Inocentes 26

«Bill y Tom, el amor de dos inocentes». Por lyra

26. Un nuevo comienzo

El viernes llegó con mucha rapidez. Los chicos quedaron en casa de Tom para que el coche que les mandó David les recogiera allí. Había mucho alboroto y se había preparado un lío con las maletas.

Simone luchaba con su hijo para que no se llevara tanta ropa, pero no pudo hacer nada por impedirlo. David les había dicho que tendrían una pequeña sesión de fotos improvisada para ver que tal quedaban delante de las cámaras y a Bill 2 maletas no le parecieron suficientes.

Al final intervino Gordon y convenció a Simone de que le dejara llevarse el armario entero si quería. Bill se lo agradeció con una sonrisa y lo festejo como mejor sabía, buscando a Tom y besándole con pasión en la cocina, donde no había nadie en esos caóticos momentos.

El coche llegó puntual a las 5 de la tarde. Los padres de Georg y Gustav también estaban y entre todos cargaron las maletas. Andreas también había ido a despedirlos y los miraba con un poco de envidia.

Llegó el momento de las despedidas y tras zafarse del abrazo de su madre, Bill cogió a su mejor amigo de la mano y se lo llevó dentro de la casa.

—Pensaba que te irías sin despedirte de mí—bromeó con esfuerzo Andreas.

—Jamás, eres el mejor amigo que jamás pude tener—dijo Bill con firmeza.

—Ya…amigo—suspiró Andreas.

Sabiendo que no podía hacer nada por sus sentimientos, Bill se le acercó y le besó en la mejilla a modo de despedida. Tenía los labios puestos en ella, pero en el último momento se lo pensó mejor y sabiendo que le debía mucho desde que se mudara a ese pueblo, deslizó los labios más a la derecha y rozó los de Andreas.

Solo fue un minuto, pero lo suficiente para que Andreas esbozara una sonrisa y suspirara.

—Ve a por ellos—dijo ya más animado Andreas tras el beso—Demuéstrales todo lo que vales, y cuando ganéis vuestro primer premio me lo dedicas.

—Eso dalo por hecho—contestó Bill sonriendo.

Le besó en la mejilla esa vez y salió a reunirse con sus compañeros. Antes de subirse al coche, los cuatro posaron con su mejor sonrisa ante la cámara de Gordon. Como siempre, Bill y Tom aparecían en el centro con las manos fuertemente unidas.

Inmortalizado ese gran momento, los chicos dijeron adiós con las manos y se subieron al coche. Era un viaje largo, cuatro horas parando a mitad del camino para que estirasen las piernas los chicos. Se hizo de noche y Bill cayó dormido cuando estaban llegando.

Tom sonrió al sentirle dejar la cabeza en su hombro, y levantando una mano le acomodó mejor sobre él y suspiró cerrando los ojos él también.

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Llegaron a la discográfica y David fue a recibir en persona a los cuatro somnolientos chicos. Les llevó a una sala de reuniones en donde les habían preparado una improvisada cena a base de pizzas y hamburguesas que los chicos devoraron a pesar del cansancio.

—Mañana os esperan a las 10 en punto—explicó David—Ahora el coche os llevará al apartamento que os hemos preparado. Es muy grande, como ya os conté por teléfono hay una sala de ensayo y hasta un estudio de grabación. Tenéis cuatro habitaciones, pero podéis usarlas como queráis.

Nadie dijo nada, conscientes de que dos personas compartirían la misma cama. Terminaron de cenar y se pusieron en marcha de nuevo. El apartamento quedaba cerca de la discográfica y llegaron en media hora. Descargaron el abultado equipaje y lo dejaron sin deshacer.

Pero sabiendo lo de la sesión de fotos del día siguiente, Bill aún halló las fuerzas para deshacer una de sus maletas, colgando la ropa que se había llevado y la nueva que se había comprado, toda tan llamativa como él.

Tumbado en la cama que pensaba compartir con él esa noche, Tom le observaba como iba de un lado a otro colocando la ropa y sonriendo al imaginarse con ella puesta, mientras que él se imaginaba como sería desnudarle en ese mismo instante, pero….por más que se le insinuó solo recibió un gruñido por su parte.

Resopló y se acomodó tapándose mejor con las sábanas. No paraba de bostezar y cuando le vio dirigirse al baño con el neceser de la mano maldijo por lo bajo y tumbándose de espaldas cerró los ojos resignado. Esa noche mucho se temía que se tendría que conformar con tenerle dormidito al lado…

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Se despertó al día siguiente y miró extrañado la habitación en la que estaba. Sonrió cuando lo recordó todo, y más al sentir un aliento que le recorría su desnuda espalda. Levantó una mano y cogió el móvil que dejó en su mesilla, resoplando al ver que solo eran las 7 y media de la mañana.

