«Bill y Tom, el amor de dos inocentes». Por lyra
23. Incompleto sin ti
Se despidió de Mary cuando comenzó a llover. Se puso la capucha de la sudadera y echó a correr hasta el coche bajo la lluvia intensa, recordando con dolor lo que pasó la última vez que llovió.
Entró en el coche y lo puso en marcha secándose una lágrima con rabia. No le apetecía volver a casa y al ver el faro a lo lejos condujo hasta el acantilado sin pensarlo.
Se paró a escasos metros del borde, no sorprendiéndose de encontrarse a una persona sentada en las rocas bajo la lluvia intensa. Tocó el claxon y le vio pegar un salto. Le hizo una señal con la mano y 1 minuto después Bill se escurría el agua que le goteaba por el pelo sin atreverse a mirarle a la cara.
—Pondré la calefacción—murmuró Tom al verle estremecer.
La puso y acto seguido se quitó la sudadera sin decir nada. Bill la cogió y se tapó con ella pero sin ponérsela. Aún no sabía porque estaba en el coche con él. Como ya hiciera la primera vez que le besó, fue a pasear por el acantilado. Necesitaba pensar, y una vez más Tom le encontró.
Parecía que el destino se reía de ellos. Tenían que mantenerse alejados y terminaban juntos en un reducido espacio.
Se quedaron en silencio sin decir nada, escuchando como la lluvia resbalaba sobre el parabrisas, llevándoles recuerdos de esa bonita noche que compartieron…
—Pon la radio, por favor—pidió Bill en voz baja.
No podía escuchar más tiempo como llovía, le estaban entrando ganas de gritar con todas sus fuerzas o de romper a llorar si no conseguía dejar de pensar en lo que fue y no volvería a ser.
Tom le obedeció y tras buscar una emisora que no estuviera dando las noticias en esos momentos, se acomodó en el asiento frunciendo el ceño. El destino se reía de ellos de nuevo…
—Lo que faltaba—resopló Bill en voz baja.
Estaba sonando una canción que le encantaba, muy adecuada al momento que estaban viviendo…
Intento salir adelante como si no te hubiera conocido
estoy despierto, pero mi mundo esta medio dormido
rezo…por este corazón para que deje de estar roto
pero sin ti….todo lo que voy a estar es…
Incompleto….
—Bill—llamó Tom con voz ronca.
Bill le miró sin poder evitar suspirar. No hacía falta que dijera nada, él sentía lo mismo. Dejó a un lado la sudadera que le había prestado y se levantó del asiento. Pasó por encima de la palanca de cambios y se sentó a horcajadas en su regazo.
Se quedaron mirando en silencio con los labios separados, hasta que Tom le atrajo poniendo una mano en su nuca y se apoderó de sus labios cortándole el aliento.
Bill le recibió encantado, le permitió explorarle la boca mientras movía de atrás a adelante sus caderas.
Comenzaron a jadear con los labios unidos, a frotar sus miembros a pesar de llevar la ropa puesta. Pero Tom enseguida solucionó el problema. Llevó las manos al borde de la camiseta de….de su hermano y tiró de ella hacia arriba, ayudado por Bill al levantar los brazos por encima de su cabeza.
Una vez despojado de la prenda, le pasó las manos por la espalda y le abrazó con fuerza enterrando la cara en la curva de su cuello, aspirando el olor a lluvia que Bill tenía impregnado en su húmedo cabello.
Separó los labios y empezó a lamer y a succionar al mismo tiempo que bajaba más las manos y las posaba en sus caderas, haciéndole frotarse contra él con más insistencia, arrancándole gemidos de placer que sentía subirle por esa porción de su suave piel que tenía entre sus labios presa.
—Tom…no puede ser…—negaba Bill sin mucha resistencia.
Tenía alzada la cabeza para que pudiera acceder mejor a su cuello, cerrando los ojos mientras separaba los labios y gemía y jadeaba por lo alto. Una voz en su interior le decía que eso que estaban haciendo no estaba bien…pero su corazón le dictaba todo lo contrario.
