III Wünschen 8

«Wünschen». Temporada III

Capítulo 8: A pesar de las circunstancias

Las luces del escenario estaban bajas, algunas luces intermitentes provenientes del público era lo único que se podía apreciar. Los aplausos se hicieron escuchar y no pude evitar sonreír, mi pecho subía y bajaba debido al último aliento que se llevó la canción, busqué mi botella de agua que estaba cerca de unos parlantes, lo bebí mientras escuchaba los aplausos, los gritos y toda la ovación. Era algo increíble, como un sueño, apenas podía ver el escenario y apenas podía caer en que ya estábamos a mitad de nuestro primer show.

Volví a mi lugar en el centro del escenario, levanté la cabeza mirando el techo sintiendo esa emoción indescriptible, no podía creerlo, yo pensé que no vendría tanta gente; aunque el lugar no era tan grande, estaba colmada de personas. Bajé lentamente la cabeza mirando al público, por momentos me venían los nervios y solo me nacía sonreír; inspiré hondo, mirando esas caras, tratando de recordar si los había visto en algún lado, pero era que resultaban ser demasiadas que no podía distinguirlas.

Me acerqué al micrófono y lo retiré de su lugar, fue entonces que las luces comenzaban a encenderse pero solo algunas para ambientar esta parte del show. Mojé mis labios mientras no apartaba la sonrisa nerviosa de la cara, unas chicas gritaban mi nombre y pude reconocer a una de ellas, eran de ese grupo que nos habían esperado en la puerta de la radio, las saludé con la mano y chillaron de lo lindo.

—… En serio, ¡Esto es increíble! —hablé y todo cesó de a poco, pero aún estaban esos gritos alentadores —… Todavía no puedo creerlo, siendo honesto no pensé que habría tanta gente, ¿Cómo están ahí atrás?

Alzaron brazos, había mucha energía, yo no sabía si estaba soñando, me sorprendía que la gente me hiciera caso; en otra circunstancia me hubiera visto ridículo tratando de animar algo que simplemente no se podía. Esto me parecía irreal.

—Bien… —caminé con el micrófono por el escenario, tenía que hacer tiempo en lo que mis compañeros hacían cambio de guitarra y bajo. —La siguiente canción es… personal. Y… está canción trata sobre esas personas que significan mucho en nuestras vidas, y que no sabríamos qué hacer si ellos no estuvieran…

Me quedé en silencio por unos segundos, tragué saliva mientras miré a un costado, detrás de todos los parlantes y esas cosas, Tom estaba ahí de brazos cruzados mirándome. Regresé la vista al suelo y luego miré hacia adelante, mojé mis labios antes de seguir hablando.

—Va dedicada a esas personas que son especiales en nuestras vidas —suspiré— Esto es… In Your Shadow…

Las luces volvieron a apagarse y el guitarrista comenzó a tocar las notas. Al cantarla , no pude evitar pensar en la discusión y en lo mal que me sentía por eso; antes de salir del escenario me esperaba alguna muestra de afecto o algo similar, pero en lugar de eso, Tom nos habló en general. Claro, yo era el idiota que siempre cagaba todo y buscaba algún pretexto para joder más. Así que merecía eso.

¿Por qué siempre me empeñaba en joderla? ¿Por qué yo soy el problema?

No era así, antes a nadie le pedía explicaciones, les dejaba ser, ¿Será que los golpes de la vida me estaban afectando justo ahora? ¿Y por qué todo tenía que recargar en Tom?

Traté de que la canción no me afectara pero era imposible, la mayoría de las canciones las había escrito para él, y cada que las cantaba me acordaba de todo lo lindo que somos al estar juntos. Era como una especie de calmante que lograba estabilizarme en el escenario. Era un terrible momento para ponerme sentimental al máximo; no, no tenía que andar así en el primer show. ¿Por qué ocurrió esto?

Ya en la segunda estrofa todo era un poco más movido y mi guitarrista se puso a mi lado a tocar, bien, al menos intuía cuando sentía que todo se iba a desmoronar. Quise voltear un par de veces para ver a Tom y algo me lo impedía, y las pocas que pude concretarlo, Devon estaba a su lado. Esto me ponía más tenso de lo usual. Tenía que continuar normal, no debía alterarme o mi voz se iría al carajo y eso es lo que menos quería en un momento así.

Al finalizar la canción volví a agarrar la botella de agua, me desaparecí un rato porque ya estaba poniéndome más sensible de costumbre.

El show debía continuar, ya solo faltaba poco.

&

Miraba por la ventana, me hubiera quedado pero en verdad me sentía mal y necesitaba descansar. Pedí un taxi, le dije a Tom que si quería quedarse con los chicos en el Bar que no me importaría, no supe si me contestó o qué porque justo me subí al coche y cerré la puerta. Tampoco me envió un mensaje, no lo esperaba, solo quería ver a Pumba, llevármelo a casa y dormir con él.