Pensando que tenían que estar a las 10 en la discográfica y que Bill se tiraría una hora eligiendo la ropa y peinándose, decidió que había llegado hora de despertarle. Se giró y le atrajo entre sus brazos, puso una mano en su barbilla y le hizo alzar la cara, apoderándose de sus labios cuando los separó para murmurar algo.

— ¿Qué….mmmm….?—solo pudo decir Bill.

Estaba medio despierto ya cuando sintió que le abrazaban, y antes de que se diera cuenta una lengua le invadió la boca impidiéndole protestar y respirar. Sintió como unas manos iban bajo la sábana y le tiraba del pantalón del pijama.

Sonriendo contra los labios de Tom, adivinó sus intenciones y consciente de que la noche anterior le “defraudo”, se entregó en cuerpo y alma. Sin dejar de besarle, le permitió que le desnudase e hiciera él lo mismo. Una vez que sintió como se frotaban sus hambrientos miembros, tomó el mando de la situación.

Rodó hasta quedar encima de él, poniéndose a horcajadas y separando al fin sus labios. Cogió aire sonriendo y se incorporó sin dejar de frotarse contra él. No paró hasta sentir su erección dura y tiesa contra la suya. Se adelantó unos centímetros y con un hábil giro de caderas le hizo entrar en su cuerpo con facilidad.

Sonrió a ver su expresión. Se le veía tan satisfecho…feliz de haber conseguido eso con lo que llevaba días soñando: estar de nuevo en su cálido cuerpo.

Apoyando las manos en su estómago, movió sus caderas de atrás a adelante sin quitar la mirada de sus ojos, que se abrían con cada oleada de placer que le recorría por dentro.

Alzó la cabeza y cerró los ojos gimiendo. Levantó las manos y se sujetó el pelo en lo alto con ellas sin dejar de mover sus caderas al compás que Tom marcó al ponerle las manos en sus caderas y guiándole sobre su cuerpo.

Procuraban gemir y jadear en voz baja, pero algún grito se escapaba de sus labios sin que pudieran impedirlo, rezando para que sus compañeros estuvieran profundamente dormidos…

Sintiéndose a punto de derramarse, Bill dejó que el pelo le cayera por la espalda y se inclinó para más placer de Tom. Se acercó a su cara y separó los labios, rozándole los suyos con su cálido aliento…y su lengua traviesa. Le lamió el labio inferior pero no le besó. Le lamió la nariz haciéndole sonreír y cuando ya no pudo resistirse más, se apoderó de sus labios y comenzó a besarle con pasión.

Tom se apresuró para terminar a la vez que él. Sin dejar de besarle, llevó sus manos hasta sus nalgas, apretándolas contra su cuerpo cuando sintió que se derramaba en su interior, gimiendo contra sus labios y sonriendo al sentir una calidez que se extendía sobre su estómago.

—Ha…estado muy….bien…—jadeó Bill recostado sobre su pecho.

Tom asintió sonriendo aún sin salir de su cuerpo. Estaba exhausto, Bill le robaba todas las fuerzas. No sabía cómo iba a poder resistir su primera sesión de fotos si sentía las piernas como si fueran de gelatina.

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Se quedaron los dos dormidos sin poder evitarlo, despertándose sobresaltados cuando la alarma del móvil de Bill resonó por toda la habitación. Eran las 8 y media y tenían mucho trabajo por delante.

Deshaciéndose de los brazos de Tom, Bill salió de la cama recuperando los bóxers de entre las sábanas. Se los puso corriendo con el peligro de caerse de bruces y cogiendo su neceser corrió para ser el primero en usar el baño. Se dio una ducha rápida y salió llevando una toalla ajustada a su cadera y el pelo mojado cayéndole por la espalda.

Casi se chocó con Gustav por el camino, le sonrió y entró en la habitación que compartía con Tom como si nada. Gruñó al verle aún en la cama, y quitándose la toalla se la arrojó a la cara.

—A este paso, sales en las fotos en pijama—gritó mientras se inclinaba sobre una maleta que dejó abierta.

—No llevo nada, así que saldría mostrando lo mejorcito de mí—señaló Tom riendo—Y no deberías hacer eso.

— ¿El qué?—preguntó Bill distraído.

Tom se levantó corriendo de la cama y le abrazó por la espalda, enterrando la cara en su cuello y comenzando a lamérselo.

—Mostrarme tu lindo trasero—susurró contra su piel.

—Tom… ¡basta! Nada de marcas, que luego se ven—riñó Bill tratando de escapar.

No quería empezar nada que no pudieran terminar, ya sentía como se ponía duro contra sus nalgas y él solo quería escoger la ropa adecuada para su primera foto oficial como el cantante de un nuevo grupo que se iba a hacer famosos de la noche a la mañana.

