In another lifetime FIN

Fic Twc/Toll escrito por lyra

«In another lifetime»

Capítulo 15

Inverness, año 2046

Sentado en su despacho Jaime apagó el ordenador y dio por finalizada su jornada de trabajo. Se quedó mirando a su alrededor sonriendo ampliamente, se hallaba en Lallybroch y allí mismo tenía una pequeña consulta donde atendía a sus pacientes cuando no le requerían en el hospital de Inverness.

Tras terminar con mucho éxito sus estudios de medicina había logrado una plaza en Inverness para poder así compaginar su trabajo con la crianza de su primera hija por cuyo nacimiento tuvo que retrasar sus estudios casi por un año entero.

Pero no estuvo de brazos cruzados, cuando la pequeña Claire no le requería abría sus libros de medicina y estudiaba para poder estar al día cuando regresara a la universidad. Y cuando su hija cumplió 1 año de edad supo que era el momento adecuado.

Aún así le costó dejarla al cuidado de la abuela Fiona mientras él asistía a sus clases y prácticas, pero sabía que su hija estaba en buenas manos y siempre que podía disfrutar de unos días sin clase ya fuera por vacaciones o fiestas, él y Roger cogían a su pequeña y realizaban un viaje para poder disfrutar de su hija en familia.

Pero los años habían pasado con demasiada rapidez para su gusto, Claire había cumplido 18 años y no podía estar más orgullosa de ella. Había decidido estudiar medicina también y era la mejor de su clase.

Y la mejor hija que hubiera podido tener. Cuando cumplió 7 años le dieron el mejor regalo que hubiera podido desear, unos hermanitos con los que poder jugar.

Cuando Jamie supo que se había vuelto a quedar embarazado lloró de felicidad, y cuando en una ecografía vio 2 corazones latiendo juntos la alegría se multiplicó por 2.

Iba a tener gemelos, como ya los tuvo su padre en su momento y él ayudó a traer al mundo siglos atrás.

Para entonces ya habían terminado las obras de remodelación en Lallybroch y cuando los pequeños William Duncan y Thomas Douglas vinieron al mundo tenían una amplia habitación esperándolos.

Jamie disfrutó mucho viendo crecer en Lallybroch a sus hijos, no quería separarse de ellos y pidió una excedencia en el hospital.

Además, Roger le animó a abrir una consulta privada en casa. Había sitio de sobra y ocuparon varias habitaciones de la planta baja, siendo una de ellas el despacho en el que se encontraba.

Sobre la mesa tenía varias fotos de sus hijos, siendo la más reciente una de los gemelos en su último cumpleaños. Ya tenían 11 años y eran de lo más traviesos, tenía mucha suerte de que Claire le echara una mano con ellos cuando Roger faltaba en casa ya fuera por motivos de trabajo o para visitar a su madre que últimamente estaba delicada de salud.

— ¿Puedo pasar?

La voz de su hija le sacó de sus pensamientos. Alzó la mirada y tras quitarse sus gafas las dejó con cuidado sobre la mesa.

—Pasa cariño—dijo esbozando una amplia sonrisa.

Claire abrió la puerta y entró. Era una joven muy hermosa, y había heredado su color de pelo. No como los gemelos, que ambos eran morenos como Roger y sus abuelos por los que llevaban sus nombres en su honor.

— ¿Dónde están tus hermanos que no los oigo?—preguntó Jamie suspirando.

Esperaba que no estuvieran tramando alguna nueva travesura, la última había consistido en tirar todos sus juguetes por la ventana. Jamie los castigó sin ellos durante una semana, aunque sabía que a escondidas Roger era más benévolos con ellos y les levantaba el castigo por unas horas. No podía culparle, los niños eran adorables y sus travesuras no tenían mucha importacia pero Jamie no quería que pensaran que podían salirse siempre con la suya.

—Papá les está bañando—explicó Claire entre risas—Estaban pintando en su habitación y cuando nos hemos asomado tenían más pintura sobre ellos que en sus cuadernos.

Jamie gimió al escucharlo, no podían dejar a solas a los gemelos sin que planearan una travesura nueva.

—Papá los ha castigado sin postre esta noche—añadió Claire.

