Fic Twc/Toll escrito por lyra
«In another lifetime»
Capítulo 4
Inverness, año 1765
Cuando volvió a abrir los ojos, descubrió que no estaba en su habitación. Se incorporó con cuidado, descubriendo que estaba tumbado en mitad de un prado. Lo había logrado, lo sabía. Había viajado en el tiempo al pasado…solo que no sabía dónde estaba.
Mirara donde mirase solo había un prado verde, ni una indicación de en qué ciudad o aldea se podía encontrar.
Se puso en pie con cuidado, echando un vistazo a su alrededor poniéndose en alerta. En esa época, fuera la que fuera, podía verse rodeado de forajidos si no iba con cuidado. Pero,… ¿qué iba a poder hacer él para defenderse?
Decidió ponerse en marcha, corrió hacia unos árboles en busca de refugio apartándose del camino de tierra que tenía a su derecha. Decidió seguirlo esperando ir en la dirección adecuada, encontrarse una aldea o una casa donde poder preguntar donde estaba y a ser posible que le facilitaran el viaje hasta Lallybroch.
Perdió la noción del tiempo, seguía caminando a buen paso sin dejar de mirar a su alrededor, cada sonido que escuchaba del bosque le hacía pegar un bote asustado haciendo que su corazón se le quisiera salir del pecho.
Entonces escuchó unos caballos, venían galopando y sintió mucho miedo. Se apartó todo lo que pudo del camino, corrió en busca de refugio en el bosque sin ver las raíces que asomaban, tropezando con una de ella y cayendo al suelo dándose un buen golpe.
Rompió a llorar sin poder evitarlo, se sentía muy asustado y empezaba a pensar que viajar al pasado él sólo y sin preparación alguna había sido una mala idea.
Entonces pensó en su padre, cuando viajó por primera vez al pasado tenía su misma edad y estaría igual de asustado. Pero Thomas dio con él y le protegió de todos los peligros. Pero él no tenía a nadie, se sentía solo y desvalido…
— ¿Estás bien?
Gritó sin poderse contener al escuchar una voz infantil, viendo ante sus ojos una niña pelirroja que le miraba con curiosidad. En sus manos tenía una cesta de mimbre donde iba guardando moras.
— ¿Te has hecho daño?—preguntó de nuevo la niña.
Jamie asintió con la cabeza, de la caída sentía que le dolía el pecho y tenía las palmas de las manos arañadas. Se quiso poner en pie, pero entonces descubrió que se había dañado su tobillo izquierdo. Seguramente sería un esguince sin importancia, pero le impediría salir huyendo si tuviera que hacerlo.
—Mi hogar está cerca—empezó a decir la niña—Puedo ir a por ayuda, no estás en condiciones de caminar.
—No quiero quedarme solo—susurró Jamie, mirando a la niña con los ojos llenos de miedo.
—No te va a pasar nada, tranquilo—dijo la niña esbozando una amplia sonrisa—Estás en tierras del clan McKaulitz, son las más seguras de Inverness.
Jamie suspiró aliviado, había llegado al lugar exacto. Inverness estaría cerca y pronto vería de nuevo a su padre.
—Vengo enseguida con ayuda—repitió la niña.
— ¡Gracias!—exclamó Jamie sonriendo a pesar de las circunstancias.
Vio como la niña daba media vuelta y se internaba en el bosque como si supiera de memoria el camino a tomar. Se quedó a solas, poniendo atención a cada sonido que llegaba a sus oídos mientras se masajeaba el tobillo lastimado.
No estuvo mucho tiempo solo, al cabo de unos minutos la niña regresó acompañada de un adulto.
—Le dejé aquí, papá—explicaba la niña.
— ¿Cuántas veces tengo que decirte que no confíes en desconocidos?—riñó el padre—Eres muy inocente, Joan.
Al momento Jamie descubrió a su salvador. Era un hombre de unos 30 años, y por lo visto era el padre de la niña a la que había llamado Joan.
—Se cayó y se ha lastimado un tobillo—explicó Joan a su padre—No podía dejarle herido, está asustado.
El padre miró al desconocido con un tosco gesto en su cara, no terminaba de fiarse del todo de él.
—Yo…no quisiera ser una molestia—empezó a decir Jamie—Si me pudiera proporcionar un medio de transporte que me lleve a Inverness, no les robaré más tiempo.
—Bueno, primero habrá que curar ese tobillo—murmuró el padre, cediendo un poco— ¿Cómo se llama?