Tom le soltó resoplando resignado. Se sentó en la cama y le vio comenzar a vestirse tarareando por lo bajo. Se puso unos pantalones oscuros y una camisa blanca de manga larga. Se calzó unas botas vaqueras negras que se había comprado hacía dos días sin escuchar como Tom le decía que con ese precio él se podía comprar una guitarra nueva, y una vez satisfecho se dedicó a su pelo.

—Muévete de una vez, quiero libre el baño cuando me haya terminado de alisarme el pelo—avisó Bill enchufando el secador.

Tom se movió con pereza. Recogió la toalla que le había lanzado a la cara y cubrió su desnudez con ella. Fue al baño y se dio él también una ducha rápida. Mientras Bill se secaba y alisaba el pelo, él se vistió sin fijarse mucho en sus ropas. Uno vaqueros anchos al igual que sus dos camisetas, una gorra nueva y sus playeras de la suerte, como él las llamaba.

— ¿Bajas a desayunar? —preguntó una vez que terminó.

—Ya tomaré algo en la discográfica, me falta maquillarme—negó Bill cogiendo su neceser.

Echó a correr al baño antes de que le contestara algo y se encerró en el hasta que le avisaron de que el coche que les habían mandado acababa de llegar. Salió muy contento del resultado, sus ojos castaños resaltaban bajo esa sombra azul con la que los cubrió, sabiendo que era la que Tom le aconsejó una vez y que le gustaría verle con ella puesta. Se había dado algo de color a los labios y tras dejar un sonrosado beso en el espejo del baño salió sonriendo.

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David les recibió de nuevo sonriendo. Los llevó a la misma sala de la vez anterior y mientras esperaban a que los jefes se reunieran con ellos, tomaron el café que les ofrecieron y picaron de los dulces que había sobre la mesa.

—Chicos—dijo David carraspeando—Os presento a vuestro jefe, el señor Peter Hoffman.

Los chicos se pusieron en pie sonriendo y estrecharon la mano que les ofrecía Peter Hoffman con entusiasmo. Se sentaron de nuevo y Peter comenzó a explicarles lo que se esperaba de ellos, además de halagarlos por lo mucho que le había gustado la cinta que les habían enviado.

—La letras de las canciones tiene mucha fuerza, y qué decir de tu voz Bill, en cuanto la escucharon algunas chicas de la discográfica empezaron a sonreír y preguntar quién eras—explicó Peter riendo— ¿Desde cuándo llevas escribiendo?

—Desde los 7 años, pero no me puse en serio hasta que pensé en transformar mis poemas en canciones—explicó Bill—Luego vi que el grupo de Tom buscaba un cantante y me presenté a la prueba.

—Y la pasó a la primera—apuntó Tom sonriendo.

No había podido evitarlo y le tenía cogido de la mano por encima de la mesa, gesto que no fue pasado por alto por Peter.

—Bueno, empecemos a trabajar en serio—dijo Peter carraspeando—Estas fotos de hoy os servirán para daros publicidad, las incluiremos en las revistas que leen las niñas de ahora anunciando que sale un grupo nuevo y que va a dar mucha caña.

Los chicos se levantaron de inmediato y siguieron a David escaleras abajo, todos menos Bill y Tom, que se quedaron cuando Peter les llamó por lo bajo. Esperó a estar a solas y les hizo sentarse de nuevo.

—Me gustaría discutir unos puntos con vosotros dos—dijo Peter poniéndose muy serio—No tengo nada en contra de vuestra relación, David ya me puso al corriente, pero….me gustaría que la llevaseis en secreto.

— ¿Cómo?—preguntó Bill sin entender.

—Miraos, los dos llamáis más la atención que el resto de vuestros compañeros—señaló Peter—Las chicas se fijarán más en vosotros dos y todas soñaran con teneros, y eso juega a nuestro favor. Solo os pido que seáis discretos, y cuando estéis rodeados de un grupo de fans las atendáis con vuestra mejor sonrisa y os hagáis fotos con ellas…vamos, que las mantengáis contentas….

—Claro, y si saben que los dos estamos liados pasaran de nosotros y adiós al grupo, ¿no?—soltó Tom sin querer contenerse.

—Si Tom, suena cruel pero esa es la verdad—dijo Peter nada ofendido—Si queréis triunfar tendréis que hacer algún pequeño sacrificio.

Los chicos se miraron entre ellos. Otra vez tenían que mantener en secreto que se amaban con locura, ya no por el bien suyo, sino por el grupo. Los demás estaban ansiosos con la oportunidad que les brindaban, no podían desperdiciarla por no querer dejar que un par de chicas suspiraran por alguno de ellos.

—De acuerdo—accedió Tom por los dos.

Peter sonrió satisfecho y dio por terminada la reunión. Bajaron con el resto de sus compañeros y esperaron mientras les fotografiaban sentados en un sofá los dos muy juntos, pero sin cogerse de la mano como hubieran deseado, cada uno pensando si un sacrificio así les podría separaría sin remedio.

Continúa…

por lyra

Escritora del fandom

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