«Bill y Tom, el amor de dos inocentes». Por lyra
30. Ahora dime que no me quieres
Terminada la gira decidieron hacer una parada. Se lo merecían, ya eran famosos en todo el mundo y habían ganado todos los premios a los que habían sido nominados, sin contar que ya eran disco de oro desde hacía meses.
Regresaron de nuevo a sus casas a disfrutar de los cuidados de sus padres. Simone no paraba de decir que les veía muy delgados cada vez que les visitaba y se ponía manos en la obra, no dejándoles levantarse de la mesa hasta que dejaban limpio el plato.
—Estoy a punto de reventar—resopló Tom dejándose caer en la cama.
Bill sonrió y le imitó. Se echó a su lado suspirando, sonriendo cuando le atrajo a su cuerpo y le besó en la frente.
—Necesitábamos unos días libre con urgencia—susurró enterrando la cara en su cuello.
—Lo malo es que aquí no podré despertarme a tu lado cada mañana—se lamentó Tom suspirando.
Bill asintió en silencio. Podían disfrutar de momentos como ese, en el que sus padres estaban en la cocina y les permitían hacerse algunos arrumacos hasta que les sentían subir por las escaleras.
Se quedaron en silencio con los ojos cerrados, no pudiendo evitar dormirse en brazos del otro. No se dieron cuenta de que Simone les pilló de esa manera, pero en vez de despertarlos y separarlos, les tapó con una manta para que no cogieran frió y les cerró la puerta de la habitación, diciéndole a Gordon que estaban estudiando. Habían comenzado el curso a distancia y sus notas eran muy buenas, gracias también al tutor particular que la discográfica les había buscado.
Cuando se despertaron lo primero que hicieron fue darse un profundo beso en los labios, hasta que Gordon les avisó de la llegada de Andreas. Bill bajó a recibirle, en vista de que a Tom aún le daba pereza levantarse de la cama.
Se lo llevó a su habitación y le enseñó la ropa nueva que se había comprado, prometiendo dejarle cualquier cosa que viera y le gustara.
— ¿Qué planes tenéis la próxima semana? —preguntó Andreas sentándose en la cama.
—Lo de siempre, ensayar nuevas canciones, creo que actuamos en un programa el jueves y nada más—contestó Bill.
— ¿Puedo ir a veros un par de días?- —preguntó Andreas con timidez.
—Claro que puedes, ya sabes que te invitamos cuando quieras—contestó Bill de inmediato.
-—Es que desde que empezó todo lo del grupo apenas hemos tenido tiempo de vernos y te he echado de menos. Ir al colegio y sentarme yo solo es muy duro, me acuerdo de cuando estabas tú y todo era tan distinto…
Bill se mordió los labios. Había dejado de lado al único amigo que de verdad había tenido. A pesar de prometerle que podía quedarse en el apartamento cuando quisiera, desde que empezaran con el grupo hacía casi ya un año habían estado muy ocupados y no se había vuelto a acordar de su promesa.
—La semana que viene recuperaremos el tiempo perdido—dijo Bill con firmeza—Además de que vendrás con nosotros a las fiestas a las que nos inviten, ya verás que bien nos lo pasamos.
“Así yo no me sentiré tan solo”—pensó con pesar.
Porque era la verdad, desde que Tom entraba en la fiesta era como si se olvidara de él. Enseguida le rodeaba un grupo de chicas y él parecía disfrutar de tanta atención, bailando con ellas mientras que él le observaba desde lo lejos. Y luego estaba la prensa, salían fotos suyas rodeado de esas chicas, asegurando que una de ellas había caído en sus redes esa misma noche, cuando él sabía que el único cuerpo que Tom había hecho temblar de emoción era el suyo…
Decidieron salir a dar una vuelta por el pueblo. Tom les acompañó a regañadientes, prefería quedarse en casa en vista de que sus padres habían salido también y aprovechar para tener otro momento de intimidad con Bill, pero según le dijo le debía recompensar a Andreas por el tiempo perdido.
Por el camino se encontraron a varios de sus compañeros d clase, que solo les miraron desde lejos y les ignoraron. Bill resopló al verlos, le extrañaba que ninguno de ellos hubiera salido en la noticia proclamando la relación que mantenía con Tom a los cuatro vientos. En el pueblo fijo que ya lo sabían todos, pero delante de ellos actuaban como si nada.