Le había enviado un mensaje a Ria avisándole que dentro de poco estaría en su apartamento, unos minutos después me envió una foto de Pumba panza arriba durmiendo en el sofá. Ay mi bebé, ya lo extrañaba.

El viaje fue rápido, tomé mi bolso y le pagué, tomaría otro o caminaría, no tenía problemas. Toqué el timbre y del otro lado del comunicador se escucharon ladridos y la voz de Zira. Esperé unos instantes y apareció él, pensé que bajaría con Pumba pero en lugar de eso me dijo que subiera un momento. Aunque estaba cansado lo acepté.

— ¿Cómo estás? ¿Te teñiste el cabello? —le señalé la cabeza y él se rió, tenía unos reflejos bonitos y un corte muy varonil, de esos que estaban de moda, a él le quedaba bien no como a otros.

—Sip, quería un cambio —se lo tocó con los dedos. Entramos al ascensor y fuimos al piso indicado, cuando llegamos a su apartamento Ria chilló emocionada y corrió a abrazarme.

— ¿Cómo te fue? ¿Estabas nervioso? ¿Te mareaste? ¿Pudiste cantar todo? —me condujo hasta sentarme en su sofá, me miraba con ojos saltones y brillosos, estaba algo distinta, tenía una mirada más tierna. Suponía que el tema del embarazo comenzaba a cambiar su cuerpo.

—Salió todo muy bien, la próxima tienen que ir —los miré a ambos.

Por cuidar a Pumba, y porque Ria tenía el día libre en el trabajo, lo aprovecharon para planear su mudanza y esas cosas. Ella estaba por entrar al tercer mes recién, y los síntomas se presentaban cada vez más intensos, de hecho, hoy no fue porque andaba con nauseas.

—Iré pero necesitaré… —me quedó mirando — ¡Baño!

Salió corriendo tapándose la boca, Zira fue detrás de ella y yo me quedé sorprendido. Pumba comenzó a ladrar y vino a mí moviendo sus orejitas.

—Hola bebé, te extrañé mucho —lo abracé y lo llené de besos. Escuché ruidos que provenían de la dirección donde salió disparando Ria. — ¿Qué pasa?

— ¡Ah, zira te odio! —gritaba mientras la veía vomitando en el retrete, hice mueca y él le sostenía del cabello. Luego de vomitar comenzó a llorar mientras su novio la llevaba para que pudiera enjuagarse.

—Ah… creo que mejor me voy —dije aturdido.

—Descuida, Billy —habló Ria más calmada —son solo los síntomas, cambio drásticamente de humor y…

Se enjuagó y secó el rostro, luego se puso a llorar y Zira la abrazó, yo no me resistía y fui con ellos, nos abrazamos los cuatro, Pumba incluido. Qué duro debía ser para ella enfrentar todo esto.

—No llores, bonita —Zira se separó de nosotros y Ria me observó con ojos llorosos.

—Tú tampoco estás bien del todo —me dijo al tiempo que secaba sus lágrimas. —Algo pasó y no quieres decirlo, ¿Dónde está Tom?

Estaba por hablar pero sonó el timbre, Zira fue a ver y yo ayudé a Ria, se había mareado. ¿Estaba bien que los síntomas fueran uno tras otro? ¿O era depende de cada persona?

— ¿Pelearon? —preguntó Ria mientras nos dirigíamos a su living, yo suspiré. —… Bill…

—Es solo una tontería —traté de sonreír, fruncí la nariz y bajé a Pumba que se fue corriendo. —Ya sabes, cosas de parejas.

—Espero que sea así, ¿Sabes? Zira y yo discutimos a veces, y con esto del embarazo me odio porque me pongo muy pesada —se tocó la barriga, comenzaba a notarse muy poco pero su cuerpo estaba diferente. —Todas las parejas tienen sus discusiones, yo digo que si una pareja no tiene aunque sea una mínima discusión, no son pareja.

Yo asentí, mis inseguridades me afectaban mucho y era yo quien buscaba algún motivo para discutir. Suspiré y Zira dijo que era Tom, que me estaba esperando en el auto. Miré a Ria y ella me dedicó una sonrisa. Preparé la mochila de Pumba, tomé mi bolso y lo cargué entre mis brazos, ellos decidieron acompañarme por lo que bajamos por el ascensor hablando de mi entrevista en la radio, recalcando también mi comentario y esa pregunta estúpida. Mucho interés no le puse a eso porque ya estaba bien jodido por lo que había dicho.

Cuando Zira me abrió la puerta, Tom salió del auto tirando el cigarrillo. No lo veía tan seguido fumando y esto comenzaba a preocuparme, yo tuve que frenar por el tema del canto y hacía unos esfuerzos enormes por no fumarme más de cinco en el día.

Nos miró y yo giré en dirección a los chicos.

