«Wünschen». Temporada III
Capítulo 6: A tu lado
— ¿Cuál piensas que es mejor? —me dijo mi mejor amigo, me enseñó una camisa de color celeste pastel y otro celeste, obvio que no eran iguales los colores y como lo conocía bien debía escoger el que más le gustaba.
Tenía una sonrisa radiante y se miraba al gran espejo de la tienda de ropas favorita. La chica le miraba sonriendo también, aún cuando tenía como diez prendas en sus manos seguía siendo simpática. La compadecía ya que antes yo tenía que cargar sus ropas cuando íbamos al paseo de compras.
—El pastel es bellísimo —dije convencido, él asintió a gusto y se lo tendió a la pobre chica. —Me llevo estos dos.
Los señaló y la joven desapareció.
Este día era importante para Andy ya que después de casi tres años de relación con el auténtico baterista de Killya, habían decidido por comprometerse. Sí, era muy raro decirlo y más si venía de mi mejor amigo, claro que algún día el momento iba a llegar pero jamás pensamos que sería con su artista favorito. Digo, era de locos y fanáticos tener la trillada idea de que un día nuestro ídolo se fijaría en nosotros.
Andreas era soñador pero nunca lo dejaba ver, solo conmigo se mostraba de esa forma tan típica de adolescente. A menudo solíamos imaginar una vida llena de lujos y cosas inimaginables, viajar por el mundo, hablar o conocer otros idiomas, probar comidas típicas de regiones. Y se nos hacía algo inalcanzable, irreal.
Sin embargo, ahora lo veía probándose camisas con una sonrisa inmensa, no le importaba si su cabello estaba desprolijo y tuviera que barrérselo para atrás a cada instante, tampoco si sus uñas estaban pintadas de negro, ni mucho menos si andaba preocupándose por alguien que lo amara tal y como era. Mi mejor amigo estaba por comprometerse con la persona que lo amaba muchísimo, y eso era algo que me llenaba de alegría y orgullo. Ver que las personas que quieres cumplan sus metas era algo que me hacía muy feliz.
Sí, podría ser cierto que andaba algo sensible con esto del cumpleaños de Tom que pasó, y que ahora mi mejor amigo tuviera una noche inolvidable, se me acumulaban las gotas saladas, esperando el momento perfecto para que brotaran de mí.
— ¿Estás bien, Billy? —se puso frente a mí y me tomó de la mano —Estás con los ojos llorosos.
Me reí de forma boba y me froté los ojos, menos mal que no me había maquillado o todo se hubiera estropeado. Negué con la cabeza y se agachó de cuclillas para verme mejor.
—Es que… —inspiré y nos miramos —Estoy muy feliz por ti.
— ¡Oww! —frunció las cejas y enseñó una expresión muy tierna, me tocó la mejilla como si estuviera a punto de quebrarme y se tiró encima abrazándome —Pero no llores ahora, la idea es que llores cuando Blas me lo proponga.
Le pegué en el hombro y nos reímos, al separarnos me dio un beso en la mejilla y me tiró del brazo para ir a pagar la cuenta. Iba emocionado, entretenido y hasta parecía que Eike le había contagiado esa energía. Ya todo estaba listo para esta noche, su madre y los padres de Blas vendrían a Berlín por primera vez.
Por supuesto que estaban ambos nerviosos y por eso pedí a Tom un día más libre, ya que ni loco iba a dejar a mi mejor amigo en una situación como esta. No se enfadó ni nada, o tal vez no me lo quiso demostrar, de todas formas yo ya tenía lista la canción; el team estaba ensayando o buscando un ritmo. Mi novio se estaba encargando de eso.
Aún me costaba decir o pensar que Tom era mi novio, era una sensación escandalosamente hermosa. Vivir con él en estas semanas fue un completo sueño y hasta me gustaba tomarle de la mano o del brazo cuando salíamos y esas chicas nos quedaban viendo. Claro, Tom era un hombre muy lindo, cualquiera podía decirlo; ya, sé que estoy presumiendo pero ¡Por favor! ¿Es hermoso o no?
Una vez que pagamos y nos dieron las prendas en bolsas de papel madera de color oscuro con una estampa blanca, salimos del lugar y decidimos tomar un taxi ya que hacía un frío de puta madre. Él empezó a hablar por teléfono con su futuro prometido, y yo me puse a checar si había algún mensaje y como siempre Tom me llenaba el buzón. Decidí llamarlo.
