«Bill y Tom, el amor de dos inocentes». Por lyra
17. Siempre en peligro
Ajenos a las miradas indiscretas, Tom cogió a Bill por la cintura y le atrajo a su cuerpo. Levantó una mano y retirándole a un lado el pelo se apoderó de sus labios hambrientos. Sonrió al sentirle estremecerse entre sus brazos, hizo más profundo el beso y poco a poco fueron dejándose caer al suelo.
Tumbados de lado, dieron rienda suelta a la pasión que llevaban días conteniendo. Sin separar los labios, dejaron que sus manos recorrieran el cuerpo de su contrario, mirándose fijamente a los ojos, jadeando tratando de recuperar el aliento…
—Que escena tan….patética…
Esa áspera voz les hizo detener. Tom se movió con rapidez y de un salto ya se había puesto en pie, con Bill aún en el suelo medio escondido detrás de él.
— ¿Qué demonios quieres, Bushido? —preguntó Tom, sintiendo hervirle la sangre.
—No me esperaba esto de ti, Trümper—contestó Bushido riendo—Del raro que tienes a tu espalda sí, pero de ti…
Apretó las manos en dos puños. Odiaba a ese tío con todas sus fuerzas. Era uno de los repetidores, iba dos clases por encima de él y siempre estaba buscando pelea. Parecía que ese día les había tocado a él y a Bill…si lo permitía, claro…
—Tom…vámonos…—suplicó Bill poniéndose en pie.
—No tan rápido, cariño—intervino Bushido.
Dio un paso en su dirección, pero Tom se apresuró a “esconder” a Bill tras su cuerpo, llevando las manos atrás y sujetándole con firmeza por la cintura, sintiendo como temblaba sin poderlo evitar.
—No queremos peleas—dijo sin muchas esperanzas.
—Aquí nadie ha hablado de pegar a nadie—rió Bushido, guiñando un ojo a los 3 matones que le acompañaba.
Esas palabras hicieron que Tom se pusiera en alerta. No le gustó el tono empleado, ni que mirara a Bill de arriba a abajo. Sujetó su cintura con más fuerza y comenzó a caminar hacia su derecha, pero enseguida se vieron rodeados por el grupo de chicos.
— ¿Qué queréis? —gritó tratando de mantener la calma.
—Divertirnos un rato, como tú—contestó Bushido sin dejar de pasarse la lengua por los labios.
—Ni lo sueñes—murmuró Tom entre dientes.
No iba a permitir que tocaran a Bill, aunque era minoría lucharía con uñas y dientes por la persona que más amaba en la vida.
Bushido también se dio cuenta del pequeño detalle de que solo eran dos y ellos más. A una señal suya, todos se movieron con rapidez. Dos de ellos cogieron a Tom, recibiendo sus puñetazos y patadas mientras que los otros dos se dedicaron a Bill, que intentó también luchar pero solo consiguió arañar a Bushido en la cara.
— ¡Zorra! —gritó Bushido propinándole una bofetada.
Bill sintió que la respiración se le cortaba, que unas manos le cogían con fuerza por la cintura impidiéndole caer al suelo por el impulso del bofetón.
—Ahora me temo que será por las malas—susurró Bushido acercándosele más a la cara.
— ¡No le toques, cabrón! —gritaba desesperado Tom, tratando de librarse de esas manso que con fuerza le sujetaban.
—Creo que eso ya lo he hecho—rió Bushido.
Levantó una mano y la llevó a ese tembloroso labio del que bajaba una gota de sangre. La tomó en un dedo y la pasó por la cara de Bill, que solo pudo tratar de apartarla mientras comenzaba a sollozar.
— ¿Quieres saber lo que es estar con un hombre de verdad? —susurró Bushido de nuevo—No es que me vayan los tíos, pero tú eres distinto…
— ¡Soltadme! —gritó Tom de nuevo, forcejeando con sus captores.
Estaba empezando a ponerse más furioso si se podía, veía como Bushido bajaba esa mano de los labios de Bill, acariciándole el costado, tratando de ir más abajo. No podía permitir que le tocara, no si podía hacer algo.
Sacó las fuerzas necesarias para soltarse, y entonces se lanzó a la carga. Se lanzó contra Bushido, pillándole por sorpresa. Le cogió de la cintura y cayó con él al suelo, dando puñetazos en su cara, tratando de borrar esa fea sonrisa que llevaba.