Jamie pensó que lo mejor era no dar muchas pistas sobre su verdadera identidad, si Thomas tuvo que cambiar su nombre para pasar desapercibido tras Adsmuir, él también lo haría. No tuvo que pensarlo mucho, llevaba el nombre en honor a su abuelo y decidió usar uno de sus nombres.
—Soy Malcom Fraser—se presentó, añadiendo un apellido emparentado con los McKaulitz para obtener ayuda más rápidamente.
— ¡Un Fraser!—exclamó Joan.
—Eso cambia mucho las cosas—dijo el padre esbozando al fin una sonrisa—Venga, que le ayudo a levantarse.
Jamie aceptó con gusto la mano que le tendía y se puso en pie con cuidado.
—Por cierto, yo soy Andrew—se presentó el padre—Y esta es mi hija pequeña, Joan. La mayor está en casa terminando de preparar la comida. Se llama Marsali.
Jamie escuchaba en silencio, respirando con tranquilidad porque había caído en buenas manos.
&
Horas después, Jamie descansaba en la habitación de invitados que Andrew le había proporcionado. Había sido muy amable con él, vendó su tobillo y le dio de comer. Jamie no sabía lo que era, pero estaba muy rico y comió con apetito.
Necesitaba descansar para que su tobillo sanase, y Andrew le invitó a quedarse unos días en su casa hasta que estuviera bien del todo. Jamie prometió pagarle de alguna manera, trabajando en el campo o lo que fuera. No contaba con dinero, le explicó que había sido atacado y robado las pocas monedas que tenía.
Andrew no quería que pensara en eso, que su única preocupación fuera reponerse.
Aún así, al día siguiente y viendo que su tobillo ya no le dolía tanto Jamie abandonó la cama y bajó él mismo a desayunar. La noche anterior le habían subido al cena a la habitación y se sintió algo incómodo por tantas atenciones recibidas.
Bajó por la escalera de piedras que comunicaba con la planta baja, quedándose a medio camino al escuchar voces procedentes de la cocina.
—Unas míseras monedas, ¿eso es todo lo que mi esposo me manda?—escuchó decir a Andrew.
—Es lo único que mi señor ha podido conseguir este mes—explicó un joven desconocido con acento francés—Y le recuerdo que ya no es su esposo.
—Ante los ojos de Dios aún lo es—apuntó Andrew— Hicimos un juramento, y solo la muerte nos podrá separar. Ahora vete de mi casa, tengo mucho trabajo y no quiero perder el tiempo contigo.
Jamie quiso escabullirse pero debido a su tobillo no era lo suficientemente rápido. Trató de esconderse en las escaleras desde donde vio como un joven salía de la cocina sacudiendo la cabeza resignado. Por suerte no reparó en su presencia y una vez salió de la casa Jamie pudo respirar aliviado.
Bajó del todo las escaleras y entró en la cocina, donde Andrew preparaba el desayuno.
—Buenos días—saludó carraspeando.
Andrew alzó la mirada y trató de sonreír, pero su malestar era más que evidente. Eso, y que sabía que Jamie había sido testigo de sus gritos.
—Siento mucho que hayas presenciado mi disputa—se disculpó suspirando Andrew.
— ¿Estás bien?—se interesó Jamie.
—Eres muy amable preocupándote por mí, eres la única persona que lo hace—confesó Andrew—A nadie le importa lo que nos pase a mí y a mis hijas.
— ¿Tu esposo os ha abandonado?—quiso saber Jamie.
—Nos ha engañado—aclaró Andrew—Se casó conmigo cuando su primer matrimonio era aún válido, y ahora me ha dejado sin nada.
Jamie alzó una ceja, la casa donde vivía era mucho más de lo que una persona que no tenía nada podía desear.
—Si, tengo un techo—dijo con rapidez Andrew al ver su gesto—Y tierras que trabajar, pero nada más. Mi esposo me prometió una compensación y llega con retraso y siendo solo la mitad. Mi única salvación es Marsali, que encuentre un esposo cuya dote sea suficiente para poder sobrevivir.
—Y que sea un buen esposo ¿no?—apuntó Jamie sin poderse contener—Quiero decir que no vale solo que tenga dinero, el matrimonio es de por vida y Marsali debería casarse por amor, no por obligación.
