«Bill y Tom, el amor de dos inocentes». Por lyra
11. Durmiendo con su enemigo
Llegó a casa de Tom casi sin aliento. Se paró antes de llamar y quitándose la cartera se arrodilló en el suelo, buscando el fondo de ella su neceser. Sacó de el un pequeño espejo y se miró sonriendo. Cogió una barrita de cacao y se la pasó por los labios. Se ahuecó el pelo con una mano y guardó de nuevo el espejo satisfecho.
Se colgó la mochila al hombro y llamó al timbre de la puerta con uno de sus finos dedos, en el que destacaba su larga uña pintada de negra.
Solo tuvo que esperar un minuto escuchando como alguien bajaba corriendo las escaleras, temiendo que se cayera por ellas.
— ¡Bill!—saludó Tom muy emocionado abriendo la puerta.
Se hizo a un lado y le dejó pasar, besándole en los labios con toda naturalidad cuando le rozó al entrar.
— ¿Quieres tomar algo? ¿Agua? ¿Té helado?—preguntó Tom si aliento.
—Nada, gracias—negó Bill sonriendo. Se le veía tan nervioso…—¿Qué estabas haciendo?
—Estudiando biología, o intentándolo al menos—contestó Tom resoplando.
—Es lo único que se me da muy bien, gracias a mi madre—se le escapó a Bill.
— ¿A qué se dedica?—preguntó Tom con curiosidad.
—A nada importante—contestó Bill carraspeando—Pero cuando era joven se le daba muy bien la biología, y me ayuda con ella siempre que lo necesito. ¿Quieres que te ayude yo esta vez?
Tom asintió por inercia, no entraba en sus planes pasarse toda la tarde con la nariz metida en un libro, pero le había dado la excusa ideal para que subiera a su habitación.
Le señaló las escaleras y subió tras él, no pudiendo evitar mirar como los vaqueros negros que llevaba tan justos le marcaban un pequeño y redondo trasero. Entraron en su habitación y dejó la puerta medio entornada.
Le vio quitarse la mochila y dejarla colgada del respaldo de una silla, a la vez que se desabrochaba la cazadora de cuero blanca, azul y roja que llevaba. Dio un paso en su dirección dispuesto a apoderarse de sus labios, cuando el timbre de la puerta le interrumpió.
—No te muevas—pidió maldiciendo por lo bajo.
Echó a correr escaleras abajo y abrió la puerta de mala gana, fulminando con la mirada al extraño que le había molestado.
— ¿Si?—preguntó de malas ganas.
—Busco a Gordon Trümper—explicó el desconocido.
—Ahora no está en casa, ¿quiere dejarle un recado?—preguntó Tom, deseoso de deshacerse de él.
—Soy periodista y me han encargado un artículo sobre el faro que trata de salvar tu padre. Dale mi tarjeta y que me llame cuando pueda—dijo abriendo su cartera y tendiéndole una tarjeta.
— “Jörg K.” —leyó Tom arrugando la frente.
—Si, hace tiempo escribí un artículo hablando de tu madre—explicó Jörg-No sabes cuánto lamento su perdida.
—Ya…un momento, creo que te recuerdo—dijo de pronto Tom—Eres ese periodista que se confundió al escribir mi edad. Pusiste que tenía 12 años y tenía casi 14, no veas cómo se rieron de mí mis compañeros…
—No lo creo, tengo las grabaciones de la entrevista y te juro que tu madre me dijo 12—aseguró Jörg arrugando la frente—En fin, dile a tu padre que me llame y concertamos la entrevista.
Tom asintió y cerró la puerta tratando de no dar un portazo. Corrió un momento a la cocina y dejó la tarjeta sobre el maletín de su padre que estaba encima de la mesa. Corrió de nuevo, esa vez escaleras arriba y entró en su habitación, viendo que Bill no se había movido de donde le había dejado.
—Perdona, era un asunto de mi padre—explicó por encima cerrando del todo la puerta tras él.
Bill asintió y antes de que le dijera nada se sentó directamente en la cama. Tom le imitó y se quedó en silencio, sin saber que decir o hacer.
— ¿Estás bien?—preguntó Bill al cabo de un minuto.
—Si, solo que…—empezó a decir Tom.
—Es tu primera vez, lo sé—terminó Bill la frase por él.
—Se me nota mucho, ¿eh?—logró reír Tom—Es que…es muy raro, nunca antes me había atraído un chico, pero apareces tú de repente tan guapo y atrayéndome con mucha fuerza desde el primer momento…
No pudo seguir hablando, Bill ya se había lanzado. Al escuchar llamarle guapo, se giró con rapidez y se apoderó de sus labios, haciéndole caer hacia atrás en la cama, sintiéndole gemir contra sus labios.