Los amigos de Bushido corrieron en su ayuda, olvidándose del asustado Bill, que no podía moverse de donde estaba paralizado por el miedo que sentía en esos momentos.
—Bill…corre…vete…—jadeaba Tom entre golpe y golpe.
Pero las piernas de Bill se negaban a moverse. Desde donde estaba veía como entre dos de los amigos de Bushido cogían de nuevo a Tom y el tercero le golpeaba en el estómago, cortándole la respiración.
Bushido se puso en pie una vez libre, escupiendo sangre al suelo antes de entrar en acción. Cogió a Tom por un hombro para sujetarle mejor y levantando el puño lo estrelló contra su pómulo.
Bill separó los labios queriendo gritar muy alto, pero solo salió un ligero sollozo. Se maldijo por ser tan cobarde, dio un paso para socorrer a Tom, pero antes de que se pudiera mover una persona salió de las sombras.
Todo ocurrió muy deprisa. Agarró a Bushido por el cuello y le hizo volar por los aires. Miró a los otros matones y sonrió cuando soltaron a Tom y echaron a correr colina abajo.
— ¡Tom…!—llamó Bill entre lágrimas.
Corrió hacia donde estaba, tirado medio inconsciente en el suelo, encogido sobe su cuerpo y respirando con dificultad. Se arrodilló a su lado y la cogió la cabeza con suavidad, apoyándola en su regazo mientras rompía a llorar.
—Estoy…bien…—logró decir Tom entre jadeos.
Sentía como las lágrimas de Bill caían en sus labios, llevándole su sabor salado…
— ¿Estáis bien los dos? —preguntó el desconocido.
—Gracias por ayudarnos—contestó Bill entre lágrimas.
Tom alzó la cabeza arrugando la frente. No le había dado tiempo a verle la cara, pero esa voz le sonaba. Entornó los ojos y le reconoció de inmediato…
— ¿David? —preguntó en voz baja.
—Dejemos los saludos para más tarde, tienes que ir al hospital—dijo David inclinándose.
Pasó un brazo por la cintura de Tom y le levantó con cuidado, ayudado por el tembloroso chico que no podía dejar de llorar. Entre los dos llevaron a Tom al hospital, que fue atendido de urgencias por unos de los médicos mientras que Silke se hacía cargo de Bill.
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—No te levantes aún de la camilla—ordenó con suavidad Silke.
Había conseguido parar la pequeña hemorragia del labio de Bill, pero antes de dejarle levantar quería reconocerle un poco más. Le tomó la presión y comprobó sus pupilas.
—Estás muy agitado, trata de relajarte—pidió Silke.
—Solo lo haré cuando vea a Tom—murmuró Bill incorporándose.
Se quedó sentado en la camilla, viendo como Silke apuntaba en su historial lo que le había ocurrido.
— ¿Quién os ha pegado? —preguntó Silke mirándole fijamente.
—Unos chicos, no los conocía—mintió Bill desviando la mirada.
Silke asintió en silencio y dejó a un lado el historial de su joven paciente. Levantó la mirada y vio como dos cortinas más allá, el médico que examinaba al otro chico terminaba de curar sus heridas.
—Ya puedes ir a verle, pero no le hagas hablar—dijo Silke sonriendo.
Bill asintió y se levantó. Fue hasta la camilla en la que descansaba Tom y le cogió con fuerza una mano, que se llevó a los labios sin importarle que le estuvieran mirando.
— ¿Estás bien? —preguntó Tom logrando sonreír.
Bill asintió de nuevo con la cabeza, incapaz de hablar en esos momentos.
—Esperad a que venga vuestros padres, y la policía luego hablará con vosotros—les explicó el médico antes de dejarles.
—No les he dicho nada—susurró Bill contra su mano—Tengo miedo de que tomen represalias.
Tom asintió. Él también tenía miedo, de que volviera a intentarlo y esa vez no pudiera impedirlo.
— ¿Quién es el chico que nos ha ayudado? —preguntó Bill de repente.
—David Jost—explicó Tom—Ayudaba a mi madre en el centro de mujeres maltratadas. Le conozco desde que tenía 10 años, es un tío muy enrollado.
Bill se quedó pensando. Tom nunca le había hablado antes de él, y encima había trabajado con su madre en el mismo lugar en el que fue asesinada. Tendría que obtener más información sobre él, saber que lo relacionaba con la madre de Tom además de su trabajo…
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Esperaron en silencio hasta que Silke se les acercó de nuevo, seguido de un asustado Gordon.
