Inocentes 28

«Bill y Tom, el amor de dos inocentes». Por lyra

28. En buenas manos

La última semana de clase se les pasó volando. Hicieron sus exámenes finales y por las tardes se dedicaban a ensayar en cuerpo y alma. Los últimos días los dedicó Bill a hacer sus maletas para trasladarse a vivir a la casa de Tom.

Simone y Gordon también empezaron con la mudanza. Bill solo tenía que dejar las cosas que no se llevara y su madre se encargaría de empaquetarlas y dejarlas en su nueva habitación.

En ese momento se encontraba en la suya escogiendo que ropa se llevaría y cual no con la ayuda de Tom.

—A este paso te vas a llevar toda—rió Tom al verle indeciso.

—No quiero salir en dos fotos llevando la misma ropa —resopló Bill entre dientes.

Necesitaba comprarse ropa nueva, la que tenía estaba pasada de moda. Terminó de hacer las maletas no muy convencido aún de lo que se llevaba. Esa noche él y su madre la pasarían ya en casa de Gordon. Se abstuvo de preguntar en que habitación iba a dormir su madre, consciente de que habían tenido el tiempo suficiente para conocerse más a fondo.

Estaba más preocupado por Tom. Iba a hacer un año de la muerte de su madre y su padre ya había encontrado otra persona con la que querer pasar el resto de su vida. Y encima, estaba relacionada con la persona que tuvo una aventura con su madre… Iba a ser muy raro verles a él y a su madre y no recordar el pasado…

— ¿Estás bien?—preguntó Tom preocupado.

—Si, ¿por qué?—preguntó Bill a su vez, carraspeando.

—No sé, te has puesto triste de repente —contestó Tom tendiéndole una mano.

Bill la aceptó y suspiró dejándose caer en la cama a su lado. Tom le pasó un brazo por los hombros y tirando con suavidad de él se recostaron los dos sobre la ropa que Bill tenía por su cama esparcida.

—Será raro verte todas las mañanas cuando estemos en casa en nuestro tiempo libre—dijo Tom sonriendo.

—Ya te cansarás de verme en Alemania—rió Bill por lo bajo.

Tom gruñó y rodó por la cama hasta dejarle bajo su cuerpo. Se acomodó entre las piernas que Bill separó y levantó, llevando las manos a sus mejillas y acariciándoselas mientras se apoderaba de sus labios.

—Jamás me cansaré de ti—susurró contra sus labios.

—Prométemelo—pidió Bill muy serio.

—Claro que te lo prometo—dijo Tom sin pensárselo dos veces — ¿Qué te pasa?

—Tengo mucho miedo de que el grupo nos separe irremediablemente—confesó Bill en voz baja—Lo que nos pide el señor Hoffman es muy complicado. Que actuemos como si no nos amásemos…no sé si sabré hacerlo…

—Ni yo—resopló Tom.

Enterró la cara en su cuello y se lo besó cerrando los ojos. Iba a ser muy duro para los dos no mostrar cuáles eran sus verdaderos sentimientos, estar el uno al lado del otro sin mirarse a los ojos por miedo a que alguien los señalase con el dedo…

—Bill, Tom…tenéis una visita…

La voz de Simone los sacó de sus pensamientos. Tom se levantó con rapidez de encima de Bill y le estaba ayudando cuando llamaron a la puerta.

—Pasa—contestó Bill sentándose en la cama.

Andreas entró sonriendo y les saludó con la mano,

—Espero no haber interrumpido nada—dijo guiñándoles un ojo.

—Muy gracioso—dijo Tom resoplando.

—Vengo a ver que te dejas para “robártelo”—explicó Andreas sentándose al lado de Bill—Ya sabes, para que cuando seáis famosos lo pueda vender por Internet a alguna fan deseosa.

—Que tonto eres—rió Bill golpeándole en el hombro—Mira, esas camisetas te las puedes quedar, ya no me las pondré.

