«Bill y Tom, el amor de dos inocentes». Por lyra
24. Lo que la verdad escondía
Tras dejar a su “hijo” en casa de Simone, se fue directo a la suya. Entró procurando no dar ese portazo que con tantas ganas se había quedado de dar cuando su hijo se le rebeló y se quedó al lado de su hermano…a saber que estaban haciendo en esos momentos…
Entró en el salón y se tiró en el sofá. No le apetecía hacer nada ni ver a nadie. Cerró los ojos y maldijo por lo alto cuando el teléfono resonó en la silenciosa casa. Pensó en dejarlo sonar, pero pensando que a lo mejor era su hijo que había cambiado de opinión, alargó una mano y cogiéndole de la mesita que tenía al lado contestó con los dedos cruzados.
— ¿Gordon Trümper?—preguntó una voz desconocida al otro lado.
—Si, soy yo… ¿quién es?—preguntó Gordon arrugando la frente.
—Puede que no me conozca, pero era amiga de su difunta esposa. Me llamo Mary Poor y cuidaba del faro—explicó Mary.
—Claro que sé quien es—se apresuró a decir Gordon incorporándose.
—Siento mucho llamarle a estas horas, y tras haber pasado casi un año de la muerte de Lacey, pero…necesitaba hablar con usted urgentemente—empezó a decir Mary.
—No pasa nada, si necesita algo pídamelo—se ofreció Gordon.
—Por lo que he estado leyendo en la prensa, está haciendo todo lo posible para que no se lleven mi faro de la playa—contó Mary.
¡El maldito faro! En esos momentos le daba igual, como si el mar se lo quisiera llevar. Tenía cosas más importantes en la cabeza que una torre que amenazaba con caerse de un día a otro.
—Me gustaría ayudar—se ofreció Mary—Tal vez una visita guiada al faro, para que la gente vea como es por dentro y sepa cómo se manejaba, incluso podría contarle alguna anécdota de los rescates en los que mi marido intervino cuando aún estaba en vida.
—Señora Poor, es usted muy amable. Haré que alguien de la comisión se ponga en contacto con usted, en estos momentos me siento indispuesto…—comenzó a negarse Gordon.
—Lo siento pero no. Solo quiero que estén en esa visita usted, el periodista que escribió ese artículo y su mujer la doctora—insistió Mary.
—¿Simone? ¿Y qué tiene que ver ella en todo esto?—preguntó Gordon extrañado, sabiendo que se iba a negar en rotundo si Jörg estaba con ellos.
—Solo ustedes tres, o no colaboro—dijo Mary tajantemente.
—Esta bien—contestó Gordon suspirando—La llamaré cuando consiga hablar con ellos.
—Cuanto antes, por favor—suplicó Mary desesperada.
Se despidió de ella y colgó frunciendo el ceño. ¿Qué le pasaba a esa mujer para que tuviera prisa? ¿Acaso se estaba muriendo?
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Tras la marcha de Gordon, Simone se puso a preparar la cena a pesar de la hora que era. Su hijo se había saltado la comida y a juzgar por lo pasado, Tom también.
Mientras que Tom le hacía compañía y le ayudaba, Bill se daba una ducha para entrar en calor después de haberse calado hasta los huesos por la tormenta que se desató.
—No debes hablar así a tu padre—empezó a decir Simone, levantando una mano cuando Tom separó los labios dispuesto a replicar—Todavía faltan algunas pruebas que determinen si es o no tu padre.
Tom dejó lo que tenía en las manos y se dejó caer en una silla con pesadez. No sabía que pensar ya…
—Os escuchamos desde la cocina. Dijiste que éramos hermanos—recordó Tom con dolor.
—Que podíais ser hermanos, aún no lo hemos confirmado—aclaró Simone, omitiendo la parte en que Tom realmente no era hijo de Gordon—Mi ex marido dijo algo que nos hizo dudar, pero…como ya te he dicho, aún nos quedan más pruebas por hacer.
Tom la miró en silencio. Tal vez Bill y él se habían precipitado y sacado sus propias conclusiones. Pero lo tenían claro si ocurría eso que tanto temían, si eran hermanos se seguirían amando.
Pero…aún quedaba un tema pendiente…
—Mi madre—empezó a decir Tom en voz baja.
Simone le miró poniéndose a la defensiva, esperaba que tocara ese doloroso tema.
— ¿Tuvo de verdad algo con tu ex marido?—preguntó Tom conteniendo el aliento.
