Fic Twc/Toll escrito por lyra
«In another lifetime»
Capítulo 6
Inverness, año 1765
Entrar al fin en Lallybroch le dejó sin aliento. Era mucho más grande por dentro de lo que se esperaba. Su abuelo le condujo al salón donde pudo admirar la gran chimenea de piedra que había bajo las escaleras.
—Claire, tenemos visita—llamó Jamie sin soltar aún a su nieto.
Jamie buscó con la mirada a su abuela, quien apareció limpiándose las manos en el delantal que llevaba.
— ¿Una visita? Pues pondremos un plato más en la mesa—dijo Claire sonriendo.
Se quedó quieta en su sitio, su marido tenía una mano sobre el hombro de un jovencito que parecía que se iba a caer de un momento a otro. Se le veía muy pálido, lo que le hacía resaltar más aún si se podía su color de pelo, del mismo tono que el de su marido.
Y entonces lo supo, no hacía falta que su marido dijera nada. Era obvio quien tenía ante sus ojos.
— ¡Joven Jamie!—llamó Claire entre lágrimas.
Jamie se soltó de su abuelo y como si hubiera recuperado parte de sus fuerzas echó a andar hacia su abuela, quien le recibió con un fuerte abrazo.
—Mo ghille beag (mi niño pequeño)—susurró Claire besándole el pelo— ¿Cómo es posible que estés aquí?
—Necesito hablar urgentemente con mis padres, abuela—explicó Jamie desesperado—El abuelo me ha dicho que no están. Tengo que encontrarlos.
—No están muy lejos, te lo contaremos todo mientras comemos—dijo Claire sonriendo.
—No puedo perder más tiempo—insistió Jamie casi sin aliento.
—Estás a punto de caerte al suelo, repón fuerzas y mientras te explicaremos lo que ha pasado—insistió a su vez Claire.
Imposible llevarle la contraria a su abuela, Jamie suspiró dándose por vencido y se dejó llevar de nuevo.
&
Sentado ante la mesa, el joven Jamie apenas probaba bocado mientras escuchaba noticias de sus padres. A su lado, una emocionada Claire no podía dejar de mirarle y sonreír.
—Han sucedido hechos que será mejor que te lo cuenten tus padres, solo puedo decirte que han tenido que irse a Inverness—explicó por encima Jamie.
— ¿Pero qué ha pasado?—quiso saber el joven Jamie— ¿Están bien?
—Si, tranquilo—intervino Claire sonriendo a su nieto—Son asuntos de negocios, nada que deba preocuparte.
—Debo verlos enseguida—dijo el joven Jamie dejando a un lado el tenedor.
— ¿Sabes algo que nosotros ignoramos?—preguntó Claire mirándole fijamente.
Jamie se encogió en su asiento, sabía de los poderes de su abuela y pensaba que unos de ellos era poder leer la mente.
—No lo sé exactamente, pero debo verlos cuanto antes—insistió Jamie poniéndose en pie.
No pudo evitar gemir por lo bajo, sentía su cuerpo dolorido por el largo viaje a caballo.
—Necesitas descansar—dijo Claire levantándose también—Te espera un viaje largo y en tu estado no lo soportarías.
—Tu abuela tiene razón—intervino Jamie—Pasa la noche en Lallybroch y mañana partirás con una persona de confianza que llegará esta tarde. Le estamos esperando.
—Y mientras te enseñaremos la granja—dijo Claire sonriendo—Querrás ver el hogar donde creció tu padre.
Jamie asintió sonriendo, apenas sabía nada de Thomas aparte de lo que le había contado su padre. Y quería saber más sobre su niñez, y quien mejor que sus abuelos para contarle mil y una historia.
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Pasó una tarde agradable junto a su abuelos, le enseñaron cada rincón de Lallybroch y hablaron de su padre y tíos, los cuales se habían quedado en Prusia mientras ellos habían vuelto a Escocia por una temporada.
Llegaron a los establos, allí Jamie pudo observar el gran trabajo que hacía su abuelo con los caballos mientras que Claire le explicaba que Thomas había heredado su buena mano con ellos.
—Yo no he visto ni montado en uno hasta ayer—comentó Jamie suspirando—Me hubiera gustado mucho poder haber aprendido de Thomas.
Claire sonrió al escucharle, casi podía imaginarse la escena. Si las cosas hubieran ocurrido de otra manera, Bill y Thomas habían criado juntos a su hijo allí en Lallybroch, y una de las cosas que Thomas le enseñaría sería a montar a caballo y saber todo que él había aprendido de su propio padre.
Un leve carraspeo les hizo volverse, Jamie se quedo mirando al recién llegado que no podía apartar los ojos de él.
—Georg, llegas justo a tiempo—dijo Claire poniendo una mano sobre el hombro de su nieto—El joven Jamie acaba de llegar y está ansioso de ver a sus padres.
Jamie escuchaba sin entender a su abuela, hablaba del desconocido de hechos que solo eran sabidos por las personas más cercanas a la familia.
