«Bill y Tom, el amor de dos inocentes». Por lyra

12. ¿Has terminado ya de romperme el corazón?

— ¿Mamá?—repitieron Tom y su padre a la vez.

— ¿Bill es tu hijo?—preguntó Gordon.

—Si—asintió Simone, sin saber el motivo de la asustada expresión de su hijo.

Parecía a punto de echarse a llorar en cualquier momento, sin apartar la mirada del hijo de Gordon y…de esa mujer.

— ¿Eres el hijo de la doctora Kaulitz?—preguntó Tom cuando se recuperó de la impresión.

Sus manos aún estaban entrelazadas, pero al sentir como se la apretaba con fuerza Bill, se soltó de un tirón y dio un paso atrás.

— ¡Contéstame!—exigió alzando la voz.

—Tom…por favor, déjame explicarme—suplicó Bill con los ojos llenos de lágrimas.

Tendió la mano en su dirección, pero Tom retrocedió de nuevo y le miró con un extraño gesto.

—No vuelvas a tocarme nunca más, no me hables, no me mires…no me ames…—ordenó Tom con tono duro.

Echó a correr pasando al lado de su padre, que no se atrevió a tocarle. Salió de la casa por la puerta de la cocina, dando un sonoro portazo que resonó en la noche como un disparo, y siguió corriendo sin dirección alguna…

—Bill, no entiendo—dijo Simone mirando a su hijo.

—Quiero irme a casa…por favor—suplicó Bill tratando de impedir que se le saltasen las lágrimas.

Pero era inútil, una ya le bajaba por la mejilla y se perdía en sus temblorosos labios.

—Espérame fuera mientras me despido de Gordon—pidió Simone.

Bill asintió y sin mirar al padre de Tom, salió de la casa y se sentó en el porche a esperar, no pudiendo evitar romper a llorar…

—No sé qué ha pasado entre ellos, pero lo averiguaré—dijo Simone tratando de tranquilizar a Gordon.

—Se han acostado juntos—estalló Gordon sin poder reprimirse—En la cama de mi hijo…los he visto…

Simone se quedó sin habla. No se esperaba que el hijo de Gordon fuera gay también, y mucho menos que su hijo se comportara así.

—Déjame solo, por favor—pidió Gordon—Tengo muchas cosas que pensar.

—Llámame si necesitas hablar—se despidió Simone en voz baja.

Salió a la calle y llamó ella misma a un taxi, su hijo no estaba en condiciones de dar dos pasos sin derrumbarse. Mientras esperaba a que llegara, cogió la cazadora que se le había caído al suelo y se la puso por los hombros mordiéndose los labios preocupada. Su hijo temblaba,…y también lloraba…

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Consiguió convencerle de que se diera una ducha bien caliente. Mientras le dejaba desnudándose en el baño, bajó a la cocina y le preparó un té. Lo sirvió en una taza y se la subió a la habitación, cogiendo por el camino un sedante suave.

Le vio ya metido en la cama, tapado hasta la cabeza y temblando en mitad de ella. Dejó la taza en la mesilla y se sentó en el borde, poniendo una mano en el tembloroso hombro de su hijo.

—Bill, mírame cariño—pidió con suavidad.

No obtuvo ninguna respuesta, pero consiguió que se destapara la cabeza y le mirara con los ojos llenos de dolor.

— ¿Por qué lo has hecho?—preguntó Simone suspirando,

—Porque le amo—contestó Bill con un hilo de voz.

— ¿Por qué él?—insistió Simone.

—Buscaba respuestas—explicó Bill en un susurro—Quería saber porque papá quería más a su madre que a nosotros, porque nos dejó por ella…no entraba en mis planes enamorarme, pero sucedió sin que pudiera evitarlo…

—Tom está muy afectado—dijo Simone suspirando—No sabía que eras mi hijo y lo ha descubierto en el peor momento. Me odia, y con algo de razón…

—Mamá, lo siento mucho—rompió a llorar Bill—No fue mi intención que sufriera de nuevo…

Simone levantó una mano y acarició el pelo de su hijo. Odiaba verlo en ese estado, en parte culpa de lo que esa mujer le había hecho a su marido. Suspiró y cogió la taza de té y la pastilla que le había subido.

—Tómate esto—pidió con firmeza—Es un sedante suave, estás muy alterado esta noche…

Bill se incorporó con su ayuda y cogiendo la pastilla azul que su madre le tendía se la metió en la boca y tomó con media taza de té. Se acostó de nuevo en la cama y cerró los ojos, esperando que le hiciera efecto la pastilla.