Compraron una pizza para cenar y Andreas se quedó hasta que se hizo de noche y se despidió de ellos hasta la próxima semana.
— ¿Qué pasa la próxima semana? —preguntó Tom una vez solos.
—Le he invitado a que se quede unos días con nosotros—contestó Bill mirándole a los ojos.
—Tenemos mucho trabajo, se aburrirá—resopló Tom.
—En nuestro tiempo libre podemos estar con él, y tras la actuación del jueves se vendrá a la fiesta con nosotros—dijo Bill con firmeza.
Tom resopló cruzándose de brazos, eso significaba que en esa semana no iban a poder disfrutarse mutuamente. Cuando no era por sus compañeros de grupo era por una visita inesperada. La idea de compartir apartamento los dos solos empezaba a cobrar intensidad con el paso del tiempo. Estaba cansado de esconder sus sentimientos en público, y luego también para no ofender a los que les rodeaban. Si ya habían asumido que se amaban y los respetaban, ¿por qué no podían actuar con normalidad delante de ellos? Siempre pensando en si les ofenderían o no estaba bien visto que se dieran un simple beso.
Se fueron cada uno a su cama y al día siguiente regresaron al apartamento. Trabajaron con dureza, tenían que preparar canciones nuevas y si luego querían disponer de tiempo libre debían esforzarse en los ensayos paran que saliera todo bien a la primera.
Dos días después se les unió Andreas. Le enseñaron cada rincón del apartamento, en especial la sala de ensayos y el estudio de grabación.
Llegado el jueves, Andreas estaba más nervioso que ellos. Era la primera vez que acompañaba a los chicos como grupo y no paraba quieto en el asiento del coche que les fue a buscar. Antes de entrar en el estudio donde actuarían, el grupo se paró y atendió a las numerosas fans que habían acudido para verlos en persona.
Se dejaron fotografiar y Andreas los miraba con cierta envidia desde un rincón. Terminadas las fotos, entraron todos y se sentaron a esperar en el backstage, picando del aperitivo que les habían preparado.
—Desde aquí podrás ver la actuación de tus amigos—explicó David a Andreas cuando estaban a punto de salir.
Andreas asintió y ocupó su sitio entre bastidores, desde donde tenía una buena visión. Al momento Bill se reunió con él apretando nervioso el micrófono en sus manos.
—No sé por qué me pongo siempre nervioso antes de salir—comentó sonriendo con esfuerzo.
—Lo vas a hacer muy bien, ya lo verás—le animó Andreas cogiéndole una mano—Te he visto en todos los conciertos que has dado, al final dejas atrás los nervios y no hay quien te baje del escenario.
Bill sonrió ante sus palabras y le besó en la mejilla como agradecimiento, minutos antes de que el regidor le pidiera que se reuniera con sus compañeros. Así lo hizo y se puso al lado de Tom, que le miraba con la frente fruncida.
— ¿A qué ha venido eso? —preguntó en voz baja.
— ¿Qué pasa? ¿Tú te puedes dejar abrazar por miles de chicas, y yo no puedo dar un casto beso a mi mejor amigo? —replicó Bill sin mirarle.
—Si te pasa algo dímelo, no soy adivino—le reprochó Tom.
Estaba a punto de contestarle cuando fueron llamados al escenario. Salieron sin dirigirse una mirada y tras charlar unos minutos con el presentador ocuparon sus sitios y comenzó la actuación.
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Una hora después se encontraban en medio de la gran fiesta que se celebraba. Como era ya una costumbre, Bill no se movió del reservado, más esa noche en la que gozaba de una buena compañía y no tenía que estar muerto de celos con cada chica que le robaba a Tom delante de sus narices.
Pero esa noche era distinta. Tom estaba solo en la barra, había declinado más de una invitación y solo quería beber en soledad. Desde donde estaba podía ver como Bill y Andreas reían y hablaban. Hacía mucho que no escuchaba reír así a Bill, ni le veía tan animado. Desde que se metieran en el grupo de lleno, su mirada solía estar perdida y cuando estaban juntos en la cama era como si hubiera un gran abismo entre ellos.
Tenía que hacer algo ya para recuperar el tiempo perdido, o vería como su relación se iba a la mierda sin poder hacer nada por impedirlo.
—Tom…
Se volvió al ver quien le llamaba, y sonrió a David.