—Jaime, deja que te presente a mi sobrino y primo de tus padres, Georg Fraser—dijo Claire.
—Un placer conocerte al fin, joven Jamie—dijo Georg sonriendo.
—Georg es una de las pocas personas que conocen toda la historia—le explicó Claire a su nieto—Aparte de mis otros hijos que están en Prusia. A ellos se lo tuvimos que contar tras la marcha de Bill, tenían derecho a saberlo.
—Y si Bill te ha hablado de mí, sabrás que fui compañero de batallas de Thomas—explicó a su vez Georg—Antes de Cullodem tu padre se desahogó conmigo y me contó toda la historia de la procedencia de Bill y porque le había mandado de vuelta a su época, contigo claro…
—Jamie tiene que ver con urgencia a sus padres, seguro que mañana podrás llevarlo contigo—dijo Claire.
—Por supuesto, y por el camino le puedo contar todas las batallas que Thomas y yo hemos vivido—dijo Georg guiñándole un ojo a Jamie.
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Esa noche Jamie se fue pronto a la cama. Había compartido una deliciosa cena con el resto de la familia y una vez saciado su estómago Claire le enseñó la que iba a ser su cama por esa noche.
—Esta es la habitación de tus padres—explicó Claire abriéndole una gran puerta de madera—Primero fue la de Thomas, y cuando se casaron pasó a ser de Bill también.
Jamie entró y sintió que se quedaba sin aire al ver la ejemplar habitación, mirada donde mirada había una antigüedad que en su época valdría una fortuna, solo con la cama podría pagarse un año de carrera.
—Mañana Georg quiere salir pronto, sobre las 7—explicó Claire—No te preocupes, yo vendré a despertarte con el desayuno. Tú descansa, y piensa que por la noche estarás cenando con tu padres.
Con esa idea en mente se fue Jamie a la cama tras desearle buenas noches a su abuela. Se despojó de la ropa que llevaba, usando a modo de pijama la amplia camisa blanca de manga larga que Claire le había dejado sobre la almohada.
Se metió en la gran cama y una vez arropado en ella vino a su mente una idea. ¿Era allí donde él había sido concebido? En esa gran cama que habían compartido más de una noche sus padres, ocurrió el gran milagro de la vida y él fue la consecuencia de una de esas noches.
Sonrió y se acomodó bajo las sábanas, a los pies de la cama había una gran chimenea de piedra que aparte de luz calentaba toda la estancia. Fijó la mirada en las llamas, tan hipnóticas que al cabo de varios minutos dormía plácidamente con una amplia sonrisa en sus labios.
&
No había amanecido cuando se pusieron en marcha. Tal y como había prometido Claire, entró a despertar a Jamie llevando en sus manos una bandeja con un suculento desayuno que Jamie se tomó aún medio dormido.
— ¿Has descansado?—preguntó Claire.
—Si, pero aún me duele el cuerpo por el viaje de ayer—murmuró Jamie estirándose con cuidado.
—Te preparado una infusión de manzanilla, como la de anoche—explicó Claire—La manzanilla ayuda a relajar los músculos y reducir el dolor muscular. También ayuda a calmar la ansiedad y los nervios.
—Me vendrá muy bien, estoy muy nervioso por volver a ver a mi padre—confesó Jamie sonriendo—Y por conocer a Thomas por primera vez.
—Estoy segura que a mi hijo le hará mucha ilusión conocerte—aventuró Claire—Fue muy duro tener que deciros adiós a ti y a Bill, apenas pudo disfrutar del embarazo de Bill.
Claire dejó de hablar y sonrió mirando fijamente a Jamie, quien no entendía el motivo de esa repentina sonrisa.
— ¿Ocurre algo?—no pudo evitar preguntar Jamie.
—Solo estaba recordando—murmuró Claire carraspeando—La primera noche que pasó aquí tu padre, le fui a despertar a la mañana siguiente como he hecho contigo y estaba soñando.
Jamie escuchaba sonriendo, se podía imaginar a su padre casi con su misma edad tras haber viajado al pasado, seguro que debió pensar que todo había sido un sueño y volvía a estar en su época.
—Soñaba con mi hijo—explicó Claire entre risas—Decía que Thomas era realmente muy guapo…sexy y atrevido…
— ¿Mi padre dijo eso?—rio Jamie a su vez.
—Yo no entendía el significado de la palabra sexy, más adelante Bill me explico que más o menos quería decir apuesto—siguió relatando Claire suspirando—Entonces lo supe.
— ¿Qué es lo que supiste?—quiso saber Jamie poniéndose serio.
—Que estaba enamorado de mi hijo—contestó Claire—Fue amor a primera vista, y a mi hijo le pasó lo mismo.
Jamie sonrió al escucharlo, con razón su padre parecía siempre triste y distraído. Tener que regresar a su época dejando atrás al amor de su vida debió ser muy duro, vivir el resto de su vida sabiendo que podía haber muerto en una gran batalla… por suerte hallaron la manera de que volviera a su lado, aunque tuviera que hacer un gran sacrificio teniendo que separar de él.