—Tom…Bill…
Corrió hacia los muchachos, abrazando primero a su hijo y luego al de Simone.
— ¿Estáis bien los dos? —preguntó aún sin podérselo creer.
Estaba en casa cuando recibió una llamada del hospital comunicándole que su hijo acababa de ingresar tras haber sido herido en una pelea. Se le cayó el mundo a los pies, ya se imaginaba lo peor…como la última vez que le llamaron del hospital…
—David nos salvó—explicó Tom.
Gordon se giró y le vio. Cruzado de brazos en un rincón, David Jost les observaba con la frente arrugada. Le hizo una señal con la cabeza y volvió a ocuparse de su hijo.
—La policía quiere hablar con vosotros—les explicó.
Vio como los dos negaban con la cabeza, estaba claro que no estaban dispuestos a decir nada. Y él lo comprendía…en parte…
—Les diré que todo sucedió muy rápido y que necesitáis descansar—dijo Gordon cediendo.
Salió al pasillo en el que le esperaba un agente de policía, y Silke aprovechó ese momento para llevarse a Bill aparte.
—Tienes que llamar a tu madre—dijo arrugando la frente.
— ¿Se lo has contado?—preguntó Bill sin podérselo creer.
— ¿Qué querías que hiciera? Probé con tu padre primero para no asustarla, pero en el periódico me han dicho que no estaba en el pueblo, que se había tomado un par de días—explicó Silke.
—Estará histérica—murmuró Bill suspirando.
Silke le acompañó a una sala de descanso y le señaló el teléfono que había sobre una mesita. Vio como se acercaba a por el y lo cogía con manos temblorosas. Se quedó apoyada en el marco de la puerta, dispuesta a echarle una mano si la doctora Kaulitz se exaltaba.
Marcó el móvil de su madre, y solo tuvo que esperar medio segundo hasta que se lo cogieron.
—¡Bill! Dime que estás bien—contestó Simone, sin preguntar quien era.
No pudo hablar, sentía las lágrimas agolpadas en su garganta. Respiró hondo tratando de que su voz no delatase que estaba llorando, no quería preocupar más a su madre de lo que ya lo estaba.
—Estoy bien, no te preocupes—contestó con la voz tomada.
— ¿Estás llorando?—preguntó Simone al notárselo.
—No…es que estoy algo resfriado…. —mintió con lo primero que se le vino a la cabeza.
—Pero, ¿cómo ha pasado? ¿Dónde estabais?—estalló Simone sin poderlo evitar.
—No les vimos llegar…no sé que querían, nos acorralaron sin más…—contestó Bill con la voz entrecortada.
—Tengo que volver, no puedo estar aquí si tú…—comenzó a decir Simone.
—Mamá, estoy bien. No te preocupes por favor—cortó Bill.
Escuchó como su madre resoplaba al otro lado de la línea. Luchaba por su deber de madre y el de médica. Sabía de la importancia de ese viaje, y por su culpa el primer día ya le daba problemas.
—Silke me ha contado que tu padre también está de viaje….pobre Gordon, en menudo lío le hemos metido…y Tom…
—Mamá, estamos bien los dos—aseguró Bill con firmeza.
—Pero… ¿dónde estabais?—insistió Simone.
Bill resopló poniendo los ojos en blanco, solo le había faltado preguntar a su madre que “dónde se lo estaban montando”.
—Paseando, cerca del hospital por suerte—contestó Bill al cabo de un minuto—Un amigo de Tom nos salvó, si no fuera porque andaba cerca…no quiero pensar en lo que hubiera podido pasar….yo no…
No pudo seguir hablando, las lágrimas hicieron de nuevo acto de presencia. Empezaba a ser consciente de lo que casi le habían hecho, si no llega a ser por el tal David, en esos momentos estaría siendo violado con violencia, ante los ojos de Tom que no hubiera podido hacer nada por impedirlo…
Sintió que le cogían el teléfono de las manos. Dejó que Silke terminara de calmar a su madre mientras él sollozaba por lo bajo. Escuchó como se despedía de su madre, prometiéndola llamarla ella misma en persona si ocurría alguna desgracia más.
Tras colgar el teléfono, Silke cogió una caja de pañuelos y le ofreció uno a Bill, sentándose a su lado en el sofá en el que estaba.
— ¿Me lo quieres contar? —preguntó en voz baja.