—Yo subiría el castigo a una semana—murmuró Jamie resoplando—Pero sería en vano, sé que en cuanto me diera la espalda tú o tu padre les levantáis el castigo al momento.

Claire asintió con la cabeza entre risas, sus hermanos pequeños eran la alegría de la casa y no había un solo día que no hicieran de las suyas.

— ¿Ya has terminado de trabajar?—preguntó Claire cambiando de tema.

—Si, se ha ido mi último paciente y estoy libre hasta el lunes—contestó Jamie poniéndose en pie— ¿Y qué haces en casa un viernes por la noche? Pensé que habías quedado con Heather…o Ian.

Vio como su hija se ruborizaba, Ian era un compañero de clase y uno de sus mejores amigos junto con Heather. Pero con el paso de los años se habían dado cuenta que entre ellos había algo más que una amistad y estaban empezando a salir en serio poco a poco.

—Ian quiere que pasemos juntos el fin de semana— murmuró Claire.

Jamie miró con firmeza a su hija, sabiendo que eso significaba que había una noche de por medio que iban a pasar juntos.

—Claire, ya eres mayor de edad—empezó a decir Jamie—Sabes que nunca te hemos prohibido hacer nada, y sé que eres absolutamente responsable y llegado el momento actuarás con precaución. No tienes que pedirnos permiso a papá o mí, solo seguir lo que te diga tu corazón.

—Lo sé, ya he hablado antes con papá y más o menos me ha dicho lo mismo—explicó Claire.

— ¿Y dónde te va a llevar?—preguntó Jamie, cogiéndose del brazo de su hija.

Salieron del despacho y caminaron por el amplio vestíbulo de Lallybroch que antiguamente era el salón principal de la casa y cuya chimenea de piedra blanca aún conservaba.

—Quiere que hagamos una excursión por Inverness—explicó Claire mirando fijamente a su padre—Visitando entre otras cosas el fuerte Williams y Cullodem…

Jamie no pudo evitar ponerse tenso al escucharlo, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda.

—Entiendo que te pongas así, no he podido negarme—empezó a disculparse Claire—En clase de historia hablamos de la batalla de Cullodem y sé lo especial que es para ti.

Claire estaba enterada de los viajes en el tiempo realizados por su abuelo y su padre, cuando tuvo edad de poder comprender algo así Jamie le contó a su hija todo sobre sus raíces, y la gran ausencia de su abuelo Bill de quien apenas había foto siendo casi todas ellas de cuando era joven, antes de cumplir los 35.

A partir de esa edad no había fotografía suya ni nada que le hablara de ese abuelo ausente, a no ser que subiera al desván de Lallybroch y abriera un baúl de aspecto antiguo que Jamie guardaba celosamente. Dentro conservaba todas las cartas escritas por sus padres, además de los diarios de Claire.

Quería esperar a que los gemelos fueran capaces de comprender una historia tan maravillosa como la de poder viajar al pasado en busca de un amor, como su padre había hecho. Entonces les enseñaría el contenido del baúl como había hecho con Claire, y podrían subir al desván a sumirse en los recuerdos como hacía él cada vez que sentía añoranza de sus padres.

—Si no quieres que vaya…—empezó a decir Claire, sacándole de sus pensamientos.

Jamie negó con la cabeza al tiempo que esbozaba una sonrisa, no podía prohibirle a su hija visitar lo que era parte de una historia de la que su familia había formado parte.

—Podía quedarme el fin de semana, echarte una mano con los gemelos—insistió Claire.

—De ninguna manera, aprovecha que no tienes exámenes y puedes disfrutar de tiempo libre—dijo con firmeza Jamie—Y disfruta de todo el tiempo que puedas pasar con Ian, es un buen muchacho y has tenido mucha suerte de encontrarle.

Claire asintió con la cabeza, en el fondo le daba miedo esa noche que iba a compartir con Ian. Pero no tenía porqué tenerlo, ya le había informado del hostal donde se iban a hospedar y que contaba con camas separadas. Podían compartir una o no, ya lo decidirían llegada la ocasión.

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Siguieron caminando por la casa y subieron a la primera planta donde estaban las habitaciones de sus hijos y el baño que compartían los gemelos. Se asomaron a él, donde Roger terminaba de recoger las toallas usadas y los niños se peinaban entre risas mirándose al espejo ya con sus pijamas puestos.