—Muchas gracias por cuidar a Pumba. Les voy a pagar cuando cobre el primer cheque —dije serio, Ria se mandó una carcajada.

—No seas tonto, solo dame boletos para el próximo concierto y ahí estaremos —dijo cruzada de brazos.

— ¿Todo bien? —me di la vuelta y Tom estaba a mi lado, tragué saliva y retrocedí unos pasos. Fui a despedirme de Ria en lo que él hablaba con Zira.

—Cuídate mucho, y me avisas cuando ya te hagas otra ecografía —la abracé fuerte y ella hizo lo mismo. Al separarnos le dio un beso a Pumba y bien cargado me fui al auto de Tom.

Estaba por abrir la puerta del asiento de atrás pero él se me adelantó y lo abrió por mí, claro, seguramente en cualquier momento me iría a la mierda. Solo le agradecí y me acomodé con Pumba, estaba agotado, quería llegar a casa y dormir durante veinte horas. Tom entró y encendió el motor enseguida, Pumba me daba besos en el mentón mientras yo me relajaba en el asiento, cerré los ojos y el pequeño se acomodó en mis piernas.

Oí música de pronto, no dormía solo descansaba. Pumba comenzaba a jugar conmigo y tironeaba de la capucha de mi chaqueta, gruñía y a veces ladraba de forma graciosa.

— ¡Auu! —me quejé y abrí los ojos, Pumba me mordió fuerte la mano. De reojo vi a Tom y estaba cantando en voz baja.

Suponía que debía disculparme por ser tan estúpido.

Una vez que llegamos a casa, dejé que mi bebé corriera por donde quisiera, llevé todo a la habitación y busqué algunas cosas para darme una ducha porque había estado sudando un poco. Me encerré en el baño instantes después y traté de que todo se fuera con el agua, mi mal augurio primero.

¿Tom no se iba a quedar con los demás? Yo estaba seguro de que se quedaría, no me había contestado nada porque estaba tan entretenido con Devon hablando de la vida. No me puse mal sino que en serio estaba cansado y necesitaba dormir, si así estaba el primer día, ni me quería imaginar si esto seguía así dentro de cinco años.

Salí del baño y me cambié, me tiré a la cama y Pumba empezaba a ladrar de hambre, presioné los párpados, tenía que levantarme.

— ¡Pumba! ¡Aquí tienes tus croquetas! —escuché decir a Tom y el cachorro iba ladrando por toda la casa.

Me aferré a la almohada y eché un suspiro, estaba tapado hasta los hombros, me sentía tan cómodo. Sentí unos pasos, instantes después me tocó el hombro y abrí los ojos, los dos nos miramos.

— ¿No tienes hambre? —me preguntó, no estaba serio pero tampoco parecía estar enojado. Negué con la cabeza.

—Estoy cansado. —Mentira, me estaba cagando de hambre pero el sueño me ganaba.

Se alejó sin decir nada y yo lo vi irse de la habitación, me volví a acomodar. Ahora sí no tenía sueño y el cansancio mágicamente se había ido, me quedé mirando la mesita de luz y las cortinas. Todo lo que viví hoy lo volví a recordar y parecía un sueño, al tratar de rescatar las emociones la piel se me erizó y la fascinación me hizo sonreír. Fue un día increíble, no lo olvidaría, recibir ese cálido soporte por parte de la gente, que te escucharan y chillaran, que sonrieran; era muy difícil de creerlo pero eso había pasado. Me topé con muchas personas hoy y nunca me había sentido tan observado y raro, raro en el sentido de que no era usual para mí ver a muchas personas, y que estas me estuvieran viendo todo el tiempo.

Bueno, ese no era el verdadero motivo por el cual el sueño se me había pasado, sino que el hecho de que la casa estaba en silencio me perturbaba un poco; que Tom anduviera por todos lados no me dejaba tranquilo, en serio que esta vez las cosas habían ido un poco lejos, tanto de mí parte como de la suya, pero más mía porque era un completo idiota.

Me quedé esperando a que se acostara, o que me dijera algo al menos. Miraba de vez en cuando el reloj de la mesita de noche y parecía que los minutos pasaban muy lentos, o tal vez querían que yo sufriera.

Los pasos de Tom se oían en todas partes, y solo con escucharlo me di cuenta que fue a la cocina, luego al living, también pasó tiempo en el balcón ya que escuché la puerta corrediza, y de nuevo fue a la cocina; entró a la habitación, tardó unos segundos buscando algo en el placard y luego se fue al baño, estuvo por un rato y salió, se fue al living y llamó a Pumba para que fuera a dormir en su cama, que estaba a un lado de la nuestra. Y por fin, sentí el peso de su cuerpo en el lado opuesto de la cama.