Cayó en un profundo sueño, rezando para que cuando volviera a abrir los ojos todo fuera igual que antes y la pesadilla hubiera terminado…

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Simone pasó la noche viéndole dormir, asomándose a cada hora para comprobar que no tenía pesadilla alguna. Con la cara lavada y sin rastro de maquillaje, su hijo parecía más pequeño de lo que era, no aparentaba ser ese chico de 16 años que se había acostado con el hijo de su enemiga.

Cuando se hizo de día, tomó una decisión. Llamó al hospital, le debían unos días y decidió pedirlos. Su hijo le necesitaba en esos momentos más que nunca y no pensaba abandonarle, como ya había hecho su padre.

Colgó el móvil no muy satisfecha, le daban solo ese día ya que más no podían. Tras mandarlos a la mierda mentalmente, preparó el desayuno de su hijo y se lo subió cuando dieron las 10 en el reloj de la cocina.

Entró en su habitación y dejó la bandeja que llevaba sobre la mesilla. Arrugó la frente al escuchar gemir en sueños a su hijo y se sentó en la cama de inmediato, poniendo una mano en su frente, resoplando al sentirla caliente.

Se levantó chasqueando la lengua y entró en el baño, abriendo el pequeño botiquín que tenía en el. Con el termómetro en una mano descorrió la cortina con cuidado de no despertar bruscamente a su hijo. Se sentó en la cama de nuevo y le puso una mano en el hombro, sacudiéndole con suavidad hasta despertarlo.

—Bill, cariño—llamó con suavidad.

Bill gimió de nuevo en sueños y trató de darse la vuelta, pero su madre se lo impidió sujetándole por el hombro hasta que le vio abrir los ojos.

— ¿Es hora ya de ir a clase?—preguntó Bill con un bostezo.

—No, son las 10—explicó Simone suspirando.

Vio como abría los ojos como plato y trataba de incorporarse, pero le sujetó de nuevo y le hizo de nuevo acostarse.

—Hoy no vas a clase—dijo con firmeza—Y abre la boca.

— ¿Qué?—preguntó Bill sin entender.

Simone aprovechó ese momento y le puso el termómetro en los labios.

—Tienes fiebre, y tras lo pasado…

Dejó de hablar al ver como los ojos de su hijo se le llenaban de lágrimas. Al parecer no se acordaba y ella lo había sacado de golpe. Le cogió una mano entre las suyas y se la acarició mientras esperaba a que el termómetro marcase su temperatura.

—Casi 38º—murmuró Simone—¿Te duele algo?

Bill miró a su madre sin decir nada. ¿El corazón contaba?

—Ya—murmuró de nuevo Simone—Tómate el desayuno y descansa toda la mañana, y luego hablamos.

—No me apetece hablarlo—susurró Bill incorporándose.

Simone le puso la bandeja sobre las rodillas, ayudándole a desayunar para que no se le volcara el tazón con cereales que le había preparado.

—Y ahora descansa—repitió Simone cuando terminó.

— ¿Hoy no trabajas?—preguntó Bill recostándose de nuevo.

—Me he pedido el día libre, para estar contigo—explicó Simone.

—Quiero estar solo…como el resto de mi vida…—se le escapó a Bill con los ojos cerrados.

Simone se levantó de la cama suspirando, no pensaba que lo suyo con el hijo de esa mujer fuera tan fuerte. Tendría que llamar a Gordon, hablar entre los dos sobre sus hijos que se había enamorado inevitablemente.

.

Pasó el resto de la mañana solo en la cama, cada vez que sentía que su madre abría la puerta, cerraba los ojos y contenía las lágrimas hasta que se iba, derramándolas entonces en silencio.

Las cosas estaban saliendo peor de lo que había pensado. Era muy fácil acercarse a Tom un buen día, hacerse su amigo y sonsacarle cosas de su pasado sin que él se diera cuenta, pero no contaba con que terminarían enamorados.

Tampoco entraba en sus planes acostarse con él a la primera de cambio, pero vio como se lo suplicaban sus ojos que no pudo negarse…

.

Resopló cuando sintió que la puerta se abría de nuevo, ni sabía qué hora era, había perdido la noción del tiempo pasando sumergido la mañana en erráticos sueños. Apretó los ojos con fuerza, conteniendo el aliento hasta que su madre se fuera, no esperándose que se sentara en la cama y le acariciara con suavidad una mano.

— ¿Qué…?—preguntó gimiendo por lo bajo.

—Te has saltado las clases—dijo Andreas sonriendo con esfuerzo.

Esperó a que su amigo abriera del todo los ojos y lograra enfocar en él su borrosa vista. Cuando su madre le llamó para pedirle que le trajera los deberes ya que había caído enfermo, se temía que lo peor que podía pasar había pasado. Le había perdido sin remedio…

—Te he traído los deberes—explicó, como si su pelea anterior no hubiera tenido lugar—Y las notas de tu examen de mates, aprobado alto.