— ¿Todo bien? —me preguntó apenas contestó, de fondo se oía lo que parecía ser el instrumental de la nueva canción. — ¿Ya están volviendo a casa?
—Sí, ya estamos en el taxi —ahora que recordaba, le había dicho hace como tres horas que habíamos llegado a la tienda. Sí, estuvimos tres horas sofocando a la pobre jovencita. — ¿Cómo están todos por ahí?
—Ya la ensayan una vez más y descansaremos por hoy, mañana te toca cantar —eso pareció como un regaño mezclado con burla.
—Lo sé, prometo estar mañana temprano aunque esté cansado. ¿Vas a casa ahora?
—Si, ¿Vienes ya? Así me dices que ponerme —se rió y yo hice lo mismo. —Aunque ya tengo en mente algo.
— ¡Ya dejen de andar de calientes por teléfono! —gritó Andy a mi lado y Tom se volvió a reír. Nos despedimos y me quedé mirando el móvil unos segundos.
—Oye, ¿No han hablado sobre lo que salió? —le miré. Cierto, en estos días había salido un invento de que yo andaba saliendo con el productor, amigo de mi productor; en pocas palabras, Devon.
Erica se lo tomó con mucha gracia, a ella la metieron como «La novia del joven productor Thomas Kaulitz». Yo no sabía si la gente era demasiado estúpida o qué, nosotros siempre nos habíamos mostrado en público, bueno, un poco. Pero, digo, en ese entonces cuando él producía otras bandas y yo andaba cerca, ¿Por qué no fueron capaces de vincularme con él de esa manera? ¿Eran idiotas?
No lo supimos sino hasta que Devon le envió la foto por teléfono a Tom, y ahí fue que empezó todo el revuelo, cuando quise husmear desde la cuenta de la banda, ya la habían etiquetado en cosas, no leí todo porque no quería saber nada. De todas formas, Tom no se enojó pero igual yo sentía que había quedado algo pendiente para hablar, bueno, no era que había pasado algo, salvo la sospecha que yo tenía en la cabeza.
—La verdad es que estamos ocupados en otras cosas como para pensar en esas porquerías —dije rápido. —… Y Tom ya me lo había advertido, de cosas como estas e incluso peores.
Las peores eran de rumorear sobre drogas y situaciones macabras, los medios siempre jodían a quienes se alzaban en su camino, y todo por fastidiar y joder la carrera que uno eligió. Yo estaba preparado, era consciente de lo que hacía y decía pero, y ahora entiendo a la gente que vivía esto a diario, esa adrenalina que experimentaba uno al exponer algo de la vida privada. Tiraban situaciones que ni siquiera existían, por ver alguna muestra de afecto no significa que sea lo más valioso, puede ser amistad, buen trato pero no… Estos joden con lo que fuera.
El taxi nos dejó en la esquina, Andy se bajó con sus bolsas y le ayudé. Iba con una sonrisa en su cara, presumiendo que era la persona más feliz del mundo. Lo tuve que dejar en la entrada del apartamento que compartía con Blas ya que yo debía ir a casa, Tom me había avisado temprano que quería llevarme a un lugar.
—En serio, eres el mejor amigo que existe, le hablo a tu tarjeta claro —dijo mirando mi bolso y los dos nos reímos. —Esto lo tomaré como un regalo de bodas anticipado.
—Todo estaba en descuento —mentí y me sacó la lengua. —Nos vemos en la noche, por favor no te desmayes antes, no quiero estar en un hospital en el día más importante de tu vida.
—A partir de ahora será el primero del resto de mi vida. —dijo con una sonrisa bonita. En serio era como un sueño verlo tan contento, era como si deslumbrara brillitos a cada segundo.
Me ganó lo sentimental y lo abracé, él dejó todo en el suelo y me abrazó también, no sé si se puso a llorar pero yo sí lo hice, en serio, todo esto podía conmigo.
—Ya… —estaba llorando, me dio golpes suaves en la espalda y nos separamos, le miré y se limpiaba las lágrimas con sus dedos mientras observaba hacia arriba —No quiero empezar el llanto, sé que estaré como magdalena todo el día.
—Tranquilo, solo respira y si quieres llorar, tienes que hacerlo, es tu felicidad desbordando —le di un beso en la mejilla y él entró a su apartamento.
