«Bill y Tom, el amor de dos inocentes». Por lyra

14. Un toque del pasado

Condujo hasta la casa de su ex mujer, no sabía si la encontraría en ella o estaría trabajando. Ya no tenía las llaves, se las dejó en el buzón una vez que terminó de llevarse todas sus cosas, o eso creía.

Tras hacer esa visita nocturna y hablar con el hijo de Lacey, regresó a la casa a la que se había mudado tras el divorcio y buscó las cintas por todos lados, recordando que se las había dejado en la habitación que usó como despacho en la casa de su ya ex mujer. No le quedaba más remedio que ir a por ellas, y eso era lo que estaba haciendo en esos momentos.

Tuvo que llamar a la puerta. Con un poco de suerte, su hijo estaría aún resentido por haberle abofeteado y no le haría ninguna pregunta incómoda. Cogió aire y llamó al timbre. Solo tuvo que esperar unos minutos hasta que le abrió su hijo. Le miró de arriba a abajo frunciendo la frente.

Se acababa de duchar y llevaba puesto un chándal viejo para estar más cómodo. El pelo le caía liso y húmedo rozándole los hombros. Si por él fuera, se lo rapaba al cero en esos momentos, pero su ex mujer siempre le consintió sus caprichos y era la culpable de todo.

Que si un piercing en la lengua, que si luego otro en la ceja,…al menos el tatuaje lo llevaba oculto bajo la ropa.

—Papá—saludó Bill tratando de mostrarse fuerte.

—Vengo a recoger una caja que me he dejado—explicó Jörg pasando por su lado.

“Como si estuvieras en tu casa”—pensó Bill con ironía al verle entrar sin pedir permiso ni nada.

Cerró la puerta y se apoyó en ella mientras le veía subir las escaleras. A los 5 minutos le vio bajar llevando una caja bajo el brazo, que dejó sobre la mesa del recibidor cuando el móvil le sonó, dando la oportunidad de que se asomara y husmeara.

Y eso hizo Bill sin pensárselo dos veces. Aprovechó que su padre le daba la espalda y se puso de puntillas para ver mejor. Se trataba de la grabadora vieja de su padre, y unas cintas ya grabadas cada una metida en su funda.

Lo que más le llamó la atención fue lo que ponía en cada una de ellas con grandes letras negras.

“Entrevista a Lacey Trümper”

No pudo seguir espiando más. Escuchó cómo se despedía su padre y no le quedó más remedio que disimular mirando hacia otro lado.

—Ya me voy, no te entretengo más—dijo Jörg guardándose el móvil en el bolsillo—Tendrás mucho que estudiar y no quiero que suspendas por mi culpa.

—Terminé los exámenes, y con muy buena nota—explicó Bill muy orgulloso—Si quieres, me paso por tu casa una tarde de estas y te los enseño.

No le apetecía en absoluto, pero veía una oportunidad de coger una de las cintas y escucharla.

—Como quieras, pero avísame antes—dijo Jörg encogiéndose de hombros.

— ¿Mañana?—preguntó Bill con rapidez.

Jörg tardó en contestar. Tenía pensado en ponerse a escuchar las cintas nada más llegar a su casa, pero le llamaron del periódico. Su artículo necesitaba ser repasado y le llevaría toda la tarde. Pensaba entonces escucharlas al día siguiente, pero por una vez en su vida le remordió la conciencia. Su hijo le miraba ansioso por escuchar su respuesta, y no se había portado como un buen padre desde que les abandonó a él y a su ex mujer.

—A las 5, y no llegues tarde—accedió resoplando,

Abrió él mismo la puerta y salió sin volver la vista atrás. No vio como su hijo le observaba cruzado de brazos, pensando en cómo hacerse con la cinta adecuada en al que estuvieran las respuestas que estaba buscando.

¿Por qué estaba aún su padre obsesionado por una mujer que llevaba ya tiempo muerta?

.

Al día siguiente le costó “deshacerse” de Tom. Le había insinuado dar un paseo hasta el acantilado, buscar un rincón solitario…

Tuvo que reunir todas sus fuerzas para negarse, ignorando que le estaba lamiendo el lóbulo y echándole a su cuello su cálido aliento.

—Bill, por favor…tenemos poco tiempo antes del ensayo…—suplicaba Tom contra su oído.