—Voy a ir calentando la cena—se ofreció Claire.

Jamie se lo agradeció, contaban con una espléndida cocinera que les dejaba la despensa llena los fines de semana que libraba y así Jamie podía aprovechar que no tenía que trabajar y podía disfrutar de sus hijos y esposo.

—Se les está quedando pequeña la ropa a estos niños—dijo Roger dejando las toallas usadas en el cesto de la ropa sucia—He tenido que probarle otro pijama a Thomas, el azul ya le queda corto.

—Aún podrá aprovecharlo William—murmuró Jamie suspirando—Iremos mañana de compras.

—Yo también quiero un pijama nuevo—apuntó William mirando a su padre—Siempre aprovecho la ropa de Thomas, y no es justo.

—Es porque soy el hermano mayor—dijo con orgullo Thomas.

—Sólo por 10 minutos—apuntó William de nuevo.

Jamie sonrió al escucharles, era verdad que Thomas le sacaba varios centímetros a su hermano y le gustaba picarle diciéndole que siempre iba a ser el hermano pequeño.

—Venga chicos, bajad a la cocina y obedeced a Claire—intervino Roger—Id poniendo la mesa sin discutir, vuestro padre está cansado.

Los niños se apresuraron a obedecer y salieron del baño echando a correr escaleras abajo.

—Se te ve cansado—dijo Roger una vez a solas.

Le abrió los brazos y Jamie corrió a refugiarse en ellos. Cerró los ojos suspirando al sentir como Roger le estrechaba en ellos y bajando la cara le besaba con suavidad la frente.

—Debes bajar el ritmo de trabajo—susurró contra su piel Roger—Mañana podíamos hacer algo distinto, después de comprarle ropa a los niños se los podíamos dejar a mi madre y tú y yo nos vamos al cine, o a dar un paseo.

—Depende de como vea a Fiona—apuntó Jamie—Últimamente tiene la tensión muy alta, puedo hacerle un reconocimiento rápido y…

—Ya la viste el martes y dijiste que todo iba bien—cortó Roger—Además, está Scott y los niños saben que no hay que molestar a la abuela. Los entretendrá mientras nosotros disfrutamos de un poco de libertad.

Jamie asintió suspirando. Su cuñado Scott seguía sin pareja y él sabía el motivo. Seguía esperando que el día menos pensado su padre regresara a Inverness, por más que le había explicado que se reencontró con su verdadero padre y que vivían juntos y felices, Scott parecía no querer entender esa parte y seguía esperándole.

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Esa noche tras la cena Jamie descansaba recostado en el pecho de Roger. Trataba de recuperar el aliento tras haber hecho el amor como nunca antes lo habían hecho.

Con la mirada fija en la gran chimenea de piedra que había a los pies de la cama, Jamie suspiraba al recordar que hubo un tiempo donde ya había ocupado esa misma habitación y admirado esa misma chimenea.

Era la antigua habitación de sus padres, no tan grande como la principal que habían destinado a los gemelos, pero si llena de recuerdos.

— ¿En qué piensas?—quiso saber Roger.

Jamie suspiró de nuevo, sonriendo al notar sus manos acariciar su desnuda espalda.

—Pienso que soy muy feliz—murmuró Jamie abrazándose a Roger—Y también muy afortunado. Por la familia que hemos creado, por estar en el que siempre tuvo que ser mi hogar…

Roger asintió con la cabeza, desde que le contara sus planes de reconstruir Lallybroch de sus cenizas no se había arrepentido ni un solo día. El no había tenido la suerte de poder ver la casa tal y como era en su época, pero en esos momentos era la envidia de todo Inverness.

—Se me cierran los ojos…—murmuró Jamie ahogando un bostezo.

Roger sonrió y estrechándole en sus brazos se dispusieron a dormir como cada noche hacían, el uno en los brazos del otro.

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A la mañana siguiente, los gemelos fueron los primeros en despertarse. Se levantaron de sus camas y sabiendo que no debían molestar a sus padres y menos un sábado por la mañana, fueron en busca de su hermana mayor que encontraron ya levantada y vestida.