—Eres forastero, se te nota—saltó Andrew—No sabes lo dura que es la vida en las tierras altas. Ni sabes nada de mi familia, mi hija hará lo que yo le diga. Me he matado a trabajar para que no le falte nada a pesar de…
Se mordió al lengua para no seguir hablando, pensar en como fue concebida su hija mayor hacía que le hirviera la sangre. Aún estaba fresco el recuerdo en su memoria, no había noche que no se fuera a dormir sin que lo volviera a revivir todo. Una cosa así no se olvida fácilmente… Ni lo que vino después, él no tuvo la oportunidad de casarse por amor, con la batalla de Cullodem cercana no tuvo donde escoger marido apropiado antes de que se notara su estado y solo se sintió liberado cuando quedó viudo. Y desde entonces no había dejado de luchar por el bienestar de sus hijas, sin recibir él nada a cambio.
—No te quedes ahí parado, dijiste que echarías una mano en lo que fuera—le recordó Andrew aún enojado.
—Claro, dime lo que quieras que haga—se ofreció Jamie, sintiendo que había enojado a su anfitrión.
—Marsali está en el establo ordeñando a la vaca, ve a echarle una mano—ordenó Andrew—Y cuando termine hay que terminar de recoger la cosecha, no quiero veros de vuelta hasta la hora de comer.
Jamie se apresuró a obedecer, sintiendo que su estómago protestaba. Mucho se temía que pasarían horas hasta que pudiera probar bocado alguno.
&
Salió de la casa y guiándose de su instinto la rodeó, viendo el establo a su derecha. Se dirigió hacia el, no llegando a entrar al escuchar unos gemidos que llegaban a sus oídos. Maldijo por lo bajo, al parecer había una pareja que se lo estaba pasando realmente bien.
No sabía quien más podía haber, solo conocía a Andrew y sus hijas y supuso que sería la mayor, Marsali.
— ¿Marsali?—llamó carraspeando.
Un grito ahogado le hizo saber que la había sobresaltado, esperó sin atreverse a entrar hasta que segundos después Marsali salió a su encuentro recomponiéndose la ropa.
— ¿Y tú qué haces aquí?—preguntó enojada.
Antes de que pudiera contestar fue cogido con firmeza de la muñeca y obligado a entrar en el establo.
—Como le digas algo de esto a mi padre, juro que te mato—siseó Marsali.
Jamie no se atrevió a replicarle, la joven parecía hablar muy en serio.
—Marsali ma chère, tengo que irme—dijo un joven saliendo de las sombras del establo.
Jamie se fijó en él, era el mismo chico que había estado hablando con Andrew. Entonces lo comprendió todo, Andrew había discutido con él y no era de su agrado, en cambio Marsali parecía disfrutar mucho de su compañía.
—Debo pasar por Lallybroch antes de…
— ¿Lallybroch?—repitió Jamie sintiendo que se le encogía el corazón.
—Si, ¿lo conoces?—interrogó el joven.
—De oídas, si—murmuró Jamie—Yo…debo ir allí.
— ¿Quién eres?—interrogó de nuevo el chico— ¿De qué conoces Lallybroch?
—Soy un Fraser, y tengo que hablar urgentemente con una persona que vive en Lallybroch—explicó por encima Jamie.
—Dame el recado y yo se lo llevaré—se ofreció el joven.
—No, debo dar el recado en persona—insistió Jamie—Es un asunto de vida a muerte.
—Fergus, ¿vas a pasar el poco tiempo que tenemos discutiendo con él?—intervino Marsali, cansada de haber sido ignorada por completo.
—Tengo que irme ma chère—insistió Fergus—En mi próximo viaje te prometo que pasaremos más tiempo juntos.
—Y yo te prometo que como no me lleves contigo le cuento a Andrew que te ves a escondida con su hija— saltó Jamie, sintiendo mucho tener que recurrir al chantaje.
— ¡No te atreverás!—exclamó Marsali sin aliento— Después de haberte acogido en nuestra casa, cederte mi cama para que descansaras y subirte la cena…no puedes hacerme esto.
—Es lo que hay—dijo con firmeza Jamie—O Fergus me lleva con él o Andrew…
— ¡Está bien!—casi gritó Fergus—Putain de salaud… (Bastardo de mierda)
—Beaux mots (Bonitas palabras)—dijo con ironía Jamie, dando gracias por las clases de francés que su padre le obligó a tomar.
Fergus se le quedó mirando alzando una ceja, ese desconocido era una caja llena de sorpresas….
Continuará…
Tanto Joan como Marsali son personajes de la serie. Gracias por leer.