me está diciendo que también…
—Y no quería que fuera un desastre, porque estábamos ebrios, y me decía: seguro fue una tontería, algo sin importancia.
—Para mí no lo era —le corté —Me gustas, y mucho… y me duele muchísimo que nos hayamos distanciado, pero tú estás con Reira, ella es una buena chica y mereces lo mejor.
—Lamento haberme alejado, nunca quise hacerte eso. Es que, carajo, me sentía confundido, y no sabía qué hacer. Yo te quiero, eres mi mejor amigo, pero… es difícil para mí.
— ¿Y aún sigues confundido? —fruncí las cejas mientras aguantaba el nudo en la garganta, comencé a jugar con unas hojas que estaban cerca, tratando de quitar esta ansiedad que me estaba comiendo vivo.
Bajó la mirada, yo le observaba esperando a que dijera algo, más no fue así, y entendí que no quería herirme diciéndome la verdad. Tal vez desde ese momento se dio cuenta de que yo era muy obvio con mis actitudes hacia él, tal vez por eso decidió alejarse de mí para no involucrarse tanto.
Tal vez…
—Nunca volvimos a vernos, ni a hablar desde ese entonces. Yo me fui a estudiar a España, quería dedicarme a la música de alguna forma, y tuve mi oportunidad, la aproveché y logré sanar con el tiempo. Había madurado, en cierta forma. —me secaba algunas lágrimas — Pero, cuando había sucedido lo de Reira, ambos estábamos destrozados, yo me había involucrado con alguien con quien tuve una conexión fuerte, y Tom había perdido alguien a quien amaba. No fue un buen momento para ambos… y decidimos buscar refugio en nosotros.
Lo poco que duró nuestra relación fue demasiado para mí, había caído de nuevo, y los dos sabíamos que eso no estaba bien; no habíamos respetado a nadie, ni mi duelo ni el suyo. Ambos queríamos olvidar, queríamos distraernos y nos usamos mutuamente… eso me terminó destruyendo otra vez.
—El problema es que… nunca olvidas a la persona de la que te enamoraste por primera vez, yo me enamoré de Tom. Sí, puede que antes de él había estado con una chica y alguien más, pero mis sentimientos hacia él eran especiales, y me ayudó muchísimo en mi adolescencia —No sabía de donde estaba sacando las últimas fuerzas para escarbar en el pasado, más debía sacarlo todo, para poder quitarme este peso de encima, y poder estar en paz conmigo mismo. —… Y cuando vi que él comenzó a hablarme de ti, sentí nuevamente aquella vieja sensación, sentí que había regresado al pasado… y en verdad lamento mucho el daño que te hice.
No sabía qué más decir, sentía que podía respirar. Jamás le había contado esto a alguien, de cómo me había sentido en ese momento por Tom, y creí que él debía ser el indicado para escucharme, aun sí me odiara.
Solo vi que suspiró y miró el techo unos segundos, luego se puso de pie, se acercó a mí y me dio un abrazo. En un susurro claro me dijo unas palabras que Erica me había dicho, la vez que me terminó, y admití que tenía razón, ambos lo tenían.
Tenía que luchar contra eso.
F I N
Administración: Y hasta aquí llega la trilogía. Una vez más, gracias a PrincessKaulitz por compartir los archivos con nosotros y les cuento que queda un especial llamado «Especiales», que será subido pronto, a estar atentos. Gracias por la visita.

Y el resto….? No hay mas??digo quedó inconcluso :'(
No sé si los especiales hablan del final o son anexos a esta temporada, pero este es el final que la autora dejó 🙂