Simone solo asintió suspirando.
— ¿Por qué?—susurró Tom al tiempo que le caía una lágrima.
—No lo sé, cariño—contestó Simone acercándosele.
Le puso una mano en el hombro y se lo apretó con cariño, no esperándose que Tom se pusiera en pie y se refugiara en sus brazos sollozando.
—No puedo entenderlo…hacían una bonita pareja, siempre riendo….se les veía tan enamorados…—lloró Tom contra su pecho.
Simone solo pudo consolarle en silencio, maldiciendo a su ex marido. No solo le había engañado a ella durante 17 años, había hecho mucho daño a dos niños inocentes que tenían que pagar el pecado de sus padres.
Y en un mismo día, Gordon descubrió que su mujer le había sido infiel y que ese niño que crió como suyo resultaba que era hijo de otro…
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Desde la puerta de la cocina, Bill veía tan tierna escena. No se lo pensó dos veces y corrió a fundirse en ese abrazo, besando la mejilla húmeda de su hermano.
Pasados unos minutos, se separaron y secándose los tres las lágrimas derramadas siguieron con sus vidas en donde las habían dejado. Simone terminó de preparar la cena y los chicos pusieron en silencio la mesa.
Cenaron sin ganas, sobretodo Tom que apenas probó bocado. Eran solo las 8 de la tarde pero se sentía muy cansado y con un dolor de cabeza que parecía que le iba a explotar de un momento a otro.
—Yo…me subo ya a acostar—anunció dejando en el plato la servilleta.
Bill miró a su madre mordiéndose los labios. En esa casa no había cuarto de invitados, en realidad si pero su padre lo usó como despacho y carecían de otra cama.
—Podéis subir los dos…a dormir—aclaró Simone.
Bill suspiró aliviado consiguiendo sonreír. Su madre siempre le concedía todos los caprichos, aunque ese era especial. Se levantó y cogiendo su plato y el de su hermano los dejó en la pila.
—Tom, vamos—llamó tendiendo una mano.
— ¿Pensáis ir mañana a clase?—preguntó Simone de repente.
—No—contestó Tom firmemente.
—Mamá, en estos momentos no podemos. Y ¿para qué? Todos los compañeros se ríen de nosotros y cuchichean a nuestra espalda—explicó Bill con dolor.
—No podéis abandonar los estudios, tomaos un tiempo pero luego volveréis a clase—dijo Simone seriamente.
—Por este curso al menos, depende de lo que nos diga David—asintió Tom—Si tenemos éxito nos tendremos que mudar a Alemania y empezar a trabajar en serio.
—Estudiaremos a distancia—propuso Bill antes de que su madre se negara.
—Y viviremos juntos en un apartamento—dijo Tom sonriendo.
—Ya lo hablaremos con más calma. Anda, iros a la cama—pidió Simone suspirando.
Obedecieron de inmediato. Subieron las escaleras y entraron en la habitación de Bill. Era la segunda vez que Tom estaba allí, pero la primera vez no tuvo tiempo de fijarse en ella. En una de las paredes tenía un póster de Nena entre la puerta y el gran armario que tenía.
Lo abrió con curiosidad. Tenía más ropa de la que se había podido imaginar…
— ¿Ves algo que te guste? —preguntó Bill a su espalda.
Le gustaba que mirara en sus cosas, otra manera de que le conociera y viera como era.
— ¿Aparte de ti?—preguntó Tom logrando sonreír.
Cerró el armario suspirando y quitándose la gorra se soltó el pelo mientras que su hermano se desnudaba delante de él con toda naturalidad. Se quitó el pantalón del chándal que se puso tras la ducha y aunque se le cruzó por la cabeza dormir solo en bóxers, por respeto a su madre se puso un pijama.
Abrió la cama mientras Tom se desnudaba, dejando en el suelo algunos de los peluches que conservaba de cuando era más pequeño y que le daba mucha pena tirar y deshacerse de ellos.
Se metió entre las sábanas y esperó a que Tom saliera del baño sin dejar de bostezar a cada rato entre sonrisas al pensar en la noche que le esperaba entre sus brazos. Cerró los ojos por un segundo, no contando con quedarse dormido.
Tom le descubrió así al salir del baño y se metió en la cama a su lado con cuidado. Le atrajo a sus brazos y cerró los ojos suspirando. Le besó en la frente y dejando en ella sus labios se quedó dormido en el acto….
