Fic Twc/Toll escrito por lyra
«In another lifetime»
Capítulo 9
Inverness, año 1765
Sabía que ya era de día por la luz que se colaba. Tumbado en su nueva cama Jamie trataba de luchar con la pereza que el daba tener que abandonarla, aún sentía su cuerpo resentido por sus recientes viajes, primero a caballo y luego en carreta.
Cuando se acostó creía que le iba a ser imposible dormir pero una vez que su cabeza hubo rozado la almohada sus ojos se cerraron con pesadez y cayó profundamente dormido.
No sabía cuantas horas había dormido, querría quedarse en la cama el resto del día pero no estaba de vacaciones. Había hecho un fantástico viaje al pasado y tenía la oportunidad de conocer a ese padre del que tanto le había hablado.
Y con esa idea en la cabeza se estiró por última vez y abandonó la cama que tan amablemente le había cedido Fergus.
—Pensé que te ibas a pasar todo el día dormido.
La voz de su padre le hizo sonreír. Se vistió con rapidez y una vez levantado se dio cuenta que era más tarde de lo que se pensaba.
— ¿Qué hora es?—preguntó Jamie, echando por instinto un vistazo a su muñeca.
Maldijo por lo bajo, echaba mucho de menos un reloj o un móvil donde mirar la hora.
—Más o menos la hora de almorzar—contestó Bill sonriendo.
— ¿Tan tarde?—casi gritó Jamie.
—Se te veía cansado y no te quise despertar—explicó Bill señalando la mesa—Estaba terminando de preparar la comida, hoy te has saltado el desayuno.
— ¿Y Thomas?—preguntó Jamie ahogando un bostezo.
—Trabajando en el hospital—contestó Bill—Lleva allí desde que amaneció.
Jamie resopló al escucharlo, demasiado pronto para su gusto.
—Quería echar un vistazo a la herida del señor Murphy—explicó Bill—Thomas se la cosió pero creía que estaba infectada y prometió regresar a primera hora de la mañana a comprobar que todo iba bien.
—Y tú mientras aquí solo—no pudo evitar murmurar Jamie.
—Es nuestro trabajo, y no he estado solo—apuntó Bill.
—Ya, mi hermano te hacía compañía—dijo Jamie, señalado su abultado vientre.
—Aparte de él, Margaret viene a echarme una mano con el huerto y a hacerme compañía—explicó Bill.
— ¿Quién es Margaret?—quiso saber Jamie.
—La madre de Patrick, viven en la casa de al lado donde se ha quedado a dormir Fergus—contestó Bill—Su marido murió el mes pasado, Thomas hizo todo lo que pudo por él pero yo ya sabía que su final estaba cerca.
— ¿Qué tenía?—preguntó Jamie con mucho interés.
—Bueno…es complicado de explicar—empezó a decir Bill suspirando—Tenía apendicitis, pero pensaron que era solo un dolor de estómago y no recurrieron a nosotros hasta que fue demasiado tarde. Habían probado remedios caseros pero fueron inútiles, lo único que consiguieron fue acelerar su muerte.
Jamie escuchaba conteniendo el aliento, le costaba creer que una persona hubiera muerto cuando la solución a su problema era una simple operación que se podía realizar hasta en esa época.
—Margaret lo hizo pensando que le estaba salvado la vida, pero fue todo lo contrario—dijo Bill suspirando—No se la puede juzgar por ello, mucha gente desconfía de los médicos y curanderos y prefieren seguir sus tradiciones como los remedios caseros que son inútiles en la mayoría de los casos. Así se lo expliqué a Thomas, pero aún así él quiso hacer todo lo posible por tratar de salvar su vida…y Stephen acabó muriendo en sus brazos.
Jamie podía imaginarse como se habría sentido en esos momentos su padre, y de haber estado a su lado le habría consolado y dado un abrazo.
—Le he enseñado a Thomas todo lo que sé de medicina y se puede aplicar a esta época—explicó Bill—Es un buen médico, tendrías que verle. No se ha pasado años estudiando como yo pero estoy muy orgulloso de todo lo que ha logrado.
—Quiero verlo—dijo de repente Jamie—Este tiempo que me voy a quedar con vosotros, he estado pensado que quiero aprovecharlo para conocer más a fondo a Thomas y qué mejor que verlo en acción como tú has dicho. Así de paso, me puede enseñar a mí también algo.