Mi cuerpo se quedó quieto, la vista aun no se despegaba de las cortinas y traté de respirar tranquilo para que pensara que estaba dormido, observé el reloj y ya había pasado casi una hora. Tragué saliva lentamente y justo me dio comezón en la espalda, presioné mis labios y me hice el de moverme dormido, tratando de buscar una posición más normal.

—No estás durmiendo —escuché y me quedé quieto al quedar boca abajo. —Te conozco.

Bien, se dio cuenta. Lentamente volteé hasta verlo, estaba con dos almohadas en su cabeza y mirando al techo, su cabello estaba desparramado por la tela. Siempre se lo soltaba para dormir, de tanto sujetarlo a veces le dolía.

Suspiré y me puse en la misma posición, la luz de su velador era lo único que estaba encendido en la habitación. Mojé mis labios, ¿Qué debía decirle? Después de un día difícil esperaba que él fuera quien dijera algo primero, aunque en este caso, el que se había pasado era yo, ¿O no?

—Mira, lamento lo que dije hoy —hablé para romper el silencio —Pero… ¡Ahh! Es que tienes que ponerte en mi lugar.

Le di una mirada y él suspiró, sus manos estaban juntas sobre su pecho. Era hermoso verlo, el hijo de su buena madre era consciente de ello.

—Yo también lamento haberte dicho esas cosas —habló aún sin mirarme, acomodé mi cabeza y miré el techo. —… Y lamento no haberte dicho la verdad ese día, pero en serio que se me pasó, lo creí algo mínimo.

—Si… suelo convertir pequeñas cosas en grandes escándalos —me sentí avergonzado. —No odio a Devon o algo, solo que… No lo sé ¿Notaste cómo te mira? Si eso es sentir celos, entonces estoy celoso.

—Bill, estás empezando de nuevo —ahí fue que me miró y yo me relajé lanzando un suspiro, mojé mis labios y decidí verle —No lo noté porque yo lo quiero como amigo, y así va a ser… Bill, yo te amo, no tienes que pensar así. Él y yo somos amigos, lo conozco desde que somos unos niños.

—Ya lo sé, lo escuché pero sus… ¡sus actitudes hacia ti! —comencé a alterarme, solo un poquito —Me ponen nervioso, es algo que no puedo controlarlo y a la vez me enojo conmigo porque yo no soy así.

No, no era así. Estos pensamientos eran los que solía evitar cuando salía con el profesor, o con Alex; estas suposiciones o posibles encuentros me torturaban, y saber que Devon era consciente de lo que me provocaba, porque ¡Vamos!, hasta en su cara se notaba que le gustaba. Me ponía peor.

Sabía de su historia, que eran amigos y muy cercanos por cosas de la vida, obra del destino, ¡Y eso era genial! ¿Quién no querría mantener una amistad de años así? Tan fuerte y unida. Sin embargo, había algo en el medio, algo que cegaba a Tom, más del otro lado Devon lo dejaba a la imaginación, y para mi mala suerte, a MI imaginación.

—Lo siento, otra vez la estoy cagando —dije y volví a mirar el techo claro.

— ¿Sabes? Creo que la discusión de hoy fue un poco… —le miré de reojo e hizo una mueca graciosa — un poco más intensa.

Anteriormente habíamos discutido, por supuesto, lo hacíamos cada tanto. Esas veces eran por pequeñas cosas, cosas de las que no involucraban a otras personas y celos malditamente graves. Se trataban de, por ejemplo, cuando yo hacía la limpieza y Tom iba y tiraba la ropa sucia por el suelo, o lo dejaba en un rincón. También de los asuntos de Pumba, nos turnábamos para limpiar si hacía dentro del apartamento; cosas que eran muy pequeñas, y que se arreglaban con un abrazo, un beso o una broma.

En este caso había una charla, una que me estaba haciendo entrar en más calma, hablar liberaba muchas emociones y sensaciones, era poco fácil de explicar.

Si yo decía que era inseguro en el pasado, pues no cambié una mierda ahora, y menos sabiendo que Tom y yo hemos pasado por tantas cosas para volver a estar juntos. Nos separamos por casi dos años, tuvimos varios encuentros y mis inseguridades siempre estaban ahí, solo que no se mostraban como ahora. Era absurdo porque ahora estaba conmigo, y en el pasado me moría por saber de él cuando, bien sabía y no lo quería ver, él andaba con alguien más. Y yo tampoco me quedé atrás, quise olvidarle, intenté seguir y no pude.

—Si… y por un segundo me sentí muy… —su mano buscó la mía y vi como nuestros dedos se entrelazaron.

—Perdón por no estar en ese momento como se debe —me dijo y yo asentí, mirarnos a los ojos mientras éramos honestos era prueba suficiente de lo que sentíamos en el momento. —Hoy fue un día hermoso para ti y yo fui un imbécil, en verdad lo siento.

—Sé que me alteré —bufé, pensé bien lo que iba a decir: —y trataré, en serio, trataré de ya no ponerme en ese plan.