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Terminó de recoger la cocina y se dispuso a acostarse también ella. Al día siguiente le esperaba una guardia larga, pero al menos tenía libre la mañana. Pensaba emplearla encontrando la manera en que Tom y su padre hicieran las paces.
Se apresuró a contestar el teléfono antes de que despertara a Tom o a su hijo…
— ¿Hallo? —preguntó sentándose en su cama.
—Simone, siento mucho lo tarde que es—se disculpó Gordon.
—No pasa nada, para ti no importa la hora—se apresuró a decir Simone.
—Gracias. ¿Cómo está Tom? —preguntó Gordon antes de contarle el verdadero motivo de su llamada.
—Ahora duermen—contestó Simone, omitiendo el “juntos”, aunque Gordon lo daría por hecho.
—Me ha llamado Mary Poor, la señora que cuidaba del faro cuando su marido trabajaba en el—empezó a explicar—Resulta que quiere que hagamos una especie de recorrido por el faro y que saquemos fotos para hacer más folletos…tú, yo y….Jörg…
— ¿Yo por qué tengo que ir? —preguntó Simone confusa.
—No lo sé, se lo he preguntado e insiste en que seamos solo nosotros tres. Sé que en estos momentos no quieres ver a tu ex marido, ni yo tampoco, pero….haré un último esfuerzo por salvar el faro…
—Que sea rápido, y mañana por la mañana. Luego no puedo—accedió Simone de mala gana.
— ¿Te importa avisar tú a Jörg? —pidió Gordon casi de rodillas.
A Simone no le quedó más remedio que decir que si, sabiendo que a Gordon le costaría no llamarle de todo en esos momentos. Se despidió de él hasta el día siguiente y marcó el número de su ex marido.
—Soy Simone—dijo en cuanto su marido descolgó.
—Me ahorras una llamada, iba a pedirte que agilizaras unas pruebas de ADN…——empezó a decir Jörg como si nada.
—Ya están en marcha, pero no puedo meter prisa a los del laboratorio solo porque tú te mueras de ganas—contestó Simone de mala gana.
—Oh…—solo dijo Jörg.
—Te llamo porque una tal Mary Poor, que cuidaba del faro ese del que has escrito un artículo quiere que mañana la acompañemos en una visita guiada. Gordon también nos acompaña—aclaró Simone antes de que lo preguntara.
— ¿Y tú porque tienes que venir?—preguntó Jörg sin muchas ganas de pasar con ella una maldita mañana.
—Y yo que sé, mañana se lo preguntas a Mary. Nos vemos en el faro a las 10—dijo Simone colgando antes de que se pudiera negar.
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Se despertó y no pudo evitar sonreír cuando unas manos le acariciaron la espalda con suavidad. Se dio la vuelta y sonrió aún más al ver como Tom separaba los labios sin decir nada. Se le acercó más y le besó con suavidad.
—Buenos días—saludó Tom suspirando.
—¿Has podido dormir algo?—preguntó Bill muy preocupado.
Le hubiera gustado hablar con él a solas, contestar cualquier pregunta que le quisiera hacer sobre su…padre…pero se quedó profundamente dormido en cuanto su cabeza rozó la almohada, cansado de tantas experiencias vividas ese día.
—Si—mintió Tom.
Había dormido muy poco, se pasó el resto de la noche observándole dormir entre sus brazos, suspirando cuando él lo hacía en sueños y sonriendo también cuando lo hacía él.
Unos golpes en la puerta les hizo levantar a los dos la cabeza. La vieron abrirse y como Simone asomaba la cabeza.
— ¿Estáis ya despiertos?—preguntó mirándoles para nada avergonzada de que estuvieran los dos juntos en la cama.
—Si—contestó Bill sentándose en la cama.
—Tengo que acompañar a Gordon a un recado y en media hora estará aquí—les explicó—Bajad a desayunar.
Se cerró de nuevo la puerta y Bill miró a su hermano alzando una ceja.
—Tendrán que hacer más pruebas por nosotros—dijo Tom levantándose de la cama.
Bill le imitó y se vistieron con rapidez. Cuando se sentaban delante de sus cereales, Gordon llamó a la puerta y Simone le dejó entrar.
—Hola…papá…—saludó Tom con torpeza.
Tras haber hablado con la madre de Bill, se sentía avergonzado de su comportamiento.
—Siento mucho lo de ayer—se apresuró a decir antes de que su padre dijera algo.
Gordon solo sonrió. Él también lo sentía mucho, pero al menos había recuperado a…su “hijo”.