Volví a tomar otro taxi, yo solo me compré una camisa gris para usarla en la noche, todo sería muy bonito porque aunque hacía un poco de frío, Andy había reservado unos buenos lugares en una terraza del restaurante cerca del Tegeler See.
No duró mucho el viaje, con una sonrisa salí del taxi, imaginando la noche tan hermosa que iba a tener mi mejor amigo. Al fin los dos teníamos un amor correspondido, tantas idas y vueltas, tantas compañías cuando un amor nos rompía el corazón; mis recuerdos con él se vinieron como si fuera una fiesta de quince años y él era el homenajeado.
Me metí al apartamento, estaba con todo el entusiasmo que subí por las escaleras al piso indicado. Cuando recuperé el aliento al estar en el lugar, vi que la puerta del apartamento de Tom estaba abierta, y él me esperaba de brazos cruzados con una sonrisa. Expandí más la mía y fui casi corriendo como un niño que veía lo más hermoso de la tierra.
Tiré la bolsa de la tienda, mi bolso y salté para abrazarlo, él se tambaleó y retrocedió un par de pasos, me sujetó de la cintura y escuché su risa contagiosa. Lo abracé por el cuello mientras me sentía tan bien a su lado, le di un beso en la mejilla y luego nos miramos, él me bajó con cuidado y nos dimos un beso. Me ayudó a entrar el bolso y cerró la puerta.
Siempre me recibía así cuando llegaba tarde, o cuando él tenía que salir yo le esperaba como si fuera un cachorro que había extrañado mucho a su dueño.
Me abrazó por el hombro cuando dejé todo a un costado y caminamos para el living, al parecer había llegado hace un rato porque su cabello estaba húmedo y tenía un delicioso perfume. Pregunté por Pumba y me dijo que estaba durmiendo en su camita.
— ¿Tienes hambre? Estaba preparando un sándwich de jamón —me miró y luego se quedó mudo —… Ah, es verdad. Qué idiota.
—Tranquilo mi amor —le dije, lo arrastré al sofá y él se sentó, yo me puse a horcajadas sobre él y me acomodó las rastas que se colaban por mi pecho, las puso para atrás —está bien.
— ¿Quieres una ensalada? Hay vegetales que te gustan, acabo de comprar —me acarició la mejilla con sus manos y yo sujeté sus muñecas mientras le sonreía.
—Y mientras lo haces me doy un baño —me acerqué y lo abracé, apoyé mi cabeza sobre su pecho. Todo lo que quería era estar así con él, la semana de vacaciones que tuvimos no me fueron suficientes para andar pegados, yo quería estar a su lado siempre; escuchando sus latidos, sintiendo su respiración y su perfume, sabiendo que él estaba conmigo, aquí y ahora.
Sus manos fueron a mi espalda y me daba caricias circulares, comencé a relajarme de apoco, oía los latidos, respiraba normal. Podía sentir como nos conectábamos cada que estábamos solos, como, de una vez, sentíamos el amor que nos teníamos.
— ¿A dónde quieres llevarme? —pregunté recordando lo que había dicho en la mañana.
—Es un… lugar bonito, el cual siempre vamos —ensanché la sonrisa y cerré los ojos, comencé a dibujar círculos por su pecho con los dedos. —Vi algo en una película y quiero hacerlo.
— ¿Estás hablando de Titanic? —me levanté de repente y le miré desorientado, él negó con la cabeza mientras se mojaba los labios. No hagas eso por favor.
—No, es broma, solo quiero llevarte a dar un paseo, ¿Puedo? —puso cara de niño comprador y yo le besé el pecho y asentí, volví a abrazarlo y nos quedamos así un rato.
El teléfono de casa sonó y tuvimos que levantarnos, Tom atendió la llamada y yo fui a darme un baño antes de marchar a nuestro corto paseo antes de la noche maravillosa de mi mejor amigo.
Había un tema pendiente de hablar con Tom pero sabía que eso se daría cuando fuera el momento, ahora solo nos quedaba disfrutar uno del otro en el tiempo libre que teníamos. No sabía cómo era que podíamos separar nuestra relación amorosa de la relación laboral, era algo increíble. Cuando trabajábamos juntos nos comportábamos como unos mejores amigos, y luego, al abandonar el estudio o algún evento, nos volvíamos una pareja sólida.
Esto era tan perfecto y hermoso que me asustaba. No lo sé, lo sentía como un sueño.