— ¿Dónde vas?—preguntó Thomas al ver una bolsa preparada.

—A pasar el fin de semana con Ian—contestó Claire—Iremos de excursión por Inverness.

— ¿Podemos ir?—se apuntó de inmediato William.

—Otro día, ¿vale?—dijo Claire para tristeza de su hermano pequeño—Os lo prometo.

—Claro William, ¿no ves que quieren estar solos para poder besarse y hacer cosas de mayores?—picó Thomas entre risas.

Claire se giró para que sus hermanos no vieran que se había sonrojado hasta las orejas. Thomas era muy perspicaz, todo lo contrario que William que en ese aspecto era muy inocente.

— ¿Qué cosas de mayores?—quiso saber William.

—Pues….fumar, comer todo lo que quieran, quedarse hasta tarde viendo la tele,…—empezó a enumerar Thomas.

—Vamos, que os preparo el desayuno—dijo Claire dando la conversación por finalizada.

Salió de la habitación seguida por sus hermanos, sonriendo al escuchar la conversación que mantenían entre ellos.

—Yo también quiero hacer cosas de mayores—murmuró William—Siempre nos vamos a las 10 a la cama, incluso los fines de semana.

—Cuando cumplamos los 18 nadie podrá decirnos a qué hora nos tenemos que acostar—dijo con firmeza Thomas—Ni que nos comamos el brócoli.

— ¡Lo odio!—exclamó con rabia William.

Bajaron a la cocina y Claire les preparó el desayuno, sabía que sus padres bajarían en cualquier momento para despedirse de ella. Había quedado con Ian en emprender el viaje a las 10 y faltaba aún una hora.

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Esa mañana Jamie se despertó con una extraña sensación. No podía explicarla, solo sabía que iba a recibir noticias. Y no iban a ser agradables…

Se levantó de la cama y tras darse una ducha rápida se vistió y echó una mano a Roger con la cama. La hicieron entre los dos y una vez listos bajaron a desayunar encontrándose con que sus hijos pequeños se tomaban sus cereales viendo dibujos en la televisión que había en la cocina mientras que Claire les había preparado café y tostadas.

Se dieron prisa en desayunar, cuando quisieron darse cuenta ya eran las 10 y llamaron al timbre de la puerta. Claire fue a abrir esbozando una amplia sonrisa, Ian era siempre muy puntual.

—Buenos días—saludó Ian.

Se inclinó y como iba siendo habitual en ellos se dieron un casto beso en los labios, gesto del que fue testigo Jamie.

—Buenos días doctor McKaulitz—saludó Ian al verle.

—Buenos días Ian, ¿qué tal están tus padres?—preguntó sonriendo Jamie.

—Muy bien, gracias—respondió Ian devolviéndole la sonrisa.

—Tenéis suerte, no va a llover—intervino Roger saliendo también al recibidor.

—Voy a por mi bolsa, no tardo nada—dijo Claire.

Echó a correr escaleras arriba dejando que sus padres conversaran con Ian, quien quiso darles detalles del viaje que iban a hacer como del nombre del hostal donde se iban a alojar, ofreciéndoles el teléfono por si pasaba alguna urgencia y querían avisar a Claire.

Una vez con la bolsa de la mano, Claire se reunió con sus padres y se despidió de ellos hasta el domingo por la tarde. Los gemelos ya habían terminado de desayunar y corrieron a ver el coche de Ian, un precioso descapotable rojo regalo de sus padres por las buenas notas obtenidas.

Se despidieron de su hermana y regresaron a la casa. Roger y Jamie esperaron a que Ian arrancara y cuando les vieron partir decidieron entrar ellos también.

—Voy a por el correo—murmuró Roger.

Jamie regresó a la casa antes de que a los gemelos les diera por desayunar de nuevo. Los halló en la cocina viendo los dibujos y se dispuso a recoger las tazas usadas en el desayuno.

—Cariño, tenemos carta de tu abuela—anunció Roger entrando en la cocina.

— ¡La bisabuela Simone!—exclamaron los gemelos sonriendo.

Jamie se secó las manos a un paño y cogió la carta que Roger le tendía, no pudiendo evitar que sus manos le temblaran y Roger lo notara.