—Tómate un café con nosotros—invitó Simone sonriendo.
Gordon se sentó al lado de su hijo y desayunaron los 4 juntos como una verdadera familia.
—Oh, que se me olvidaba…llamó David a primera hora de la mañana—explicó mirando a los chicos.
— ¿Ya ha recibido la cinta? ¿Le ha gustado?—preguntaron Bill y Tom a la vez.
—Me ha preguntado si podíais faltar a clase un par de días, su jefe quiere oíros en persona—contestó Gordon con una amplia sonrisa.
Los chicos estallaron en carcajadas y olvidando que podían ser hermanos, se fundieron en un beso delante de sus padres, que contentos de escucharles reír de nuevo lo pasaron por alto.
Simone y Gordon se despidieron de ellos y les dejaron solos en casa mientras planeaban ir a la hora del recreo a hablar con Andreas, Georg y Gustav. No les dijeron a donde iban ni con quien más estarían…
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A las 10 en punto Jörg se subía el cuello de la chaqueta ante la puerta del faro. Volvía a llover y se estaba empezando a mojar. Suspiró aliviado al ver una furgoneta de la residencia de ancianos pararse a escasos metros. No le quedó más remedio que ayudar a la anciana señora que bajó de ella con ayuda de una de las chicas de la residencia.
—Os espero dentro de la furgoneta—explicó la chica cuando Gordon y Simone se les unieron.
Gordon asintió y sonriendo a Mary sacó la llave que tenía del faro y abrió antes de que la lluvia los calase a todos hasta los huesos.
—Mary, ella es Simone Kaulitz y él su ex marido, Jörg—presentó Gordon.
—Un placer conocerla—saludó Mary a Simone ignorando deliberadamente a Jörg.
— ¿Por dónde empezamos?—preguntó Gordon preparando la cámara que llevaba al cuello colgada.
—Por la primera habitación de la derecha, Jörg sabe muy bien cual es—contestó Mary mirando a Jörg con firmeza.
Jörg se dio media vuelta antes de que le preguntaran de qué estaba hablando. Subió un primer tramo de las escaleras y abrió una puerta, dejando que pasaran Mary y su ex mujer.
—La escalera por la que acabamos de subir tiene más de 100 años de antigüedad—empezó a explicar Mary—Recuerdo una vez que mi marido se rompió una pierna y me tocó a mí subir a encender el faro todas las noches. 97 escalones, los contaba cada vez que subía….
—Tenemos que hablar de Tom—susurró Jörg dirigiéndose a Gordon.
—No menciones a mi hijo—murmuró Gordon procurando mantener la calma.
—Me gusta esta habitación—dijo Simone ajena a sus palabras—Es acogedora, me la puedo imaginar con una gran cama en medio de ella, dormir escuchando las olas de fondo…
—Era la habitación de Lacey—explicó Mary en voz alta.
— ¿Cómo dice?—preguntó Gordon confuso— ¿La habitación de mi mujer?
—Sí, aquí era donde se reunía con…sus hombres—contestó Mary con dolor.
— ¿Hombres?—repitió Jörg esa vez.
— ¿Qué se pensaba? ¿Qué era el único?—dijo Mary sonriendo sin poder evitarlo—Lacey se reunía aquí con pescadores en su mayoría, y veraneantes en el buen tiempo.
—Pero… ¿qué está diciendo?—preguntó Gordon más confuso todavía.
—Está mal de la cabeza, esta visita es una pérdida de tiempo—contestó Jörg en lugar de Mary—Tenemos que aclarar las cosas, hablar de mi otro hijo…
—Tom no es hijo tuyo—dijo Gordon procurando no gritar mucho.
—Si lo es, Lacey…—empezó a Decir Jörg.
—Se deshizo de ese bebé—terminó Mary la frase por él.
— ¿Cómo?—gritó Gordon esa vez.
—Eso es mentira, Lacey jamás habría abortado, la conocía mejor que nadie y usted no sabe de lo que está hablando—insistió Jörg.
—Se deshizo de ese bebé y de otro también—insistió Mary.
—Entonces… ¿de quién es hijo Tom?—preguntó Gordon al borde de un colapso.
—Del joven que ayudaba a Lacey en las obras sociales—contestó Mary rompiendo la promesa que le hizo a su amiga—David Jost.
Continúa…
Esta ultima conversacion, la revelacion de Mary esta sacada de la novela en la que me baso, El faro del recuerdo