Bill sonrió con orgullo ante las palabras de su hijo, sabía que Thomas estaría encantado de contar con un joven aprendiz.
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Así se lo hicieron saber cuando se reunió con ellos a comer.
—Por mi encantado, aunque seguro que Bill podría enseñarte mejor que yo—dijo Thomas.
—Pero es tu época, quiero aprenderlo todo de tu mano—insistió Jamie—De medicina y de historia. Has participado en una gran batalla que yo he estudiado, quiero saberlo todo de alguien que luchó en ella.
—Bueno…fue una época de mi vida algo triste—murmuró carraspeando Thomas.
—Claro yo… lo siento, no sabía en qué estaba pensando—se disculpó Jamie.
Había metido la para, tan ansioso estaba que no se había parado a pensar que lo que para él era una historia sacada de un libro para su padre había sido su propia vida. Una vida que no había escogido llevar, pues si hubiera podido elegir un mejor destino ese habría sido junto a él y su padre.
—No pasa nada, te contaré todo lo que quieras saber—dijo Thomas, mirando con orgullo a su hijo—Sobre Cullodem, o mi familia. Te hablaré de Lallybroch, de Leoch…
—Del clan McKaulitz—apuntó Jamie.
Thomas asintió con la cabeza.
—A partir de mañana me acompañaras al hospital—empezó a decir Thomas—Quiero que veas lo que tu padre y yo hemos levantado con nuestras propias manos. Y por las tardes Bill te enseñará el huerto y todas las plantas medicinales que cultivamos.
—Mientras tú te dedicas a tus otros negocios—no pudo evitar decir Jamie.
—Bueno, es mi otro trabajo—murmuró Thomas muy serio.
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Terminaron de comer en silencio y mientras que Bill se echaba una siesta Thomas le pidió a Jamie que le acompañara a dar un paseo.
Salieron de la casa y se dirigieron al huerto. Tras el había un camino que conducía al bosque donde Bill recolectaba algunas de sus hierbas. No se alejaron mucho de la casa, Bill podría necesitarlos.
—Quiero que sepas que ayer te escuché hablando con tu padre—dijo de repente Thomas—Y tienes toda la razón. No es la vida que se merece Bill, y menos en su estado. Me has hecho recapacitar y voy a aceptar la ayuda que me han brindado mis padres.
Jamie sonrió al escucharlo, era un nuevo comienzo.
—Dentro de unos días llegaran para ayudar a Bill con el parto, así lo habíamos planeado—empezó a explicar Thomas—Y cuando Bill pueda viajar regresaremos a Lallybroch. Trabajaré las tierras como cuando tenía tu edad, y siempre se me han dado muy bien los caballos. Tu hermano crecerá en el que tenía que haber sido tu hogar, y le daré una mejor vida a tu padre.
— ¿Y qué hay del hospital?—preguntó Jamie.
—Hay mucha gente echando una mano, como mi primo Douglas y su mujer Eleanor—contestó Thomas—Ellos pueden hacerse cargo en nuestra ausencia. Y cuando tu hermano le deje, Bill podrá hacerse cargo del pequeño hospital que mi madre creó en Lallybroch y cerró en su ausencia.
—Parece que lo tienes todo bien pensado, estoy seguro que a mi padre le gustará mucho tu idea—dijo Jamie asintiendo con la cabeza.
—Me gustaría poder se yo quien se lo contara—pidió Thomas.
—Claro, no le diré nada—prometió sonriendo Jamie.
Thomas se quedó mirando su sonrisa, le recordaba mucho a la de su madre. Y su voz era como la de su padre, por no hablar de su mismo color de pelo que había heredado.
— ¿Ocurre algo?—preguntó Jamie, al verle observarle con tanto interés.
—Nada, que me recuerdas mucho a mi padre—murmuró Thomas sonriendo.
—El abuelo Jamie—dijo Jamie asintiendo—El me dijo que me parecía mucho a ti.
—Cuando mis padres estén aquí nos vamos a confundir contigo y mi padre—se echó a reír Thomas—Quizás para diferenciaros podríamos llamarte por tu nombre de pila, James y así no…
—No—cortó Jamie muy serio.