Se mordió los labios al concentrarse en la canción que aún sonaba, en el mensaje que le llevaba…
Unas voces me dicen
que debo salir adelante
pero estoy nadando
en un océano completamente solo
Cariño…mi amor…
está escrito en tu rostro
tú todavía te preguntas
si cometimos un gran error…
—No es un error—murmuró Tom contra su piel.
—No…no lo es…. —susurró Bill con los ojos llenos de lágrimas.
Bajó las manos y las pasó por la espalda de su hermano, le abrazó con fuerza sin dejar de mover las caderas, de frotar su entrepierna hasta que soltando un pequeño grito se derramó en su ropa interior.
Se dejó caer contra el hombro de su hermano, que sin dejar de lamer su piel también se derramó y suspiró contra él.
Se quedaron muy quietos escuchando solo sus respiraciones entrecortadas. En el exterior se había desatado una gran tormenta y ellos no se habían enterado de nada. La canción se terminó y la radio dejó de emitir. Solo se oían interferencias que a ellos les sonaron a aplausos lejanos…
Pasados los minutos, Tom acomodó mejor a su hermano en su regazo y cogiendo la sudadera que se quitó se tapó a los dos con ella y vieron como llovía con las manos unidas.
Suspirando por lo bajo, Bill apoyó la cabeza en el hombro de su hermano y cerró los ojos. Había pasado la noche sin dormir apenas pensando que lo había perdido, pero en esos momentos se sentía tan a salvo en sus brazos que no pudo evitar caer dormido con una sonrisa en los labios.
Tom le sintió dormirse y echando el asiento hacia atrás se acomodó bajo el cuerpo de su hermano y cayó dormido también…
.
Fue el primero en despertarse. Abrió los ojos y lo primero que vio fueron los labios de su hermano, ligeramente separados. Sentía como su aliento le rozaba la nariz y le producía cosquillas. Levantó una mano y se la frotó sonriendo al tiempo que se incorporaba en su regazo.
Alzó más la cara y le besó con suavidad en los labios…despertándolo…
Tom le cogió con fuerza en sus brazos e hizo más profundo el beso hasta que sintió que le faltaba el aliento. Solo entonces le soltó y los dos suspiraron a la vez sonriendo.
—Ha dejado de llover—anunció Tom mirando el cielo.
Aún había nubes, pero se divisaba el sol a lo lejos.
—Hora de volver a casa… ¿no?—preguntó Tom suspirando de nuevo.
—No quiero—contestó Bill enterrando la cara en su cuello.
Se abrazó con todas su fuerzas a él, no quería que nadie le intentara separar de la persona que más amaba, aunque se tratara de su hermano…
Tom le abrazó también y le besó en la frente con los ojos cerrados. Si los separaban, al menos habían tenido la oportunidad de despedirse. Dejó los labios rozándole la piel, sintiendo como su corazón latía en su pecho con mucha fuerza por él.
Pasados unos minutos fue el primero en moverse. Le hizo alzar la cara y besó esos temblorosos labios.
—Tenemos que ser fuertes—dijo con voz firme—Nos amamos y nadie puede impedir que dejemos de hacerlo. Les demostraremos que están equivocados, que no somos hermanos…
—Y si lo fuéramos—intervino Bill ahogando un sollozo—No sería un impedimento para nuestro amor, nos escaparemos juntos si es preciso.
— ¿Estás seguro?—preguntó Tom en voz baja.
—Siempre has querido salir de este pueblo—contestó Bill sin que le temblase la voz—No tengo miedo, ya no. Estando a tu lado me puedo enfrentar al mundo entero.
Tom asintió y le besó de nuevo. Le ayudó a volver a su asiento y sonrió al verle ponerse su sudadera sobre su suave piel, al estar aún húmeda la camiseta que él mismo le había quitado minutos antes.
Puso el coche en marcha y condujo hasta su casa, con las manos entrelazadas sobre el cambio de marchas….
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Simone miraba por la ventana preocupada. Desde que su hijo saliera corriendo habían pasado horas y ella se quedó en casa. Llamó al hospital y cambió el día, ganándose una guardia por estropearle el plan a un “compañero”.