¡El ensayo! Se le había olvidado por completo, era a la misma hora que quedó con su padre…era el primer día y ya les estaba fallando…

—Tom, lo siento. Quedé con mi padre—murmuró cerrando los ojos.

— ¿Ahora? Pero si tenemos…

—Ensayo, lo sé. Será solo un momento, quiere que le enseñe los exámenes, parece que ahora le importo algo—mintió Bill sintiéndolo mucho.

—No pasa nada, los chicos lo comprenderán—dijo Tom poniéndose serio—Pero yo te acompaño, y si te intenta pegar…

— ¡No!—gritó Bill sin querer—Quiero decir, que no hace falta, Tom. No lo volverá a hacer…fue porque le contesté mal y me lo merecía…

Odiaba mucho tener que mentirle…de nuevo. Más si tenía que poner a su padre por las nubes cuando se merecía arder en el infierno…

—Vale—cedió Tom no muy convencido—Iremos calentando sin ti.

Bill asintió y se despidió de él con un largo y profundo beso. Había quedado esa mañana de domingo para comer con Tom y su padre. Su madre trabajaba en el hospital y Gordon le había invitado a comer con ellos, para conocerle mejor, le había dicho.

Por suerte, eso solo era una broma, y no le hizo ninguna pregunta incómoda. En esos momentos se encontraba en la cocina terminando de lavar los platos procurando no pensar que ellos se estaban despidiendo con un beso.

Salió de la casa y echó a correr a la suya. Cogió la carpeta en la que guardaba los exámenes y que ya dejó preparada y caminó más despacio hasta la casa de su padre, situada en el otro extremo del pueblo, bien alejado de ellos….

Encontró la casa y llamó con suavidad repasando mentalmente su aspecto. Sabiendo que le “hería” la vista, había procurado vestir lo menos raro que pudo. Pantalones oscuros, camiseta del mismo color y playeras negras. Nada de maquillaje en la cara y se había cubierto el pelo con un gorro de lana negra, así no se le vería tanto ni desataría la ira de su padre.

—Bill, pasa—saludó Jörg de mala gana.

Le señaló el salón con una mano y Bill entró en el apretando la carpeta que llevaba en su mano. Se sentó en el sofá y se la tendió a su padre, quien la cogió y la abrió resoplando. Miró por encima sus exámenes y se los devolvió una vez terminado.

—Has mejorado mucho en matemáticas—murmuró Jörg.

—Un chico me ha estado ayudando—explicó Bill sin poder evitar sonreír.

— ¿Ah, sí? ¿Quién?—preguntó Jörg con curiosidad, ya que conocía al único amigo que tenía su hijo, más raro que él si se podía ser.

—Es de otra clase, no le conoces—se apresuró a decir Bill—Esto…pensaba que a lo mejor podía estudiar periodismo.

— ¿De veras? No tenía ni idea—dijo Jörg relajándose un poco, solo quería que su hijo se fuera ya de su casa para poder seguir con lo que estaba.

“No me conoces en absoluto”—pensó Bill suspirando.

Solo lo había dicho para quedar bien con su padre, sacar el tema de las grabaciones….que vio nada más girar la cabeza a su derecha. Sobre una mesa estaba la grabadora y a un lado un par de cintas. Solo tenía que coger una y rezar para que fuera la buena.

— ¿Me das un poco de agua?—pidió sintiendo la garganta reseca.

Jörg asintió y fue a la cocina, momento que Bill aprovechó para acercarse a la mesa. La caja que vio el día anterior estaba en el suelo ya vacía del todo. Sobre la mesa, a la izquierda de la grabadora había 4 cintas en sus fundas metidas, como si aún no las hubiera escuchado.

Del otro lado había unas 6 sueltas por la mesa. Se decidió por una de ellas, no quería llevarse justo la que su padre escucharía cuando él se fuera. Se la metió con funda y todo en el bolsillo trasero de su pantalón y cogió de nuevo la carpeta a tiempo de ver entrar a su padre.

Cogió el vaso que le tendía y se lo bebió con ganas.

—Me voy ya, tengo cosas que hacer—dijo caminando de espaldas hacia la puerta.

—Y yo—murmuró Jörg, aliviado de que su hijo no quisiera quedarse más rato.