Tom me soltó de la mano para ponerse de costado mirándome, hice lo mismo y me acerqué un poco más. Nos quedamos viendo por unos segundos, mis dos manos descansaban bajo mi mejilla y él relajaba su rostro con el antebrazo, y su mano libre corrió una de mis tantas rastas rebeldes para atrás.

—A veces también me pongo celoso —confesó, fruncí el ceño mientras se llevaba toda mi atención, ¿Celoso de quién? —Tu guitarrista siempre anda tras de ti, andan a las carcajadas.

— ¿Y eso? —quería sonreír de puro idiota que soy pero lo resistí —Solo somos compañeros, además no puedes negar que él es un chiste en vida.

—Así como te sientes tú con respecto a Devon —me tocó el pecho con su dedo, luego se señaló a sí mismo —Así también me siento yo. Pero, ¿Sabes qué es lo que me mantiene en calma?

—No —estaba confundido, y la voz de Tom era tan suave que me hacía ponerle más atención — ¿Qué es?

—Que confío en ti —soltó y eso me hizo retroceder. —Sé que me amas, como tú sabes que te amo, y creo que es suficiente para no irme por los aires.

Eso fue un golpe duro. ¿Acaso yo no confiaba en él, y por eso pensaba en estas cosas? Tragué saliva y bajé la vista, yo no esperaba eso, me tomó por sorpresa.

—No estoy diciendo que no confías en mí —me tomó del mentón e hizo que le mirara, tenía una expresión muy dulce, y yo aquí armando drama, me sentía lo peor. — ¿O sí?

Enarcó una ceja y se veía gracioso, esbocé una sonrisa.

—Me haces quedar mal —le di un golpe en el pecho —Sí confío en ti, en quien no confío es en mí.

—Ven aquí —Me tomó de la mano y obligó a que mi cuerpo quedara en una posición en la que solíamos dormir todas las noches, a pesar de que a la mañana siguiente despertáramos desparramados. —Tú no puedes dormir a menos que estés así conmigo.

Al tener mi cabeza bajo su brazo lo abracé, no sé qué mierda tenía el techo que no dejaba de mirarlo, y varias ocasiones vi que Tom también lo miraba con bastante atención, tal vez nos enfocábamos en qué decir y hablar debidamente, sin elevar la voz, sin iniciar otra discusión.

—Confío en ti, Tom —Retomé, mi mano se deslizaba por su pecho —plenamente, y prometo ya no alterarme.

—Y yo prometo no meterme en más líos —su voz sonaba graciosa, le miré y me sonrió, volví a acomodarme, esta vez enredando mis piernas con las suyas bajo las frazadas.

Nuestras disculpas habían sido intercambiadas, hablar sobre nuestras inseguridades e incomodidades era mil veces mejor que seguir enfadados o molestos con algo.

Tom estiró el brazo y apagó la luz del velador, sentía su corazón latir y fue algo mágico, suspiré profundamente antes de quedarme dormido en sus brazos.

Abrí los párpados de inmediato, dándome cuenta de que los rayos ya invadían la habitación, el sonido de la ciudad se apreciaba y las noticias me aturdían, mezclado con los ladridos de Pumba, me hicieron despertar del todo. Di vueltas en la cama hasta poder ver el reloj, dictaban las nueve de la mañana. Me estiré tanto como pude y me senté buscando mi teléfono.

Hoy era un día casi libre, teníamos que ir al estudio a seguir ensayando, y ya después de eso el día era de cada uno. Me ordené un poco las rastas y me destapé, descalzo fui al baño a lavarme la cara. Oía a Tom hablar con Pumba, riéndose y haciendo quien sabe qué cosas, con tan solo escucharlos ya había una sonrisa en mi cara.

La verdad que había dormido muy cómodamente, me sentía como nuevo y sin ningún peso encima. No como ayer que estaba con un pequeño nudo en la garganta y un mal humor a punto de estallar, pero por suerte eso no sucedió, gracias a que podía mantenerme estable, y también gracias a la conversación civilizada con Tom.

Regresé a la habitación y me acerqué a mirar por la ventana, el día estaba nublado y parecía que iba a llover. No importaba, en mí reinaba la paz.

Busqué unas medias, me puse un buzo de Tom y fui por el pasillo, Pumba vino corriendo a mí y me incliné para sujetarlo, comenzó a repartir besos por mi cara y yo me reía. Entré con él a la cocina, como siempre mi novio desayunando mirando su celular y con la pequeña tele encendida. Me acerqué y le toqué el cabello, me senté frente a él, mi taza ya estaba en la mesa y el aroma a café era adictivo.

—Buen día, mi amor, ¿Cómo amaneciste? ¡Oh, qué bueno que lo preguntas! Amanecí muy bien, gracias, ¿Y tú? —habló Tom mientras me miraba con una sonrisa divertida, yo me entré a reír.