— ¿A ti te pasó lo mismo con tu Roger?—quiso saber Claire.
En la cena, Jamie les había explicado que estaba prometido y les habló de Roger con una amplia sonrisa en los labios.
—Nunca me había parado a pensarlo, pero tras escucharte hablar de mis padres creo que si—contestó Jamie asintiendo con la cabeza—Pasé unos días muy agradables en su casa y cuando tuve que volver a la mía sentía que me costaba respirar cada vez que pensaba en él.
—Seréis muy felices juntos—dijo con firmeza Claire—Ojala le pudiera conocer, y ver la bonita familia que estoy segura que vais a tener.
Jamie suspiró al escucharlo, en sus planes entraba darle hijos a Roger pero aún era muy joven para eso. Pero lo estaba deseando, cuando llegara el momento adecuado.
—Se está haciendo tarde—dijo Claire dando la conversación por finalizada—Te dejo que termines de desayunar y te vistas, Georg te espera en los establos.
Jamie se dio prisa en desayunar, y saliendo de la cama se volvió a poner la ropa del día anterior. Salió de la habitación y recorrió el pasillo procurando no hacer ruido. Los demás habitantes aún descansaban y una vez fuera de la casa echó a correr a los establos.
Allí le esperaba Georg sentado en una carreta, y sus abuelos estaban ambos levantados para despedirle.
—Os voy a echar mucho de menos—dijo Jamie abrazándose a Claire.
—No será por mucho tiempo, en una semana estaremos en Inverness—dijo Claire para sorpresa de Jamie—Prometí a Bill echarle una mano.
— ¿Con qué?—preguntó Jamie con mucho interés.
—Oh, cosas nuestras—contesto Claire eludiendo dar una respuesta clara—Te he metido un saco con manzanilla, Georg hará una parada para comer, calienta agua y prepara una infusión.
Jamie asintió con la cabeza y tras despedirse de su abuelo subió a la carreta con su ayuda, esperando que el viaje fuera mas cómodo que en caballo.
Y así fue, además de ameno. Tal y como Georg le había prometido pasó todo el viaje contando todo lo Jamie quiso saber de su padre, siendo la batalla de Cullodem el centro de conversación.
Todo lo que Jamie había estudiado se quedaba pequeño en comparación con lo que Georg le relataba tras haberlo vivido en primera persona.
—Tras la batalla me reencontré con tu padre en Adsmuir—siguió relatando Georg—Fueron años muy duros, no había podido sobrevivir sin Thomas a mi lado. Y cuando la prisión cerró nuestros caminos se separaron, hasta hace unos meses que volvimos a encontrarnos de casualidad en Edimburgo. Y para mi sorpresa, tu padre también estaba allí. Pensé que jamás volvería a verlo, ni a ti y ahora mismo te tengo aquí a mi lado.
—Tenía que venir, mis padres…están en peligro—confesó Jamie en un susurro.
— ¿Qué clase de peligro?—quiso saber Georg— ¿Y tú como lo has podido saber?
—Di por casualidad con una fotocopia de un periódico antiguo, hablaba de mis padres—explicó por encima Jamie—No quisiera contar nada más hasta verlos, aún hay cosas que no entiendo.
—Daré mi vida por tus padres si es necesario—dijo con firmeza Georg—Puedes contar conmigo.
Jamie asintió con la cabeza, era una suerte contar con personas tan leales como Georg.
Siguieron el camino en silencio, Jamie empezaba a sentirse somnoliento. Se había levantado muy temprano tras el viaje del día anterior apenas había descansado y volvía a estar de viaje. Habían pasado un par de horas y su cuerpo parecía no poder resistirlo más.
Procuraba encontrar una postura más cómoda, y Georg le notó revolverse a su lado.
—Si estás cansado puedes ir atrás a la carreta a echarte un rato—comentó Georg—Hay hueco, y tu abuela ya dejó unas mantas preparadas.
—Siento mucho darte molestias, en mi época jamás había montado a caballo ni viajado en carreta—explicó Jamie sonriendo—Seguro que tú a mi edad eras ya todo un experto, como Thomas.
Georg asintió con la cabeza, preguntándose porque le costaba tanto llamar a Thomas padre. Bueno, quizás era aún temprano.
—Faltan algunas horas hasta que paremos a comer, aprovecha y descansa—insistió Georg.
Jamie le obedeció y con su ayuda pasó a la parte de atrás de la carreta, sentándose entre unos barriles que había cubiertos con una tela.
— ¿Son provisiones para mis padres?—quiso saber Jamie.
—Algo así—murmuró Georg carraspeando.
Jamie no quiso insistir, al igual que Claire con Georg no obtenía respuestas claras a sus simples preguntas. Cogió la manta que su abuela tan sabiamente le había dejado y cerrando los ojos se sumió en un plácido sueño.
Continuará…
Gracias por leer.