Cerró la puerta tras él y regresó al salón. Cogió la grabadora y se tumbó en el sofá poniéndosela sobre su agitado pecho. Pulsó el play y cerró los ojos suspirando, sonriendo al volver a escuchar esa voz que tanto echaba de menos….

Desde el primer día que la conoció, allá en la universidad, Lacey llamó mucho su atención. Ya no por su larga melena rubia, si no por ese acento que al identificaba como de Boston.

Se hicieron novios, pero no era bastante para sus padres y Lacey no quiso enfrentarse a ellos. Le dejó, o más bien la obligaron. Le había contado que su sueño era recorrer el mundo entero, pero que sus padres no la dejaban ni dar dos pasos sin saber que estaba haciendo. Y de repente la pagaban un viaje por media Alemania.

No volvió a saber de ella, parecía como si se la hubiera tragado la tierra, y ni se le pensaba por la cabeza preguntarles a sus padres. Logró terminar la carrera con mucho esfuerzo, no lograba sacársela de la cabeza.

Tras dejar la universidad, decidió tomarse un mes de descanso y por casualidades de la vida terminó en ese pueblo. Cuál sería su sorpresa cuando paseando por el acantilado, la vio ante sus ojos de nuevo. No había cambiado en los 5 años que habían pasado. Quedaron para tomar un café y le contó que se había casado.

Conoció a un tal Gordon Trümper en ese viaje que le pagaron sus padres y se quedó a vivir con él en el pueblo. No pudo evitar odiarla en esos momentos. Por lo que le contaba, Gordon era igual que él, y entonces no le importó enfrentarse a sus padres.

Siguieron hablando y le contó la historia del faro. Conocía a la señora que lo cuidaba e insistió en ir a verla. La acompañó sin saber aún el porqué, no le apetecía conocerla.

El faro les fascinó, por dentro no parecía tan pequeño. Mary Poor, que así se llamaba la señora, sonrió a Lacey y le dijo que tenía su habitación preparada. Antes de que pudiera preguntar a que se refería, Lacey le tomó de la mano y le llevó escaleras arriba.

Entraron en una habitación en la que solo había una gran cama de matrimonio en medio de ella. Lacey se desnudó sin decir nada y él la imitó. Hicieron el amor sin preocuparse que Mary les pudiera escuchar.

Luego, Lacey se fue a su casa como si nada y él regresó a Alemania. Allí conoció a Simone y se casó con ella. Tuvieron a Bill y comenzaron los problemas.

Cuando fueron al pueblo a vivir tratando de hallar una solución, consiguió trabajo en el periódico local, y por otra casualidad le encargaron una entrevista a Lacey Trümper, a la que casi todo el pueblo llamaba Santa Lacey por todas las obras sociales que hacía sin pedir nada a cambio.

Habían pasado 14 años desde la última vez que se vieron. Había vuelto al pueblo con la esperanza de volver a verla, y allí estaba de nuevo. La llamó a casa para comunicarle que el periódico le había encargado hacerle una entrevista en relación con la lucha que mantenía por la conservación del faro.

Aceptó a regañadientes y quedó con él en un café del pueblo de al lado…

Esa era la grabación que estaba escuchando en esos momentos, la que necesitaba para poder comprobar un dato.

.

—Háblame de tu hijo

—Bueno… ¿qué quieres que te cuente de Tom?

—Todo, ya veo que no le pusiste Guido…

.

En esos momentos que escuchaba su pregunta, recordaba la mirada furiosa que le había lanzado Lacey… cuando eran novios y pensaban en el futuro, ya pensaron en el nombre que pondrían a sus hijos. Lacey se encaprichó por nombres italianos, y dijo que si era niño le llamarían Guido, y si era niña Isabella.

.

—Jörg, prometimos que no…

—Lo siento. Tom está bien—se apresuró a decir antes de que se enfadara más—¿Y cuántos años tiene?

—Acaba de cumplir 12 años—contestó Lacey con firmeza

.

Jörg presionó el botón de rebobinado.

“—…12 años…”

Apagó la grabadora y abrió los ojos. Había solo un motivo por el que Lacey le mintiera. Recordó el día anterior, cuando estaba en casa de Gordon y Tom apareció por la puerta. Sus rubias rastas destacaban en esa coleta que llevaba, mezcladas con otras de un tono más castaño. Comenzó a pensar y no pudo detenerse más…

Continúa…

por lyra

Escritora del fandom

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