—No te pongas celoso de Pumba —bajé al pequeño y desapareció, se la pasaba corriendo de un lado a otro y me causaba gracia y ternura como se movían sus orejitas al correr, era muy bonito. — ¡Hola, mi amor! ¿Cómo estás? ¿Se te durmió el brazo?

—Pues la verdad no pesas nada —bebió de su café, me miraba con sus ojos y sentía que me iba a caer, ¿Cómo era posible que algo tan repetitivo se volviera hermoso? Desayunábamos juntos todos los días, y era como experimentar de nuevo esos sentimientos tan perfectos.

Ésta era nuestra rutina cuando no discutíamos, todos los días me hacía el mismo chiste pero él era consciente de lo que sentía, se lo hacía saber tanto como pudiera. Lo malo era que por el trabajo y las actividades no nos pegábamos como solíamos hacerlo en esas cortas vacaciones.

Desayunamos como siempre, entre conversación y ocurrencias de Pumba nos mandábamos carcajadas. Todo era bonito cuando marchaba bien, y como había dicho Ria, a veces las parejas tienen ciertas diferencias pero con comunicación todo se podía resolver.

Ya estaba por cambiarme luego de darme un baño largo y todo, cuando Tom me abrazó por la cintura y me reí, sentí su barba en mi hombro desnudo y me di la vuelta. Me sostuvo con sus manos la toalla y yo lo abracé por el cuello.

— ¿Crees que tengamos algo de tiempo? —me preguntó con doble intención y me sonrojé un poco. No intimidábamos seguido por el trabajo y siempre que queríamos hacerlo pasaban cosas como: o uno de los dos estaba cansado, o nos quedábamos dormidos apenas llegábamos a casa.

Me besó sin que le respondiera aunque él sabía ya mi respuesta, aferró sus manos y me atrajo más a su cuerpo, yo lo sujeté de la nuca y el beso desde un primer momento estuvo lleno lujuria, nuestros labios tenían una lucha pasional y su lengua pronto se adentró en mi boca. Entre risas y besos caminé hasta que caímos en la cama, nos separamos por el impacto y sostuve su rostro entre mis manos, nos miramos.

—Te amo —me dijo y no pude evitar sonrojarme otra vez. Joder, ¿Tan enamorado estaba de él?

—Yo también te amo —le acaricié la mejilla —… mucho.

Se acercó y nos besamos, se acomodó entre mis piernas, la toalla se desprendió, él no la tenía fácil porque tenía sus pantalones y la remera. Abandonó mis labios para recorrer mi cuello y sentía como la piel se erizaba ante el contacto de su lengua, comenzó a descender lentamente. Mis mejillas iban cobrando calor y miraba como Tom besaba mi pecho, iba haciendo un camino de besos y continuaba bajando.

Una de sus manos fue a su pantalón, me entró la desesperación porque ya no tenía sus labios encima, él aprovechó para sentarse sobre sus talones y comenzar a desabrochar su jean. Mi novio siempre se cambiaba primero para ir al estudio, el que tardaba una eternidad era yo, y ahora era el último en quitarse todo.

Me levanté, me senté a horcajadas sobre él, le quité la remera y busqué sus labios, volvimos a besarnos pero esta vez de una manera fogosa, como si nos hubiéramos separado por varias semanas y andábamos con ganas de devorarnos. Mi cuerpo y el suyo comenzaban a rozarse entre sí, la temperatura se iba elevando y mis manos automáticamente se enredaron en sus cabellos. Sentía como mi cuerpo respondía a sus estímulos, la manera en la que tocaba mi piel con sus dedos, el estremecimiento, la aceleración de la respiración, los latidos potentes. Sus besos provocaban que mi sistema se alterara, y eso me encantaba.

Me besaba el hombro mientras me movía sobre él, cerré los ojos disfrutando mejor de sus actos y desprendía en mí unas sensaciones refrescantes. Sus besos se depositaron en mi clavícula y sus movimientos fueron más perversos, comprendiendo su petición. Lo sujeté del cuello y lo atraje, él comprendió y con su cuerpo me siguió hasta que volví a recostarme, se situó entre mis piernas y comenzó, ahora sí, a desprender su pantalón. En el momento en que se bajó los pantalones, dejó al descubierto su bóxer y un bulto se pudo apreciar. El calor me invadió nuevamente y se acercó tan rápido para volver a besarme.

Pumba comenzó a ladrar, y fue en ese entonces que ambos escuchamos el timbre, con Tom nos miramos como si hubiéramos hecho algo malo, él se separó de mí mientras se acomodaba los pantalones, vi como su trasero se movía bajo los boxers, al tiempo que se los subía y salió de la habitación. Yo miré mi entrepierna y me cubrí con la toalla, me levanté de inmediato. Salí disparando a la puerta y me llevé el susto, justo entraba Eike y me mandé una carcajada porque se me cayó la toalla, cerré la puerta y comencé a cambiarme.