Espero a que le dijera algo, todo menos que le había enseñado el mejor…pero Bill solo se le quedó mirando con los ojos secos ya de tanto llanto, con los labios separados con una sola pregunta en ellos…

—Le he visto—dijo Andreas suspirando—Estaba en muy mal estado, ojeroso y por lo que me ha contado Georg pasó la noche en su casa. Ha debido tener una buena bronca con su padre…

—Ha sido culpa mía—susurró Bill a punto de llorar de nuevo—Soy experto en hacer daño a los que más quiero…no sé qué haces a mi lado…

—Soy tu amigo, y no te pienso dejar tirado—dijo Andreas con firmeza—Tienes a tu madre muy preocupada, si ya no tienes fiebre deberías levantarte y salir a que te dé un poco el aire.

Bill le miró suspirando. Eso debería hacer, seguir adelante y dejarse de hundir. Asintió y logró sonreír a su amigo, que se levantó de la cama y le tendió una mano.

—Me doy una ducha rápida y vamos donde quieras—dijo arrastrando las palabras.

—No muy lejos, aún está debilitado—sonrió Andreas frotándole con cariño un brazo—Te espero abajo.

Bill asintió y entró en el baño. Se desnudó y se metió bajo el agua suspirando. Al día siguiente iría a clase, le vería en los pasillos como todas las mañanas antes de entrar en la suya y comprobaría si le odiaba o le seguía amando….

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— ¿Tom?

Se levantó de un salto en cuanto oyó la puerta. Había pasado toda la noche en vela, esperando a que su hijo dejara de huir. Sabía con exactitud que estaría en casa de su mejor amigo, y que habría pedido que no le llamaran.

Salió de la cocina en donde estaba y vio como su hijo pasaba por su lado como si nada, subiendo corriendo las escaleras.

— ¡Tom!—llamó Gordon con más firmeza.

Le escuchó maldecir por lo bajo y pararse. Esperó a que se volviera y se cruzó de brazos.

— ¿Hay algo que me quieras decir?—preguntó Gordon tratando de mantener la calma.

—No vuelvas a entrar en mi habitación sin llamar—soltó Tom sin que se lo esperase su padre.

Se giró antes de esperar su respuesta y siguió escaleras arriba tan tranquilo. Pero Gordon no se quedó en su sitio, le siguió y puso una mano para que no le cerrara la puerta en las narices, arrugando la frente al ver la cama de su hijo aún deshecha.

—Tom, no me des la espalda—exigió con firmeza.

— ¿Qué quieres?—preguntó Tom girándose.

—A mi no me hables en ese tono—saltó ya Gordon— ¿Dónde has pasado la noche?

—En casa de Georg, pero tranquilo, que a él no me lo he tirado—contestó Tom resoplando.

Dio un paso en su dirección, dispuesto a abofetearle, pero en el último momento se lo pensó. Así no debían hablar las cosas, se deberían sentar….eso habría hecho su mujer…

— ¿Me vas a pegar?—preguntó Tom sin inmutarse—Mamá nunca lo haría.

—Tu madre no está aquí ahora—dijo Gordon con dolor—Pero si lo estuviera, le gustaría que pudieras confiar en ella…habla conmigo, Tom…cuéntame porque saliste huyendo así…

—Estás saliendo con esa mujer—estalló Tom—Y Bill…es su hijo, me ha engañado, estaba conmigo sabiéndolo todo de mí y yo llegué a confiar en él…

No pudo seguir hablando, sentía las lágrimas agolparse en su garganta. Le había hecho mucho daño, no contaba con su confianza y esa no era una buena base para una relación estable…

—Tom—llamó Gordon con suavidad—Bill lo está pasando muy mal también. Sus padres se han divorciado, a su madre le expedientaron por la muerte de la tuya…

—No…no lo sabía…—logró murmurar Tom.

Dio un paso en su dirección y cogió a su hijo con suavidad del brazo, llevándole a la cama en donde le hizo sentarse con él al lado.

—Simone me lo ha contado todo—empezó a explicar Gordon—El hospital no está preparado para atender casos como el de tu madre, en un pueblo tan pequeño como este no se espera que un buen día un loco se líe a tiros y mate a alguien.

—Yo…solo buscaba un culpable de la muerte de mamá…y me equivoqué por completo…—dijo Tom suspirando—Y con Bill igual, descubrí su secreto y le desprecié, le odié con toda mi alma por lo que habíamos hecho…

—Hablando de eso…—aprovechó Gordon la oportunidad—Nunca llegué a imaginar que tú….y que ya lo planeabas hacer…

—No planeé nada—se defendió Tom—Como ya te dije Bill es muy especial, estando a su lado me siento en paz…

Gordon sonrió al escuchar sus palabras, eso mismo le pasó a él cuando conoció a su mujer. Lacey era todo paz, nada le parecía alterar lo más mínimo, mientras que él puso el grito en el cielo al pillar a su hijo con su amigo.