— ¿Qué haces aquí solo? —preguntó David ofreciéndole otra cerveza.
—Pensar—contestó Tom suspirando.
La mirada de David se dirigió con rapidez al reservado. No se le había escapado que entre el cantante y el guitarrista las cosas ya no eran como antes, y él tenía su parte de culpa. La discográfica le encargó de vigilarles, y si veía que estaban a punto de dar una mala imagen, debía de evitarlo a toda costa.
Él mismo elegía a las chicas más guapas del local para que se llevaran al guitarrista bien lejos del cantante. Era solo por el bien del grupo, en su cabeza no estaba el querer separarlos, cosa que parecía que estaba consiguiendo.
—Ese Andreas…—empezó a decir.
— ¿Si? —dijo Tom mirándole fijamente.
— ¿Ha tenido algo con Bill? Lo digo por la naturalidad con la que le toca—explicó David señalando el reservado.
Tom miró corriendo en su dirección, viendo como levantando una mano Andreas le quitaba a Bill un mechón de la cara y lo colocaba tras su oreja, rozándole la mejilla de paso.
—Bill dice que solo son amigos, pero siempre sospeché que entre ellos dos había algo—murmuró Tom muy enfadado.
Se bebió de un trago la cerveza que tenía en las manos y echó a andar hacia el reservado, dispuesto a aclarar un par de puntos con ese “amigo”. Atravesó la pista de baile y antes de que pudiera darse cuenta una chica le cogió de la mano y le hizo girar hacia ella, apoderándose de sus labios antes de que pudiera impedirlo.
Quiso negarse, apartarse de ella, pero maldijo a su cuerpo por reaccionar de esa manera. Sintió que se ponía duro cuando empezaron a juguetear con su lengua, y estrechando con fuerza la cintura de la chica, le devolvió el beso con toda su alma.
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— ¿Qué demonios…?—empezó a decir Andreas.
No pudo seguir hablando, ni impedir que Bill se girase a ver que le había escandalizado. Fue ver de reojo como Tom besaba a una chica y se le escapó la maldición, de otra manera jamás le haría daño a su amigo permitiendo que viera como le rompían el corazón de esa cruel manera.
Le sintió ponerse tenso a su lado, levantarse con lentitud llevándose una mano a los labios y negando con la cabeza. Eso no podía estar pasando…
Se movió con rapidez, se levantó él también y le cogió de la mano. Se lo llevó en dirección contraria hacia los lavabos, viendo con alegría que había una puerta trasera para huir del local sin tener que atravesar la pista de baile.
Tiró más de su amigo y minutos después estaban en la calle, sujetándole el pelo para que no se lo manchara mientras vomitaba. Le frotó la espalda con torpeza, sin saber que decirle como consuelo. Era algo que se veía venir desde hacía mucho tiempo.
Le ayudó a incorporarse y le pasó un pañuelo para que se limpiara los labios. Luego echaron a andar sin decir nada, camino del apartamento que no quedaba muy lejos. Le cogió la llave al ver que le temblaban las manos y abrió él mismo la puerta.
Subieron hasta la habitación que compartía con Tom y le ayudó a quitarse la ropa en silencio y a meterse en la cama.
—No te vayas, por favor—suplicó Bill al verle caminar hasta la puerta.
Andreas regresó sobre sus pasos y se sentó en el borde de la cama, en donde estaba encogido su amigo tapado hasta la cabeza con la sábana.
—No puedo decirte que no me extrañe el comportamiento de Tom—soltó Andreas sin querer contenerse.
— ¿Cómo? —preguntó Bill en un susurro sin entender.
—Vamos, Bill. No me digas que no lo has pensado tú también—dijo resoplando Andreas—Tú ya habías asumido que eras gay desde hacía bastante tiempo, pero Tom fue verte y enamorarse de ti a primera vista. Apuesto que nunca antes había estado con una chica y gracias a vuestra mentira ha descubierto que puede jugar a dos manos.
Bill se le quedó mirando, en parte llevaba razón. Nunca le había preguntado a Tom nada acerca de su pasado sexual, así como él sabía que desgraciadamente no había sido el primero ni el único.
Si nunca antes había estado con una chica y ahora descubría que era mejor que estar con él…con ellas al menos no se tendría que esconder y la discográfica no pondría ninguna pega a esa relación, en vista de que la suya ya se terminó.
Continúa…