El baño fue relajante aunque solo fueron cinco minutos, debía alimentarme un poco y luego salir con Tom. Me puse una camiseta, un buzo y un pantalón de jean, cuando anochecía refrescaba y era mejor estar bien abrigado, no quería enfermarme y mucho menos ahora que estábamos a poco de lanzar nuestro álbum.
Una vez que estuve listo entré a la cocina y Tom me esperaba con una sonrisa boba, tenía su mentón recargado en su mano, me miraba con esos ojos brillosos y yo me sujetaba el cabello con una coleta, me senté y le miré con una ceja alzada, evitando sonreír. A su lado no podía parar de enseñar los dientes, era imposible estar serios.
— ¿Qué tengo? —me señalé la cara mientras tomaba el cubierto para comer la ensalada.
—Eres muy lindo —comentó sonriendo —No, en serio. Eres lindo.
—Tom… —dije llevándome un vegetal a la boca, mis mejillas se enrojecieron y sentí un calor en ellas. —Estoy comiendo.
— ¿Y qué? Eso no quita el hecho de que eres lindo. —continuó halagándome y yo por dentro ya empezaba a sentir esas maripositas. —Estás sonrojado.
—Es tu culpa —dije, me sentía rojo como tomate y mastiqué con ansiedad. —Por ser tan cursi.
—Si amarte es ser cursi, entonces perdóname por ser muy cursi —al decir eso no pude evitar casi atragantarme con el vegetal, bebí agua y él me miró serio. —Estoy hablando en serio.
—Lo siento, es solo que no puedo creer que lo dijeras —le miré con una sonrisa. —Y yo que pensaba que era el cursi.
—Es que no me dabas la oportunidad de mostrarme —bebió su jugo —Lo juro, eres… eres hermoso y qué bueno que me enamoré de ti.
— ¿Muy enamorado? —dejé el cubierto y postré toda mi atención.
—No te imaginas cuánto. —nos miramos y sonreímos como idiotas, joder, ¿Un sentimiento más bonito que esto hay? Claro que no, estaba jodidamente enamorado de Tom.
—Te amo, feo —extendí mi mano por la mesa y él la tomó, entrelazamos nuestros dedos sin dejar de vernos.
—Yo también te amo, hermoso.
Si seguía así, lo iba a llevar a la cama y no iba a salir en lo que resta del año.
Al terminar de comer, dejamos todo limpio y nos fuimos a cambiar, tendríamos el tiempo justo para dar el paseo y luego ir a la cena de Blas y Andy, además quedaba cerca de donde estábamos por ir.
—Miren quién decidió levantarse —dije mirando el suelo, Pumba caminaba despacio, parecía estar dormido pero en cuanto me vio se puso como loco, lo cargué entre mis brazos y lo llené de besos — ¿Cómo está mi bebé hoy?
—Estoy bien, gracias —comentó Tom poniéndose frente a nosotros, yo me reí. —Duerme mucho últimamente.
—Es un oso bebé, está hibernando —le acaricié la panza y él se retorció de la emoción. — ¿Nos dejarán llevarlo? No quiero dejarlo solo.
—Intentaremos, sino yo regreso a casa con él —le dio un beso en su cabeza y nos terminamos de alistar.
Salimos los tres del edificio y nos metimos a su auto, dejamos a Pumbi en los asientos de atrás con su mantita y sus juguetes. Como siempre Tom puso algo de música para que el viaje fuera más corto. Éramos una familia, Pumbi nuestro bebé consentido; claro que algún día pensaba tener hijos, esa idea rondaba por mi cabeza pero por ahora me conformaba con estar los tres y darnos amor puro.
No pudo haber sido mejor, con la música alegre y Pumba tratando de pasarse a mis piernas, Tom iba cantando y fue muy gracioso cuando le cambió la letra a una canción. Revisé los mensajes y Andy me envió una foto con su atuendo y Blas a su lado, hacían caras graciosas frente a un espejo. Le dije que estaba yendo a caminar un rato antes y me contestó después que ellos aún tenían que ir a recoger a los padres de Blas.
Unos instantes después llegamos al estacionamiento que había cerca del Tegeler See, bajamos con Pumba envuelto en una manta, al parecer sintió el frío y no quiso salir de curioso a corretear a nuestro alrededor, le había puesto un poncho a cuadros para que no lo sintiera tanto.