Pero Bill negó con la cabeza. Cogió un pañuelo que le pasaba y se limpió con el las lágrimas. Respiró hondo un par de veces, y cuando comprendió que podía salir sin que le temblase la voz se levantó.
—Bill, aún no he terminado contigo—dijo Silke antes de que saliera por la puerta.
Volvió a sentarse y se la quedó mirando, esperando a que hablase.
— ¿Quieres que te de algo para que pases mejor la noche? —preguntó Silke.
—No, estoy bien—aseguró Bill sin mucha convicción.
Silke asintió suspirando. Se hacía una idea del miedo que debía haber pasado.
—Veo que las vitaminas que te receté están dando resultado—dijo cambiando de tema.
Bill asintió de nuevo, quería regresar al lado de Tom, que se estaría preguntando porque tardaba tanto. Casi pegó un bote cuando Silke no encontró más motivos para retenerle y le dejó marchar.
Volvió a la zona acortinada y se reunió con Tom y su padre.
—Si ya han terminado contigo, nos vamos a casa—dijo Gordon preocupado.
—Si, por favor—casi suplicó.
Entre él y Gordon, ayudaron a caminar a Tom. Había recibido una fuerte patada en el costado, no tenía ninguna costilla rota, pero un gran morado señalaba el lugar exacto. Le ayudaron a recostarse en el asiento de atrás, y Bill se sentó delante al lado de Gordon.
Camino de casa, no paraba de volverse y mirar a su amado, viéndole descansar con los ojos cerrados y un gesto de dolor que le recorría la cara. Llegaron a la casa y de nuevo le ayudaron a caminar, llevándole a su habitación para que descansase.
Sabiendo por lo que estaban pasando los chicos, Gordon hizo la vista gorda por esa vez y murmurando una débil excusa de que tenía trabajo pendiente que hacer, dejó que curasen sus heridas.
Sonriendo con esfuerzo, Tom se lo agradeció en silencio. Con la ayuda de Bill, se despojó de la camiseta que llevaba, procurando no mirar las manchas de sangre reseca que había en ella.
—Dios….¡Tom! —exclamó Bill al verle el moratón.
Extendió una mano y lo rozó con suavidad, viendo como Tom se mordía los labios y respiraba con dificultad.
—Es por mi culpa—susurró a punto de llorar otra vez.
—Bill, si alguien te toca le mato—aseguró Tom—Eres mío, ¿entendido? Nadie puede hacerte daño sin llevarse su merecido.
—Te debe doler mucho—siguió Bill como si no le hubiera oído.
—Ayúdame a acostarme y tráeme un analgésico—pidió Tom suspirando.
Bill le obedeció de inmediato. Le quitó la gorra con suavidad y la bandana que siempre llevaba. No pudo resistirse y liberó también sus rastas. Le ayudó a tumbarse en la cama y le descalzó para que estuviera más cómodo.
Fue al baño y buscó hasta dar con el analgésico que le pidió. Llenó un vas de agua y regresó a la habitación.
—Túmbate a mi lado—pidió Tom cuando se lo tomó.
—No, tu padre…—empezó a decir Bill.
—Mi padre nos ha dado su permiso— aclaró Tom tendiéndole una mano.
Suspiró y asintió. Era lo que deseaba en esos momentos, quedarse dormido abrazado a su cuerpo. Cogió una manta y rodeó la cama. Se tumbó a su lado con cuidado y les tapó a ambos.
Tom le estrechó en sus brazos y Bill se aferró a su cuerpo procurando no hacerle más daño. Enterró la cara en su cuello y suspiró con los ojos cerrados.
—No sabes cuanto te he extrañado—murmuró Tom besándole el pelo—Volver a tenerte en mis brazos, dormir contigo al lado…
—Ssssshhhh….tienes que descansar—susurró Bill.
Puso su herido labio en su cuello y se lo besó con suavidad, sonriendo al escucharle suspirar. Se quedó muy quieto, escuchando solo el silencio, hasta que sintió que la respiración de Tom se hacía más pesada.
Sabía que debería irse ya, se prometió a sí mismo quedarse solo hasta que se hubiera dormido, pero… ¿cómo dejarle cuando más le necesitaba? No quería abandonar sus brazos, tenía miedo de lo que podría pasar si lo hacía, de los fantasmas de pasado que amenazaban con romper esa felicidad en la que en esos momentos se encontraba….
Continúa…