Inocentes 6

«Bill y Tom, el amor de dos inocentes». Por lyra

6. El ángel

Soy un chico”

La frase resonó en su cerebro haciéndole maldecir por lo bajo. Se puso en pie de inmediato, frotándose los ojos con ambas manos y pestañeando. No podía ser, su mente le había jugado una mala pasada. Creía tener ante él a una chica muy guapa, y resulta que se llamaba…

¿Bill? —repitió carraspeando.

Ese soy yo—contestó el aludido sonriendo— ¿Estás bien?

Si, un poco adormilado. Por cierto, soy Tom—dijo tendiéndole una mano.

Encantado—murmuró Bill estrechándola.

El que le hubiera confundido con una chica no le importaba en absoluto, no era la primera vez que le pasaba y tampoco sería la última. Ya estaba acostumbrado, por su forma de vestir y maquillarse, pero no a que le dijeran que era guapo, y más un chico que se estaba poniendo más nervioso cada vez.

¿Lo del cantante sigue en pie? —preguntó Bill tratando de soltar su mano.

Claro que sí, eres el primero que se presenta—comentó Tom liberándole.

Dio media vuelta y despertó a sus amigos con el pie. Solo tardó 5 minutos, y al rato Georg y Gustav miraban al recién llegado de arriba abajo.

Es Bill—le presentó Tom a sus amigos—Ha venido por el anuncio.

¿Y sabe cantar?—preguntó Georg sin poderlo evitar.

Si no, no hubiera venido—contestó Tom por él.

Canto muy bien, y os lo puedo demostrar cuando queráis—dijo Bill con firmeza.

Ahora mismo, vamos—se apresuró a decir Tom antes de que cambiara de opinión.

Echó a andar hacia el garaje. No sabía que le pasaba, el poder que ejercía ese chico sobre él que desde la primera vez que le viera no pudiera dejar de pensar en otra cosa que no fuera probar sus dulces labios.

Negó con la cabeza riendo. Los dos eran chicos, y él no era gay. No le atraían los de su mismo sexo, pero… ¿podría hacer una excepción con su nuevo amigo?

¿Y con qué nos vas a deleitar? —preguntó Georg sentándose sobre una caja de cartón.

¿Qué tal “It´s my life”, de Bon Jovi? —apuntó Tom sonriéndole.

Había pensado mejor alguna de Nena—contestó Bill negando—Es mi cantante favorita.

Lo que más te guste—intervino Gustav sentándose en el suelo.

Tom se quedó de pie con los brazos cruzados sin apartar los ojos de él, lo que le hizo sentirse muy molesto al cantante. Le dio la espalda carraspeando y cogió aire profundamente. Separó los labios y comenzó a cantar bajo la ensimismada mirada de sus oyentes, que no podrían esperarse que de una persona tan rara saliera la voz más dulce que jamás habían escuchado.

Cantó solo el estribillo, sonriendo cuando sus nuevos amigos aplaudieron sin poder evitarlo.

Has estado magnífico—dijo Georg poniéndose en pie—El puesto es tuyo, si aún lo quieres.

¿No vais a probar a nadie más?—preguntón Bill extrañado.

No creo que se presente nadie, y tú eres lo que estaba buscando—se le escapó a Tom.

Todas las miradas recayeron sobre él, haciéndole ponerse más rojo si se podía. No podía pensar con claridad estando tan cerca de ese ser tan especial…

Di que sí, por favor—casi le suplicó.

¿Cómo negarse si se lo pedía de esa dulce manera? Asintió riendo a la vez que sus nuevos compañeros.

Por cierto, yo soy Gustav y él Georg—se presentó Gustav—Batería y bajista. Tom toca la guitarra.

Os conozco a los 3 de vista, del colegio—les explicó Bill.

Y nosotros a ti, vas con ese otro chico tan….especial—dijo Georg sin cortarse un pelo.

Andreas, si—dijo Bill asintiendo.

Se miraron en silencio sin saber que más decir. Ya se había presentado y dejado claro que se conocían de vista. ¿Qué más quedaba?