Tom me tomó de la mano y caminamos por el estacionamiento hasta llegar al paseo de siempre, pocas personas transitaban y el muelle estaba ocupado por una fila de no más de veinte personas, supongo que estaban por subirse al catamarán que brillaba debido a las luces que colgaban por donde podían. Mi novio me llevó ahí, me dijo que esperara en la fila en lo que él iba a preguntar si podían ingresar mascotas. Los que estaban delante de mí vieron a Pumba y comenzaron a tocarle la cabeza y hacerle caras como si fuera un bebé, para mí lo era.
—Dijeron que no tienen problema, de hecho ya hay gente con mascotas en el barco. —habló Tom y saludó con una sonrisa a la pareja adulta, avanzamos para ingresar, era un evento gratuito ya que inauguraban el nuevo modelo de catamarán.
Nos acomodamos en la parte superior donde estaba la mayoría de la gente, la nave contaba con dos pisos, en el primero había mesas y un servicio de lunch. Pumba se sentía inquieto y era porque había olfateado a la distancia a los otros canes, por suerte había una sección especial donde estaba enrejado, parecía un pequeño corral y los perros estaban reposando o jugando con algunos chuches. Lo dejamos ahí con Tom, había una jovencita que los vigilaba por las dudas y nos dijo que estaba en buenas manos.
A los diez minutos ya estábamos zarpando y me sujeté de las barandas, Tom me abrazó por atrás mientras veíamos abandonar el muelle con sus luces, la ciudad alejándose de nosotros. Apoyó su mentón sobre mi hombro y sonreí contento, era una sensación muy bonita.
— ¿Recuerdas esa vez que vinimos una tarde aquí? —habló, yo asentí, me di la vuelta dejando tocar mi espalda la baranda y él me acomodó unas rastas que se interponían en mi rostro.
—Justo así como ahora. —le abracé por la cintura y nos mirábamos a los ojos.
Nos desconcertamos al oír una canción que conocía perfectamente, miramos y había una mujer con un violín y un muchacho con una guitarra, tocaban una melodía hermosa y todos los presentes les prestaron su atención. Yo miré a Tom embobado.
—Dime que esto no lo planeaste.
—Si lo hubiera planeado no habría nadie, para empezar —me dijo acariciando mi mentón —Sería algo de nosotros dos solos, hubiera puesto más decoración.
—Claro, porque te gusta tirar dinero como un millonario —le miré intentando estar serio.
Se separó un poco de mí buscando algo en uno de los bolsillos de su abrigo, yo le observaba atento. Me enseñó un candado que ya tenía unas iniciales, lo relacioné de inmediato con nuestros nombres, no estaba sellado, de su otro bolsillo sacó una llave y me observó.
—Esto es lo que quiero hacer.
—Es muy… cursi —dije rojo como tomate, sentía las mariposas otra vez en mi estómago. — ¿Pero no debemos dejarlo en el muelle, como hacen los demás?
—Pero lo nuestro es algo distinto, único —me tendió el candado y lo sostuve entre mis manos. —por eso quiero que esto quede en el fondo de nuestro lugar favorito, así si una vez llegamos a querer olvidarnos, entonces tendríamos que ir al fondo para abrir el candado.
—Ah claro, ya lo tienes planeado —me reí —yo no bajaré hasta el fondo y tú tampoco.
—Y como también sé que jamás vamos a separarnos, creo que la llave no será necesario.
Arrojó la llave al agua y miré como se introdujo entre medio de las burbujas que hacía el catamarán. Cerré el candado fijando nuestras iniciales, y luego le observé a él.
— ¿Estás seguro? —enarqué ambas cejas.
— ¿Aún dudas que te amo? —me respondió y yo me sonrojé. —Pasé lo que pasé, así tengamos que separarnos por trabajo o vengan miles de Benjamín, yo te seguiré amando, no importa qué.
De repente me encontraba derramando lágrimas, mi nariz estaba congestionada y sentía los ojos de Tom sobre mí, elevé los ojos y me limpiaba como podía, sin estropear el maquillaje.
— ¿Por qué siempre eres tan lindo conmigo? —miré las lágrimas sumergidas en mis dedos. —No puedo con todo esto.
Le abracé y él se rió, lloré contra su pecho, ahora si ya no me importaba el maquillaje.