—Vamos niños, dejemos que vuestro padre lea la carta con calma mientras hacemos las camas—dijo Roger apagando los dibujos.

Los gemelos se pusieron en pie y salieron de la cocina seguidos de Roger. Una vez a solas, Jamie se sentó ante la mesa de madera que había en la cocina y abrió la carta que le había escrito su abuela con su letra tan pulcra.

Esperaba que hubiera recapacitado y aceptado la oferta que le había hecho cuatro años atrás cuando el abuelo Gordon murió de un infarto. No quería que se quedase tan sola en Alemania, había insistido que se mudase allí a Lallybroch con la familia pero su abuela se había negado en rotundo y eran muchas las visitas que hacía para ver a sus bisnietos.

Pensaba que era lo que le iba a decir en la carta, que dentro de poco estaría allí para darle un abrazo pero se quedó sin respiración cuando empezó a leer una carta de despedida.

«Querido Jaime, cuando leas esta carta yo ya estaré muy lejos. Quiero pedirte perdón por no haberte dicho nada antes y por marcharme de este modo pero es lo mejor para todos.

Antes de que Gordon muriera me detectaron un bulto que resultó ser cáncer, gracias a la quimio he podido aguantar algunos años pero tras la partida de Gordon siento que no tengo las fuerzas necesarias y mi cuerpo no va a resistir por mucho más.

Y mis presentimientos se confirmaron en mi última revisión, el cáncer se ha extendido y no hay nada que se pueda hacer. Me quedan unos meses de vida, y tras haberlo meditado mucho sé que sólo hay un sitio donde quiero pasar mis últimos días.

Quiero ver por última vez a tu padre, y por eso voy a emprender un largo viaje. Al igual que tú hiciste, ya lo tengo todo preparado y para cuando recibas la carta si Dios quiere estará ya al lado de Bill para conocer por fin en persona a Thomas y a mis 2 nietos que tú ayudaste a traer al mundo….»

No podía seguir leyendo, sentía que la vista se le nublaba por las lágrimas. Guardó la carta en el sobre de nuevo y se puso en pie con cuidado, llamando a Roger con un hilo de voz.

Minutos después le tenía a su lado, asustado de verle tan pálido y con las mejillas bañadas en lágrimas.

— ¿Le ha pasado algo a tu abuela?—preguntó Roger estrechándole en sus brazos.

—Ella…ha viajado al pasado—contestó Jamie en un susurro.

— ¿Al pasado?—repitió Roger, sin podérselo creer.

—Tiene cáncer, y se está muriendo—explicó por encima Jamie—Y ha tomado la decisión de pasar sus últimos días al lado de mi padre. Y yo…me hubiera gustado haberme despedido de ella pero entiendo que si me hubiera contado sus planes no hubiera dejado que se fuera. Pero sé que en el fondo, es lo que siempre quiso.

Roger comprendía a Simone, tantos años separada de su único hijo había esperado a que Jamie formara su propia familia y llegado el momento iría a ver a Bill para poder verle una última vez antes de morir.

— Pero… ¿y si el viaje no ha salido como ella esperaba?—preguntó Jamie con miedo—Puede haber aparecido lejos de Lallybroch, o no resistir un viaje en el tiempo a su edad y en su estado…

—Solo hay una forma de saberlo—murmuró Roger mirando fijamente a su esposo.

Jamie asintió con la cabeza. Tenían que ir al desván, abrir el baúl y buscar cartas nuevas que iban apareciendo como por arte de magia. Había leído una y otra vez todas las cartas, pero muchas veces cuando subía a releerlas se encontraba con cartas nuevas que iban apareciendo con el paso de los años.

Sus padres le iban informando de todos los acontecimientos que ocurrían en sus vidas, de esa manera supo que sus hermanos crecían fuertes y sanos, que Ellen se había convertido en una preciosa jovencita y a sus 19 años contrajo matrimonio convirtiéndoles en abuelos justo al año siguiente. Al igual que Roger, encontró una preciosa chica de la que se enamoró perdidamente y fueron padres de gemelos, siendo James el nombre de uno de ellos en honor a su abuelo y a ese hermano mayor al que tanto echaban de menos.

