«Bill y Tom, el amor de dos inocentes». Por lyra
21. Incertidumbre
No podía creerse lo que acababa de escuchar. Su mujer, viéndose a escondidas con el que resultó ser el marido de Simone Kaulitz. No daba crédito a sus oídos, no sabía si podía confiar en la palabra de Jörg, aunque por la reacción de Simone sabía que era verdad. Y que ella lo sabía.
¿Por eso se le acercó? Tras la charla que mantuvieron para conocer cómo murió de verdad su mujer, ella siguió viéndole. Podía haberse negado, ¿qué le movió a aceptar una y otra vez sus invitaciones? ¿Fue una casualidad que su hijo se enamorara de Bill? ¿O el chico también buscaba algo? Pero… ¿el qué?
Se quedó sentado en el sofá en el que minutos antes estaba Simone, mirando al vacío mientras trataba de buscar una explicación. Perdió la noción del tiempo y cuando se quiso dar cuenta su hijo entraba por la puerta.
—Papá, ¿qué haces a oscuras?—preguntó Tom dando la luz.
Le había extrañado encontrarse la casa con las luces apagadas, pero por si acaso agudizó el oído no fuera a darlas y encontrarse con una íntima escena…no quería cometer el mismo error que su padre. Pero no escuchó sonido alguno de un beso o un gemido incontrolado.
—Tom, ¿qué hora es?—preguntó Gordon pestañeando.
—Las 10, dejé a Bill en su casa—explicó Tom entrando del todo en el salón.
Gordon miró a su <I>“hijo”</I> sintiendo mucha pena por él. Iba a tener que dejar de pensar en Bill de esa manera, por su bien.
—Vete a la cama, mañana me tienes que acompañar a un sitio—dijo Gordon sin dar más explicaciones.
— ¿No voy a ir a clase?—preguntó Tom extrañado.
—Solo serán las primeras horas, te haré una nota—contestó Gordon con un hilo de voz.
Sentía que le fallaban las fuerzas. No podía enfrentarse a su hijo esa noche.
— ¿Ha pasado algo? ¿Y Simone?—insistió Tom.
—Vete a la cama, por favor—pidió Gordon tratando de no gritar.
Tom le obedeció y murmurando un “buenas noches” echó a correr escaleras arriba y se encerró en su habitación. Tenía mucho miedo de que las cosas entre su padre y la madre de Bill fueran mal. Tal vez habían discutido y ya no se querían volver a ver.
Pero, aunque hubiera pasado eso, Bill y él podrían seguir juntos. Nada ni nadie los iba a separar… ¿verdad?
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Al día siguiente se levantó a las 8 como siempre. Se dio una ducha rápida y se estaba vistiendo cuando escuchó que le llamaba su padre.
—Vamos Tom, que se nos hace tarde—llamó Gordon con impaciencia.
La noche anterior no quiso que pasara mala noche explicándole a donde iban a ir esa misma mañana, con uno de los dos que se pasase la noche en vela ya era más que suficiente.
—Tenía un examen importante hoy—dijo Tom mientras bajaba las escaleras—Me podías haber avisado con más tiempo de que hoy no iba a ir a clase, así me libraba de estudiar.
—Solo será la primera hora, y te haré un justificante—repitió Gordon tratando de mantener la calma.
—Dejarás al menos que desayune, ¿no?—preguntó Tom al ver que su padre ya tenía abierta la puerta.
—No hay tiempo, luego te invito a desayunar fuera—contestó Gordon señalando el coche.
Tom se encogió de hombros como respuesta y cargando la mochila al hombro, siguió a su padre hasta el coche y se montó en el. Arrugó la frente cuando reconoció el camino y 5 minutos después se hallaban delante de la puerta del hospital.
— ¿Papá?—llamó sin entender.
—Muévete, Tom—ordenó Gordon sin dar ninguna explicación.
Tom no tuvo más remedio que obedecerle. Entraron en el hospital y su padre le llevó directamente a un despacho en el que él ya había estado anteriormente. Le vio saludar a la enfermera que se hallaba sentada en su escritorio, quien no le impidió el paso, como si ya supiera a lo que iba su padre.
—La doctora Kaulitz ya lo tiene todo preparado—explicó Silke a los recién llegados.
—Gracias Silke—murmuró Gordon entrando sin llamar en el despacho.
Tom tragó con dificultad. ¿Qué pintaba la madre de Bill en todo ese asunto? ¿Estaría Bill dentro?
—Buenos días—saludó Simone.
—Simone—saludó Gordon a su vez.
—Tom, siéntate y súbete la manga, por favor—pidió Simone sin darle tiempo a reaccionar.
—¿Qué? ¿Por qué?—preguntó Tom antes de obedecer.
—Tom, no protestes y haz lo que la doctora te ha ordenado—riñó Gordon a su hijo.
—Gordon, déjame a mí. ¿Por qué no sales y le traes a Tom algo para que desayune luego?—pidió Simone en un tono de voz más suave.