Gordon la había llamado cada media hora para saber si su hijo había vuelto, pues el suyo tampoco estaba en casa. Se temían lo peor, que estuvieran juntos dando rienda suelta a la pasión.
Arrugó la frente al ver como el coche de Gordon paraba en la acera. Agudizó la vista y vio que era Tom el que conducía, llevando sentado a su lado a su hermano. Se mordió los labios al verlos despedirse con un largo beso.
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—No quiero volver a casa—susurró Tom contra los labios de su hermano.
—Quédate en la mía—sugirió Bill—Mi madre no está en casa, aún nos quedan unas horas para amarnos sin que nadie nos lo impida.
Tom asintió y bajaron los dos del coche. Caminaron cogidos de la mano y se llevaron una sorpresa cuando Simone les abrió la puerta.
—Mamá…—murmuró Bill poniéndose tenso.
—Entrad los dos, tenemos que hablar—dijo Simone dejándoles pasar.
Se hizo a un lado para que entraran, notando con sus avispados ojos que su hijo llevaba la sudadera de su amigo puesta y nada debajo. Les hizo entrar en el salón y que se sentaran en el sofá.
—Lo sabemos todo—se apresuró a decir Tom.
—Ya, y aún así os fugáis a escondida nuestra—dijo Simone cruzándose de brazos.
—Mamá, compréndelo por favor—suplicó Bill—Nos amamos, no tenemos la culpa de que nuestro padre sea el mismo y nos hayamos enterado cuando ya es imposible estar separados.
Simone miró a su hijo con pena. Se le notaba en la voz que estaba profundamente enamorado, y algo le decía que Jörg no era el padre de Tom.
Hablando del otro….llamaron a la puerta y se apresuró a abrirla, dejando pasar a un exaltado Gordon.
—Están juntos, ¿verdad?—preguntó tratando de mantener la calma.
—Y lo saben—contestó Simone suspirando.
Le señaló el salón y Gordon entró en el. Los chicos permanecían sentados en el sofá con sus manos unidas. Le miraban fijamente con una expresión en la cara que daba a entender que no se pensaban separar jamás.
—Tom, venga que nos vamos a casa—llamó Gordon a su “hijo”.
—No—contestó Tom con firmeza.
—Si él se va, me voy con él—intervino Bill de igual manera.
— ¿Tú los oyes Simone?—preguntó Gordon volviéndose—Saben que no pueden ser y aún así…
—Aún así no dejaremos de amarnos—terminó Tom la frase por él poniéndose en pie.
Bill le imitó y se cogió de su brazo, por si se lo intentaban llevar a la fuerza.
—Me quedó en casa de Bill—anunció Tom para sorpresa de su “padre”.
—De eso nada, ahora mismo entras en el coche y te vienes a casa—ordenó Gordon.
—No eres mi padre, no te tengo porque obedecer—se le escapó a Tom sin poderlo evitar.
—Tom, así no—intervino Simone.
—Es la verdad, no es mi padre, solo el que le tocó criar el hijo de otro—dijo Tom sin nada de tacto.
—Tom, por favor—susurró Bill apretándole el brazo.
—Bill…ahora no te pongas de su parte—suplicó Tom.
—No es eso, pero….Gordon es tu padre. Te ha criado desde que eras pequeño, no le faltes el respeto—susurró Bill de nuevo.
—Pues que entienda que nos amamos y nunca dejaremos de hacerlo—dijo Tom mirando desafiante a su “padre”.
Gordon sabía que no podía hacer nada. El que fuera su hijo le miraba con odio en los ojos, por así decirlo. No quería ser separado de la persona que amaba con toda su alma, y él no podía hacer ya nada.
—Todo tuyo—dijo mirando a Simone dándose por vencido.
Salió de la casa y se fue a la suya caminando, se le había olvidado pedirle las llaves a su hijo pero no pensaba volver a hablar con él hasta que le diera esa disculpa que se merecía. Le había engañado su mujer, y ahora su “hijo” se le rebelaba. ¿Qué más cosas le faltaba por escuchar?
Continúa…