¿Cuándo serán los ensayos?—preguntó Bill rompiendo el silencio.

Por las tardes, después de clase. Dependiendo de los deberes que tengamos—informó Tom.

Pero hasta la próxima semana nada, que estamos de exámenes—apuntó Gustav.

Yo también. Ya me avisaréis con lo que sea—dijo Bill a modo de despedida.

Yo también me voy ya—apuntó Tom a sus amigos—Mi padre volverá otra vez tarde y me toca hacer la cena.

Sabes que si quieres te puedes quedar a cenar, a mi madre no le importa—dijo Georg.

Muchas gracias, pero no me puedo pasar toda la vida escondiéndome de mi padre—se negó Tom suspirando—Nos vemos mañana en clase.

Se despidió de ellos levantando la mano, gesto que imitó el cantante y echaron a andar juntos por el jardín del bajista.

¿No te llevas bien con tu padre?—no pudo evitar preguntar Bill.

No, ya no—murmuró Tom.

Yo tampoco, desde que mis padres se separaron…

Dejó la frase en el aire. No sabía porque le contaba su vida si para él era solo un extraño. Le daría igual si venía de una familia feliz o si su vida se había ido a la mierda, así de la noche a la mañana su padre se fue de casa y él aún no sabía muy bien el porqué, aunque pensaba averiguarlo…

¿Qué tal lo estás llevando?—preguntó Tom muy interesado.

Se le quedó mirando extrañado, así que le importaba…

Pues depende del día. Ayer fue uno de los malos—contestó Bill suspirando—Mi padre vino a recoger el resto de sus cosas, aprovechando que mi madre estaba trabajando para no verla.

Debe ser muy duro—murmuró Tom.

No tanto como que tu madre se muera—se le escapó a Bill.

Se paró en seco tras decirlo, viendo como su amigo también se paraba y se frotaba la cara con una mano.

Tom, lo siento mucho—se apresuró a disculparse—Soy idiota, debí tener más tacto.

No es culpa tuya—contestó Tom carraspeando.

No debí tocar ese tema tan delicado—insistió Bill en su disculpa.

La verdad es que no hablo de mi madre con nadie—confesó Tom mirándole—En casa es como si estuviera prohibido nombrarla, no hay fotos suyas, es como si a mi padre se le hubiera olvidado que estuvo casado…no sé…

Puedes hablar conmigo cuando lo necesites—se ofreció Bill tomándole de la mano—Se me da muy bien escuchar.

Tom bajó la mirada a sus manos entrelazadas, y solo pudo suspirar. Asintió con la cabeza, sabía que podía contarle sus penas con más facilidad que a Georg por ejemplo. Era su mejor amigo de la infancia, pero carecía de la dulzura de Bill, un extraño al que acababa de conocer…

Se soltaron al cabo de unos minutos y continuaron caminando en silencio. Llegaron hasta la casa de Tom, y se pararon en la verja del jardín.

¿Quieres entrar a tomar algo?—ofreció Tom de repente.

Me gustaría, mi madre no sale de trabajar hasta las 9 y no me apetece estar solo en casa—aceptó Bill entusiasmado.

Tom le sonrió y abriendo la verja le dejó pasar a él primero. Recorrieron el jardín y entraron en la casa por la puerta de la cocina.

Siéntate—invitó Tom abriendo en la nevera—Tenemos limonada, té, agua…

Un té frío, gracias—dijo Bill sentándose.

Se quedó estudiando la estancia mientras que Tom preparaba las bebidas. Sentía mucho haberle mentido a su nuevo amigo, decirle que desconocía el motivo del divorcio de sus padres, pero no podía decirle que fue por culpa de su madre, que no estaba en ese mundo para defenderse o explicarse.

Le dio las gracias cuando puso el vaso delante de él y tomó y sorbo para aclararse la garganta. Iba a poner su plan en marcha, y necesitaba tener la mente clara.

Tom, ¿tu padre no está en casa?—preguntó de repente.