Gordon asintió y salió del despacho dejándoles a solas, sabiendo que Simone no le diría el motivo real de esos análisis.
— ¿Qué pasa?—preguntó Tom una vez que se fue su padre.
—Tu padre solo quiere que te haga un reconocimiento rápido, un análisis de sangre y nada más, tranquilo—dijo Simone con calma—Súbete la manga, por favor.
Tom resopló y se quitó la sudadera que llevaba. Se sentó en la camilla que le señaló Simone y esperó mientras le preparaba, atando a su ante brazo una goma elástica y daba unos golpecitos en su vena.
—Si esto es….por mi relación con Bill, te puedo asegurar que siempre que he tenido sexo me he protegido como es debido—explicó Tom en un susurro.
—Eso está muy bien, Tom, pero no es por eso—contestó Simone preparando una jeringuilla—Si te mareas al ver sangre, mira hacia otro lado.
Tom negó con la cabeza y observó cómo le sacaba la sangre, arrugando la frente al sentir como la aguja se clavaba en su piel. Soltó un suspiro de alivio cuando le retiró la aguja y puso una gasa pegada en su brazo.
Una llamada a la puerta hizo que Simone se girara y abriera ella misma la puerta.
—Ya hemos terminado—le explicó a Gordon.
Gordon asintió y entró acercándose a su hijo, tendiéndole el zumo que le había conseguido y un paquete de galletas.
— ¿Puedes levantarte sin marearte? —preguntó Gordon a su hijo.
—Solo ha sido un poco de sangre—contestó Tom levantándose.
—Ve a la salita y tómate lo que te ha traído tu padre—pidió Simone con una sonrisa—Silke te vigilará por si te sientes mal.
Tom asintió y cogiendo su mochila y sudadera dejó que los adultos hablasen a solas en el despacho.
— ¿Ya está?—preguntó Gordon ansioso.
—Solo falta tu sangre, las mandaré juntas al laboratorio y esta misma tarde tendré los resultados—explicó Simone señalándole la camilla de la que su hijo se había levantado.
—Simone… ¿y si son de verdad hermanos?—preguntó Gordon de nuevo.
Pero Simone no le pudo responder. Si resultaba que eran hermanos, no les quedaba más remedio que separarlos de inmediatos, y ellos de paso. No podían empezar una relación sabiendo que sus hijos eran en realidad hermanos, ya que por el bien de ellos lo mejor sería separarse, cambiarse de ciudad y si era posible de estado…
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Una vez en clase, esperó a tener la oportunidad de hablar con Bill. La noche anterior le llamó para decirle que esa mañana no podrían ir juntos a clase porque su padre le necesitaba. Pudo sentir su decepción en la voz, pero le prometió que pasarían la tarde juntos tras el ensayo.
Se reunió con él sin hacer caso a las miradas y sonrisitas que les dirigían sus compañeros, aún fascinados de que se hubieran hecho novios dos personas del mismo sexo. Sin mediar palabra, cogió a Bill de la mano y salieron al patio.
—Tengo ahora clase—murmuró Bill tratando de seguir su paso.
—Y yo, pero esta también me la salto—dijo Tom encogiéndose de hombros.
—Tom, ¿qué ha pasado? ¿Dónde has estado?—preguntó Bill ya un poco asustado.
Pero Tom no le contestó. Tiró con suavidad de él y llegaron a la pista de baloncesto. No había nadie, así pudieron estar en privado sin que les molestasen. Buscaron un lugar apartado y protegido de miradas indiscretas y se sentaron en la hierba bajo un árbol.
—He estado con tu madre—empezó a explicar Tom—Me he hecho unos análisis de sangre, dice que los ha pedido mi padre. Un reconocimiento de rutina.
—Ya me habías asustado—suspiró Bill más aliviado.
—Mi padre estaba muy nervioso, y también tu madre. Aquí pasa algo que no nos quieren contar—dijo Tom firmemente.
Bill se le quedó mirando mientras que negaba con la cabeza. ¿Qué más podía salir mal?
—Abrázame, por favor—pidió en un susurro.
Tom se apresuró a obedecerle. Le cogió entre sus brazos y le sintió estremecerse en ellos. Acercó la cara a su pelo y se lo besó mientras le pedía que se tranquilizase.
—Tengo miedo…de repente me ha dado la sensación de que nunca más íbamos a volver a vernos…que nos quieren separar sin remedio—confesó Bill contra su cuello.
—No lo permitiremos—dijo Tom con firmeza—Si es necesario, nos escapamos. Solos tú y yo…como en tu canción…
Bill cerró los ojos y pensó en ella. Era tal y como lo había escrito, se tendrían que enfrentar a algo mucho más poderoso que un monzón para poder disfrutar de ese amor que sentían golpear con fuerza su pecho.
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Esa misma tarde grabaron al fin la dichosa maqueta. Al principio no tenía muchas ganas de cantar, pero pensando que si la escuchaba la persona adecuada él y Tom tendrían una oportunidad de vivir su amor lejos de casa cantó poniendo su alma en cada nota que salió de sus labios.