—Pero Bill… ¡si están sin estrenar!—dijo Andreas sin atreverse a cogerlas.

—Lo sé, pero ya te digo que no me las voy a poner—repitió Bill tendiéndoselas.

—Claro, con toda la ropa que te van a prestar para las sesiones de fotos, incluso dejarán que te la quedes…—comentó Andreas cogiéndolas.

La expresión de Bill cambió de inmediato. No había pensado en eso, cuando se hicieran famosos muchos diseñadores querrían que vistieran sus ropas y se las regalarían encantados. Se quedó mirando la maleta, pensando en dejar algunas prendas que metió sin pensar…

— ¿Para qué dices nada?—riñó Tom a Andreas—Ahora querrá hacer de nuevo la maleta y dejarse la mitad.

—Pasa de Tom, él solo es feliz con una simple gorra nueva—dijo Bill sacándole la lengua.

Tom le imitó sonriendo. Se habían leído el pensamiento, con una sola mirada sabía a la perfección que estaba pensando.

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Tras hacer de nuevo la maleta, cargaron el coche de Gordon lo que necesitarían y se trasladaron a su casa. Andreas les acompañó y ayudó a Bill a instalarse en su nueva habitación. Lo primero que hicieron fue colgar el póster de Nena que Bill dobló con mucho cuidado cuando descolgó de su antigua habitación.

El padre de Tom le había dado permiso para cambiar lo que quisiera en su nueva habitación, pero Bill solo pidió un armario más grande, que se lo traerían de la otra casa la próxima semana con el resto de sus cosas.

—Vas a dormir pared con pared con Tom—murmuró Andreas sonriendo.

Bill le dio un ligero codazo para que se callara. La puerta de la habitación estaba abierta y veía pasar a Gordon y su madre llevando cosas a la habitación que compartirían los dos.

En uno de esos viajes, Gordon se asomó para ver si necesitaba algo.

—No, gracias—contestó Bill sonriendo.

—Considera esta casa como tuya desde ya—dijo Gordon —Seguro que Tom te hará una visita guiada encantado, tienes la libertad para ver todo lo que quieras.

Bill asintió en silencio. Cada día, su “padrastro” le iba cayendo mejor, más cuando se le notaba que había asumido por completo y entendido la relación tan especial que le unía a su hijo.

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Terminó de colocar sus cosas con la ayuda de Andreas, y se despidió de él hasta el día siguiente. Subió de nuevo las escaleras y se asomó a la habitación de Tom, que estudiaba en la cama con la puerta abierta.

—¿Ya lo has colocado todo?—preguntó Tom alzando la mirada del libro que tenía en las manos.

—Si, ¿por qué no te has quedado a ayudar?—preguntó Bill entrando del todo en la habitación.

—Sabía que Andreas quería pasar un tiempo a solas contigo. Desde que aparecí en tu vida se siente desplazado—comentó Tom suspirando.

Bill sonrió y se sentó en la cama a su lado. Le cogió el libro y leyó el título.

—Álgebra—resopló.

—Mañana tengo examen a primera hora, y creo que tú a la siguiente. ¿Necesitas alguna clase particular?—preguntó Tom alzando una ceja.

—Pero para estudiar de verdad—advirtió Bill muy serio—Nada de besarme cada vez que hago una ecuación bien.

—El precio de mis besos ha subido—dijo Tom haciéndole un hueco en la cama—Y no te digo lo que te haré si en el examen sacas un 10.

Mordiéndose los labios para no reír en voz alta, Bill se tumbó boca abajo en la cama tal y como estaba Tom y de esa manera pasaron dos horas estudiando con la puerta aún abierta de la habitación, haciendo ecuación tras ecuación sin ser conscientes de que sus padres les veían al pasar y sonreían al ver que sus dos hijos podían estar en la misma cama sin revolcarse por ella.