Thomas dejó de reír, estaba claro que había ofendido a su hijo. Y lo entendía.
—Solo mi padre me llamaba James—explicó Jamie, al ver el semblante de Thomas.
—Andreas—murmuró Thomas.
Jamie se le quedó mirando, asombrado de que conociera el nombre de su padre, o más bien del hombre que desde niño le había criado.
—Bill me habló de él—explicó Thomas.
—Después de todo lo que ha pasado, entiendo que mi padre me llamara James—empezó a decir Jamie—Sabía que yo no era su hijo, pero aún así aceptó criarme como tal. Me quería mucho, eso lo sé, pero no podía perdonar a mi padre que hubiera tenido una aventura con otro hombre, y que el apodo cariñoso con el que desde siempre me ha llamado le recordaba una parte de su vida de la que él no había formado parte, y por eso quería llamarme de otra manera que fuera solo suyo, algo que pudiera compartir solo conmigo.
Thomas lo entendía, no hacía falta que le diera más explicaciones. Tuvo un padre que le crio aunque no fuera quien le engendró y tendría que respetarlo. No podía obligarle a que pensara en él como su único padre cuando le acababa de conocer y era para él un completo extraño.
—Quizás…con el tiempo te pueda llamar a ti también padre—dijo de repente Jamie.
—Claro, cuando estés preparado—murmuró sonriendo Thomas.
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Decidieron regresar a la casa, estaba haciendo frío y Thomas quería avivar los fuegos de las chimeneas. Tenía asuntos pendientes y quería dejar la casa preparada y que Bill no tuviera que molestarse en recoger leña.
Jamie le estuvo ayudando, le enseño a mantener el fuego y dónde podría encontrar más leña si fuera necesario.
—Procura que tu padre no haga muchos esfuerzos—pidió Thomas antes de marcharse—Se lo he dicho cientos de veces pero ya le conoces, cree que puede con todo y solo para cuando su cuerpo le da una señal de que no puede más. Si sigue así, el parto se le puede adelantar y todavía es muy pronto.
—Puedes irte tranquilo, si es necesario ataré a mi padre a la cama—prometió con firmeza Jamie.
Thomas sonrió al escucharle y tras ponerse su abrigo se despidió de su hijo.
Había quedado con Georg en un almacén que usaban para su especial mercancía. Allí también se reunió con Fergus, a quien no le había visto en todo el día.
—Pensé que vendrías a comer—comentó Thomas.
—Y yo que querrían estar más tiempo a solas con su hijo—murmuró Fergus—No quiero molestar.
—No eres ninguna molestia y lo sabes—dijo Thomas con firmeza—Jamie se va a quedar unos meses, quiero que os conozcáis mejor. Eres como un hijo para mi, no quiero echarte de casa…
—Pero no hay más que una cama, y yo estoy bien en casa de Patrick—insistió Fergus—Es verdad que aún estoy algo resentido por cómo me engañó su hijo pero me pidió que le perdonara y eso voy a hacer. Solo necesito tiempo.
Thomas asintió sonriendo, sentía mucho que se tuviera que salir para dejar sitio a su propio hijo pero bien era cierto que la casa no era muy grande…no como Lallybroch, el hogar donde había crecido y nunca le había faltado de nada. Y así sería con su futuro hijo, a Jamie no le pudo ofrecer nada pero se juró a sí mismo que aunque tuviera que rebajarse a aceptar limosna para sacar adelante a su familia, lo haría. Porque Bill se había quedado en su época dejando todo atrás, y tenía que recompensarle.
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Esa misma noche tras la cena Bill escuchaba atentamente sus planes. Jamie le explicaba lo ilusionado que estaba de poder trabajar codo con codo con Thomas, al que aún no se sentía cómodo llamándolo padre.
— ¿Estás seguro de querer hacerlo?—preguntó Bill, viéndole asentir con la cabeza—Es un trabajo muy duro, tendrás que acostumbrarte a ver heridas y sangre. No es muy agradable…
—Podré soportarlo—aseguró Jamie con firmeza—Si tú y Thomas podéis, yo también.
—Iremos poco a poco—intervino Thomas para tranquilizar a Bill—Le enseñaré el hospital que hemos levantado con nuestras propias manos.