—Siento mucho que te hayas enterado así—murmuró Tom sin atreverse a mirar a su padre.

—Tom, Bill me cae muy bien y si esa es tu elección, la aceptaré. Solo prométeme que a partir de ahora estudiaréis en la cocina—pidió Gordon logrando sonreír.

—Eso si Bill me quiere volver a ver—murmuró Tom suspirando.

Se pasó las manos por la cara y resopló tras ellas. La vida era a veces tan complicada…

—¿Por qué no le llamas?—sugirió Gordon.

—Yo…necesito tiempo para pensar—dijo Tom poniéndose en pie—Voy a dar un paseo, prometo venir a tiempo de cenar.

Se despidió con la mano y echó a correr escaleras abajo. Salió de la casa y caminó con paso decidido al acantilado. Quería ver el faro, pensar en lo que le diría su madre si estuviera viva y le contaba que había conocido a un chico muy guapo, y que se habían acostado juntos porque estaban ambos muy enamorados…

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Gordon vio por la ventana la dirección tomada por su hijo, sabiendo que se dirigía al faro. Suspiró pensando que ese viejo edificio le recordaba mucho a su mujer, erguido ante el peligro, haciendo caso omiso a las olas que amenazaban con derribarlo de un momento a otro.

Pero llegaría el día en que lo hicieran si no conseguía impedirlo hacer que trasladasen el faro tierra adentro. Sin él en pie, ¿a quién acudiría entonces? Sería casi como si perdiera a su mujer por segunda vez…

Echó a correr escaleras abajo él también cuando escuchó que le sonaba el móvil. Lo cogió y vio quien era antes de contestarlo.

— ¿Simone?—preguntó extrañado.

—Hola Gordon, ¿podemos hablar?—pidió Simone mordiéndose los labios.

—Perdona mi reacción de anoche, no me esperaba que Bill fuera tu hijo y mucho menos que él y Tom…

—Se acostaran juntos—terminó Simone la frase por él.

—Ha sido horrible, Simone—dijo Gordon resoplando—Les pillé juntos en la cama, los dos desnudos, tu hijo a horcajadas sobre el mío…

Calló de golpe, le daba mucha vergüenza recordarlo. Esa imagen tardaría en irse de su mente, la espalda desnuda del chico moreno, con su liso pelo cayéndole por ella, con la sábana resbalada dejando entre ver sus nalgas…

Y luego su hijo levantándose de golpe y enseñándole esa semi erección que llevaba…

— ¿Gordon?—llamó Simone preocupada.

Llevaban ya varios minutos en silencio, escuchando solo su respiración entre cortada al otro lado del teléfono.

—Cambiemos de tema, por favor—pidió Gordon carraspeando— ¿Qué tal esta tu hijo?

—Mal—contestó Simone suspirando—Anoche le di un sedante suave, me asusté al velo tan alterado. Y esta mañana tuvo fiebre y no le dejé ir a clase. ¿Qué tal el tuyo?

—Pasó la noche en casa de un amigo y ha vuelto hace un rato. Hemos estado hablando y creo que las cosas entre nosotros han mejorado—explicó Gordon logrando sonreír.

—Yo creo que con mi hijo también, ha venido su mejor amigo y ha logrado sacarle de la cama. Ahora están dando un paseo.

—Tom también ha salido, a lo mejor se encuentran y hacen las paces—dijo Gordon cruzando los dedos.

—Nos han dejado solos—suspiró Simone al otro lado del teléfono.

— ¿Quieres que demos también un paseo?—sugirió Gordon.

—Pero corto—aceptó Simone—He pedido el día libre y me gustaría estar en casa para cuando regresase mi hijo.

Gordon colgó el teléfono muy satisfecho. Cogió una chaqueta y las llaves del coche y salió en busca de Simone silbando.

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No llegó a ir hasta el faro, sabía con certeza lo que le diría su madre. Que no tuviera miedo al amor, que fuera en busca de ese chico tan guapo y le dijera lo idiota que había sido…que le pidiera una segunda oportunidad y esa vez no le dejara escapar…

Fue hasta la casa de Bill, sabía más o menos por donde vivía y enseguida le localizó. Estaba delante de la puerta de su casa, en la acera de enfrente, pero no estaba solo…

Estaba con ese tal Andreas, y se estaban besando, rompiéndole a él el corazón de paso….

Continúa…

por lyra

Escritora del fandom

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