—Perdona…te he hecho daño…—se disculpó Bill incorporándose.
—Me he clavado el maldito libro de biología en toda la espalda—rió Tom también levantándose.
Cogió el libro y lo tiró al suelo maldiciendo. Era la segunda interrupción, Bill iba a pensar que no quería hacerlo, y se estaba muriendo…
Volvieron a sentarse en la cama, y antes de que nada los volviera a interrumpir, Tom se apoderó de sus labios y le hizo recostarse. Se echó sobre él, acariciándole la comisura de los labios con la punta de su lengua, pidiendo permiso de nuevo para entrar en su boca.
Bill se lo concedió sonriendo. Separó los labios y dejó que le explorara la boca, sintiendo como un escalofrío le recorría la espalda cuando Tom empezó a jugar con el piercing de su lengua, acariciándoselo con la unta de la suya, arrancándole gemidos y suspiros.
Tom sonrió al escucharle y comenzó a bajar las manos por su cuerpo sin separar los labios en ningún momento. Cogió el borde de su camiseta y se lo levantó, pasando las puntas de los dedos por la suave piel de su estómago.
—Tom…. —suspiró Bill con los ojos cerrados.
Sentía como pinchazos en su estómago, cada vez que Tom le pasaba los dedos por ellos. Separó los labios tratando de recuperar el aliento, pasándose la lengua por ellos. Sonrió cuando Tom comenzó a bajar por su cuello, dejando tras él un rastro de húmedos besos.
Le sintió subirle más la camiseta y comenzar a besarle el pecho. Nadie diría que era la primera vez que estaba con un chico, se movía tan bien, tocándole allí donde más le gustaba, pasando la lengua por cada milímetro de su temblorosa piel…
Le sintió pararse de golpe y abrió los ojos, incorporándose un poco para ver qué pasaba…
— ¡Vaya tatuaje!—admiró Tom sin poder contenerse, pasando una mano por la cadera derecha de Bill—Primero el piercing, luego el tatuaje… ¿qué más secretos me escondes?
“Los necesarios” —no pudo evitar pensar Bill con dolor.
— ¿He dicho algo malo?—preguntó Tom al verle cambiar el gesto.
—No, nada—se apresuró a decir Bill.
—Entonces….sigamos…. —susurró Tom.
Bajó de nuevo la cabeza y le pasó la lengua por su estrella, haciendo que Bill se recostara de nuevo en la cama y suspirara. Tom le imitó y cerró los ojos, saboreando el dulce sabor de su piel.
Sonrió cuando unas manos le quitaban la gorra y le liberaban las rastas, sintiéndolas caer con pesadez por su espalda. A continuación, esas manos tiraron de sus dos camisetas hacia arriba. Se incorporó y él mismo se las sacó, viendo como Bill arqueaba la espalda y se quitaba también la suya.
Sus ojos se dirigieron a sus pantalones, o más bien al bulto que sobresalía en ellos, sintiendo que se ponía él también muy duro. Se quedó quieto, sin saber que hacer a continuación. Bill lo vio y se incorporó.
—Es mi turno—simplemente susurró.
Le hizo recostarse esa vez a él y se le sentó a horcajadas sobre sus piernas. Llevó sus manos temblorosas a su entrepierna y le desabrochó los pantalones. No pudo evitar ponerse tenso cuando sus manos tomaron su miembro. Cerró los ojos conteniendo el aliento, al sentir como se lo llevaba a los labios, los abría y le recibía en su boca.
Vio las estrellas cuando sintió su lengua, recorriéndole el miembro de arriba abajo, succionando con fuerza a la vez que una de sus manos iba más abajo y le acariciaba los testículos.
Era como si pudiera sentir todo su nerviosismo, como si le pidiera que se calmara… ¿cómo hacerlo si le acariciaba de esa manera? Le ponía más nervioso si se podía, y duro al mismo tiempo…deseando que pasara con rapidez el tiempo y estar ya dentro de su cuerpo.
Sin dejar de succionar, Bill sonrió contra el miembro de Tom. Había logrado que se relajase un poco, o que se excitara más, según se mirase. Lamió por última vez su miembro y lo liberó de sus labios, pasándose la lengua por ellos.