Lo dejaron a la hora de la cena. Tom cerró el libro sonriendo al ver como Bill se estiraba tumbándose de espaldas en la cama. Se inclinó y antes de que se lo pudiera impedir le besó con suavidad en los labios,

—Mañana aprobarás el examen con un 10—murmuró contra sus labios.

—Ya quiero mi recompensa—susurró Bill sonriendo.

Tom le imitó y le iba a besar de nuevo cuando les llamaron para que bajaran a cenar. Se separaron resignados y tras lavarse las manos en el baño que compartían, cenaron con sus padres en la cocina como una familia feliz.

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La primera noche que pasó en la que ya consideraba como su casa, fue muy especial para Bill. Sabiendo que con solo levantar una mano y rozar la pared podía sentir a Tom muy cerca, le hizo dormir con una amplia sonrisa en los labios.

Al día siguiente se levantaron pronto para ir a clase, y cuando coincidieron en el baño se fundieron en un profundo beso de buenos días.

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Terminaron el curso con muy buenas notas, algo de lo que Simone estaba muy orgullosa. Gracias a Tom, su hijo había mejorado mucho en los estudios y sabía que el próximo curso que harían a distancia iba a ser igual de bueno.

Tuvieron 4 días más para terminar de hacer el equipaje con todo lo que necesitarían para estar en Alemania. Tom se empeñó en llevarse su guitarra, a pesar de que en la sala de ensayos del apartamento tenían todo lo necesario. Pero esa en especial fue un regalo de su madre cuando con 7 años le dijo que le gustaría aprender a tocar la guitarra.

Nunca se separaba de ella, no dejaba de mirarla mientras que al guardaba con cuidado en su funda de cuero. Bill le miraba mordiéndose los labios. A pesar de lo ocurrido, Lacey nunca dejaría de ser la madre de Tom y él no la olvidaría nunca, perdonándola esa única infidelidad que tuvo en un momento de debilidad…que ellos supieran, claro…

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Llegó el momento de volver a Alemania y de nuevo se despidieron de sus padres. Gordon y Simone prometieron hacerles una visita en el próximo fin de semana que Simone librara.

Bill se volvió a despedir de Andreas en la intimidad, dejando que fuera él esa vez el que le besara en los labios con naturalidad. Se separó algo cortado y no se pudo negar cuando le pidió ir a verle un día de esos de ese largo verano que se le presentaba por delante y que iba a pasar él solo.

—Claro que puedes venir a vernos —remarcó Bill en plural —Tenemos una habitación de sobra en el apartamento.

Andreas sonrió muy satisfecho y le dejó reunirse con sus compañeros. Tras despedirse por enésima vez de sus padres, los chicos se subieron al coche que le había mandado la discográfica.

Esa vez David les acompañaría. Había ido para concretar con los padres de los muchachos algunos puntos de ese contrato que firmarían la próxima semana cuando los padres fueran a Alemania a hablar con Peter Hoffman en persona.

Tras despedirse de Simone, David estrechó la mano de Gordon con efusividad.

—Me alegro de que te hayan nombrado productor de los chicos—dijo Gordon a regañadientes—Que haya alguien de confianza cuidando de ellos estando tan lejos de casa.

-No te preocupes por Tom, le cuidaré como si fuera mi propio hijo-comentó David como si nada.

Esas palabras hicieron que a Gordon se le borrase la sonrisa de la cara. ¿Lo había dicho por decir? ¿O porque realmente sabía que Tom era hijo suyo?

No le pudo sonsacar nada, David soltó su mano y se dio media vuelta entrando en el coche que ya le esperaba con el motor en marcha. Desde el los chicos se asomaban y se despedían con la mano de sus padres sin dejar de reír en ningún momento.

Gordon se unió a esa despedida, no pudiendo pasar por alto la sonrisa que David le dirigía a su hijo…

Continúa…

por lyra

Escritora del fandom

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