No se lo pensó más tiempo y con ayuda de Roger subieron al desván. Abrieron el baúl y con manos temblorosas Jamie cogió el paquete de cartas que había atado con un lazo rojo, sonriendo al ver una nueva con la letra de su abuela.

«Querido Jamie, sé que estarás en shock tras haber recibido mi carta de despedida y lo siguiente que habrás hecho es correr a comprobar si mi viaje ha tenido éxito. Como ves, así ha sido y me encuentro al lado de tu padre a quien le he dado una gran sorpresa.

He conocido a Thomas, es una buena persona y te pareces mucho a él. Les he puesto al día, he llevado fotos de tu boda con Roger y de Claire y los gemelos, y ambos han llorado de emoción.

Quiero que sepas que no me arrepiento de terminar aquí mis días. Solo de irme sin despedirme de ti, aunque sé que lo entenderás. El poco tiempo que me quede, quiero disfrutarlo al lado de tu padre, conociendo otro Lallybroch y a todos sus habitantes que no dejan de ser parte de mi familia y del clan McKaulitz.

Sé que te costará hablarles de mi ausencia a los niños, que Claire va a ser la única que lo va a entender al conocer la existencia de las cartas y lo diarios. Se que entre todos podréis consolar a esos niños a los que tanto voy a echar de menos.

Te quiero mucho Jamie.

Simone»

—Está bien—dijo Jamie entre lágrimas.

Se abrazó a Roger con la carta de su abuela aún en sus manos, como si hubiera sido escrita el día anterior y pudiera notar aún la presencia de su abuela en el trozo de papel.

Roger le abrazó con fuerza, sabiendo que le iba a necesitar más que nunca a partir de entonces….

3 MESES DESPUES

Una vez más, Jamie se levantó con un mal presentimiento, y como ya ocurriera la última vez lo primero que hizo antes de bajar a desayunar es subir corriendo al desván. Roger le vio, y no pudo contenerse. Echó a correr tras él, sabiendo que le iba a necesitar a su lado.

Sentado en el suelo Jamie abrió el baúl y cogió el paquete de cartas, descubriendo una nueva con la letra de su padre.

«Querido Jamie, ayer pasó lo que llevo temiendo en todo este tiempo que mi madre lleva conmigo. Llevaba días muy mal, apenas sin poder levantarse de la cama y yo sin separarme de ella. Cuando me he despertado esta mañana ya me había dejado…

Estoy destrozado por su partida, pero sé que se ha ido feliz de poder haberme visto por última vez y conocido al resto de la familia.

Hemos decidido que descansará en el cementerio familiar, aunque no pueda poner nada en su lápida que desvelé quien es en realidad. Busca su tumba, y pon siempre flores frescas en ellas»

Jamie rompió a llorar al leer las últimas palabras de su padre. No había escrito nada más, no tendría fuerzas para ello.

Se puso en pie con ayuda de Roger y le pasó la carta para que él también la leyera.

— ¿Quieres que vayamos a ver a tu abuela?—preguntó Roger con voz ronca.

Jamie asintió con la cabeza. Bajaron a vestirse y salieron al gran jardín que rodeaba Lallybroch. Sabían donde estaba ubicado el cementerio familiar del que Bill les hablaba, lo habían encontrado cuando empezaron las obras de remodelación de Lallybroch, y seguía en pie y bien cuidado. Y en el había visto las tumbas de sus padres, y siempre les llevaba rosas blancas como las que llevaba en las manos para ponerlas a partir de entonces en la lápida de su abuela.

Al igual que las cartas, parecía que había aparecido esa misma mañana como por arte de magia. Una sencilla lápida de piedra gris oscurecida con el paso de los años bien cerca de la de sus padres.

Se arrodilló ante ella y la limpió de hierbas con sus propias manos, depositando las rosas con cuidado mientras que leía con los ojos llenos de lágrimas la sencilla inscripción que había en ella.

«Simone. Gran madre y abuela»

F I N

Notas finales: siento terminar el cap así de brusco, pero creo que ya no hay nada más que contar ni decir. Y con esto doy por finalizado el fic Once in a lifetime y su spin off In another lifetime.

Como siempre digo, ha sido un gran placer para mi escribirlo.

por lyra

Escritora del fandom

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