Se incorporó de golpe, bajándose de la cama. Tiró de sus pantalones hacia abajo, arrastrando con ellos su ropa interior. Le urgía sentirlo ya dentro, hacer callar esa voz que le decía que eso que estaba haciendo estaba mal. Cuando recurrió a Tom, fue para buscar respuestas al porque del abandono de su padre, no para enamorarse perdidamente de él…
Sacudió la cabeza con fuerza, no quería pensar en su padre en esos momentos, en nada…
Tom se incorporó en la cama, ayudándole a que le desnudara quitándose con los pies las playeras que llevaba. Le vio “arrancarle” los pantalones y tirarlos al suelo. A continuación él mismo se desnudó, sin apartar los ojos de los suyos se bajó lentamente el pantalón, descalzándose usando los pies también.
Se quedó en ropa interior y sin decir palabra se acercó a por su mochila. Tom le vio abrirla y sacar algo de ella.
—Antes de nada, quiero que sepas que me he hecho unos análisis y estoy bien, no tengo enfermedad alguna ni nada parecido—explicó Bill girándose.
—Yo no pensaba que…me fío de tu palabra, Bill—dijo Tom algo cortado.
—He estado con más chicos, era normal que desconfiaras y no me lo he tomado a mal—siguió diciendo Bill—Y también vamos a necesitar esto.
Le enseñó los condones que Silke le dio, viendo como Tom los miraba sin entender.
—No me puedes dejar embarazado—se apresuró a explicar bromeando—Es solo por precaución…
Tom consiguió sonreír y asintió. Bill lo tenía todo preparado….
Le vio acercarse y dejar sobre la mesilla los condones. Se movió en la cama, se levantó y echó hacia atrás las sábanas. Bill le miró sonriendo y se acostó de espaldas a su lado.
—Ahora tienes que prepararme—le explicó llevándose las manos al borde de sus bóxers.
Tom negó con la cabeza, quería ser él quien le terminara de desnudarle. Puso sus manos sobre las suyas y tiró hacia debajo de la prenda, pasándose por sus resecos labios la lengua al ver el cuerpo de Bill en todo su esplendor.
Al igual que él, lucía una erección que dolía mantener. Se le quedó observando un rato, hasta que Bill le tendió una mano y le hizo acostarse a su lado. Se echó de costado para verle mejor y Tom le imitó.
Cogió la mano que aún no le había soltado y se la llevó hacia atrás, acercándose él más. Sonrió cuando Tom le comprendió y le acarició las nalgas con suavidad.
—Prepárame para no hacerme daño—repitió Bill en un susurro.
—No quisiera—dijo de igual manera Tom.
Sus manos seguían unidas, dejó que le enseñara como debía hacerlo. Le separó las nalgas y coló dentro de su cuerpo un dedo, observando cómo separaba los labios suspirando….coló más ya sin su ayuda, sintiendo como su cuerpo se abría para recibirle dentro.
Una vez dilatada su entrada, Bill se giró cuando Tom sacó los dedos y cogió uno de los condones de la mesilla. Abrió el envoltorio usando los dientes y sacó la fina membrana de látex que separaría sus cuerpos.
Bajó una mano y él mismo lo desenrolló sobre su miembro, dejándolo bien puesto con cuidado de no romperlo con sus largas uñas.
Una vez preparado, Tom no se pudo contener más. Se tumbó sobre su cuerpo, acomodándose entre las piernas que Bill separó sonriendo. Llevó las manos a sus caderas y se las alzó.
Dirigió su erección hasta su entrada, penetrándole con facilidad. Apretó los labios mientras sentía como iba entrando poco a poco, viendo como Bill aguantaba el aliento hasta que quedó dentro.
—No hace falta que te guíe más, ¿verdad?—logró decir Bill con la voz entrecortada.
Tom solo rió como respuesta. Se quedó quieto recuperando el aliento, hasta que comenzó a moverse en dirección contraria. Salió de su cuerpo y volvió a entrar en el sin esfuerzo. Comenzó a embestirle a ritmo lento, que aumentó cuando Bill alzó más las caderas gimiendo, levantando una pierna y enlazándola alrededor de su cadera.
Levantó una mano y la dejó en su rodilla sin parar de embestirle, bajando la cabeza y apoderándose de sus labios, cerró los ojos mientras le besaba, mientras le hacía el amor con suavidad hasta que con una fuerte embestida se derramó en su interior, sintiendo como también lo hacía Bill entre sus cuerpos, gimiendo en su boca, sus pirando en ella…llorando de emoción…
.
Tumbado de espaldas con los ojos cerrados, sonreía al sentir como Bill se acomodaba mejor sobre su desnudo pecho y suspiraba. Era la primara vez que habían hecho el amor, y ambos habían quedado satisfechos.