No—contestó Tom resoplando—Desde que mi madre murió, pasa más tiempo trabajando que conmigo. Es como si fuésemos dos extraños compartiendo piso.

Lo siento mucho—murmuró Bill sintiéndose avergonzado.

¿Cómo iba a hacerle unas preguntas acerca de una posible infidelidad de su madre, si estaba roto de dolor? Se lo notaba en la voz, le temblaba al hablarle de ella, y de lo mal que lo estaba pasando su padre.

¿T-tenían problemas?—preguntó atragantándose.

¿Mis padres? Eran la pareja perfecta—dijo Tom logrando sonreír—Nunca había visto tan enamoradas a dos personas, se les veía en sus ojos cuando se miraban, podían estar así durante horas, sin decir nada…solo mirándose…

No pudo evitar suspirar al escuchar sus palabras. Se había perdido en la voz de Tom mientras le explicaba que nunca había visto a dos personas tan enamoradas, pensando si alguna vez le pasaría a él lo mismo, encontrar a su media naranja, a esa alma gemela de la que no se separaría jamás en la vida.

¿Bill?—le llamó Tom sonriendo.

Carraspeó nervioso y se sentó mejor en la silla, a punto casi de caer de ella.

¿Estás bien?—preguntó viéndole asentir con la cabeza—Tenías una expresión rara.

Es que…pensaba en tus palabras, y que yo…algún día…—comenzó a explicarle sin atreverse a mirarle.

Antes de que Tom pudiera decir algo, la puerta de la calle se abrió y escucharon la voz del señor Trümper.

¿Tom? ¿Estás en casa?

En la cocina—dijo Tom en voz alta.

Gordon Trümper dejó sobre la mesita de la entrada el maletín y entró en la cocina, encontrándose a su hijo hablando con una chica, o eso era lo que él creía, pues solo le veía la espalda y una melena larga y lisa que le rozaba los hombros.

No sabía que tenías compañía—dijo Gordon algo extrañado, pues su hijo nunca había llevado a casa una chica.

Papá, él es Bill—presentó Tom, remarcando el él, sabiendo lo que su padre estaba pensando.

¿Bill?—repitió Gordon sin entender.

El aludido se giró y sonrió al recién llegado. Se puso en pie y le estrechó la mano algo cortado, sabiendo que como ya pasara con su hijo le había confundido con una chica guapa, al ver que no le quitaba los ojos de encima y le hacía un repaso de arriba a abajo.

Yo…se me ha hecho tarde, mejor me voy ya a casa—dijo Bill sintiéndose ya algo incómodo.

Nos vemos en clase y ya te diré cuando empiezan los ensayos—se despidió Tom de él.

Asintió en silencio y pasando por su lado salió de la casa usando la puerta de la cocina, la misma por la que había entrado.

Vaya—acertó a decir Gordon una vez a solas.

¿Si?—dijo Tom, sabiendo lo que su padre le quería preguntar pero haciéndose el tonto.

Bill es…algo peculiar—dijo Gordon al fin.

Se podía decir así—contestó Tom encogiéndose de hombros.

¿De qué ensayos hablaba?—preguntó Gordon de repente.

Ah, Bill va a ser el cantante de nuestro grupo—explicó Tom muy orgulloso.

¿Y sabe cantar?—preguntó escéptico Gordon.

Como los ángeles—respondió Tom suspirando.

Gordon miró extrañado a su hijo, nunca le había visto comportarse de esa manera. Suspirar tras decir que un chico cantaba como los ángeles….

Tengo que hacer una llamada—dijo Gordon poniéndose de repente muy serio.

¿Ha pasado algo?—preguntó Tom preocupado.

No, voy a mi habitación—respondió Gordon saliendo de la cocina.

¿Voy preparando la cena?—preguntó Tom antes de que saliera.

Pero no obtuvo respuesta. De nuevo, el silencio se había apoderado de su padre. Eso y un gran misterio, ¿a quién tenía que llamar desde su dormitorio? ¿Qué era lo que no quería que él supiera?

Continúa…

por lyra

Escritora del fandom

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