Me arreglé lo más rápido que pude y salí para saludarles, recordé que Tom andaba sin remera asi que le llevé una, cuando lo vi se lo arrojé y él se lo puso. Eike nos quedó mirando y su rostro parecía reventar en cualquier momento.

—No les jodí nada, ¿verdad? —tenía una sonrisa en su cara y Tom se terminó de colocar la remera, yo negué con la cabeza mientras me acercaba para saludarle.

—Para nada —comentó Tom —Solo estábamos descansando un rato.

—Si —eché un suspiro, aún estaba agitado por la rapidez que tuve para cambiarme —solo eso pero… Cuéntame, ¿Y Jared?

—Oh, se fue a Los Ángeles —se sentó en el sofá y Tom desapareció, pasó por detrás de mí y sentí su mano en mi trasero y lo estrujó unos segundos, di un respingo y le miré, se fue con una sonrisa pícara en su cara y yo casi le propino un puñetazo en la espalda. —… Yo me quedé para pasar un rato con mi familia.

—Eso es muy bonito —me metí otra vez en la conversación. Maldito desgraciado, cuando Tom y yo estemos solo le voy a dar su merecido.

Tom volvió con unos refrescos y le tendió uno de los vasos a Eike y los dos nos sentamos frente a él. Me dio un beso en el hombro y yo me sonrojé, ya sabía lo que estaba tramando, el muy pendejo me quería provocar. Las ganas al parecer no habían desaparecido, y mi corazón apenas bajaba su ritmo, bebía del refresco para poder bajar la tentada que me estaba por mandar.

— ¿Seguro que están bien? —Ambos miramos a Eike y nos observaba con una ceja alzada —Vine muy temprano, ¿verdad?

— ¡No, no, para nada! —Tom le miró e hizo gestos con sus manos negando todo —Siéntete como en tu casa.

— ¿Piensas quedarte más tiempo en Alemania? Porque tengo muchas ganas de que vengas a mi show —dije animado, tratando de olvidar todo ese asunto que casi se pacta sino fuera porque mi adorado Eike apareció.

—Por eso estoy aquí —sonó apenado —Regreso a L.A esta tarde y solo pasaba a saludarlos, me ofrecieron otro trabajo y no pude decir que no. En serio, ¡En serio quisiera quedarme aquí! Pero no puedo.

—Está bien, ojalá en algún futuro pueda ir a Estados Unidos con la banda —dije con una sonrisa —Y sino, ya sabes, te haré un show especialmente para ti.

— ¿¡De verdad!? —se mostró enérgico y aplaudió con una sonrisa.

— ¡Claro! —Tom intervino. —Lo organizaré en una terraza solo para ti.

Los tres nos reímos, lo invitamos a desayunar, para nosotros la segunda vez, porque aún era temprano para marchar al estudio, entre los tres nos contábamos anécdotas que nos han sucedido y que surgían de temas que se nos venían a la cabeza. Eike estaba muy animado, y eso era por el nuevo trabajo y porque al fin habían lanzado la nueva temporada de la serie que su novio producía. Sí, yo también chillé cuando me enteré, esto era más que perfecto.

Pumba se encariñó tanto con él, que desde que entró por la puerta no se apartaba de su lado, y Eike tampoco se quedaba atrás, parecía que los dos eran los mejores amigos inseparables y tan leales. Les tomamos fotos y todo, mi pequeño también se prestaba para esas cosas y le encantaba ser el centro de atención.

El tiempo se había pasado volando, cuando nos quisimos dar cuenta ya iban a ser las diez y media. Mientras Eike se quedaba en la sala con nuestro bebé, Tom y yo nos alistamos para salir de una buena vez. Al estar preparados, dejamos el apartamento hecho un desastre, después tendríamos tiempo para ordenarlo.

Decidimos llevar a Eike hasta el apartamento de Jared, Tom avisó a Devon que llegaríamos en quince minutos, ellos ya habían llegado hace unos momentos. Y como siempre, nosotros éramos los últimos en llegar al lugar de trabajo.

— ¡Muchas gracias por traerme! —tomó su bolso —Dame un abrazo, feo.

Tom le abrazó y yo aproveché para salir del coche, se despidieron y salió, Eike vino corriendo a mí como si jamás nos hubiésemos visto, le correspondí el abrazo, le froté la espalda y cerré los ojos para disfrutar del contacto. Una vez que nos separamos le dio un beso en la cabeza a Pumba.

—Me avisas como te fue en el viaje, ¿De acuerdo? —le dije y él asintió con una sonrisa. —Ya habrá tiempo para juntarnos, prometo visitarte en L.A por si no vienes tú antes.

—Por supuesto —me miró— Trataré de regresar, ¡cualquier cosa nos hablamos!