Nunca jamás se hubiera podido imaginar que hacerlo con un chico iba a ser así, pero claro, había que dar con uno especial y Bill lo era sin duda. Se acopló a su cuerpo como si fuera su otra mitad, la parte que a él le faltaba para estar completo.
Suspiró con los ojos cerrados, y sonrió cuando Bill alzó la cara y se le quedó mirando.
— ¿Estás despierto?—preguntó Bill susurrando.
—Si—contestó abriendo los ojos.
— ¿Estás bien?—preguntó Bill preocupado—Ha sido tu primera vez, y bueno….habrá sido distinto…
—Ha sido magnífico—cortó Tom poniendo un dedo en sus labios—Bill, me has hecho el hombre más feliz del mundo.
Bill sonrió contra su dedo y se lo besó al mismo tiempo que se incorporaba sobre su cuerpo. Se sentó en su regazo a horcajadas, dejando que la sábana con la que taparon sus temblorosos cuerpos resbalara y dejara al aire parte de sus nalgas.
— ¿Te has quedado con más ganas?—preguntó Tom sonriendo.
Llevó las manos hasta sus caderas y las movió de atrás hacia delante, haciendo que se frotaran sus sexos. Se mordió los labios al ver como Bill cerraba los ojos y erguía la espalda, alzando la cabeza y mostrándole su dulce cuello.
Le estaba pidiendo a gritos que se lo besara, y estaba a punto de hacerlo, de apoyarse en un codo y levantarse, pero….
—Tom, ¿has dejado tú esta tarjeta sobre mi maletín?
La voz de Gordon resonó en la habitación. Lo había vuelto a hacer, abrir la puerta sin llamar…puede que la otra vez no viera nada, pero ahora….era imposible no ver como el amigo de su hijo estaba sobre él subido, medio desnudo, moviendo las caderas para que se frotara sus entrepiernas…
— ¡Papá!—gritó Tom, al tiempo que hacía que Bill se quitara de encima.
Le empujó con suavidad hacia el otro lado de la cama, pasándole la sábana al tiempo que inconscientemente él se levantaba.
— ¿Es que no sabes llamar?—gritó de nuevo.
Gordon miraba el desnudo cuerpo de su hijo, tratando de no dirigir la mirada a esa semi erección que llevaba. En la cama, el otro chico le miraba rojo como un tomate, con la sábana fuertemente cogida y apretada contra su pecho.
—Vestíos…los dos…os espero abajo—pudo decir cuando se recuperó de la impresión.
Salió de la habitación de su hijo, dejando deliberadamente la puerta abierta.
—Esto no puede estar pasando—murmuró Tom resoplando.
Bill se levantó con rapidez de la cama y comenzó a recoger sus caídas ropas. Se vistió con rapidez, apretando los dientes cuando escuchó que le llamaban al móvil. Se acercó al bolsillo de la cazadora en donde lo guardaba y negó con la cabeza al ver quién era.
En esos momentos no podía hablar con su madre sin que la voz le delatase…
Tom también se vistió, sin poder dejar de pensar que iba a pasar a continuación. Una cosa era decirle a su padre que era gay, y otra que lo viera con sus propios ojos.
Cogió la goma del pelo que siempre llevaba en su muñeca y se recogió las rastas como pudo, mientras que Bill se pasaba las manos por el alborotado pelo, tratando de peinarlo.
— ¿Qué va a pasar ahora? No se le ocurrirá llamar a mi madre, ¿verdad?—preguntó Bill muerto de miedo.
—No creo—le tranquilizó Tom—Nos echara la charla y nada más.
Le tendió una mano y Bill se aferró a ella suspirando. Se colgó la mochila del hombro y cogió la cazadora con la otra mano, momento en que su móvil sonó de nuevo. Lo sacó del bolsillo interno de la cazadora y volvió a cortar la llamada.
—Es mi madre—explicó a Tom cuando el interrogó con la mirada.
Salieron de la habitación y bajaron juntos las escaleras, escuchando unas voces que venían del salón. Era el padre de Tom, hablaba con una mujer, le pedía perdón por algo y le prometía llamarla al día siguiente.
Tom arrugó al frente, ¿su padre viéndose con una mujer? Bajó los escalones que faltaban, llegando a tiempo de ver como se giraba y caminaba hasta la puerta mientras murmuraba que estaba preocupada por su hijo porque no le atendía la llamada.
El móvil de Bill sonó de nuevo, lo que hizo que Tom se parase en seco y la mujer se girara con la frente arrugada.
— ¿Bill?—preguntó desconcertada.
— ¡Mamá!—susurró Bill tragando con esfuerzo.
Continúa…