—No dudo de que me amas, sé que lo haces —hablé aun sin separarme de él —Es que sigo sin creer que al fin podemos tenernos el uno al otro, cada día que pasa y te veo durmiendo a mi lado me doy cuenta de lo lindo que es la vida, tú eres mi vida, tú eres el motivo de que sonría día y noche, eres mi motor para atravesar el camino. Estoy enamorado de ti, te amo y jamás voy a dejarte; no vendrán Benjamines ni nadie más porque te quiero a ti, yo solo quiero estar a tu lado.
— ¿Ves? Ahora tú eres lindo conmigo —me acarició la mejilla y me separé de él para poder vernos a los ojos. No podía creerlo, sus ojos brillaban, estaban aguados y esa sonrisa preciosa era evidencia suficiente para caer en la realidad que nos había tocado.
Nos dimos un beso corto y miramos el agua, una brisa nos cubrió de repente mientras seguía sonando el violín. Al mismo tiempo soltamos el candado al agua.
Nuestro amor iba a durar para siempre.
El viaje duró media hora, cuando estuvimos en tierra fuimos al restaurante, Pumba ya andaba roncando en los brazos de Tom y no queríamos dejarlo solo en el auto, así que lo llevaríamos al lugar.
Dije nuestros nombres a la recepcionista al entrar y nos guió hasta la terraza, cuando estuvimos arriba Andy nos esperaba con los brazos abiertos, los padres ya estaban hablando entre ellos y algunos conocidos también habían llegado. Por suerte no corría tanta brisa fresca sino ya nos hubiésemos congelado.
Al acomodarnos en nuestros lugares, saludamos a Ria y a Zira, estos andaban desaparecidos porque últimamente se les dio por viajar, aún seguían juntos y parecían muy felices los dos.
—Señores… —habló Blas golpeando su copa con un cubierto, todos le miramos —Ahora que todos están aquí, iniciaré esta cena con una propuesta.
Tomó a Andy de la mano y lo llevó al centro de la terraza, ya todos estábamos aplaudiendo y mi mejor amigo ya derramaba lágrimas.
—Sé que ya te lo había propuesto —se arrodilló y Andy retrocedió con una sonrisa y lágrimas en sus mejillas— Pero… ya sabes… Primero debemos comprometernos.
Todos se rieron. Miré a Tom y él me guiñó el ojo, yo mojé mis labios y los presioné.
—Andreas… Mi hermoso Andreas, ¿Quieres casarte conmigo?
Hubo un silencio fingido porque era imposible no contenerse ante la emoción, y luego los silbidos, aplausos y el aliento de los invitados se fue escuchando cada vez más. Andy asintió y con las lágrimas gritó un enérgico sí y Blas le colocó el anillo, luego se besaron. Nos pusimos de pie aplaudiendo, gritando mientras ellos se sonreían el uno al otro, sus padres estaban emocionados, era lindo ver cómo apoyaban a sus hijos.
Nos acercamos a los futuros casados y Andy vino corriendo hacia mí, estaba tan despampanante con su camisa y su cabello rubio. Lloramos los dos, me abrazó tan fuerte que pensé que me agotaría el aire.
— ¡Estoy tan feliz, Billy! —me frotó la espalda, sollozaba y era incontenible la emoción que me la transmitía. —Gracias por haber estado en este momento, de verdad.
—No me lo perdería por nada, tonto.
Tom se unió a nuestro abrazo.
—A ver cuando se casan ustedes dos —nos señaló con sus dedos, como si nos iba a estar vigilando —Ya estoy impaciente por la fecha.
Se rió entre lágrimas y Tom me abrazó por la cintura. Joder, todo el mundo ya andaba formando su vida y estar presente en estos eventos me sugestionaba demasiado.
—Será pronto —dijo mi novio y me besó la mejilla, Andy enseñó una expresión sorprendida.
—Que sea cuando el bebé nazca, así puedo usar un buen vestido —comentó Ria, todos les miramos atónitos — ¡Estoy embarazada!
— ¡Oh por dios! —chillamos con Andy y fuimos a abrazarla, Tom y Blas felicitaron a Zira.
Esto no podría ser más hermoso, todos estábamos en nuestras etapas más felices de nuestras vidas.
Espero que esto siga así para siempre…
Continúa…
Gracias por la visita. Los invitamos a continuar con la lectura.
Andreas se casa.
Ria está embarazada.
Bill y Tom son todo miel sobre hojuelas.
Todo suena perfecto.
«Calma antes de la tormenta»
¿Debería preocuparme? Ya no sé que esperar, porque cuando pienso que todo marcha bien, llega un plot twist que me deja sin estabilidad emocional.