—De eso no dudes, mándale saludos a Jared —nos volvimos a abrazar, me dio un beso en la mejilla y luego entró a su apartamento.

Me senté en el asiento del copiloto con Pumba entre mis piernas y Tom condujo al estudio, no quedaba tan lejos así que solo nos tomó un par de minutos. Escuchábamos la radio, yo jugaba con Pumba, Tom cantaba, era algo lindo de vivir todas las mañanas.

Estacionó el coche y bajamos, los tres ingresamos algo apurados, saludamos a quienes se presentaban en el edificio, Tom llamó al ascensor mientras que la recepcionista se encariñaba con Pumba. Subimos los pisos y al estar en el indicado, lo primero que hice fue soltar al pequeño para que fuera libre, y todos supieron que llegué por sus ladridos.

— ¡Hasta que al fin llegas, hombre! —dijo otro de los productores, Tom lo saludó y yo igual, seguí de largo y fui a ver a mis compañeros.

— ¡Hola chicos! —saludé con la mano en alto, mis compañeros estaban mirando la televisión, comiendo alguna que otra porquería y bebiendo café. —Lindo día nos ha tocado para ensayar, ¿verdad?

— ¡Vaya! —Mi guitarrista se acercó —Al parecer alguien se levantó de buenas.

—Cállate —le golpeé el brazo y nos saludamos — ¿Cómo estás?

—En perfectas condiciones, ¡Y estoy listo, bajo sus órdenes, señor! —hizo el típico gesto militar y yo chisté la lengua, le bajé con las manos su acción y se rió.

—No seas idiota.

—Bueno chicos —Tom entró, atrás de él estaba Devon y el otro productor — Vinimos a ensayar así que… entre más rápido lo hagamos, más temprano nos iremos a casa. Los quiero a todos listos en cinco minutos, ¡A trabajar!

Todos se levantaron y salieron de la sala de reuniones, el bajista cargó a mi bebé en brazos, Tom se acercó a mí, yo estaba cruzado de brazos cerca del televisor. Me enfrentó y me dio un beso, ni nos importaba si aún había gente abandonando la sala, todos ya sabían que éramos novios.

— ¿Estás listo? ¿No quieres calentar la voz antes? —noté para dónde iba el asunto. Nuevamente sus manos sujetaron mi cintura y yo lo abracé por el cuello.

—Ah, veo que te dejé picando en la mañana —me acerqué, acortamos la distancia y volvimos a besarnos. Oímos que la puerta se cerró y nos separamos segundos después mirando la misma, ya no había nadie en la sala.

—Estamos solos —miré a Tom directamente a los ojos, no podía abandonar mi sonrisa, de seguro me veía como un idiota pero feliz.

—Tom… ¿Qué tal si abren la puerta? —besó mi cuello y lancé una carcajada, su barba me hacía cosquillas. —Tom, hablo en serio. Alguien puede entrar.

Buscó mis labios, a lo único que pudimos llegar es a dar unos cuantos besos porque ya empezábamos a escuchar nuestros nombres, unas risitas por parte nuestra fue a modo de respuesta, y tomados de la mano decidimos salir de la sala de reuniones. Nos dirigimos al estudio, al ingresar, no sé por qué, mi visión fue directamente a Devon. Ya andaba clavando la vista en nosotros y traté de disimularlo, solté lentamente la mano de Tom pero él la volvió a sujetar y terminó besando el dorso de mi mano, luego de eso recién pudo soltarme.

Me fui con la cara enrojecida, los labios húmedos y una sonrisa hacia la sala más grande, íbamos a ensayar todos en el mismo lugar, no iba a utilizar la cabina. Me preparé mientras observábamos del otro lado del cristal, notaba a Tom concentrado en su asunto pero luego detecté que Devon empezaba a encimarse, en el sentido de que le mostraba cosas pero de una forma un tanto extraña.

Por disimular le di la espalda y me acomodé los cascos, me rasqué la oreja y empecé a hablar con el guitarrista, siempre contaba chistes y a veces hacía sonidos extraños, solo eso bastaba para hacernos reír.

Regresé para ver a través del cristal, Devon ahora se alejaba de Tom pero él le dijo algo y parecía no prestarle atención, no pude notarlo porque el micrófono y el sonido aún no estaban activos.

No sabía qué estaba sucediendo, de repente Devon parecía molesto por algo pero mi novio no hizo caso, el otro productor tomó su lugar y ahí escuché la voz de Tom diciendo que ya estaba todo listo, tragué saliva e intenté no preocuparme, ¿Qué carajo le pasaba? ¿Por qué se comportaba así? Con la mirada postrada en Devon, él dejó de ver a Tom para clavarme sus ojos, yo no los aparté y él tampoco, su expresión no era para nada buena, parecía estar fastidiado.

¿Y ahora qué mierda iba a pasar?

Continúa…

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por MissAnunnaki

Escritora del Fandom

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