—No quisiera interrumpir tu trabajo—dijo Jamie—Que no puedas atender una urgencia porque estés haciendo de guía turístico.
Thomas miró a su hijo alzando una ceja, no entendía el significado de esas palabras. Bill no pudo evitar sonreír, era inevitable que se colaran algunas palabras o expresiones del futuro.
—Jamie es tan cabezota como tú, amor—dijo Bill suspirando—Si quiere verlo todo, que así sea.
Jamie sonrió al escucharlo, nunca antes había oído a su padre llamar de alguna forma cariñosa a Thomas y le resultó de lo más romántico.
—Yo creo que su testarudez le viene por ti, sassenach—murmuró Thomas pasando un brazo por sus hombros.
Le besó en la frente y Bill suspiró con los ojos cerrados. Jamie no podía evitar sonreír al ver así de cariñosos a sus padres, y sentía mucha envidia. Y añoranza….echaba de menos los besos robados con Roger, cuando se abrazaban y sin darse cuenta una cosa llevaba a la otra y debían parar para no llegar más lejos. Y todo por la promesa que se había hecho de llegar puro al matrimonio, del que aún faltaban unos años.
Entonces pensaba en su padre, con su edad estaba ya casado y a punto de convertirse en padre por primera vez. Y él quería esperar, aunque le matara las ganas…
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Al día siguiente Thomas se encargó de despertar a su hijo al alba, su jornada de trabajo comenzaba con el primer rayo de sol. Le dio tiempo para que se despertara del todo y desayunara mientras que él se encargaba de preparar los caballos.
Jamie se dio prisa, no quería que por su culpa Thomas se retrasara. Echó un vistazo a la cama donde su padre aún dormía, no quería despertarle pues necesitaba descansar para que su hermano creciera fuerte y sano.
Salió y se reunió con Thomas en el establo donde ya estaban preparados los caballos, mirando el suyo con una expresión de pereza.
—Tranquilo, que vamos cerca—dijo Thomas al ver su gesto—Sé que no eres un experto jinete y no quisiera que te lastimaras.
—Me preocupa más dejar a solas a mi padre—comentó Jamie sin poderse contener.
—Margaret le hará compañía—apuntó Thomas—Como todos los días, nunca está solo del todo. Los vecinos saben de su estado y siempre hay alguien dispuesto a pasarse a ver si necesita algo y se encuentra bien.
Jamie lo sabía, pero no era lo que su padre necesitaba. Era a Thomas, que estuviera a su lado ahora que tanto lo necesitaba en su estado. Si estuvieran en su época, estaba seguro que su abuela no se separaría de su lado ni Gordon.
—Por favor, no me hagas sentir más culpable—pidió Thomas, como si le estuviera leyendo el pensamiento— ¿Crees que no deseo quedarme a su lado? Pero tenemos obligaciones, tu padre hizo un juramento en tu época y sigue atado a el. Yo no he hecho ninguno pero no puedo quedarme de brazos cruzados si hay algo que pueda hacer.
—Como con el marido de Margaret, ¿verdad?—apuntó Jamie.
Thomas asintió con la cabeza, por más que Bill le asegurara que no había nada más que hacer por el pobre Stephen él lo intento todo hasta que dejó de respirar.
—No sabía que vuestro trabajo fuera tan duro—murmuró Jamie—Recuerdo una vez que mi padre perdió uno paciente, estuvo días dándole vuelta pensando que tenía que haberle hecho más pruebas y que había muerto por su culpa. Me sentía muy mal por no saber cómo consolarle.
—Aquí solo tenemos nuestras propias manos para poder salvar sus vidas—explicó Thomas—Sólo nos tienen a nosotros, los médicos escasean.
—Entonces, pongámonos en marcha—dijo Jamie con firmeza— ¿Dónde vamos?
—A la granja de los Campbell—explicó Thomas, sonriendo ante su decisión—Su hijo se cayó del caballo y según Bill solo tiene una pequeña conmoción que hay que vigilar. Voy todas las mañanas para controlar sus constantes.
Jamie sonrió al escucharlo, esas palabras eran más de su época y Thomas las pronunciara como si fuera de lo más normal en 1765.
Continuará…
Gracias por leer.