Cogieron la cinta y la metieron en un sobre acolchado. Entre todos la enviaron a la dirección que aparecía en la tarjeta que David Jost les dejó y la mandaron a si nombre, junto con una nota de agradecimiento.
La echaron en correos y solo tenían ya que cruzar los dedos.
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Regresaron a la casa de Tom y se quedaron en la cocina haciendo los deberes. O al menos intentándolo. Cada vez que sus miradas se cruzaban solo podían suspirar y olvidarse de que estaban estudiando matemáticas.
A la media hora Tom no lo pudo soportar más y cerró el libro de golpe. Acercó más su silla a la de Bill y le estrechó en sus brazos de nuevo, apoderándose de sus temblorosos labios y dejando un beso en ellos…
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No podía esperar más tiempo. Fue él mismo a recoger a Simone al hospital y nada más verla la cara supo que algo iba mal. Llevaba en sus manos una carpeta que apretaba con fuerza y hablaba en voz baja con su fiel enfermera.
—¿Simone?—llamó Gordon con miedo.
Simone alzó la mirada y le hizo una señal con la mano. Entró en su despacho y Gordon la siguió sintiendo que le faltaba el aliento. Se sentó en la silla que le señaló y esperó a que hablara.
—Ya tengo los resultados de los análisis—empezó a decir Simone tratando de ganar tiempo.
—Ve directa al grano, por favor—pidió Gordon levantando una mano.
Simone asintió y buscó en la carpeta la hoja en la que tenía el fatídico resultado. Se al tendió a Gordon y dejó que la leyera con sus propios ojos. Gordon la cogió y fue directo a la parte que le había señalado con un rotulador rojo, sintiendo que se le caía el alma a los pies.
— ¿Qué…que quiere decir esto?—preguntó aún sin creérselo.
—Gordon, lo siento mucho pero Tom no es hijo tuyo—contestó Simone a punto de derrumbarse ella también.
— ¿Jörg decía la verdad?—insistió Gordon.
—Todavía tenemos que demostrar si es hijo suyo o no—contestó Simone.
— ¿Cómo que si no lo es? ¿Es que mi mujer estuvo con alguien más?—preguntó Gordon a punto de llorar.
Simone se maldijo por su falta de tacto. Claro que cabría esa posibilidad, por el bien del amor de sus hijos. Pero si era verdad, Gordon quedaría más destrozado si se podía.
Suspiró aliviada cuando Silke llamó a la puerta y pidió permiso para entrar.
—Pasa—dijo con voz temblorosa.
Gordon no alzó la mirada. La tenía calvada en esa hoja de papel que arrugaba entre sus temblorosos dedos.
—He llamado a tu casa pero Bill no responde, ¿lo intento con el móvil?—preguntó Silke.
—Estará con Tom, en mi casa—murmuró Gordon.
—Necesito que venga con urgencia—explicó Simone a su enfermera.
—¿Se siente mal?—preguntó Silke con miedo.
Aún no sabía si Bill le había contado a su madre lo de los análisis que le hizo a escondidas, tal vez había vuelto a recaer en su anemia y ella tendría algo de culpa.
—No, solo necesito extraerle algo de sangre para comprobar unos datos—contó Simone por encima.
—Oh, en eso te puedo ayudar—dijo Silke algo más aliviada, sintiendo mucho delatar al chico—Hará unas semanas me pidió que le hiciera unos análisis porque…porque, bueno, iba a mantener relaciones y quería estar tranquilo.
Simone asintió en silencio. No estaba enfadada con su enfermera ni su hijo, era normal que hubiera acudido a ella antes que a su propia madre cuando iba a hacer el amor horas después.
—Diles a los del laboratorio que comparen su sangre con la que le extrajimos esta mañana a Tom Trümper—pidió Simone en voz baja—Que busquen….similitudes…
Silke asintió sin decir nada. Más o menos, se había hecho una idea de lo que pasaba, más al ver a Gordon Trümper con la cabeza aún inclinada.
—Vamos, te acompaño a casa—dijo Simone una vez a solas.
— ¿Puedes salir ya?—preguntó Gordon levantándose.
—Dejé de trabajar hace horas, pero me quedé más tiempo por ti—confesó Simone.
Se quitó la bata y puso la chaqueta con ayuda de Gordon. Entraron en su coche y 10 minutos después ya entraban por la puerta.
— ¿Qué le vamos a decir a los chicos?—preguntó Gordon abriendo la puerta.
—No lo sé—contestó Simone con sinceridad—Me gustaría hacer las pruebas sin recurrir a Jörg, por eso pedí la sangre de Bill. Hasta que no tengamos los resultados, no sabremos si de verdad son hermanos.
No eran conscientes de que estaba siendo escuchados, que dos personas se besaban a escasos metros y que cuando oyeron la puerta de la casa comenzaron a separar sus labios, quedándose a medio camino al escuchar esa última frase…
“…no sabremos si de verdad son hermanos”
Continúa…